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Full text of "Historia de la Universidad de Oviedo y noticias de los establecimientos de enseñanza de su distrito"

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Octobcr  14 ,  iSgS. 


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HISTORIA 


DEL 


DISTRITO  UNIVERSITARIO  DE  OVIEDO 


HISTORIA 


DE  LA 


UNIVERSIDAD  DE  OYIEDO 

Y  NOTICIAS 

DE  LOS  ESTABLECIMIENTOS  DE  ENSEÑANZA 
DE  SU  DISTRITO 


FERMÍN  CflHEliIiñ  V  SECÁDES 

Vicc  Rector  y  Catedrática  déla  Universidad, 

Cronista  de  Oviedo, 

C.  de  la  Real  Academia  Española 

y  de  las  de  la  Historia,  Nobles  Artes  de  San  Fernando, 

Buenas  Letras  de  Sevilla  y  Barcelona,  efe. 


SEGUNDA  EDICIÓN.  COSTEADA 

P03  D.  EDUARDO  DE  LLANOS  ALVAREZ  DE  LAS  ASTURIAS 


;z^)ftfez. 


OVIEDO: 

IMPRENTA  DE  FLÓKEZ,  GUSANO  Y  COMPAÑÍA 
Calle  de  San  José,  nüm.  6 

1903 


^dbuucS-IOfc'fO 


AL.  LEOTOB 


«Fuera  arrogancia,  agena  á  mi  carácter,  comen- 
zar la  publicación  del  presente  trabajo  sin  francas  y 
leales  explicaciones,  que  debo  al  público. 

No  busco  vano  aplauso  colocando  mi  oscuro  nom- 
bre en  la  primera  página  de  este  modesto  libro;  cum- 
plo imperioso  deber,  obedezco  un  cariñoso  mandato 
cuando  trazo  la  historia  del  Establecimiento  litera- 
rio, donde  tengo  gratos  recuerdos  de  mis  mejores 
años,  al  que  me  ligan  inolvidables  tradiciones  de  fa- 
milia. Falto  de  ilustración  y  sin  dotes  necesarias 
para  tal  empresa,  sí  entusiasta  por  la  historia  de  mi 
país,  me  vi  honrado  por  el  Illmo.  Sr.  Rector  de  esta 
Universidad,  que  me  confió  en  16  de  Enero  de  1873 
la  difícil  tarea  de  redactar  esta  obra  con  arreglo  á 
la  Circular  de  6  de  Abril  de  1869- 

Ante  la  importancia  de  la  comisión  declinó  la 
honra  que  se  me  confiaba;  nuevas  instancias  vinie- 
ron á  obligarme;  y  aceptó,  con  temor,  el  encargo  de 
mi  querido  jefe  y  catedrático  el  Sr.  D.  León  Sal- 
mean. Nunca  me  apenaron  tanto  mis  escasas  fuer- 
zas porque  se  trataba  de  mi  primera  obra  literaria;  ni 
con  mas  diligencia  demandé  luces  del  hombre  docto 
y  acierto  de  consumado  escritor:  pero  nunca  escribí 
con  mas  entusiasmo,  si  bien  conocí,  al  terminar,  lo 
que  velaba  mi  ardor  juvenil:  que  no  responde,  ni 
con  mucho,  este  pobre  libro  á  la  merecida  reputa- 
ción de  la  universitaria  corporación  ovetense.  No  me 
íaltó  buena  y  decidida  voluntad  de  mostrar  mi  afec- 
to á  esta  Escuela,  cuando  con  empeño  y  afán  in- 


VI 

vestigué  archivos,  consulté  publicaciones  y  deman- 
dó consejos  á  hombres  entendidos  para  narrar  los 
anales  del  ilustre  Claustro  del  que  fui  discípulo  y 
enseguida  el  último  de  sus  miembros. 

Las  fuentes  de  datos  varios,  su  índole,  las  obser- 
vaciones y  el  plan  y  método  de  su  exposición  me 
preocuparon,  desde  luego,  cuando  comencé  la  His- 
toria de  la  Universidad  de  Ornado  y  Noticias  de  los  Esta- 
blecimientos de  Enseñanza  de  su  Distrito. 

En  el  Archivo  de  la  Universidad,  por  diferentes 
vicisitudes  no  muy  completo  en  sus  primeros  años, 
estaban  los  principales  materiales  esparcidos  en  nu- 
merosos documentos,  actas,  libros,  legajos,  impresos 
y  piezas  sueltas;  algunas  veces  recurrí  también  á  los 
de  la  Diputación  provincial,  Cabildo  de  la  Basílica 
y  Municipio  de  Oviedo,  así  como  a  diferentes  perso- 
nas que  con  generoso  desprendimiento  me  facilita- 
ron curiosos  datos. 

Fué  preciso  ordenar  tales  elementos  para  tratar 
mejor  de  la  Instrucción  Pública  asturiana,  porque 
no  pedía  el  Ministro  de  Fomento,  dado  el  espíritu  de 
su  Circular,  un  resumen  de  efemérides  ó  colección  de 
datos  aislados  que  por  su  confusión  y  repetición 
para  nada  servirían.  El  pensamiento  del  Gobierno 
era  y  es  conocer  la  historia  de  la  Enseñanza  nacio- 
nal, y  es  indudable  que  mal  se  consigue  el  intento 
acopiando  fríamente  apuntes,  si  no  van  acompaña- 
dos de  naturales  observaciones  y  comentarios  para 
comprender  la  pública  instrucción  en  pasados  tiem- 
pos, á  fin  de  apreciar  mejor  la  vida  moral  de  otros 
siglos,  ya  que  muchos  historiadores  pasan  en  silen- 
cio la  marcha  que  tuvo  la  española  cultura.  Y  á  la 
postre— si  esto  so  hacía  bien,  como  yo  no  pude  con- 
seguir,— resultarán  los  progresos  de  la  época  actual 
criticada  sin  razón  cuando  se  olvidan  vicios  y  de- 
fectos de  la  pasada. 

Tuve  presentes  para  el  plan  y  concepto  las  histo- 
rias de  las  Universidades  de  Salamanca,  Valencia 


VII 

Zaragoza  y  Santiago,  escritas,  respectivamente,  por 
los  Sres.  Vidal  y  Diaz,  Velasco  y  Santos,  Borao  y 
Viñas,  sirviéndome  de  norte  la  gran  obra  «De  la 
Instrucción  Pública  de  España»  por  el  distinguido 
literato  D.  Antonio  Gil  y  Zarate.  Trato  los  asuntos 
cronológicamente;  pero  no  por  separado  los  diez 
puntos  de  la  Circular  para  no  caer  en  repeticiones 
con  la  relación  íntima  que  tienen  entre  sí  y  para  no 
perder  de  vista  la  marcha  histórica  de  la  Universi- 
dad. Con  el  detenimiento  posible  me  ocupo  prime- 
ramente en  esta  Escuela  y  comprendo  en  la  Segunda 
parte  los  Establecimientos  de  Enseñanza  de  su  Dis- 
trito con  artículos  mas  breves  á  fin  de  no  abultar 
demasiado  el  presente  volumen.  En  epígrafes  de  ca- 
pítulos se  comprenden  los  temas  de  la  Circular:  Ori- 
gen y  fundación  de  los  establecimientos:  Privile- 
gios, exenciones  y  honores;  Estatutos;  Estudios  y  li- 
bros de  texto;  Reformas  pedagógicas;  Alumnos; 
Rectores  y  Catedráticos;  Medios  materiales  de  ense- 
ñanza; Costumbres  académicas.  Cuanto  allí  no  pue- 
den tener  cabida  va  inserto  en  Apéndices. 

No  terminaré  estas  explicaciones,  sin  que  antes. 
á  fuer  de  bien  nacido,  exprese  públicamente  mi  gra- 
titud á  cuantos  vinieron  en  mi  auxilio.  Tal  vez  sin 
ellos  no  hubiera  dado  cima  al  trabajo,  porque  mu- 
cho debí  á  los  Sres.  D.  Francisco  Diaz  Ordoñez, 
D.  Máximo  Fuertes  Acevedo,  D.  Ciríaco  Miguel  Vi- 
gil  (éste  mi  amado  maestro  en  antigüedades  astu- 
rianas) y  al  Magistral  D.  José  María  de  Cós.  En  la 
biblioteca  del  primero  encontré  libros  y  manuscritos; 
en  obras,  desgraciadamente  inéditas  del  segundo, 
tomé  abundantes  noticias  de  asturianos  ilustres, 
pues  tan  cariñoso  amigo  todo  lo  puso  á  mi  disposi- 
ción; y,  por  fin,  no  fueran  fructuosas  mis  investiga- 
ciones en  los  archivos  Provincial  y  Catedral  sin  el 
concurso  de  los  otros  dos.  Del  señor  Rector,  Secre- 
tario D.  Manuel  Gómez  Calderón  y  mas  personas 
tuve  igual  cooperación  para  llevar  á  cabo  la  presente 


VIII 

Historia.  Consigno  aquí  mi  reconocimiento  y  los  se- 
ñalo á  la  estimación  de  mis  paisanos. 

Recien  salido  de  las  aulas  y  en  los  albores  de  la 
vida,  tengo  la  satisfacción  de  rendir  á  la  Universi- 
dad, alma  mater,  pequeño  homenaje  de  cariño  entra- 
ñable, aunque  no  haya  conseguido,  mi  intento.  Tos- 
co artista,  en  el  cuadro  que  pensé  pintar  solo  indi- 
qué perfiles  y  allegué  colores;  pero  mejor  pincel  ter- 
minará este  lienzo  bosquejado.  Por  eso  dirijo  á  cuan- 
tos me  leyeren  aquellos  versos  de  Horacio: 

Vive,  vale;  si  quid  novisti  rectius  istis 
candidas  impertí;  si  non,  his  uterc  niecum. 

Confiado  en  la  indulgencia  del  público,  pues  solo 
vivirá  con  ella,  sale  á  luz  este  libro,  como  capitulo 
de  la  brillante  historia  de  mi  provincia.  Sea  fiel  tes- 
timonio de  mi  amor  á  las  glorias  asturianas,  cuando 
demuestro  al  Rector  y  al  Claustro  que  no  rehuyo 
sus  comisiones  y  que  aun  procuro  llevarlas  mas  allá 
de  lo  que  pudieran  exigir  á  mi  escaso  saber.» 


Con  estas  sinceras  manifestaciones,  palabras  mas 
ó  menos,  presenté  al  público  (1S73)  mi  humilde  y 
primera  publicación  (a)  que  fué  acogida  con  inme- 
recida benevolencia,  apreciada  en  términos  lisonge- 
ros  por  el  Rectorado  ovetense  (19  de  Septiembre) 


k 


(a)  Por  obediencia  filial  á  deseos,  que  dictaba  la  modestia,  no  pude  men- 
cionar entre  los  auxiliares  que  entonces  tuve,  á  mi  padre  amantísimo  Sr.  D.  Be- 
nito Canella  Meana  (q.  s.  g.  h.}.  Mucho  debí  á  sus  luces  y  consejos,  á  su  cono- 
cimiento del  pasado  de  esta  Escuela,  á  la  que  amorosamente  sirvió  muchos  afios 
y  á  cuyo  Claustro  venían  perteneciendo  nuestros  mayores. 

Fué  mi  Padre  un  asturiano  entusiasta  y,  dotado  de  sólido  y  variado  saber 
fué  personalidad  notoria  desde  la  prensa,  la  escena,  la  cátedra  y  en  cargos  po- 
pulares del  movimiento  provincial,  científico-literario,  en  el  pasudo  siglo.  Entre 
sus  producciones  menciono  aquí  la  excelente  Memoria  untveisittuia  (Oviedo, 
i86x),  el  trabajo  primero  histórico  de  la  Instrucción  pública  asturiana. 

La  paternal  memoria,  inolvidable  y  gratísima,  me  impulsan  á  esta  natural  y 
hoy  libre  expresión  de  mi  gratitud. 


muy  especialmente  por  la  Dirección  general  de  Ins- 
trucción pública  (30  de  Diciembre),  y  por  alcanzar 
después  diploma  y  medalla  de  plata  en  la  Exposición 
universal  de  Barcelona  (1888). 

Agotada  no  mucho  después  y  siendo  muy  raros 
los  ejemplares,  pensé  en  reimprimir,  adicionada  y  re- 
formada, la  presente  «Historia».  A  ello  me  impulsa- 
ban mis  sucesivos  estudios  ó  investigaciones  locales 
en  la  materia;  la  lectura  de  obras  histórico-pedagó- 
gicas,  como  las  generales  de  los  Sres.  La  Fuente  y 
Fernández  Campa,  la  granadina  del  Sr.  Montells, 
la  colegial  de  Bolonia  por  los  Sres.  Borrajo  y  Giner 
(H)  é  interesantes  libros  sobro  establecimientos  es- 
pañoles y  americanos  deG.de  Castro,  Larrea,  Flora- 
nes,Berges,  Egaña,  Merry,  La  Fuente  (J.  J.),  Bachi- 
ller, Rojo,  Castellanos,  Icazbalceta,  etc.;  y  otras 
consideraciones  muy  principales  y  apremiantes  en 
los  dias  que  vivimos,  sedientos  de  regeneración,  y 
cuando  para  la  resolución  del  angustioso  problema 
nacional  todos  ponen  los  ojos  en  la  enseñanza  \r 
educación  patria  ¡todavía  medio  dormidas!  Por  todo 
esto  pretendía  reproducir  estas  modestas  páginas, 
aunque  sea  muy  pobre  mi  concurso  á  la  empresa  es- 
pañola que  se  acomete  ahora,  ya  que  no  se  empren- 
dió antes  de  la  tremenda  catástrofe. 

Mas  el  limitado  presupuesto  universitario,  que 
llega  á  lo  inverosímil  para  cubrir  cargas  y  servicios 
docentes  imperiosos,  dificultaba  esta  segunda  edición, 
que  deseaba  con  empeño  el  Rector  actual  Sr.  D.  Fé- 
lix de  Aramburu,  y  hoy  se  debe  al  patriotismo  y  al 
afecto  particular  de  un  asturiano  benemérito. 

Es  este  el  Sr.  D.  Eduardo  de  Llanos  y  Alvarez 
de  las  Asturias,  nombre  bien  conocido  en  la  Amé- 
rica española  por  el  respeto  que  mereció  en  Chile  y 
Perú  y  servicios  allí  prestados  á  los  españoles  en 
época  crítica.  Retirado  hoy  en  Europa,  el  Sr.  Lla- 
nos dedica  sus  afanes  á  la  cultura  popular:  fundó 
una  Escuela  modelo  en  Corao  (Cangas  de  Onís)  don- 


X 

de  tiene  su  nobilísima  casa  solariega,  establecimien- 
to aquel  organizado  y  regido  con  sumo  acierto;  vie- 
ne difundiendo  en  hojas  y  láminas  conocimientos  y 
asuntos  de  importancia  y  utilidad  provinciales;  y  ha 
costeado  publicaciones,  como  la  Reseña  histórica  del 
Instituto  de  Jovéllanos  de  Gijón  (de  que  fué  alumno) 
por  el  Sr.  Lama  y  los  Orígenes  y  Estadv  actual  de  su 
Biblioteca  por  F.  Martínez  Eiorza. 

Unido  al  Sr.  Llanos  por  antigua  amistad  y  la- 
zos de  familia,  quiso  distinguirme  también  dispo- 
niendo y  costeando  esta  segunda  edición  de  la  His- 
toria de  la  Universidad  y  Noticias  de  los  Establecimientos 
de  Enseñanza  de  su  Distrito.  Dejando  aparte  mi  favor 
personal— -que  sé  agradecer  y  estimar  profundamen- 
te— bien  puedo  asegurar  y  proclamar  otro  patrióti- 
co servicio  mas  del  Sr.  Llanos,  generoso  propaga- 
dor deja  enseñanza,  al  difundir  este  libro;  porque 
en  sus  páginas  hay  antecedentes  y  datos  de  la  Ins- 
trucción pública  asturiana  de  ajrer  y  de  hoy,  base 
segura,  juntada  con  otras  análogas  regionales,  para 
la  reforma  urgente  con  nuevos  rumbos  y  moldes 
nuevos,  que  reclama  lo  porvenir,  si  ha  de  seguir  Es- 
paña  

Y  diré  para  terminar  que  aparece  esta  segunda 
edición  como  heraldo  del  37a  cercano  tercer  cente- 
nario de  nuestra  Universidad,  1908,  en  que  de  nue- 
vo debe  glorificarse  la  figura  insigne  de  su  funda- 
dor el  Arzobispo  U.  Fernando  de  Valdés  y  Salas. 


Oviedo  Enero  1903 


t 


PRIMEREARTE 

HISTORIA 

DE   LA 

UNIVERSIDAD  DE  OYIEDO 


1 


CAPÍTULO  PRELIMINAR 


La  Instrucción  pública  en  Asturias  antes  de  la  fundación  de  la  Universidad  de 
Oviedo. — Aislamiento  topográfico  de  la  provincia. — Los  romanos  y  godos 
en  ella.— Su  estado  después  de  la  traslación  de  la  Corte. — El  antiguo  clero 
del  país  y  esfuerzos  de  los  prelados  para  mejorar  su  condición.— Asturianos 
distinguidos  en  las  letras  durante  los  siglos  xv  y  xvi. — La  Imprenta  en 
Oviedo. — Causas  del  atraso  de  Asturias,  no  obstante  á  que  desde  aquellos 
siglos  ya  se  daba  gran  valor  á  la  instrucción.— Movimiento  moral  de  Espa- 
ña en  el  siglo  xvi.— Las  Universidades  españolas.— Otros  centros  de  ense- 
fianza. — Espíritu  de  fundación  de  establecimientos  literarios. — El  Inquisidor 
D.  Fernando  Valdés  Salas. — Cuando  otras  obras  pias,  ultima  en  su  testa- 
mento la  erección  de  Colegios  y  de  la  Universidad  de  Oviedo. 


En  el  antiguo  Principado  de  Asturias,  hoy  provincia  de  Ovie- 
do, no  existía  al  fenecer  el  siglo  xvi  ningún  establecimiento  pú- 
blico y  general  destinado  á  instrucción  y  educación  de  sus  natu- 
rales. Rodeado  de  altas  montañas  por  la  parte  del  Mediodía  y  al 
opuesto  limite  por  las  olas  embrabecidas  del  mar  Cantábrico, 
apenas  los  hijos  de  esta  provincia  tuvieron  comunicación  con 
otras  comarcas.  De  aquí  grandes  inconvenientes  para  su  cultura, 
y  hasta  las  varias  invasiones  en  tiempos  antiguos  no  dejaron 
huellas  duraderas  en  la  región  astur  levantando  su  nivel  moral. 

La  ambición  conquistadora  del  pueblo  romano  trajo  á  Apu- 
leyo  á  poner  en  Torres  y  sitios  próximos  de  la  costa  las  aras 
sextianas,  trofeos  de  victoria,  para  llamar  á  Augusto  señor  de 
todo  el  mundo  conocido  tras  de  laborioso  triunfo  sobre  astures 
y  cántabros,  descendientes  de  celtas,  que  cayeron  vencidos,  mas 
no  domados,  apellidando  siempre  libertad  é  independencia.  De 
su  dominación  quedan  valiosos  recuerdos  en  explotaciones  mi- 
neras, trabajos  agrícolas,  alguna  construcción  y  el  frecuente  ha- 
llazgo de  monedas  pertenecientes  al  Imperio,  otros  objetos,  lá- 
pidas varias,  etc.;  y  también  de  la  influencia  latina  quedó  gallar- 
da muestra  en  voces  y  locuciones  del  bable  ó  dialecto  asturiano. 


—  4    — 

Los  primeros  godos  apenas  dan  señales  de  existencia  en 
nuestro  país  hasta  Sisebuto;  y  hay  que  ver  á  España  vencida  en 
Lago  de  Janda  (Guadalete),  roto  él  trono  de  sus  reyes,  para  que 
los  vencidos  buscaran  refugio  en  las  montañas  del  Norte.  Ellos 
trajeron,  con  los  restos  de  la  tremenda  catástrofe,  el  aliento  que 
les  quedaba  y  con  él  la  religión  y  reliquias,  códigos  y  tradicio- 
nes, que  en  otro  tiempo  hicieron  tan  notables  á  los  padres  de  los 
Concilios  toledanos  y  condes  palatinos.  Extraño  parece  que 
herederos  de  tan  esclarecidos  varones,  sabios  autores  de  cáno- 
nes y  leyes,  no  dejasen  en  Asturias  señal  de  ilustración  y  no  es- 
tableciesen aquí  algo  que  semejase  las  escuelas  de  los  Isidoros 
de  Sevilla  y  Leandros  de  Toledo.  A  la  defensa  de  la  fé  tendieron 
principalmente  aquellos  prelados  que,  huyendo  de  las  huestes 
musulmanas,  hallaron  abrigo  con  su  clero  dentro  del  astur  te- 
rritorio. Aquí  permanecieron  en  años,  adscritos  á  parroquias  ru- 
rales para  declarar  existentes  sus  diócesis;  y,  por  esto,  pasado 
algún  tiempo  y  constituida  en  corte,  fué  Oviedo  llamada  ciudad 
de  los  obispos,  por  los  aquí  residentes  ó  reunidos  ya  para  con- 
sagración de  templos  ó  para  conciliares  asambleas. 

Do  quiera  se  habían  levantado  Iglesias  y  Monasterios  (el  P. 
Carballo  menciona  109)  por  los  reyes  de  la  restaurada  nacien- 
te monarquía,  y  aquellas  santas  moradas,  centros  de  oración, 
fueron  custodia  de  tesoros,  códices  y  alhajas  salvadas,  cual  figu- 
ran en  generosas  donaciones  al  templo  mayor  del  Salvador  y  en 
construcciones  embellecidas  por  oreses  y  labrantes  peregrinos 
con  arte  propio  tal,  que  llegó  á  llamarse  «asturiano». 

Prosperó  en  santidad  y  doctrina  la  Iglesia  de  Asturias  como 
lo  revelan,  primero  las  actas  de  sus  Concilios,  un  dia  considera- 
das apócrifas  por  la  crítica  hasta  resultar  vindicada  su  legitimi- 
dad por  el  P.  Risco,  y  después  la  resistencia  y  victoria  contra 
los  heresiarcas  Félix  de  Urgel  y  Elipando  de  Toledo.  Los  godos 
refugiados  debieron  enseñar  la  historia  y  la  paleografía  á  los  as- 
turianos, y  escribieron  en  esta  tierra  códices  como  el  del  siglo 
vn,  precioso  libro  canónico,  que  en  Oviedo  vio  Morales;  el  famo- 
so de  las  «Etimologías o  de  San  Isidoro;  las  Crónicas  llamadas 
de  Albeldense  y  de  D.  Alfonso  III;  y  otros  preciosos  diplomas, 
que  pertenecieron  á  la  saqueada  librería  de  la  Catedral  de  Ovie- 
do, de  la  qué  muchos  de  sus  primores  escriturarios  andan  dis- 


-  5  - 

persos  por  bibliotecas  públicas  y  particulares  con  el  sello  y  cruz 
angélicos  de  su  procedencia. 

Mas  luego  desaparecieron  tales  elementos  de  cultura  porque, 
al  mismo  tiempo  que  la  reconquista  dilataba  el  territorio  cris- 
tiano, quedaba  reducida  y  pobre  la  monarquía  asturiana,  absor- 
vida  en  950  por  la  naciente  leonesa  y  mas  abandonada  todavía 
cuando  los  reyes  se  asentaron  en  lugares  importantes  y  lejanos 
para  el  alto  fin  de  la  restauración. 

El  clero,  que  al  cumplir  su  misión,  llenaba  también  la  de  ci- 
vilizar la  sociedad,  cultivando  y  extendiendo  artes  y  ciencias, 
fué  desde  aquella  ocasión  ignorante  pareciendo  que  no  queda- 
ban memorias  y  enseñanzas  de  tantos  doctos  prelados  como 
habían  residido  en  estas  montañas.  Volviera  el  país  á  primitivo 
estado  de  atraso  si  por  sucesos  diferentes  no  se  hubiera  comba- 
tido el  mal.  • 

Renació  Asturias  en  el  siglo  xi  con  el  régimen  municipal  que 
cimienta  Alfonso  VI  con  las  cartas-pueblas  de  Oviedo  y  Aviles; 
debió  sentir  la  influencia  del  Concilio  de  Coyanza  en  1050  y  en- 
seguida la  de  las  altas  dotes  y  espíritu  gubernamental  del  gran 
Obispo  D.  Pelayo,  el  déla  asamblea  pacificadora  de  1115;  á 
continuación  se  removió  y  tuvo  paz  y  administración  con  las  re- 
gias visitas  del  Emperador  D.  Alfonso,  D.  Fernando  II  y  las  re- 
petidas de  Alfonso  IX,  que  consolidaron  populares  franquicias; 
mas  y  mejor  sintió  el  gobierno  de  Alfonso  el  de  las  Partidas,  que 
favoreció  las  «poblas»  ó  cabezas  de  concejo  formando  asi  gru- 
pos de  población  mas  adelantada  á  la  sombra  de  leyes  forales 
mientras  los  Señores  y  Casas  monásticas  crecían  en  poderío  y 
con  el  Merino  del  Rey  dictaban  ordenanzas.  El  árbol  de  las  ór- 
denes religiosas  que,  bajo  las  reglas  benedictina  en  Oviedo, 
Obona,  Corias,  Cornellana  y  Celorio  y  la  cisterciense  en  Valde- 
dios,  Belmonte  y  Óseos,  seguía  frondoso,  se  aumentó  con  los  de 
San  Francisco  de  Oviedo,  Tineo  y  Aviles,  que  asi  vivían  de  la  li- 
mosna popular  como  la  devolvían  en  elemental  instrucción;  si 
bien  en  mayor  ó  menor  escala,  estas  fundaciones  tuvieron  cáte- 
dras de  Filosofía  moral  y  Teología  principalmente  para  sus  novi- 
cios y  postulantes. 

Cual  en  otras  partes,  debió  comenzar  á  organizarse  en  Ovie- 
do algo  de  aquellas  escuelas  catedralicias,  bajo  el  régimen  de 


—  6  — 

prevendados  especiales  (maghter  se/wlarum,  maestrescuela) 
y  en  documento  de  1261  de  la  Iglesia  leonesa  firma  uno:  G.  Pe- 
tri,  Magister  scholarum  ovetense  et  legionensi  canónico.  De 
esta  enseñanza  eclesiástica  ovetense  hay  algunos  datos. 

El  virtuoso  Obispo  D.  Fredolo;  francés,  estableció  en  1280 
unas  escuelas  para  enseñar  liturgia  á  sus  prevendados,  previ- 
niendo la  asistencia  al  Oficio  Divino  con  imposición  de  penas  al 
que  no  lo  verificase  en  tres  meses  consecutivos.  (1)  Sin  duda  á 
tal  enseñanza  se  refieren,  en  el  Claustro  de  la  Catedral,  las  lápi- 
das funerarias  de  Rodrigo,  «Rector  de  las  Escuelas»  (año  1298); 
otras  de  Alfonso  Jacco,  «que  tuvo  el  nombre  y  régimen  de  las 
escuelas»  (año  1301);  y  ha  desaparecido  la  citada  por  Tirso  de 
Aviles  en  el  tercer  lienzo,  que  cubría  el  sepulcro  de  otro  Ro- 
drigo, también  «Rector  de  las  Escuelas»  fallecido  en  1317.  Es- 
casa noticia  literaria  tenemos  del  clero  asturiano  en  tiempo  si- 
guiente y  hay  que  llegar  al  gobierno  del  insigne  Obispo  D.  Gu- 
tierre de  Toledo. 

Poderoso  y  rico,  muy  docto  y  reformador,  fué  este  prelado 
que  ganó  para  sí  y  sucesores  el  Señorío  condal  de  Noreña,  au- 
mentando las  pingües  rentas  asignadas  á  la  mitra;  él  ordenó  el 
archivo-catedral  y  le  docto  de  preciosos  elementos  para  la  histo- 
ria; en  sus  dias  fué  comprendida  la  provincia  y  diócesis,  por  él 
pacificadas,  en  «Principado  de  Asturias»  para  los  herederos  de 
la  gran  corona  de  Castilla  y  después  de  España;  y  él  debió  intere- 
sarse por  la  cultura  de  su  sacerdocio  al  ser  fundador  en  Sala- 
manca (á  donde  afluía  entonces  toda  semilla  de  ilustración)  del 
antiguo  Colegio  de  Pan  y  Carbón,  cuyos  estatutos  fundacionales 
conservados  en  el  archivo  de  nuestra  Basílica,  disponían,  entre 
otras  cosas,  para  favorecer  á  la  clase  pobre  que  babía  de  tener 
la  casa  seis  alumnos  de  la  facultad  de  Cánones,  naturales  de  la 
diócesis  de  Oviedo.  El  mencionado  Monasterio  de  San  Vicente 
de  esta  ciudad  era  otro  centro  de  especial  cultura  y  en  la  segun- 
da mitad  de  este  siglo  xiv  le  regia  el  Abad  D.  Diego,  que  dejó  un 
Memorial  de  los  sucesos  y  alteraciones  de  su  tiempo,  obra  que 
se  ha  perdido  y  era  estimable  á  juzgar  por  lo  que  de  ella  queda. 
Bajo  la  prelatura  de  D.  Juan  Arias  del  Villar,  gran  letrado,  á  fi- 


(i)     Risco,  España  Sagrada;  tomo  38,  pág.  207. 


nes  del  siglo  xv  floreció  en.  Oviedo  el  Br.  Gonzalo  González  Ca- 
ñamero, Abad  de  Tuñón,  después  Obispo  de  Cuenca,  que  dice 
Risco  (1)  fundó  en  Salamanca  el  Colegio  de  Santa  María  y  To- 
dos los  Santos,  Uamaáo  de  Monte  Olive,  aunque,  según  el  Sr.  Vi- 
dal, fué  solamente  su  primer  Rector,  y  el  Sr.  La  Fuente  escribe 
que  fué  su  bienhechor  y  á  su  nombre  vinieron  las  bulas  (2)  D.  Die- 
go Miguez  de  Vendaña,  nombrado  en  nuestro  episcopologio  don 
Diego  de  Muros,  pastor  ilustrado  y  celosísimo,  favoreció  el  esta- 
blecimiento de  los  hijos  de  Santo  Domingo  y  con  su  senado  ca- 
pitular dotó  á  principios  del  siglo  xvi  una  cátedra  de  Moral  en 
el  convento  ovetense  del  Rosario  para  mejorar  con  ¿religiosos 
de  buena  vida,  letras  y  ejemplos»  (3)  el  decaído  pulpito  de  esta 
provincia.  El  mismo  prelado  en  1517  fundó  en  Salamanca  el  Co- 
legio Mayor  de  San  Salvador  de  Oviedo,  no  pudiendo  estable- 
cerle aquí  por  estar  la  instrucción  pública  tan  atrasada,  ó  por 
oposición  que  le  hizo  el  Cabildo  y  no  existir  Universidad  á 
donde  agregarle.  El  famoso  cronista  Ambrosio  Morales,  dice  en 
so  «Viaje»,  oque  los  canónigos  de  Covadonga  vestían  un  hábito 
pobre  y  corto,  común  de  los  clérigos  de  Asturias,  con  un  escapu- 
lario de  lienzo  blanco  encima  del  sayo,  poco  ancho,  y  largo  has- 
ta mas  de  la  cinta»;  y  este  desaliño  pone  bien  claro  su  rudeza  y 
apartamiento.  (4) 

El  Cabildo  eclesiástico  sostenía  un  preceptor  popular  de 
dramática  y  daba  licencia  á  sus  miembros  para  ir  al  t  Estudio», 
el  menguado  que  había  en  Oviedo,  y  para  pasar  á  Salamanca  ú 
otras  escuelas,  según  consta  en  acuerdos  capitulares.  Esto  no 
bastaba,  ya  en  el  siglo  xvi,  y  aunque  sea  fingido  el  celebérrimo 
proceso  y  excomunión  episcopal  á  los  ratones  y  el  alegato  de  és- 
tos f  porque  eran  criaturas  de  Dios  y  no  debían  ser  castigadas  sin 
ser  oídas»  indica  el  gran  atraso  asturiano.  El  breve  tiempo  que 
rigió  nuestra  diócesis  D.  Fernando  de  Valdés  y  Salas,  nuestro 
futuro  bienhechor  (y  á  cuyos  grandes  favores  se  dedica  esta  hu- 
milde Historia)  fué  punto  de  partida  para  ideas  y  cambios  de  en- 
señanza y,  á  su  estímulo,  probablemente  se  movieron  otros,  o  De 


(s*    Risco  Es/.  Sag.;  tomo  39.  pág.  75. 

(a)  Vidal  y  Díaz,  Memoria  histórica  de  la  Universidad  de  Salamanca;  pág.  301. — La 
Fuente*  Historia  de  las  Universidades,  Colegios  y  demás  Establecimientos  de  Enseñanza  de 
Es/ama;  tomo  a.°  pág.  117. 

(3 »    Risco,  Es/.  Sag.;  tomo  39,  pág.  103. 

(4)    Morales  Viaje  santo,  tít.  39  pág.  66. 


—  8-- 

estos  celosos  del  bien  público,  fué  el  primero  D.  Andrés  de  Pra 
da,  Abad  de  Tuñón,  persona  grave  y  recta,  el  cual  por  los  años 
de  1568  intentó  en  Oviedo  fundar  un  Colegio  de  la  Compañía;  y 
para  este  fin  acudió  á  Roma  por  facultad  y  licencia  de  su  Santi- 
dad para  renunciar  á  favor  de  la  Compañía  su  Abadía  y  otros 
préstamos  y  rentas  eclesiásticas,  que  poseía,  las  cuales  pudieran 
servir  á  la  manutención  y  sustento  de  algunos  Padres,  que  con 
su  celo  y  virtud  acudiesen  á  las  necesidades  espirituales,  que  en 
sus  Paisanos  conocía  y  lamentaba;  pero  tan  santos  deseos  no 
llegaron  á  execución,  por  haberse  ofrecido  en  Roma  tantos  re- 
paros y  dificultades  sobre  la  cesión  de  sus  rentas  á  favor  del 
ideado  Colegio,  que  imposibilitaron  la  prosecución  de  la  depen- 
dencia». Así  refiere  el  P.  Villafañe  (1)  el  primer  intento  de  es- 
cuela jesuítica. 

El  referido  atraso  provincial  y  la  falta  de  un  centro  de  verda- 
dera y  general  enseñanza  era  grave  daño  para  la  salud  de  las 
almas  y  bienestar  de  esas  míseras  gentes,  que  se  prolongó  hasta 
que  el  Obispo  D.  Diego  Aponte  Quiñones  se  vio  precisado  en 
1585  á  observar  gran  rigor  en  el  examen  de  sacerdotes  y  de  ca- 
pitulares, estableciendo  para  ellos  unas  enseñanzas  en  su  pro- 
pio palacio.  Y  dice  Risco:  «sin  embargo  de  haber  alcanzado  bu- 
la pontificia  para  este  fin,  no  duró  tan  piadoso  y  útil  estableci- 
miento por  no  haber  hecho  casa  particular  para  estos  clérigos  y 
por  no  haber  convenido  el  Cabildo  en  la  erección  del  Seminario». 
Cuando  mas  adelante  se  pretendieron  cátedras  en  la  Universi- 
dad de  Oviedo,  el  canónigo  Domingo  de  Mier  alegó  sus  estudios 
en  Valladolid  y  Salamanca,  y  citando  los  nombres  de  sus  maes- 
tros, alguno  de  los  cuales  debió  ser  asturiano,  á  juzgar  por  su 
apellido,  dio  noticias  del  colegio  que  fundara  el  Obispo  Aponte, 
con  mitad  de  colegiales  graduados  y  buenos  gramáticos  la  otra 
mitad.  Entró  en  el  primer  lugar  de  los  graduados,  fué  propósito 
con  el  cargo  de  leer  casos  morales  y  de  presidir  unas  conferen- 
cias, pues  otras  las  presidía  él  prelado  por  afición,  y  á  estos 
actos  dice  que  venían  los  hombres  doctos  de  la  ciudad  y  monas- 
terios (2). 


(j  \  P.  Juan  de  Villafañe:  •Relación  historien  de  la  vida  y  virtudes  de  la  Excma.  senara 
doña  Magdalena  de  VI loa,  «Salamanca,  17231,   pig.  241. 

(2)  Archivo  de  la  Universidad.— Papeles  déla  testamentaría  del  Sr.  Arzobispo  D.  Fernán* 
do  Valdés  y  Salas;  fol.   141. 


—  9  — 

En  Oviedo,  como  en  la  mayor  parte  de  las  diócesis  de  Espa- 
ña, hubo  resistencia  á  la  erección  de  seminarios  que  el  Concilio 
deTrento  había  dispuesto  como  cosa  urgente  y  necesaria,  más 
mirando  á  la  educación  especial  que  á  la  instrucción  del  clero, 
que  concurría  á  Universidades  y  Colegios.  El  Cabildo  de  Oviedo 
era  exento,  diGe  el  Sr.  La  Fuente,  y  dependía  del  Papa,  no  reco- 
nociendo apenas  la  autoridad  del  Obispo  ni  la  del  Metropolita- 
no y  como  el  Papa  estaba  muy  lejos,  «pasaba  lo  que  pasaba» 
cual  en  todos  los  establecimientos  exentos.  No  justifica  el  eru- 
dito académico  tales  cargos,  pues  el  canónigo  lectoral  propuso 
seminario  en  1731  que  no  se  erigió  por  falta  de  recursos;  y  la 
resistencia  era  general  y  popular,  pues  cuando,  á  petición  de 
los  comisionados  del  Cabildo,  se  trató  en  el  Ayuntamiento  ove- 
tense de  la  erección  de  un  Seminario  de  Estudiantes,  se  acordó 
ono  ser  conveniente *. 

El  Sr.  D.  Pedro  Suárez  fundó  y  dotó  en  16  de  Octubre  de 
1593  el  Colegio  de  San  Pedro  de  los  Verdes  para  sostener  doce 
colegiales,  que  terminaran  su  carrera  en  la  Universidad  proyec- 
tada por  el  testamento  del  Aizobispo  Valdés,  que  ya  había  falle- 
cido, siendo  las  becas  de  dirección  del  Cabildo  y  de  provisión 
en  las  casas  de  Heredia  y  Rivera,  de  que  descendía  el  canónigo 
fundador. 

Véase,  pues,  como  aunque  para  el  clero  se  llamaran,  ya  se 
necesitaban  con  premura  unas  Escuelas  superiores  en  Oviedoi 
y  cuan  justo  era  el  empeño  que  tenían  los  Obispos  en  su  pronto 
establecimiento.  No  cesan  en  la  empresa,  y  en  1600  D.  Gonzalo 
Gutiérrez  Mantilla  escita  á  los  testamentarios  del  ilustre  creador 
de  la  Universidad  ovetense  á  que  abriesen  pronto  las  enseñan- 
zas, perqué  sus  clérigos  eran  tan  ignorantes  y  viciosos,  que  te- 
nía que  proveer  las  iglesias  ^en  quienes  no  había  ninguna  sufi- 
ciencia. 

Cuadro  tan  poco  halagüeño  de  un  cuerpo  tan  respetable,  in" 
dica  también  que  sería  mas  lastimosa  la  condición  de  las  otras 
clases  de  la  sociedad,  y  mucho  menor  su  ilustración  y  saber. 

No  faltaron,  sin  embargo,  durante  los  siglos  xv  y  xvi  algu- 
nos asturianos,  que  supieron  distinguirse  en  las  letras.  «Juan  de 
Oviedo»  fué  secretario  del  rey  D.  Enrique  IV  y  «Alonso  de  Quin- 
tanillao  Secretario  de  Hacienda  de  los  Reyes  Católicos,  orga- 


—  io- 
nizador de  la  Santa  Hermandad  y  protector  decidido  de  Cristo- 
bal  Colón.  El  arcediano  de  Villaviciosa  «Dr.  Juan  González 
Contreras»  es  autor  del  libro  de  la  Purísima  Concepción,  com- 
puesto en  1439,  y  propuesto  entonces  al  Concilio  general  de  Ba 
silea  con  el  fin.de  promoverla  solemne  declaración  de  la  Iglesia; 
y  el  «Dr.  Rodrigo  Alvarez  de  Noreñao  fué  reputado  juriscon- 
sulto, á  quien  citan  los  contemporáneos  por  sus  «Determinacio- 
nes». Mas  tarde,  en  varios  ramos  científicos,  brillaron  no  pocos 
hijos  de  esta  provincia,  como  otros,  antes  y  después,  se  distin- 
guieron en  los  consejos  áulicos  de  los  reyes.  El  presbítero  «Al- 
fonso de  Proaza»,  ardiente  defensor  de  las  doctrinas  de  Raimun- 
do Lulio,  y  su  compañero  y  sucesor  «Alfonso  Ordoñez*,  retóri- 
co y  orador  notable,  lucían  sus  talentos  en  la  Universidad  de 
Valencia,  ácuya  ciudad  ensalzaba  Proaza  en  una  elegante  ora- 
ción latina,  publicada  en  1505,  y  en  un  celebrado  romance.  La 
ya  dicha  fundación  dominicana,  fuera  de  cercas  de  Oviedo,  del 
Obispo  Muros  dio  resultados  muy  excelentes,  y  de  allí  salieron 
reputados  varones,  que  difundieron  el  cristianismo  en  América, 
como  «Alfonsode  Noreña»  (1544)  y  «Pedro  de  Pravia»  (1580). 
El  jesuíta  «Alvaro  Alfonso»  (1542)  combatió  los  errores  de  Lu- 
tero;  fueron  jurisconsultos  muy  distinguidos  «Miguel  Cifuentes,» 
que  hizo  una  edición  del  Ordenamiento  Real  y  comentó  las  Le- 
yes de  Toro  (1536-1555);  «Juan  Hévia  Bolaños»  (1588)  publicó 
laoCuriaFilípica»  y  «D.Alfonso  Iñigo  Valdés»  (1588)  fué  también 
muy  conocedor  de  la  ciencia  del  derecho.  Como  escritores  de 
historias  no  omitiremos  al  conocido  cronista  asturiano  «Tirso 
de  Aviles»  y  á  «Fr.  Alvaro  de  Rojas»,  autor  de  la  Historia  de 
dicho  Convento  ovetense  del  Rosario;  y,  por  fin,  cuando  termina- 
ba el  siglo,  fueron  notables  por  sus  obras  <«D.  Martín  Quirós 
Valdés»,  «D.  Diego  Valdéso,  etc.  (1) 

Y  de  mediados  del  siglo  xvi  data  la  introducción  de  la  im- 
prenta en  Oviedo,  aunque  fué  como  de  paso.  La  clerecía  de  la 
diócesis  suplicó  en  sínodo  al  Obispo  D.  Cristóbal  de  Rojas  que 
reimprimiese  el  Breviario  ovetense,  pues  eran  muy  raros  los 
ejemplares  y  se  iba  perdiendo  el  rezo  propio  diocesano;  y  así 
debió  ser  llamado  el  impresor  ambulante  Agustín  de  Paz,  que  en 


(i)     Fuertes   A  ce  vedo,  Bosquejo  acerca  dr l  Estado  que  alcanzó  á  todas   épo.\xs  la.  litera- 
tura en  Asturias  (Badajoz,  1885). 


Oviedo  estampó  en  1556  dicho  Breviario  y  unas  Constituciones 
capitulares,  de  que  hay  rarísimos  ejemplares,  y  son  de  mérito. 
Un  año  después  ya  el  impresor  trabaja  en  Burgos,  y  el  prodi- 
gioso arte  no  se  asentó  en  nuestra  ciudad  hasta  un  siglo  mas 
tarde.  Es  de  advertir  que  hay  noticia  de  impresores  asturianos 
como  Gonzalo  Rodrigo  de  la  Pasera  (Monterrey,  1494)  y  Juan  de 
Valdés  (Barcelona,  1497j,  que  andaban  errantes  por  diferentes 
provincias,  como  otros  tipógrafos  que  imprimían  para  la  Iglesia 
Catedral  de  Oviedo  hojas  sueltas  en  1490  y  1520  con  la  rela- 
ción de  reliquias  y  bula  de  indulgencias  (1). 

Según  se  habrá  notado,  estaban  los  conocimientos  reducidos 
á  determinado  círculo  de  personas,  y  la  provincia  en  general, 
no  participaba  de  esta  cultura.  Bien  por  apatía,  aunque  mas  por 
falta  de  un  foco  de  ilustración,  como  una  Universidad  ó  una  Aca- 
demia, fué  cierto  el  atraso,  fatalmente  auxiliado  merced  al  des- 
orden que  en  la  administración  del  país  introdujeron  las  bande- 
rías, no  muy  disminuidas  por  las  Ordenanzas  provinciales  de 
Vega  y  de  Acuña.  Fué  reducida  la  enseñanza  y,  cuando  com- 
pleta, se  limitó  á  algunos  asturianos  que,  privilegiados  por  la 
fortuna  ó  de  ingenio  resuelto,  pudieron  con  dificultad  recibir  en 
afamadas  aulas  la  educación  y  carrera  que  no  hallaban  en  su 
patria.  Por  eso  daban  gran  importancia  á  los  títulos  académi- 
cos, hasta  á  los  más  inferiores,  consignándolos  con  presunción 
en  documentos  y  en  inscripciones  sepulcrales.  Ejemplos  tene- 
mos, como  el  de  la  lápida  del  Claustro  de  la  Catedral,  bajo  la 
que  descansa  Frigión  de  Cifuentes,  fallecido  en  1485,  é  hijo  del 
Rr.  Juan  de  Gijón;  así  como  consta  que  el  concejo  de  Colunga 
fué  visitado  en  1558  por  el  o  Magnífico  o  bachiller  Liada,  alcalde 
mayor  del  partido  de  Llanes.  Y,  sin  embargo,  con  todas  las  an- 
teriores circunstancias,  llama  poderosamente  la  atención,  que 
relativamente  á  la  extensión  del  Principado,  ocupaban  algunos 
asturianos  puestos  elevados  en  las  Iglesias,  Tribunales  y  Con- 
sejos. 

¿Cuánto  no  se  abulta  la  anterior  triste  pintura  de  nuestra 
postración  pedagógica  si  la  consideramos  en  el  grandioso  si- 
glo xvi,  en  el  movimiento  general  de  la  nación? 

fi'-  E*ta*  ühiirns  noticias  de  impresores  asturianos,  fuera  de  la  provincia,  son  del  erudito 
¿cadtmico  Mr.  K.  Hatblcr  en  carta  al  Rector  de  la  Universidad  Sr.  Aramburu. 


Por  todos  los  ámbitos  de  la  Península  se  había  desarrollado 
y  crecido  el  estudio  de  las  ciencias,  y  la  sabiduría  de  los  espa- 
ñoles era  vasta,  profunda  y  poderosa.  Ella  daba  impulso  y  diri- 
gía la  fuerte  voluntad  que  hacía  del  cetro  de  Castilla  el  arbitro 
considerado  en  los  reinos  mas  florecientes  de  la  Europa,  cuando 
extendía  su  dominación  mas  allá  de  los  mares  en  todo  un  mun. 
do  nuevo.  Esos  ejércitos,  que  sostenían  la  corona  de  los  Césares 
y  que,  á  la  sombra  de  los  pendones  de  Castilla  y  Aragón,  pe. 
leaban  sin  descanso  y  vencían  cor  gloria,  no  talaban  y  destruían 
los  pueblos  solamente  por  poder  ilimitado  y  material,  como  en 
los  siglos  de  la  Edad  Media....  pues  el  entendimiento  humano, 
agitado  profundamente  en  este  siglo  prodigioso,  rompió  con  pa- 
sadas tradiciones  y  llamó  cuanto  existia  á  severa  residencia  y 
examen.  Él  levantó  bandera  en  todas  partes  y  emprendió  una 
lucha  mas  tenaz  para  el  bienestar  de  las  generaciones  venideras. 
Nadie  desconoce  hoy  que  fueron  de  menor  importancia  las  glo- 
rias alcanzadas  sitiando  á  Viena,  saqueando  á  Roma,  despeda- 
zando á  Italia  y  humillando  á  Francia,  que  las  conseguidas  por 
la  inteligencia  para  el  común  provecho  de  aquella  época  y  de 
las  sucesivas.  Combatían  mejor  por  el  progreso  los  que  estudia- 
ban en  academias,  propagaban  los  conocimientos  por  la  impren- 
ta y,  con  elevadas  miras  y  profundo  acierto,  discutían  en  Conci- 
lios sobre  todos  los  ramos  del  saber. 

No  fué  España  la  que  menos  parte  ha  tomado  en  esta  cruza- 
da gloriosa  para  la  civilización  del  mundo.  Solícitos  y  volunta- 
rios marcharon  sus  doctores  y  sus  Obispos  para  demostrar  que 
eran  tan  sabios  los  españoles,  como  políticos  hombres  de  Es- 
tado y  esclarecidos  capitanes  de  la  guerra.  En  contiendas  y  dis- 
cusiones, sobre  todo  en  Trento,  hicieron  ver  que  nada  de  cuan- 
to entonces  abarcaba  la  ciencia  era  ageno  á  los  hijos  de  España 
en  doctrina  profunda  y  en  la  literatura  amena. 

Y  no  podía  ser  otra  cosa.  En  nación  alguna,  no  obstante  las 
consecuencias  de  su  reconquista,  se  vio  con  tal  empeño  y  deci- 
sión un  afán  de  establecer  Universidades  para  alimentar  el  ge- 
neral deseo  de  alcanzar  los  conocimientos  y  saber  humanos. 
Apenas  los  Reyes  Católicos  tomaban  asiento  en  los  alcázares 
granadinos,  cuando  surgió  una  Universidad  para  instruir  á  los 
vencidos.  Los   reyes  y  magnates,  los   prelados  y   pueblos,  to- 


—  «3  — 
dos  se  apresuraban  á  levantar  esos  monumentos  para  cultivar  la 

hispana  inteligencia,  harto  fatigada  por  el  peso  de  las  armas. 
Tenían  Universidad  en  el  reino  de  León,  Salamanca  (....  1243) 
Valladolid  (....  1346)  y  antes  Palencia  que  conservó  por  poco 
tiempo  su  Estudio;  en  Castilla  la  Vieja,  Avila  (....  1482-1504)  y 
Osma  (1554);  en  Castilla  la  Nueva,  Alcalá  (....  1508),  Sigüenza 
(....  1472-1483),  Toledo  (....  1520)  y  Almagro  (..,.  1553);  en 
los  reinos  de  Andalucía,  Secilla  (....  1472-1516),  Granada 
(....  1526)  y  Osuna  (....  1548);  en  Guipüzcoa,  Oñate  (....  1542); 
en  el  reino  de  Galicia,  Santiago  (....  1506  1544)  y  Monterrey 
(....)  compitiendo  la  primera  con  la  lusitana  de  Coimbra;  en  el 
reino  de  Aragón,  renació  la  pretoriana  de  Sertorio  en  Huesca 
(....  1354- 1461)  y  tuvo  la  de  Zaragoza  (1474-1574);  en  el  Prin- 
cipado de  Cataluña,  las  de  Lérida  (1300),  Barcelona  (1430),  Ge- 
rona (1446),  Tarragona  (1572),  Vich  (1599);  en  las  Baleares 
la  luliana  de  Palma  (1280-1626);  en  el  reino  de  Valencia,  la  de 
Valencia  (1411-1502),  Gandía  (1540)  y  Orihuela  (1552).  En  es- 
tos establecimientos  se  ilustraban  los  españoles,  cuando  á  todas 
partes  llegaba  el  nombre  de  la  Universidad  de  Salamanca  que, 
con  arrogante  blasón  omnia  docendo,  era  el  centro  y  la  luz  de 
todas  ellas  y  competía  en  fama  y  esplendor  con  las  mas  eminen- 
tes de  Europa  (1). 

Y  aun  había  otras  enseñanzas  para  alimento  intelectual  de  la 
generación  de  aquel  siglo  porque,  si  no  en  gran  escala,  muchas 
Ordenes  religiosas  de  ciudades  y  pueblos  importantes  facilitaban 
instrucción  en  sus  conventos.  Había  en  las  catedrales,  como  ya 

(i)  Algunas  de  estas  Escuela*  tenían  base  conventual,  y  había  también  otros  centros  que 
llevaban  el  nombre  de  Universidades,  aunque  distaban  de  serlo,  como  Luchentc  (Ma3^  Luccna 
'.*533).  Oropcsa  (158.),  Sahagún  (1534).  Irache  Í1605J,  K«tella  {...),  Baeza  U538J,  Murcia  11565). 

Al  lado  de  las  Universidades  se  establecieron  Colegios  mayores  y  menores,  que  aumentaba 
el  concurso  de  estudiantes,  como  los  de  San  Bartoloi.ié  (1401),  Cuenca  (1500),  San  Salvador  de 
Oviedo  (i5>7)  y  Fonseca^  (1521)  en  Salamanca;  San  Ildefonso  (1500)  en  Alcalá  de  Henares; 
Santa  Cruz  (1484)  en  Valladolid;  Santiago  (1554)  en  Huesca;  Sacrcmonte  11(05)  cn  O  ranada, 
etc  ,  etc. 

La  de   Oviedo  fué  fundada  en  1565  é  inaugurada  en  1608. 

Después  se  establecieron  las  de  Pamplona  '1623^,  de  escasa  vida;  Tortosa  (1645);  Ccrvera, 
(ij\A)  por  supresión  de  las  otras  de  Cataluña;  la  de  San  Cristóbal  de  Canarias  (1744;)  y  la  de 
Alcalá  «c  trasladó  á  Madrid  eti  1836. 

Por  las  Ordenes  religiosas  principalmente,  España  abrió  también  en  el  siglo  xvi  Universida- 
des y  Colegios  numerosos  cn  sus  dilatados  dominios  de  América.  Entre  aquéllas  mencionaremos 
las  de  México  (issV,  Chiapa  (158  ;.  Guadalajara  (....)  y  Merida  de  Yucatán  (....)  cn  el  Vi- 
rreinato de  Nueva  España;  tres  cn  Quito  fi 563 -1623^,  Caracas  ^721  j,  dos  en  Sar.ta  Fé  de  Bo- 
gotá A595  íóioy  y  Taísima  (.  ..)  cn  el  virreinato  de  Nueva  Granada;  las  de  Lima  11551-1570, 
Cuzco  ^1598  ifo.2,/tHiiamanga  ^1677./  y  Chuquisaca  (1772,/  en  el  del  Perú;  las  de  Córdoba  (xb^J 
y  Trinidad  /'...  )  cn  Hítenos  Aires;  la  de  Santo  Domingo  f  16  .)  en  esta  isla;  y  la  de  la  Habana 
1 1670-1778'.  En  A>ia,  la  de  Manila  '1628;. 

^  No  *on  á  teces  exactas  las  fechas  fundacionales  de  nuestras  antiguas  Universidades  y  Co- 
legios; y  Us  indicadas  se  refieren,  según  los  casos,  á  la  erección,  bulas  y  cédulas  de  aprobación, 
apertura  de  estudios  ó  primeros  estatutos. 


—   14  — 

se  indicó,  explicación  de  algunas  materias  por  los  maestre-es- 
cuela, lecloral  y  penitenciario,  ya  decaídas  con  la  fundación  de 
los  centros  universitarios,  pues  si  algún  prelado  establecía  Semi- 
nario para  su  diócesis,  era  con  séquito  escaso  en  España  donde 
la  pureza  ortodoxa  de  la  religión  tanto  resplandecía  en  las  Uni- 
versidades. 

El  estudio  del  laiin,  llamado  vulgarmente  Gramática,  desem- 
peñado por  preceptores,  capellanes  y  dómines,  fué  general  á  to- 
das las  provincias,  y  sostenido  por  fundaciones,  cabildos,  ayunta- 
mientos y  monasterios.  Cuando  se  trataba  de  crear  la  Universi- 
dad ovetense,  decía  el  Dean  Asiego  á  los  testamentarios  del  Ar- 
zobispo V^ldés,  que  en  la  capital  pasaban  de  600  los  estudian- 
tes de  latinidad,  materia  que  abandonaban  después  por  carecer 
de  establecimiento  donde  completar  la  instrucción.  Y  en  famosa 
novela,  de  popular  lectura,  á  Gil  Blas  de  Santillana  su  autor  le 
hace  natural  de  nuestra  ciudad  y  educado  con  su  tio  el  canóni- 
go Gil  Pérez  que,  antes  de  mandarle  á  Salamanca,  le  llevó  al 
Dr.  Godinez,  el  mas  hábil  pedante  que  había  en  Oviedo,  para 
aprender  los  clásicos  griegos  y  latinos  (1). 

En  tal  período,  no  se  tenía  por  bueno  á  quien  alcanzando 
altas  dignidades  ú  opulentas  riquezas  no  las  consagraba  á  levan- 
tar un  colegio  ó  á  fundar  un  centro  de  enseñanza.  Así  se  com- 
prende el  gran  siglo  en  el  que  la  sabiduría  de  los  españoles  ca- 
minaba á  la  par  de  su  poder,  glorias  marciales  y  maravillosos 
descubrimientos;  porque  en  aquella  época  los  noturalos  de  Es- 
paña, ó  peleaban  como  soldados  en  los  tercios  vencedores  de 
Francia  é  Italia,  de  Alemania  y  de  América,  ó  asistían  á  los 
grandes  Estudios  literarios:  eran  todos,  ó  soldados  ó  estudiantes. 

Únicamente  la  región  asturiana  no  había  participado  de  se- 
mejante ventaja  fundacional,  y  su  numerosa  población,  de  esca- 
sa fortuna,  se  conservaba  en  sensible  ignorancia,  no  teniendo 
fuera  délas  Ordenes  religiosas  y  escuelas  de  latín,  un  estableci- 
miento de  Estudios  generales.  Tan  lastimoso  atraso  en  un  país 
apartado  y  pobre,  no  podía  subsistir;  aislado  topográficamente, 
necesitaba,  según  idea  del  gran  Jovellanos,  unir  á  la  existencia 
propia,  merecida  á  la  naturaleza,  la  intelectual  y  moral,  que  se 
adquiere  y  constituye  la  vida  de  los  pueblos. 


(i)     Lesage— Gil  B/as,  cap.  I. 


-  i5  - 

Y  así  fué.  La  poderosa  acción,  que  en  los  demás  ángulos  de 
la  Península  había  agitado  á  los  españoles,  penetró,  por  fin,  en 
Asturias  bajo  el  patrocinio  é  influencia  de  uno  de  sus  hijos  más 
insignes,  á  quien  la  gratitud  provincial  recuerda  con  miles  de 
bendiciones. 

ElIltmo.  D.  Fernando  de  Valdés,  hijo  de  un  Juan  Fer- 
nández, según  expresión  de  Tirso  de  Aviles,  y  de  doña  Mencía 
de  Valdés,  señores  de  la  nobiliaria  casa  de  Valdés  en  Salas,  na- 
ció en  esta  villa  en  1483.  En  1512  fué  colegial  en  el  Viejo  de 
San  Bartolomé  de  Salamanca,  donde  terminó  su  carrera,  desem- 
peñó el  rectorado  y  recibió  los  grados  en  la  facultad  de  cánones, 
de  que  fué  también  catedrático.  Tuvo  noticias  el  célebre  carde- 
nal Cisneros  de  las  buenas  dotes  del  asturiano,  y  en  1516  1c 
nombró  su  familiar  y  dio  una  plaza  de  oidor  en  su  Consejo  de 
Gobernación,  siendo  Regente.  Canónigo  de  Alcalá  y  Dean  de 
Oviedo,  visitó  la  Inquisición  de  Cuenca  y  gobernó  el  reino  de 
Navarra,  donde  hizo  las  Ordenanzas,  que  por  dilatados  años  ri- 
gieron aquel  pais,  recientemente  agregado  á  la  corona  castella- 
na. El  emperador  Carlos  V,  que  le  conoció  en  Flandes  en  tratos 
sobre  asuntos  graves,  le  mandó  á  Portugal  para  representarle  en 
las  capitulaciones  matrimoniales  de  la  emperatriz  doña  Isabel. 
En  1524  fué  de  la  general  Inquisición  y  nombrado  para  elobis- 
pado  de  Helna  (Cataluña);  sin  tomar  posesión  pasó  al  de  Orense 
y  en  1532  al  de  Oviedo  y  presidencia  de  la  Real  Chancillería  de 
Valladolid.  Gobernó  la  diócesis  de  León  hasta  1540,  ya  elegido 
Obispo  de  Sigüenza  y  Presidente  de  Castilla.  Seis  años  mas  tar- 
de se  vio  elevado  al  arzobispado  de  Sevilla  y  al  cargo  de  Inqui- 
sidor general  por  muerte  del  cardenal  Loaisa,  dejando  entonces, 
á  su  instancia,  la  Presidencia  del  Consejo  y  entrando  honorífi- 
camente en  el  de  Estado.  Nombrado  Gobernador  del  reino  mien- 
tras Felipe  II  se  hallaba  en  Inglaterra,  y  siempre  en  gran  estima 
del  monarca  por  sus  relevantes  dotes,  vivió  hasta  1568  en  que 
murió  en  Madrid  abrumado  de  honores  y  de  rentas. 

<«En  todos  sus  puestos,  escribe  su  primer  biógrafo  el  Marqués 
de  Alventos  (1),  conservó  tal  igualdad  de  ánimo  como  si  no  hu- 


i  Historia  del  Colegio  viejo  de  San  Bartolomé  mayor  de  la  célebre  Universidad  de  Sala- 
manca... primera  parte  escrita  por  el  Huno.  Sr.  D.  Francisco  Ruiz  de  Vergar.*  ,.  corregida  y 
¿umentada  cu  esta  segunda  edición  por  D.  Joseph  de  Roxas,  marqués,  etc..  Madrid,  por  Andrés 
Ortega,  1766. — Tom.  1.  págs.  236  a  273.  —  Diferentes  escritores  se  han  ocupado  en  D.  Fernando 


—   16  — 

biera  alcanzado  dignidad.  Fué  parco  en  la  comida,  modesto  en 
el  vestido,  severo  en  el  semblante,  sentencioso  en  la  palabra, 
magnánimo  en  la  limosna  é  inimitable  dispensador  de  sus  rique- 
zas, ya  se  atienda  á  la  cantidad,  ya  al  modo->.  Mirando  sus  retra- 
tos, puede  repetirse  con  el  Sr.  La  Fuente,  que  se  parecía  mucho 
á  Felipe  II  en  el  ceño  severo  y  adusto,  color  cetrino,  cara  enju- 
ta, entradas  en  la  frente  y  barba  rala  y  cenicienta. 

Tal  resulta  la  vida  de  quien  arrancó  la  lepra  de  ignorancia  á 
la  misera  gente  asturiana;  tal  fué  el  animoso  prelado  en  cuyos 
tiempos  se  arrastraba  á  los  calabozos  para  martirizar  en  tor- 
mentos ó  conducir  al  fuego  á  los  acusados  de  secuaces  á  las 
nuevas  doctrinas  religiosas;  así  vivió  el  Arzobispo,  hijo  de  estas 
montañas,  que  á  sí  mismo  se  llamaba  acérrimo  perseguidor  de 
la  herética  pravedad,  y  á  quien  el  oscuro  y  poderoso  monarca 
ofrecía  llevar  el  haz  de  leña  para  su  propia  sangre,  si  su  sangre 
pecara. 

El  Doctor  Diego  Yaldés,  en  su  tratado  de  De  dignitatc  Reg- 
num  Hixpanicr.  juzgaba  suficiente  al  Arzobispo,  si  pudiera  ser 
dividido,  para  acabar  con  los  trastornos  que  los  grandes  acon- 
tecimientos religiosos  ocasionaban  en  Francia  y  en  España.  Pero 
¿de  qué  modo?  preguntamos  nosotros. 

No  está  en  el  espíritu  de  este  trabajo,  ni  acriminar  al  tribu- 
nal, encarnado  en  días  do  intolerancia  y  en  antiguas  leyes  espa- 
ñolas, ni  denunciar  abusos  de  la  Inquisición.  Escribimos  historia 
del  primer  establecimiento  de  enseñanza  de  Asturias  y,  por  coin- 
cidencia de  ser  inquisidor  el  fundador  de  esta  Escuela,  tratamos 
del  Santo  Oficio,  donde  desempeñó  tan  elevados  puestos  quien 
por  ello  ha  sido  calificado  con  apodos  ignominiosos  de  tostón  y 
de  r/7.  Pagó  el  Arzobispo  Yaldés  triste  tributo  á  las  preocupa- 
ciones religiosas  y  estrecha  política  de  su  siglo:  llevado  del  fana- 
tismo de  la  época  y  de  ciega  intolerancia,  que  apenas  compren- 
demos los  que  vivimos  en  libertad  de  conciencia,  es  cierto  que 


¿*  Y.  .■".«*,  y  er  rorv;j'r  1  .*  **  '<:  r: : .'  rv<  ó;  F>:  ■'■'  y  ¿c  b  ?-  ;  .V.-V  -  c~  Li'-crtc.  U  >, 
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.<"•».•'*  <r  -.  •■;     :.--.\   rr  .    d   u:^:  .c    :.       :-     _c    >»;     s-'--  ^_t   i.     .Ttr>,«.  ....    r^  .-<  t-tv.»:    .v jc.  ■»« 


-  17  — 
ejerció  con  gran  severidad  su  cargo  inquisitorial.  Suyos  fueron 
los  índices  expurgatorios  de  Biblias  efi  1554  y  el  general  de  li- 
bros de  1579,  mas  amplios  que  los  dispuestos  por  la  Universidad 
de  Lovaina,  á  petición  de  Carlos  V;  y  antes,  en  1561,  formó  las 
férreas  «Instrucciones  de  procedimiento  inquisitorial»),  que  susti- 
tuyeron á  las  de  Torquemada  y  Deza.  Con  alma  apenada  se  re- 
cuerdan sus  hogueras  de  21  de  Mayo  y  8  de  Octubre  de  1559  en 
Valladolid,  en  24  de  Septiembre  en  Sevilla  y  la  malhadada  per- 
secución del  virtuoso  Arzobispo  Carranza,  encarcelado  aquí 
varios  años  y  muerto  ejemplarmente  en  Roma  (1).  Mas  no  se 
puede  menos  de  considerar  que  estos  actos  fueron  consecuencia 
de  aquel  tiempo  sombrío  y  receloso,  cuando  el  apocamiento  del 
ánimo  no  cultivado  llevaba  al  extremo  de  que  grandes  y  bajos, 
nobles  y  villanos,  sabios  é  ignorantes,  monarcas  y  vasallos,  asis- 
tían con  devoción  incomprensible  á  los  autos  de  fé,  que  la  cari- 
dad de  nuestros  días  recuerda  con  espanto  y  aquella  vida  teo- 
crática tenía  por  heroicos  y  santísimos.  Apártense  los  ojos  de 
fúnebres  cuadros  con  escenas  que  la  moral  y  la  filosofía  reprue- 
ban,  y  en  parangón  con  ellas  mírense  otras  elevadas  y  genero- 
sas, que  realzan  la  figura  del  Inquisidor  implacable.  Compren- 
dió, sin  embargo,  que  todo  bien  se  alcanza  por  la  caridad  y  la 
ciencia,  y  que  los  pueblos  bendicen  á  cuantos  las  difunden  y  de- 
rraman su  fortuna  entre  los  menesterosos  é  hijos  de  la  igno- 
rancia. 

Las  pingües  rentas  y  crecidos  salarios  del  Arzobispo  Valdés 
le  hicieron  tan  rico  y  opulento  que,  á  no  constar  de  su  última  vo- 
luntad y  fundaciones  (2),  se  creería  fabulosa  la  magnitud  de  sus 
riquezas.  El  Papa  Paulo  IV  le  concedió  para  mayor  poder  y  faus- 
to de  la  Santa  Inquisición  una  canongía  en  todas  las  Catedrales 
y  Colegiatas  de  Castilla,  León,  Aragón  y  Canarias,  á  mas  de  cien 


(i)  Insinúa  el  Sr.  Li  Fuente,  en  su  Historia  de  las  Univ:r$¡dndes,  que  el  Sr.  Valdés  aspira- 
ba á  la  mitra  de  Toledo,  que  tenia  el  lJ.  Carranza.  Fu -o  muy  discutido  el  proceso  volun'.inoio  de 
este  Arzobi-pa,  no  examinado  ni  conocido  todo  hasta  que  lo  fué  por  el  sabio  Mcncndez  Pelayo  cu 
sus  Heterodoxos  esfi  iñtl-s  «AUdrid,  i83o,  toni.  II i.  Indicase  allí  que  el  Sr.  Yeldes  y  otros  prela- 
dos se  resintieron  del  t  »le«l  i  10  por  sus  censuras  á  I<h  Oljisp^s  no  residentes;  p¿ro  por  esto  y  por 
más  es  cierto  el  antagoniiiuo,  «rencores,  celos,  envidias  y  malas  pi>iones»  entre  los  doi  Mctropo- 
lítanos;  y  asi  Carranza  recusó  y  resistió  á  Valdó;  0.1  insistencia,  que  si  un  día,  con  gestiones 
en  Roma  por  su  sobrino  I)  Alv.ir»  Val  l.:.,  Dean  do  0/iei>,  lo^ró  lacultade-i  extraordinaria^  de 
Paulo  IV  y  Pío  IV  para  pro_*d_r  coaira  el  Primido.  eu  otn»  día,  au -ique  el  rey  y  el  Inquisidor 
*c  resistieron,  marcharla  i  l.i  cinJad  etor  1 ;  pro.;c<.*d"»  y  pro:e*o,  cuando  San  l'i  >  V  ;v-á  lo  exi- 
gió y  también  que  renunciare  su  eleva  l->  earg  >  ci  Inqut.iJ  ir  asturiano 

(2)  En  testamentos  y  cjJicüo*  otjr.^r.l  >*  en  Mi  lnd  ea  2  de  Mayo  de  1560  y  7  de  Diciembre 
de  1568  ante  el  escribano  Podro  Rodriju:/  y  nu:va  menoría  ó  test  miento  ante  Alonso  de  Dóriga. 


—    i8  — 

mil  ducados  de  oro  sobre  los  frutos  eclesiásticos.  Prelado  espa- 
ñol y  del  siglo  xvi,  era  casi  forzoso  destinar  su  tesoro  á  erigir 
alguna  obra  en  favor  de  la  Religión  y  del  Estado,  y  para  que 
fuese  digna  de  su  nombre,  hizo  con  autorización  pontificia  acer- 
tada distribución  de  sus  caudales.  Dejó,  como  cristiano,  solem- 
nes aniversarios  en  las  Iglesias  Catedrales,  cuya  silla  episcopal 
había  obtenido,  y  fundó  una  Colegiata  en  el  pueblo  de  su  natura- 
leza con  memorias  por  deudos  y  amigos  y  una  misa  diaria  por  la 
emperatriz  D.a  Isabel  y  el  emperador  Carlos  V  de  quien  fué 
testamentario;  como  hombre  caritativo,  levantó  hospitales  en  Se- 
villa, Cuenca,  Oviedo  y  Salas;  como  hijo  de  familia  hidalga, 
arrimó  crecidas  rentas  al  primogénito  de  la  casa;  amante  del 
país,  abrió  caminos  por  terreno  áspero  y  fragoso,  dotó  doncellas 
de  su  concejo  y  auxilió  á  los  labradores  pobres,  repartiéndoles 
cien  bueyes  anualmente;  y,  á  título  de  gran  señor,  condonó  cré- 
ditos, perdonó  deudas  y  gratificó  con  largueza  á  los  servidores. 
Pero,  como  dice  Alventos,  donde  demostró  su  magnificencia,  por 
donde  aspiró  á  la  corona  de  la  inmortalidad,  fué  fundando  el 
Colegio  mayor  de  San  Pelayo  en  Salamanca,  y  en  Oviedo  el 
de  Huérfanas  Recoletas,  así  como  la  Universidad,  animado 
por  los  escelentes  resultados  del  Colegio  de  San  Gregorio,  que 
ya  había  establecido  aquí  para  el  estudio  de  Gramática  y  Huma- 
nidades. 

Y  si  fué  grande  la  significación  del  Sr.  Valdés  Salas,  princi- 
palmente por  los  favores  con  que  impulsó  el  progreso  y  renaci- 
miento de  su  patria,  sus  funerales  y  entierro  revistieron  un  sello 
de  grandeza  inusitada  y  hasta  después  sus  mortales  despojos 
descansan  en  grandioso  monumento,  peregrina  joya  del  arte  na- 
cional. Su  cadáver,  metido  en  lujoso  ataúd  y  dentro  de  una 
litera,  cubierta  de  negros  crespones  y  custodiada  por  muchas 
personas  que  llevaban  hachas  encendidas,  fué  traído  con  so- 
lemne pompa  y  aparato  para  ser  sepultado  en  Salas.  Precedía 
la  cruz  arzobispal,  acompañada  de  D.  Hernando  de  Salas,  su 
hermano  de  padre,  oidor  del  Consejo  de  Indias  y  arcediano  de 
Granada,  con  otros  cincuenta  caballeros,  dos  aposentadores  por 
el  Consejo  y  la  Inquisición,  seis  religiosos  dominicos,  seis  fran- 
ciscanos y  seis  capellanes,  que  todos  los  días,  antes  de  empren- 
A™  la  marcha,  celebraban  el  oficio  divino.  Con  toda  esta  comiti- 


—   19  — 

va  llegó  á  Oviedo  el  cadáver  en  29  de  Diciembre  de  1568;  coloca- 
do á  la  entrada  de  la  calle  de  la  Platería,  donde  se  recibe  á  los 
Prelados,  vinieron  en  procesión  el  Obispo,  Cabildo,  las  Parroquias 
y  el  Ayuntamiento  con  todo  el  pueblo,  y  el  ataúd  fué  llevado  por 
regidores  hasta  el  crucero  de  la  Catedral,  donde  se  cantó  un  so- 
lemne oficio  de  difuntos  y  otro  al  siguiente  día.  Con  la  misma 
solemnidad  y  compañía  siguieron  á  Salas,  donde  tuvo  un  gran 
recibimiento  y  se  celebraron  repetidas  exequias. 

Sus  restos  fueron  colocados  en  un  bellísimo  y  suntuoso  pan- 
teón de  mármol  blanco,  mausoleo  elegante  y  severo,  armonioso 
en  sus  proporciones  y  admirable  en  su  escultura.  Está  en  la  par- 
te del  Evangelio  de  Santa  María,  la  antigua  Colegiata,  hoy  igle- 
sia parroquial,  al  lado  de  la  capilla  mayor,  donde  en  nichos  y 
bajo  estatuas  de  mármol,  descansan  los  afortunados  padres  del 
Arzobispo. 

Es  el  sepulcro  uno  de  los  mas  bellos  monumentos  españoles, 
cuyo  autor  se  escapó  á  la  pericia  de  escritores  y  artistas  como 
Jovellanos,  Cean,  Quedrado,  Parcerisa,  Juez-Sarmiento,  Vigil  y 
otros,  creyendo  que  aquella  suntuosa  tumba  de  mármol  blanco 
había  venido  de  Italia,  cuando  tan  elegantes  y  severas  traza  y 
talla  fueron  una  creación  de  artista  italiano;  pero  bajo  su  plan 
realizado  por  auxiliares  españoles  en  marmóreos  elementos  de 
nuestra  nación.  El  conocimiento  de  tal  paternidad  artística  y 
grandiosa  de  Pompeyo  Leoni  fué  de  ayer  al  publicarse  notable 
libro  en  Francia  (1). 

Véase  como  la  describe  nuestro  compañero  el  Sr.  Vigil  (don 
Ciríaco  M.)  o  Sobre  el  pedestal  resaltado  con  un  gracioso  y  sen- 


{*}  Les  maiires  italUns  au  service  de  la  maison  di  Autriche.  Leone  Leoni,  sculteur  de 
Charles- quinto  et  Pompeo  Leaetii,  scuipteur  de  Philippe  II;  Par  Rugen*  Plon.  Eaux -fortes  de 
Pan  i  de  Rat.  París,  1887.  En  Asturias  fué  dado  á  conocer  este  notable  libro  por  el  Rector 
Sr.  Arambiiru. 

La  obra  fué  comenzada  por  Pompeyo  Leoni  hacia  1575,  fecha  de  su  contrato  con  los  herede- 
ros y  testamentarios,  y  cuaba  acabada  cuando  el  escultor  dejó  á  Madrid  para  ir  á  Milán  con  su 
padre  Ixronardo  con  encargos  de  Felipe  II;  pero  estatuas  y  parte  del  monumento  se  hallaban 
en  Aleas  de  Veleño,  cerca  de  Guadal  ajara,  sitio  de  hermosas  canteras  marmóreas  y  alabastri- 
nas, y  solamente  quedaba  por  acordar  el  largo  transporte  á  Salas  por  León,  cuando  apenas  ha* 
bia  comunicaciones  en  1583.  Se  ajustaron  en  1582  hasta  50  carretas  de  bueyes  que  habían  de 
llevar  cada  una  de  35  á  40  arrobas  cabales  de  piedra  pagando  setenta  y  siete  reales  por  carreta 
hasta  Lt-ón,  y  si  hasta  Salas  «parc«ie>e  haber  camino*  un  ducado  mas  por  cada  dos  carros,  pero 
siempre  sin  descargar  los  trozos,  ya  camino  de  León,  ya  de  Burgos. 

Respecta  al  pago  de  la  obra  al  escultor  Leani,  con>ta  que  recibió  en  158a  de  Alonso  de  Dó- 
riga,  secretario  del  consejo  de  la  Inquisición,  185,858  maravedises  por  razón  del  tercio  segundo 
del  asient)  de  6.500  ducados  di  375  mr».  que  había  tomado  de  Don  Antonio  Padilla,  presidente 
del  consejo  de  las  Ordenes  y  de  Don  Diego  de  Valdés,  abad  de  Ccncros,  testamentarios  del  Ar- 
zobispo, según  contrato  de  1576-  (Extractos  de  documentos  publicados  por  Mr.   Plon.) 


1 


—    20   — 

cilio  entablamento  y  las  armas  de  la  casa  de  Valdés,  se  eleva  un 
cuerpo  adornado  con  cuatro  columnas  jónicas  sin  volutas  en  los 
capiteles;  el  cual  forma  dos  resaltos  sobre  el  centro  de  la  fábrica. 
En  el  tablero  del  medio,  más  espacioso  que  los  de  los  lados  hay 
abierta  una  especie  de  ornacina  donde  se  vé  un  excelente  grupo 
que  representa  al  Sr.  Valdés,  de  capa  pontifical,  acompañado  de 
tres  diáconos  puestos  de  rodillas  junto  á  un  reclinatorio  en 
actitud  de  orar  devotamente.  Ocupa  el  testero  de  este  nicho,  cu- 
yo fondo  es  el  mismo  del  monumento,  un  medallón  en  que  se 
representa,  de  medio  relieve,  la  Resurrección  del  Señor,  como 
emblema  de  la  inmortalidad;  quedan  á  los  lados,  en  los  dos  cuer- 
pos salientes  y  entre  las  columnas  que  los  adornan,  dos  nichos 
con  sus  cascarones  y  pilastras:  en  el  de  la  derecha  está  la  Espe- 
ranza y  en  el  de  la  izquierda  la  Caridad.  Sobre  la  parte  entrante 
de  esta  fábrica  se  eleva  un  atrio,  cuyo  nicho  cobija  la  Teología 
oprimiendo  á  la  Heregía,  que  aparece  humildemente  á  sus  pies 
con  la  máscara  y  los  libros  de  sus  errores.  Las  estatuas  que  repre- 
sentan la  Prudencia,  la  Justicia,  la  Fortaleza  y  la  Templanza,  co- 
ronan los  resaltos  del  primer  cuerpo,  pareadas  á  uno  y  á  otro 
lado  del  atrio;  este  termina  con  un  frontoso  triangular  y  dos  an- 
gelitos cogidos  de  la  cruz  que  le  corona...» 

En  el  pedestal  se  lee  extensa  inscripción  funeraria  con  ex- 
presión de  los  cargos  y  méritos  del  Arzobispo,*  y  se  gravaron  tam- 
bién conceptuosos  dísticos  en  su  loor. 

¡Cuánta  belleza  en  el  funerario  monumento! 

Son  pasmosa  maravilla  de  cincel  la  estatua  orante  del  Arzo- 
bispo-Inquisidor, acompañado  de  sus  capellanes,  retratos  de  ver- 
dad sorprendente,  como  las  figuras  teologales  y  cardinales  del 
decorado  agrupadas  de  dos  en  dos.  «El  conjunto,  escribe  mon- 
sieur  Plon,  evoca  las  tumbas  de  los  Dux  que  Pompeyo  había 
visto  en  su  juventud.  La  construcción  de  los  nichos  con  las  figu- 
ras de  la  Esperanza  y  Caridad  es  semejante  á  la  de  Jacobo  San- 
sovino  en  sus  obras  de  Florencia  y  Venecia;  la  Caridad,  grupo 
excelente,  recuerda  la  composición  veneciana  del  sepulcro  de 
Juan  Boncio  en  la  iglesia  de  San  Juan  y  San  Pablo,  muy  espe- 
cialmente otra  obra  casi  igual  del  mismo  Sansovino  en  el  mau- 
soleo del  Dux  Francisco  Veniero  en  San  Salvador;  y  las  cuatro 
virtudes,  colocadas  á  cada  lado  del  ático,  son  asimismo  francas 


inspiraciones  del  arte  de  Venecia.  El  grupo  central  del  Sr.  Val- 
dés  con  sus  acompañantes  indica  cómo  Leoni  sabía  imitar  á  Do- 
natello.  El  trozo  más  notable  é  interesante  de  la  obra  es  el  de  la 
Fé  pisando  á  la  Heregía,  que  se  retuerce  sobre  una  pira,  donde 
van  á  ser  quemados  con  ella  los  libros  condenados  por  el  Santo 
Oficio;  y,  si  por  un  instante  hacemos  abstracción  del  objeto  ó  de 
la  glorificación  de  la  Inquisición  y  estudiamos  la  composición  en 
si  misma,  es  preciso  confesar  que  las  bellezas  son  de  primer  or- 
den. La  disposición  del  grupo  pertenece  á  la  escuela  de  Miguel 
Ángel,  CDmo  se  ha  visto  en  obras  tan  conocidas  de  Juan  de  Co- 
lonia y  de  Vicente  Danti;  pero,  ¡cuan  más  superior  ahoral  Lo 
que  aquí  domina  es  el  carácter  profundo,  impreso  en  los  rasgos 
de  la  Fé,  obra  toda  ella  «leonardesca»,  cuya  inspiración  recuerda 
aquel  movimiento  de  la  cabeza  con  rostro  dulce  y  triste  á  la  vez 
del  Cristo  de  la  Cena.  Hay  que  remontarse  á  Leonardo  de  Vinci 
para  hallar,  con  toda  la  gracia  en  el  realismo,  el  sentimiento  inten- 
so de  la  piedad,  unida  á  la  aspiración  tan  sobrenatural  y  elevada 
hacíalo  bello,  porque  aquí  Pompeyo  llegó  á  la  meta  de  la  mas 
alta  concepción  del  poder  del  genio  á  qne  había  rendido  culto». 
La  obra  de  Salas,  compite  para  honor  y  gloria  de  Asturias,  con 
los  mausoleos  del  Escorial  y  otros  prodigios  de  Leoni. 

Considerando  la  gran  figura  del  Inquisidor  general  y  los 
beneficios  que  á  manos  llenas  derramó  al  morir,  exclama  su 
biógrafo:  o  ¡Cuántos  reyes  habrán  dominado  el  mundo,  que  no 
puedan  igualar  sus  vanidades  á  los  pensamientos  y  á  las  obras 
de  este  insigne  prelado!  Si  los  monarcas  de  España  le  honraron 
con  dignidades  y  le  colmaron  de  riquezas,  en  él  la^  depositaron 
para  que  las  derramase  en  beneficio  de  la  causa  universal.» 

Ciertamente:  cualquiera  que  sea  el  fallo  de  la  historia  sobre 
la  vida  del  arzobispo  Valdés,  siempre  hallará  un  pueblo  que  ve- 
nera y  respeta  su  nombre  porque  le  ha  sacado  de  vergonzosa 
postración;  porque,  en  medio  de  esta  región  apartada,  levantó 
un  templo  á  la  sabiduría  y  en  el  brilló  la  luz  que  iluminó  su 
suelo  y  guió  á  sus  hijos  á  conquistar  un  renombre  tan  ilustre 
por  las  letras  cual  en  otro  tiempo  lo  fué  por  su  heroísmo  en  Lan- 
cia y  Covadonga. 


I-  .-■  J**   J\ 


-  13  — 


CAPITULO  PRIMERO 


Fundaciones  de  enseñanza  pública  por  el  Arzobispo  Inquisidor  Sr.  Valdés  Salas.  — 
Los  Colegios  de  San  Pelayo  en  Salamanca  y  de  San  Gregorio  en  Oviedo. — 
Lentitud  de  los  Testamentarios  del  Arzobispo  en  el  cumplimiento  de  su  últi- 
ma voluntad.  — Sus  consecuencias.—  Proyecto  de  adjudicar  la  organización  y 
régimen  de  la  Universidad  de  Oviedo  á  la  Compañía  de  Jesús. — Gestiones 
de  la  Junta  general  del  Principado,  Sr.  Obispo,  Cabildo  Catedral  y 
Ayuntamiento  para  la  apertura  universitaria. — Sus  comisionados  marchan 
á  procurarla  en  la  Corte. — El  primogénito  de  la  casa  de  Salas,  sobrino-here- 
dero del  Inquisidor,  se  opone  á  la  fundación  de  la  Universidad. — Opinión 
del  Fiscal  del  Consejo.— Servicios  del  benemérito  Deán  ovetense  Juan  de 
Asiego. — Informes  y  peticiones. —Importantes  autos  de  la  Testamentaría 
creando  la  Escuela  y  dilaciones  que  opone  el  heredero  del  fundador. — 
No  se  le  confiere  el  patronato  que  pide. — Bula  pontificia  y  Real  Cédula  de 
erección  de  la  Universidad  de  Oviedo. 


Ya  en  el  tercio  final  de  su  vida,  como  últimamente  en  testa- 
mento, codicilo  y  memorias,  se  preocupó  el  Arzobispo  Inquisidor 
Sr.  Valdés  Salas  en  las  fundaciones  de  enseñanza  para  favore- 
cer á  sus  paisanos. 

Rigiendo  la  Iglesia  de  Oviedo  trató  del  Colegio  de  San 
Gregorio  en  esta  Ciudad  cuya  apertura  se  dilató,  como  después 
veremos,  y  por  el  mismo  tiempo  fundó  el  Colegio  de  San  Pe- 
to/o,  en  Salamanca,  según  indicamos;  y  hemos  tratar  ahora  de 
este  establecimiento  para  enseguida  proseguir  nuestra  relación, 
ya  ceñida  solamente  á  las  Escuelas  que  el  espléndido  Sr.  Valdés 
abrió  en  Asturias. 

Agregado  á  la  gran  Universidad  de  la  Atenas  española,  qui- 
so erigir  en  1543  y  1546  un  Colegio  mayor,  á  cuyo  efecto  alcan- 
zó Real  cédula  del  Emperador  Carlos  V  y  bula  pontificia  de  Pau- 
lo III.  Opusiéronse  á  ello  los  otros  Colegios  mayores,  como  acos- 
tumbraban por  celos  de  competencia  y  privilegios,  alcanzando 
retención  del  Breve  en  el  Consejo  de  Castilla;  pero,  como  insis- 
tiera el  poderoso  Sr.  Valdés  con  su  pensamiento,  de  utilidad  dis- 
cutible en  Salamanca  donde  había  tantas  aulas,  obtuvo  nueva 

3 


—  24  — 

Bula  del  Papa  y  otra  Real  licencia  en  1567,  ya  para  un  Colegio 
«menor»,  aunque  con  titulo  de  Insigne  y  varios  privilegios,  que 
hubieron  de  limitarse  ante  nueva  reclamación  de  los  demás  Co- 
legios menores.  Estos  ú  otros  concitaron  al  Ayuntamiento  sal- 
mantino para  más  dificultades  cuando  el  Sr.  Valdés,  que  ad- 
quirió varias  casas  en  aquella  ciudad,  se  dispuso  á  demolerlas 
con  objeto  de  levantar  el  edificio  colegial  de  San  Pelayo;  y,  por 
fin,  en  1577  quedó  fundada  la  nueva  liscucla  en  casa  grandiosa, 
toda  de  piedra,  trazada  severamente  y  sin  más  adornos  que  el 
timbre  heráldico  del  fundador.  Tenía  patio  cerrado  con  galería 
alta  y  bajax  formadas  con  columnas  dóricas  y  arcos  de  medio 
punto  en  el  interior.  Fué  la  apertura  después  de  1604. 

El  personal  de  este  Colegio  ovetense,  en  Salamanca,  era  tan 
numeroso  y  bien  dotado  como  el  de  los  Colegios  mayores.  Pri- 
meramente fueron  veinticinco  las  becas  de  teólogos,  canonistas 
y  juristas,  doce  para  naturales  del  Obispado  de  Oviedo,  cuatro 
para  los  de  Sevilla,  dos  para  Sigüenza,  otras  dos  para  Orense, 
dos  capellanes  y  tres  regentes  en  teología,  cánones  y  leyes. 
El  Fundador  asignó  al  Colegio  diez  mil  ducados  de  renta,  que 
todavía  aumentó  después,  resultando  que  tenía  doble  que  la  gran 
Universidad  á  que  estaba  adscrito.  Vestían  los  colegiales  manto 
verde  (que  les  dio  nombre)  y  beca  negra,  colores  de  la  Inquisi- 
ción, más  después  suprimieron  el  negro  distintivo  por  verde,  con 
autorización  del  Nuncio;  y  eran  las  plazas  muy  codiciadas,  dice 
Garibay,  por  la  autoridad  de  la  casa  y  patrimonio  que  disfrutaba. 
Sus  hijos  ilustres  fueron  muchos.  (1) 

De  la  supresión  académica  de  este  Colegio  menor  y  desamor- 
tización de  sus  bienes  aún  quedan  tres  becas,  y  los  alumnos, 
que  las  consiguen,  pueden  cursar  cualquiera  de  las  .carreras  ó  fa- 
cultades, establecidas  en  la  Universidad  de  Salamanca,  y  tienen 
derecho  á  pensión  de  dos  pesetas  diarias,  matrículas,  títulos  de 
Bachiller,  Licenciado,  Doctor  y  otras  ventajas  cuando  alcanzan 
las  notas  exigidas  al  efecto.  Los  aspirantes  á  becarios  han  de  ser 


(i)     La  Fucj.tc:  I/is/orta  de  las  Universidades,  tom.  II- 

En  1855,  después  de  suprimido  el  Colegio  de  San  Pelayo,  ascendían  los  rendimientos  de  sus 
bienes  á  229  fanegas  y  40  cuartillos  de  uÍ£o  y  6.434  reales  y  18  maravedises  en  metálico. 
Cuando  la  guerra  de  la  Independencia  contra  Francia  sufrió  el  edificio  gran  deterioro  y  en  su 
local  se  estableció  jardín  botánico  de  Salamanca. 

Véase  á  Vidal,  Historia  de  la  Universidad  de  Salamanca  —Id.  á  Falcón,  Salamanca  ar- 
tística y  Monumental, 


—  25  - 
mayores  de  catorce  años  de  edad,  pobres;  y  el  orden  de  prela- 
ción  para  ser  elegidos  es:  1.°  parientes  del  Uustrísimo  señor  Fun- 
dador; 2.°  naturales  del  Principado  de  Asturias  y  los  de  las 
diócesis  de  Sevilla,  Sigüenza  y  Orense;  y  3.°  hijos  de  naturales 
de  Asturias.  Los  nombramientos  son  atribuciones  de  la  Junta  de 
los  Colegios  universitarios  de  Salamanca,  á  propuesta  del  Exce- 
lentísimo Sr.  Duque  de  Berwick  y  de  Alba,  patrono  del  Colegio 
menor  de  San  Pelayo  como  poseedor  del  título  de  Conde  del 
Montijo,  á  cuya  casa  afluyeron  los  bienes,  mayorazgo  y  honores 
de  la  antigua  de  Valdés,  de  Salas.  (1) 

Vengamos  ahora  á  las  fundaciones  de  enseñanza  en  Astu- 
rias. 

Hay  incertidumbre  sobre  la  fecha  de  verdadera  creación  y 
apertura  del  Colegio  de  San  Gregorio  de  Oviedo,  vulgo  de 
los  Pardos,  levantado  en  nuestra  Ciudad,  en  el  arrabal  ó  calle 
del  Campo,  cerca  de  la  puerta  también  llamada  así,  abierta  en 
las  murallas,  próxima  á  la  de  Socastiello,  las  dos  tocando  la 
Fortaleza  (2);  y  el  edificio,  bajo  el  cubo  del  ovetense  castillo, 
quedó  formando  esquina  entre  las  calles  de  San  Francisco  (la 
del  Campo,  llamada  después  así  por  el  cercano  convento  de 
Asís)  y  de  la  Lana  (ahora  de  Mendizábal)  donde  hoy  se  levanta 
el  suntuoso  edificio  del  Banco  Asturiano. 

Fué  la  primitiva  fundación  del  gran  bienhechor  de  Asturias 
ideada,  al  parecer,  durante  su  prelatura  ovetense  (1532  á  1539) 
y  en  la  que  persistió  en  el  último  período  de  su  existencia  cuan- 
do encomendaba  las  fundaciones  asturianas  al  Venerable  Cabil- 
do de  la  Catedral. 

Entre  los  canónigos  contábase  entonces  á  D.  Hernando  de 
Valdés,  hermano  del  Arzobispo,  que  fué  el  intermediario  de  esta 
negociación.  Cuando  el  pontífice  de  Sevilla  escribió  al  Cabildo 
en  1561,  lo  hizo  también  á  su  dicho  hermano,  dándole  cuenta 
del  proyecto  de  Colegio   con  idea  cabal  de  toda  la  fundación: 

v Cuando  diereis  mi  carta  al  Cabildo  de  la  Iglesia  de  Oviedo, 


ft)  Los  anuncios  y  llamamientos  se  publican  en  la  Gaceta  de  Madrid,  Boletines  oficiales 
de  Salamanca  y  Oviedo  y  eclesiásticos  de  Sevilla,  Sigüenza  y  Orense  en  el  mes  de  Julio  del 
año  en  que  hay  vacante,  haciéndose  las  provisiones  en  el  de  Octubre. 

'a)  Eran  terrenos  de  la  ciudad,  pues  1).  Alfonso  XI  por  Real  Cédula  de  134a  donó  á 
Oviedo  las  casas  que  estaban  junto  á  la  muralla,  cerca  de  la  puerta  del  Campo  y  para  que  no 
causasen  pcjjuicio  á  los  muros,  ordenó  el  Rey  destilarlas  y  que  sus  materiales  y  huertas  fuesen 
para  la  ciudad.  Según  Trcllc»,  los  edificios  eran  de  les  confiscados  al  desgraciado  D.  Gonzalo 
Martínez,  maestro  de  Alcántara. 


■ifp 


—  26  - 
les  diréis  que  habiendo  entendido  por  vuestra  relación  cómo 
e'Ios  desean  que  la  baena  obra  del  Colegio  de  Oviedo  y  las  otras 
dotaciones  que  coa  la  avada  de  Dios  pienso  dejar  en  aquella 
ciudad  ven  otras  partes  del  Principado  hayan  efecto,  y  que  para 
esto  muestran  buena  voluntad  de  ayudar  con  su  trabajo  y  cui- 
dado, y  Le  recibido  mucho  contentamiento  de  ello,  porque  que- 
riéndose ellos  encargar  de  hacer  cobrar  y  distribuir  los  juros  y 
re  ritas  y  hacienda,  que  para  ello  dejaré  en  el  Principado  de  As- 
turias de  !a  manera  «pe  yo  ordena:-.?.  estaré  muy  cierto  de  que 
las  dotaciones  tendrán  siempre  due.V»  y  amparo  con  buen  cum- 
plimiento y  ejecución  de  ellas:  y  trata:?  y  comunicado  con  ello 
particularmente  me  dará  aviso  con  ei  priuero  de  lo  que  acuer- 
den y  también  de  lo  que  les  pareciera  y  será  menester  señalar 
desalan?  para  la  ]  e:s  »na  que  ellos  nombru-en.  para  la  cobran- 
za y  cuenta  y  buen  recado  de  los  juros  y  reñía-,  y  la  orden  que 
creyeran  conveniente  para  que  Laya  buen  recado  en  ponerse  el 
«Huero,  c  -mo  se  fuere  cobran  .!:>.  en  una  ¡  arte  secura:  y  para  que 
haya  cuenta  de  lo  que  s:  sacara  para  las  dichas  obras  pías  á  los 
líe^r  ,s  que  s-  hu!  ieren  de  proveer  conforme  á  la  urden  que  se 
dier*.  p»:q  :e  en  tenien  Jo  buena  :>t  ue-'u:  de  ellos  se  ponjra  lue- 
go en  efecto  este  negocio. 

<  En  el  CoLgio  se  ha  de  dar  de  cerner  á  quince  personas, 
que  -on  doce  col*: piales  y  el  Prever  t ;»r  principal,  que  ha  de  ser 
I  Sector,  con  ot:*o  preceptor  o  lie;»*  ti  lor  y  un  familiar,  y  señalán- 
dose á  diez  mil  maraveJises  para  ia  comida  de  e-ada  uno  de  és- 
tos caia  af. .».  se  ro  ]i:n  sacar  ia  cunihi  y  salario  para  la  mujer 
que  tuviese  car¿jo  de  ¡av;.r  la  r»»pa  y  :  .  :a  un  des¡*cnsero  que 
Lubie-c  de  traer  d-  c  raer  yjz;ds;.::o.  y  dt¿de  abura  se  podrá 
curr-7-ir  el  n  .u.ero  de  I  s  de  ce  c.-lev'L'.les  y  familiar,  y  los  que  se 
hubiesen  d»- recibir  de  nr.evn  ror  '  >  menos  han  de  saber  leer 
bi-n  i-*;n  y  la  doctrina  euistiana  y  qu:  tengan  habilidad  y  sean 
r  ;bros  y  cristianos  viejos,  que  no  sean  vecinos  ni  hijos  de  ve- 
cino de  la  ciu-ía  J  de  Oviedo  por  el  aparejo  que  tienen  de  poder- 
se mejor  sustentar  y  \>  >r  otros  buenos  respetos,  y  para  que  ésto 
y  en  1  .  d  r: ...s  *,:•  t  »  a  á  lo  que  se  La  de  hacer  en  adelante  se 
:a:ap  »:  •  -»_•.. .«•  mas  larva  instrucci-  n  y  orlen:  [odranse  dar  des- 
de Jue^j  á  los  dichos  colegiales  sendas  ropas  ú  sotanas  de  paño 
pardo  de  otro  color  con  que  anden  en  el  Colegio  y  fuera  de  él. 


—  27  — 

«Que  se  entienda  en  comprar  la  casa  de  Diego  de  Salazar, 
que  está  junto  al  Colegio,  en  el  mejor  precio  que  fuera  posible, 
y  se  me  envíe  relación  de  lo  que  está  hecho  en  la  casa  y  de  lo 
que  podrá  costar  de  materiales  y  manos  para  que  pueda  apro- 
vechar para  el  propósito  de  los  porcionistas  y  estudio  con  lo  del 
Colegio,  como  está  platicado,  ó  para  otra  cosa.  En  Madrid  á 
quince  de  Octubre  de  mil  quinientos  y  sesenta  y  un  años.» 

Al  Venerable  Cabildo  decía  también  el  Arzobispo: 

«A  los  muy  Reverendos  y  magníficos  señores  Deán  y  Cabil- 
do de  la  Santa  Iglesia  de  Oviedo.  Muy  Reverendos  y  muy  mag- 
níficos Señores:  Con  el  canónigo  Hernando  de  Valdés  recibí  la 
carta  de  V.  m.  y  no  hay  para  qué  me  dar  gracias  por  lo  que  yo 
deseo  emplearme  en  sus  cosas,  pues  esta  buena  voluntad  siem- 
pre la  tuve  y  tengo  en  lo  que  tocase  á  esa  Santa  Iglesia  y  perso- 
nas de  ella  en  general  y  particular.  El  canónigo  me  significó 
cuan  de  veras  deseáis,  señores,  el  bien  de  esa  tierra  y  que  en 
algunas  dotaciones  y  memorias  que,  mediante  la  ayuda  de  Dios, 
tengo  ordenado  de  dejar  en  ella  tomarían  parte  del  trabajo  en  la 
ejecución  de  ellas,  y  confiado  en  esto  yo  le  he  comunicado  al- 
gunas cosas  que  dirá  de  mi  parte,  y  teniendo  respuesta  de  su 
voluntad  las  comenzaré  luego  á  poner  en  efecto,  porque  encar- 
gándose de  la  protección  y  administración  de  esto  personas  de 
tanta  bondad  y  autoridad  yo  estaré  descansado  en  pensar  que 
antes  y  después  de  mis  días  tendrán  dueño  éstas  buenas  obras: 
con  que  espero  será  servido  nuestro  Señor.  Él  guarde  y  prospe- 
re las  muy  Reverendas  y  muy  magníficas  personas  de  V.  m.  En 
Madrid  á  15  de  Octubre  de  1501.  Vt.  fr.  f  hispalensis.» 

El  primer  edificio  destinado  á  Colegio  fué  una  casa  modesta 
en  la  mencionada  calle  del  Campo,  pero  los  testamentarios  del 
Arzobispo,  los  Consejeros,  compraron  después  la  casa  de  Diego 
de  Salazar  para  hacer  más  capaz  el  establecimiento  que  datando, 
como  queda  dicho,  de  1501,  llevó  la  fecha  de  1534,  porque  sin 
duda  fué  en  este  año  cuando  D.  Fernando  de  Valdés  y  Salas 
proyectó  primeramente  favorecer  con  esta  Escuela  al  Principa- 
do de  Asturias  como  ensayo  de  la  Universidad,  que  también  se 
proponía. 

La  fábrica,  que  nosotros  alcanzamos,  había  sufrido  grandes 
trasformaciones   principalmente  en    su  fachada,  á  principios 


-   28   - 

del  siglo  xviii  y  en  los  primeros  años  del  xix.  Muros  do- 
bles, agregaciones,  recortes,  etc.,  se  notaron  en  el  derribo  de 
1896,  y  argamasa,  manipostería  y  trabajos  de  tres  épocas  dife- 
rentes. 

Ni  de  las  actas  del  Cabildo,  del  Ayuntamiento  y  Univer- 
sidad de  Oviedo  resulta  dato  fijo  para  asegurar  cuándo  co- 
menzó á  leerse  en  el  Colegio  de  San  Gregorio,  llamado  ele 
los  pardos  por  el  color  de  la  beca  colegial. 

Bajo  el  bello  blasón  arzobispal,  que  ostentaba  en  el  frontis- 
picio, había  también  la  fecha  de  1557.  No  faltó  quien  indicase 
que  las  fechas  señaladas  de  1534  y  1557  manifestaban  la  pri- 
mera fundación  de  la  Escuela,  y  la  segunda  la  terminación  del 
primer  edificio;  pero  esto  no  se  compadece  con  los  datos  y 
acuerdos  capitulares  que  publicó  el  canónigo  archivero  bibliote- 
cario Sr.  Sandoval.  (1) 

La  factura  del  bien  labrado  escudo  indica  su  ejecución  á 
mediados  del  siglo  xvn,  ya  decaído  el  gusto  del  Renacimiento. 
La  cartela  que  rodea  el  óvalo  y  el  estilo  todo  indican  obra  dis- 
puesta y  dirigida  por  alguno  de  los  artistas,  que  aquí  trajeron 
Domingo  Moriera,  Alonso  de  la  Barcena,  Juan  de  la  Yucera  y 
Bernardo  de  la  Portilla,  entendidos  labrantes  del  edificio  de  la 
Universidad,  bajo  la  dirección  de  Juan  del  Rivero,  maestro  de 
las  obras  de  la  Catedral  de  Salamanca,  rematante  á  nombre  de 
Rodrigo  Gil  en  1572  y  1575.  Dicho  escudo  tiene  gran  semejanza 
en  la  disposición  con  otros  que  se  ven  en  la  Universidad. 

Si  aquellos  artistas  ó  sus  discípulos  fueron  los  que  decoraron 
heráldicamente  el  Colegio,  debió  ser  en  la  segunda  obra  ó  am- 
pliación de  la  primitiva,  porque  ésta  ya  se  había  levantado  antes 
del  1571,  según  consta  de  los  libros  municipales,  pues  en  acta 
de  7  de  Noviembre  se  trata  de  una  carta  dirigida  por  el  antes 
Canónigo  de  Oviedo  y  entonces  Consejero  de  S.  M.  D.  Hernando 
de  Salas  al  Cabildo,  tratando  del  lugar  donde  había  de  levan- 
tarse la  Universidad,  á  lo  que  nuestro  antiguo  Ayuntamiento  de- 
signó que  «el  sitio  señalado  era  en  las  espaldas  del  Colegio, 
que  está  hecho,  ó  delante  del  mismo  en  las  huertas  de  Juan 
de  Carrió. » 


(i)    El  Carbayón%  periódico  (Oviedo,  1895). 


—  29  — 

AI  derribar  dicho  edificio  de  los  Pardos  se  colocó  el  escudo 
(armas  de  Valdés,  ó  tres  barras  con  las  cruces  de  San  Jorge)  y 
las  inscripciones  que  le  acompañaban,  en  el  vestíbulo  de  la  Uni- 
versidad ovetense. 

Bajo  la  corona  condal  de  los  de  Miranda,  en  que  recayó  el 
vínculo  fundado  por  el  Carnoso  Arzobispo,  está  la  siguiente  ins- 
cripción, no  fácil  de  reproducir  aquí  con  exactitud  por  sus  abre- 
viaturas y  letras  ligadas: 

NOBLISSM  S.  GREG  COLEGUM 

ANTQUS  OMNIBS  OPS  PATRIEAE 

AMOREM,  MEMORIE  SER 

VANS  EX,  ILL,  RV  DN  FER 

DINAND,  D  VALDES  FVN 

DATORIS,  ANNO  1534  (1) 

Debajo  se  lee  en  caracteres  de  época  posterior: 

F.  DE  VALDÉS  ARCHIEPISCO- 
PUS  HISPALENSIS. 

Sobre  la  puerta  de  arco,  entrada  principal  del  Colegio  de 
San  Gregorio,  había  otra  piedra  con  este  monograma  de  Jesús: 


en  tipos  que,  ó  pueden  referirse  al  año  de  1534,  ó  ser  esta  piedra, 
allí  colocada  modernamente,  de  la  suprimida  capilla  del  Esta- 
blecimiento, que  se  notó  cuando  el  derribo,  hacia  la  parte  Norte. 
También  se  halló  un  relox  de  sol  con    números    góticos   y 


»x)  Nobilísimo  Colegio  de  San  Gregorio, 

el  más  antiguo  de  los  de  la  patria, 
que  conserva  el  amor  á  la  memoria 
del  Excmo.,  limo,  y  Reverendísimo 
D.  Fernando  de  Valdés, 
fundador.  Año  JSJ4> 


—  3°  — 

restos  de  otras  piedras  labradas,  un  capitel,  etc.,  con  trozos  de 
mas  lápidas  inscripcionales,  difíciles  de  reconstituir.  Parecen 
referirse  á  intermediarios  en  la  construcción,  primera  dirección 
y  reformas  del  Colegio;  y  con  las  abreviaturas,  entonces  usuales, 
se  leen  nombres  como  Fernando  de  llano,  apellidos  de  queipo 
de  llano,  etc. 

La  historia  del  Colegio  se  resume  en  los  siguientes  breves 
datos. 

El  Arzobispo  Valdés  le  señala  en  su  testamento  y  codicilos 
de  1566  y  1568  la  renta  perpetua  de  300  maravedises,  sobre 
un  juro  de  las  alcabalas  de  Sevilla,  á  más  del  monte  Naranco, 
en  Oviedo,  como  otras  rentas  en  esta  ciudad  y  su  concejo;  pero 
es  para  su  sostenimiento,  porque  la  Escuela  ya  estaba  abierta 
antes  de  la  muerte  del  preclaro  D.  Fernando. 

La  primera  vida  del  Colegio  inspiró  mucho  interés  á  los  Re- 
gidores de  Oviedo,  pues  en  1579,  dice  un  extracto  del  erudito 
Sr.  Vigil,  que  «en  virtud  de  que  no  había  maestros  en  el  Colegio 
de  la  Ciudad  (el  de  San  Gregorio)  donde  se  leía  gramática  y  de 
los  derechos  excesivos  que  se  cobraban  á  los  estudiantes,  se  dis- 
puso escribir  á  los  señores  del  Cabildo,  como  testamentarios  del 
Obispo  (Sr.  Velasco)  para  que  acudieran  á  su  remedio.» 

Por  motivos  como  éste,  sin  duda,  se  dictó  una  Real  Cédula 
autorizando  á  los  Consejeros  testamentarios  del  Arzobispo  para 
que  formasen  «Constituciones»  de  régimen  del  Colegio  (8  de 
Mayo  de  1604)  y  en  aquel  regio  documento  se  hace  referencia  á 
una  Bula  pontificia  para  eregir  en  Oviedo  el  dicho  gregoriano, 
que  no  se  encuentra  en  el  archivo  universitario  y  que  debió  ser 
de  alguno  de  los  Papas  de  Paulo  III,  á  Gregorio  XIII,  el  que  de 
buena  gana  dio  la  Bula  universitaria. 

Un  antiguo  memorial  de  Sancho  Inclán,  diputado  de  la  Junta 
general  del  Principado,  habla  de  la  dotación  del  Preceptor  de 
latinidad,  número  de  colegiales,  pagos,  abolición  de  ciertos  de- 
rechos y  de  proyectos  de  dotación  de  los  profesores.  Cuando  el 
Cabildo  elevó  á  los  Sres.  Tejada  y  Boorques  un  informe  acerca 
de  la  Universidad  y  Colegio,  D.  Hernando  Valdés  Osorio  elevó 
á  los  mismos  Consejeros  otro  memorial  sobre  gastos  y  racio- 
nes de  esta  última  fundación. 

De  menos  categoría  que  la  de  la  Universidad  fué  la  casa  colé- 


—  3i   — 

gial,  y  asi  se  deduce  de  dos  testimonios  del  Secretario  de  los 
Capitulares,  que  tanto  interés  manifestaron  por  el  profesorado 
universitario.  En  uno  de  ellos  (8  de  Febrero  de  1602)  se  oponen 
á  que  el  Tesorero  de  la  Iglesia  Catedral  D.  Antonio  González 
Arango  fuese  Rector  de  San  Gregorio,  y  en  el  otro  (10  del  mis- 
mo mes  y  año)  aceptan  los  prebendados  diferentes  lecturas  en  la 
Universidad;  pero  no  pueden  consentir  en  que  el  dicho  Tesorero 
continúe  siendo  preceptor  del  Colegio  por  no  ser  decente  á  su 
cargo  y  dignidad. 

Aprobados  los  «Estatutos»  del  Colegio  por  el  Supremo  Con- 
sejo en  12  de  Septiembre  de  1612,— la  Universidad  se  abrió 
antes, — se  dispuso  que  fuesen  doce  las  becas,  provistas  en  jóve- 
nes de  siete  á  catorce  años,  con  la  precisa  circunstancia  de  ser 
naturales  del  Principado  ó  parientes  del  fundador,  de  buen  li- 
nage,  acreditando  limpieza  de  sangre. 

Para  su  servicio  había  dos  fámulos  ó  pensionistas  y  un  co- 
cinero, lavandera  y  boticario,  etc.  Se  abonaban  14  maravedises 
por  cada  colegial  y  familiar,  y  se  les  enseñaba  Gramática  latina 
y  educación  religiosa. 

Había  un  Rector,  ordenado  in  sacris,  con  50.000  marave- 
dises anuales,  un  Regente  con  cien  ducados,  un  Repasador  ó 
Ayudante  con  mil  reales,  y  se  abonaba  real  y  medio  al  cape- 
llán por  la  misa,  si  al  Rector  no  le  fuera  posible  celebrar- 
la. El  nombramiento  de  este  personal  era  del  Patrono  de 
las  fundaciones  del  Sr.  Valdés  Salas,  á  quien  el  Administra- 
dor del  Colegio  rendía  cuenta  de  inversión  de  las  rentas,  y 
todos  estaban  sometidos  á  la  inspección  del  Prelado  ó  de  su 
Provisor,  que  examinaban  las  cualidades. 

Las  lecciones  eran  públicas  y  podían  asistir,  como  exlernosí 
todos  los  que  deseasen  aprender  Gramática.  El  historiador  astu- 
riano P.  Carballo  fué  preceptor  y  más  tarde  Rector  en  los 
primeros  años  del  siglo  xvir,  antes  de  ser  jesuíta.  De  su  tiempo 
es  un  expediente  por  el  cual  se  prohibió  que  este  maestro  lleva- 
se 6  reales  por  la  enseñanza  del  latin,  declarada  gratuita;  y  allí, 
entre  varias  diligencias,  están  la  firma  y  una  solicitud  del  autor 
de  las  Antigüedades  de  Asturias. 

En  1668,  mientras  la  Ciudad  construía  el  teatro  del  Fontán, 
se  solicitó  permiso  de  la  Sra.  Marquesa   de  Valdunquillo  —  que 


i 


—  32  — 
tenía  el  patronato—para  que  en  el  patio  del  Colegio  represen- 
taran compañías  de  comediantes;  y  velando  por  la  tranquilidad 
del  Colegio,  el  Cabildo  consiguió  Real  Provisión  en  1678  para 
que  la  Ciudad  no  prosiguiese  las  obras  de  cárcel  pública  que 
disponía  levantar  cerca  del  Colegio  San  Pedro  ó  de  los  ver- 
des y  del  de  San  Gregorio  ó  de  los  pardos.  Más  se  realizó 
la  reforma,  pues  en  1703  «se  dispuso  la  demolición  del  cubo 
del  Real  Castillo  que  mira  al  Campo  de  la  Lana,  ejecutándose 
el  tramo  de  camino  de  junto  al  Colegio  de  los  pardos  (calle  de 
Mendizábal)  hasta  incorporarlo  con  la  calzada  de  los  verdes 
(calle  de  Arguelles) » . 

Así  continuó  hasta  la  expulsión  de  los  Jesuítas;  pero  ha- 
biéndose girado  visita  al  Colegio,  dio  por  resultado  suspen- 
der el  estudio  de  Latinidad  y  que  sus  preceptores  se  trasladaran 
alas  Escuelas  dé  la  Compañía  de  Jesús,  disponiendo  el  Consejo 
General  que  el  sueldo  que  aquéllos  dejaban  en  San  Gregorio 
sirviese  de  dotación  al  profesor  de  Lengua  griega  de  la  Univer- 
sidad, por  lo  que  esta  cátedra  fué  provista,  en  ocasiones,  por  el 
Patrono  de  la  Escuela. 

En  1749  dictó  auto  favorable  la  Real  Audiencia  en  una  soli- 
citud del  Doctor  D.  Ignacio  Valdés,  que  pretendía  para  ante  el 
Consejo  de  Castilla  dotar  el  Colegio  con  Estudios  mayores,  á  lo 
que  se  opuso  la  Ciudad  por  medio  del  regidor  D.Juan  de  Faes 
para  que  no  se  hiciese  gasto  alguno,  según  consta  de  acuerdos 
municipales;  sin  duda  por  ser  suficientes  las  Facultades  de  la 
Universidad. 

El  Claustro  pidió  en  1796  que  se  nombrara  una  comisión 
para  gestionar  la  superintendencia  del  Colegio.  Siguió  arrastran- 
do lánguida  vida,  pues  en  1804  el  Procurador  general  del 
Principado  Menéndez  de  Luarca  manifestó  que,  si  bien  estaba 
habitado  solamente  por  el  Rector  y  un  fámulo  por  estar  en  sus- 
penso el  pago  de  sus  rentas,  la  casa  estaba  muy  deteriorada  y 
sería  muy  costoso  habilitarla  para  cuartel. 

Desde  aquella  época  á  la  de  1834,  el  Rector  cuidaba  de  los 
colegiales,  los  más  pensionistas,  que  mandaban  sus  padres  para 
que  asistiesen  á  la  Universidad. 

Más  adelante,  al  ocuparnos  en  la  Segunda  Enseñanza  en 
Oviedo,  hemos  de  narrar  los  últimos  días  de  esta  fundación  y  de 


—  33  — 

cómo  se  perdió  el  edificio  del  Colegio  de  San  Gregorio,  donde 
se  pensó  establecer  el  Instituto  provincial. 

Concretemos  ahora  esta  parte  del  presente  libro  á  la  erección 
y  suerte  de  la  Universidad  ovetense. 

Con  meditada  previsión,  el  Inquisidor  Valdés  suplicó  al  Rey 
en  el  testamento  que,  en  recompensa  de  sus  leales  servicios  to- 
mase las  fundaciones  bajo  su  respetable  protección.  Ofreció  el 
monarca  su  valioso  amparo  y  vio  con  agrado  recaer  el  nombra- 
miento de  testamentarios  en  los  licenciados  Alonso  Nuñez  de 
Boorques,  del  Real  Consejo  y  Cámara  de  la  Santa  Inquisición, 
y  Juan  de  Tejada,  del  Supremo  Consejo  de  Castilla.  Era  costum- 
bre, aunque  bien  fatal  de  aquellos  tiempos  y  funesta  práctica  en 
negocios  graves,  someterlos  á  ciertos  personajes  acostumbrados 
á  la  tramitación  lenta  y  perezosa  de  aquellas  elevadas  Corpora- 
ciones. Se  abrió,  asi,  un  Tribunal  de  testamentaría  donde  con 
embrollados  y  largos  procedimientos  se  proporcionaban  crecidas 
dietas  á  curiales,  que  intervenían  en  los  asuntos  del  Sr.  Val- 
dés. Ellos  mermaban  las  rentas  y  convertían  los  administradores 
en  provecho  propio  los  rendimientos  de  las  Obras  pías. 

Como  en  cláusulas  fundacionales  se  autorizaba  á  los  alba- 
ceas  Consejeros  con  poder  absoluto  de  alterar,  conmutar,  modi- 
ficar y  disminuir  lo  que  les  pareciese,  usando  los  testamentarios 
de  la  amplia  facultad  determinaron  en  1571  á  ofrecer  á  la 
Compañía  de  Jesús  que  tomase  á  su  cargo  los  estudios,  Colegio 
y  Universidad,  comunicando  tal  acuerdo  á  San  Francisco  de 
Borja,  General  de  la  Orden,  imitando  en  esta  oferta  á  otra  igual 
que  había  hecho  la  Ciudad  de  Valencia,  deseando  que  la  Com- 
pañía se  encargase  de  su  Universidad.  Estimó  el  santo  la  honra 
y  envió  poder  para  recibir  la  fundación  y  organización  de  la  Es- 
cuela universitaria  de  Oviedo  con  determinadas  condiciones,  en 
cuya  virtud  la  aceptó  el  P.  M.  Provincial  Gil  González  Dávila. 
Se  hicieron  las  escrituras  y  obligaciones  de  una  y  otra  parte,  y 
así  proseguía  el  negocio  que,  cuando  se  juzgaba  concluido,  se 
vio  al  mismo  tiempo  deshecho;  porque  «á  la  noticia  de  que 
la  Compañía  tenía  en  su  poder  la  Universidad  y  sus  estudios, 
fué  tal  la  inundación  de  contradicciones  que  causó  la  continua 
lluvia  de  imposturas,  testimonios  y  quejas  de  los  que  aborrecían 
la  disposición  segunda  de  los  testamentarios  del  ilustrísimo  Ar- 


—  34  — 

zobispo,  acaso  porque  en  la  primera  amavan  sus  intereses  y 
fundaban  sus  conveniencias  que,  para  que  se  deshiciese  la  tem- 
pestad, cesare  la  inundación  y  se  serenase  el  cielo,  juzgó  la  Com- 
pañía ser  el  más  fácil  y  oportuno  remedio  sacrificar  todo  el 
derecho  que  había  adquirido  por  el  contrato  al  gusto,  pasión  ó 
mala  voluntad  de  los  contradictores;  y  así  le  cedió  y  se  apartó 
libremente  de  proseguir  el  que  ya  llamavan  pleyto»  (1).  Y  esto 
dio  lugar  á  la  inmediata  fundación  del  Colegio  de  San  Matías, 
de  la  Compañia  de  Jesús,  en  Oviedo,  por  la  virtuosa  y  espléndi- 
da viuda  de  D.  Luis  de  Quijada,  mayordomo  del  Emperador  y 
ayo  de  Don  Juan  de  Austria,  instituto  que  tuvo  importancia 
por  su  concurso  á  la  instrucción  pública  en  Asturias. 

El  pensamiento  primordial  del  Inquisidor  parece  que  era  la 
formación  de  sacerdotes  ilustrados,  deseo,  á  la  verdad,  muy 
atendible;  pero  el  Cabildo  y  el  Municipio,  al  concretarse  á  la 
Universidad  en  vasto  informe  sobre  las  fundaciones  del  Sr.  Val- 
dés,  decían,  con  oposición  á  los  antecedentes  de  sus  personas  y 
representación,  que  para  formar  buenos  clérigos  ya  felizmente 
se  había  instituido  la  Universidad  de  Alcalá  y,  por  lo  tanto,  con- 
venían á  este  territorio  otras  enseñanzas.  Contando  con  el  estu- 
dio de  Gramática  del  Colegio  de  San  Gregorio,  proponían  el  es- 
tablecimiento de  cátedras  de  Retórica  y  Lengua  griega,  faculta- 
des de  Artes,  Leyes,  Cánones  y  Teología;  y  al  dictaminar  sobre 
la  dirección  de  la  Escuela,  añaden:  —«Sólo  Dios,  Nuestro  Señor, 
nos  la  dio  (la  Universidad)  para  remedio  de  muchas  gentes  de 
esta  provincia,  hará  lo  posible  para  verla  efectuada,  y  que  no  se 
dé  á  los  de  la  Compañía  (la  de  Jesús)  porque  hay  en  esta  ciudad 
más  clérigos  y  frailes  que  ciudadanos,  y  con  razón  nos  parece 
que  no  se  sienten  aquí  más,  mayormente  tomando  á  su  cargo  la 
Universidad».  Firman  el  Dean,  Chantre  y  tres  Canónigos  con 
testimonio  capitular  en  1572. 

Con  notable  lentitud  seguían  los  magistrados  testamentarios 
interminables  expedientes;  años  y  años  pasaban  en  gestiones,  y 
á  la  sombra  de  tanta  confusión  seguía  la  testamentaría  pagando 
salarios  y  disminuyendo  los  productos.  No  se  abría  el  Estudio 


(i)     P.  Vülafañc:  Relación  histórica    de  la  vida  y  virtudes  de  />.*  Magdalena   de    Ulloa, 
pág.  242. 


-  35  - 
general,  aunque  se  levantara  el  edificio,  porque  nada  se  hacía 
para  dar  en  él  las  enseñanzas. 

No  fallaba  vivísimo  interés  en  llevar  á  cabo  tan  principal 
elemento  de  dar  lustre  á  la  provincia  con  honra  de  sus  hijos,  y 
éstos  nuevo  esplendor  á  su  patria  por  el  camino  de  la  ciencia. 
Geslionaba  con  solícito  anhelo  la  Junta  General  del  Principado, 
encarnación  entonces  de  la  administración  y  de  nuestros  vene- 
randos fueros;  ella  nombró  enseguida  comisionados  para  que  en 
la  Corte  arreglasen  el  pronto  establecimiento  de  la  Universidad; 
hizo  igual  solicitud  en  diversas  ocasiones  y,  todavía  á  principios 
de  1608,  relataban  sus  gestiones  Lope  de  Miranda,  señor  de  Na- 
via  y  de  Muros,  pariente  del  fundador,  y  el  P.  Fr.  Tomás  de 
Sierra,  Prior  de  Santo  Domingo  en  esta  ciudad,  gran  escritor  y 
predicador  que  fué  de  Felipe  III.   (1)  Por   su  parte  gestionaba 
también  el  Prelado  escribiendo,  como  queda  dicho,  á  los  testa- 
mentarios, y  en  las  actas  del  Cabildo  Catedral  hay  importantes 
acuerdos  para  lograr  á  Asturias  la  deseada  Escuela.   En  unión 
con  la  Ciudad,  representada  por  sus  regidores  Julián  de  Miranda 
y  Pedro  de  Aviles  y  de  la  Provincia  por  Fernando  Alvarez  de  la 
Rivera  y  Sancho  de  Inclán,  nombró  comisión  para  el  asunto;  y 
marchó  su  Deán  D.  Juan  de  Asiego,  hombre  de  letras  y  celoso 
asturiano  á  la  Corte  (2),  cuando  el  Municipio  enviaba  á  Pedro 
Arguelles  Meres  y  á  Juan  de  Nora  á  excitar  á  los  Consejeros.  (3). 
Pasaban  los  primeros  años  del   siglo   xvn  y   daban  escaso 
resultado  tanta  petición  y  tanto  recurso,  como  de   unes  á  otros 
se  cruzaba,  cuando  los  testamentarios  escribieron  al  Obispo,  Ca- 
bildo y  Ayuntamiento  en  1001  pidiendo  dictamen   sobre  las  cá- 
tedras y  su  dotación.  (4)  El  Cuerpo  Capitular,  que  ya  en  otra 
ocasión  había  informado   con  la  Ciudad  sobre  las  fundaciones 
del  Sr.  Valdés,  presentó  otro  Memorial  {que  reiteró  el  Prelado) 


(t>  Archivo  de  la  Diputación  provincial.  Libros  de  actas:  Juntas  de  8  de  Marzo  de  1600, 
31  de  Junio  de  1603  y  10  Enero  1608. 

— «El  Regidor  de  Oviedo  y  Alférez  mayor  de  Lena  D.Rodrigo  Bernardo  de  Miranda  «asistió 
en  Madrid  a  diferentes  negocios  de  esta  provincia,  y  cu  particular  á  que  se  fundase  la  Universi- 
dad, como  >c  consiguió,  haciendo  también  que  se  pusiesen  en  ejercicio  las  demás  fundaciones 
y  obras  pía*  del  limo.  Sr.  Valdés».  ÍSoiar  de  la  Casa  de  Olloniego  por  D.  Felipe  Bcr  nal  do  de 
(^uirói  —Madrid,  (sin  fecha  ) 

—Tratando  de  la  Casa  de  Sierra,  parroquia  de  Santa  Eulalia  del  Valle,  se  menciona  al 
(hminico  P.  Sierra,  diciendo  «fué  bienechor  de  Asturias,  que  le  debe  la  Universidad»,  en 
Soticias  históricas  del  Concejo  de  Carreño  por  González  de  Posada    MS.> 

(?*  Archivo  de  la  Catedral  de  Oviedo;  Libros  de  Actas  de  1600  á  161 2:  Cabildos  de  3  de 
Marzo  de  1600,  15  de  Diciembre  de  1601  y  a  de  línero  de  1602. 

(3)  Archivo  de  la  Universidad.  Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés:  fol.  50. 

(4)  Id.  id.  fols.  18  y  19. 


-  36  - 
en  1602  comprendiendo  un  proyecto  de  Universidad,  así  como 

el  Municipio  escribió  á  los  Sres.  Boorques  y  Tejada  para  que 
estableciesen  las  enseñanzas  á  la  mayor  brevedad.  Por  su  parte 
el  Obispo  instruyó  al  Deán;  la  Ciudad,  Principado  y  Cabildo  in- 
sistieron con  losalbaceas;  y  otra  vez  les  anunciaron  pérdidas  de 
bienes  y  de  rentas.  El  Sr.  Asiego  no  cejó  un  día  y  otro.  (1) 

Este  inolvidable  prebendado,  adelantándose  á  su  época,  re- 
sumió por  si  lo  que  entendía  eran  aspiraciones  del  Cabildo,  Prin- 
cipado y  Ciudad,  y  presentó  razonable  y  elevado  dictamen,  no 
solamente  sobre  el  régimen  universitario  y  materias  de  sus  es- 
tudios, sino  respecto  á  lo  que  hoy  se  llaman  Facultades  mayo- 
res, muy  en  conformidad  con  el  mencionado  informe  de  1572. 
Deseaba  una  provechosa  latitud  en  la  filosofía,  porque,  conside- 
rando, dice,  que  el  Principado  de  Asturias  es  tierra  marítima 
donde  se  usa  la  navegación,  será  muy  conveniente  al  servicio 
de  S.  M.  una  cátedra  de  Matemáticas  y  otra  de  Física,  así  como 
una  de  Metafísica.  No  contenían  esas  enseñanzas  los  anteriores 
dictámenes  y  sorprende,  bajo  la  firma  de  un  eclesiástico  del 
siglo  xvrr,  un  pensamiento  que  los  testamentarios  calificaron  de 
notable  y  aunque,  desde  luego  dudaron  seguirlo,  posterior- 
mente lo  siguieron  en  alguna  parte. 

Crecían  las  quejas  al  ver  desierto  el  edificio  levantado,  y 
aún  continuaban  los  ejecutores  con  aquella  lentitud  que,  sesen- 
ta años  después  de  la  muerte  del  Arzobispo,  hizo  escribir  las 
siguientes  palabras  á  un  comisionado  del  Claustro  y  maestro  de 
la  Orden  de  San  Francisco:  v  He  gastado  hasta  los  hábitos  y,  si 
no  nos  ponemos  bajo  el  patrocinio  del  Rey  N.  S.  y  no  damos  en 
tierra  con  la  testamentaría,  nada  se  adelanta^  (2) 


(i)  El  Deán  fue  portador  de  una  carta  para  los  Consejeros  Boorques  y  Tejada,  que  plan- 
teaban la  Universidad  de  Oviedo,  para  que  señalaran  cátedra  á  los  prebendados  de  oficio 
(Acta  del  Cabildo  de  6  de  Enero  de  16021.  Tan  bien  desempeñó  su  cometido,  que  en  a  de  Agosto 
le  propuso  con  interés  el  Principado  para  que  volviese  á  Valladolíd  y  activase  la  apertura  de  la 
Universidad,  y  al  asentir  los  canónigos  hicieron  picscntc  que,  por  sus  necesidades  y  baj.*  de  la* 
rentas,  en  la  ausencia  de  Asiego  no  le  darían  salario  pero  le  contarían  las  prebendas.  No  obs- 
tante, comisionado  el  Arcediano  de  IScnaventc  para  disponer  la  marcha  del  Deán,  concertó  que 
tuviese  tres  meses  de  licencia  con  36  reales  diarios  para  gastos,  pagando  la  provincia  18,  9  la 
ciudad  de  Oviedo  y  9  el  Cabildo.  (Acta  de  8  de  Agosto  de  1603'.  Cumplió  su  encargo  con  la 
diligencia,  que  ya  hemos  dicho,  y  en  6  de  Diciembre  mandó  una  carta  asegurando  que  los  tes- 
tamentarios del  Arzobispo  Yaldc*  habían  determinado  abrir  la  Universidad  para  el  próximo  San 
Lúeas  Engañaba!. le  sus  buenos  deseos,  pues  en  promesa  quedó  el  ofrecimiento  y  fué  necesa- 
rio, á  petición  del  Municipio  ovetense,  prorrogar  la  li.encia  por  otro  trimestre;  pero  retirándole 
sus  dietas  la  Corporación  Capitular.  'Acta  de  so  de  Diciembre). 

Vino  el  Deán  y  volvió  á  Vulladolid,  y  ;,1  ieti.ii  ;.r  011a  \iz  en  3  de  Maizo  de  1605,  dejaba 
encomendada  su  comisión  al  electo  Obispo  de  Ov:tdo  D .Juan  Alv¿.icz  de  Caldas.  Hizo  aún 
otro*  viajes  y  en  todos  ellos  acosó  á  los  testamentarios  con  memoriales  y  dictámenes. 

(2)  Archivo  de  la  Univer>idad:  Testamentaria  del  Ai/obispo  Valdés;  folios  27,  37,  34,  36. 
49  á  52  y  5. 


-  37  — 
Otras  deplorables  causas  contribuyeron  poderosamente  á  ha- 
cer más  reacios  á  los  Consejeros  albaceas.  Opuso  no  pocas  di- 
(icultades  el  sobrino  del  Inquisidor,  D.  Fernando  de  Valdés  Oso- 
rio,  primogénito  de  la  casa  de  Salas  y  patrono  de  todas  las  fun- 
daciones, hombre  rico  y  de  importancia  en  la  Corte  donde,  á  la 
sombra  del  favor  de  su  tío,  era  Gentil  hombre  de  Cámara  y  boca 
del  Rey.  En  8  de  Enero  de  1604  habían  acordado  los  testamen- 
tarios crear  definitivamente  la  Universidad  y  Colegio  de  San  Pe- 
layo,  en  Salamanca,  pidiendo  para  ello  las  Cédulas  Reales  de  24 
de  Mayo.  Cayó  entonces  Valdés  Osorio  en   la  ruin  y  lastimosa 
tentación  de  oponerse  á  la  última  voluntad  de  quien  le  había 
elevado  á  importante  posición;  quiso  destruir  y  aniquilar  el  pen- 
samiento más  fecundo  para  el   bien   de  su   país,  seguramente 
porque  con  las  cuantiosas  rentas  de  la  fundación,  creyó  aumen- 
tar las  suyas  y  con  ellas  elevarse  á  mayor  y  próspera  grandeza. 
Halagado  con  tan  vanidosa  idea,  expuso  al   Consejo   la  insu- 
ficiencia de  los  fondos  para  una  Universidad  con   maestros  y 
oficiales  mal  retribuidos;  que  la  ciudad  de   Oviedo  era  uno  de 
los  lugares  más  caros  del  reino  y  á  donde  iban  desde  Castilla  el 
pan,  el  vino  y  el  paño;  y  que  sus  naturales  saldrían   con  escaso 
saber.  Indicaba  que  los  asturianos  pobres  fuesen   á  Salamanca, 
donde  serían  pajes  y  criados;  que  asistiesen  los  ricos   á  Oñate, 
Santiago  y  Monterrey,  y  unos   y  otros  á  las  cátedras  benedicti- 
nas de  San  Vicente.  Decía  también,  que  con  Gramática  y  Lec- 
tura de  casos  bastaba  para  ser  eclesiástico;   y,   por  último,  que 
con  las  rentas  mejor  se  sostendría  el  Colegio  de  Recoletas  con- 
vertido en  un  convento  de  Monjas.  ¡Qué  pensamiento  tan  eleva- 
do! A  continuación  de  este  recurso  escribió  posteriormente,  no 
sabemos  quién,  una  dura  nota,  curiosa  y  acertada:  «Este  hom- 
fibre,  con  achaque  de  monjas,  pensaba  arañar  las  rentas  de  la 
«Universidad.  Estas  son  las  buenas  obras  que  debe  la  Universi- 
dad á  los  patronos.  Dios  fué  servido  qne  tan  mal  intento  no 
¿tuviese  efecto.  Si  el  tonto  ó  mal  intencionado  viviera  ahora, 
i  vería  si  tenía  fundamento  ninguno  lo  que  hablaba,   y  si  tenía 
rmás  lustre  con  ser  patrono  de  seis  monjas,   que  con  serlo   de 
«una  comunidad  tan   ilustre  como  la  Universidad.   Queda  esto 
^escrito  adfuíuram  reí  memoriam.*  (1) 

(i)    Archivo  de  la  Universidad.—  Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés;  folios  56  y  62. 


i 


-  38- 

Hajo  consideraciones  más  diferentes  se  oponía  el  Fiscal  del 
Consejo.  Apoyado  en  el  excesivo  número  de  las  Universidades, 
veía  inconvenientes  en  crear  la  de  Oviedo;  pero  no  descono- 
ciendo razones  peculiares  de  localidad,  pidió  su  establecimiento, 
aprobados  que  fuesen  los  Estatutos,  reservando  á  la  Corona  la 
protección  de  las  Escuelas,  el  nombramiento  de  Visitadores  y  la 
Real  jurisdicción  sobre  los  estudiantes  legos.  (1) 

Dudosa  era  aún  la  resolución  y  no  se  ultimara  con  éxito  fa- 
vorable á  no  encontrarse  en  la  Corte  el  animoso  Deán  Asiego, 
que  seguía  con  indecible  vigor  el  negocio  de  la  Universidad.  Ha- 
bía comprendido  el  gran  beneficio  que  á  su  provincia  cabía 
abriendo  unos  estudios,  y  con  la  firmeza  de  un  carácter  inque- 
brantable no  desmayaba  su  interés  ante  la  magnitud  de  los  obs- 
táculos y  gran  poder  de  los  contrarios.  Pedía  el  nombramiento 
de  Rector,  Maestros  y  Oficiales,  en  lo  sucesivo  de  elección  del 
Claustro  ad  instar  Salamanticam  ct  aliarían  Vnivcrsita- 
rum,  y  la  declaración  de  la  soberanía  y  jurisdicción  de  aquel 
y  del  Cancelario  para  evitar  parcialidades.  Hablaba  el  infatiga- 
ble Deán  con  el  lenguaje  claro  de  la  verdad,  y  así  en  1605  des- 
cubrió á  la  Cámara  la  intención  del  sobrino  del  Fundador  que,  á 
pretexto  del  mayorazgo,  puntualizaba  solamente  las  rentas  li- 
quidas para  él.  Era  terrible  la  denuncia;  pero  cuando  la  sinceri- 
dad viene  en  apoyo  de  una  causa  su  triunfo  es  seguro  (2). 

Los  testamentarios  confirmaron  el  auto  de  20  de  Mayo  de 
1604  acordando  la  creación  y  nombramientos  de  la  Universi- 
dad: buscando  nuevas  dilaciones,  pidió  Valdés  Osorio  traslado 
de  las  cátedras  y  sueldos  que  pretendía  otorgar;  se  opuso  el 
Fiscal  en  21  de  Octubre,  declarando  que  el  Consejo  podía  esta- 
blecer y  nombrar  por  sí  en  conformidad  al  poder  del  Arzobispo, 
pues  no  era  razonable  «que  un  caballero  seglar  de  capa  y  espa- 
da nombrase  los  maestros  de  las  ciencias,  falto  de  suficiencia 
para  saber  quiénes  eran  doctos,  y  mayor  aún  este  mal  si  la  casa 
de  Salas  cayera  en  hembra.»  (3) 

Así  lo  estimó  la  Cámara;  se  declaró  al  D.  Fernando  patrono 
de  honor  con  nombramiento  de  los  oficiales  de  la  Escuela  v  se 


(1)     Archivo  de  la  Universidad.—  Testamentaria  del  Arzobispo  Valdós:  folios  53  á  55. 
Íí)     Id.  id.,  folios  58,  81 ,  84  y  86. 
I1?}     Id.  id.,  folios  88,  8t>,  98  y  99- 


-  39  - 
dejó  la  elección  de  maestros  á  los  estudiantes  ó  por  ejercicios 
ante  los  primeros  nombrados.  Pidió  el  patrono  revocación  del 
auto;  pero  nada  consiguió  ante  el  incansable  Deán,  sin  cuyos 
esfuerzos  quizá  no  se  planteara  la  deseada  enseñanza.  Hízose 
por  ello  acreedor  al  bien  de  la  patria  y  á  la  gratitud  de  sus 
paisanos  (1). 

Para  completar  los  albaceas  sus  trabajos  habían  impetrado 
de  la  Santa  Sede  la  Bula  de  erección,  paso  indispensable  en- 
tonces y  natural  según  el  orden  de  aquellos  tiempos.  De  buena 
gana  la  expidió  Gregorio  XIII  en  15  de  Octubre  de  1574,  con- 
firmando la  Universidad  de  la  populosa  provincia  de  Asturias, 
con  todos  los  privilegios,  gracias  y  favores  de  la  de  Salamanca 
y  otras  de  Castilla,  si  para  ello  daba  el  consentimiento  su  muy 
amado  hijo  Felipe  III.  Pasó  la  Bula  por  el  Consejo  y  fué  con- 
firmada la  erección  por  Real  Cédula  de  18  de  Mayo  de  1604,  en 
Gumiel  de  Mercado  (2). 

Ya  tomaba  cuerpo  el  discutido  y  benéfico  pensamiento  del 
preclaro  Valdés;  y  alborozada  Asturias  veía  cercano  el  día  su 
ventura  suspirada,  gozándose  en  la  obra  del  antiguo  estudiante 
salmantino,  del  amparador  de  las  obras  de  Melchor  Cano,  del 
familiar  é  imitador  del  gran  Cisneros. 


(x\    Archivo   de  la  Universidad. — Testamentaria  del   Arzobispo  Valdés:   fols.    103,  nfl  á 
115.—  Véase  Apéndice  I. 

(9)    Id,  id.  fol.  20.— Véase  Apíndicb  II. 


41  — 


CAPÍTULO  II 


Organización  primitiva  de  la  Universidad  de  Oviedo. —-Pretendientes,  recomen- 
daciones y  nombramiento  de  los  primeros  catedráticos. — Primitivos  Esta- 
tutos.—Administración  desastrosa  de  las  Fundaciones  y  Obras  pías  del 
Arzobispo  Valdés. —  Cuenta  de  las  rentas  adjudicadas  á  la  Universidad. — 
Comisario  nombrado  para  plantearla. — Sus  trabajos. —Posesión  pública  y 
apertura  «olemne  de  la  Escuela. — Reunión  claustral. — Incorporaciones. — 
Primeros  acuerdos  para  la  marcha  de  la  Universidad. — Época  de  la  apari- 
ción de  ésta. 

Obtenidas  la  Bula  Pontificia  y  la  Real  licencia  para  la  aper- 
tura de  la  Universidad  ovetense,  se  trató  de  sus  cátedras  y  del 
nombramiento  de  personas  que  las  desempeñasen  y  se  consu- 
mió gran  tiempo  con  expedientes  y  recomendaciones;  pues  en 
tiempos  pasados,  como  ahora,  fué  segura  llave  el  favor  para 
abrir  las  puertas  más  cerradas.  Deseando  los  testamentarios  que 
la  elección  de  maestros  o  fuese  cristianamente  acertada  y  que  se 
plantease  la  Universidad  de  manera  que  fuese  ejemplo  para  más 
adelante»,  pidieron  informes  al  Obispo,  Deán,  Cabildo,  Ayunta- 
miento, Principado  y  á  varias  personas,  cumpliendo  unos  y  otros 
de  diversa  manera,  mientras  en  Salamanca,  Valladolid  y  Alcalá 
se  fijaban  edictos  llamando  á  la  provisión  (1). 

El  Prelado  creía  excesivo  el  número  de  cátedras  y  dudaba 
de  bastante  concurrencia  para  ellas,  y  sucesivamente  recomen- 
dó al  Licenciado  Pedro  García  Selgas,  al  maestro  Gerónimo  Ga- 
marra,  de  Santo  Domingo,  á  Fr.  Tomás,  Prior  del  mismo  con- 
vento, o  no  obstante  ser  hijo  de  clérigo,  lo  cual  no  es  cosa  de 
momento,  ñique  pueda  dañar»,  y  á  Fr.  Diego  Menéndez,  así 
como  para  Rector  y  para  más  á  Marañón  de  Espinosa.  Re- 
mitió nota  de  varios  sugetos,  entre  los  que  sentía  no  incluir  al 
mejor  jurista  Licenciado  Ciaño,  enfermo  de  gota,  y  al  Dr.  Jove  y 
Licenciado  Hevia  por  ser  de  edad  avanzada  (2). 


h)    Archivo  de  la  Universidad.— Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés,  fol.  zi8  á  123. 
(2)    Id»  id.  fols.  135  a  128  y  170. 


—  42  — 

El  Gobernador  propuso  personal  para  las  cátedras  de  leyes; 
para  varias  Facultades,  el  Ayuntamiento;  y  el  Cabildo  ofreció  á 
sus  prebendados  y  canónigos  de  oficio  (1).  El  Provincial  de  do- 
minicos y  el  Inquisidor  de  Sevilla  Sr.  Llanos  Valdés  recomen- 
daron al  maestro  Menéndez;  el  Sr.  Vigil  de  Quiñones  (también 
Inquisidor)  al  Licenciado  Bernardo  de  Heredia,  canónigo  de 
Oviedo  y  ex  catedrático  de  Alcalá  (2);  y  pidieron  directamente 
plaza  en  la  enseñanza  otros  que  presentaron  relación  de  méri- 
tos. Mateo  de  Torres  era  abogado  de  pobres  de  la  cárcel  de  Ma- 
drid; Julián  de  Miranda,  regidor  y  abogado  en  Oviedo,  fué  gra- 
duado en  Toledo  y  nieto  de  una  hermana  del  Sr.  Arzobispo;  el 
Canónigo  Licenciado  D.  Domingo  de  Mier,  de  Llanes,  ganó  en 
Salamanca  beneficio  de  500  ducados  y  presentó  la  relación  in- 
dicada en  el  capítulo  anterior;  el  Doctoral  Dr.  Bonifaz  trajo  va- 
rios documentos;  los  suyos,  el  Magistral  D.  Juan  Menéndez  Co- 
tariella,  de  Langreo;  el  Dr.  D.  Juan  Buiz  del  Villar,  natural  de 
esta  ciudad,  arcediano  de  Benavente  por  oposición  en  Roma; 
Luis  Pardo  y  el  maestro  Pedro  de  Santo  Tomás,  de  la  tierra  de 
Oviedo;  éste,  según  propia  confesión,  había  estudiado  tantas  Ar- 
tes y  Teología  que,  cuando  argumentaba,  no  había  quien  repli- 
case (3).  En  memorial,  que  comprende  otros  varios  sugetos, 
están  los  dichos,  asegurando  no  haber  persona  para  Matemáti- 
cas (4). 

Con  tales  antecedentes  los  Testamentarios  pudieron  elegir 
los  primeros  catedráticos  en  15  de  Septiembre  de  1607,  reca- 
yendo sus  nombramientos  en  los  siguientes  individuos: 

Para  la  Facultad  de  Teología: 

Cátedra  de  «Prima»,  á  Fr.  Diego  Márquez,  de  la  Orden  de 
Santo  Domingo;  de  ©Vísperas,»  al  P.  Fr.  Gerónimo  de  Gamarra, 


(t)  A  petición  del  Arcediano  Marafion,  por  la  Catedral  se  abonaron  las  horas  de  lectura  á 
los  prebendados,  como  si  fuera  en  negocios  de  la  Iglesia  (Archivo  de  la  Catedral,  Cabildos  de  16 
de  Enero  y  i."  de  Febrero  de  1609.) 

(*)  Archivo  de  la  Universidad  — Testamentaria  del  Arzobispo  Valdés,  fols.  46,  129  á  136. 
Archivo  de  la  Catedral:  Libros  de  Actas.  Cabildos  de  1  °  de  Febrero  de  2602,  14  y  21  de  Sep- 
tiembre y  2  de  Octubre  de  1605. 

(3)  Archivo  de  la  Universidad.— Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés,  fols.  237,  139,  143 
á  252,  156,  164,  171,  179  y  ajo. 

(4)  Id  id  .luis.  242  y  277.  Como  ya  manifestamos  en  el  texto,  escaseaban  ¡os  graduados 
en  Asturias  y,  ror  lo  que  toca  á  Oviedo,  en  la  relación  de  los  Jueces,  Presidentes  de  su  Justicia 
y  Regimiento,  figuran  con  titulo  académico  en  el  siglo  x^i  (según  la  relación  publicada  por 
D.  Ciríaco  M.  Vigil  el  Br  Solí*  ^1521,/,  Dr  Avila  ^1529,/,  Br.  Vinagre  lid).  Licenciado  Cifucn- 
tes  {i$vJ,  Hr-  Castillo  ^1533^,  Ldo.  Ramírez  ^542/  Br.  Bucrres  ^1548^,  Br  Villazón  fi5«9.A 
Ldo.  Moran  f*^\Jt  Ldo-  Avila  ^2563^/.  Ldo.  Estrada  fi5°5A  Br.  Loreuzana  fistyj,  Br.  San 
Cloyo  (\ 568,/,  Ldo.  Cuevas  (2575),  Ldo.  Bucrres  '1577),  Ldo. Jovc  (1579  ,  Ld°-  Hevia  I2587), 
Dr.  Faes  (2595);  pero  es  de  advertir  que,  ya  establecida  la  Universidad,  siguieron  sin  titulo 
académico  la  mayor  parte  de  los  Jueces  ovetenses. 


—  43  — 

de  la  misma  Orden;  la  de  «Biblia»,  al  Dr.  D.  Juan  de  Lezcano, 
canónigo,   muy  versado  en  lenguas;  y  la  de  «Teología  Esco- 
lástica», á  Fr.  Gregorio  de  Críales,  del  convento  de  San  Vicente. 
Para  la  de  Cánones: 

La  de  o  Prima»,  al  Dr.  Bonifaz;  la  de  «Vísperas»,  al  Arcedia- 
no Dr.  Ruiz  del  Villar;  la  de  «Decreto*,  al  Canónigo  Licenciado 
Mier;  la  de  o  Sexto  de  Decretales»,  al  Dr.  Lorenzo  Fernández 
Busto;  y  la  de  «Clementinas»,  al  Licenciado  Luis  Gaicía  (que 
fué  después  Obispo  de  Orense). 
Para  la  de  Leyes: 

De  «Prima»,  al  Licenciado  D.  Gabriel  Moran  Bernaldo;  la  de 
c  Vísperas»,  al  Licenciado  Cosme  de  Valdés,  abogado  con  mu- 
cha reputación;  la  de  o  Digesto  Viejo»,  al  Licenciado  D.  Alonso 
de  Solares,  Regidor,  hábil  y  de  buen  nombre;  la  de  «Código»,  al 
Licenciado  Cienfuegos,  ex-Juez  de  la  Ciudad;  y  la  de  «Instituta», 
al  Licenciado  Rodrigo  de  Peón. 
Para  la  de  Artes: 

Los  dominicos  Fr.  Pedro  de  Santo  Tomás,  el  famoso  ergo- 
tista,  y  Fr  Jacinto  de  Tineo,  lector  de  la  Orden,  célebre  en  vir- 
tudes y  doctrina;  el  benedictino  Fr.  Cristóbal  de  Aresti,  y  el 
Magistral  Menéndez  de  la  Cotariega;  la  de  Matemáticos,  al 
Dr.  Martín  Sánchez,  y  la  de  Canto,  al  maestro  de  Capilla  de  la 
Catedral,  que  era  Canónigo  ó  disfrutaba  de  un  canonicato. 

Los  mencionados  licenciados  se  apresuraron  á  adquirir  el 
título  de  Doctor  antes  de  la  apertura. 

Los  albaceas  habían  formado  ya  estatutos  para  el  buen  go- 
bierno de  la  Universidad,  que  por  ser  los  primitivos  (26  de  Oc- 
tubre de  1607)  son  llamados  Estatutos  Viejos.  Están  dispues- 
tos bajo  las  mismas  bases  de  los  de  Salamanca  y  Alcalá,  y  los 
de  la  primera  regían  en  ésta  para  casos  omisos,  pues  fueron 
en  algunos  siglos  la  jurisprudencia  académica  de  España.  (1) 
Constan  estos  Estatutos  de  once  títulos  distribuidos  de  la 
manera  siguiente: 

Trata  el  I  del  Héctor,  Hombre  grave  de  letras  y  de  virtud, 
eclesiástico  de  representación  fuera  del  círculo  de  los  catedrá- 
ticos. Cargo  gratuito  y  honorífico,  estaba  sujeto  á  elección  anual, 

(i)  Véase  AránofCB  III.— Archivo  de  la  Universidad:  En  Claustro  de  3  de  Agosto  de  1700 
>e  recordó  todavía  con  pérdida  y  privación  de  voto  la  observancia  de  estos  Estatutos,  cuyo 
cumplimiento  se  renovó  por  R.  F.  de  3  de  Diciembre  de  1701. 


—  44  — 

sin  que  primeramente  pudiera  ser  reelegido  hasta  pasados  dos; 
tenía  grandes  atribuciones  y  facultad  de  designar  á  un  Vice- 
Rector  para  casos  de  ausencias  duraderas.  En  otras  Universi- 
dades había  el  «Cancelario»  con  carácter  mixto  de  jurisdicción 
y  de  gobierno  para  ayudar  al  Rector;  pero  en  su  lugar  existieron 
aquí  dos  Consiliarios  nombrados  por  la  Corporación  en  per- 
sonas de  más  de  25  años.  Se  huyó  de  aquella  institución  del 
Cancelario  con  sus  exigencias  avasalladoras,  que  tanto  pertur- 
baron Ja  vida  académica  en  Salamanca;  mas  en  reemplazo  se 
creó  posteriormente  el  cargo  de  Fiscal,  que  intervenía  en  todos 
los  actos  jurisdiccionales  y  económicos,  denunciando  abusos  é 
informando  en  todo  cuanto  el  Rector  y  Claustro  pasaran  á  su  dic- 
tamen. Como  las  Universidades,  por  lo  que  toca  á  su  fuerza  y 
autoridad,  dieron  grandísima  importancia  al  poder  y  facultades 
de  la  Silla  apostólica,  ejercía  las  funciones  fiscales,  no  un  letra- 
do seglar,  sino  un  eclesiástico  ó  al  menos  un  ordenado  de  pri- 
ma tonsura,  hasta  que  ya  después  pudo  ser  un  graduado. 
Tuvo  también  algo  de  los  antiguos  cPrimicieros»  de  otras  Es- 
cuelas. 

Se  ocupa  el  título  II  del  Claustro,  formado  por  los  doctores 
que  tenían  la  obligación  de  asistir,  bajo  multa  de  dos  reales 
para  el  Hospital,  después  de  citados  con  cédula.  Formaban  un 
cuerpo  teólogos,  canonistas  y  legistas,  y  los  artistas  otro;  ambos 
discutirían  con  modestia  y  autoridad,  excusando  el  escándalo  y 
guardando  secreto  en  todo  lo  que  hubiere  perjuicio  de  tercero. 
Los  acuerdos  se  tomaban  por  mayoría  votando  con  formalidad, 
sin  entrar  ni  salir;  y  se  disponía  gran  cautela  para  nombrar  co- 
misionados que  saliesen  de  la  provincia  á  negocios  de  la  Uni- 
versidad. El  portero  permanecía  fuera  del  local  de  la  junta  y 
ageno  al  Claustro;  sólo  entraba  el  Notario  de  la  Escuela  que 
redactaba  el  acta. 

Los  títulos  III,  IV,  V  y  VI  se  refieren  á  Cátedras  y  sueldos, 
Horas  y  extensión  de  la  enseñanza,  Profesorado,  jura- 
mentos,  visitas,  sustitutos,  multas  y  asuetos,  Oposiciones 
y  votación  á  cátedras. 

Los  salarios  de  la  Facultad  de  Artes  eran:  Las  tres  cátedras 
de  Filosofía,  45.000  maravedises;  la  de  Matemáticas,  18.750,  y 
la  de  Canto,  6.000. 


—  45  - 

En  Teología:  La  de  Prima,  50.000;  la  de  Vísperas,  30.000; 
la  de  Biblia,  20.000;  la  de  Teología  escolástica,  12.000. 

En  Cánones:  La  de  Prima,  56.250;  la  de  Vísperas,  37.500; 
la  de  Decreto,  18.750;  é  igual  sueldo  la  de  Sexto,  y  la  de  Cíe- 
raentinas,  10.000.  v 

En  Leyes:  La  de  Prima,  56.250;  la  de  Vísperas,  36  500;  la 
de  Digesto  Viejo  y  la  de  Código,  18.750  cada  una;  y  la  de  Insti- 
tuía, 10.000. 

No  eran  las  cátedras  perpetuas  ó  vitalicias,  y  en  un  principio 
duraban  cuatro  años;  el  tiempo  de  «lectura»  variaba  según  las 
épocas  y  estaciones  y  duraba  una  hora  cada  vez.  Por  lo  que 
comprenden  las  asignaturas  se  vé  cuan  distintos  de  los  presentes 
eran  aquellos  programas,  método  y  textos;  pero  marchando  en 
consonancia  con  una  época,  que  daba  más  y  mayor  importancia 
á  las  ciencias  especulativas  que  á  las  prácticas.  Nuestros  lecto- 
res no  habrán  extrañado  la  asignatura  de  Canto,  pensamiento 
muy  útil  á  cuantos  se  dedicaban  á  la  Iglesia. 

Para  la  provisión  de  vacantes  se  fijaban  edictos  por  el  tér- 
mino de  treinta  días;  se  hacían  los  ejercicios  ante  el  Claustro  y 
estudiantes  en  la  primera  época;  y  se  prohibía  á  los  opositores 
negociaciones  ó  diligencias  ilícitas  para  grangearse  votos. 

El  Rector,  Oficiales  y  el  Arca  de  la  Universidad  tenían  dere- 
chos en  estos  ejercicios,  satisfaciendo  una  tercera  parte  los  hijos 
del  Patrono  y,  á  título  de  hermandad,  los  colegiales  de  San 
Pelayo  de  Salamanca  á  petición  de  Tirso  de  Valdés  (1). 

Los  estudiantes  de  14  años  de  edad,  que  habían  ganado  un 
curso  y  constaban  en  matrícula,  tenían  el  derecho  de  elegir,  si 
pasaban  de  cincuenta,  y  si  no,  votaban  los  catedráticos  solamen- 
te. Legistas  y  canonistas  elegían  unidos  en  sus  carreras;  para  la 
soya  y  la  de  Artes  los  teólogos,  pues  en  tutela  de  éstos  estuvo 
siempre  aquélla;  y  teólogos  y  artistas  eran  partícipes  en  votar  la 
de  Matemáticas  y  Canto.  Como  se  vé,  y  nota  La  Fuente,  la  elec- 
ción de  Rector  y  catedráticos  dependía  principalmente,  y  después 
totalmente,  del  Claustro,  evitando  «dejar  los  nombramientos  y 
los  intereses  de  la  Universidad  á  la  turbulenta,  inesperta  y 
sobornable  clase  estudiantil.» 


(0    Archivo  de  U  Universidad.— Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés,  fol.  79  y  180. 


-  46  - 

A  estímulo  y  cumplimiento  de  sus  deberes,  los  catedrá- 
ticos prestaban  anualmente  juramento  y  cada  dos  meses  tenían 
visita  del  Rector  (1;,  que  hacía  información  con  los  discípulos 
é  imponía  las  correcciones  necesarias. 

De  las  Matrículas,  Cursos  y  Grados  versan  los  títulos 
VII  y  VIII. 

:,.  La  matrícula  académica  se  abría  el  día  de  San  Lúeas  y  se 
ratificaba  en  San  Martín,  cuando  el  escolar  juraba  al  Rector 
obediencia  in  licitis  et  honestis;  presentaba  el  estudiante  la 
cédula  de  Gramática  latina  y,  examinado  y  aprobado  para  oir 
ciencias*  pagaba  un  real  al  examinador  y  era  inscrito.  Para  ga- 
nar curso  bastaba  asistir  la  mayor  parte  del  año,  y  en  cada  cá- 
tedra la  mayor  parte  de  la  hora;  pero  quien  saliese  antes  que  el 
catedrático,  perdía  aquella  lección.  Duraba  el  curso  hasta  el  8 
de  Septiembre,  cuyo  período  se  dividía  en  dos  años  escolares:  el 
primero,  desde  la  apertura  en  Octubre  hasta  Pascua  de  Resu- 
rrección, y  el  segundo  hasta  la  Natividad  de  la  Virgen. 

Se  requería  antes  del  grado  de  Bachiller  en  Artes,  apro- 
bar tres  años  de  Súmulas,  Lógica  y  Filosofía;  argüía  un  tri- 
bunal de  cuatro  examinadores  y,  hallando  suficiente  al  aspi- 
rante, le  daba  licencia  para  entrar  al  bachillerato  y  oir  Teo- 
logía. Correspondían  tres  reales  á  cada  juez  por  derechos 
de  examen,  dos  al  notario  y  uno  al  bedel.  Cuatro  años  se  nece- 
sitaban en  Teología  y  cinco  en  Cánones  y  Leyes.  Los  ejercicios 
se  reducían  á  escribir  una  lección  sobre  un  punto  de  estas  facul- 
tades y,  dada  la  aprobación,  se  pronunciaba  breve  discurso  pi- 
diendo el  grado,  que  concedía  el  catedrático  ó  maestro  escogido 
por  el  alumno.  El  depósito  consistía  en  treinta  reales,  cuatro 
para  el  notario  por  la  expedición  del  título,  cuatro  al  bedel  y 
otros  tantos  al  alguacil,  ingresando  el  resto  en  el  arca  univer- 
sitaria. 

Recibían  la  licenciatura  en  Leyes  y  Cánones  los  bachilleres 
que  acreditaban  haber  ganado  cuatro  años  con  pasante  y,  en 
atención  á  que  consumieron  más  tiempo  en  Artes,  tres  se  exi- 
gían á  los  teólogos,  pudiendo  el  Claustro  dispensar  uno  á  los  de 
reconocida  suficiencia  y  también  ¡cosas  de  aquellos  tiempos!  á 

(V     ArvNiro  d<r  ta  l*r>!vrrsivia.: .—  Testamentan*  del  Arr:K>?.-  W.J^,  f.U    ¿V    r  ?4*  —Pri- 
mara xiaita  ca  »4  S«ptx<=ibr*  io.x>. 


-  47  — 

los  que  fuesen  nobles.  Se  votaba  con  habas  blancas  y  negras;  y 
los  puntos  ó  cuestiones  se  sorteaban  en  las  Decretales  para  los 
canonistas,  en  el  Código  para  los  legistas,  y  para  los  teólogos  en 
el  Maestro  de  las  Sentencias.  Los  derechos  consistían  en  dos- 
cientos cincuenta  y  cuatro  reales. 

El  Doctorado,  último  de  los  grados  mayores,  era  simple- 
mente de  honor;  en  su  recepción  se  observaban  las  prácticas 
de  los  Estatutos  y  otras  costumbres  en  que  nos  ocuparemos  más 
adelante. 

El  titulo  IX  se  refiere  á  los  Oficiales  y  dependientes.  Su- 
bordinado al  Rector  estaba  el  Secretario  ó  Notario  con  8.000 
maravedises  de  asignación  y  los  derechos  de  matrículas,  grados, 
claustros  y  jurisdicción  académica.  Debía  ser  (.hombre  honrado, 
de  conciencia  legal  y  de  buena  pluma  y  nota,»  no  del  Gremio 
y  Claustro,  forzosamente  escribano  público  ó  notario  real  de 
estos  reinos  por  ser  judiciales  las  más  de  sus  diligencias  y  ac- 
tuaciones. Con  igual  sueldo,  y  también  con  propinas  y  derechos, 
había  un  bedel,  que  vigilaba  la  asistencia  de  los  maestros,  orden 
interior  de  las  cátedras  y  comportamiento  de  los  alumnos;  un 
alguacil,  con  veinte  ducados  al  año,  y  dentro  de  la  Univer- 
sidad traía  varacon  casquillo;  un  portero,  mozo  de  limpieza, 
con  4.000  mrs.;  y  un  Mayordomo,  administrador  de  las  rentas, 
con  la  correspondiente  fianza. 

En  la  Capilla,  de  que  trata  el  título  X, había  dos  Capellanes, 
que,  con  veinte  ducados  anuales,  decían  misa  diaria  en  el  esta- 
blecimiento, y  un  sacristán  con  3.000  mrs. 

El  titulo  XI,  de  la  Fábrica  de  la  Unicersidad  y  Arca  don- 
de  se  ha  de  echar  el  dinero  que  le  competa,  marcaba  para 
gastos  extraordinarios  el  sobrante  de  36.552  maravedises  anua- 
les, de  los  cuales  aún  se  había  de  sacar  el  pequeñísimo  salario 
del  sacristán.  El  resto  de  tal  partida,  cubiertas  las  reparaciones, 
pleitos  y  más  negocios,  ingresaba  con  otros  derechos  en  el  arca 
de  tres  llaves  que  tenían  el  Rector  y  doctores  más  antiguos. 

Antes  de  pasar  adelante,  daremos  ahora  idea  de  los  prime- 
ros recursos  de  nuestra  Universidad  que  explicarán  algunos  acon- 
tecimientos que  no  tardaron  en  venir.  Al  sostenimiento  de  sus 
fundaciones  dejó  muy  crecidas  rentas  el  Inquisidor  y  hubo,  al 
principio,  para  distribución  y  cuenta  de  las  Obras  pías  varios 


-  48  - 

informes,  dictámenes  y  proyectos  que  ofrecían  alguna  seguridad 
á  los  bienes.  Mas  no  sucedió  así.  Si  estos  fueron  numerosos,  su- 
frieron detrimento  grande  con  dietas  á  los  Consejeros,  gastos 
de  la  prolongada  testamentaría  y,  sobre  todo,  con  la  escandalosa 
dilapidación  por  los  Administradores  y  abusos  del  Patrono  en  la 
elección  de  legados. 

Conocieron  los  albaceas  del  Arzobispo  que  no  eran  suficien- 
tes los  rendimientos  adjudicados  á  la  Universidad,  dada  la  índo- 
le de  las  rentas  sobre  que  estaban  impuestos.  Intentaron  nuevas 
agregaciones  de  las  Obras  pías,  excitados  por  el  Deán  Asiego* 
que,  ante  la  importancia  de  la  Escuela,  sostenía  que  los  ejecu- 
tores del  testamento  podían  adjudicarla  bienes  de  otras  funda- 
ciones. Las  protestas  del  sobrino  del  Fundador  y  reclama- 
ciones del  Colegio  mayor  de  San  Pelayo  de  Salamanca  impi- 
dieron el  aumento  acordado. 

Un  administrador,  D.  Hernando  de  Valdés  y  Salas,  herma- 
no del  Arzobispo,  miró  el  cargo  con  tal  abandono,  ó  quizá  con 
el  pensamiento  de  su  sobrino,  que  salió  alcanzado  ¡en  6.000,000 
de  maravedises!  Al  dar  cuenta  de  su  comisión  D.  Pedro  Boor- 
ques,  participó  á  los  Testamentarios  que  la  esposa  del  adminis- 
trador Miranda  había  vendido  el  coto  de  Lindes  y  un  regimiento 
de  Lena  á  Francisco  Bernaldo  en  mil  ochocientos  ducados  y  que 
el  marido  gaslara  más  de  seis  mil  en  innecesarios  desmontes. 
«Tan  mal  las  rentas,  decía,  que  no  se  sabe  de  quién  sonó.  Otros 
varios  fueron  los  alcances  y  débitos,  dándose  hasta  el  caso  de 
que  un  Gaspar  Espinosa,  defensor  de  las  Obras  pías  con  15.000 
maravedises,  pidiera  7.000  que,  según  él,  se  le  adeudaban  (1). 

Tal  adminisl ración  dio  lugar  á  quiebras  y  pérdidas  conside- 
rables, que  dilataron  la  erección  de  la  Universidad.  Para  poner 
fin  á  tal  desbarajuste,  vino  al  país  el  escribano  real  Juan  de 
Hita,  de  gran  habilidad  y  práctica  en  estos  asuntos  y»  con  la  im- 
portancia de  la  autoridad  del  Consejo,  puso  en  cobro  lo  que  iba 
en  camino  de  perderse.  Tuvo  el  entendido  curial  sus  utilidades 
y  ganancias,  pues  hasta  el  Cabildo  le  dio  trescientos  ducados 
para  activar  las  diligencias  (2). 


(x)     Archivo  de  la  Universidad. —Testamentaría  del  Arzobispo    Valdés,    fols.  5,  r3,  33,  8a, 
90  i  97,  264,  273  y  304. 

(2 ¡    Archivo  de  la  Catedral.— Libros  de  Actas.  Cabildos  de  27  de  Abril  de  1605. 


—  49  ~ 

La  obra  del  edificio  y  su  excesivo  costo,  consumió  gran  par- 
te de  la  herencia,  de  modo  que,  al  abrirse  al  público,  las  rentas 
adjudicadas  para  su  sostenimiento  y  dotación  de  los  maestros  y 
oficiales  se  reducía  á  un  millón  siete  mil  cuatrocientos  setenta  y 
siete  maravedises,  sobre  imposiciones  y  arbitrios  enagenados  por 
la  Corona,  llamados  «juros»  en  la  historia  lastimosa  de  las  in- 
numerables y  caducas  deudas  de  España.  Eran  así: 

Sobre  las  alcabalas  de  la  ciudad  de  Sevilla,  la  renta  m«™w*¡«*. 

anual  de 333.333 

Sobre  aloja,  barquillos  y  nieve  de  Sevilla 90.000 

Sobre  alcabalas  de  la  ciudad  de  Oviedo 250.000 

Sobre  millones  del  mismo  Principado  y  reino  de  León.  23.696 

Sobre  las  salinas  de  la  villa  de  Aviles 199.480 

Sobre  los  puertos  secos  de  Castilla 45.000 

Sobre  las  alcabalas  de  la  ciudad  de  Avila 65.968 

Se  acercaba  el  momento  de  la  apertura,  cuando  los  Albaceas 
en  28  de  Enero  de  1608  dieron  encargo  é  instrucciones  para 
plantearla  al  dicho  Lie.  D.  Pedro  de  Boorques,  sobrino  de  uno 
de  los  testamentarios  y  colegial  del  Mayor  de  Cuenca,  en  Sala- 
manca, que  fué  recibido  en  Oviedo  con  importancia  inusitada  y 
por  todas  las  corporaciones  agasajado  y  distinguido. 

Consultó  el  Sr.  Boorques  varios  extremos  á  los  Consejeros; 
la  Cámara  allanó  dificultades  relativas  á  los  catedráticos  de 
Artes  y  Leyes;  tomaron  posesión  maestros  y  oficiales;  se  deter- 
minó su  asiento  en  el  Claustro  por  antigüedad;  y,  previas  algunas 
disposiciones  para  la  función  religiosa  (1),  llegó  por  fin  el  sus- 
pirado día  de  la  posesión  pública  y  apertura  solemne  de  la  Uni- 
versidad. 

Se  verificó  la  ceremonia  con  lujosa  pompa  en  memorable 
fecha  de  21  de  Septiembre  de  1608,  en  medio  de  alegría  general, 
cuando  de  diversos  puntos  de  la  provincia  acudía  la  gente  á  las 
ferias  y  jubileo  de  San  Mateo,  apóstol  (2). 

La  primera  reunión  del  Claustro  tuvo  lugar  en  22  de  Sep- 
tiembre, bajo  la  presidencia  del  Rector  interino  el  sabio  doctor 
D.  Alonso  Marañón  Espinosa. 


(i)  Archivo  de  la  Universidad.— Testamentaría  del  Arzobispo  Valdéí,  fols.  194,  aa3  y  2^9  . 
Archivo  de  ia  Catedral    Libros  de  Acta*.  Cabildo  de   17  de  Septiembre  de  1608. 

Í2>  Archivo  de  la  Universidad  — Testamentaría  der  Arzobispo  Valdós,  fol.  333  — Véase 
Apéndice  IV. 


_   5o  - 

Los  hijos  del  país,  los  Canónigos  de  la  Catedral  y  los  Maestros 
de  las  Ordenes,  doctores  por  otras  Universidades,  se  apresura- 
ron á  pedir  á  la  ovetense  su  incorporación,  que  fué  admitida  tras 
maduro  examen,  aunque  no  sin  falta  de  benevolencia  por  el  nue- 
vo Claustro.  Uno  de  los  incorporados  fué  el  comisario  Boorques, 
á  quien  se  recibió  con  dispensa  de  propinas  prestando  juramento 
de  o  ser  defensor,  donde  quiera  que  se  hallase,  de  la  Universidad 
de  Oviedo  y  de  no  ir  ni  venir  contra  las  cosas  de  ella,  más  antes 
defenderla  y  ampararla  siempre  do  quiera  que  se  hallara.» 

En  atentísima  carta  de  25  de  Septiembre  de  1608  la  Cor- 
poración dio  las  más  expresivas  gracias  á  los  Testamentarios 
por  haber  planteado  la  Escuela  (1);  con  el  comisionado  intervi- 
no en  otros  nombramientos  y  cambios  de  cátedras  (2);  pidió  in- 
formes al  Prelado  sobre  el  estudio  de  las  de  Leyes;  y  á  los  alba- 
ceas,  por  medio  del  Dr.  Bustos  Breceña,  reclamó  copia  del  testa- 
mento del  Fundador,  á  quien,  con  ayuda  del  Cabildo,  dedicó 
funerales  solemnes  en  5  de  Noviembre  (3). 

Así  en  tan  apartado  territorio  se  abrió  un  modesto  asilo  á  las 
letras  y,  tras  la  noche  de  la  ignorancia,  apareció  el  día  de  la 
ciencia.  Por  ésta  los  hijos  del  país  pudieron  arribar  mejor  á  las 
altas  dignidades  y  fueron  hombres  de  virtud,  más  generalmente 
cultos,  amantes  de  la  justicia  y  buenos  repúblicos.  La  tardía 
época  de  la  aparición  de  nuestra  Escuela  no  fué  aquella  de  tan- 
to renombre  para  las  españolas.  Eran  los  tiempos  de  Fe- 
lipe III,  en  que  se  oscurecía  aquel  sol  de  gloria  que,  reinados 
antes,  lució  para  esta  Nación,  admirada  por  el  mundo.  Enton- 
ces comenzaba  ya  la  decadencia  de  nuestras  Universidades,  en 
parte  detenida  por  Carlos  III  en  la  centuria  siguiente.  Mucho, 
sin  embargo,  se  debió  á  la  constancia  y  aún  á  la  fortuna,  y 
opimos  frutos  se  recogieron  en  las  aulas  ovetenses. 


de  x6o8. 


(i)     Archivo  de  la  Universidad.— Testamentaria  del  Arzobispo  Valdés,  fol.  «83. 

(2)  Id   id.,  fols.  246,  250,  258,  261,  267,  292,  299,  301,  303,  307,  etc. 

(3)  Id.  id,,  fols    368,  405  y  406.— Archivo   de  la  Catedral.  Cabildo   de  x.°  de  Noviembre 


-  s«  — 


CAPÍTULO  III 


Concluye  la  intervención  de  los  Testamentarios  del  Arzobispo  Fundador  en  los 
asuntos  de  la  Escuela. — Dificultades  de  los  Jesuítas  y  de  los  Benedictinos. — 
El  Maestrescuela  de  la  Catedral  de  Oviedo  pide  la  Jurisdición  universita- 
ria.— Se  organiza  el  Hospital  de  Estudiantes. — Primeros  resultados  de  la 
Universidad. —La  penuria  del  Tesoro  nacional  compromete  sus  caudales. — 
Escaseces  del  Establecimiento. — El  certamen  por  el  patronato  diocesano  de 
Santa  Eulalia. — Fundación  del  Colegio  de  San  José.— Reformas  de  los  Esta- 
tutos viejos — Decadencia  de  las  Universidades  eápañolas  á  fines  del  si- 
glo xvn. — La  de  Oviedo  en  este  período.— Estado  de  la  enseñanza  á  causa 
de  la  corrupción  literaria. — Certámenes  literarios  en  las  exequias  de  Feli- 
pe IV  y  en  la  institución  de  la  Cofradía  de  Santa  Eulalia. 


La  primera  época  de  nuestra  Escuela  está  señalada  por  obs- 
táculos é  inconvenientes  varios,  que  salieron  á  su  paso,  aunque 
fueron  dominados  con  diferentes  recursos. 

Abiertas  las  aulas,  para  mengua  de  la  libertad  académica 
seguían  los  Consejeros,  testamentarios  del  Arzobispo  Fundador, 
con  incesante  ingerencia  en  las  funciones  claustrales,  y  perma- 
necía la  Universidad  bajo  la  tutela  absorvedora  de  aquellos  ma- 
gistrados. Aspiraba  á  la  independencia  y  patrocinio  real,  de  que 
gozaban  otras,  y  no  los  hubiera  alcanzado  sin  el  despecho  de  un 
animoso  fraile  y  maestro  que,  en  plena  corporación  dio  la  voz 
de  «¡abajo  los  Consejeros!»  Alentado  el  Claustro,  le  dio  cautelo- 
samente comisión  para  pasar  á  Madrid,  alegando  asuntos  de 
la  Orden,  y  se  puso  tal  maña,  ayudado  de  sus  conventuales,  que 
el  Rey  alzó  la  dependencia  y  el  Padre  recogió  sus  papeles,  vol- 
viendo victorioso  á  Oviedo,  donde  dijo,  al  dar  cuenta,  que  deja- 
ba empeñados  en  la  Corte  sus  hábitos  franciscanos  (1). 

Mayores  fueron  otras  dificultades. 


(i)    Archivo  de  la  Universidad.—  Lib.  de  Actas  —Claustro  de  x6  de  Septiembre  de  x6«o. 


—  52  - 

Nació  la  primera  de  los  hijos  de  San  Ignacio  de  Loyola,  sen- 
tidos de  no  tener  participación  en  las  cosas  de  esta  Escuela, 
como  en  la  de  Valencia  los  del  Colegio  de  San  Pablo  (1).  Pre- 
textaban, que  por  el  bien  de  Dios  y  de  su  Iglesia  y  provecho  de 
los  asturianos,  tenían  diferentes  enseñanzas;  que  á  la  de  Teolo- 
gía Moral  asistían  numerosos  concurrentes  y  que  éstos  mar- 
chaban á  la  Universidad,  donde  con  poco  miramiento  había 
aquella  asignatura  á  la  misma  hora,  naciendo  con  tal  motivo  la 
falta  de  asistencia  á  sus  aulas.  Con  un  simple  cambio  se  atajó 
el  incidente  de  los  Jesuítas  para  ventilar  negocio  de  mayor  inte- 
rés von  otra  comunidad  religiosa,  la  Orden  de  San  Benito,  en- 
tonces y  después  de  muchísima  importancia  en  Asturias. 

En  su  convento  de  Oviedo  y  so  color  de  una  Bula,  que  ase- 
guraba tener,  daba  grados  mayores  y  leía  públicamente  á  no  po- 
cos estudiantes.  En  consistorio  de  nuestra  Ciudad,  el  Abad  bene- 
ríirtinu  P.  Marcilla  participó  en  1601  que  S.  S.  el  Papa  Clemen- 
te VIII  había  accedido  á  la  petición  de  la  Congregación  para 
instituir  una  Universidad  donde  ose  leyesen  ciencias  y  faculta- 
des,» y  pidió  á  la  Justicia  y  Regimiento  se  publicase  el  Breve 
para  noticia  de  la  Capital  y  Principado.  La  Ciudad  no  accedió, 
acordando  que  los  tales  estudios  habían  de  ser  t  particulares» 
por  carecer  de  autorización  Real  como  ya  tenía  la  Universidad 
establecida  en  Oviedo  por  el  Arzobispo  de  Sevilla  (2).  El  Mo- 
nasterio  pretendía  más  y  mantenía  sus  enseñanzas,  aspirando 
á  subidas  prerrogativas  aún  después  de  1608.  Desautorizada  la 
Universidad  acudió  al  Consejo,  y  el  Monarca,  por  Real  Pro- 
visión de  30  de  Mayo  de  1689,  dijo  al  Abad  de  San  Vicente  que, 
+sí  la  Bula  existía,  era  sin  regio  consentimiento  y  la  presentase 
dentro  de  quince  días  bajo  pena  de  10.000  mrs.  para  la  Cáma- 
ra. Salió  á  la  defensa  de  su  Orden  el  ilustre  cronista  Fr.  Pruden- 
cio de  Sandoval  certificando  brevemente,  si  no  la  existencia  de 
la  prerrogativa,  al  menos  sus  Estudios  y  la  publicidad  con  que 
confería  grados  en  Facultad  (3).  A  la  sombra  del  valimiento, 
eludieron  los  benedictinos  la  obediencia  al  augusto  mandato  y  á 


}     Historia  de  Li  Universidad  de  Valencia  por  D.  Miguel  Velasco  y  Santos,  cap.  V. 
>     Archivo  del  Ayuntamiento  de  Oviedo.  — Libros  de  Acuerdos.— 22  de  Agoslo  y  10  de 
Septiembre  de  1601. 

\j]     Archivo  de  la  Universidad. — Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés,  fol,  47  y  48. 


-  53  — 
una  Carta  posterior  que  recibiera  el  Abad.  Mas  la  Universidad 
pidió  pronto  reparo  al  notable  daño  y  perjuicio  que  padecía  y, 
trascurridos  nueve  años  sin  que  los  monjes  presentasen  el  pri- 
vilegio, se  expidió  la  sobre-carta  de  9  de  Abril  de  1618  con  im- 
posición de  la  dicha  multa,  costas  del  litigio  y  prohibición  con- 
siguiente de  conferir  grados. 

Por  entonces  tomó  posesión  del  patronato  honorario  el  In- 
quisidor D.  Juan  de  Llano  Valdés,  tutor  y  curador  de  D.  Fran- 
cisco Valdés  Ossorio;  y  nada  consiguió  el  Maestrescuela  de  la 
Catedral,  que  pidió  la  jurisdicción  universitaria,  como  en  Sala- 
manca correspondía  al  canónigo  de  su  oficio  (1). 

Completando  la  obra  universitaria  se  ultimó  también  y 
se  inauguró  el  Hospital  de  Estudiantes,  que  la  piedad  y  mu- 
nificencia del  Inquisidor  había  dispuesto.  En  Madrid  á  23  de 
Enero  de  1614,  los  Consejeros  albaceas  Juan  de  Tejada  y  Martín 
Fernández  Portocarrero  (pues,  sin  duda,  había  fallecido  Alonso 
Núñez  de  Boorques)  dieron  unas  constituciones  para  el  régimen 
del  dicho  Hospital,  por  auto  ante  el  escribano  Diego  Bentosa.  En 
ellas  disponían  que,  con  el  cargo  de  director  y  padre  espiri- 
tual, viviese  allí  con  retribución  uno  de  los  capellanes  de  la 
Universidad,  que  correría  con  el  gasto  semanal  del  estableci- 
miento; con  un  sueldo  conveniente  establecían  un  enfermero, 
que  habitaría  con  su  familia;  y  recomendaban  mucha  diligencia 
y  esmero  á  los  administradores  para  distribuir  los  caudales  que, 
dentro  de  un  arca  de  tres  llaves,  se  custodiaría  cerca  de  la  uni- 
versitaria en  la  sala  claustral.  En  tal  Hospital  siempre  resistie- 
ron curarse  y.  recogerse  los  estudiantes  y  fué,  por  lo  tanto,  sin 
importancia;  su  casa  y  rentas  se  agregaron  al  Colegio  de  Reco- 
letas en  1768;  pero  todavía  recientemente  en  una  casa,  que  se 
reedificó  en  la  calle  de  Caveda  (antes  Estanco  de  Atrás),  núme- 
ro 4,  había  la  siguiente  inscripción: 

ESTA  CASA  ES  DE  EL  OS 
PITAL  DE  LA  UNIBER 
SIDAD. 

Para  su  sostenimiento  dejó  el  insigne  Arzobispo  50.000  marave- 


(i)    Archivo  de  la  Universidad  de  Oviedo.— Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés,  fol.  352 

y  390. 


-  54  — 

djses  de  renta  á  más  de  la  cantidad  destinada  á  la  adquisición 
de  solar  y  construcción  del  edificio  (1). 

De  este  modo,  con  los  indicados  elementos,  en  plena  autori- 
dad académica  marchaba  la  Universidad  de  Oviedo,  y  ganosos 
de  saber  los  hijos  de  Asturias  y  provincias  vecinas  concurrían 
á  sus  aulas.  Causa  admiración  cómo  fecundaba  su  entendimien- 
to la  fundación  reciente.  No  había  trascurrido  mucho  mas  de 
medio  siglo  de  existencia,  cuando  ya  se  notaba  gran  cultura  en 
el  Clero  y  mucho  lucimiento  de  los  alumnos  en  oposiciones  á 
curatos  y  prebendas.  No  fueron  pocos  los  que  obtuvieron  en- 
segaida  |>1uzí!h  de  la  Inquisición,  destinos  de  gran  importancia 
en  aquella  *  poca,  al  mismo  tiempo  que  maestros  y  discípulos 
ocupaban  algunas  sedes  episcopales  y  otras  altas  colocaciones. 

Y  en  trance  estuvo  de  apagarse  tan  esplendoroso  foco  de 
provincial  cultura  por  profunda  crisis  económica,  que  surgió  de 
tan  revueltos  y  apurados  tiempos  del  descenso  nacional. 

Con  aquel  millón  400.777  maravedises  que,  no  mucho  tiem- 
po después  representaba,  según  liquidación  oficial  de  las  par- 
lidas  testamentarias,  la  tenue  suma  de  31.897  reales,  24  mara- 
vedises, harto  escasa  para  sostener  una  Universidad,  vivía  la 
nuestra,  si  no  con  fausto,  al  menos  con  lustre  literario  y  prove- 
choso, merced  al  entusiasmo  y  patriótico  desinterés  del  Claustro. 

Pero  venían  malos  tiempos. 

Para  mantener  Felipe  IV  su  exigua  y  aparente  grandeza,  con- 
sumía  grandes  caudales  en  desastrosas  guerras  y  en  frivolos 
festejos.  Alimentando  tan  crecidos  gastos  se  consumieron  los 
recursos  del  Estado,  no  se  pagaban  los  juros  y  se  redujeron  sus 
intereses,  á  excepción  de  los  dedicados  al  culto.  Como  el  regio 
Felipe  eran  los  Lermas  y  los  Olivares,  sus  medidas  económicas 
y  el  -nint  tiio  y  poder  de  nuestra  España  decadente. 

'ludo  caminaba  á  la  ruina  y  así  marchaba  la  enseñanza, 
que  silenciosa  y  exánime  vivía  postrada  y  sin  aliento  en  la  Uni- 
versidad de  Oviedo.  Felipe  IV,  sin  embargo,  dejó  comprendidos 


i,á   todas  partes  alcanzaba    la    bienhechora    mano  del    Arzobispo  Valdés  y 

.'Miración,    apunta  Gil    (íonzalez    Dávila    el   siguiente    dato:     «Consta  de    sus 

iiUi  n\  limosna»,   edificios  públicos  y  servicio    de    sus    reyes  sin  contar  socorro? 

:.j    había   cuenta    ni  razón.    1380000  ducados!»   Asombran,  efectivamente,   el 

iiiiM  ti  ícrosidad   de  tan   henifico  asturiano,  como  puede    verse  en  la  lectura   de 

Acuella*  depone  ton  es  testamentarias  donde  comienza  diciendo  que   «había    sido  mucho  pecador 

y  herrado  cu  ni  mocedad.» 


-  55  - 
los  juros  de  esta  Escuela  entre  los  de  las  rentas  espirituales, 
mandando  reintegrarla  las  annatas  vencidas.  Cumplióse  la  pro- 
mesa con  lentitud  y  merma  considerables  y,  por  estas  causas  y 
jubilación  de  algunos  maestros,  hubo  catedrático  de  Prima  que 
apenas  percibía  cincuenta  ducados.  Llegó  á  tal  extremo  la  re- 
ducción de  dotaciones,  que  los  Oficiales  se  guarecían  en  la  casa- 
hospital  de  estudiantes,  solicitando  únicamente  del  Claustro 
algún  auxilio  para  vestir  con  decencia.  Aún  después,  cuando 
declinaba  el  siglo,  pedía  la  Escuela  que  el  Principado  la  favore- 
ciese con  cartas  para  que  S.  M.  mandase  pagar  los  juros  de  sus 
Estudios  (1). 

Así  entre  penurias  y  contratiempos  pasó  el  primer  siglo  de 
la  Universidad  que,  por  otra  parte,  proporcionaba  á  Oviedo  acti- 
vidad literaria  de  que  antes  carecía. 

En  el  año  de  1639  la  Santa  Sede  declaraba  patrona  de  la  Dió- 
cesis ovetense  á  Santa  Eulalia  de  Mérida,  y  hubo  lucidas  fiestas 
con  religiosos  cultos,  procesiones  y  diversiones  profanas,  éstas 
con  cabalgatas  y  mascaradas,  luminarias  y  fuegos,  torneos  y  jue- 
gos de  sortijas  para  nobles  mantenedores  y  aventureros,  danzas 
y  toros.  Una  compañía  de  farsantes  representó  comedias  de 
Monlalvan  y  Calderón  fuera  y  dentro  de  la  Iglesia  Catedral;  y 
«como  no  hubo  lugar  de  componer  comedias  de  Santa  Eulalia» 
se  improvisaron  dos  loas  á  propósito:  una  por  un  Jesuíta  y  otra 
por  D.  Juan  de  Noricga,  Cura  de  Bobes.  En  la  primera  salió  la 
Fama,  concitando  á  la  Iglesia,  Principado,  Ciudad  y  Universidad 
para  regocijarse  con  el  patronato  de  la  virgen  emeritense.  Nues- 
tra Escuela  respondía: 

No  así  arroyo  balbuciente, 
deshecho  en  lenguas  de  plata, 
sus  alborozos  desata 
cuando  nace  de  su  fuente; 
como  en  dicha  tan  presente 
lenguas  á  lenguas  añado; 
que  mi  raudal  plateado, 
si  á  Eulalia  por  fuente  admira, 
ya  presumido  se  mira 
por  mar  de  letras  sagrado. 


'i)    Archivo  de  la  Diputación  provincial.— Actas  de  la  Junta  general  del  Principado:  23  de 
Agosto  de  i68£. 


i 


-56- 

También  manifestaba  la  Universidad: 

Yo,  si  más  reciente  en  años, 
en  afectos  compitiendo 
con  antiguas  pretensiones 
he  epilogado  deseos. 
No  menos  reconocida, 
beneficiada  no  menos 
del  patrocinio  de  Eulalia 
deudas  son  que  las  confieso. 

Y  anunciaba  especiales  festejos  de  este  modo: 

En  puntos  de  ingenio  yo 
daré  cebo  á  los  ingenios 
con  poético  certamen, 
que  ofrece  preciosos  premios. 
Los  que  en  la  fuente  Castalia 
beben  cristales  deshechos 
consagren  versos  á  Eulalia, 
cristalinos,  claros,  tersos. 
Premiaré  delgadas  plumas 
y  será  su  nombre  eterno: 
pues  nunca  podrá  el  olvido 
hacer  agravios  groseros. 
Y  después  que  en  mi  capilla 
rinda  su  senado  al  cielo, 
las  gracias  por  tal  Patrona 
con  prevenidos  acentos; 
Un  alumno  de  los  míos 
en  estilo  grave  y  lleno 
los  parabienes  dará 
á  nuestro  asturiano  Centro. 
Ni  fuegos  me  han  de  faltar, 
pues  en  amor  arde  el  pecho, 
y  es  fuerza  que  de  sus  rayos 
se  originen  otros  fuegos. 

Por  las  loas  y  composiciones  presentadas  al  universitario  cer- 
tamen poético  para  cantar  las  virtudes  de  la  Santa  Patro- 
na en  ocho  temas,  se  vé  cómo  decaía  el  estro  y  hermoso  estilo 
de  nuestra  lírica. 

No  pocos  vates  asturianos  y  forasteros  acudieron  á  la  justa 
y  escribieron  sus  poesías  en  castellano  y  en  latin,  sir>  que  falla- 


-  57  ~ 
sen  geroglificos  y  laberintos,  haciendo  todos  gala  de  saber,  erudi- 
ción y  arte.  Algunos  hijos  del  país  y  de  su  Universidad  escribie- 
ron en  bable  á  la  manera  de  González  Reguera  (Antón  de  Ma- 
rirrcfjuera,  el  príncipe  de  los  poetas  provinciales)  que  envió 
su  obra  en  el  dialecto  asturiano.  Se  otorgaron  numerosos  pre- 
mios á  los  poetas,  miembros  en  su  mayor  parte  de  las  Órdenes 
religiosas  de  la  Ciudad,  algunos  catedráticos  y  estudiantes,  al- 
canzando dos  lauros  D.  Tomás  Serrano  de  Paz  y  cuatro  su  her- 
.  mano  el  Br.  Faustino,  de  familia  muy  distinguida  en  los  anales 
universitarios  (1). 

Y  la  enseñanza  aumentaba  también  en  Oviedo. 

El  doctor  D.  Pedro  Díaz  Oseja,  Arcediano  de  Villaviciosa  en 
nuestra  Catedral,  fundó  en  1662  el  Colegio  de  San  José.  La  mi- 
tad de  los  colegiales  habían  de  ser  de  voz  para  el  servicio  de 
aquella  Iglesia,  otros  estudiarían  Lengua  latina  y  Filosofía, 
y  siendo  aplicados  les  concedía  la  gracia  de  continuar  en  el  Co- 
legio y  seguir  la  carrera  de  Teología  y  Cánones  en  la  Uni- 
versidad. 

En  ésta  hubo  ya,  durante  el  primer  período,  algunas  altera- 
ciones en  sus  Estatutos.  Se  intentó  por  Real  Cédula  modo  de 
que  cesaran  la  forma  de  votar  las  cátedras  y  el  apasionado  juicio 
de  los  cursantes,  disponiendo  que  el  Rector,  catedráticos  y  doc- 
tores votasen  individualmente  en  pliego  cerrado,  agregándose  al 
tribunal  el  Prelado  y  el  Gobernador.  A  los  que  obtenían  la  cáte- 
dra de  Vísperas  y  Prima  se  permitía  la  perpetuidad  y,  como  el 
pago  no  alentaba  el  interesa  oposición,  continuaban  tantos  años 
en  poder  de  sus  maestros,  llegando  el  abuso  á  las  de  Artes,  cuya 
perpetuidad  revocó  la  Real  Cédula  de  12  de  Julio  de  1683,  de- 
clarando que  fueran  trienales.  Las  reclamaciones  aquéllas  ha- 
bían partido  de  los  catedráticos  de  Prima  de  Cánones,  Leyes, 
Teología  y  del  de  Vísperas  de  Cánones  que  pretendían  perpetuar- 
la?, prolongar  el  Rectorado,  variar  oposiciones  y  votaciones  y 


di  «Relación  de  las  fiestas  hechas  en  la  Ciudad  de  Oviedo  en  honor  de  Santa  Eulalia  de 
Mf  rula  por  averia  dado  por  Patrona  al  Principado  de  Asturias  Nuestro  Santo  Padre  Urbano  VIH, 
■:?áicadas  al  llusirisimo  Señor  Don  Antonio  de  Vnldés,  Obispo  de  Oviedo,  Conde  de  Noreña, 
*íel  Con-* jo  de  Su  M agesta d.  Año  MDCXXXIX.» 

\:\  P.  Andrés  Mendo,  Rector  del  Colegio  de  San  Matías  de  la  Compañía  de  Jesús  en  Ovie- 
«i..  fué  el  autor  de  esta  muy  curiosa  relación,  que  poseo,  original  c  inédita,  con  su  firma  y  la  del 
Prelado. 

Véanse  la*  Memorias  históricas  de  Asturias  por  González  de  Posada,  pág.  71;  y  mi  edición 
¿notada  y  aumentada  de  las  Poesías  selectas  en  dialecto  asturiano,  coleccionadas  en  1839  por  el 
labio  Sr.  Cavcda.  (Oviedo,    1887). 


-  5*  - 
otros  cambios,  como  asi  lo  consiguieron  en  1618,  aunque  ense- 
guida lo  derogó  en  1619  el  rey  Felipe  III  por  reclamaciones  tanto 
del  obispo  de  León  D.  Juan  de  Llano  Valdés,  curador  del  joven 
D.  Francisco  de  Valdés  y  Cardona,  caballero  de  Santiago,  pa 
trono  de  la  Universidad  y  Obras  pías  del  Arzobispo  Valdés,  como 
del  mismo  Claustro  en  oposición  á  los  indicados  maestros.  Esto 
fue  base  para  la  reforma  de  Felipe  V  de  que  trataremos  en  su 
lugar. 

Eran  cuestiones  y  asuntos  interiores,  intrigas  de  corpora- 
ción, que  valen  poco  ante  consideraciones  de  mus  trascenden. 
i  i:i.  relativas  al  estado  y  cambios  de  la  enseñanza  y  de  las 
letras. 

Los  últimos  años  del  siglo  xvn,  verdadera  antítesis  délos 
que  constituyeron  el  siglo  de  oro  de  nuestra   literatura,   fue- 
ron funestos   á   España,  que  de  día  á  día   declinaba.  Llegó  la 
ri;i  á  tan  lastimoso  estado  de  postración,  cual  parece  imposi 
\  si  la  historia  no  presentase  el  triste  cuadro  nacional  cuando 
imo  monarca  de  la  casa  austríaca,  en  que  se  mira  apagada 
a  oscuridad  de  la  ignorancia  la  aureola  del  saber  que  brilló 
en  días  de  sus  progenitores. 

ls  causas  de  nuestro  descenso  son  tan  discutidas  como  va- 
ro es  difícil  no  convenir  en  que  la  política  austríaca  más 
05  intereses  dinásticos  qn?  los  nacionales;  que  el  absolu- 
►  i  Estaco  absorvió  la  viíaiila.1    provincial   y   municipal; 
mentó  el  espíritu  aventurero  de  raza  en  incesante  afán 
erras  y  en  ineentiro  á  emigraciones  para  lejanas  tierras 
descubiertas  ó   dominadas.    Se   admitieron,   con    idea- 
fataK  repetí  ios  errores  econbmiej?,  ya  en  la  amortiza- 
extensa  o  intensa  por  el  clero  y  la  nobleza,  ya  dando  toda 
rancia  al   oro  mientras   s?   menospreciaba,  siguiendo 
evV  .:p:u  i^iies.  la  pro:c>;  vi   d;-l  comercio   y  el   ejerci- 
artes  nuvardeas,  tenidas  por  viles  y  deshonrosas,  ya  por 
ai  I.r;  ciando  el  pueblo  vivía  abrumado  por  tributos 
I  ^ro?  y  en  la  despoblación.  Concurrieron  también  otras 
r.v  ;.is,   corno  les  al  usos  del  iv.ier    rvyio   y   nobiliario, 
e.bur.^  d: »;>:.::   so.  ;al   ¡r.aruer.lc.a   en    :\iti¡es  diferen- 
;   :r.e:;:o  del  e;>rcito  llamando  a  ^nb?  esv  vida,  que  des- 
u*a  o;r\>s  carnes  de  traba; o  y  p^vrres-o,  y  otros  hechos, 


-  59  - 
siempre  repetidos  en  la  historia  y  superiores  á  la  voluntad  hu- 
mana, con  los  que  comenzamos  á  bajar  y  á  bajar...  siendo  cada 
día  más  honda  y  cierta  la  decadencia  de  España,  que  el  docto 
académico  Sr.  Canalejas  llamó  magnífica,  sin  duda  porque/entre- 
verada con  ella,  todavía  al  seguir  la  pendiente  tuvimos  interva- 
los de  gloria  y  figuras  de  gran  relieve  en  todos  los  órdenes  de 
cultura. 

Mal  podían  en  aquellos  tiempos  sostener  las  Universidades  el 
acrecentamiento  antiguo,  porque  pesaba  sobre  ellas  una  fuerza 
que  debilitaba  y  afligía  la  inteligencia  de  los  españoles.  Sala- 
manca y  Alcalá  no  tenían  y,  lo  que  es  peor  aún,  no  podían  tener 
aquellas  lumbreras  de  ciencia  que  hicieron  célebres  las  aulas 
donde  resonó  la  voz  de  León  y  Arias  Montano. 

La  causa  de  tamaño  mal  dependió  también  de  la  institución 
del  Santo  Oficio,  de  tristes  resultados  para  la  nación,  uncida  á 
su  yugo.  Pudo  el  Rey  con  la  Inquisición  contener  en  lo  exterior 
el  pensamiento  de  los  subditos  y  conservar  en  su  pureza  el  dog- 
ma de  la  Iglesia,  apartándolos  de  la  guerra  religiosa  europea; 
pero  también  el  Tribunal,  estralimitándose  de  su  verdadero  obje- 
to, dificultó  toda  opinión  libre,  que  tuvo  en  tal  institución  un 
enemigo  tenaz,  inflexible  y  poderoso.  Ella  alimentó  en  España  al 
partido  teocrático,  y  extravió  al  espíritu  nacional  en  exclusiva  di- 
rección con  desdén  para  estudios  útiles  y  prácticos  que  mejora- 
sen las  necesidades  materiales  y  fomentasen  la  riqueza  pública 
de  que  tan  necesitado  estaba  el  país,  pues,  si  no  puede  sostenerse 
en  absoluto  que  la  Inquisición  ahogó  la  ciencia  española,  mal  se 
puede  defender  que  bajo  ella  vivió  libre  y  lozana,  ni  mucho 
menos  (1).  Preciso  fué,  por  consiguiente,  que  las  Escuelas  parti- 
cipasen de  aquella  influencia  é  intolerancia  y  de  la  de  algunas 
Órdenes  monásticas  de  donde  salieron  miembros  principales 
de  dicha  Corporación. 

La  Universidad  de  Oviedo  estaba  en  esta  época,  como  las 
demás  de  la  nación,  sujeta  á  «lecturas»  de  ciencias  limitadas  á 
un  circulo,  que  no  era  dado  traspasar,  excluidos  los  buenos  es- 
tudios del  siglo  anterior,  bajo  el  influjo  de  poderosa  é  indeclina- 


fi)  Véase  á  Llórente,  Rodrigo.  La  Fuente,  Azcánttc,  Revilla,  Luverde,  Alta  mira  y  otros 
escritores,  historiadores  de  nuestra  literatura  y  política,  en  sus  trabajos  sobre  la  Inquisición  en  E«- 
í*ñat  habiendo  tratado  muy  especialmente  esta  materia  el  doctísimo  Sr.  Mcnéndcz  y  Pela  y  o 
rn  L".  Ciencia  española  í  polémicas,  proyectos  y  bibliografía.) 


"M 


'  Mr 


—  6o  - 

ble  autoridad.  Dejáronse  de  enseñar  las  matemáticas  porque  á 
la  muerte  de  su  catedrático,  médico  de  la  ciudad,  todos  las  igno- 
raban por  creerlas  inútiles  y  considerar  únicamente  provechoso 
el  cultivo  de  la  Teología,  Cánones  y  Leyes.  Perdidas  y  extravia- 
das las  Humanidades  por  el  péximo  gusto  que  entonces  domina- 
ba, no  eran  otra  cosa  que  ridículo  conjunto  de  las  mayores  ex-, 
travagancias.  A  los  primores  y  bellezas  de  nuestra  literatura,  si 
guieron  los  extravíos  que  impusieron  las  Escuelas  conceptista 
y  culterana,  difundiendo  una  expresión  literaria  artificiosa  con 
estilo  metafísico  y  exagerado  hasta  el  absurdo;  y  este  mal  gusto. 
introducido  en  el  lenguaje  poético,  infestó  los  escritos  de  di- 
dáctica y  de  los  buenos  hablistas,  viniendo  la  prosa  castellana 
á  lamentable  ruina. 

Para  apreciar  hasta  qué  punto  llegó  en  Asturias  la  decaden- 
cia de  las  bellas  letras,  basta  leer  la  relación  de  las  exequias  que 
á  la  muerte  de  Felipe  IV  celebró  nuestra  Escuela  en  los  días  ló 
á  19  de  Noviembre  de  1665.  Habíale  debido  favor  predilecto  en 
la  conservación  de  los  juros,  consideraba  al  Rey  poeta  como  «a 
su  restaurador  ó  segundo  fundador»,  y  quiso  el  Claustro  «hacer 
presentes  las  lágrimas  que  por  su  sentimiento  verdadero  derra- 
man los  ojos,  los  golpes  que  en  un  pasmo  súbito  faltan  al  cora- 
zón, que  no  se  pueden  evitar  ni  hacer  patentes  á  la  vista»;  y  dis- 
puso funerales  después  de  los  del  Ayuntamiento  «siendo,  como 
dicen  los  filósofos,  el  término  ci  r/uo  de  esta  pompa  la  Ciudad 
y  el  término  ad  qneni  la  Universidad  formando  una  misma 
acción,»  según  expresiones  del  Claustro. 

Con  lujo  y  solemnidad  levantaron  túmulos  y  tumba  regios, 
cubrieron  las  paredes  de  negros  paños  con  motes  y  alambicadas 
inscripciones  alusivas  á  la  muerte  y  «grandeza»  del  monarca, 
que  perdió  á  Portugal  y  fué  padre  del  hechizado  Carlos;  y  hubo 
fúnebre  y  faustuosa  procesión  para  las  vísperas  y  oficio  de  di- 
funtos. Se  abrió  certamen  público  y  se  hizo  un  llamamiento  á 
los  ingenios  montañeses  que  correspondieron  con  epicedios, 
elegías,  epigramas,  epitafios  latinos  y  griegos,  sonetos,  décimas 
ó  espinelas,  redondillas  y  canciones  ajustadas  á  estancias,  pen- 
samientos y  consonantes  forzados,  ofreciéndose  variados  galar- 
dones á  los  vencedores  en  este  literario  palenque.  Es  imposible 
concebir  cómo  á  un  acto  por  su  naturaleza  grave  é  imponente. 


h 


—  6i   — 

convertía  en  bufonada  el  ceremonioso  duelo  por  un  monarca 
español.  La  sentencia  del  certamen  se  dio  en  forma  de  Real 
pragmática:  «D.  Apolo,  por  la  gracia  de  Dios,  emperador  de  la 
luz,  rey  de  los  signos,  archiduque  de  los  planetas,  duque  de  las 
estrellas,  marqués  de  los  tiempos,  conde  de  las  serenidades, 
señor  de  Oriente  y  del  Occidente,  del  Setentrión  y  del  Mediodía, 
de  las  islas  de  Délos,  de  Tenedos,  de  Clasos,  de  las  ciudades  de 
Delfos,  Patara,  Tegyra,  de  los  montes  Helicor,  Pimpla,  Parnaso, 
Citheron,  Pindó  y  Lentico,  de  las  fuentes  Calalona,  Hiproereme, 
Aganipe,  Helecona,  señor  en  el  mar  y  en  la  tierra,  hizo  saber 
«á  la  parte  del  venerable  caballero  D.  Jorge  Manrique,  cónsul 
de  los  poetas  lúgubres  españoles,  para  que  todos  los  poetas  llo- 
ren en  grandes  trenos  y  demás  cantos  lúgubres;  y  las  Academias 
hagan  el  sentimiento  que  suelen  en  semejantes  actos  de  tristeza 
en  la  muerte  del  Príncipe  mas  dilecto  suyo»  etc. 

Fueron  jueces  el  Arcediano  de  Villa  viciosa  Rector  La  Cone- 
ja, el  Dr.  D.  Faustino  Serrano  de  Paz,  catedrático  de  Prima  de 
Leyes,  el  Predicador  P  Uría,  el  Arcediano  de  Gordón  D.  Diego 
de  Valdés  Bango,  el  P.  M.  Fr.  Plácido  de  Quirós,  catedrático  de 
Vísperas  de  Teología  y  Abad  de  San  Vicente,  y  fué  Secretario  el 
Dr.  y  M.  D.  Manuel  Serrano  de  Paz,  autor  de  latino  cartel  de  lla- 
mamiento, que  pronunció  además  inaugural  y  altisonante  ora- 
ción panegírica  ó  epitafio,  rematada  con  referencias  á  la  Odisea 
y  esta  octava: 

Esto  cantaba  Homero  de  su  Aquiles 
y  esto  nuestra  Academia  de  Felipe, 
convocando  los  cisnes  juveniles 
á  bañarse  en  las  aguas  de  Aganipe: 
el  Parnaso  remoce  sus  abriles, 
el  tiempo  al  aflo  flores  anticipe, 
para  que  asistan,  cultas,  no  confusas 
á  coronarle  el  coro  de  las  musas. 

Los  temas  fueron  varios:  «Llanto  por  la  muerte  de  S.  M.  en 
tiempo  tan  inoportuno»,  «Quejas  contra  la  muerte  por  haber 
arrebatado  tan  temprano  al  Monarca»,  «Regio  epitafio»,  «Vio- 
lencia de  la  muerte  en  no  eximir  á  nadie»,  «Desconsuelo  de  Es- 
paña,© *  Sentimientos  y  lágrimas  justas»,  «Grandes  é  infinitas 
virtudes  del  difunto  Príncipe,»  y  «Dos  estrellas  que  precedieron, 
una  al  nacimiento  y  otra  á  la  muerte  del  gran  Rey.» 


— .    62    — 

Se  otorgaron  muchos  premios  y  menciones.  Alcanzó  cinco 
el  Dr.  Francisco  de  la  Pola  Arguelles,  arcediano  de  Benavente 
y  catedrático  de  Decreto;  tres  D.  Antonio  de  Valdés  Ramírez,  el 
Lie,  Diego  González  Arguelles,  rector  del  Colegio  de  San  Gre- 
gorio, y  el  Lie.  Antonio  Alvarez;  dos  D.  Tomás  Serrano  de  Paz, 
catedrático  de  Prima  de  Cánones,  que  demostró  su  pericia  en  el 
griego,  Lie,  Juan  Ordóñez,  D.  Jóse  Muñiz  Miranda,  D.  Dionisio 
H.  de  Güiros,  PP.  Fr.  Pedro  de  Barcena,  y  Fr.  Gerónimo  Bazán, 
benedictinos,  colegiales  de  San  Vicente,  D.  Alvaro  Dasmarinas 
Pu  marino  y  el  Lie.  Tomás  Núñez;  uno  D.  Antonio  de  Llanes 
Campomanes,  Lie.  Pedro  Alvarez  de  Navas,  Dr.  Diego  de  Sierra 
Valcarce,  catedrático  de  «Vísperas  de  Leyes*,  Dr.  Toribio  Sola- 
res, Francisco  Arguelles  Lorenzana,  PP.  Fr.  Gregorio  Ruiz  y 
Benito  de  Loyola,  benedictinos,  colegial  de  Celorio,  Lie.  José 
de  Salís,  D,  Gregorio  Ramos  de  Posada,  D.  Tomás  de  la  Cruz 
llenera,  D.  Felipe  Bernaldo  de  Quirós,  caballero  de  Santiago. 
Pedro  Fernández  Palacio,  Juan  González  Paredes,  D.  Sebastián 
López  de  Castro,  D.  Antonio  Menéndez,  D.  Alvaro  de  Nava,  Mel- 
chor Rodríguez  de  Miranda,  José  Muñoz  Miranda,  Lie.  Juan 
Conlreras  y  D.  Francisco  Antonio  Bernaldo  de  güiros.  Sus  di- 
ferentes composiciones  son  interesantes  datos  para  formar  idea 
del  lastimoso  estado  de  nuestra  literatura  y  de  los  extravíos  de 
aquellos  ingenios.  De  lo  más  aceptable  son  las  espinelas  donde 
se  glosaba  este  texto: 

Si  el  Sol,  que  á  nuestra  región 
daba  luces,  hoy  se  ve 
en  su  ocaso;  bien  es  qué 
noche  bista  el  corazón. 

Para  el  último  tema  se  pedía  («relación  de  la  pompa  funeral 
universitaria.»  Uno  de  los  premiados,  José  Villamayor  y  Vivero 
describió  las  exequias  dispuestas  por 

La  Universidad  de  Oviedo 
(sobre  el  elogio  á  su  nombre, 
pues  le  afianzan  sin  riesgo 
sus  Numas  y  sus  Doctores  ) 

Ulro,  D.  Juan  de  Contreras,  escribió  sobre  lo  mismo  y  en- 
salzando a  nuestra  Escuela,  decía: 


_ 


-  63  - 
Academia,  en  que  el  Gobierno 
hallar  podrá,  si  los  busca, 
fértil  copia  de  Licurgos, 
feliz  cosecha  de  Numas; 
Academia,  digo,  madre 
de  tales  hijos  fecunda, 
que  ya  por  ellos  con  Grecia 
osa  competir  Asturias. 
Llega,  y  de  sus  ediñcios, 
al  funesto  son  que  escuchan, 
titubearon  las  torres, 
zozobraron  las  columnas. 
• 

En  otro  asunto  se  premiaron  oGeroglíficos»  alusivos  á  las 
grandes  virtudes  de  Felipe  IV  por  la  Institución  del  Jubileo  de  las 
Cuarenta  Horas,  Defensa  de  la  Pura  Concepción  de  la  Virgen, 
otras  devociones  y  prendas,  siendo  laureados:  el  P.  Fr.  Ambro- 
sio Guerrero  y  los  mencionados  Pola  Arguelles,  Núñez  y  Mu- 
ñiz  Miranda. 

El  sermón  de  las  honras  no  desmereció  de  la  estrambótica 
llamada  del  dios  D.  Apolo;  y  era  el  orador  catedrático  de  Prima 
en  Teología  y  maestro  de  la  Orden  de  predicadores  de  la  ciu- 
dad, el  R.  P.  Fr.  Francisco  de  Uria.  Pronunció  su  discurso  en 
medio  de  escogido  auditorio,  pues  estaban  allí  los  caballeros  del 
Principado,  Obispo,  Clero,  Ayuntamiento,  el  Claustro  con  lar- 
go caperuzón  negro  y  cola  al  rastro,  en  señal  de  riguroso  luto, 
no  faltando  los  estudiantes  con  manteos  caídos  y  quitadas 
las  toquillas  de  los  sombreros.  Y  decía  el  campanudo  orador, 
uno  sin  duda,  de  aquellos  á  quienes  el  P.  Isla  dedicó  su  famoso 
libro:  o  Hoy  esta  Universidad  ilustre,  de  su  mismo  nombre  alen- 
tada, de  su  obligación  impelida  y  de  su  natural  y  leal  afecto 
dulcemente  obligada,  para  que  no  quede  camino  por  donde  no 
corra  el  llanto  y  para  que  no  quede  llanto  que  no  busque  singu. 
lar  camino,  llore  todo  el  mundo  y  llore  esta  Universidad  lastima- 
da. Y  tocando  el  arma  á  las  lágrimas  y  suspiros  en  certámenes  y 
<:ompetencias  tiernas,  expone  al  sentimiento  lo  más  florido  de  la 
juventud  en  sus  hijos,  lo  más  atento  de  la  prudencia  en  la  vene 
rabie  ancianidad  de  sus  decanos,  doctores  y  maestros,  ejerci- 
tando en  sus  endechas  todas  las  lenguas;  avivando  en  sus  proe- 
zas todos  los  ingenios;  dedicando  á  sus  virtudes  todas  las  habili- 


-  64  - 

dades;  convidando  á  las  tristes  canciones  todas  las  musas  y 
consagrando  á  sus  exequias  todas  las  cátedras,  para  que,  con- 
vertidas en  túmulos,  todos  los  artistas  dispongan  ya  sus  silogis- 
mos de  sollozos,  averigüen  sus  leyes,  nombre  y  obligación  y 
guie  la  Teología  todo  nuestro  fervor.  Aquí  tiene  el  gramático 
asunto  para  las  voces,  el  retórico  para  la  elegancia,  el  lógico 
para  el  discurso,  el  filósofo  para  los  afectos  del  corazón,  el  ju- 
rista para  la  constancia  de  la  voluntad,  la  Sagrada  Escritura 
para  la  firmeza  de  la  fé  y  para  el  católico,  en  todo  la  Teología. 
Todo  esto  hay  que  llorar,  todo  esto  hay  que  celebrar  en  la  oca- 
sión presenten.  De  este  modo  entendía  el  catedrático  Uría 
la  forma  y  oposición  de  la  oratoria  eclesiástica  más  extraviada 
en  otras  partes,  pues  en  la  corte,  ante  el  Rey,  se  predicó  por 
entonces  de  Nuestra  Señora  de  Covadonga  en  forma  de  alegato 
jurídico  \\  cotí  pruebas  y  réplicas  forenses,  se  probaba  por  qué 
la  Virgen  del  A  use  va  había  preferido  aparecer  y  habitar  de  se- 
rrana en  las  agrestas  montañas  de  Asturias. 

Las  precedentes  noticias  son  breve  y  sucinto  extracto  de 
muy  curioso  libro  (1)  que  por  falta  de  imprenta  en  Oviedo  se 
estampó  en  Madrid  precedido  de  singulares  dedicatoria  y  carta 
del  Claustro  para  la  Reina  Gobernadora.  Pasó  á  la  Corte  en 
J  666  el  P.  M.  Fr.  Juan  de  Llano,  de  la  Orden  de  Santo  Domingo, 
priiniciem,  catedrático  y  maestro  más  antiguo  de  la  Universidad 
en  audiencia  especial,  fué  presentado  á  SS.  MM.  por  el  Conde 
i\v  Miranda,  duque  de  Peñaranda  y  patrono  de  la  Universidad, 
acompañado  por  los  caballeros  asturianos  Marqués  de  Valde- 
carzana  y  Conde  de  Toreno,  formando  vistosa^  comitiva  en  seis 
carrosas  lujosas  para  entregar  en  el  Real  Palacio  ejemplares  de 
la  Relación*  La  Reina  D.R  María  los  recibió  cconel  manto  alto,» 
singularidad  que  notaron,  pues  en  las  demás  audiencias  desde 
la  muerto  del  Rey  recibía  con  el  manto  echado  hasta  la  cinta, 
manifestando  que  «estimaba  mucho  la  lealtad  de  la  Universidad 
y  se  dalia  por  bien  servida, »  así  como  el  niño  Rey  Carlos,  que 
estaba  nm  su  aya  la  Marquesa  de  los  Vélez,  acojió  o  con  mucho 


i-    as  Exeqvias  qvc  en  la  mverte  del   Rey  nvestro   Señor  D.  Felipe    Qvarto 

*  Etpaña*  y  Emperador  de  las  India»  h.zo   la  Vniversidad  de  Oviedo  en  el 

,    \  i  .     ,,  —Ofrécela  e.i  la    Real  Mano   de    la  Rey  na    nvestra   señora    doña  Maria 

An,i  Je  AiiAlria,  G^ueniadura  dc*los  Reynos   La    misma  vr.iuersidad.—  Ea    Madrid.  —Por    Pablo 

\       I :  ¡ 


-  65  - 

agradoo  al  representante  del  Claustro  ovetense  con  sus  linaju- 
dos y  religiosos  acompañantes. 

Corre  parejas  con  el  referido  Certamen,  otro  también  cele- 
brado en  Oviedo  dos  años  después  para  solemnizar  la  institu- 
ción de  la  Cofradía  de  Santa  Eulalia  de  Mérida,  patrona  de  la 
Diócesis;  y  fué  dispuesto  todo  con  grandes  fiestas  religiosas,  pro- 
fanas y  literarias.  Estas  fueron  presididas  por  un  tribunal  com- 
puesto por  el  R.  Obispo  Sr.  Espinóla,  D.  Carlos  de  Villamayor, 
gobernador  del  Principado,  el  Arcediano  D.  Fernando  de  Estra- 
da, el  Regidor  D.  Sebastián  de  Vigil  Bernardo  y  otro  Regidor 
D.  Alvaro  Dasmarinas,  como  defensor  y  fiscal,  funcionando  de 
secretario  el  santiaguista  D.  Felipe  Bernaldo  de  Quirós,  literato 
distinguido  en  aquellos  decaídos  tiempos. 

Este  escribió  poética  y  altisonante  oración  panegírica  lla- 
mando á  los  vates  para  cantar  en  ocho  temas,  con  géneros  dife- 
rentes, la  vida,  virtudes  y  milagros  de  la  Santa,  encendiendo  la 
devoción  provincial,  y  con  otra  composición  cerró  el  certamen 
felicitando  á  los  laureados,  cuyas  obras  se  publican  en  intere- 
sante libro  regional  (1). 

Entre  la  gente  universitaria  figuran  los  doctores  Serrano 
de  Paz  (D.  Faustino  con  cinco  poesías,  D.  Manuel  con  cuatro  y 
con  una  D.  Tomás),  D.  Esteban  González  de  Candamo  y  Hevia 
con  tres,  I).  Antonio  de  Llanes  Campomanes  con  dos  y  el  arce- 
diano D.  Andrés  de  Llanes  Estrada  con  una.  Siguen  Lie.  Melchor 
González  de  Naranco  y  Junco  con  dos  y  D.  Francisco  de  la  Pola 
Arguelles  y  Br.  Pedro  Palacios  Arguelles  con  una.  De  la  Orden 
benedictina,  fueron  los  PP.  Fr.  Pedro  de  la  Barcena  y  Fr.  Diego 
Pérez  de  Castejón  con  cuatro  composiciones  cada  uno,  Fr.  José 
Moro  con  tres,  Fr.  José  de  Artiaga,  Fr.  Benito  de  Armia  con  dos 
y  Fr.  Domingo  Gutiérrez  con  una,  perteneciendo  estos  dos  últi- 
mos a  1  Colegio  de  Cornellana,  así  como  obtuvo  galardón  ex- 
traordinario Sor  Bernarda  Arguelles,  del  Real  de  la  Vega  de 
Oviedo.  Delcistersiense  de  Valdediós  presentó  tres  obras  Fr.  Án- 
gel del  Águila;  y  cuatro  la  Compañía  de  Jesús,  sin  revelar  el 
nombre  de  los  autores.  De  la  Colegiata  diocesana  de  Arbás  se 


íi)  •Certamen  pr>¿:ic>  á  la  glorios  i  Virgen  y  máriyr  Santa  Eulalia  de  Mérida,  p.Uiona  del 
Obispal.)  y  ciudad  de  Ouiedo  y  del  Principado  de  Astvii.is,  con  el  compendio  de  sv  milagrosa 
v.<ia,  p>r  í).  Felipe  tícrnaldu  de  (Juirój  y  Ueuavides.—  Con  licencia. — Valladolid  — Por  Incs  de 
Uredu.  -Añu  de  1667 — a.v* 


—    66  — 

distinguieron  el  canónigo  Juan  de  San  Pelayo  y  el  abad  D.  Mar 
eos  Bravo  de  la  Serna,  á  quien  llaman  el  «Marcial  montañés, 
Garcilaso  castellano  y  Terencio  español.»  Y  entre  otros  autores 
de  versos  están:  D.  Dionisio  Bernaldo  de  Quirós  cinco  veces; 
tres  Jost*  de  Solís  Valdés;  y  una  D.  Alvaro  Dasmarinas,  D.  Gon- 
zalo de  Peón  Vigil,  D.  Antonio  de  Noriega,  D.  Bartolomé  de  la 
G randa,  D.  Ignacio  de  Granda  Valdés,  Lorenzo  Palacio  Vigil, 
D.  Francisco  de  la  Concha,  D.  Juan  Ordoñez  Campomanes, 
Francisco  Arguelles,  D.  Benito  Montes  Vigil,  D.  Andrés  de  Villa- 
mayor  y  Vivero,  D.  Juan  y  D.  Felipe  Bernaldo  de  Quirós,  D.  Die- 
go Rato  Hévia,  Regidor  D.  Pedro  de  Valdés  Prada,  D.  Alvaro 
Díaz  de  Miranda,  D.  Antonio  González  Candamo  y  Pedro  Fer- 
nández de  la  Rivera.  Las  obras  todas,  unas  premiadas  y  otras 
simplemente  publicadas,  acusan  forzada  inspiración,  conceptuo- 
sa forma;  y  en  algunas  hay  pujos  de  erudición  en  notas,  aposti- 
llas y  comentarios. 

Por  tales  «Relaciones»  se  puede  juzgar  del  gusto  literario 
que  dominaba  y  deducir  cuan  embrollada  é  indigesta  sería, 
bajo  su  influencia,  la  universitatía  enseñanza. 

Pero  una  cuestión  tan  importante,  y  de  tan  directa  relación 
con  el  objeto  de  esta  historia,  merece  ser  tratada  separada- 
mente. 


-67  - 


CAPÍTULO  IV 


Antiguos  planes  de  estudios  de  las  Universidades  españolas.— Estado  de  la  en- 
señanza en  la  de  Oviedo  durante  el  siglo  xvii.—  Facultad  de  Artes. — De 
Teología. — Influencia  de  las  Órdedes  religiosas. — Los  Jesuítas  logran  entrar 
en  el  Magisterio.  —Tomistas,  Suaristas  y  Escotistas.  —  Sus  disputas  y  desórde- 
nes.—Controversias  llevadas  con  rigor  á  los  actos  académicos. — Inconve- 
nientes de  aquel  método.— Facultad  de  Cánones.  — La  de  Leyes.  —  Conside- 
raciones generales  sobre  los  estudios  y  enseñanzas.  —  Últimos  años  del 
siglo  xvii. 


Ningún  plan  ó  sistema  seguro  de  estudio  había  primeramen- 
te en  las  Universidades  nacionales,  y  era  muy  varia  la  enseñan* 
za,  abandonada  á  la  voluntad  del  Fundador  ó  de  sus  patronos  y  á 
los  recursos.  Dentro  de  una  misma  Universidad  tampoco  había  un 
orden  fijo  de  instrucción,  estableciéndose  diversas  cátedras  de 
autores  diferentes,  según  el  espíritu  de  escuela.  Puede  decirse 
que  había  libertad  de  enseñanza,  aunque  limitada  y  circunscrita 
á  las  ideas  de  la  época  respecto  á  los  grandes  maestros  y  sus 
libros,  considerados  en  aquellos  días  como  el  último  esfuerzo,  el 
non  plus  ultra  de  la  ciencia.  Se  sabía,  pero  no  se  examinaba; 
y  con  sumisión  ciega  é  incondicional  á  determinadas  doctrinas, 
se  creaban  banderías  en  el  campo  de  las  letras,  engendradoras 
de  rivalidades,  odios  y  desórdenes  estacionando  la  ilustración  y, 
dentro  de  las  Universidades,  las  Facultades  y  sus  estudios.  Mu- 
cho contribuyeron  á  ello  el  absolutismo  del  Estado  y  la  prepon- 
derancia de  la  Iglesia  para  sostener  su  respectivo  poder  por 
la  enseñanza,  pues  conocían  perfectamente  que  instruyendo 
los  hombres  á  su  manera  consigo  los  tenían  y  á  sus  fines  los  lle- 
vaban. Sucedía  completamente  lo  mismo  que  en  tiempos  mo- 
dernos después  de  la  secularización  en  que  cuando  la  sociedad 
civil,  ilustrada  y  progresiva,  alcanzó  la  dirección  de  la  enseñan- 


-   68  — 

88,  desde  entonces  más  completa  y  mejor  reglamentada,  recupe- 
ró la  soberanía  y  aseguró  la  libertad.  Ya  no  se  sostiene  la  cien- 
cia en  perenne  statu  quo.  como  cuando  los  maestros  explica- 
ban únicamente  la  opinión  de  determinados  autores  ven  algunos 
estatutos  fc  leía:  o  Ordenamos  qne  cada  uno  de  los  catedráticos 
tenga  obligación  de  explicar  en  la  materia  que  leyere  la  mente 
del  autor  titular:  el  catedrático  de  Aristóteles,  la  mente  de  Aris- 
tóteles, el  catedrático  de  Santo  Tomás,  la  mente  de  Santo  To- 
más, el  catedrático  de  Escoto,  la  mente  de  Escoto,  y  así  los 
demás»  (l). 

Concretemos  más  estos  extremos  en  la  Escuela  de  Oviedo. 

Comprendía  la  Facultad  de  Artes  los  estudios  filosóficos  y 
matemáticos.  Considerados  como  preparatorios  para  las  Facul- 
tados mayores,  estuvieron  poco  adelantados  y  en  escasa  conside- 
ración porque  se  aspiraba  á  ser  teólogo,  jurista,  médico,  etc., 
pero  difícilmente  filósofo  y  matemático.  Por  otra  parte,  no  debe 
ocultarse  que  conteniendo  las  Artes  muchos  de  los  estudios  ac- 
tuales de  Segunda  Enseñanza,  eran  de  gran  cuidado  en  época  re- 
celosa; nadie  entraba  de  lleno  en  materia  expuesta  á  tristes  pe- 
ripecias, y  pocos  tenían  valor  para  arrostrar  graves  consecuen- 
cias. 

Encerrados  los  artistas  en  perniciosa  dialéctica,  que  venia  de 
muy  lejos,  atormentaban  la  doctrina  de  Aristóteles  con  aquella 
gerga  teológico  escolástica  á  que  la  habían  reducido  el  Jesuíta 
Rubio  y  el  Kraciscano  González  de  la  Peña.  Con  fórmulas  deter- 
minadas, explicaban  los  medios  de  alcanzar  d  pripri  los  acci- 
dentes de  ta  razón,  precisando  la  verdad  en  el  apretado  círculo 
de  un  breve  silogismo,  atormentando  frecuentemente  en  el  lecho 
de  Procusto  ta  misma  razón  que  trataban  de  determinar.  Llega- 
ron u  familiarizarse  con  este  método,  y  aún  en  el  siglo  pasado 
se  ha  visto  el  lucimiento  conque  algún  Padre  Maestro  de  las  Ór- 
denes religiosas  y  teólogo  consumado  manejaba  la  argumenta- 
rían silogística  con  tanta  rapidez  y  fortalecía  sus  razones  con 
tan  briosos  ademanes  y  esfuerzos  de  pulmón,  que  al  hombre  de 
claro  discurso  parecía  imposible  pudiera  concertarse  en  el  padre 
disputador  la  condición  reposada  y  necesaria  para  averiguar  lo 


fri  fiuÉrtucisn  ful- tica  rv  Effiiñ<y,  por  D.  Antonio  Gil  y  Zarate,  tomo  II,  cap,  IV. 


-  69   - 

cierto.  Aguzadas  así  las  facultades  intelectuales,  cada  regla, 
aún  en  la  moral  práctica,  estaba  sujeta  á  suspicaces  y  acalora- 
das controversias;  defectuoso  gimnasio  que  describe  el  novelista 
de  Gil  Blas  de  Santillana  en  los  siguientes  términos:  «Apliquéme 
después  á  la  lógica,  que  me  enseñó  á  discurrir  y  á  argumentar 
sin  término.  Gustábanme  mucho  las  disputas  y  detenía  á  los  que 
encontraba,  conocidos  ó  no  conocidos,  para  proponerles  cues- 
tiones y  argumentos.  Topábame,  á  veces,  con  algunos  manteis- 
tas que  no  apetecían  otra  cosa,  y  entonces  era  el  oirnos  disputar. 
¡Qué  voces!  ¡qué  patadas!  ¡qué  gestos!  ¡qué  contorsiones!  ¡qué 
espumarajos  en  las  bocas!  Más  parecíamos  energúmenos  que 
filósofos»  (l). 

Y  no  era  posible  introducir  novedad  alguna  en  tan  vicioso 
sistema,  pues  habiéndose  establecido  en  1700  en  Sevilla  una 
Academia  literaria  á  la  que  concurrían  algunos  holandeses  agi- 
tando conclusiones  de  filosofía  y  de  física  experimental,  sobre- 
cogida la  Universidad  hispalense,  apellidó  funesta  una  enseñan- 
za que,  según  ella,  combatía  las  escuelas  de  Aristóteles  y 
destruía  las  de  Medicina.  Dio  la  voz  de  alarma  contra  tamaño 
mal,  apellidando  hereges  á  los  académicos,  y  apeló  á  todas  las 
Universidades  para  que  juntas  cuadyuvasen  á  expulsar  de  estos 
reinos  á  los  extranjeros  innovadores.  A  su  llamamiento  corres- 
pondió muy  solícita  la  Universidad  de  Oviedo  elevando  al  Rey 
su  petición  en  defensa  de  la  de  Sevilla.  No  creía  entonces  que, 
dentro  de  breves  años  y  de  su  mismo  gremio,  aparecería  otro 
innovador  de  más  séquito  sostenedor  de  iguales  doctrinas,  que 
predicaría  al  amparo  de  su  cogulla  y  con  la  autoridad  de  cate- 
drático una  cruzada  contra  las  preocupaciones  de  la  enseñanza. 
Para  concluir  la  reseña  de  las  Artes  recordaremos  lo  que  en 
el  capítulo  anterior  hemos  dicho  de  las  Matemáticas,  en  cual 
estudio  se  cemprendían  la  Aritmética,  Geometría,  Geografía, 
Mecánica,  Navegación,  Astronomía,  etc.,  conocimientos  á  los 
que  permanecimos  poco  menos  que  indiferentes  en  el  siglo  xvi^ 
siglo  de  grandes  inventos  matemáticos. 

Explicando  el  dogma  por  igual  sistema,  era  la  Facultad  de 
Teología  un  hervidero  de  contiendas  como  la  de  filosofía.  Una 


(i)     Gil  Blas,  cap.  I. 


—    "C    — 

i  **>  ucúazxí  <:c>rtA&\i\*,  en  on  pc;bkú  ,»>.  más  se  aníeroo  des 
á*u<io  ¿*ta  la*  arrras  *ie  *a  díalec-Crca  y  aquélla  despojan- 
WfA7%  libertad  á  Ia¿  esf^-ulac  iones  fi!->eófica5- 
L*  obra  *te  Pedro  L/>rn:/ardo.  coooeída  por  el  *►  Maestro  de 
r/eiráas*,  era  ana  i^impWz^jfk  de  los  Sanios  Padres,  que 
rió  ¡pan  reputación  desde  el  siglo  xn  hasta  fines  del  pasa- 
k'ioo  de*poé*  el  portentoso  trabajo  de  .Santo  Tomás  íSumma 
rjí<fij  j  no  tardó  en  publicarse  el  übro  de  Joan  Duns,  lla- 
u  f>co!o.  antes  del  de  Suárez.  Con  otros  escritos  de  menor 
mporfaneia,  tal  era  el  estado  de  la  Teología  cuando  aparecie- 
tan  I  ni versídades,  y  los  españoles,  que  podemos  enorgulle- 
ce haber  tenido  ilustres  teólogos  en  el  siglo  xvi,  los  ve- 
mm  decaer  cuando  corría  el  xvn. 

Ijín  Órdenes  religiosas  contribuyeron  á  lamentable  pertur- 
ijn  en  la  enseñanza.  Las  l'niversidades  las  habían  resistido, 
i/o  el  Pontífice  que  la  de  París  abriese  sus  puertas  á  los 
Dominicos  y  después  entraron  las  otras  Congregaciones,  que  no 
lardaron  en  ser  eclipsadas  por  los  Jesuítas.  Hombres  ilustrados, 
'Ji*  ¡v 'arlados  métodos,    habilidosos  y  sabios  llegaron  á  la  cáte- 
dra |*or  armas  é  instrumentos  de  poder.  Varios  en  política,  «ara- 
bldoaoi  por  naturaleza  y  desenfadados  por  costumbre»,  dice  el 
Horno,  tienen  el  vigoroso  mecanismo  de  su  regla  para  do 
minar  Las  Kscuelas  los  combatieron  en  esta  aspiración;  la  Uni- 
Vüiwidad  de  Salamanca  avisó  á  las  demás  en  1627  con  escasos 
rcMtiüiiílos,  pues  poco  á  poco  entraron    formando  Colegios   de 
varia  fortuna  y  nombre  aquí,  muy  sobresalientes  y   completos 
i 'ii  oIioh  países. 

Kn  todas  las  Universidades  procuraban  las  Órdenes  ocupar 
el  Ministerio  con  laudables  circunstancias  y  en  Oviedo,  como 
r  - 1 1  oirás  ciudades,  las  lecturas  de  Teología  pertenecían  á  diver- 
nventos,  que  pagaban  con  privilegios  y  exenciones  de 
congregación  á  quienes  obtenían  cátedra,  no  recibiendo  de  la 
I  'Diversidad  más  que  propinas  de  los  grados,  pues  acrecía  su 
dotación  en  favor  de  los  demás.  Pero  ¿qué  tardaron  en  lie- 
\:n  allí  el  espíritu  de  intolerancia  y  de  ergotismo,  su  afán  de 
disputa»  y  las  sutilezas  de  embrollada  dialéctica?....  ¡Con  qué 
ptilulims  tan  elocuentes  no  describe  estas  luchas  teológicas  de 
las  <)i tienes  religiosas  el  obispo  de  Segorbe  Fr.  Alonso  Cano! 


•  -  7i  — 
Los  Padres  benedictinos,  los  dominicos  y  los  franciscanos 
entraron  desde  luego  en  el  Magisterio  ovetense,  y  únicamente 
á  los  de  la  Compañía  de  Jesús  no  se  les  dab$  participación. 
Mas  con  su  constancia  expusieron  en  1655  la  necesidad  de 
turnar  en  Filosofía  y  lograron  al  fin  su  objeto,  primero  sin  sala- 
rio y  después  con  él,  como  enseguida  lo  alcanzaron  en  Alcalá 
por  el  favor  que  gozaban  con  la  reina  Gobernadora  por  medio 
de  la  influencia  de  su  confesor  el  P.  Nithard  (1). 

Su  venida  completó  el  laberinto  de  los  sistemas.  Los  Domi- 
nicos llevaban  á  las  aulas  las  doctrinas  del  angélico  Doctor,  los 
Franciscanos  sostenían  la  escuela  del  sutil  Escoto  y  los  Jesuítas 
eran  del  séquito  Suarista;  sólo  los  benedictinos,  cuyos  estudios 
han  estado  mejor  dirigidos,  eran  eclécticos  aceptando  á  San 
Anselmo,  San  Agustín  y  Santo  Tomás.  Suaristas,  Tomistas  y 
Escotistas,  Jesuítas,  Dominicos  y  Franciscanos  reconocían  en  el 
fondo  las  teorías  aristotélicas,  y  se  distinguían  en  la  aplicación 
en  razón  al  punto  de  vista  bajo  el  cual  la  miraban  en  su  con- 
cordancia con  los  principios  teológicos.  No  es  de  este  momento 
referir  sus  diferentes  conflictos  y  sus  luchas  tenaces;  en  Sala- 
manca, Valladolid,  Valencia,  Zaragoza  y  otras  Universidades 
dejaron  tristísimos  recuerdos  de  sus  contiendas  literarias,  lle- 
vadas á  las  calles  y  allí  ventiladas  por  la  fuerza.  ¡Doloroso  re- 
sultado de  la  intolerancia,  no  de  amor  puro  á  la  ciencia  é  inves- 
tigación de  la  verdad,  en  que  se  afana  constantemente  la  inteli- 
gencia humana! 

De  las  distintas  opiniones  de  los  catedráticos  participaban 
los  alumnos,  pues,  turnando  aquéllos,  llegaban  éstos  á  ser  parti- 
darios de  la  teoría  que  el  azar  les  presentaba  al  ingreso  en  la 
carrera.  Como  los  hábitos  de  escuela  se  arraigan  fuertemente,  no 
era  posible  la  convición  de  la  doctrina  opuesta,  y  con  la  tenaci- 
dad de  todos  los  secuaces  había  división  profunda  y  lucha  peren- 
ne sin  transacción  y  sin  descanso.  Cada  conclusión  de  las  acade- 
mias, cada  acto  mayor  era* un  palenque  desesperado  y  fatigoso. 
El  argumentante  abría  paso  á  la  contienda  con  el  dilema  obligado 
propositio  tita  falsa  est,  ergo  non  sostinenda;  enseguida  se 
empeñaba  la  disputa;  y  llevaban  el  calor  de  la  argumentación 


(tí    Historia  de  las  Universidades,  por  La  Fuente,  tomo  II. 


—  72  — 

en  términos  y  modos  tan  excesixos,  que  estaba  el  lauro  en  razón 
de  la  congoja  y  cansancio  de  ambos  contendientes  al  sostener 
escuelas  encontradas, 

En  los  ejercicios  para  la  recepción  de  grados  aún  iba  más 
allá  el  esfuerzo,  porque  el  candidato  recibía  una  investidura 
que  daba  importancia  a  tal  6  cual  doctrina.  Como  el  tiempo  del 
ejercicio  era  limitado,  la  prueba  era  excesiva,  apasionada  y 
tan  rigurosa,  que  los  adversarios  asediaban  al  candidato  y  le 
ponían  en  tortura  sin  duelo  ni  compasión.  Hubo  ejemplar,  con- 
servado por  la  tradición,  de  suspenderse  el  acto  ó  examen  de 
capilla,  porque  rendido  el  aspirante  por  el  aturdimiento  y  el  ma- 
reo, quedaba  exánime  y  sin  fuerzas  para  continuar,  tendido  en  el 
recinto,  No  eran  las  aulas  universitarias  el  único  sitio  de  con- 
troversia escolástica,  pues  bastaba  que  se  defendiese  en  los  con- 
venios una  conclusión  bajo  determinada  escuela,  para  que  se 
anunciarían*  palenque  y  los  doctores  de  la  Universidad  y  los 
monjes  de  los  Monasterios  acudiesen  solícitos  y  dispuestos  á 
combatir  del  modo  más  acalorado  y  violento. 

Alguien  sostiene  la  excelencia  de  este  método  de  enseñanza 
contra  la  evidencia  de  sus  defectos;  y  así  nos  expresamos,  por- 
que si  con  aquél  hubo  hombres  exclarecidos  y  maestros  doctos, 
lo  deben  á  sus  buenas  disposiciones,  no  al  régimen  de  tales  es- 
tudios, Vemos  con  dolor,  después  de  tanta  división  y  contro- 
versia, de  tanta  vigilia  y  recogimiento,  que  no  han  quedado  en 
la  historia  literaria  de  la  Teología  y  Filosofía  libros  de  general 
reputación  y  mérito  universal,  como  expositores  ó  como  dogmá- 
licosT  escritos  por  teólogo  español  de  aquella  época.  En  el  ca- 
tálogo de  estas  obras  sólo  se  encuentra  el  gran  trabajo  De  locis 
theologicis  del  ilustre  Melchor  Cano,  libro  que  hoy  conserva 
el  elevado  concepto  de  sus  primeros  años  y  cuyo  autor  se  dolía, 
como  el  que  más,  del  estado  de  la  enseñanza;  las  otras  produc- 
ciones se  deben  á  extranjeros.  Para  probar  al  estudiante  hay 
medios  de  mejores  resultados,  y  por  lo  que  toca  al  de  nuestros 
días,  fuera  de  la  cátedra,  en  la  profesión,  en  la  prensa  y  en 
otros  lugares  es  donde  la  juventud  prueba  el  temple  de  sus  ar- 
mas, puestas  al  servicio  del  progreso  y  de  la  regeneración  de  los 
pueblos  (1). 

kü,  Horno,  Vid  tr  La  Fuente,  Campa,  etc. 


"ateo,*  la'?™*'1  de  '"<•  ínJ'r  ~c* 

Clero    v     *,  Qe  Ios  'etrados  en  el  *a     V    y  ,a  eclesiástica,  v  1« 
mÍr^o5    e^iniodei::' Íh0  fCanÓDÍC°  ^^    1 

Tü  ^o  ^  7 híbído  en  ft,£^0nBento  el  civil,  que  Ho. 
^sas  vari^,  ad0su  cí«»lo  el  JC,s"ero«  en  Alcalá. 
^albarXahtoDeeS,?üa,  ^ribue^^-  f»*»*»  I.  con  es- 
famoso  ZJ^Zn  }Te°log^  ^o  Gral t<>da3  partes-  Lo  que 
obr*  de  mucbfw'  °nde  «^rdando  lo?  n°  6D  Cán°nesc0D su 
<*«*  -e6a^on  V"raCÍ<5n  en  h.  Escueu  anteri°res'  ProduÍ°  ™» 
**»•  Para  ,  °t0nÍ0  ^ustin,  Van  <='  D0  obstante  los  errores 
<^«/es  di  "  C0TpIemento  se  ¿Z^f***  Ba'"™,  Berardi  y 
*ec"*oa  llam  Tñ°'  Rai^undo  d.P  !-  r°n  máS  tarde  ,as  J* 
eo  el  Sis}oZF0  S°lam^  Se  £,****•  ot">  »bro  sexto  de 
<*»aa  y  ení,     En  Su  °r%en  tSíí °'  y  desPué*  las  Oementina* 

sof<*  y  T^^V^^éJS C0Dfusí(in  en  esta  Fa" 

idea«  v  eXD  i,? \aíambicando  el  2  Pernicioso  de  la  Filo- 

^ndoTcn        0,°  t0d0  ^n  oLP.    8amÍent°'  osc"eciendo  las 
5Í,0^cayáTpnfalnd0  <dí?7  de  ulteriores  fines.  C0m 
^^onexcen     P,ÍCació«  YrlViJ^0  ¡&  tentación 
9°e  briliarí    P  ,ODes  honrojf         ón>  °ayeron  en  absurdos  Ti 
caDOn^aT°len  GI  estu*°  de  esra  aIgUD0S  hombres  «n¿S 
coí'ades  n'r  Cüraron  también         C,eDCÍa  (1)'  Los  estudiante 
■fcaS  f.  rqUe'  COlM°  -e  dei       8°ir  *  simultanear  ambas  £? 

Pa^  nyef  es  Co^o  arf  dn     "I"0  a<kgÍ0  acadélní<».  «^ 
rar«eipe  ja  Facult»*?   °  sm  bueyes.»  *    ^^O- 

Si0  *?  eo<-biadUatad  f6  ^  de  «-  extravíos  de  ,as     » 

>  t:  r°*,Ios  d--toresTfr;n  e,sig,oxv"'  ^  C^> 

tos,  Nevaban  díc-  y  letrados,  más  oue  ñ~  \        a%    fe«* 

^  ^  tanta  trl^imT  Caminos  ^eñanl       a  Í^C 

^auto^adas^re?^^  ""*  de  dife-tes  y t  ***  1* 
l!íJUnsconsuItos    Si61  estudioy,loquees  peor  Ls     Ut*>0  J> 
*****.  y  pre^  «  domeño  en  ,a  ffi^  **£ 

fí<*p/ritu  esoaiwf,       tes  Pertu daciones.  *'  ^t^     **' 

__  Panol    marchó  1¡bremente 

•   I—  S«"»a.  Golmayo.  etc. 

L 


—  74  — 

la  reconquista,  creando  á  la  sombra  de  la  victoria  una  nueva 
sociedad  á  quien  servían  de  cimiento  para  su  organización  reli- 
giosa, política  y  civil,  las  buenas  reminiscencias  del  imperio 
godo  con  las  alteraciones  que  aconsejaban  las  necesidades  del 
momento  y  principios  fundamentales  de  romana  doctrina.  Así 
durante  cuatro  siglos  florecieron  los  Estados  castellanos,  antes 
de  reaparecer  exclusivas  y  preferentes  las  letras  de  aquella 
sociedad,  que  no  pudo  sostener  el  pese  de  tantas  glorias  y  la  ex- 
tensión de  su  poderío,  reaparición  seguida  con  entusiasmo  por 
los  amantes  de  las  ciencias.  Los  hombres  de  estudio  se  entrega- 
ron ciegamente  al  culto  de  las  doctrinas  invasoras,  abdicando 
su  nacionalidad,  y  enervando  aquella  marcha  natural  que  es- 
pontáneamente brotaba  con  vigor  en  nuestro  suelo.  Trajo  la  no- 
vedad trilles  consecuencias,  preludio  de  tanta  confusión  para  lo 
porvenir  y,  aunque  opuso  el  Clero  tenaz  y  enérgica  resistencia, 
tuvo  que  recibir  las  prácticas  romanas,  cuando,  por  el  prolon- 
gado apartamiento  de  la  Santa  Sede,  se  pretestó  purgar  el  rito 
godo  y  después  el  muzárabe,  que  tan  pura  é  incólume  conser- 
vaba la  fe.  Para  perder  toda  esperanza  se  recibió  con  ardi- 
miento el  derecho  civil  de  los  romanos.  En  parte  alguna  era  su 
aparición  más  innecesaria  que  en  España  donde,  aunque  preva- 
lecía el  Fuero  Juzgo  y  en  él  entraba  por  mucho  la  legislación 
launa,  en  los  tiempos  á  que  nos  referimos  no  tenía  el  derecho 
mas  fuentes  que  las  necesidades  y  conveniencias  de  actualidad. 
Los  nuevos  Concilios,  Cortes  nacientes,  y  la  legislación  de  fue- 
ros y  cartas  pueblas  se  alejaban  de  la  legislación  goda  y  más 
aún  de  la  romana. 

De  aquí  una  larga  y  prolongada  confusión,  pues  los  juriscon- 
sultos y  eruditos  luchaban  constantemente  por  la  última,  no 
obstante  que  la  legislación  regnícola  continuaba  en  su  primitiva 
tendencia  á  favor  del  romance,  relegada  el  habla  latina  al  sa- 
cerdocio y  á  los  letrados.  En  vano  el  sabio  Alfonso  dio  cima  al 
proyecto  más  gigantesco  de  su  tiempo  formando  en  castellano 
la  elegante  compilación  de  leyes,  más  filosóficamente  eruditas 
de  la  Edad  Media,  porque  semejante  autoridad,  si  fué  admitida, 
cayó  en  desuso,  pese  á  sus  romanas  imilaciones.  Los  hombres 
estudiosos  lograron  sobreponerse  á  sus  contrarios;  las  Universi- 
dades dieron  cabida  al  derecho  romano,  y  éste  tuvo  el  apoyo  de 


-  75  - 
los  monarcas,  cuyo  bello  ideal  era  la  soberanía  que  Triboniano 
y  Ulpiano  habían  explicado.  Las  obras  de  Justiniano,  el  Código 
ó  diferentes  leyes,  las  Pandectos  ó  Digesto,  respuestas  de  los 
jurisconsultos  y  decisiones  imperiales,  y  la  Instituía,  principios 
elementales  de  legislación  para  la  gente  del  foro,  constituyeron 
la  nueva  Facultad  en  distribución  y  orden  diversos. 

Pueden  verse  en  los  Estatutos  viejos  de  la  Universidad  de 
Oviedo  la  manera  y  el  método  de  su  estudio.  De  las  aulas  pasa- 
ron al  Tribunal,  donde  las  leyes  patrias  fueron  aplicadas  por  las 
doctrinas  de  los  glosadores  con  gran  fuerza  de  autoridad,  intru- 
sión limitada  á  Bartolo  y  á  Juan  Andrés,  so  pena  de  perder  la 
causa  el  litigante,  el  abogado  el  oficio  y  el  suyo  también  el  juez 
y  escribano  (1).  Desde  entonces  ya  no  hubo  legislación  ni  estu- 
dio posible,  mas  que  el  derecho  romano  de  Irnerio,  Búlgaro, 
Acursio  y  del  jurisconsulto  francés  Cujacio,  más  eminente  que 
sus  maestros.  Que  el  derecho  patrio  se  había  relegado,  lo  jus- 
tifican cuantos  glosadores  y  comentaristas  aparecieron  en  Espa- 
ña y,  como  queda  dicho,  en  los  Estatutos  de  la  Universidad  de 
Oviedo,  formados  por  dos  Consejeros  de  Castilla  y  sancionados 
por  el  Rey,  nada  hay  que  se  refiera  al  derecho  español.  Código, 
Digesto  viejo  é  Instituía  son,  en  suma,  los  conocimientos  de 
los  que  habían  de  administrar  justicia  y  legislar  en  los  Consejos. 
Y  no  se  crea  que  la  poca  importancia  de  una  escuela  naciente  y 
destinada  al  pequeño  territorio  de  Asturias  fuera  causa  de  tan 
escasos  estudios;  pues  en  Salamanca,  en  la  ínclita  Salamanca, 
se  enseñaba  por  método  tan  incompleto  y  vicioso  como  en 
Oviedo.  El  prurito  de  glosar  y  comentar  confundía  en  vez  de 
exclarecer  y  explicar,  y  en  un  sólo  título  se  pasaba  un  año  con 
mil  y  mil  interpretaciones.  ¿Necesitaremos  indicar  que  á  las  Le- 
yes vinieron  también  los  forzados  recursos  de  la  dialéctica,  si- 
guiendo el  espíritu  que  entonces  dominaba...? 

De  propósito  nos  hemos  detenido  en  algunas  consideraciones 
para  dar  una  idea,  siquiera  sea  aproximada,  de  la  antigua  en- 
señanza. 

Así  vivimos  en  los  últimos  años  del  siglo  xvn,  cuando  no  ha 
mucho  éramos  admiración    y  pasmo  del  mundo  por  la  guerra, 


1.1)    Mesa,  Se m per,  Marina,  etc. 


I 

-  76 


la  ciencia  y  las  artes.  Con  elocuentes  frases  lo  expone  el  Sr.  Gil 
y  Zarate:  «Causa  lástima  nuestFa  patria  cuando  la  consideramos 
á  fines  del  siglo  xrn.  Perdida  nuestra  influencia  política,  venci- 
das nuestras  armas,  repartido  nuestro  imperio  entre  príncipes 
ambiciosos,  despreciados  en  el  orden  intelectual,  sin  prestigio  ni 
consideración  alguna  en  Europa,  nulos  en  el  campo  científico, 
infecundos  en  la  industria,  delirantes  en  literatura,  extravagan- 
tes en  las  artes la  decadencia  es  completa;  y  el  nombre  espa. 

Bol  tan  ilustre  y  venerado  un  tiempo,  no  se  pronuncia  mas  que 
para  servir  de  escarnio.» 


_ 


—  77  — 


CAPÍTULO  V 


Siglo  xviu.  —Muerte  de  Carlos  II  y  advenimiento  de  Felipe  V.— Sigue  la  Uni- 
versidad el  partido  de  este.— Favores  que  le  debe  y  á  los  Consejeros  Pa- 
ranza  y  Argandona.— Estatutos  nuevos.— Penuria  de  la  Universidad  y  arbi- 
trio provincial  de  medio  real  en  fanega  de  sal,  por  protección  de  la  Junta 
general  del  Principado.— Cambios,  aumentos  y  creaciones  en  la  enseñanza 
y  personal. — Cátedra  de  Matemáticas.  —Disposiciones  de  Felipe  V,  Fernan- 
do VI  y  Carlos  III  en  favor  de  la  Instrucción  pública.— Expulsión  de  los 
Jesuítas.— Significación  del  P.  Feijóo,  catedrático  de  la  Universidad  o  veten 
se.— Informe  de  16  de  Octubre  1767.— Leyes  y  Cánones.— Su  Academia.— 
Facultad  de  Teología.— Controversias  de  seculares  ó  manteistas  y  regula- 
res.—Academias  de  Filosofía  y  Teología. — Innovaciones  en  el  antiguo  siste- 
ma de  lecturas. — Examen  y  discusión  de  un  libro  de  texto. — Consejeros  di- 
rectores y  Censores  regios  de  las  Universidades. 


Principiaba  el  siglo  xviu  con  la  extinción  de  la  regia  Casa 
de  Austria  en  España. 

Juguete  de  ambiciosos  cortesanos,  Carlos  II  el  Hechizado 
fué  inconstante  y  fanático,  retrato  fiel  de  su  reinado  desastroso; 
murió  en  l.°  de  Noviembre  de  1700  y  recogió  su  disputada  he- 
rencia el  principe  francés  Duque  de  Anjou,  con  el  nombre  de 
Felipe  V. 

No  tenemos  espacio  para  examinar  aquí  el  cambio  de  dinas- 
tía y  considerarla  en  relación  con  la  cultura  pública;  más  dire- 
mos con  el  erudito  académico  Sr.  Cueto  que,  si  con  el  nieto  de 
Luis  xiv  no  venía  el  esplendor  del  poder  ni  el  iris  de  la  paz,  ve- 
nia, al  menos,  la  luz  de  la  esperanza.  Aniquilado  el  país  por  el 
gobierno  del  último  rey  austríaco,  tuvo  con  el  primer  Borbón 
mayor  ensanche  de  relaciones  con  el  extranjero,  donde,  por 
Felipe  II  estaba  vedada  la  educación  de  los  españoles  (1).  Aún 


Ui    Pragmática  de  22  de  Noviembre  de  1559;  lcg.  x.a,  ttt.  IV,  lib.  VIII,  Nina.  Ron. 


L 


-     78     - 

después  de  una  represión  de  doscientos  años  hubo  alguna  re- 
sistencia á  las  reformas;  pero,  al  fin,  principiaron  en  el  siglo  xvm 
para  ser  ciertas  y  fecundas  en  el  xix. 

Es  sabido  que  en  las  guerras  de  sucesión  siguió  Asturias  el 
partido  de  Felipe  V,  cuando  con  inusitado  entusiasmo  y  decisión 
le  proporcionó  hombres,  armas  y  dinero  y  rechazó  insinuacio- 
nes del  Archiduque  por  conducto  del  marqués  de  las  Minas  y 
conde  de  la  Carzana.  Con  el  cambio  de  dinastía  presintió  la  Uni- 
versidad mejoras  en  su  condición  y  abrazó  la  causa  del  animoso 
monarca  francés  con  invariable  lealtad,  no  obstante  la  incierta 
fortuna  de  los  primeros  años.  A  manera  de  hidalgo  pobre  ó  de 
señor  nuevo,  se  daba  á  sí  misma  el  dictado  de  muy  ilustre 
é  insigne,  y  se  atrevió  á  nombrar  representante  en  las  Cortes 
llamadas  á  prestar  juramento  de  fidelidad  al  Rey,  sin  ver  que  la 
convocatoria  se  dirigía  solamente  á  Salamanca,  Valladolid  y  Al- 
calá, como  Universidades  mayores. 

Se  propuso  con  tal  homenage  hallar  propicio  á  S.  M.  en  la 
confirmación  de  esta  Escuela  y  la  alcanzó  en  momentos  críticos, 
mediando  en  ello  el  marqués  de  la  Paranza  y  el  consejero  Ar- 
gandona,  antiguos  alumnos  del  Establecimiento. 

El  tiempo,  con  su  esperiencia,  pedia  la  modificación  de  los 
Estatutos  viejos,  y  por  el  Consejo  de  ,22  de  Septiembre  de  1707 
dio  Felipe  V  los  Nuevos,  que  no  alcanzaron  la  consideración 
de  los  antiguos,  pues  se  redujeron  á  reproducir  y  derogar  en 
parte  las  apresuradas  reformas  de  Felipe  III. 

En  lo  sustancial  no  variaba  la  organización  antigua  del  Esta- 
blecimiento como  se  nota  comparando  los  respectivos  títulos  de 
ambos  Estatutos.  Los  del  animoso  Rey  francés  fueron  aclara- 
ciones y  modificaciones  de  los  primitivos,  reducidas  á  los  si- 
guientes extremos:  reelección  del  Rector  por  otro  año  más;  su- 
presión de  las  cátedras  de  Digesto  viejo  y  de  Código;  aumento 
de  multa  á  doctores  no  asistentes  á  Claustros;  mudanza  de  horas 
para  que  los  canonistas  simultaneasen  mejor  sus  estudios  con 
los  de  leyes;  celebración  de  conclusiones  anuales  por  los  maes- 
tros y  doctores  de  la  Escuela;  sustitución  temporal  de  catedrá- 
ticos y  multas  por  falta  de  asistencia;  perpetuidad  de  las  cáte- 
dras de  Prima  y  Vísperas  siendo  las  demás  cuatrienales  con 
oposición  ante  el  Rector  y  Claustro  y  votación  también  por  los 


—  79   - 

oyentes  que  acrediten  larga  asistencisr,  ceremonial  de  los  grados 
mayores,  principalmente  para  el  acompañamiento,  insignias  y 
vejamen;  sustitución  del  Notario-Secretario;  acompañamiento 
del  Rector  por  los  oficiales  é  intervención  rectoral  en  el  nom- 
bramiento de  éstos  que  hacia  el  Patrono;  asistencia  ¡que  ingrata- 
mente había  decaído!  á  los  aniversarios  por  el  ánima  del  Sr.  Ar- 
zobispo fundador  en  Iglesia  Catedral  y  Capilla  universitaria,  en 
donde  los  capellanes  no  celebraban  las  misas  que  debían,  y  se 
les  recuerda,  por  lo  que  el  Rector  debía  visitar  la  Capilla  cuando 
las  cátedras;  distribución  de  las  rentas  y  derechos  de  la  Escuela 
por  terceras  partes  para  fiestas  religiosas,  conservación  del 
edificio  y  gastos  en  pleitos  y  comisarios,  disponiendo  una  pe- 
queña arca  más  para  los  derechos  de  grados;  custodia  bajo  tres 
llaves  del  Archivo  académico  en  la  indicada  Capilla  con  el  ma- 
yor cuidado  en  la  entrega  y  saca  de  papeles;  cuentas  anuales 
por  el  Redor  y  Diputados  de  Hacienda,  asistiendo  los  oficiales; 
y  creación  del  cargo  de  Primiciero  con  intervención  en  varias 
de  las  anteriores  disposiciones  y  en  otras  ya  indicadas  en  pági- 
nas precedentes. 

Estas  indicaciones  de  los  quince  primeros  títulos  de  estos 
Estatutos  nuevos  eran  traslado  de  una  Real  Pragmática  de  Fe- 
lipe III  á  12  de  Julio  de  1618,  que  ya  hemos  referido  en  la 
pág.  58;  el  título  xvi  se  refiere  al  recibo  y  acatamiento  de  la 
regia  disposición  en  apresurado  y  poco  concurrido  Claustro 
de  2  de  Septiembre  siguiente;  el  título  xvn  es  otra  Real  Pragmá- 
tica de  17  de  Mayo  de  1619  del  mencionado  Felipe  111  dero- 
gando extremos  anteriores  por  reclamación  del  Obispo  leonés, 
curador  del  Patrono  universitario,  y  de  catedráticos.  Finalmente, 
sobreponiéndose  el  Consejo  á  las  intrigas  personales  y  cuestio- 
nes locales  del  Claustro,  inclinó  el  ánimo  del  Monarca  para  que 
reviviesen  las  Cartas  y  provisiones  regias  de  1618  y  1619,  que 
son  la  parte  sustancial  de  tales  Estatutos  nuevos. 

Continuaba  la  penuria  de  la  Universidad,  y  ésta  aprovechó 
el  regio  favor  con  ayuda  de  la  Junta  general  del  Principado 
solicitando  en  1733  el  arbitrio  de  medio  real  en  fanega  de  la  sal 
consumida  en  Asturias,  concedido  á  la  Catedral  para  reparar  la 
bella  torre  gótica,  arruinada  en  1722;  caducaba  entonces  (1730) 
y  en  vista  de  sus  cortos  medios,   pedía  ese  rendimiento  para 


V 


—  8o  — 

restablecer  cátedras,  crear  'otras  y  dotar  mejor  las  antiguas,  que 
lo  estaban  muy  pobremente.  A  las  necesidades  primeras  acudió 
la  Provincia  con  6.000  reales,  cuando,  para  apoyar  la  pretensión 
nombró  comisarios  y,  con  los  del  Claustro,  hizo  el  arreglo,  al- 
canzado que  fué  el  arbitrio,  por  Reales  Cartas  de  22  de  Octubre 
de  1734  y  16  de  Julio  de  1736.  Fueron  aquéllos  D.  José  Bernal- 
do  de  Quirós,  marqués  de  Campo-Sagrado,  y  D.  Joaquín  del 
Rivero,  en  ausencia  del  marqués  de  Ferrera,  y  por  la  Corpora- 
ción escolar  los  doctores  D.  Fernando  de  Quirós,  catedrático  de 
Decreto,  y  D.  José  Benito  deViJJaverde,  á  cuyos  esfuerzos  coad- 
yuvó con  probado  patriotismo  D.  Ignacio  Menéndez  Valdés,  á 
quien  se  recompensó  por  adelantos  de  fondos  en  la  comisión 
á  Madrid  y  otros  gastos,  proponiéndole  al  Real  Consejo,  por  una 
vez  y  sin  opositores  (sic)  para  la  cátedra  de  Teología  de  Regen- 
cia, sacándose  á  oposición  las  restantes  (1).  En  vista  de  la 
real  concesión,  en  1737  se  formó  el  reglamento  para  la  distri- 
bución, y  en  él  puede  verse  lo  amenazada  que  á  desaparecer  es- 
tuvo la  Universidad. 

En  los  razonamientos  para  la  regia  gracia  se  manifestaba  que 
«la  pretensión  de  la  Universidad  es  de  notoria  utilidad  al  Prin- 
cipado, que  se  interesa  su  honor  por  los  muchos  varones  ilus- 
tres que  han  ocupado  las  mitras  y  primeras  togas  de  esta  mo- 
narquía, que  han  debido  su  primera  enseñanza  á  estas  escuelas, 
y  han  aumentado  el  lustre  y  estimación  de  su  patria;  y  siendo 
justo  que  se  le  continúe  el  origen  y  manantial  de  estas  honras  y 
conveniencias,  y  que  se  cultiven  las  ciencias  y  las  artes  á  que 
nacen  tan  dispuestos  los  genios  del  pais,  y  siendo  igualmente  no- 
torio que  el  estado  actual  de  las  rentas  de  la  Universidad  no  per- 
mite la  continuación  de  la  enseñanza,  y  que  por  falta  de  fondos 
para  pedir  la  subsistencia  de  los  catedráticos  seria  preciso  ce- 
rrar las  puertas  de  la  Escuela».  Y  otra  vez  más  recordaban  que 
las  rentas  primitivas  dejadas  por  el  Arzobispo  erector  para  las 
diez  y  seis  cátedras  fundacionales,  mermadas  en  la  testamenta- 
ria del  Sr.  Valdés  hasta  44.000  reales  de  renta  al  año  en  juros, 
bajaran  después  á  1  i.000  reales,  aunque  en  parte  remedió  el 
descenso  el  Rey  Felipe  IV  en  el  año  de  1645.  ¡Qué  temores  no 


w\  Archiw1  de  !a  Diputación  provincial —Libros  de  Actas.— Juntas  de  76  de  Mayo  de 
1*1»,  de  n  y  1*  d*  Mayo  de  i"»?o-  de  «4  de  Febrero  de  1752:  tic  >S  de  Mayo  de  1733;  de  39 
dr  N;*«W**J*  1^34  y  de  17  de  Junio  de  1739 


—  8i  — 

embargaron  los  ánimos  de  los  habitantes  de  Asturias  con  este 
peligro,  funesto  también  para  no  pocos  de  León,  Galicia, 
montañas  de  Burgos  y  Vizcaya,  que  asistían  á  las  aulas  ove- 
tenses! 

Otorgado  el  impuesto,  á  más  de  reservados  los  juros  para 
la  Fábrica,  mejoró  el  plan  de  enseñanza  y  se  dispuso  un  peque- 
ño aumento  en  los  exiguos  sueldos.  Se  crearon  las  cátedras  lla- 
madas de  «Regencia»,  de  provisión  cuatrienal,  y  en  ellas  se  leyó 
Instituía  de  Justiniano  á  los  legistas,  á  canonistas  la  de  Derecho 
canónico  y  á  teólogos  la  de  Instituciones  teológicas. 

La  plantilla  universitaria  fué  como  sigue: 


Reales  Mvs. 


Facultad  de  Teología 

Cátedra  de  <«  Prima»   (antes   dotada  con    2.696 

reales  y  3  maravedises)  á 

De  «Vísperas»,  de  1.608  rs.  y  15  marvs.,  á 
De  «Escritura»,  de  1.073  rs.  y  18  marvs.,  á 
De  t  Santo  Tomás >,  de  591  rs.  y  6  marvs.,  á 
De  «Regencia»,  (creada) 


2-753 
1.650 
1. 100 
800 
1.500 


Facultad  de  Cánones 


De  «Prima»,  el  mismo  «alario  antiguo  de 

De  «Vísperas»,  idem 

De  «Decreto»,  idem 

De  « Sexto»,  idem 


3.01 1  27 

2.010  18 

1.005  6 

1.005  6 


Facultad  de  Leyes 

De  « Prima» ,  el  mismo  sueldo  antiguo  de     .     .  3011       27 

De  «Vísperas»,  idem 2.019      *8 

De  clnstituta»,  de  535  rs.  y  28  marvs.,  á     .      .  800 

De  «Regencia»,  (creada) 1.500 


Facultad  de  Artes 


De  aSúmulas»,  el  mismo  sueldo  antiguo  de  . 

De  «Lógica»,  ídem 

De  «Filosofía»,  idem 

De  «Matemáticas»,  (restablecida) 

De  «Cántico»,  ei  mismo  salario  antiguo  de    . 


804 

6 

804 

6 

804 

6 

1.500 

301 

23 

i 


—  82  — 

Reales  Afvs. 
Oficiales 

Secretario,  de  535  rs.,  á 550 

Capellanes,  el  mismo  salario  antiguo  de      .     .  735      3° 

Bedel,  ídem 392 

Alguacil,  idem 389        7 

Portero,  idem 195       15 

Sacristán,  por  salario,  vino  y  hostias.     .     .     .  220 
Relojero,  por  salario,  quiebras  menores   y   re- 
partimientos   275 

Mayordomo  (con  intervención  del  Principado).  220 

Importaba  el  repartimiento  29.546  reales  y  28  marvs.,  y  del 
total  á  repartir  de  34.826,  resultaba  un  sobrante  de  5.289  reales 
y  28  marvs.,  para  cuya  inversión  se  dieron  disposiciones. 

En  el  indicado  Reglamento,  acordado  por  la  comisión  de 
diputados  y  catedráticos  y  aprobado  por  el  Rey,  se  disponía 
también  que  la  dotación  de  las  dos  cátedras  trienales,  una  de 
Teología  y  otra  de  Instituía,  fuese  íntegra  de  1.500  reales  cada 
una  si  los  catedráticos  eran  doctores  ó  licenciados,  y  la  tercera 
parte  hasta  que  se  graduasen,  con  la  obligación  extraordinaria 
de  presidir  un  acto  menor  cada  tres  semanas  bajo  multa  de 
treinta  reales  para  el  bachiller  ó  graduado  que  le  supliese;  que 
dichas  cátedras  de  Regencia  de  Teología  serían  alternas  entre 
regulares  y  seculares,  dándose  gratificaciones  y  concediéndose 
gracias  á  los  opositores  por  sus  actos  y  auxilios  á  los  trabajos 
académicos;  que  se  impusiese  á  todos  los  catedráticos  menores 
de  sesenta  años  la  obligación  de  un  acto  mayor  bajo  multa  de 
cien  reales  y  propina  de  sesenta  á  los  actuantes,  y  que  los  gra- 
dos de  bachiller  fuesen  con  acuerdo  del  Claustro,  precediendo 
el  mismo  orden  é  informe  que  en  los  de  licenciado. 

Para  mejor  cumplimiento  de  esta  disposición,  veló  por  ellas 
la  benemérita  Junta  de  la  Provincia,  como  por  la  duración,  al- 
ternativa y  dotación  de  las  cátedras  (1). 

Las  Matemáticas,  miradas  con  preferencia,  fueron  puestas  á 
cargo  del  bibliotecario,  que  enseñaba  Aritmética  y  Álgebra  por 


(i )    Archivo  de  la  Diputación  provincial. — Actas.— Juntas  de  6  y  22  de  Junio  de  1745. — Di- 
nutación de  8  de  Marzo  de  1741.— Juntas  de  xo  y  15  de  Junio  de   174a  y  6  de  Junio  de  1748. 


-  83  - 
el  P.  Tosca.  En  esta  asignatura  se  interesaba  el  diputado  D.  José 
Tejero  y  más  tarde,  en  1749,  entrometióse  en  ella  un  doctor 
elevando  improcedente  recurso  al  Principado.  Por  medio  de  un 
oficio,  la  Universidad  participó  al  marqués  de  Campo-Sagra- 
do que  dicho  graduado  se  había  opuesto  á  todo  lo  determinado 
en  el  Claustro,  y  con  la  mayor  arntonía  contestó  á  este  la  Pro- 
vincia que,  lejos  de  suprimirse  la  cátedra  de  Matemáticas,  se 
haría  el  último  esfuerzo  para  la  creación  de  dos  (1).  Cobró,  pues, 
la  Escuela  más  vigor  y  aliento  cuando  se  reanimaron  visible- 
mente sus  Estudios. 

Felipe  V  y  Fernando  VI  ayudaron,  aunque  tímidamente,  al 
desarrollo  literario  y  pedagógico,  no  creyéndose  fuertes  para 
vencer  pronta  y  radicalmente  tanto  fanatismo  y  atraso  contra 
los  que  luchaban  sus  ministros  Macanaz,  Campillo,  Ensenada  y 
otros.  Del  rey  francés  fueron  varias  disposiciones  en  materia  de 
enseñanza,  terminante  recuerdo  á  los  Claustros  para  que  los 
maestros,  profesores  y  estudiantes  no  hablasen  ni  disputasen 
dentro  de  los  patios  y  aulas  académicos  sino  en  lengua  latina 
como  en  las  oposiciones  á  cátedras  en  que  seria  circunstancia 
especial  tal  predilección  por  la  lengua  erudita;  determinó  las 
ternas  para  el  Magisterio  y  que  en  él  nombramiento  no  se  aten- 
diese al  turno  de  teorías  y  sí  al  mérito  de  los  opositores,  votando 
en  secreto  los  Consejeros.  Su  hijo  Fernando  protegió  á  literatos 
estudiosos,  que  crearon  la  escuela  de  crítica  históHca,  y  á  otros 
estudiosos  que  se  inclinaron  al  Derecho  patrio;  y  uno  y  otro  mo- 
narca dictaron  órdenes  prohibitivas  de  impresión  y  circulación 
de  libros  sin  real  licencia,  mientras  que  en  el  gobierno  del  pri- 
mero se  fomentaban  el  regalismo  y  el  jansenismo  (2). 

Daba  importancia  á  la  Universidad  de  Oviedo  la  voz  más  au- 
torizada que,  por  muchos  años,  alcanzó  el  profesorado  español. 
Era  la  del  P.  Feijóo  que,  como  Bacon  en  Inglaterra  y  Descartes 
en  Francia,  fué  en  España  el  iniciador  de  gran  revolución  en 
las  ideas  y  quien  «encendió  la  antorcha  de  nueva  filosofía».  Este 
célebre  benedictino  recibió  aquí  los  grados  académicos,  alcanzó 


(i)  Archivo  de  la  Diputación  provincial.— Libros  de  Actas.— Juntas  de  ix  de  Junio  de  1739 
ya8tk  Abril  de  1769. 

(a)  Jansenismo  y  Regalismo  en  España,  por  el  P.  Manuel  M.  Migúele*. —fallado - 
lid,  1895). 


-  84  - 

cátedras  y  recorrió  las  categorías  de  su  Facultad  de  Teología  (1); 
derramó  con  sumo  talento  erudición  variada  y  libre;  combatió 
con  aplauso  general  en  obras  leídas  con  avidez  las  preocupa- 
ciones del  vulgo,  y  declaró  guerra  al  atrasado  plan  de  estudios 
para  purgar  de  fútiles  y  locuaces  fórmulas  el  infecundo  método 
dialéctico.  Al  leer  las  obras  de  Feijóo  debe  considerarse  el  tiem- 
po en  que  se  publicaron  aquellas  valientes  y  atrevidas  doctri- 
nas, bien  expuestas  aunque  en  estilo  dado  al  galicismo;  hay 
que  figurarse  al  monje  innovador  expuesto  A  persecuciones  de 
que  le  salvó  la  protección  del  soberano.  «La  memoria  de  este 
varón  ilustre,  ha  dicho  Campomanes,  será  eterna  entre  nosotros 
en  tanto  que  la  nación  sea  ilustrada,  y  el  tiempo  en  que  ha  vivi- 
do será  siempre  notable  en  los  fastos  de  nuestra  literatura.  Efec- 
tivamente, concibió  el  proyecto,  no  menos  atrevido  que  honroso 
de  atajar  el  torrente  de  errores  y  preocupaciones  que  á  España 
inundaba,  y  desde  su  reducida  celda  de  Asturias  se  lanzó  á  lu- 
char contra  la  irrupción  de  malos  escritores,  que  amenazaban 
dejar  completamente  yermos  los  campos  del  saber.» 

Estábamos  en  época  de  innovaciones.  Es  notable  y  luminoso 
el  informe  del  Claustro  ovetense  de  16  de  Octubre  de  1767  con- 
testando á  la  orden  del  Consejo  de  16  de  Septiembre  sobre  pro- 
visión, número  de  cátedras,  ejercicios  de  oposición,  votación, 
libros  de  texto,  estudio  en  las  Facultades  y  mejora  de  las  rentas. 
Había  entonces  cinco  cátedras  en  Teología,  cuatro  perpetuas 
y  una  trienal;  en  Cañones,  cuatro;  en  Leyes  otras  cuatro,  pero 
trienal  la  de  Instituta;  y  en  Artes  cinco  con  la  de  Matemáticas  y 
Canto.  El  cuerpo  académico  manifestaba  la  conveniencia  de 
crear  varias  de  Regencia  ó  elementales,  que  abrazasen  la  cien- 
cia, con  especialidad  en  la  Facultad  de  Teología  dogmática, 


(i)  Existen  en  el  Archivo  de  la  Universidad,  una  Carta  del  Consejo  de  a6  de  Septiembre 
de  1736  ordenando  al  Claustro  que  informe  sobre  una  solicitud  del  P  Feijóo  para  que  se  le 
permita  hacer  oposición,  no  obstante  estar  jubilado  de  la  de  Vísperas;  una  Real  Provisión  de  9 
de  Noviembre  del  mismo  año,  accediendo  á  su  pretensión;  y  otra  en  que  se  le  concede  jubilación 
de  la  Prima  por  R.  P.  de  13  de  Mayo  de  1739,  Se  conservan  también  otros  documeutus  y  au- 
tógrafos del  sabio  benedictino,  así  como  la  cátedra  que  ocupó  desde  1709  á  1764  en  la  Capilla- 
Paraninfo. 

La  influencia  de  este  célebre  profesor  ovetense  en  la  enseñanza  y  cultura  nacionales  fue 
grande  por  el  interés  que  despertaron  sus  obras.  Entre  otros  estudios  mencionaremos:  «De  lo 
que  conviene  quitar  en  las  Súmulas»,  *  De  lo  que  conviene  poner  y  quitar  en  la  Lógica  y  Me- 
tafísica», y  á  este  tenor  muchas  y  variadas  materias  de  que  trata  en  sus  Discursos  y  Cartas 
eruditas,  como  «Tiempo  que  pierden  los  estudiantes  por  la  mala  enseñanza*,  «Aprobación  de 
libros»,  «Arte  de  la  Memoria»,  «Autoridad  científica»,  «Dialéctica  y  Filosofía»,  «Lenguas», 
«Sistemas  filosóficos»,  «Santo  Tomás  de  Aqutno»,  etc.,  etc.  Las  polémicas  de  Feijóo  impulsaron 
la  refonva  de  los  estudios  medios  en  sentido  esperimentalista. 


-  85  - 

siendo  necesario  que  explicase  el  maestro  señalando  libro  de 
texto,  pues  sujetándose  á  Estatutos  se  notaba  poco  aprovecha- 
miento y  escaso  alcance.  Otro  tanto  sucedía  en  la  de  Cánones 
donde  se  aprendían  escasos  títulos,  siendo  infinitos  los  del  De- 
creto, Sexto,  Decretales,  Concilios,  especialmente  el  de  Trento, 
que  pasaban  sin  conocer  y  no  se  daba  á  la  Disciplina  especial 
de  España  consideración  alguna  particular,  pues  el  derecho  ca- 
nónico que  se  estudiaba  era  el  general.  En  Leyes  estaban  años 
y  años  en  la  Instituía,  sin  saludar  los  elementos  de  nuestra  le- 
gislación, como  Nueva  Recopilación  de  Castilla,  Autos  acorda- 
dos, Ordenamiento  Real,  Siete  Partidas,  Fuero  Real,  Fuero  Juz- 
go, etc.  y,  por  supuesto,  sin  asomo  ni  noticia  de  español  dere- 
cho regional.  Esta  preterición  del  derecho  nacional   venía  de 
lejos:  concretamente  de  los  Reyes  D.  Juan  II  y  los  Católicos, 
aunque  éstos  procuraron  emendarlo  en  las  leyes  1.a  y  2.a  de 
Toro;  pero  las  Universidades  y  los  más  ilustres  jurisconsultos 
siguieron  con  su  predilección  por  el  Derecho  romano  en  las  en- 
redadas «antinomias»  y  paradojas  de  que  nos  hablan  Vázquez 
Menchaca  y  D.  Nicolás  Antonio,  fruto  de  aquella  extraña  en- 
señanza jurídica,  que  describe  Bermúdez  de  Beraza  en  su  «Arte 
legal  para  el  estudio  de  la  Jurisprudencia»,  y  acusan  el  académi- 
co Medina  en  una  Representación,  el  Arzobispo  Críales  en  Carta 
á  Felipe  IV,  el  Consejero  Mora  en  una  Memoria,  en  su  letra  muer- 
ta de  los  autos  acordados  de  1713  y   1741,  pronto   olvidados, 
Castro  en  los  «Discursos  críticos»  y  Ensenada  en  el  proyecto  de 
Código.  Muchos  documentos  más  prueban  la  ausencia  del  De- 
recho patrio  de  nuestras   aulas  durante  tantos  siglos,  aunque 
otra  cosa  sostenga  el  Sr.  La  Fuente,  sin  que  tuvieran  importan- 
cia ni  séquito  contadas  obras  como  las  de  Pichardo,  Galindo, 
Torres  y  Pérez  Valiente,  que  acometieron  la  referencia  y  com- 
paración con  nuestras  leyes  y  los  estudiantes  las  comenzaban  á 
conocer  en  Academias  y  pasantías  particulares  (1).  Esto  apre- 
mió más  en  Asturias  desde  que,  no  satisfaciendo  los  Corregido- 
res togados  y  la  dificultosa  intervención  de  la  Chancillería  de  Va. 
lladolid,  por  Real  Cédula  de  30  de  Julio  de  1717  se  estableció  el 
Real  Acuerdo  y  Audiencia  del  Principado,  creándose  un  foro 


(i)    De  esta  interesante  materia  hicimos  especial  estudio  en  nuestro  discurso  inaugural  uní- 
verÁurío  (Oviedo,  1877)  reimpreso  por  la  Revista  de  Trt'áuna/es  (Madrid,  1878). 


-  86  — 

provincial  y  teniendo  ya  más  ancho  campo  el  ejercicio  de  la 
Abogacía,  principalmente  en  Oviedo.  Requerían  los  estudios  de 
la  dispersa  legislación  española  mucho  tiempo,  aunque  se  podía 
explicar  según  distribución  del  Claustro,  procurando  para  más 
ilustración,  las  oportunas  concordancias  con  el  derecho  roma- 
no. («Empezando  á  estudiar  asi,  leemos  en  el  Informe,  se  comen- 
zaría á  saber  y,  en  el  orden  de  los  Estatutos,  el  más  aplicado 
nada  sabe  para  ser  letrado.  En  las  leyes  de  Partida  tiene  presen- 
te V.  A.  (el  Consejo)  toda  la  sabiduría  legal,  y  si  estas  leyes  se 
explicasen  por  la  impresión  en  4.°  es  preciso  aumentar  otra  cá- 
tedra para  el  repartimiento  de  tomos  por  el  Claustro.» 

El  anterior  dictamen  estaba  pidiendo  variaciones  en  la  or- 
ganización de  la  Escuela,  y  alguna  se  llevó  á  cabo.  Vino  de 
aquí  la  instalación  de  una  Academia  para  civilistas  y  canonistas, 
donde  se  disertaba  sobre  puntos  teóricos  de  nuestra  legislación 
y  de  la  Iglesia  se  sustanciaban  causas  civiles  y  juicios  canóni- 
cos. La  fundó  D.  Luis  Armiñán  Cañedo,  fiscal  honorario  de  esta 
Audiencia  y  catedrático  de  Vísperas  en  la  Facultad  de  Cánones, 
por  lo  qué  agradecida  la  Academia  acordó  en  1765  pintar  y  co- 
locar en  sitio  de  honor  el  retrato  de  este  su  primer  presidente  y 
maestro,  en  memoria  de  una  institución  provechosa  de  donde 
salieron  distinguidos  magistrados  que  aumentaron  el  lustre  de 
la  toga.  La  fundación  de  Armiñán  fué  notable. 

Envueltos  los  estudios  teológicos  en  la  infecunda  controver- 
sia de  encontrados  maestros,  eran  no  lugar  de  razonada  discu- 
sión doctrinal  y  sí  campo  encarnizado  que  convertía  las  escue- 
las casi  en  un  pugilato.  Aumentábase  la  división  porque  los 
graduados  seculares  aspiraban  á  alternar  con  los  regulares  que, 
por  juro  de  heredad,  venían  desempeñando  las  cátedras  de  tur- 
no, sucediendo  Escoto  á  Santo  Tomás  y  á  ambos  los  congruistas 
de  la  Compañía.  Los  seculares  ó  o  manteistas*,  como  se  decía, 
los  particulares  y  la  Junta  del  Principado  no  consideraban  en 
mucho  á  los  Religiosos;  pues,  como  escribía  el  P.  Feijóo  en  in- 
forme que  obra  en  el  Archivo  universitario,  «con  ser  este  país 
tan  finamente  católico  no  faltan  en  él,  asimismo  que  en  otros, 
quienes  se  esfuerzan  (lo  que  no  se  puede  recordar  sin  mucho 
dolor)  á  hacer  aquí  el  nombre  de  fraile  tan  odioso  ó  por  lo 
menos  tan  tedioso  como  lo  es  en  Londres,  Ginebra  ó  Berlín». 


-  87  - 
Los  manteistas  pidieron  auxilio  á  la  Junta  General  que,  habien- 
do alcanzado  el  arbitrio  de  la  sal,  se  creía  con  derecho  á  inter- 
venir en  la  Escuela  y  con  especialidad  en  las  cátedras  de  nueva 
creación.  Dos  doctores  representaron  allí  sobre  el  agravio  que 
se  les  infería  desempeñando  los  Religiosos  la  Facultad  de  Teo- 
logía y  pidieron  se  solicitase  del  monarca  nuevo  arreglo  en  la 
enseñanza.  Ordenó  el  Regente  presidente  Sr.  Berdeja  se  leyeran 
varios  títulos  de  los  Estatutos  académicos  y  algunas  leyes  del 
Reino  é  indicó  que,  sin  real  licencia,  no  se  tratase  este  asunto 
y  ningún  Vocal  se  propasase  á  interpretar  la  ley  contentándose 
con  obedecerla.  Fué  necesario  recurrir  auna  votación,  haciendo 
acuerdo  el  diputado  gijonés  Marqués  de  San  Esteban  del  Mar, 
conviniendo  en  pedir  permiso  á  S.  M.  para  formar  la  Provincia 
un  plan  más  conveniente  al  país.  El  Consejo  'desoyó  la  pre- 
tensión en  vista  de  las  razones  del  Reverendísimo  P.  Feijóo;  pero 
la  violenta  expulsión  de  los  hijos  de  San  Ignacio  de  Loyola  puso 
fin  al  turno  perjudicial  por  Real  Cédula  de  24  de  Diciembre 
de  1768. 

En  Oviedo,  cumpliendo  muy  ocultas  disposiciones  del  conde 
de  Aranda  al  Regente  Sr.  Beyan,  se  constituyó  en  arresto  á  los 
PP.  y  Colegiales  de  San  Matías  en  la  noche  del  2  de  Abril  de 
1767,  con  aparato  militar  y  extremadas  medidas,  haciéndo- 
les marchar  custodiados  en  la  madrugada,  camino  de  Gijón 
donde  fueron  embarcados  para  el  extranjero.  Suceso  fué  y  será 
este  muy  discutido  en  sus  causas,  procedimiento  y  resultados 
para  la  cultura  (que  por  el  momento  se  resintió)  y  no  cabe  dudar 
que  dentro  y  fuera  del  Claustro  ovetense,  ya  olvidada  la  antigua 
resistencia  á  los  Jesuítas,  fué  sentido  y  reparado.  La  Diputación 
provincial  suplicó  por  entonces  se  aplicasen  á  la  dotación  de 
cátedras  los  bienes  de  la  Compañía  (1)  que  más  aprovecharon  al 
Ayuntamiento  de  Oviedo,  según  veremos  tratando  de  la  Ins- 
trucción primaria. 

En  Claustro  de  2  de  Diciembre  de  1767  expusieron  varios 
graduados  teólogos  y  artistas  que,  establecidas  academias  de 
Filosofía  y  Teología  en  los  conventos  de  la  Ciudad,  en  el  de 
Santo  Domingo  se  habían  suscitado  banderías  y  escándalos  de 


(i)    Archivo  de  la  Diputación  provincial.— Libros  de  Actas.— Junta  de  J5  de  Junio  de  1757 
y  Diputación  de  20  de  Agosto  de  1767. 


-  88  - 
funestas  consecuencias  porque  en  ellas  tomaba  parte  el  pueblo 
y  se  había  elegido  presidente  y,  gemnisiarca  á  quienes  no  te- 
nían grado  alguno;  y,  reconociendo  la  utilidad  de  tal  institu- 
ción, se  manifestó  que  la  gran  concurrencia  en  el  Monasterio 
disminuiría  abriendo  otra  Academia  universitaria  con  regla- 
mento formado  por  el  Claustro.  Al  discutir  el  proyecto  se  re- 
cordaron antecedentes  (1);  se  dijo  que  los  estudiantes  habían 
faltado  al  respetable  Prior  y  Académicos  de  Santo  Domingo;  y,  al 
demandar  una  satisfacción  para  éstos,  se  opusieron  los  seglares 
protestando  buena  armonía  y  pidiendo  que  la  Escuela  protegiese 
á  sus  hijos  contra  siniestros  informes.  Hubo  con  este  motivo 
acalorados  incidentes;  y  el  Sr.  Canga,  refiriéndose  á  una  alusión 
del  Dr.  Villaverde  sobre  si  el  establecimiento  admitiría  desecha- 
dos, dijo:  «que  la  Universidad  no  era  Roma  en  mantillas  para 
poblarse  de  espulsoso.  Se  vino  á  tomar  acuerdo  y,  al  abrogarse 
el  Rector  el  derecho  de  dar  la  satisfacción,  hubo  protestas  que 
fueron  desatendidas  abandonando  sus  autores  el  local  de  la  se- 
sión. Por  fin,  á  principios  de  1769,  se  establecieron  Academias 
de  Teología  y  Filosofía  con  reglamento  y  directores  para  ambas 
Facultades  ó  escuelas,  siendo  de  los  Tomistas  el  Dr.  D.  Juan 
del  Villar,  deán  de  León,  y  el  P.  Gómez,  franciscano,  de  los 
Escotistas.  Los  académicos  bachilleres  celebraron  ejercicios 
y  funciones  con  gran  lucimiento,  no  siendo  de  olvidar  el  «diálo- 
go» que  en  obsequio  de  su  Patrón  representaron  los  Angélicos 
en  Marzo  de  1774. 

Pero  el  rasgo  que  más  caracteriza  el  celo  de  los  maestros 
de  la  Universidad  fué  la  innovación  realizada  á  mitad  del 
siglo  xvm  acabando  con  el  sistema  de  lecturas,  como  aque- 
llas se  llamaban,  porque  los  catedráticos  eran  lectores  y  leían 
sus  explicaciones.  Este  insuficiente  y  atrasado  método  se  redu- 
cía á  un  cuaderno  en  que  llevaban  anotados  los  puntos  capita- 
les de  su  doctrina;  el  discípulo  recapitulaba  en  el  suyo  la  opi- 
nión del  maestro,  y  aquel  cuaderno,  copia  de  otra  copia  donde 
se  hacinaban  sin  concierto  leyes  romanas,  decretales,  glosas  y 
glosadores,  era  tan  poco  provechoso  como  falto  de  seguridad 
para  el  alumno.  Adoptaron  pauta  más   segura  sujetándose  á 


(i)     Archivo  de  la  Universidad. —Libros  de  Actas.— Claustro' de  23  de  Mayo  de  1760  donde 
se  leyó  un  dictamen  del  P.  Carrera  y  del  Dr.  Armiñáu  sobre  análogo  asunto. 


-  89  - 
libro  de  texto  y  explicaciones  regulares,  dejando  de  ser  rutina- 
rios y  casuistas. 

Para  dar  una  idea  de  cómo  se  escogían  y  aprobaban  estas 
obras  de  enseñanza,  puede  verse  la  discusión  sobre  las  Institu- 
tiones  Pkilosophia  por  Pedro  Leridano  (1).  Los  alumnos  y 
sus  padres  se  quejaron  repetidamente  á  la  Corporación  de 
que  nada  adelantaban  en  Súmulas  por  aquel  libro  y,  para  cono- 
cer la  razón  de  tal  denuncia,  excitó  el  Rector  á  los  catedráticos 
teólogos  á  emitir  su  opinión.  Manifestó  el  maestro  Carrera  que 
no  era  digno  de  un  Cuerpo  respetable  y  serio  votar  si  convenía 
ó  nó  enseñar  la  Filosofía  por  un  curso,  no  solamente  descono- 
cido sino  disfrazado  y  oculto  en  signos,  á  más  de  hallarse  en  él 
no  pocas  proposiciones  falsas,  algunas  nada  piadosas,  otras 
escrupulosas  y  mal  sonantes;  y  pedia  se  consultase  á  Salamanca 
para  dejar  un  autor  sin  apego  á  los  antiguos  doctores,  mientras 
tenía  un  método  «perjudicial  á  la  juventud  con  varios  sistemas 
y  doctrinas  de  modernos,  que  siempre,  entre  nosotros,  se  ha 
impugnado  y  reprobado».  Fortalecía  sus  argumentos  con  citas 
y  textos  y  exclamaba  por  último:  «Tenemos  la  dicha  de  ser  va- 
sallos de  un  Rey,  que  tiene  por  singular  estima  el  glorioso  re- 
nombre de  católico  y,  como  tales,  debemos  mirar  con  escrupu- 
loso reparo  hasta  los  ápices  menos  puros  en  la  religión  y  en  el 
dogma,  por  lo  que  opino,  salvo  meliori,  que  desde  el  día  se 
prohiba  y  que  nada  se  ignove,  Ínterin  la  Superioridad  no  mande 
enseñar  por  autores  determinados»).  Así  opinó  Carrera,  en  quien 
pesaba  como  una  losa  de  plomo  el  amor  á  doctrinas  añejas,  la- 
tentes entonces  al  perder  su  predominio  y  prepararse  á  reñir 
batalla  campal  con  las  ideas  modernas.  Con  él  votaron  algunos 
teólogos  excluyendo  á  dicho  autor  que  se  discutía;  otros,  más 
moderados,  lo  aplazaban  para  un  informe  detenido;  y  á  éstos 
se  agregaron  varios  juristas.  Algunos  expusieron  que  no  con- 
venía abandonar  la  elección  del  libro  al  Catedrático,  porque 
se  mezclarían  afectos  particulares  en  daño  de  la  mejor  enseñan, 
za;  unos  pocos  quisieron  consultar  á  la  Real  Cámara;  y,  entre 
tantas  opiniones,  vino  á  prevalecer  la  del  Dr.  Hevia,  que  protestó 
de  nulo  cualquier  acuerdo  para  impedir  la  enseñanza  por  Len- 


to   Archivo  de  la  Universidad. —Libros  de  Actas.  —  Claustro  de  26  de  Abril  de  1771. 


—  9o  — 

daño,  tenido  por  útil  con  licencia  de  S.  M.  y  Señores  del  Consejo, 
auténtico  testimonio  de  recomendación.  Continuó  la  obra  por 
aquel  curso,  autorizado  el  Catedrático  para  elegir  en  el  si- 
guiente. 

Poco  á  poco  se  caminaba  á  mejor  y  amplio  criterio  y  se  re. 
conocía  la  necesidad  de  mejorar  los  embrollados  y  diversos 
planes  de  tales  estudios.  Bajo  el  influjo  de  las  ideas  entonces 
dominantes  se  siguió  para  lograrlo  el  procedimiento  de  la  cen- 
tralización. 

Tendiendo  á  este  sistema  y  á  la  unificación  de  los  estable- 
cimientos de  enseñanza,  en  14  de  Marzo  de  1769  se  creó  para 
estos  el  cargo  de  Consejero-director,  desempeñado  por  uno  no 
procedente  de  la  Universidad  ó  Colegio  á  que  se  le  destinaba. 
Si  bien  con  amplísimas  atribuciones,  vino  la  comisión  á  ser  ho- 
norífica, ya  por  oposición  que  hallaron  tales  magistrados,  ya  por 
no  ser  fácil  el  encargo  de  investigar,  dirigir,  reformar  estatutos, 
rentas,  matrículas,  oposiciones,  cátedras,  ejercicios,  etc.,  de  las 
Escuelas  por  medio  de  comunicaciones  frecuentes  con  los  Rec- 
tores y  Claustros,  de  cuyos  acuerdos  debían  enterarse  minucio- 
samente. Desde  antiguo  arreglaban  las  cuestiones  universitarias, 
primero  los  Consejeros  albaceas  y  después  el  Protector,  indi- 
viduo del  Consejo  de  Castilla  ó  de  plaza  en  la  Cámara  real; 
pero  aquí  fué  general  la  medida.  Así  desempeñaron  la  dirección 
de  la  de  Oviedo  D.  Francisco  Mata  Linares  (1769),  D.  Blas  Hi- 
nojosa(1780)  y  nuestro  ilustre  paisano  D.Bernardo  Riega (1803). 

Vinieron  también  los  Censores  regios  en  6  de  Septiembre 
de  1770  para  velar  principalmente  los  temas,  conclusiones  y 
ejercicios,  que  se  defendiesen  en  las  Universidades  y  pudieran 
ser  contrarios  á  las  extendidas  regalías  del  Rey,  leyes  naciona- 
les, concordatos,  etc.,  las  doctrinas  favorables  al  tiranicidio  y 
regicidio  ú  otras  semejantes  de  moral  laxa  y  perniciosa;  dispo- 
niéndose también  con  extremoso  recelo  que  el  Censor  t revelara 
con  particular  cuidado  las  dedicatorias,  así  en  la  sustancia  como 
en  los  dictados  y  ponderaciones,  pues  reduciéndose  á  imitar 
una  carta  en  que  se  dirigen  las  teses  al  patrono,  que  se  elige  por 
Mecenas,  es  cosa  ridicula  declinar  en  alabanzas  cansadas  y  en 
adulaciones  manifiestas:  método  muy  contrario  á  la  simplicidad 
filosófica  de  un  literato,  que  debe  explicarse  sin  afectación  y 


—  91  — 

con  naturalidad  en  términos  decentes  y  concisos».  Cerca  de  la 
(Diversidad  ovetense  desempeñaba  el  cargo  de  Censor  el  Fiscal 
de  la  Real  Audiencia.  No  estaba  mal  el  consejo;  y  era  el  caso 
que  el  Censor  había  de  procurar  también  hasta  que  la  latinidad 
de  las  conclusiones  fuera  correcta  y  natural  sin  anfilologías  ni 
oscuridades  misteriosas. 

Después  del  empeño  secular  en  mantener  la  lengua  de  los 
sabios,  con  olvido  de  la  propia  y  popular,  los  esfuerzos  resul- 
taban casi  baldíos. 


—  93  — 


CAPITULO  VI 


Mejoras  en  la  Instrucción  pública  por  los  Ministros  de  Carlos  III.  —  El  Conde 
de  Campomanes  reformador  de  la  Universidad  de  Oviedo.— Nueva  organiza* 
ción  de  los  estudios. — Plan  de  1774  para  la  Escuela  ovetense.  -  Oposición 
de  algunos  catedráticos.  — Protección  de  la  Junta  General  del  Principado 
para  el  establecimiento  de  varias  cátedras. — Facultad  de  Medicina  fundada 
por  el  Obispo  Sr.  Pisador  y  acuerdos  para  ello  del  Claustro,  Cabildo-Cate- 
dral, Ayuntamiento  de  Oviedo  y  la  Provincia. — Escasos  resultados  de  las 
nuevas  aulas  y  su  desaparición. — Extensión  de  la  enseñanza,  fuera  de  la 
Universidad,  por  las  Ordenes  religiosas. — Incorporación  de  estudios  y  ma- 
trículas diferentes. 


Tuvo  Carlos  III  ilustrados  ministros  que,  conocedores  de  las 
necesidades  de  los  pueblos,  miraron  con  interés  el  estado  de  la 
Instrucción  pública.  Preparando  de  antemano  el  camino,  tuvo  el 
Gobierno  más  directa  y  frecuente  intervención  en  las  Escuelas, 
españolas,  que  demandaban  mudanza  y  arreglos  en  su  modo  de 
ser  y  desarrollo. 

La  reforma  de  los  estudios,  como  otras  muchas  de  la  admi- 
nistración, apareció  muy  principalmente  cuando  los  canceles 
del  Supremo  Consejo  de  Castilla  se  abrieron  al  nuevo  fiscal 
D.  Pedro  Rodríguez  Campomanes,  honra  y  prez  de  la  provincia 
asturiana.  Pronto  con  su  vasta  sabiduría  avasalló  la  del  Consejo 
y  emprendió  el  arreglo  de  las  Universidades  con  el  concurso  del 
célebre  Floridablanca.  «Campomanes  vio  los  establecimientos 
caducos  y  desiguales  los  métodos  de  estudios,  abandonadas  las 
ciencias  exactas  y  naturales,  olvidadas  las  lenguas  sabias  de  la 
antigüedad,  divididos  los  profesores  del  dogma  en  necios,  vanos 
y  perjudiciales  partidos,  y  absolutamente  ignorados  los  princi- 
pios de  la  justicia  universal,  que  unen  entre  sí  las  naciones  di- 
versas del  globo»  (1). 


(i|    Elogio  del  Excmo.  Sr.  Conde  de  Campomanes  por  el  académico  D.  Vigente  González 
Aroao;  (tomo  V.  de  la¿  Memorias  de  la  Real  Academia  de  la  Historia). 


—  94  — 

Aunque  con  resistencia  de  los  Claustros,  el  Consejo  princi- 
pió los  cambios  académicos  tras  del  plan  del  infortunado  Olavi- 
de  en  1769  para  Sevilla.  La  orden  de  28  de  Noviembre  de  1770 
pidió  dictamen  á  las  Corporaciones  universitarias  para  suprimir, 
modificar  ó  crear  asignaturas  arreglándose  á  la  mente  del 
Fundador,  y  de  esta  manera  se  inició  paulatina  é  indirecta- 
mente la  gloriosa  tarea  de  reorganizar  y  reconstituir  los  estudios 
españoles.  De  1771  y  1772  son  respectivamente  los  planes  de 
Salamanca  y  Alcalá,  no  debiendo  omitirse  en  estas  páginas  as- 
turianas que  uno  de  los  firmantes  y  de  los  que  mas  trabajaron 
en  las  reformas  de  la  fundación  del  gran  Cisneros  fué  el  Viee- 
Rector,  nuestro  paisano  D.  Romualdo  Món  y  Velarde,  después 
insigne  prelado. 

La  actividad  del  Fiscal  avivó  el  despacho  remitiendo  á  la 
Corporación  ovetense  las  bases  de  la  de  Alcalá,  y  desde  aquí  se 
mandaron  otras  bases  ó  constituciones  dispuestas  principalmen- 
te por  el  Catedrático  D.  Felipe  Canga  Arguelles  que,  modifica- 
das, no  tardaron  en  convertirse  en  la  Real  Cédula  ó  Plan  de  12 
de  Abril  de  1774  (1).  Todo  cuanto  existía  mejoraba  por  él.  A  la 
Universidad  le  dio  la  superintendencia  general  de  los  estudios 
de  Latinidad  en  el  Principado;  con  fondos  de  ios  maestros  del 
Colegio  de  San  Gregorio,  dotó  las  Cátedras  de  Lengua  griega,  de 
que  se  encargó  el  erudito  traductor  de  Marco  Aurelio;  también 
organizó  muy  atinadamente  las  Matemáticas,  y  en  las  Artes  des- 
terró la  superchería  de  ciertas  doctrinas,  descartándolas  por  inúti- 
les. Se  regularizó  la  carrera  de  Leyes  y,  sobre  el  estudio  del  De- 
reóho  romano,  estableció  el  Civil  y  Canónico  con  el  de  nuestras 
Leyes  según  los  patrios  y  olvidados  Códigos.  La  de  Cánones, 
predilecta  del  sabio  Conde,  mejoró  con  obras  para  explicar  el 
maestro  y  libros  donde  estudiar  el  discípulo.  Los  textos  concilia- 
res, la  Disciplina  general  de  la  Iglesia  y  particular  de  España,  la 
Historia  eclesiástica,  los  Concordatos  y  los  recursos  protectores, 
que  constituían  aquel  broquel  de  hierro  de  las  regalías  de  la  co- 
rona, formaban  el  canonista  á  quien  se  recomendaba  Van-Spen 
Engel  y  Lanceloto  con  mejor  doctrina  y  método  que  Decretales  y 


(i)  «Plan  de  estudios  de  la  Real  Universidad  de  0\i«.d<-  nnr«'.td  >  -bscrw.r  por  lo?  señ-rc-; 
del  Real  y  Supremo  Concejo  de  Castilla  en  \o>  doce  de  Abiil  de  mu  setecientos  retenta  y  cunir-» 
y  Reales  Órdenes  en  este  y  otro*  asuntos  comunicad.»:»». — En  la  imprenta  de  Francisca  Uu: 
Pedregal,  impresor  del  Principad**  y  de  e*U  Universidad,  MDCCiXXVH.— Véase  Al  Rxoicn  V. 


-  95  — 

Clementinas.  La  organización  de  la  Teología  fué  completa  tam- 
bién, llegando  á  un  estado  que  nunca  había  alcanzado.  Se  ini- 
ciaba su  estudio  en  «Lugares  teológicos»  de  Melchor  Cano  y 
en  los  tres  años  siguientes  se  daba  un  curso  completo  por  Santo 
Tomás,  suprimiendo  las  cuestiones  filosóficas  al  mismo  tiempo 
que  dejaba  ancho  campo  á  maestros  y  discípulos  con  libertad 
para  discurrir,  defender  y  seguir  su  opinión  particular,  no  estan- 
do reprobada  por  la  Iglesia;  y  seguía  la  Sagrada  Escritura,  la 
Teología  moral,  Historia,  Disciplina,  Concilios  generales,  Lengua 
griega  y  Elocuencia  sagrada.  Para  desempeñar  estas  Cátedras  se 
recordó  á  los  Prevendados  de  la  Santa  Iglesia  Catedral  la  expli- 
cación de  las  anejas  á  sus  oficios,  y  el  maestro  de  la  Orden  de 
Santo  Domingo,  que  disfrutaba  la  fundación  del  señor  Obispo 
Muros,  se  trasladó  á  la  Universidad.  De  igual  modo  en  1783 
dispuso  el  Consejo  de  Castilla,  que  el  Canónigo  Magistral  de 
Oviedo  prestase  la  enseñanza  universitaria  de  Retórica  y 
Poética. 

Al  multiplicarse  las  Academias  y  establecerse  también  otras 
dominicales  para  los  alumnos  y  explicaciones  extraordinarias 
para  los  bachilleres,  se  impuso  á  los  catedráticos  la  obligación 
de  un  acto  mayor  en  cada  curso  pro  numero  cátedra  y  se 
estimulaba  á  los  doctores  á  sostener  otro  pro  unioersitale. 
El  plan  es  un  documento  digno  de  meditación  y  aplauso, 
como  puede  verse  por  su  lectura,  y  expresa  el  estado  de 
la  enseñanza  en  el  último  tercio  del  siglo  xvm.  Con  tal  re- 
forma y  otras  medidas  complementarias  sobre  duración  del 
curso,  certificaciones  de  asistencia,  multas,  etc.,  creció  tanto  la 
enseñanza  y  alcanzaron  tan  superior  concepto  los  estudiantes, 
que  se  elevó  la  Escuela  á  gran  altura  y  con  ella  sus  hijos,  lle- 
gando hasta  nuestros  días  la  memoria  de  su  reputación. 

Taa  brillante  resultado  .se  consiguió  contra  el  intento  de  al- 
gunos catedráticos  que,  si  no  lograron  su  deseo,  protestaron  en 
el  Claustro  de  12  de  Octubre  del  año  1774  contra  el  aumento 
de  cátedras  en  la  Universidad,  cuyo  brillo  no  deseaban  con  el 
entusiasmo  que  la  Junta  general  del  Principado,  siempre  desve- 
lada por  el  progreso  y  brillo  de  la  Escuela  asturiana. 

En  1776  la  Representación  provincial  proyectó  fundar  una 
cátedra  de  Historia,  y  remitió  al  Conde  de  Campomanes  el  in- 


-  96   - 

forme  de  los  comisarios;  aconsejó  éste  que  la  dotase  el  Princi- 
pado y,  como  no  tuviese  fondos,  se  acordó  solicitarla  como  ha- 
cía la  Universidad.  Mas  los  caballeros  jóvenes  y  D.  Carlos  Sierra 
pidieron  la  inmediata  enseñanza,  Ínterin  resolvía  el  Supremo 
Consejo  y,  pensando  acceder  á  ello  si  consentía  Campomanes, 
se  aprobaron  el  plan  y  método  del  Br.  Sierra.  Hubo  sesión  para 
dotarla,  reglamentarla  y  tratar  con  individuo  del  Claustro  que 
explicaría  Historia  sagrada  y  profana,  y  no  se  llevó  á  cabo  el 
pensamiento  por  creer  mas  útil,  primero  una  academia  de  Dibu- 
jo, después  una  cátedra  de  Anatomía  y  enseguida  una  acade- 
mia de  Agricultura  (1). 

El  árbol  de  ciencia  cultivado  en  las  aulas  mayores  de  Oviedo 
carecía  de  la  rama  de  Medicina,  como  se  dijo  entonces,  y  no  tar- 
dó en  tenerla  hallando  el  bien  en  los  males  del  Obispo  Ilustrisi- 
mo  Sr.  D.  Agustín  González  Pisador  (2),  cautivado  por  las  bue- 
nas dotes  de  sus  diocesanos.  Ya  en  1739  D.  Juan  D'Elgart, 
buen  cirujano  y  anatómico  francés  (3),  había  representado  á  la 
Junta  provincial  acerca  de  la  utilidad  de  una  cátedra  de 
Anatomía;  y  en  1769  se  dio  cuenta  de  Provisión  ganada 
por  el  cirujano  D.  Dionisio  Abadía  ordenando  que  el  Real 
Acuerdo  y  Audiencia  oyendo  á  los  diputados  informase  sobre 
la  pretensión  de  establecer  en  esta  ciudad  una  academia  de 
Cirujía,  que  quedó  sin  realizarse  por  no  haber  recursos  para 
sueldos  y  material.  No  obstante,  en  junta  de  13  de  Agosto  de 
1781,  se  nombraron  comisarios  que  con  el  Deán,  Cabildo, 
Ayuntamiento  y  Universidad  tratasen  de  establecer  la  Facultad 
de  Medicina  y  Cirujía,  explicadas  por  los  médicos  de  la  Ciudad 
y  Capitulo  Catedral,  dándoles  2.000  reales  destinados  para  la 
clase  de  Historia,  sin  efecto  por  muerte  del  catedrático.  Tal 
pensaba  aquella  Corporación  de  buenos  patricios  que  pedía  á 
renglón  seguido  el  beneplácito  del  sujeto  de  alto  carácter,  «con 

\i)  Archivo  de  la  Diputación  provincial. — Junta  general  que  principió  en  28  de  Abril 
de  i7<Vj.  —  Diputaciones  de  15  de  Febrero  de  1775,  a  de  Agosto  y  10  de  Septiembre  de  1777.  — 
Diputacu  n  de  14  de  Abril,  Junta  de  12  de  Julio  y  Diputación  de  73  de  Noviembre  de  177S. — 
Diputaciones  de  12  de  Junio  y  m  de  Julio  de  1-70,  de  10  de  Julio  y  22  de  Diciembre  de  17S0; 
y  de  «7  de  Mayo,  14  de  Julio  y  27  de  Octubre  de  1774. 
vi1     Vea-e  ApÉnoick  VI. 

1  \)  Es  de  extrañar  que  no  impulsara  aquí  la  cn%cñanra  académica  de  la  Medicina  el  sabio 
D.  Ga*par  Casal,  una  de  la*  uu-ria*  nudit.iS  tic  F*paña.  que  remidió  en  Oviedo  desde  1720 
á  i:ñi  y  fue  muy  .unigo  del  F.  Feij<«\  tan  d-ido  igualmente  a  tale»  c-tudios.  t Véase  mi  biografía 
del  IVctcr  Ca*al,  que  precede  a  .a  nueva  edicun  do  su*  MriKsruts  de  Historia  HAturtti  y 
me.ii.a  de  Astu9i.ixt  reimpresas  y  anotadas  p^  D.  Arturo  Buy  na  Alegre  y  D.  Ra&tcl  Sarande- 
se*  Aívare/  <0\iedo,  i»*x>    con  un  pro!-¿"  del  Dr.  Puiid«*. 


—  97  - 

quien  cuenta  el  Principado  en  todas  sus  cosas»;  personaje  que 
no  era  otro  que  el  doctísimo  Presidente  Gobernador  del  Conse- 
jo de  Castilla  (1). 

Con  estos  antecedentes,  el  inolvidable  y  benemérito  Sr.  Pi- 
sador, á  quien  tanto  debió  el  progreso  de  Asturias,  ofreció  para 
crear  dos  cátedras  de  Medicina  la  cantidad  de  5000  duros  que, 
debiendo  imponerse  en  el  Banco  de  San  Carlos,  se  consignaron 
en  los  Cinco  Gremios  de  Madrid  por  mano  del  administrador  de 
la  Escuela.  Era  el  ánimo  del  ilustrado  Prelado  no  solamente  la 
ampliación  de  la  Universidad,  sino  también  dotar  al  pueblo  de 
mejores  médicos,  y  las  Corporaciones  ovetenses  convinieron  en 
que  los  profesores  del  Cabildo  y  Municipio  se  encargasen  de 
la  enseñanza,  retribuidos  con  200  ducados,  que  percibiría  la 
Escuela,  según  cláusula  de  escritura  otorgada  en  14  de  Abril 
de  1785;  y  los  sobrantes  de  diez  años  se  reservarían  para  au- 
mentar dicho  salario,  y  el  resto,  si  lo  hubiese,  quedaba  á  dispo- 
sición del  Claustro  con  objeto  de  crear  nueva  cátedra  de  Me- 
dicina, ó  para  otros  fines  convenientes  (2). 

En  22  de  Diciembre  se  solicitó  la  aprobación  del  Gobierno  y, 
por  Real  Cédula  de  9  de  Mayo  de  1786  la  otorgó  el  Supremo 
Consejo  de  Castilla,  admitiendo  la  generosa  oferta  del  Licencia- 
do D.  Francisco  Roca,  cirujano  latino  retirado  del  Ejército  y 
titular  de  los  Canónigos,  de  servir  sin  salario  alguno  la  enseñan- 
za de  Anatomía,  mientras  la  Universidad  arbitraba  recursos 
para  dotarla  cumplidamente.  Con  esta  pretensión  acudieron  á  la 
Junta  General  el  Obispo  y  la  Universidad  para  que  los  estudian- 
tes se  graduasen  sin  acudir  á  otros  establecimientos,  y  alcanza- 
ron 1.000  reales  para  el  Licenciado  Roca,  el  cual  dedicó  un 
acto  mayor  á  la  Provincia  que  acordó  obsequiarle  y  costeó  la 
impresión.  Dos  años  después  los  médicos  catedráticos  fueron 
doctores  en  medicina,  con  dispensa  de  propinas  y  derechos, 
fuera  de  los  del  arca  y  dependientes  (3). 

Trató  la  Junta  General  de  perpetuar  la  cátedra  que  fundara, 


-  98  - 

conviniendo  con  la  Universidad  en  entregar  al  mayordomo  la 
asignación,  aumentada  en  500  reales  para  rebajar  faltas  y  mul- 
tas, si  bien  quedando  á  su  arbitrio  concurso  y  provisión.  Muere 
Roca  en  1790  y  con  aprobación  del  Consejo  se  nombró  cate- 
drático interino,  el  cual  ofreció  á  la  Junta  unas  conclusiones 
que  le  valieron  otra  gratificación  y  después  la  propiedad  del 
oficio.  El  Procurador  general  indicó  al  Rector  la  necesidad  de 
disecciones  anatómicas  para  mayor  realce  de  un  estudio,  ya  tan 
consultado  y  en  vías  de  sufrir  aumento,  cuando  el  médico  de 
frijón  remitió  un  discurso  sobre  los  adelantos  de  la  Física  y  Me- 
dicina en  Asturias  y  la  conveniencia  de  crear  una  asignatura  de 
Hipócrates.  El  catedrático  de  esta  materia  saldría  por  el  Princi- 
pado á  observar  las  epidemias  y  formar  su  plan  curativo,  más 
dicho  trabajo,  que  para  su  aprobación  é  impresión  pasó  á  la  Fa- 
cultad universitaria,  no  dio  ningún  resultado  (1). 

Por  Real  urden  de  i  de  Octubre  de  1797  se  dispuso  que 
desde  el  curso  de  1799  no  se  admitiese  al  grado  ni  reválida  de 
médico  á  quien  no  acreditase  haber  cursado  dos  años  de  Medici- 
na práctica  en  el  Colegio  de  Madrid  ó  en  otros  señalados  del 
reino.  Era  ciertamente  muy  limitada  la  enseñanza  de  Oviedo,  re- 
ducida á  Instituciones  médicas,  Aforismos  y  Anatomía;  y  además 
no  pudo  ser  reformada,  pues  la  quiebra  de  los  Cinco  Gremios 
envolvió  en  su  ruina  el  capital  del  Sr.  Pisador,  y  la  Real  orden 
de  22  de  Enero  de  1780  estableció  la  Medicina  y  Cirujía  en  ins- 
titutos especiales  suprimiéndola  en  las  Universidades,  á  excep- 
ción de  la  de  Santiago.  La  Junta  del  Principado  representó  con- 
tra la  regía  orden,  el  catedrático  de  Anatomía  quiso  establecer 
una  academia  tcórico-práctica  en  un  hospital,  el  Claustro  infor- 
mó sobre  la  enseñanza  médica  en  1802  y,  tres  años  más  tarde, 
aun  pretendía  asistir  á  los  grados  el  Dr.  D.  Manuel  María  Re- 
conco,  como  excedente  que  percibía  sueldo  vitalicio,  según  una 
cláusula  de  la  fundación.  Estos  fueron  los  últimos  acuerdos 
sobre  tales  estudios,  y  únicamente  en  1804,  al  nombrar  el  Go- 
bierno una  Junta  liquidadora  de  los  Cinco  Gremios,  percibió 


L 


U)  Archiva  ilc  U  Diputación  provincial  — Libros  de  Actas  de  25  de  Octubre  de  1787;  15  de 
Febrtn'  y  14  de  Jutio  de  1788.— Junta  de  13  de  Agosto  y  Diputación  de  i.°  de  Diciembre  de 
i  ¡mío. — DlttutiKWCUÉl  de  7  de  Julio  de  1791  y  4  y  28  de  Enero  de  1704. — Junta  de  13  de  Agosto 
y  Diputación  de  31  de  Octubre  de  1796. — Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  10  de  Fe- 
brero de  íjljHj 


-  99  — 

nuestra  Escuela  la  cantidad  de  6.238  reales  por  la  asignación 
del  benéfico  Prelado  (1). 

Tal  fué  la  breve  vida  de  la  Facultad  de  Medicina;  á  su 
desaparición  quedó  la  Universidad  con  sus  primitivas  y  refor- 
madas enseñanzas  de  Artes  y  Teología,  Cánones  y  Leyes. 

Las  dos  primeras  tenían  también  aulas  en  ios  Colegios  reli- 
giosos de  Oviedo  de  San  Vicente,  San  Francisco  y  de  Jesús  ó 
de  benedictinos,  franciscanos  y  jesuítas.  Fuera  de  la  capital 
igualmente  funcionaban  las  casas  de  Obona,  Corias,  Cornellana 
y  Celorio  de  los  primeros,  en  Tineo  y  Aviles  de  los  segundos 
con  más  aquí  los  Mercenarios,  y  otro  tanto  acontecía  con  los 
monasterios  bernardos  de  Valdediós,  Belmonte  y  Villanueva  de 
Óseos.  Ya  los  mencionamos  en  la  página  5,  y  hemos  de  manifes- 
tar ahora  que  los  «lectores»  religiosos  prestaban  su  enseñanza 
á  la  manera  universitaria  con  análogos  actos  y  ejercicios,  se- 
gún el  ya  referido  método  pedagógico  y  con  el  criterio  de  la 
respectiva  escuela  filosófico-teológica.  En  la  Ciudad  iban  estu- 
diantes y  maestros  de  una  parte  á  otra,  desde  la  Universidad  al 
Convento  ó  viceversa,  como  también  á  la  Catedral,  donde  se 
«leía  Moral»,  y  el  estudio  era  incesante  aunque  ceñido  al  régi- 
men académico  indicado. 

Mientras,  sin  exámenes,  la  probanza  de  curso  ó  «año»  era 
cosa  sencillísima  (con  simples  cedulitas  ó  diminutos  atestados 
de  los  Catedráticos  ó  Maestros,  manifestando  que  el  estudiante 
había  asistido  á  su  cátedra  oficial,  colegial  ó  pasantía  de  San 
Lúeas  á  Junio)  la  incorporación  de  matrículas  ofreció  dificulta- 
des en  un  principio,  dada  la  rivalidad  de  nuestra  Escuela  con 
Comunidades  como  San  Vicente  y  San  Matías  que  primeramente 
tantos  obstáculos  la  pusieron  en  su  marcha.  Hubo  más  tarde  dis- 
posiciones sobre  este  asunto  (R.  O.  de  16  de  Septiembre  de  1767) 
aunque  ya  se  había  acordado  admitir  al  grado  de  bachiller  en 
Artes  á  los  cursantes  en  conventos  de  la  capital  y  de  fuera  de 
ella,  siempre  que  se  matriculasen  en  la  Universidad.  No  faltó 
quien  se  opusiera  á  tal  restricción  esperando  mandato  del  Con- 
sejo sobre  el  particular,  mientras  otros  doctores  se  negaban  á 
admitir  á  cuantos  no  se  inscribiesen  en  Secretaría,  la  que  debe- 


til    Archivo  de  la  Universidad  — Claustro  de  31  de  Octubre  de' 1797. —Archivo  de  la  Di- 
putación provincial. •'Diputaciones  de  23  de  Enero  y  24  de  Febrero  de  180*. 


—  IOO  — 

ría  participarlo  á  los  monasterios,  según  se  hacía  en  Salamanca. 
Y  decían  también:  «que  siendo  pública  y  notoria  la  deser- 
ción que  hacían  los  profesores  (alumnos),  en  especial  los  de 
Filosofía  de  los  estudios  de  la  Universidad,  pasándose  á  las  au- 
las de  los  Regulares  donde  era  pública  su  concurrencia  des- 
amparando el  primer  establecimiento  literario  de  la  provincia 
con  poca  nota  de  sus  catedráticos,  que  por  su  mérito  son  ele- 
gidos por  S.  M.,  si  hiciese  saber  á  los  conventos  que,  como  es- 
taba prevenido,  no  diesen  enseñanza  á  las  horas  de  la  Univer- 
sidad.» 

Fué  el  ^cuerdo  contrario  á  este  justísimo  deseo  por  ser  los 
votantes  en  su  mayor  parte  eclesiásticos  y  frailes  y,  días  des- 
pués, se  previno  que  sólo  fueran  de  abono  las  certificaciones  de 
los  Lectores  conventuales  de  esta  ciudad  que  en  los  tres  años  úl- 
timos pasaban  nota  de  los  asistentes  á  sus  academias.  Estos 
cursos  ganados  en  Seminarios  y  Comunidades,  fueron  prohibi- 
dos por  Real  cédula  de  11  de  Marzo  de  1771,  de  igual  manera 
que  por  Real  orden  de  15  de  Febrero  de  1772  se  decretó  no 
fueran  aprobados  los  que  no  se  matriculasen  ó  anualmente  no 
revalidasen  su  matrícula,  según  el  capítulo  14  de  la  Cédula  de 
Felipe  IV  dada  en  2  de  Octubre  de  1646.  Pero  tras  de  unas  ór- 
denes vinieron  otras,  y  más  en  la  instabilidad  de  la  administra- 
ción de  España  siempre  tan  movediza  en  materias  de  enseñan- 
za; por  Carta  del  Consejo,  4  de  Febrero  de  1781,  se  admitieron 
á  incorporación  todos  los  cursos  de  Artes  ganados  en  los  Semi- 
narios conciliares,  Colegios  y  Conventos  en  que  hubiese  maes- 
tros con  dos  lecciones  diarias;  después  se  habilitaron  las  ense- 
ñanzas de  todos  los  establecimientos  de  los  puntos  donde  no 
hubiese  Universidades  (aunque  esta  medida  fué  revocada 
en  1789);  y,  por  fin,  vinieron  distintas  disposiciones  privilegian- 
do á  San  Isidro  de  Madrid,  El  Escorial,  San  Fulgencio  de  Mur- 
cia, Astorga,  San  Pedro  de  Cáceres,  etc.,  según  consta  de  varios 
acuerdos  claustrales  acusando  los  decretos  recibidos  (1). 

En  1796  el  Ayuntamiento  de  Cangas  de  Tineo  hizo  presente 
á  la  Universidad  que  las  monjas  dominicas  de  aquella  villa  pa- 


to Archivo  de  la  Universidad. — Claustros  de  22  de  Julio  de  1748;  a  de  Diciembre  de  1767; 
16  de  Abril  de  1771;  13  de  Marzo  de  1772;  28  de  Julio  de  1781  y  4  de  Abril  de  1783. — Es  de 
advertir  que  de  un  siglo  á  esta  parte  ha  cambiado  por  completo  el  significado  de  la  palabra 
profesor,  que  entonces  indicaba  discípulo  ó  alumno. 


—  ioi  — 

gabán  un  lector  de  Artes  (probablemente  donde  en  su  juventud 
Caropomanes  enseñó  Humanidades,  Filosofía  é  Instituía)  y  soli- 
citaban incorporación  de  los  estudios,  exención  de  sorteos  y 
otras  gracias,  cuya  petición  fué  negada  por  el  Claustro.  Más 
afortunados  los  conventos  de  San  Francisco  de  Tineo  y  Obona, 
que  acudieron  al  Principado  en  demanda  de  protección  para 
sus  clases  de  Gramática,  Filosofía  y  Teología,  alcanzaron  las 
exenciones  que  determina  el  capítulo  general  de  Mantua  (J). 

Sigamos  en  capítulo  aparte  con  otras  memorias  universita- 
rias del  siglo  xvin. 


(t)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  5  de  Febrero  de  1796.— Archivo  tic  la  Dipu- 
ucióa.— Juma  de  i.°  de  Mayo  de  1799  y  Diputación  de  17  de  Junio  de  1800. 


—  t03  — 


CAPÍTULO  VII 


Organización  de  la  antigua  enseñanza  universitaria.— Disposiciones  sobre  pro* 
visión  y  duración  de  las  cátedras. — Academias  y  ejercicios  en  las  diferentes 
Facultades.— Incidentes  de  estas  instituciones,  principalmente  en  las  de  Le- 
yes y  Teología. — Estudios  privados  con  pasantías.— Retroceso  en  la  enseñan- 
za de  la  legislación. — El  Colegio  de  Abogados  de  Oviedo. — Libros  de  texto 
y  medios  materiales  de  enseñanza. — Varios  acuerdos  claustrales  y  especiales 
sobre  días  de  asueto,  adelanto  de  vacaciones  y  traslado  de  ferias. — Estado 
económico  de  la  Universidad  ovetense  en  el  último  tercio  del  siglo  xviii,  y 
proyecte  para  mejorar  y  ampliar  las  enseñanzas  con  beneficios  de  la  Dióce- 
sis.— Progreso  de  Asturias  en  este  período.  — Aspiraciones  de  entonces  á 
nuevo  plan  de  estudios  para  la  Universidad  de  Oviedo. 


Si  el  siglo  xvii  fué  como  de  ensayo  y  organización  de  la  Uni- 
versidad ovetense,  ya  en  el  xviii  remediadas  ó  salvadas  las 
crisis  económicas  y  otros  obstáculos,  aquélla  se  nos  presenta 
como  cuerpo  de  vigorosa  vida  académica,  de  importancia  grande 
y  utilidad  indiscutible  para  el  progreso  regional,  siendo  una  ins- 
titución por  la  que  se  interesaban  á  porfía  las  Corporaciones  del 
país  y  todos  los  naturales  de  éste.  Ser  maestro  ó  estudiante  de 
nuestra  Escuela  era  en  Asturias  señal  de  distinción  y  medio 
adecuado  para  prosperar. 

Referidas  quedan  las  vicisitudes  del  Magisterio:  los  primeros 
nombramientos  por  el  albaceazgo  arzobispal;  las  elecciones  su- 
cesivas á  tenor  de  los  Estatutos  Viejos  y  Nuevos;  las  corrientes 
de  ideas  encontradas,  aquí  como  en  otras  Escuelas,  sobre  si  ha- 
bían de  ser  las  cátedras  temporales,  según  también  pidieron  las 
Cortes  de  Castilla  en  Valladolid,  ó  si  perpetuas  como  galardón 
más  definitivo  y  de  vitalicio  carácter  profesional  después  de  ios 
penosos  ejercicios  para  alcanzarlas.  La  política  centralizadora 
del  Supremo  Consejo  llamó  á  sí  la  definitiva  designación  de 

8 


—  lo4  — 

maestros,  principalmente  en  tiempos  de  Carlos  III  y  con  carácter 
general  cuando  se  abolió  el  turno  de  teorías  ó  escuelas  fomen- 
tadas por  las  Órdenes  religiosas  (1). 

Dictáronse  diferentes  leyes  (2)  para  la  provisión  de  cátedras, 
recomendando  el  mayor  mérito,  aptitud  y  circunstancias  de  los 
opositores,  en  »  términos  de  rigurosa  justicia»  (ya  lejanos  aque- 
llos días  en  que  mal  se  condenaban  y  corregían  postergaciones, 
sobornos  y  banderias  que  reinaban  en  oposiciones);  disponiendo 
que  sin  omisión  alguna  se  sacasen  á  concurso  las  cátedras  de 
todas  las  rniversidades  (3);  designando  jueces  ó  comisarios  para 
juzgar  los  ejercicios  y  formar  las  trincas  (siendo  varios  los  pre- 
ceptos á  este  objeto);  ordenando  informes  de  cada  uno  de  los 
opositores  en  expedientes  elevados  al  Consejo  de  Castilla;  y  or- 
ganizando los  ascensos  á  las  categorías  del  Magisterio,  cuyas  cá- 
tedras habían  de  proveerse  y  servir  en  calidad  de  perpetuas  ú 
temporales  (de  cuadrienio  y  trienio)  conforme  al  respectivo  mé- 
todo observado  en  las  Universidades.  La  tendencia  doctoral  ca- 
minaba á  la  perpetuidad. 

Variando  la  duración  de  las  cátedras  varió  el  modo  de  as- 
pirar á  las  mismas,  y  la  «oposición)  fué  acto  muy  frecuente  y 
meritorio  constituyendo  el  de  opositor  un  titulo  literario  de 
valia  (4).  En  esta,  como  en  otras  Universidades,  se  observó  des- 
do antiguo  el  Real  decreto  de  1661,  que  prevenía  en  la  provi- 
sión di1  cátedras  el  informe  en  pliego  cerrado  de  los  Doctores, 
señor  Obispo  y  ilobeniador.de  la  provincia  para  elevar  la  terna 
de  los  beneméritos.  Siguió  por  mucho  tiempo  esta  costumbre  y 
mas  tarde  la  de  Salamanca,  hasta  que  en  1771  se  dio  cuenta  de 


ti)  ti  R.  P,  M.  Fr.  Kclipc  Carrera,  después  de  estudios  cu  Salamanca  y  Alba  de  Torroe*, 
h¡,-  li  Cloí  de  Prima  >'  Regen  ce  de  los  Kstudios  en  el  Convento  ovetense  de  San  Francisco,  reci- 
biendo lo*  grados  de  Licenciado  y  Uocior  teólogo  tu  1733  en  nuestra  Universidad.  Fué  aquí 
Subtitulo,  QpO*itov  y  Catedrático;  y  cuando  en  17*9  presentó  relación  de  méritos  para  «leer  de 
r>po lición  fcXpusa  :■!  Lbii-ttf-  -asimismo  manifiesta  que  is  el  único  escotista  graduado  de 
Poctu!  y  Opswtor  i  cá tedia*  dn  Teología;  que  lodcs  les  cMcdiáticcs  de  cuantas  cátedras  de 
Teología  y  Artes  hajf  en  e*U  Universidad  son  ahora  tomista*  y  jesuítas,  sin  que  haya  escotista 
l-h  ninguna  de  ¿Ui 

(íj     I*ye*  7  i  36  de  I  úi   o. ,a,  Üb.  8  de  la  Nma.  Ron. 
)     Con  la  Üoivtttidad  de  Salamanca  se  mencionan   las  de   Valladolid,  Santiago,   Oviedo, 
Sevilla,  Granada,  Zatogtxia,  Huesca»  Ccrvera  y  Valencia  para  fijar  edictos  llamando  al  concurrí 
ü  cpo»Ick»n  de  dUedr.u. 

(4)  El  erudita  Bibliotecario  de  la  Universidad,  D.  Aquilino  Suárez  Barcena,  de  grata  me- 
moria» colrcci"""  cu  varios  tomos  Las  Relaciones  y  hojas  de  méritos  y  servicios  (cu  su  mayoría 
impreca*)  de  ¿17  opo*¡tjre*  A  cátedras  pertenecientes  en  su  gran  numero  al  siglo  xvih.  liuárdan- 
*c  tn  el  Anihlw  universitario  c*t  i*  documento*,  que  asi  aportan  datos  curiosos  para  bíbiogra- 
fia*  de  a-luriLtiikPT  dÍ4l¡rtgUÍdoKi  Ctune  contienen  noticia*  muy  interesantes  sobre  la  pasada  cr^n- 
ftiuctótl  de  U  ftfwriifciiu,  m.uuin  amplia  y  libre  de  acreditar  los  estudios,  y  muy  principal:. tente 
reipcetu  a  opóilcioBrcfc,  De-  allí  resulta  que  muchos  graduados  pasaron  la  vida  en  funcionen  de 
opositores  coniúiiioí. 


—  tos  - 
la  Real  cédula  de  17  de  Enero  creando  las  regencias  (cátedras 
de  ingreso)  en  las  todas  Universidades,  sin  perjuicio  de  los  pro- 
pietarios á  quienes  al  mismo  tiempo  se  prohibía  pasar  y  mudar 
de  una  á  otra  Facultad.  Los  opositores  deberían  tener  cursados 
tres  años  después  del  grado  de  bachiller;  pero,  como  no  tarda- 
ron las  cátedras  en  perpetuarse,  ya  fueron  menos  penosos  y  más 
llevaderos  los  requisitos  y  ejercicios  ante  tres  jueces  del  con- 
curso que  formaba  las  trincas  leyendo  cada  opositor  por  espa- 
cio de  hora  completa  y  argumentando  con  los  otros  durante 
media.  Entonces,  como  ahora  y  como  por  desgracia  será  siem- 
pre, en  ocasiones  se  lastimaban  derechos  adquiridos,  como  cuan- 
do el  Dr.  Canga  Arguelles  obtuvo  por  Real  cédula  la  propiedad 
de  una  cátedra  con  perjuicio  del  canónigo  Sr.  Ruiz,  el  cual  pro- 
testó con  diferentes  consideraciones,  precedidas  del  siguiente  cu- 
rioso preámbulo,  digno  de  ser  conocido:   «Que   no  obstante  el 
obedecimiento  que  hace  de  lo  provehido  por  el  Real  Consejo,  á 
quien  ciegamente  obedece  en  todas  sus  justas  y  arregladas  de- 
terminaciones ya  que  su  suprema  autoridad  invoca  la  Real  Per- 
sona, no  embaraza  ni  impide  esta  que  se  haga  representación  á 
las  Reales  resoluciones  de  S.  M.  suspendiendo  su  cumplimiento 
hasta  que,  enterado  de  ellas,  delibere  lo  que  fuese  de  su  agrado, 
pues  como  Padre  supremo  de  la  patria  no  solo  debe  atender  al 
bien  particular  de  los  individuos,  sino  con  mayor  razón  al  co- 
mún de  todos  ellos,  y  las  representaciones  que  miran  á  este  fin 
no  pueden  ni  deben  estimarse  por  oposición  á  la  Majestad,  por- 
que reducir  la  potestad  de  los  reyes  y  emperadores,  no  es  atri- 
buir defectos  á  la  soberanía,  si  mayor  perfección...  Y  como  esta 
consideración  permite  se  dispute  de  la  tal  potestad  con  el  res- 
pelo  debido,  y  esta  opinión  es  la  más  corriente,  según  los  mejo- 
res autores,  propone  confiado  varias  razones  sobre  el  asunto...» 
Asi  con  valentía  defendió  el  individuo  sus  derechos,  y  más  tra- 
tándose de  un  puesto  de  consideración  como  era  una  cátedra, 
cuyos  honores,  prerrogativas  y  hasta  el  salario,  aunque  dismi- 
nuido, alcanzaban  á  quien  se  jubilaba  por  falta  de  salud  ó  exce- 
so de  edad  (1).  Otras  veces  las  oposiciones  daban  origen  á  liti- 

(n  Archivo  de  la  Universidad. — Claustros  de  16  de  Octubre  de  1767;  7  de  Febrero  de  1770; 
f  de  Febrero,  7  de  Agosto  y  15  de  Octubre  de  1771;  2  de  Mayo  de  1772;  14  de  Noviembre  y  a 
tic  Diciembre  de  1774;  15  de  Febrero  de  1777  y  2  de  Abril  de  1781.  Recuérdese  también  el 
nombramiento  de  catedrático  del  Dr.  D.  Ignacio  Mcnéndez  Valdés,  que  mencionamos  en  la 
pagina  50. 


—  io6  — 

gios  y  reclamaciones  entre  los  opositores,  que  acudían  al  Real 
Consejo  de  Castilla  (1)  contra  los  Claustros  y  jueces,  entendien- 
do en  estos  y  otros  expedientes  ciertos  ministros,  que  por  ello 
se  les  llamaba  *catedreros.» 

Al  lado  de  la  cátedra  se  colocó  la  Academia  como  com- 
plemento y  manifestación  práctica  de  aquélla.  Mencionadas 
quedan  en  el  capitulo  precedente  la  meritoria  de  «Leyeso,  del 
Dr.  Armiñan,  y  las  de  «Teología»  ó  del  angélico  doctor  y  <«de  Fi- 
losofía» del  doctor  sutil  organizadas  con  especiales  reglamentos 
en  que  se  mencionan  los  cargos  directivos  de  protector,  direc- 
tor, gimnesiarca  ó  vicepresidente,  consiliario,  moderante,  teso- 
rero, fiscal  y  spcretario  con  distinta  función  en  los  actos  mayores 
donde  era  mérito  ser  continuo  asistente  yarguyente,  mucho  más 
cuando  se  presidía  y  defendía  á  turno,  leyendo  y  argumentan- 
do de  pronto,  imprimiéndose  en  casos  extraordinarios  las  con- 
clusiones. De  la  Academia  teológica  surgió  otra  «Academia  de 
Teología  inóralo,  establecida  en  la  Universidad  en  1790  y  des- 
pués trasladada  al  palacio  episcopal,  como  la  Filosófica  tuvo  una 
derivación  especial  con  la  «de  Especulativa»)  en  1787.  La  Aca- 
demia de  Leyes  se  ramificó  en  Academia  de  Cánones  y  más  tarde 
tomó  aquélla  los  nombres  «de  ambos  Derechos»,  «de  Ju- 
risprudencia teórica»,  «de  Derecho  público  y  privado-);  y  en 
ellas,  además  de  los  indicados  cargos  directivos,  los  inscritos 
figuraban  en  sesiones  con  los  de  juez,  fiscal,  relator,  oidor  de- 
cano, correjidor,  provisor,  abogado,  etc.,  funciones  que  no  se 
olvidan  de  consignar  los  interesados  en  certificaciones  de  méri- 
tos y  servicios  (2).  No  deben  olvidarse  los  actos  académicos  en 
asabatinasfl  ó  ejercicios  literarios  que  se  usaban  los  sábados 
entre  los  estudiantes  á  fin  de  acostumbrarse  á  defender  con- 
clusiones, 


I  ti     Entre  Dtroi  t::i*o*,  recordaremos  las  siguiente*: 
Por  <.L  I>rn:tir  I*.  Francisco  de  la  Culga  (»ic)  Arguelles,  Catedrático  de  Filosofía  de  la  l'ni- 
vrr*idad  de  Ovii-dn    Robre  la  oposición  que  tiene  hecha  á  la  Sustitución  de  la  Cátedra  de  Prima 
de  TcMlojíin-.  —  Inip    tri  Oviedo  (sin  año)   10   hoj.   ful. — .Estampa    de  la  Virgen,  por  Cabera. — 
Firmad"  por  el  I  Ir.  Iludía  ■ 

Ki  muy  curiosa  uttt  Alegación  del  Dr.  D.  Fernando  Quirós  y  Valdés  pidiendo  se  le  elija 
catedrático  de  l'rim  i  de  Ltyes  y  se  excluya  por  enfermo  y  otras  causas  á  D.  José  de  Granda 
Vjddu*.  catedrático  de  Víperas.  No  tiene  fecha  y  está  en  las  Relaciones  de  méritos  de  gradua- 
do-i y  oprwtorc-o  de  la  I  Hiversidad  coleccionadas  por  el  Sr.  Suárez  Barcena. 

Mi  Iji**  acactemiai  jurídicas  tuvieron  vidu  muy  activa  á  partir  de  la  fundación  inolvidable 
del  Dr-  Arruinan  a  -jiiícii  wyudó  el  llr.  L)  José  Antonio  García  Hcvia  y  Noriega,  primer  gimne 
siarcn.  El  catedrátñtt  D,  Felipe  Ignacio  Canga  Arguelles,  ponente,  con  loi  doctores  Hoyles 
Coíío,  Estrada  y  Noriegtt,  del  plan  de  1774  en  la  comisión  universitaria,  fué  también  el  autor  de 
la»  «Ordenanza*  para  el  gobierno  escolástico  y  político  de  las  Academias  de  Leyes  y  Cánones». 


k» 


—  107  — 

Como  las  academias  universitarias  eran  las  conventuales, 
pues,  además  de  la  dicha  teológico-dominicana,  hubo  una  esco- 
lástica desde  1756  con  Pasos  y  Conferencias  de  Artes  y  Teolo- 
gía en  el  Convento  de  San  Francisco  y  desde  igual  fecha  otra 
análoga  en  el  Colegio  ovetense  de  San  Matías  de  los  hijos  de 
San  Ignacio.  A  éstas  y  á  aquéllas  concurrían,  como  ya  dijimos, 
Maestros  y  Escolares  de  la  Universidad  como  los  Padres  y  Cole- 
giales religiosos  asistían  á  los  actos  académicos  de  nuestra  Es- 
cuela, viviendo  así  manteistas  y  regulares  en  incesante  comer- 
cio científico  y  en  el  continuo  batallar  dialéctico  de  aquellos 
tiempos. 

Las  Academias  de  la  Universidad  eran  dirigidas  por  el  Di- 
rector, nombrado  por  el  Claustro,  y  el  Gemnisiarca,  votado  por 
los  académicos,  ambos  cargos  con  pequeña  gratificación.  Dentro 
de  aquéllos  hubo  diferentes  y  notables  sucesos,  siendo  de  no 
poca  importancia  la  queja  de  los  bachilleres  á  la  Junta  general 
del  Principado,  que  venía  ejerciendo  un  protectorado  ó  tutela 
universitaria,  al  pedir  nulidad  de  asignación  del  gemnisiarca  y 
oficios  de  la  Academia,  de  la  que  con  agravio  fueron  des- 
pedidos en  1783;  nombró  la  Provincia  sus  comisarios  y  se 
arregló  la  cuestión  amigablemente,  pues,  según  la  enseñanza  de 
entonces,  eran  indispensables  las  Academias,  como  se  manifiesta 
en  un  informe  sobre  el  restablecimiento  de  la  de  Práctica  forense, 
á  principios  del  siglo  xix  (1). 

Mas  el  acontecimiento  académico  principal  pasó  en  1799-de 
esta  manera:  el  Br.  Oviedo  y  Portal  propuso  en  la  Academia  de 
Leyes  el  siguiente  tema  para  la  discusión:  o  Jesucristo  en  la  mo- 
ral de  su  Evangelio  nada  mas  hizo  que  sublimar  los  preceptos 
de  la  Filosofía. »  Causó  extrañeza,  escándalo  y  temor  la  tal  pro- 
posición, y  unánime  el  Claustro  acordó  que  los  doctores  Palacio 
y  Larauño  con  el  Rector  tomasen,  consultada  la  Universidad  de 
Valladolid,  la  providencia  oportuna  extendiéndola  después  para 
lo  sucesivo.  La#  presión  no  se  hizo  esperar;  al  Br.  Oviedo  se  le 
obligó  á  defender  un  tema  contrario  que  había  de  entregar  al 
Director  de  la  Academia;  más,  cuando  su  nueva  disertación,  pre- 


íi)  Archivo  de  la  Uiiivcrsídnd.  — Claustros  de  i.1  de  Diciembre  de  1780;  33  de  Octubre  dé 
178»;  23  de  Octubre  de  1796  y  »o  de  Diciembre  de  1800.— Archivo  de  la  Diputación  provincial. 
—Diputaciones  de  ao  de  Diciembre  de  1783  y  14  de  Marao  de  17S4.— Junta  de  j 3  de  Agosto  de 

17S4. 


nar 


—  108  — 
sentó  una  papeleta  del  Dr.  Caunedo  que,  al  votar,  dijo  sostenía 
la  verdadera  inteligencia  de  la  conclusión  con  diferentes  citas 
de  Pedro  Daniel  Huet,  Bergier,  Sánchez,  Santo  Tomás,  etc.  El 
incidente  fué  objeto  de  graves  controversias,  y  el  joven  teólogo 
pidió  para  Claustro  extraordinario  la  explicación  de  su  voto  de 
no  refular  por  herétfca  una  proposición,  defendida   por  varios 
autores.  Aunque  algunos  querían   explicación  incontinenti,  se 
aplazó  )a  cuestión  para   otro  día,  pues  varios  graduados,  que 
con  el  tiempo  fueron  á  las  Cortes  de  Cádiz,  manifestaban   gran- 
des deseos  de  nir  á  Caunedo  mientras,  evitando  una  cuestión 
resbaladiza,  otros  teólogos  templados  se  daban  ya  por  satisfe- 
chos. Hubo  reparos,  sin  embargo,  cuando  leyó  la  apología  de  la 
cuestión,  por  mas  que  salvara  como  depresivas  las   palabras 
«nada  mas  hizo*;  y  en  la  sesión  siguiente  se  leyeron  unas  comu- 
nicaciones del  Prelado  que,  alarmado  por  el  suceso,  intervenía 
en  un  asunto  académico  de  tanta  relación  con  el  dogma. 

Decía  así  el  Obispo:  «Acaban  de  comunicarme  formalmente 
que  en  el  Claustro,  congregado  el  sábado  próximo  9  del  corrien- 
te, el  Dr,  D.  José  Caunedo,  clérigo  de  prima  corona,  catedrático 
de  Filosofía  y  opositor  á  los  beneficios  curados  de  mi  diócesis, 
había  leído  un  escrito  formado  para  vindicar  cierto  dictamen 
suyo  cu  un  piiuln  muy  serio  de  religión;  que  este  papel  ha  sido 
oído  con  mucha  nota  y  disgusto  de  algunos  teólogos  de  concep- 
to del  mismo  Claustro;  que  en  su  consecuencia  se  había  forma- 
do una  diputación  para  examinarle  y  que  en  el  día  estaba  ya  pu- 
blicado este  suceso  y  el  objeto  de  aquel  escrito  entre  la  juven- 
tud de  la  misma  Universidad  y  aun  entre  muchas  personas  de 
esla  capilal  dr  mi  diócesis,  con  riesgo  de  un  daño  gravísimo  á 
su  religión  y  Imcnafé.  Y  no  debiendo  yo  en  este  caso  desenten- 
derme de  las  obligaciones  de  mi  carácter,  como  del  empeño  en 
que  me  pone  una  delación  tan  grave  y  que  tanto  excita  el  cargo 
mas  especial  de  mi  ministerio,  cual  es  de  velar  por  la  pureza  y 
conservación  del  sagrado  depósito  de  la  fé  y  separar  de  la  grey 
que  Jesucristo  me  ha  confiado  todo  peligrro  de  contagio  cance- 
roso de  la  mala  doctrina,  no  puedo  menos  de  decir  á  V.  S.  se 
sirva  disponer  se  me  pase  el  insinuado  papel  original,  como 
igualmente  cualesquiera  copia  que  se  haya  sacado,  para  exami- 
narle con  la  autoridad  que  me  compete  y  tomar  por  mi  parte, 


—  109  — 

en  su  vista,  las  providencias  que  hallare  por  conveniente  en  las 
actuales  circunstancias.  Dios,  etc.,  22  de  Marzo.  Juan,  Obispo 
de  Oviedo.» 

Lacónica  y  mas  terminante  fué  la  comunicación  del  15  de 
Mayo,  y  varios  doctores  reunidos  en  Ángulo  hubieron  de  remi- 
tirle los  documentos  pedidos.  Mas  como  esta  resolución  era  gra- 
ve y  no  tomada  en  Claustro,  hubo  larga  discusión  cuando  éste 
se  reunió  para  proclamar  no  debió  acordarse  la  pronta  en- 
trega de  aquellos  escritos,  pendientes  del  dictamen  de  una  co- 
misión. Defendió  el  Sr.  Palacio  el  acuerdo  del  Ángulo,  del  que 
pidió  testimonio  el  Sr.  Hévia  y  Noriega,  después  personaje  noto- 
rio como  consejero  y  testamentario  de  Fernando  VII;  se  puso  á 
discusión  el  dictamen  de  los  comisarios  sobre  las  ideas  del 
Dr.  Caunedo;  y,  en  su  vista,  se  acordó  ejecutar  la  providencia 
del  Claustro  respecto  al  Br.  Oviedo  y  que  Caunedo  reformase 
su  papel  en  cuanto  había  autores  casuistas  que  enseñaban  aque- 
lla proposición,  que  ni  él  ni  otro  alguno  podían  enseñar  en 
esta  Universidad  ni  aún  como  probable,  en  público  ni  en  secreto. 
Se  archivaron  los  informes  y  los  graduados  modernos  hubieron 
de  conformarse  con  lo  resuelto  contra  el  Br.  Oviedo,  absteniéndo- 
se respecto  al  Dr.  Caunedo,  cuya  proposición  fué  entonces  co- 
nocida en  toda  España  y  en  algunas  partes  de  Europa  (1). 

Para  mayor  lucimiento  de  las  Academias  y  de  todos  los  ac- 
tos en  que  la  Teología  tomaba  parte,  propusieron  los  de  esta 
Facultad  que  en  los  sorteos  de  conclusiones,  que  se  hacían  por 
el  Maestro  de  las  Sentencias,  alternase  el  Catecismo  de  San 
Pío  V.  Se  pasó  á  dictamen  de  los  directores  de  las  Acade- 
mias, según  sus  escuelas,  y  así  lo  acordaron  manifestando  la 
conveniencia  de  introducir  en  estas  aulas  una  alternativa  que 
mejoraba  la  instrucción  del  eclesiástico  con  el  interesante  cate- 
cismo acordado  en  Trento,  que  encerraba  lo  mas  selecto  en  or- 
den al  dogma  y  moral  cristiana.  Y  decían:  «La  Universidad  tie- 
ne interés  en  que  sus  alumnos  hagan  conocer  en  los  concursos 
y  oposiciones  el  buen  método  que  se  observa  en  nuestros  estu- 
dios: el  cuidado  y  esmero  con  que  se  procura  educar  á  la  juven- 
tud para  que  pueda  servir  á  la  República  en  aquellos  ramos  á 

(i)    Archivo  de  la  Universidad.—  Claustro  de  19  de  Mayo  de  1799. 


—  no- 
que se  la  destina  y  para  que  se  conozca  que  la  Universidad  ha 
mirado  y  mira  siempre  por  la  instrucción  literaria  de  sus  hi- 
jos.* (1) 

Se  vivía  en  plena  libertad  de  enseñanza,  y  ésta,  además  de 
en  las  aulas  universitarias  y  conventuales,  se  completaba  en 
Pasantías  privadas,  que  abrieron  en  sus  casas  principalmente 
para  estudios  jurídicos  diferentes  doctores  y  catedráticos.  A  ellas 
concurrían  no  pocos  estudiantes  á  fin  de  prepararse  y  repa- 
sar las  materias  de  las  Facultades  de  Leyes  y  Cánones,  te- 
niendo también  en  las  moradas  de  los  Maestros  útiles  liceos  6 
academias  particulares,  que  alcanzaron  concepto  y  estimación 
claustrales  á  juzgar  por  varias  certificaciones  de  aquella  época. 
Tales  fueron  las  cátedras  domésticas  de  D.  Alonso  Marcos  de 
Llanos  y  Arguelles  en  1751;  de  D.  Juan  Pérez  Villamil  en  177a; 
del  Deán  1).  Manuel  Carro  en  1777;  de  D.  Eugenio  Manuel  Alva- 
rez  Caballero  en  1776;  de  D.  Manuel  M.  Acebedo  en  1780;  de 
D.  Felipe  Ignacio  Canga  Arguelles  en  1781;  de  D.  José  Alvarez 
Rojo  en  1786;  de  D.  Alonso  Canella  y  Gutiérrez  en  1796;  de 
D.  Antonio  Piquero  Arguelles  en  1797,  etc.,  etc.  Estos  y  otros 
maestros  son  los  que  importaron  y  comenzaron  á  difundir  los 
libros  de  Derecho  patrio  de  Asso  y  De  Manuel,  Maymó  y  Ribés, 
Danvila,  Berni  y  Cátala,  Franckenau  ó  Cortés,  Cortines,  Febrero, 
Cornejo,  Rodríguez  Fonseca  y,  sobre  todos,  los  de  Pavorde  Sala, 
íjue  fueron  más  tarde  texto  preferente. 

Si,  en  general,  los  Consejeros  de  Carlos  III  y  aún  de  Car- 
los IV  iniciaron  avances  y  fin  de  corruptelas  pedagógicas,  entre- 
veraron sus  disposiciones  y  reformas  con  medidas  restrictivas 
respecto  á  libros  y  periódicos  y,  por  lo  que  toca  á  importante 
materia  de  enseñanza  jurídica,  fué  del  segundo  de  estos  monar- 
cas la  extinción  de  las  cátedras  de  Derecho  público,  del  Natural 
y  do  i  ¡entes  en  1794,  dispuesta  en  la  Universidad  de  Granada  y 
extensiva  á  las  demás.  Si  en  Oviedo  no  había  tan  útil  enseñan- 
za, ya  los  Maestros  se  referían  con  amplitud  á  estas  materias  en 
sus  explicaciones,  por  lo  que,  aquí  se  dejó  sentir  ley  tan  perjudi- 
cial ruando  los  estudios  jurídicos  seguían  nuevo  rumbo  en  el 
examen  de  la  legislación  patria  y  de  sus  fundamentos,  que  en 


i 


e  U  Uiuvcrsid.t.l. — Clauitro  de  13  de  Euer.»  de  1Ü00. 


nuestra  provincia  era  indispensable  después  de  la  erección  de  la 
Real  Audiencia  territorial  y  de  la  fundación  del  ilustre  Colegio 
de  Abogados  de  Oviedo. 

Débese  esta  institución  á  los  Catedráticos  D.  Francisco  de 
ílranda  Valdés,  D.  Pedro  Ruiz  Villar,  D.  Felipe  Villaverde,  don 
Blas  José  de  Faes,  D.  José  Hevia  y  Noriega  y  D.  Felipe  Canga 
Arguelles;  á  los  Doctores  D.  Bernardo  Estrada  Valvidares,  don 
Andrés  Arguelles  Meres  y  D.  Ramón  de  Hevia  y  Miranda;  y  á  los 
Licenciados  D.  Juan  de  Pedrosa  Rubio,  D.  Andrés  Rodríguez 
Valdés, D.. Antonio  Fernández  déla  Llana,  D.  Matías  Fernández 
de  Prado,  D.  Benito  Gutiérrez  Jove,  D.  Emeterio  Cacho,  D.  José 
Conejares  y  D.  Eugenio  Manuel  Alvarez  Caballero,  que  obtuvie- 
ron la  Real  Provisión  fundacional  de  29  de  Agosto  de  1775.  El 
Colegio  ovetense  de  Abogados,  que  puede  considerarse  institu- 
ción filial  de  nuestra  Universidad,  en  su  Sala  claustral  vino  con- 
gregándose, celebrando  sesiones  y  tomando  acuerdos  durante 
más  de  medio  siglo,  siendo  los  colegiales  alumnos  de  estas  aulas 
y  en  muchas  ocasiones  los  catedráticos  ejercieron  el  decanato, 
habiendo  así  estrecha  hermandad  entre  ambas  instituciones.  La 
nueva  determinó  más  el  cambio  y  dirección  al  estudio  de  las 
leyes  nacionales  que,  como  en  todas  partes,  aquí  se  dejaba  sen- 
tir contra  inveteradas  resistencias  de  los  viejos  maestros,  que 
trabajosamente  se  referían  en  sus  .explicaciones  á  las  leyes  de 
Toro,  de  la  Nueva  Recopilación  y  de  otros  cuerpos  legales. 

Abolido  el  sistema  de  lecturas  y  sustituido  por  los  libros 
«le  texto  (1),  desde  antes  de  reformas  comenzadas  en  1770,  ya 
liemos  visto  el  examen  que  de  estos  se  hacía,  dando  ocasión  á 
informes  discutidos  á  veces  con  fuego  y  á  dictámenes,  donde 
brillan  ideas  muy  particulares  sobre  ciertas  materias,  ya  refu- 
tando la  doctrina  de  algún  autor  ó  sustituyendo  uno  á  otro, 
bien  alterando  su  método,  cuand:)  no  se  prohibía  su  estudio  y 
explicación.  Con  frecuencia  se  consultaba  á  Salamanca  y  á  Va- 
Hadolid  y,  oído  el  parecer  de  estas  Universidades  mayores,  se 


(i)  Al  disponer  el  Rey  Sabio  en  el  título  XX XI  de  la  Partida  Segunda,  de  qué  manera 
•deben  los  maestros  mostrar  á  los  escolara  los  saberes»,  «leyendo  los  libros,  faciéndolo  entender 
tn  mejor  que  ellos  pudieren»,  dispuso  t  tnibién  que  en  los  «Estudios»  hubiese  libreros  «cstaciu- 
runos  de  buenos  libros  legibles,  verdaderos  de  texto  y  glosa-  c«»n  permiso  del  Rector  y  coa  ta^a 
» ■  .Kticrdo  con  el  Claustr  j. 

En  Estatuto»  universitarios  y  en  la  Novísima  Recopilación  Libio  YlIIy  se  recomiendan 
y  prohiben  diferentes  libros  de  texto,  Cj.\  su  tasa  umbi»;  i  y  otras  disp  jsieione*. 


—    112  — 

hacían  diferentes  cambios  como  el  Lacini  por  Cantalapiedra  en 
Sagrada  Escritura,  en  Cánones  el  Selvagio  y  Lackis  por  Lance- 
Joto,  siendo  muy  de  notar  el  curioso  y  razonado  examen  que 
dd  P.  Jaquier  se  hizo  á  propuesta  del  Dr.  Caunedo  (1). 

Por  lo  que  loca  á  medios  materiales  de  enseñanza  no  fueron 
ni  muy  buenos  ni  muy  sobrados  tanto  en  las  asignaturas  de  Ar- 
tes que  los  necesitaban,  como  en  las  breves  enseñanzas  de  Me- 
dicina (2),  pues  en  las  Facultades  de  Teología,  Leyes  y  Cánones, 
cuando  más  se  precisaban  buenos  libros  y  ediciones  caras  en 
la  Biblioteca  ó  librería  universitaria,  de  que  hablaremos  en  su 
lugar.  Toscos  y  sencillísimos  fueron  los  primeros  instrumentos 
de  la  cátedra  de  Matemáticas,  que  á  su  cuidado  tenía  el  bibliote- 
cario, y  al  acrecentarlos  por  R.  O.  de  9  de  Febrero  de  1765  se 
mandó  al  Regente  de  la  Audiencia,  presidente  de  la  Junta  gene- 
ral del  Principado,  que  para  la  compra  de  algunas  máquinas  as- 
tronómicas se  asesorase  de  los  Doctores  D.  Andrés  Carlos  de 
Prada  y  del  P.  M+  Fr.  Bernardo  Carasa.  Con  el  tiempo  se  au- 
mentó el  material,  que  fué  pobre  y  embrionario,  dado  el  atraso 
en  que  estaba  la  enseñanza  esperimental,  por  una  parte,  y  aten- 
diendo, por  otra,  á  que  la  penuria  de  la  Escuela  no  permitía  la 
adquisición  de  importantes  medios,  aunque  es  digno  de  mención 
el  rico  monetario  procedente  del  Colegio  de  Jesuítas  y  que 
desapareció  después.  Por  estas  escaseces  no  estableció  en  1780 
la  Academia  de  Dibujo  y  Perspectiva  (3). 

Larga  sería  nuestra  tarea  si  diésemos  cuenta  de  tantos  y  tan- 
tos acuerdos  del  Claustro  durante  el  siglo  xvm  con  muchos 
asuntos  y  reformas  de  que  hicimos  mérito;  pero  no  debe  omi- 
tirse que,  en  178Ü  hizo  una  proposición  el  Dr.  San  Pedro  para 
aumentar  la  importancia  del  Establecimiento,  estribando  toda 
ella  en  la  extensión  y  aumento  de  la  autoridad  escolástica;  en 
1783,  1784  y  179i  la  Universidad  se  interesó,  á  petición  de  FlO- 


fi)     Archivo  de  I»  Universidad.— Claustros  de   12  de  Junio  de  1776;   32  de  Julio,  7  y  21  de 
Agobio  de  179R  >■  99  de  Agotto  cte  [802. 

la)     Archivo  d*i  hi    U  ni  ve  r>idnd.  —  Claustros   de    13    de  Septiembre  de    1777    y    10  de  Julio 
de  [7S0, 

trsid.id,— Claustros  de  13  de  Septiembre  de  1777  y  10  de  Julio 
de  178*5  —  No  cuneta  que  para  Ui  l~  acuitad  de  Medicina,  que  tuvo  aquí  modesta  vid«\  se  establecie- 
ren clínica*  en  lni  hospitales  de  la  ciudad,  aunque  es  probable.  Respecto  á  la  adquisición  de 
instrumental  médico,  no  hay  dnios  en  el  Archivo  universitario;  pero  110  debía  tenerlo  el  nuevo 
Estudio  cuando  el  cirujano  ovetense  D.  Francisco  Rodríguez  solicitaba  del  Municipio  en  24  de 
Julio  de  i???  I;i  ¡idqukkión  de  tina  silla  de  Heistcr  para  parturientas  y  una  máquina  fumigato- 
ria necesaria  para  varia*  enfermedades. 


—  n3  — 

ridablanca,  en  la  beatificación  del  V.  Palafox;  dio  comisión  á 
dos  doctores  para  buscar  sitio  y  edificar  una  cárcel  de  estudian- 
tes, que  requería  el  abuso  del  Fuero  académico;  y  acordó  hacer 
rogativas  por  la  paz  con  Francia  (1). 

Los  asuetos  ó  dias  de  vacación  fueron  también  objeto  de 
providencias.  En  los  Estatutos  Viejos  están  marcados  los  dias  en 
que  no  había  lectura,  sin  contar  aquellos  de  ejercicios  de  los  Gra- 
dos de  licenciado  y  doctor,  que  se  redujeron  después.  Mas  tarde 
hubo  asueto  en  23  y  28  de  Enero;  3  de  Febrero  por  la  tarde;  7 
y  17  de  Marzo;  25  de  Abril;  2  y  25  de  Noviembre;  los  cuatro  de 
Carnestolendas;  desde  el  23  de  Diciembre  al  7  de  Enero;  desde 
el  viernes  de  Dolores  hasta  el  martes  de  Pascua,  etc.,  quedan- 
do, por  lo  tanto,  como  dias  lectivos  143  en  esta  forma:  Enero, 
1M;  Febrero,  19;  Marzo,  13;  Abril,  17;  Mayo,  19;  Junio,  12;  Oc- 
tubre, 9;  Noviembre,  21;  y  Diciembre,  15;  durando  las  vacacio- 
nes del  verano  desde  el  18  de  Junio  hasta  el  18  de  Octubre. 

Era  grande  el  descanso,  y  en  1794  hubo  proposición  para 
disminuirle  porque  aumentaba  con  diferentes  acontecimientos 
casuales.  Una  diputación  de  la  Junta  general  del  Principado  se 
presentó  al  Claustro  en  1795  manifestando  la  necesidad  de  ade- 
lantar el  punto  en  razón  de  varias  dificultades,  corno  alojar  al 
lucimiento  de  nobles,  carestía  de  los  alimentos,  proximidad  de 
las  ferias  y  la  fácil  ocasión  á  reyertas  entre  soldados  y  estudian- 
tes. Fué  preciso  concederlo,  y  en  1797  y  1798  también  por  el  su- 
bido precio  de  artículos  de  primera  necesidad,  alojamiento  de 
tropas,  mercado  de  la  Ascensión  y  la  reunión  de  la  Asamblea 
provincial  en  1799.  En  el  primero  de  estos  tres  últimos  años,  el 
Juez  1.°  de  Oviedo  pasó  al  Claustro  esta  comunicación:..  «Siendo 
la  baratura  ó  carestía  de  los  granos  en  esta  capital  la  que  dá 
tono  ó  arreglo  á  los  mercados  de  la  provincia,  ya  que  la  influen- 
cia de  la  opinión  en  estas  cosas  nace  mas  bien  del  temor  que  de 
la  esperanza,  atendiendo  mas  á  lo  que  falta  que  á  lo  que  existe; 
para  precaver  que  la  común  aprensión  anticipe  y  abulte  los  ho- 
rrores de  la  necesidad,  exigen  las  circunstancias  evitar  en  tiem- 
po cuanto  pueda  contribuir  á  desviar  las  tristes  resultas  de  ésta. 
V  como  la  baratura  de  los  granos  en  los  pueblos  es  precisa  en 


<i)     Archivo  de  la  U.m'oixld.id.    -Clá:i»tr>;  do  5  do  M  iy o  de  17S3;  5  Je  Jir.no  de  1784; 
'¡cAj'mo  de  1785  y  i."  de  AgosU  de  1795. 


-  114  — 

proporción  de  los  menos  consumidores,  á  efecto  de  conseguirlo 

en  esta  ciudad,  ó  á  lo  menos  que  no  incrementen  su  precio 

espero  se  sirva  (el  Claustro),  en  obsequio  de  la  causa  común, 
acordar  desde  luego,  dispensar  á  los  oyentes  de  esa  Real  Uni- 
versidad, dándoles  libertad  para  que  puedan  restituirse  á  sus 
casas,  declarando  concluido  el  curso.»  Este  y  otros  casos  preci- 
saron á  que  la  Diputación  provincial  expresara  al  Consejo  el 
perjuicio  de  adelantar  las  vacaciones  y  consentir  tantos  días  de 
asueto  (1). 

Las  ferias  que  en  esta  ciudad  se  celebran  por  la  Ascensión 
y  Todos  los  Santos,  se  extendían  antes  á  la  calle  de  la  Picota 
(hoy  de  la  Universidad)  y  en  1771  el  Claustro  indicó  al  Munici- 
pio los  perjuicios  de  tal  costumbre.  En  el  año  siguiente  las 
trasladó  el  Ayuntamiento  con  gran  provecho  de  la  quietud  que 
debe  reinar  cerca  de  las  escuelas  (2). 

De  nuevo  en  este  período  surgieron  apremios  de  recursos 
porque  las  necesidades,  que  llevan  consigo  los  cambios  y  las 
aspiraciones  sucesivas  de  los  tiempos,  debilitaron  el  estado  eco- 
nómico universitario,  no  obstante  las  medidas  que  se  tomaron 
desde  1769. 

El  Consejo  de  Castilla,  donde  tuvimos  valimiento  por  miem- 
bros asturianos  y  por  hijos  agradecidos  de  las  aulas  ovetenses, 
ordenó  á  la  Universidad  repetidas  veces,  principalmente  en  1767 
y  1771,  que  propusiera  los  arbitrios  que  juzgara  oportunos  para 
el  efecto;  y  considerando  «que  el  verdadero  y  pronto  fondo  de 
los  estudios  consiste  en  las  rentas  eclesiásticas,  adoptó  (el  Con- 
sejo) como  el  medio  más  conforme  á  derecho  y  más  útil  al  Es- 
tado la  aplicación  y  agregación  de  préstamos  y  beneficios  sim- 
ples» y  lo  avisó  al  Claustro  remitiendo  el  asunto  á  la  Real  Cá- 
mara. Esta  se  ayudó  al  caso  y  en  16  de  Noviembre  del  di- 
cho 1774,  dirigió  una  Real  orden  al  Obispo  de  Oviedo  o  para 
que,  enterado  de  la  renta  de  la  Universidad,  informase  de  lo  que 
convendría  aumentar  para  dotación  de  cada  cátedra  y  salario 
de  dependientes,  proponiendo  un  plan  con  expresión  de  cuáles 


t 


(i)  Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  25  de  Enero  de  1794;  2  de  Junio  de  1795; 
10  de  Mayo  de  1797-,  26  de  Abril  de  1798  y  17  de  Abril  de  1799.— Archivo  de  la  Diputación 
provincial.— Libros  de  actas:  Junta  de  i.w  de  Mayo  de  17.J9  y  Diputación  de  10  de  Entr  > 
de  xS^o. 

12)     Archivo  de  la  Universidad.  —  Claustros  de  6  de  Julio  de  17S1  y  4  de  Febrero  de  i782. 


-115- 
y  cuantos  beneficios  incongruos,  préstamos  y  capellanías  de  la 
Diócesis  se  podían  y  debían  agregar,  sin  perjuicio  de  la  Iglesia, 
á  la  Universidad,  y  en  qué  consistiría  anualmente  el  producto  de 
dichas  piezas,  extendiendo  la  unióir  á  cualquiera  otra  preben- 
da, etc.»  El  Consejero-Director  recordó  al  Prelado  de  la  Dióce- 
sis que  ejecutara  las  órdenes  dadas  para  la  reunión  y  extinción 
de  beneficios  simples,  agregándolos  á  la  Escuela;  y  siendo  insu- 
ficiente tal  medida,  proponía  la  Corporación  que  se  pensionase 
la  mitra  en  4.000  ducados  y  los  préstamos  de  algunos  curatos, 
reduciéndolos  á  vicarías  como  en  Santiago,  ó  se  concediese  un 
crecido  arbitrio  en  cada  libra  de  tabaco  que  se  consumiese  en 
la  provincia. 

El  Prelado  formó  el  plan  de  dotación,  manifestó  que  falta- 
ban más  de  aquella  suma  para  dotar  las  cátedras,  y  creyó  im- 
practicable la  indicada  agregación  beneficiaría  aún  sumando  la 
de  la  dignidad  de  Prior  de  la  S.  I.  C,  mientras  juzgaba  más  con- 
veniente la  supresión  y  aplicación  de  la  Abadía  y  Colegiata  de 
Santa  María  de  Arbás  del  Puerto  de  Pajares.  Así  lo  estimó  la 
Real  Cámara.  La  Universidad  recurrió  á  la  Corte  y,  después  de 
otras  gestiones  en  1777  y  1783,  pidió  á  la  Junta  general  del  Prin- 
cipado que  la  ayudase  en  sus  pretensiones  y  á  terminar  el  largo 
expediente  de  la  urgente  adjudicación  de  bienes  de  la  dicha  Co- 
legiata. En  1776  el  alto  Cuerpo  dictó  auto  para  mejor  pro- 
veer acordando  se  visitase  la  Abadía;  encargo  que  por  R.  D. 
de  6  de  Febrero  de  1787  se  cometió  al  Chantre  de  la  Cate- 
dral ovetense  Dr.  D.  Jacinto  Díaz  de  Miranda,  sabio  catedrático 
de  la  Universidad,  que  cumplió  su  misión  con  celo  y  acierto. 
Redactó  luminoso  informe  donde,  después  de  compendiosa  re- 
seña histórica  de  la  Escuela,  sus  primeros  recursos  funda- 
cionales, arbitrios  sucesivos  y  principalmente  los  facilitados 
por  la  provincia  en  1736,  manifestaba  la  precaria  situación  del 
Magisterio,  oque  no  tenía  con  qué  sustentarse  la  mitad  del  año 
sin  destinarse  á  la  abogacía,  curatos  .y  otros  ejercicios  que, 
siéndoles  indispensables  para  vivir,  les  apartaba  de  la  seria  y 
constante  aplicación  á  la  enseñanza»;  aducía  el  recargo  de  tra- 
bajo después  de  la  reforma  de  estudios  de  1774,  llamada  de 
Campomanes,  y  que  era  indispensable  nueva  dotación  á  los  ca- 
tedráticos para  que  «libres  de  la  necesidad  de  buscar  su  sustento 


-lió- 
se puedan  dedicar  al  estudio  de  las  Lenguas,  Ciencias  exactas  y 
otros  conocimientos  difíciles  y  menos  frecuentados,  aunque  muy 
necesarios  y  muy  útiles  para  la  necesidad  espiritual  y  temporal 
de  estos  reinos,  y  especialmente  de  Asturias».  A  continuación 
expone  la  situación  de  la  Colegiata  de  Arbás,  su  origen  y  funda- 
ción, donaciones  regias,  agregación  del  hospital,  rentas,  juris- 
dicciones espiritual  y  temporal  de  su  Abad  y  Cabildo,  falta  de 
residencia,  vida  y  costumbres  censurables  de  los  capitulares, 
haciendo  sobre  esto  una  tristísima  pintura  de  los  abusos  y  rela- 
jación á  que  había  llegado  la  fundación  piadosa;  cargos  tre- 
mendos, y  más  en  la  boca  y  pluma  de  un  sacerdote  virtuoso  é 
ilustradísimo.  Razona,  para  contraste,  la  importancia  de  la  Uni- 
versidad, bienes  que  reportaba  y  beneficios  mayores  que  podían 
esperarse,  y  dice: 

«Tiempo  hace  que  el  Obispado  de  Oviedo  es  el  que  roas  abunda  de  pastore- 
sabios  y  celosos  que  se  esmeran  á  competencia  en  el  Ministerio  de  su  desempe- 
ño, tomando  la  debida  instrucción  en  la  Universidad,  que  suple  las  veces  de  el 
Seminario  Conciliar,  y  crió  muchos  sujetos  que  han  servido  y  sirven  á  los  Seño- 
res Reyes  en  varios  empleos  á  que  fueron  ensalzados,  y  no  le  faltaron  Cate- 
dráticos que  con  sus  escritos  ilustrasen  la  nación,  entre  los  que  cuenta  señalada- 
mente al  Maestro  Feijóo.  Es  en  el  día  la  Universidad  un  teatro  ó  escuela  publica 
donde  hay  cátedras  de  lengua  Griega,  Filosofía,  Teología,  escolástica  y  moral. 
Concilios,  Sagrada  Escritura,  Leyes,  Cánones,  Medicina,  Anatomía  y  de  Mate- 
máticas, y  en  donde,  por  medio  de  una  dotación  competente,  fácilmente  se  pu- 
diera establecer  la  enseñanza  de  derecho  económico  de  gentes,  y  natural  de  len- 
guas orientales,  Física  experimental,  Química  y  Botánica  y  otras  ciencias  exac- 
tas, cuyos  conocimientos  son  tan  útiles  y  necesarios  para  dar  valor  á  la  prodi- 
giosa variedad  de  producciones  de  el  país  y  hacer  ricos  á  sus  naturales.  Por  todo 
esto  la  Universidad  es  uno  de  los  objetos  más  útiles  á  la  Religión  y  al  Estado,  y 
cuya  conservación  interesa  sumamente  á  los  naturales  de  Asturias  y  provincias 
inmediatas,  que  de  otra  suerte  volverían  á  sumergirse  en  la  más  profunda  igno- 
rancia porque  se  hallan  encerrados  dentro  de  ásperas  montañas  y  sin  medios, 
por  su  pobreza,  para  salir  á  adquirir  las  ciencias  que  necesitan  á  otras  Universida- 
des, distando  de  la  ciudad  de  Oviedo,  la  más  inmediata  de  ellas,  más  de  cuaren- 
ta lenguas.  Los  Santos  Pontífices  reconociendo  su  utilidad,  la  igualaron  en  privi- 
legios con  la  de  Salamanca,  y  los  Señores  Reyes  en  premio  de  los  servicios  la 
recibieron  bajo  de  su  especial  protección,  aumentaron  sus  fondos  y  aún  manda- 
ron que  se  recopilasen  sus  Privilegios  en  la  primera  impresión  de  la  Leyes;  y  el 
Supremo  Consejo  de  Castilla  y  la  Real  Cámara  reconocieron  por  urgentísima  y 
de  interés  público  á  la  Iglesia  y  al  Estado  la  causa  de  la  dotación  de  dicha  Uni- 
versidad, como  que  de  ella  depende  su  conservación.  El  establecimiento  de  las 
Universidades  fué  sin  duda  alguna  uno  do  los  medios  de  que  se  valió  la  Divina 


k 


—  Im- 
providencia pira  conservir  la  pureza  de  la  Doctrina  en  su  Iglesia  y,  á  su  imita- 
ción, es  una  de  las  máximas  políticas  para  mantener  la  quietud  pública  en  el 
Reino,  porque  una  enseñanza  temprana,  uniforme  y  acomodada  á  la  naturaleza 
y  principios  de  el  Gobierno,  no  puede  menos  de  producir  la  firmeza  y  felicidad 
de  éste.  Para  dudar  de  la  utilidad  moral  y  política  de  las  Universidades  es  me- 
nester olvidar  que  son  la  base  fundamental  de  toda  la  política  nacional;  no  cono- 
cer el  bien  que  pueden  producir,  y  cegarse  por  no  ver  los  gloriosos  esfuerzos 
que  hicieron  nuestros  Monarcas  para  conseguir  por  medio  de  la  restauración  de 
las  letras  la  feliz  reparación  de  la  Monarquía.  Al  contrario,  la  Abadía  y  Colegia- 
ta de  Arbás  cuando  no  sea  perjudicial  por  la  relajación  de  la  Disciplina  ecle- 
siástica, sacrilega  usurpación  de  la  potestad  espiritual,  empello  de  eximirse  de  la 
jurisdicción  diocesana  y  servir  de  padrasto  á  los  dos  Obispos  confinantes  de 
Oviedo  y  León,  por  la  apresión  y  pleitos  en  que  envuelven  á  los  vecinos  del  con- 
cejo y,  finalmente,  por  la  ignorancia  criminal  y  escandalosa  vida  y  costumbres 
de  los  canónigos,  es  á  lo  menos  inútil,  porque,  á  la  verdad,  ¿qué  cosa  puede  ser 
más  que  la  nunca  trajo  provecho  alguno? 9 

Y  demostrando  que  la  fundación  abacial  no  se  había  distin- 
guido por  ninguna  cosa  provechosa  ni  memorable;  que  oLras 
habían  sido  abolidas  con  buen  acierto  por  necesidades  análogas 
á  la  de  que  se  trataba,  fundaba  la  conveniencia  de  suprimir  la 
de  Arbás  atendiendo  á  preceptos  de  derecho  natural,  eclesiásti- ' 
co,  disciplinario  y  positivo,  que  reforzaba  con  textos  legales;  y 
terminaba  insistiendo  en  los  proyectos  de  la  Real  Cámara  ó  en 
la  imposición  de  una  pensión  de  7.000  ducados  sobre  la  Mitra 
de  Oviedo  opara  completar  la  dotación  conveniente  de  un  Estu- 
dio general  que  comprenda,  además  de  las  cátedras  propuestas 
por  el  Rvdo.  Obispo  en  su  Plan,  las  correspondientes  á  cursos 
de  Matemáticas,  Medicino,  Ciencias  exactas  y  demás  conoci- 
mientos necesarios  para  el  bien  espiritual  y  temporal  del  país  y 
del  reino  como  también  propios  de  la  ilustración  del  siglo  y  de 
la  magnificencia  de  nuestro  augusto  soberano,  para  que  por 
acción  tan  gloriosa  y  reservada  al  feliz  reinado  de  Carlos  IV  le 
llenen  siempre  de  bendiciones  la  Ciudad  y  Universidad  de  Ovie- 
do con  el  Principado  de  Asturias»)  (1).  Otra  vez  más  durmió  un 
expediente  útil  y  apremiante  en  los  Centros  oficiales  de  Madrid; 


(i)    Archivo  de  la  Universidad. 

En  la  Biblioteca  del  Instituto  de  Jovcllanos  de  Gijón  se  guarda  en  la  interesante  Colección 
de  Manuscritos  de  su  in«igne  fundador  otra  copia  literal  del  luminoso  informe  del  Dr.  Diaz  Mi- 
randa.— (Véase  el  Catálogo  de  aquellos  documentos  por  D.Julio  Somoza.  en  impresión  acordada 
por  el  Rectorado  y  costeada  por  el  Excmo.  Sr.  D.  José  de  Posada  Herrera.— Oviedo,  1883). 

Kn  esta  época  de  apuros  de  la  Escuela  ovetense  gestionó  el  celebre  Jovellanos  para  alcan- 
zar los  recurso»  necesario*. — «¿Quién  más  trabajó  por  dotar  la  Universidad?*  escribía  el  bene- 
mérito asturiano  á  su  buen  amigo  el  Sr.  González  de  Posada,  desde  Gijón,  á  30  de  Mayo  de  1799. 


t 


—  us- 
ía Universidad  y  la  Junta  General  continuaron  sus  gestiones 
desde  1788  sin  alcanzar  nada,  porque  de  nuevo  habían  renacido 
en  altas  regiones  ciertas  influencias  con  recelo  político  á  deter- 
minadas enseñanzas;  los  beneméritos  maestros  ovetenses  siguie- 
ron viviendo  en  el  mayor  ahogo,  sin  abandonar  su  puesto  de 
honor;  y  la  Provincia  y  el  Claustro  aún  seguían  sus  demanda^ 
pidiendo  en  1799  y  1800  que,  cuando  menos,  se  pagasen  en 
metálico  los  intereses  de  los  ya  famosos  juros  universitarios. 

Las  aspiraciones  al  engrandecimiento  de  nuestra  Escuela,  re- 
formando su  organismo  primitivo  con  más  recursos,  nuevas  ten- 
dencias y  amplitud  para  mayor  nivel  moral  del  país,  eran  como 
eco  y  resultado  de  profundos  cambios  que  se  operaban  en  todos 
los  órdenes  sociales  dentro  de  la  provincia. 

Otra  era  ya  la  administración  rotos  los  antiguos  moldes  de 
gobierno  del  Principado,  pues,  no  obstante  el  carácter  severo  y 
curialesco  del  Real  Acuerdo  y  Audienciax  alguno  de  sus  Regen- 
tes, gobernadores  también  de  la  provincia  con  extensas  atribu- 
ciones, dejaron  duradera  memoria,  como  el  aragonés  D.  Isidoro 
tul  de  Jaz  (1719  á  1755)  al  poner  mano  en  todos  los  servicios 
públicos,  cortar  corruptela,  acometer  empresas  de  muy  grata 
memoria  y  proyectar  otras  Ordenanzas. 

La  subida  de  Campomanes  al  poderoso  Consejo  de  Castilla, 
sus  benéficas  ideas  de  reformas  morales  y  materiales,  el  aliento 
y  protección  á  sus  paisanos,  á  quienes  puso  en  cargos  preemi- 
nentes, y  su  intervención  atinada  en  ios  viejos  institutos  civiles 
y  eclesiásticos  de  la  región,  produjo  una  vida  de  actividad  y  de 
relaciones  con  el  centro  nacional,  del  que  vivíamos  apartados,  y 
señaló  nueva  orientación  á  Asturias.  La  fijó  más  y  más  el  gran 
Jovelhmos  cuando  por  su  destierro,  encubierto  en  una  comisión, 
regresó  al  amado  y  nativo  rincón,  viajó  por  estos  valles  y  mon- 
tanas de  uno  á  otro  extremo  y  los  estudió  con  detenimiento,  lle- 
vando a  tedas  partes  su  levantado  espíritu  de  observación,  del 
que  fueron  surgiendo  la  necesidad  de  cambios,  abolición  de  ru- 
tinas, conveniencia  de  nuevos  hábitos  y  más  acertada  dirección 
á  nuestras  ideas  y  fuerzas.  Ya  en  el  seno  de  la  Sociedad  Eco- 
nómica de  Anudes  del  País,  creada  en  Oviedo  en  1784J  y  nutrida 
principalmente  con  perenal  universitario,  discurrió  un  día  sobre 
los  ukhíos  de  procurar  la  felicidad  dei  Principado  y  otro  acerca 


-  119  — 

del  estudio  de  las  ciencias  útiles,  determinando  un  programa  de 
reorganización,  que  llevó  á  todas  las  comarcas  cuando  las  visitó 
escudriñando  su  pasado  con  estudio  de  diplomas  y  monumentos 
desconocidos,  al  par  que  consideraba  su  presente  rutinario  y 
aconsejaba  otros  rumbos  para  lo  porvenir.  La  ultimación  de  la 
carretera  de  Castilla,  la  explotación  minera,  el  Instituto  de  Gijón 
con  extensas  miras,  el  proyecto  de  una  Academia  provincial  y 
mil  propósitos  más  que  campean  en  discursos,  cartas  y  en  los 
deseados  o  Diarios»,  señalan  en  el  insigne  Jovellanos  ai  bienhe- 
chor principal  de  nuestra  tierra,  como  fué  en  España  modelo  y 
tipo  de  ciudadanos  virtuosos  y  patriotas.  Supo  rodearse  aquí  de 
personas  de  prestigio,  útiles,  clarividentes  y  de  independencia, 
de  buenos  asturianos  amantes  del  progreso,  contenido  en  lo  ge- 
neral por  recelosa  política  á  fines  del  siglo  xvm.  De  esta  suerte, 
el  autor  del  «Informe  sobre  la  Ley  Agraria»  abrió  el  surco  se- 
ñalado por  el  escritor  brioso  del  «Fomento  de  la  Industria  po- 
pular» y  del  «Tratado  de  la  Regalía  de  Amortización»;  allí  el 
ilustre  gijonés  arrojó  las  semillas;  y  así  á  los  dos  ministros  dé- 
bense  abundantes  frutos  recogidos  más  tarde. 

Uno  y  otro  buscaron  auxiliares  en  la  Universidad  y  en  la 
Junta  General  del  Principado  porque  sus  miembros  eran  perso- 
nalidades salientes  de  todos  los  concejos,  y  en  el  Claustro  do- 
cente figuraban  además  como  catedráticos  y  doctores  los  pre- 
bendados del  Cabildo  Catedral  y  los  Abades  y  Maestros  de 
Monasterios  poderosos,  con  quienes  también  se  contó  para 
innovaciones  que  se  acometieron  ó  indicaron  entonces,  figuran- 
do asimismo  en  este  movimiento  el  inolvidable  y  generoso  Obispo 
Sr.  González  Pisador. 

La  Agricultura,  Industria  y  Comercio  se  movieron  y  agitaron 
más,  viéndose  protegidas  y  consideradas;  la  Imprenta  tuvo  asien- 
to en  Oviedo  con  auxilios,  provincial,  universitario  y  municipal; 
se  abrió  la  enseñanza  de  Dibujo,  tan  deseada;  aumentáronse  las 
Escuelas  de  primeras  letras;  se  amplió  la  después  llamada  Se- 
gunda Enseñanza;  y  por  estos  medios  progresaron  cultura  y  ri- 
queza asturianas,  que  tuvieron  manifestación  y  auxiliares  valio- 
sos. Tanto  y  más  se  debió  también  á  inmigración  francesa 
de  perseguidos  por  la  Revolución,  que  aportó  á  nuestra  tierra 
gente  de  mérito,  principalmente  ilustrados  sacerdotes;  á  las  in- 

9 


vestigaciones  históricas  de  los  eruditos  P.  Risco  y  Dr.  Torres 
Ubeda,  realizadas  en  aquella  época  (1);  á  un  Foro  respetable 
por  sus  doctos  letrados;  á  un  grupo  de  innovadores  de  todas  cla- 
ses como  Cueto,  el  malogrado  Berbeo,  Caunedo  Cuevillas, 
Peón,  Cónsul,  Puente,  González  Reguera,  Toreno  (D.  José  Joa- 
quín) y  otros  Socios  de  la  Económica;  á  los  poetas  del  bable;  á 
Martínez  Marina  (ausente  de  la  patria,  pero  viviendo  en  ella  por 
sus  colaboradores);  y,  á  este  tenor,  se  sumaron  otras  fuerzas, 
conspirando  á  la  obra  de  una  Asturias  nueva. 

Y  la  parte  principal  de  esta  agitación  partía  naturalmente  de 
la  Universidad  ovetense,  cuyos  miembros  (salvo  resistencias  de 
siempre  en  determinadas  parcialidades)  aspiraban  á  más  refor- 
mas, aún  recientes  las  ya  reseñadas  y  con  tanto  trabajo  y  esca- 
sez sostenidas.  De  este  deseo  son  expresión  elocuente  la  carta 
dirigida  en  1795  al  Sr.  D.  Juan  Antonio  Pastor,  fiscal  del  Conse- 
jo de  Castilla  (antes  fiscal  en  Oviedo  y  colaborador  de  Campo- 
manes  desde  1773  á  1788)  por  el  catedrático  Dr.  D.  Antonio 
Fernández  de  Prado,  y  el  discurso  del  Di.  D.  Andrés  Ángel  de 
la  Vega,  también  maestro,  pronunciado  en  1798  cuando  las 
fiestas  universitarias  dedicadas  á  Jovellanos. 

Manifestaba  el  primero  «que  el  estudio  del  Derecho  civil  de 
los  romanos,  según  se  enseñaba  en  esta  Universidad,  no  sola- 
mente era  inútil  sino  perjudicial  á  los  jóvenes  que  se  dedica- 
ban á  él  caún  después  del  plan  ovetense  de  1774  con  la  refe- 
rencia y  comparación  que  recomendaba  con  el  Derecho  na- 
cional. »> 

< Alimentados,  dice,  los  alumnos  con  unas  doctrinas  en  que  se  ocupan  cons- 
tantemente por  cq>acio  de  cuatro  año<.  las  cobran  tanto  cariño  é  inclinación, 
que  miran  con  desden  y  desprecio  las  del  Rein:>.  sin  que  aproveche  cosa  alguna 
las  advertencias,  que  de  vi\a  \o:  se  its  haga,  «obre  la  variación  de  nuestras  Le- 
jes  ^en  que  trabajo  no  poco,  aunque  sin  íruto  en  la  Cátedra  que  estoy  regen- 
tando .  siguiéndose  de  aquí  que.  al  cal  o  de  su  carrera  escolástica,  no  tienen  el 
menor  conocimiento  de  la  Legislación  de  España,  ni  de  la  historia  del  derecho 


r 


i»»  CooocU  *  c*  d  trjiKnj?  del  cn;J ':.-»  P.  M.  2?«>t:no  Fr.  Mar  riel  Risco,  tomos  37,  38  y 
tg  de  Ix  ¿J/aCt  S'^c.:j.:.  rcla-:>    >a  *.»  I>  x«r>U  y  pr.\i:c  a   Je  \_H.edo. 

F-  l>r.  l>  i"Cv!  .  A'  j>*¿s¿^  IV  r  res  l:<\i.  .  (S.^'U-  Je  la  l  ~:>er>idad  de  Zaragoza  y  gra- 
duado cj  G-V  .-.  re  fi  »  •  r  >c;c.  >c  y  .;  ;~  Ru.  vi-  .:u:  *  ci  1751  paia  visitar  todos  lo* 
archines  .:«..  O".  >'\c^  v  <<  :  tri*--.  r  a  a  H  -:.  *• »  w'v^  a-:..  Je  Lsoaí-j.  halñcndo  reconocido  la 
librería  v  e.v  .  •«•••■»  Je  1-  Cax::^  >  ».e  .a  M  :ra  C  .--  ¿.:\  B-^sierv<.i<  cepias  y  extractos;  re- 
dacto ei  Cata-  c-"  J'  O..",»»  w^rc  í-.;c  :.;a>  '?«•*,  rc^  •  .  .c  traslade  numeroso  de  i  u?cri  pob- 
res anti^va.»  ».c.  Fr.  ic.jv^^.  a:o*.v  :  ,c^.as  osi.¿,\.iras  ce  t  ¿».  case<  colecciono  menedas  ha- 
lladas ea  ei  jvu>;  y  o«;Ttb;.yo  cu  i-untantes  sa;crÍA.e>  a  ¡a  Paiev^rra'ia  nacional. 


—  121  — 

tan  indispensable  para*  adquirirla,  habiendo  consumido  un  tiempo  muy  precioso 
en  superfluidades,  cuestiones  vanas,  y  en  un  estudio  al  fin  proscripto  por  núes* 
tras  Leyes,  porque  por  éstas  solamente  deben  decidir  los  pleitos  y  cuestiones 
los  Jueces  y  Magistrados,  á  cuyos  cargos  únicamente  podrán  aspirar  los  profe- 
sores de  esta  Facultad.  Este  amor  y  añción,  que  han  tomado  los  jóvenes  desde 
su  principio  A  las  Leyes  de  los  Romanos,  da  motivo  á  que  sean  muy  raros  los 
que  asisten  á  la  Cátedra  de  prima  de  Leyes,  en  donde  se  enseñan  las  Recopila- 
das, cuya  asignatura  no  entiendo  que  pueda  ser  de  mucha  utilidad  porque  ni  se 
estudian  por  principios,  ni  sobre  ellas  se  hace  la  crítica  debida.  Ellas  están  en 
castellano,  y  si  el  Catedrático  no  las  ilustra  manifestando  á  sus  discípulos  el 
motivo  y  ocasión  de  su  establecimiento,  su  justicia,  extensión  que  tienen  en  el 
concepto  de  sus  comentadores,  si  se  hallan  iguales  decisiones  ó  contrarias  en 
los  Cuerpos  de  nuestra  legislación  desde  el  Fuero  Juzgo,  si  fueron  establecidas 
en  Cortes,  si  por  Pragmática,  como  se  formaban  en  los  Concilios  de  la  Na- 
ción, etc.,  ninguna  otra  instrucción  adquieren  más  que  la  que  podían  lograr  en 
su  estudio  privado»  (i). 

Sigue  razonando  la  necesidad  de  estudiar  directamente  el 
Derecho  español  con  citas  autorizadas  de  cuantos  reclamaron 
esta  enseñanza;  y  después  el  mismo  Dr.  Prado  transmitió  la 
carta  al  Sr.  Jovellanos,  que  se  apresuró  á  contestarle  con  otra 
magistral,  cual  todas  las  suyas,  sobre  el  método  de  estudios  en 
Derecho.  Condena  el  empleo  de  la  lengua  latina  para  ello, 
mientras  recomienda  la  Gramática  castellana,  Lógica,  Geome- 
tría y  Física  esperimental  para  hablar  y  discurrir  bien;  después 
señala  el  paso  «natural»  al  estudio  del  derecho  social  ó  público 
universal;  y,  «no  teniendo  al  Derecho  romano  como  necesario 
al  jurisconsulto  español»  en  estudios  elementales  de  cátedra, 
pasa  á  señalar  el  plan  de  estudios  del  Derecho  patrio,  doliéndose 
de  la  carencia  de  libros  clásicos  á  este  objeto.  Para  la  Historia 
jurídica  recomienda  la  Sacne  The  miel  i  s  Hispana:  Arcano,  de 
Cortés,  los  prólogos  de  los  doctores  Asso  y  Manuel  al  Fuero 
viejo,  Ordenamiento  de  Alcalá  é  Instituciones  de  Castilla,  las 
Cartas  de  Mayans  al  Dr.  Berny  y  del  P.  Burriel  al  Licdo.  Ama- 

(i)  E&te  deficiente  y  extraviado  estudio  en  una  Facultad  de  Leyes  españolas  era  general  en 
la  nación,  aunque  sostenga  otra  opinión  el  Sr.  D.  Vicente  de  La  Fuente.  Por  lo  que  toca  á  la 
Univeriidad  de  Oviedo,  pudiéramos  prrscntar  muchas  pruebas  más  de  las  del  texto  en  éste  y 
capitulo*  precedentes.  Véanse  los  'Apuntes  biográficos  de  D.José  Rodríguez  Busto,  con  relación 
de  las  vicisitudes  políticas  y  el  análisis  critico  legal  de  varios  hechos  importantes  que  le  ocurrie- 
ran y  de  los  que  fué  víctima,  etc.  (Madrid,  1856)».  Fs  una  interesante  autobiografía  escrita  por 
aquel  ¡ntergérrimo  y  benemérito  magistrado,  digna  de  ser  lcida;  y  al  objeto  de  la  presente  histo- 
ria hace  relación  detenida  de  su  carrtra  en  Oviedo,  (1793  á  1802)  con  estudio  deficiente  de  filoso- 
fía, más  incompleto  de  la  jurisprudencia  civil  y  canónica,  y  trabajos  en  las  Academias  domini- 
cales que  describe.  El  cuadro  que  presenta  de  las  Facultades  de  Leyes  y  Cánones  es  expresivo, 
aunque  también  denuncia  la  influencia  de  la  revolución  francesa,  que  se  dejaba  sentir  «sin  que 
pudiesen  impedir  ese  torrente  las  medidas  activas  y  eficaces  de  los  gobiernos  absolutos.» 


—  122  — 

ya;  antes  de  las  Instituciones  civiles  requiere  el  conocimiento 
de  la  Constitución  (acerca  de  la  que  diserta)  y  del  Derecho  po- 
lítico, difícil  por  falta  de  libros,  necesitando  acudir  al  estudio  de 
la  Partida  Segunda,  adicionada  con  elementos  dispersos  en 
nuestros  archivos;  y,  por  último,  ya  dentro  de  los  elementos  de 
nuestro  Derecho,  deseaba  una  publicación  española  á  estilo  de 
la  francesa  de  Domat,  pudiendo  servir  de  base  ó  materiales 
para  ello  las  concordancias  de  Jiménez,  las  dichas  Instituciones 
de  Asso  y  Manuel  y  un  cuidadoso  estudio  de  las  leyes  de  Par- 
tida y  Recopilación  (lj. 

Cuando  la  exaltación  de  Jovellanos  al  Ministerio  de  Gracia 
y  Justicia,  el  Dr.  Vega  recordó  en  notable  oración  la  sabiduría 
y  merecimientos  de  aquel  varón  insigne,  complaciéndose  par- 
ticularmente en  sus  ideas  y  reformas  sobre  disciplina  y  estudios 
al  redactar  el  Reglamento  literario  é  institucional  del  Colegio 
salmantino  de  Calatrava;  y  exclamaba: 

«¡Plan  admirable  y  deseado!  Ven  á  este  liceo,  habla  en  nom- 
bre del  sabio  que  te  formó;  sé  tu  mismo  la  prueba  de  su  sabidu- 
ría y  el  tributo  que  le  rindamos;  sé  el  premio  de  su  autor,  diri- 
giendo á  nuestros  jóvenes  desde  hoy,  mejorando  sus  estudios, 
haciendo  florecer  las  ciencias  en  un  país  donde  pueden  cogerse 
abundantes  frutos  entregándole  todo  á  la  utilidad  pública  para 
que  solo  has  salido  á  luz.»  \ 

Llegamos  al  siglo  xix;  pero,  antes  de  dejar  el  xvm,  vamos  á 
insistir  más  en  éste  y  á  enterar  á  nuestros  lectores  de  antiguas 
costumbres  y  sucesos,  que  darán  á  conocer  con  detalles  otros 
aspectos  de  la  pasada  Instrucción  pública  y  en  particular  en  la 
Universidad  de  Oviedo. 


(i\  Pe  la  c*rta  del  Dr.  Prado  >  Oviedo  y  ti  de  Pícierr.brc  de  1795'  al  Fiscal  Pastor  circu- 
laron mucha*  copia*  en  la  proxincin,  y  por  la  importancia  del  asunto  no  se  hiro  esperar  la  con- 
testación de  Jovellano*  «Gijon     17   de  UicicirUe  de  dicho  año*. 

Otro  lWtor  de  nuestra  Vinversidad,  P  Juan  N.  San  Miguel  escribió  también  al  célebre 
asturiano  disertando  acerca  de  la*  I  eye<*  e«pafii'¡.i<,  y  aquel  !e  c».itc-to  con  una  notabilísima 
carta  sobre  el  •Origen  y  autoridad  Ic^al  de  nuestros  Código»»  {Gijou,  19  de  Junio  de  ^97)  con 
opiniones  que  le  cncargt  consultar  con  el  I)r.  Vega. 


-   123  — 


CAPITULO  VIII 


Antigua  vida  académica  y  usos  y  costumbres  universitarios  en  Oviedo. — Estu- 
dio y  Universidad,  Claustro  y  Gremio.— Insignias  y  distintivos  académi- 
cos.—Fuero  escolar;  su  ejercicio,  vicisitudes  y  casos  en  nuestra  Escuela. — 
Las  «cadenas»  y  la  «pedrera». — Varias  manifestaciones  de  exención  relati- 
vas al  servicio  militar  y  uso  del  papel  sellado.  — Estudiantes;  su  antigua  con- 
dición; traje  escolar;  la  Tuna  y  otras  manifestaciones  de  la  vida  estudiantil. 

—  Solemnidades  para  los  grados. — El   Bachillerato. — Examen   de  Abogacía. 

—  La  Licenciatura;  procesión  ó  paseo  claustrales;  ejercicios  y  examen;  cena; 
votación;  juramentos  é  investidura  del  Licenciado.— Análogas  ceremonias 
en  el  grado  de  Doctor;  actos  públicos;  atributos  doctorales;  investidura,  ju- 
ramento y  borla;  discursos  y  vejámenes  ó  gallos.— Colocación  de  los  invita, 
dos. — Depósito,  propinas  y  otros  gastos  de  los  graduandos.  —  Reclamaciones 
contra  su  exceso  por  la  Junta  general  del  Principado.— Concesión  de  grados 
de  honor  á  ilustres  personalidades  (I\  Cádiz,  Campomancs,  Jovellanos,  Pé- 
rez Villamil,  Hevia,  etc.)  — Los  tz/tor^r.— Demostraciones  de  alegría  en  oca- 
sión de  ascensos  de  los  Maestros  é  hijos  de  la  Universidad  (P.  Feijóo,  Cnm- 
pomanes,  Jovellanos,  etc.)— Celebración  de  fiestas  religiosas  y  profanas  ordi- 
narias y  extraordinarias. — Actos  solemnes  del  Claustro  en  natalicios,  juras, 
matrimonios  y  lutos  regios.— Otros  homenajes  religiosos  y  profanos  acorda- 
dos por  la  Corporación  (P.  Feijóo,  Obispo  Pisador). — El  Patrono.— Elec- 
ciones de  cargos  y  aperturas  de  curso.— Armas  y  sello  universitarios. 


En  el  Código  inmortal  del  Rey  Sabio  llamábase,  como  es 
sabido,  c Estudio  general»  á  la  escuela  superior  de  Artes  y  Fa- 
cultades, nombre  que  se  unió  primeramente  y  se  vio  reemplaza- 
do después  con  el  de  «Universidad»,  por  ser  el  instituto  público 
de  enseñanza  donde  con  autoridad  regia  y  pontificia  se  daban 
enseñanzas  superiores  de  Ciencias  y  Letras  para  la  colación  de 
grados  en  aquellas  Facultades  existentes  al  terminar  la  Edad  Me- 
dia y  comenzar  la  moderna.  En  documentos  de  nuestros  monar- 
cas, dirigidos  á  tales  Escuelas,  se  lee:  «á  Vos  la  Universidad  del 

estudio  de »  donde  se  desprende  que  el  Rey  no  distinguía  la 

universidad  y  Estudio  como  cosas  distintas,  pareciendo  por  esto 


— 124  — 
que  la  primera  era  la  colectividad  (ayuntamiento,  que  decía  la 
Partida  Segunda)  constituida  por  doctores,  maestros  y  estudian- 
tes; y  es  más  aceptable  esta  opinión  que  la  del  Sr.  Gil  y  Zara- 
te cuando  distingue  de  las  clases  de  estudios,  según  la  aproba- 
ción de  la  Corona  ó  de  la  Santa  Sede.  En  la  Bula  y  en  la  Real 
Cédula  de  erección  de  nuestra  Escuela,  el  Papa  Gregorio  XIII  la 
llama  «Universidad  de  Estudio  general»  y  el  Rey  Felipe  III 
simplemente  «Universidad.» 

Nacidas  las  Universidades  durante  la  Edad  Media  en  los 
Claustros  de  las  Catedrales  y  favorecidas  por  la  Iglesia,  que 
procuró  retener  bajo  su  tutela  y  dirección  las  aulas  públicas, 
tuvieron  éstas  mayor  ó  menor. concepto  y  organización  clerica- 
les, y  dieron  á  las  Juntas  de  doctores  y  maestros  el  nombre  de 
«Claustros»  por  el  sitio  donde  se  reunían.  El  coetáneo  espíritu 
gremial  llegó  á  las  Universidades  y,  junto  al  Claustro  surgió  el 
Gremio,  llamándose  asi  al  cuerpo  de  doctores  y  catedráticos, 
si  bien  los  catedráticos  que  no  eran  doctores  no  formaban  parte 
del  Claustro  y  menos  del  Gremio.  En  éste  académico  había 
toda  la  gerarquía  gremial:  aprendiz  (estudiante)/ oficial  (Bachi- 
ller ó  pasante),  maestro  (Licenciado  ó  Doctor)  con  el  correspon- 
diente examen  para  pasar  de  uno  á  otro  grado;  y  de  igual  ma- 
nera que  únicamente  los  maestros  manuales  podían  tener  tienda 
ó  taller  abiertos,  también  solamente  podían  enseñar  los  licencia- 
dos, doctores  ó  maestros  intelectuales.  Los  Rectores  hacían  el 
oficio  de  Priores  ó  Prebostes  del  Gremio  universitario  que,  para 
mayor  semejanza  con  el  Gremio  mecánico,  tenía  carácter  de  Co- 
fradía ó  hermandad  por  los  auxilios  que  se  debían  sus  miem- 
bros, sufragios,  funciones  religiosas,  patronato  sagrado,  etc. 

Con  todas  las  dichas  circunstancias,  similares  á  las  de  los 
centros  análogos  de  España,  llamábase  el  nuestro  en  libros  y 
documentos  oficiales  Insigne  Claustro,  Estudio  General  y 
Universidad  de  Oviedo  y  sus  miembros  se  decían:  «Dr.  D.  N.  N. 
del  Gremio  y  Claustro  de...  etc.» 

Constituían  la  Corporación  académica  distintos  oficios  en 
varia  gerarquía;  el  Rector,  que  era  á  la  vez  Juez  Conservador 
Real  y  Apostólico  de  las  Escuelas;  el  Vice-Rector;  el  Primiciero, 
con  altas  atribuciones  administrativo-económicas;  los  Consilia- 
rios 6  miembros  consultivos;  los  Claveros  ó  Interventores  de 


—  125- 

Arca  y  Archivo;  el  Fiscal;  los  Catedráticos,  Doctores  y  Maestros 
que  se  sentaban  por  orden  de  antigüedad  en  claustros  ó  en  án- 
gulos (pequeñas  reuniones  para  acuerdos  urgentes)  colocándose 
en  este  orden,  canonistas,  legistas,  teólogos,  médicos  y  artistas  ó 
filósofos;  los  bachilleres  y  estudiantes;  y,  por  último,  los  ofi- 
ciales y  dependientes  como  el  Secretario  ó  Notario  Real  y 
Apostólico,  Maestro  de  ceremonias,  Bedel,  Mayordomo,  Capella- 
nes, Impresor,  Alguacil,  Sacristán,  Relojero  y  Portero-barrende- 
ro; más  aún  de  los  señalados  por  los  Estatutos  Viejos  y  Nuevos 
que  marcan  las  respectivas  atribuciones  y  servicios  de  unos, 
mientras  otros  se  rigieron  por  acuerdos  claustrales. 

Los  miembros  académicos  del  Claustro  llevaban  en  reunio- 
nes solemnes  y  públicas  las  insignias  de  sus  respectivos  grados, 
principalmente  los  licenciados  y  doctores  que  ostentaban  la 
muceta,  esclavina  de  seda  ó  raso  sobre  pecho  y  espalda,  de  los 
colores  verde,  rojo,  blanco,  amarillo  ó  azul,  según  las  Faculta- 
des de  Cánones,  Leyes,  Teología,  Medicina  y  Artes  de  su  Licen- 
ciatura, mientras  los  Doctores  cubrían  la  cabeza  con  la  borla, 
llamada  asi  por  el  botón  de  seda  filamentoso,  fijo  en  el  centro 
superior  del  bonete  ó  birrete  y  cuyos  hilos  se  esparcían  alrede- 
dor cayendo  por  los  bordes  (1).  Los  eclesiásticos  y  frailes  traían 
las  insignias  sobre  sus  hábitos;  los  Oidores  graduados  de  la  Real 
Audiencia  las  llevaban  sobre  la  toga,  modernamente  extendi- 
da al  Magisterio;  y  los  militares  y  cuantos  tenían  uso  de  uni- 
forme por  su  dignidad,  caballería  ó  maestranza,  llevaban  sola- 
mente el  birrete  en  la  mano  (2).  Era  corriente  el  traje  talar  y 
siempre  capa  ó  manteo  en  los  catedráticos  seglares,  á  quienes 
por  regias  disposiciones  de  1773  y  1797  se  les  permitía  yestir 
libremente  de  seda  en  la  calle  cuando  se  marcaban  los  vestidos 
de  los  escolares. 

Los  oficiales,  ministros  y  dependientes  también  tenían  sus 
distintivos  propios.  El  Secretario,  Bedel  y  Alguacil  vistieron. pri- 
meramente con  golilla  y,  al  fin,  los  dos  primeros  el  trage  escolás- 
tico, después  militar  y  negro,  que  conservó  el  Maestro  de  cere- 


(x>    Iji  borla  doctoral  fue  distintivo  de  subido  mérito  y  privilegios  en  aqmllo*  siglo*,  den 
tro  y  fuera  de  las  aulas;  en  la  Iglesia,  donde  se  asimilaba  al  bonete  para  la  cobo  tura,  y  delante 
He  los  Reyes  y  altas  Corporaciones.  Todavía,  en  4  de  Agosto  de  1858,  cuando  la  Reina  Doña 
Isabel  11  visitó    la    Universidad,    significó  al   Rector  que  el  Claustro  «en  uso   de  tus  antiguos 
privilegios  podía  cubrirse.» 

la)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  25  de  Agosto  de  1780. 


—  126  — 

monias,  cambiado  últimamente  en  frac,  abandonando  la  espada, 
pero  no  la  chupa  y  el  calzón.  La  autoridad  del  Bedel  (el  o  men- 
sajero de  los  escolares»,  que  menciona  el  Rey  Sabio  para  anun- 
ciar las  fiestas  por  mandado  del  mayoral— el  Rector, — anunciar 
libros,  señalar  punto  de  Ayuntamiento  (ó  Claustro,  etc.)  era 
grande  y  alguna  vez  desempeñó  este  cargo  un  sacerdote  que 
con  recomendación  académica  obtenía  curato  cuando  no  me- 
jor colocación,  siempre  apremiante  por  su  mezquina  dotación 
y  paupérrimo  hospedaje  en  la  casa  del  Hospital  de  estudiantes. 
Caminaba  á  la  cabeza  del  Claustro  llevando  maza  de  plata, 
levantada  dentro  de  la  Universidad  y  sobre  el  brazo  al  salir 
por  las  calles,  donde  sólo  levantaban  esta  insignia  los  maceros 
de  la  Ciudad.  El  Maestro  de  ceremonias  llevaba  alto  bastón  y  el 
Alguacil  una  vara,  «más  dentro  de  la  Universidad  y  en  la  pe- 
drera.» 

Aunque  dotadas  con  pobreza  las  Escuelas,  se  procuraban 
vida  de  ostentación  y  alcanzaron  consideración  grande  y  mu- 
chas distinciones  públicas  porque,  á  porfía,  Reyes  y  Pontífices 
las  distinguieron  con  privilegios  é  inmunidades;  ó  bien  unas 
Universidades  tomaban  por  sí  y  ante  sí  las  preeminencias  con 
que  se  honraban  otras  por  Bulas  y  Pragmáticas.  El  tiempo  abo- 
naba después  el  uso  y  el  abuso. 

Esto  aconteció  aquí  por  lo  que  toca  al  llamado  fuero  acadé- 
mico, poder  privilegiado  de  la  Universidad  para  conocer  en  cau- 
sas civiles  y  eclesiásticas  de  todos  sus  miembros.  Este  favor 
tuvo  base  y  principio  en  el  famoso  Código  alfonsino,  al  tratar  «de 
los  Estudios  en  que  se  aprenden  los  saberes  é  de  los  maestros 
é  de  los  escolares»,  clasificando  las  enseñanzas,  disponiéndolas 
en  sitios  alegres,  abundantes  y  seguros;  y  conceder  honores 
y  distinciones  al  Magisterio,  principalmente  al  jurídico,  á  cuyos 
individuos  nombra  «maestros»)  por  antonomasia,  considera  como 
caballeros  y  señores  de  leyes  con  honras  de  Condes,  y  dispone 
sean  acatados  por  jueces  y  servidores  regios  y  estén  exentos 
de  tributos.  Entre  aquellas  leyes  (1)  están,  como  es  sabido,  las 
primeras  manifestaciones  de  tal  fuero  académico,  repitiendo 
excepciones  concedidas  por  San  Fernando  á  las  aulas  salman- 


(i)    Leyes  del  tit.  XXXI  de  la  Partida  Segunda,  principalmente  las  leyes  7  y  8. 


—  127  — 

tinas;  y,  si  en  un  comienzo  únicamente  asoma  el  fuero  civil,  en- 
seguida se  extiende  también  al  criminal  ó  «pleito  de  sangre*.  La 
ingerencia  pontificia  en  nuestras  escuelas  dio  á  éstas  carácter, 
respetabilidad  y  alcance  eclesiásticos;  y  ya  desde  entonces  el 
fuero  se  arraigó  y  extendió  con  más  vigor  enfrente  del  derecho 
común  para  ser  por  sí  mismo  origen  de  excesos  y  conflictos,  y 
más  cuando  las  franquicias,  exenciones  y  libertades  compren- 
dieron á  doctores  y  estudiantes,  á  sus  dependientes  y  familiares, 
ú  gentes  extrañas  de  todas  clases,  que  se  apresuraban  á  ma- 
tricularse en  las  cátedras,  sin  otro  objeto  que  el  de  sustraer  de 
la  Real  Jurisdicción  ordinaria  el  conocimiento  de  sus  causas, 
jurando  obedecer  al  Rector  en  licitts  et  honestis  et  de  Jideli- 
ler  e.rercendo.  Los  Reyes  Católicos  y  Carlos  III  adoptaron  va- 
rias medidas  para  atajar  este  desorden  (1)  que  llegó  hasta  el 
siglo  XIX. 

Como  la  Bula  de  erección  de  la  Universidad  de  Oviedo  ex- 
tendía á  ésta  los  «privilegios  indultos,  inmunidades,  prerrogati- 
vas, exenciones,  favores,  libertades,  facultades  y  gracias»  de  la 
Tniversidad  de  Salamanca,  prolongáronse  á  las  aulas  ovetenses 
las  leyes  recopiladas  torales  dictadas  para  la  Atenas  española, 
si  bien  en  nuestra  Ciudad  no  alcanzó  el  Maestrescuela  las  am- 
plias atribuciones  como  á  orillas  del  Tormes  las  tuvo  dentro  y 
fuera  de  aquella  Universidad  famosa. 

El  territorio  del  Fuero  académico  era  el  del  edificio  de  la 
Universidad  y  sitios  próximos,  señalado  aquél  por  las  cadenas, 
y  éste  por  la  pedrera,  postes  y  poyos.  La  pedrera,  así  llamado 
vulgarmente  el  enlosado  que  rodea  la  Universidad  por  sus  fa- 
chadas del  N.  y  E.,  fué  trabajada  en  1609,  si  bien  después  su- 
frió varias  restauraciones.  De  la  misma  época  son  las  cadenas 
de  hierro  dispuestas  á  entrambos  lados  de  la  puerta  principal, 
que  ya  se  mencionan  en  un  memorial  de  Sancho  Inclán  (2),  y 
fueron  restauradas  en  el  siglo  xviu  imitando  las  que  existían 
ala  entrada  de  la  Catedral.  Como  los  postes  y  poyos,  las  cade- 
nas jurisdiccionales  marcaban  en  Oviedo,  como  en  Salamanca, 


•  i)    Leyes  del  tit.  Ví,  líb.VIII  de  la  Novísima  Recopilación. 

Son  obras  notables  relativas  al  Fuero  académico,  la*  de  D.  Alfonso  de  Escobar  (Madrid, 
í643)  y  P.  Andrés  Mendo,  S.  J.  (Salamanca,  1655),  y  en  el  extranjero  gozaron  de  reputación 
Rcbuffó  y  Hildendorp 

ti)    Véase  Capítulo,  III,  pág.  53. 


—   128  — 

Alcalá  y  otras  Escuelas,  la  «exedra»  del  territorio  exento.  El  afo- 
rado escolar  revolvedor  ó  perseguido  por  el  Corregidor,  Juez  ó 
sus  rondas,  quedaba  inmune  en  llegando  á  los  férreos  eslabo- 
nes (1). 

Tenía  asimismo  el  Rector-Juez,  Conservador  apostólico  y 
real,  gran  autoridad  con  fuero  académico  personal,  que  daba 
un  poder  fuertísimo  á  la  Corporación  literaria;  pues,  además  de 
la  Real  jurisdicción  civil  y  criminal  respecto  á  profesores,  gra- 
duados, escolares,  oficiales  y  ministros  de  la  Escuela,  estaba  ar- 
mado por  Bula  pontificia  ccn  la  espiritual  y  de  conciencia  para 
fulminar  excomunión  contra  el  que  la  desconociese,  arma  pode- 
rosísima entonces,  que  hacía  irresistible  sus  facultades  sobre 
todos  los  matriculados,  mientras  no  renunciasen  el  fuero  por 
cambio  de  estado.  Y  no  se  crea  que  los  Rectores  hacían  uso 
prudente  y  eran  parcos  en  aplicar  el  poder  espiritual  de  que  es- 
taban adornados,  porque  hubo  ocasión  en  que,  si  el  Ayunta- 
miento de  la  Ribera  de  Arriba  en  el  derrame  de  una  contribu- 
ción impuso  diez  maravedises  á  un  tal  Fernández  de  Lavara, 
antes  estudiante  y  á  la  sazón  veedor  de  la  Perera,  éste  creyén- 
dose atropellado  en  su  fuero,  acudió  al  Rector  que,  usando  de 
su  autoridad,  expidió  despacho  y  fulminó  excomunión  mayor 
latee  sententiez  contra  el  Municipio  que,  al  fin,  eximió  al  Lava- 
ra del  mencionado  impuesto  (2). 

Al  poder  teocrático  de  aquellos  tiempos  eran  permitidos 
abusos  como  el  contenido  en  tal  censura  de  excomunión;  y 
otros  semejantes  formaron  piedra  de  toque  para  hacerse  obede- 
cer y  temer  el  Rector.  En  funciones  de  tal  y  en  22  de  Marzo 
de  1639  ¿no  excomulgó  el  Vice-Rector  al  Teniente-Gobernador 
del  Principado  porque,  siendo  doctor,  no  quiso  asistir  á  Claus- 
tro para  tratar  de  asuntos  de  la  Universidad? 

Celosos  Rector  y  Claustro  de  tal  autoridad,  no  consentían 
nada  que  pública  ó  privadamente  pudiera  debilitarla,  cuales- 
quiera que  fuesen  la  causa  é  individuos  de  donde  partiesen  los 
obstáculos.  Asi,  cuando  un  Catedrático,  á  quien  se  obligó  á  lo- 
mar el  grado  de  Doctor,  pronunció  en  el  acto  público  para 
desahogo  de  su  despecho  palabras  «fuera  del  camino  de  lo  líci- 


«i)     Historia  de  las  l'Hktrsitiades  por  La  Fuente. —Tomo  II. 
(2)     Véase  ApAndicb  VII. 


—  129  — 

toi  como  se  expresa  en  el  acta,  en  el  momento  mismo  se  pro- 
cedió contra  su  persona  y,  suspendiendo  la  investidura,  se  le 
constituyó  en  prisión  con  grilletes  y  se  le  privó  por  cuatro  años 
de  la  cátedra  y  emolumentos  de  grados,  con  la  imposición  de 
las  costas  procesales. 

Y  entre  muchos  casos  merece  citarse,  respecto  á  competen- 
cia, el  de  D.  Francisco  Dorado,  médico  del  Cabildo  Catedral, 
cuando  preso  en  el  castillo-fortaleza  por  el  Juez  ordinario  de  la 
Ciudad  en  1712,  fué  de  allí  arrancado  por  el  Rector  Castañón 
en  virtud  de  su  jurisdicción  académica  y  llevado  á  la  Universi- 
dad, donde  aquel  ilustrado  facultativo  había  recibido  grados 
mayores. 

Son  también  interesantes  las  disposiciones  siguientes  que 
figuran  como  adicción  á  nuestros  códigos  (1). 

Por  autos  acordados  del  Consejo  y  consiguientes  órdenes 
de  11  de  Marzo  y  7  de  Mayo  de  1722,  á  representación  del  Rec- 
tor y  Claustro  de  la  Universidad  de  Oviedo  hecha  con  motivo 
de  que,  habiéndose  preso  por  la  Real  Audiencia  á  un  estudiante 
matriculado  en  aquélla  y  despachado  el  Rector  letras  inhibito- 
rias, se  introdujo  por  el  Fiscal  recurso  de  fuerza  de  conocer  y 
proceder  y  se  declaró:  hacerla  sin  embargo  de  los  ejemplares 
que  había  en  contrario  de  haber  tomado  el  Rector  conocimiento 
de  otras  tales  causas  en  virtud  del  Fuero  escolástico;  se  mandó 
que  dicha  Real  Audiencia,  en  los  recursos  de  fuerza  y  demás 
competencias  de  jurisdicción  que  en  adelante  se  ofreciesen,  se 
arreglase  á  lo  prevenido  en  la  Bula  de  erección  de  la  Universidad 
y  Real  privilegio  y  los  observase  cumpliendo  y  guardando  los 
fueros,  libertades  y  prerrogativas  que,  conforme  á  dicha  Bula  y 
privilegio,  le  pertenecían,  como  se  guardaban  á  las  Universidades 
de  Salamanca,  Valladolid  y  Alcalá. 

Por  otro  auto  de  4  de  Julio  de  17(54,  á  representación  de  la 
misma  Audiencia  de  Asturias  insistiendo  en  que  el  Rector  de  la 
Universidad  parecía  no  tener  jurisdicción  en  los  estudiantes  le- 
gos por  haber  quedado  reservado  en  S.  M.  el  mismo  privilegio, 
se  mandó  que  el  Tribunal  observase  y  guardase  á  los  graduados 
y  matriculados  su  fuero  escolástico  y  al  Rector  la  jurisdicción 

(i)  Notas  i  la  Ley  G.\  tít  VI,  lib.  VIII  de  la  Novísima  Recopilación  relativa  al  uso  de  la 
/irisdicción  escolástica  y  personas  que  deben  gozar  de  su  fuero  y  conservatorio. 


—  jo- 
para conocer  en  sus  causas  y  negocios  á  excepción  de  las  que 
la  Corona  ó  el  Consejo  estimaren  ya  por  su  gravedad  ó  otra 
causa  ser  de  su  especial  Real  providencia;  y  debía  tomar  cono- 
cimiento en  virtud  de  la  reserva  del  privilegio,  la  que  había  de 
entenderse  para  semejantes  casos;  con  declaración,  que  en  cau- 
sas de  legos,  las  apelaciones  debían  ser  para  el  Tribunal  Real 
superior  correspondiente,  igualmente  que  en  los  asuntos  de  go- 
bierno de  Universidad  serían  al  Consejo  por  pertenecer  á  la  po- 
testad civil  y  proceder  el  Juez  académico  de  Oviedo  con  juris- 
dicción regia  en  ellos;  y  por  lo  mismo  no  procedía  en  esas  dos 
clases  de  negocios  el  recurso  de  fuerza. 

Mas  en  el  mismo  año  de  1764  pidió  el  Fiscal  del  Consejo  re- 
lación ordenada  de  los  fueros  universitarios,  y  alcanzaron  un 
perpetuo  silencio  sobre  la  cuestión  el  Comisario  de  la  Escuela 
en  Madrid  y  el  de  la  Junta  General,  que  nunca  decayó  en  su 
interés  por  el  Claustro.  El  Consejo  acordó  en  27  de  Enero  de 
1776  «que  los  profesores  y  estudiantes  legos  matriculados  en  la 
Universidad  de  Oviedo  no  admitiesen  cesiones  fraudulentas  en 
fuero  que  gozan  sin  impedimento  ni  estorbo  de  la  Real  Audien 
cia  y  sus  Fiscales;  que  las  causas  graves  y  dudosas  las  confe 
rencien  entre  sí,  por  escrito  ó  palabra,  el  Fiscal  de  la  misma  Au 
diencia  y  el  Rector  de  la  Escuela  sin  formar  competencias;  que 
respecto  á  las  apelaciones  de  los  procedimientos  de  éste  se  tu 
viese  en  cuenta  la  providencia  de  1.°  de  Agosto  de  1764  que 
elevó  al  Consejo  las  correspondientes  al  gobierno  interior  y  po- 
lítico de  la  Universidad  y  remitió  á  la  Audiencia  las  demás  entre 
alumnos  legos  matriculados;  y  que  el  Rector  obrase  en  virtud 
de  jurisdicción  real  y  de  ningún  modo  de  la  apostólica,  prohi- 
biendo que  en  semejantes  causas  fulminase  censuras  en  sus  des- 
pachos, por  ser  opuesto  á  las  leyes  de  la  nación  y  al  Santo  Con- 
cilio de  Trento».  No  obstante  tales  recomendaciones  y  la  Real 
Provisión  (1)  concediendo  fuero  activo  á  los  Rectores,  hubo 
frecuentes  competencias  con  el  Tribunal  ordinario  por  razón 
del  fuero  académico,  que  se  fué  restringiendo  durante  el  si 
glo  xvm  por  sucesos  de  Salamanca  y  Alcalá,  hasta  cesar  tal 
anacronismo  con  los  cambios,  que  hemos  de  reseñar  en  el 
siglo  XIX. 

(z)    Archivo  de  la  Universidad.—  Claustro  de  ia  de  Febrero  de  1776. 


—  i3i  — 

Estaban  libres  del  servicio  militar  los  estudiantes  que,  con- 
forme á  la  ley  18,  título  7.°,  libro  1.°  de  la  Recopilación,  goza- 
ban ciertas  exenciones  «haviendo  de  haver  hecho  un  curso  en- 
tero, estudiar  de  continuo,  entrar  en  las  Escuelas  de  las  Univer- 
sidades aprovadas  y  no  en  conventos  ni  colegios,  y  oir  dos  lec- 
ciones cada  día,  con  tal  que  hayan  de  hacer  constar  su  aprove- 
chamiento en  las  ciencias  y  humanidades  en  que  versan  por 
certificación  de  sus  cathedráticos,  visitada  del  Rector  de  la  Uni- 
versidad.» 

Cuando  una  comisión  de  la  Junta  General  del  Principado 
solicitó  del  Claustro  un  donativo  para  la  formación  de  un  Regi- 
miento de  Nobles  en  1794,  aquél,  atendiendo  ú  que  sus  prerro- 
gativas le  eximían  de  sorteos,  dio  con  entusiasmo  20.000  reales 
de  los  4-6.000  que  tenía  en  el  arca,  y  altamente  honroso  fué  el 
recibimiento  que  hizo  la  Provincia  á  los  maestros  portadores  de 
la  ofrenda.  Más  el  Gobierno  declaró  comprendidos  en  el  sorteo 
de  nobles  á  los  catedráticos,  doctores,  graduados  y  alumnos;  y 
como  la  Corporación  representara  contra  la  medida,  el  Rey  la 
volvió  á  decretar  correspondiendo  á  la  Universidad  el  cupo 
de  101  por  ser  712  los  matriculados.  Para  zanjar  diferencias 
se  acordó  una  suscripción  á  fin  de  poner  voluntarios  sustitutos, 
ayudando  la  Universidad  á  los  pobres  y  prefiriendo  á  los  apli- 
cados. 

Por  Real  cédula  se  extendió  y  generalizó  en  1795  el  uso  del 
papel  sellado,  y  el  Claustro  acordó  no  hacer  innovaciones  en  el 
particular  y  no  contestar  á  los  oficios  del  Tesoro  y  Contador 
de  Hacienda.  La  Audiencia  del  territorio  ordenó  el  reintegro 
del  papel  con  sello  en  los  juicios  académicos  y  que  el  Secretario 
no  diese  testimonios  en  pliego  comúp,  como  hacia  desde  anti- 
guo; más  considerando  tal  orden  depresiva  de  sus  fueros  y 
preeminencias,  la  Universidad  consultó  á  las  Mayores,  enviando 
á  Madrid  un  comisionado  especial  para  gestionar  con  el  Protec- 
tor de  la  Escuela.  Este  y  otros  privilegios  sufrieron  con  posterio- 
ridad la  suerte  de  otras  muchas  disposiciones  de  la  administra- 
ción pública  (1). 


(r)  Archivo  de  la  Diputación  provincial— Diputación  de  x.°  de  Mayo  de  1764— Archivo 
¿e  la  Universidad.—  Claustros  de  12  de  Febrero  de  1776,  n  de  Diciembre  de  1794  y  28  de 
Abril,  30  de  Mayo»  a  de  Junio  y  28  de  Julio  de  1765. 


—  132  — 

Tal  era  la  respetable  Corporación  académica.  Veamos  ahora 
lo  que  fué  el  Cuerpo  escolar. 

Clase  periódica  y  emigradora  era  durante  la  mayor  parte 
del  año  núcleo  y  nervio  principales  en  los  pueblos  que  tenían 
Universidad  como  Oviedo.  Por  la  época  en  que  apareció  nuestra 
Escuela  no  fué  la  figura  del  estudiante  ovetense  aquel  tipo  do 
noso  y  singular,  que  retrataron  á  maravilla  el  gran  Cervantes  en 
«La  Tía  fingida»,  el  maestro  Espinel  en  «La  vida  del  escuden» 
Obregón»,  Quevedo  en  «El  Buscón  ó  Gran  Tacaño»,  Alemán  en 
oGuzmán  de  Alfarache»  y,  á  este  tenor,  otros  escritores,  porque 
aquel  «Estudiante  de  Salamanca»  de  Espronceda  ya  no  es  cua 
dre  fidedigno;  pero  todavía  nuestro  escolar  mostró  en  los  si 
glos  xvn,  xviii  y  primer  tercio  del  xix  la  filiación  rigurosa  del 
antiguo  estudiante  español. 

Dejando  ahora  su  influencia  corporativa  de  cuando  aquí 
intervino  por  breve  tiempo  en  la  votación  de  catedráticos  y  su 
partido  en  aulas  y  academias  por  las  teorías  que  alimentaron 
las  Órdenes  religiosas,  la  vida  externa  estudiantil,  presidida  por 
espíritu  de  apretada  unión,  ofreció  no  poco  que  decir  y  cou 
siderar  en  nuestra  Ciudad. 

Como  gente  moza,  alegre  y  dispuesta  siempre  á  jarana  y  al- 
borotos, no  eran  los  estudiantes  muy  partidarios  de  la  calma. 
Valientes  por  sí  y  escudados  por  inmunidades  y  fueros,  son  sa- 
bidos sus  atrevimientos  y  populares  sus  calaveradas.  Anudado? 
por  vigoroso  compañerismo,  vestían  el  clásico  manteo,  (que  los 
teólogos  de  Urbano  V  preceptuaron  á  los  parisienses  en  el 
siglo  xiv)  prenda  que  á  todos  igualaba,  de  singular  estima  según 
era  más  vieja  y  denotaba  mayor  antigüedad;  y  desde  1770  prin- 
cipalmente, cuando  los  clérigos  dejaron  el  bonete  por  el  sombre 
ro,  también  ellos  siguieron  la  innovación  levantando  las  alas  y 
haciéndole  de  tres  pieos  después  de  las  providencias  á  que  die 
ron  lugar  los  motines,  desde  el  de  Esquiiache.  Las  leyes  reco- 
piladas de  espíritu  suntuario  reglamentaron  más  el  traje,  clase? 
de  paños  y  otros  detalles,  mientras  autorizaban  á  los  escolares 
para  pedir  limosna  y  los  hacían  libres  en  ciertos  préstamos  (1). 

Se  reunían  en  pandillas  y  banderías  divididos,  á  las  veces, 


líb.  i<x 


Xcx.v>m¿  Rcc-pLacun.  I.c\e<    K-,  i\\.    ::,  lih.    i':   7.*,   t¡L  39,  üb.   7.°;  y  i.',  lit.  o 


—  133  — 
por  provincias  y  concejos.  Riñas,  amores,  juegos  y  otros  desór- 
denes llegaron  á  ser  frecuentes,  y  más  lo  hubieran  sido  á  no 
atajarles  la  severa  autoridad  del  Sr.  Rector,  que  se  extendía 
hasta  los  actos  ajenos  á  la  vida  escolástica  y  se  veía  metido  en 
competencias  con  las  autoridades  locales  cuando  acudían  éstas 
y  aquél  para  apaciguar  tumultos  y  se  lanzaban  de  una  á  otra 
parte  las  voces  de  «¡favor  ala  Universidad!»)  «¡favor  á  la  Ciu- 
dad!») y  «¡favor  al  Rey! o  dando  ocasión  á  causas  criminales,  al- 
gunas muy  curiosas,  que  obran  en  el  archivo  de  la  Escuela.  Jó- 
venes, y  por  ende  ligeros  y  dados  á  la  galantería,  llevaron  su 
tentación  á  las  rejas  de  un  convento  de  monjas  de  esta  capital, 
ya  por  inclinación  á  las  reglares,  ya  por  alguna  vocación  si  nó 
forzada  cuando  menos  tibia;  y  á  más  de  los  autos  correspondien- 
tes fué  necesario  para  detenerles  que  apareciese  en  el  tablón  de 
edictos  la  excomunión  mayor  latte  sententice,  que  sino  atajó, 
contuvo  el  escándalo.  Asi  se  explica  cómo  se  fortalecían  aque- 
llas Corporaciones  literarias  protegidas  por  la  dicha  jurisdicción 
privilegiada,  debilitando  el  poder  real,  prontas  siempre  á  la 
creación  de  conflictos  y  reclamaciones  para  sostener  prácticas 
abusivas. 

De  esta  manera  en  pueblos  universitarios  se  crearon  divi- 
siones hostiles,  bandos  perennes  entre  los  habitantes  de  la  po- 
blación y  los  estudiantes,  siempre  en  lucha,  siempre  dando 
campo  á  perturbaciones,  alcanzadas  en  Oviedo  todavía  en  el 
siglo  xix  bajo  la  denominación  de  la  polaina  y  la  sotana,  ori- 
ginadas, las  más  de  las  veces,  por  fútiles  pretextos.  La  sociedad 
de  aquellos  tiempos  estaba  organizada  para  ello. 

Los  hijos  del  pueblo  eran  los  de  «la  polaina»,  que  en  paseos, 
grandes  fiestas  y  romerías,  en  la  «danza  prima»  de  la  plaza,  en 
el  patio  y  «cazuela»  del  teatro,  contendían  con  estudiantes  por 
cualquier  motivo  y  no  fueron  las  menos  veces  por  preferencias 
de  las  hijas  de  Eva,  viniéndose  los  galanes  á  manos  después  de 
provocarse  con  dichos  y  coplas  desde  el  uno  al  otro  bando. 

Decían  los  paisanos: 

Hoy  llevarán  c  sotana  > 

los  de  Sotana, 
que  aguardan  en  el  Campo 

los  de  Polaina. 


-  134  — 

Y  replicaban  los  estudiantes: 

Que  esperen  y  no  huyan 

los  de  Polaina, 
que  allá  van  presurosos 

los  de  Sotana,  (i) 

No  fué  aquí  siempre  precisa  y  continua  la  sopa  de  los  con- 
ventos, pues  ni  la  matrícula  era  tan  excesiva,  ni  tan  pobres  los 
estudiantes.  En  algunas  ocasiones,  sin  embargo,  repartían  la 
sopa  los  frailes  de  San  Francisco,  esperando  los  estudiantes  es- 
cotistas,  bajo  el  extenso  y  frondoso  Carbayón,  al  lego  reparti 
dor,  que  por  orden  de  antigüedad  distribuía  las  raciones;  y, 
una  vez  consumidas  éstas,  las  cazuelas  se  guardaban  en  «teno- 
bias  y  través  de  los  hórreos»  del  próximo  Campo  de  la  Lana.  Les 
tomistas  recibían  el  socorro  del  Convento  de  Santo  Domingo  y 
aguardaban  en  el  «Campillín»  la  hora  del  reparto,  bajando  por 
estrecha  calleja  y  entraban  por  la  puerta  del  carro  al  patio  que 
precedía  A  la  cocina  (2).  Otros  estudiantes  tenían  casa  donde  ser 
pajes  ó  acompañantes  y  además  posadas  de  baratísimo  pupilage, 
más  barato  aún  cuando  traían  las  provisiones  ó  carraca,  reno, 
vadas  periódicamente  por  la  amorosa  y  ausente  madre.  Ya  viene, 
pues,  de  muy  antiguo  la  patrona,  típica  personalidad  aneja 
siempre  á  la  vida  estudiantil;  vida,  como  hemos  dicho,  llena  de 
peripecias  y  por  todos  deseada,  no  obstante  prohibiciones  y  vi- 
gilancias. 

En  1709  escribió  el  Claustro  á  su  Protector  cómo  convendría 
sacar  de  la  población  una  compañía  de  cómicos,  por  el  grave 
daño  que  causaban  sus  distracciones.  El  Consejo  no  consideró 
tan  perjudicial  la  presencia  de  la  farsa,  diversión  pública  y  vo- 
luntaria; pero,  en  atención  á  que  la  continua  asistencia  podía 
ocasionar  gastos  y  abandono  en  el  estudio,  dio  orden  al  Regente 
de  la  Audiencia  y  al  Rector  para  que  vigilasen  sobre  este  punto 


fi«  Cfr\:*<t,  no\e!.*  do  co-tumhres  cveter«e^  por  P.Joé  R.  MeJendreras  <  Oviedo,  18661. 
r^  H.iIma  también  Ci  ra<  p;.»s  en  t'.i\cr  de  e^t:.d\irte«,  como  la<  de  />«<«,  fundada  en  1*36 
por  1>.  Gutierre  Hern—do  de  ijuirc*.  «.K>{.o  de  Tr.  «ca'j,  y  «  ira  de  Rojas,  por  el  IIu<in<imo 
Sr  D.  IYor/>  de  Ri  ja-*,  en  iñ.n  en  el  inUm  >  «..»:.cejc  .a  de  O-l.era  iRihadeseHa)  por  el  Présbite- 
r~  D.  lYdr»  lí  :  ^alcí  <r  it->i ,  'a  de  ( ';  .  ..v,  en  v  w  «  j  <r  el  C\  r.  r^-irio  del  Peni  D.  Antonio 
lí..r\-.\  V.ild»-*.  I-  Je  J\.'*:t  <Ir!ic~t<t  p  r  ti  A'üi'.z  I»  Juan  l*  ...neo  en  1726;  la  de  7a*tV 
,1  '.iiíO  p  r  I>  Pitrel  .\h:n:  o  y  I\>.ida  en  if>4  .1  de  .'•<••*'-»*•*  Carreíio>  por  ei  Préster 
ro  IV  Mjiuk'.  (*.iraa  Heres  en  174a,  la  de  ür»  «j  \C»ttJ¡t5j  por  D.  Toribio  González  de 
llardo  y  >u  muier  O.*  M.ina  de  Je>u<.  y  alguna  mi>. 


—  «35  — 
y  los  alumnos  solamente  asistiesen  los  domingos  y  días  festivos 
con  permiso  del  superior,  perdiendo  fuero  quien  desobedeciese. 
Otras  veces  eran  ellos  los  actores  (1).  Y  se  dictaron  también 
más  órdenes  de  no  fumar,  //•  á  la  tuna,  salir  á  horas  de  vela, 
frecuentar  ciertas  tertulias  de  mucha  confianza,  etc.,  inspeccio- 
nándolo el  Rector,  acompañado  de  paje,  bedel  y  alguacil  en  la 
nocturna  ronda,  siendo  en  ocasiones  burlada  su  vigilancia  (por 
venalidad  de  los  dependientes,  según  la  crónica  tradicional)  y 
acontecía  no  alcanzar  su  fin,  imponiendo  serios  castigos  si  los  es- 
tudiantes eran  sorprendidos  en  centros  pecaminosos,  en  gari- 
tos y  rincones,  donde  se  manejaba  el  mugriento  y  desencuader- 
nado libro  de  las  cuarenta  hojas,  en  desvencijados  billares,  ó 
en  sitios  de  los  alrededores  por  piras  ó  huidas  de  cátedra. 

Desde  los  («pipiólos»  y  «corbateros»  ó  filósofos,  que  eran 
como  los  reclutas  ó  novicios,  hasta  los  estudiantes  veteranos 
había  una  graduación  singularísima  con  graciosos  cambiantes, 
y  más  distinguiendo  por  Facultades.  El  legista  era  el  estudiante 
tipo  de  inquietud  y  aventuras;  el  teólogo,  más  tranquilo  y  traba- 
jado por  el  penoso  estudio,  daba,  á  veces,  no  poco  que  hacer  y 
decir  y  más  cuando  colgaba  los  hábitos;  el  canonista  era  figura 
anfibia;  y  el  médico  pasó  por  aquí  muy  rápido  sin  dejar  la 
memoria  que  en  otras  partes. 

Para  unos  y  otros  hubo  que  habilitar,  según  queda  indicado, 
local  académico  de  reclusión,  y  no  bastó;  porque  en  1707  se 
ofició  al  Corregidor  San  Pedro  para  que  permitiese  al  Rector 
poner  en  el  Real  Castillo  ó  Fortaleza  á  cursantes  presos  que  ha- 
bían cometido  delitos,  por  no  resultar  segura  la  cárcel  de  la  Es- 
cuela. El  virtuoso  Magistral  Sr.  Menéndez  de  Luarca  en  1779 
y  el  edificante  P.  Cádiz  en  1795  dieron  fervorosos  ejercicios 
con  abundante  fruto  á  los  escolares;  pero  la  gente  moza,  reno- 
vada en  cursos  sucesivos, continuaba  siéndola  misma.  Muy  serio 
fué  un  conflicto  en  el  mismo  año  de  1795,  cuando  por  disputas 
y  algo  más  en  una  danza  dentro  del  Campo  de  San  Francisco, 
el  Juez  de  la  Ciud&d  prendió  á  un  estudiante,  que  le  quisieron 


(\\    Archivo  de    la  Universidad.— Claustros  de   25  de  Diciembre  de  1756,  so  de  Octubre 
de  1769,  15  Mayo  de  1791,  4  de  Mayo  de  1795,  etc. 

—  •Cancionero*  populare*»  de  Lafuente  Alcántara,  Machado,  Marín,  etc. 

—  Los  Españoles  pintados  por  si  n:ismos,  por  varios  autores  (Madrid,  1851). 

—  Rt cuerdos  drl  Tiempo  viejo,  por  D.  José  Zorrilla. 

IO 


-  i36  - 
arrebatar  los  compañeros,  sin  lograr  meterle  dentro  de  las  cade- 
nas del  fuero  al  pasar  camino  de  la  cárcel.  El  Rector  visitó  al 
Regente  para  amparar  á  su  aforado;  el  Regente  dio  conocimien 
to  del  suceso  nada  menos  que  al  Consejo  do  Castilla;  y  se  redo- 
blaron rondas,  admoniciones  y  medidas  de  todas  clases  para 
aquietar  los  juveniles  ánimos,  que  en  muchas  veces  más,  antes 
y  después  de  1800  y  1801  dentro  y  fuera  del  teatro,  tuvieron  en 
inquietud  constante  al  pacífico  vecindario  ovetense. 

Finalmente,  por  sabida  se  tiene  la  parte  que  los  estudian- 
tes tomaron  en  tumultos  populares  y  en  acontecimientos  políti- 
cos en  1702,  1766,  1808  y  1820. 

Aún  ayer,  los  últimos  que  alcanzaron  aquella  vida,  preñada 
de  sucesos  y  de  impresiones,  se  deleitaban  con  el  recuerdo  de 
tales  tiempos;  la  musa  popular  de  los  cantares  conmemora 
y  alude  todavía  á  episodios,  que  entonces  debieron  ser  frecuen- 
tes; y  la  historia  anecdótica  guarda  mil  lances  y  cuentos  chisto- 
sos y  epigramáticos.  Corren  de  boca  en  boca  los  requiebros  del 
estudiante  á  la  novia  y  las  quejas  de  ésta  cuando  aquél, 

en  viniendo  San  Lucas, 
tú  que  le  viste 

¿Quién  no  sabe  de  las  animadas  comparsas  que  de  pueblo 
en  pueblo  y  de  calle  en  calle  explotaban  los  bolsillos  ajenos, 
merced  á  la  desacorde  música  de  guitarras,  ílautas  y  violi- 
nes?  ¿Quién  no  se  complace  en  modernas  resurrecciones  de  an- 
tiguas Tunas  con  el  atrevido  postulante  ó  o  moscón»  y  los  elás- 
ticos pandereteros  que  saltan  y  giran  golpeando  el  pergamino 
con  manos,  pies,  rodillas,  codos  y  cabeza?  ¿Quién  ignora  atracti- 
vos y  penurias  de  aquella  truanesca  vida?...  Ya  las  leyes  al- 
fonsinas  trataron  de  revueltas  estudiantiles,  rondas  y  serenatas. 

Palpable  es  la  diferencia  de  los  estudiantes  de  entonces  y 
los  de  después;  bien  que  se  dice  en  vieja  máxima,  piden  diversos 
tiempos  costumbres  diferentes;  pero  siempre  las  memorias  de 
los  anos  estudiantiles  refrescan  el  alma  con  las  dulces  auras  de 
la  primavera  de  la  vida  y  son  manantial  inagotable  de  emocio- 
nes: trisles  cuando  se  evoca  el  nombre  de  camaradas  que  des- 
aparecieron prematuramente;  gratísimos  cuando  se  encuentra  a 
otros  en  la  senda  de  la  vida  ó  se  presencian  los  triunfos  de  com- 


—  »37  — 

pañeros  que  llegaron  á  los  primeros  puestos  del  Estado  y  de  las 
letras.  Desgraciadamente  son  más  los  que  desaparecen  ó  veje- 
tan  oscurecidos,  quedándose  por  el  camino,  que  los  que  llegan 
á  la  cumbre.  Ya  lo  escribió  periodista  ilustre:  Dios  ha  limitado  el 
número  de  los  que  señala  con  la  marca  sublime  del  genio. 

Veamos  ahora  en  otros  aspectos  aquella  antigua  vida  univer- 
sitaria. 

La  solemnidad  con  que  se  conferían  los  grados  mayores,  re- 
tratan el  pasado  académico  con  sus  curiosas  ceremonias  y  rigu- 
rosos ejercicios  literarios.  Aprobadas  las  Facultades,  los  certifi- 
cados de  «lecturas»  y  «cursoso  eran  llave  para  adquirir  estima- 
do titulo. 

Era  el  primero  el  de  Bachiller  en  Artes,  al  que  seguía  el  su- 
perior de  las  Facultades  mayores. 

Al  reseñar  los  primeros  Estatutos  indicamos  las  circunstan- 
cias de  los  respectivos  bachilleratos,  que  constituían  el  grado  ini- 
cial que  los  ministros  de  Carlos III  llamaron  («importante©  cuan- 
do reglamentaron  estos  y  más  ejercicios  académicos  y  ordenaron 
sobre  sus  cursos,  requisitos,  reválidas  é  incorporaciones  (1);  pero 
la  solemnidad  era  modesta.  Presentaba  el  estudiante  un  memorial 
al  Claustro  y  acreditaba  su  puntual  asistencia  á  oir  y  leer  con 
certificados  de  los  catedráticos  y  testimonio  del  bedel,  y  una  vez 
admitido  al  grado,  se  presentaba  ante  el  Tribunal  de  tres  docto- 
res y  padrino;  en  breve  arenga  solicitaba  la  gracia,  explicaba  su 
punto  de  la  Facultad  desde  la  cátedra,  contestando  también  á  las 
objecciones,  y  después  recibía  el  título  pagando  derechos  y  pro- 
pinas. 

Los  bachilleres  en  leyes  ya  se  acondicionaban  para  el  ejer- 
cicio de  la  abogocía,  principalmente  desde  la  reglamentación 
por  Carlos  IV  del  antiguo  examen  que,  ante  los  Reales  Consejos 
y  Audiencia,  habían  dispuesto  los  Reyes  Católicos.  Después  del 
grado  de  Bachiller  se  exigieron  cuatro  años  de  estudios  de  leyes 
del  Reino  en  las  Universidades  en  que  hubiera  estas  enseñanzas, 
pudiendo  ser  dos  de  Cánones,  justificando  además  pasantía  con 
letrados  y  asistencia  á  los  tribunales.  Había  examen  ante  los 
Oidores  y  en  algún  tiempo  se  encargó  preguntar  especialmente 

(i)    Novísima  Recopilación.  —  Leyes  8  i  14,  tit.  8,  lib.  8. 


—  138  — 
sobre  las  leyes  y  capítulos  de  Corregidores,  por  si  los  abogados 
aspiraban  á  estos  cargos  (1). 

Al  bachillerato  seguían  los  grados  mayores,  á  Claustro  ple- 
no, de  Licenciado  y  Doctor,  que  coronaban  la  carrera  académica. 

Las  primitivas  formalidades  están  en  los  Viejos  y  Nuevos 
Estatutos;  y  no  bastando  sus  prescripciones,  se  hicieron  los 
reglamentos  de  1750  y  1781  que  contienen  detalladamente  los 
rasgos  característicos  de  aquellas  ceremoniosas  costumbres  es- 
colásticas (2). 

He  aquí  cómo  se  celebraba  y  obtenía  la  Licenciatura  ó 
«licencia»  para  enseñar. 

Los  ministros  y  oficiales  de  la  Escuela,  precedidos  de  chiri- 
mías y  atambor  concurrían  á  casa  del  catedrático  Decano  de  la 
respectiva  Facultad  para  buscar  al  Graduando  y  Rector,  y  en  la 
casa  de  éste  se  formaba  el  Claustro.  Allí  principiaba  el  vistoso 
paseo  á  caballo  por  la  Ciudad,  comprendiendo  siempre  á  Cima- 
devilla  y  la  Plaza  Mayor  viniendo  después  á  la  Universidad, 
llevando  la  Corporación  el  siguiente  orden:  abría  el  paso  el  al- 
guacil entre  músicos  y  estudiantes,  seguía  el  bedel  con  maza 
antes  del  capellán  moderno  y  el  impresor,  á  continuación  mar- 
chaban el  capellán  antiguo  y  el  mayordomo  y,  á  la  cabeza  de 
las  dos  filas  del  Claustro,  figuraban  el  Secretario-notario  y  el 
Fiscal  (3).  Entraba  la  Corporación  en  la  Sala  grande  general  de 
Cánones.  El  Decano  padrino  subía  á  la  cátedra;  el  Rector  se 
sentaba  bajo  el  dosel  y  retrato  del  Fundador,  y  á  su  lado  el  in- 
dividuo más  antiguo  del  Claustro  con  el  candidato,  siguiendo  los 
doctores  por  su  antigüedad,  colocándose  el  bachiller  que  argüía 
cerca  de  la  puerta  en  otra  cátedra  elevada.  Ante  la  presidencia 
rectoral  había  una  mesa  con  libros  y  códigos  para  evacuar  las 
cuas  y  un  reloj  de  arena  para  medir  la  duración  del  acto. 

Principiaba  el  acto  con  el  ejercicio,  llamado  primeramente 
Quod  libeto  y  después  Repetición  pública,  cuyo  temase  saca- 
ba ante  el  Rector,  Padrino,  Secretario,  Bachiller  y  Consiliarios, 


(i)     Novísima  Recopilación. —Leyes  i.*  y  a.a,  lit.  aa  lib.  V. 

la)     Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  4  de  Marzo  de  1750    y  5  de  Marzo  de  1781. 

^3)  Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  a6  de  Marzo  y  a6  de  Mayo  de  1737.— Por 
muerte  de  Fausto  Antonio  Plaza  el  Claustro,  en  11  de  Enero  de  1750,  nombró  su  impresora 
D.  Francisco  D«'az  {Pedregal,  cuyos  hijos  y  nietos  han  desempeñado  su  cargo  y  noble  arle  con 
mucha  aceptación  y  nombre  en  la  provincia. 


—  139  — 

á  quienes  se  pasaba  impreso  en  seda  del  color  de  la  Facultad, 
y  en  papel  á  los  convidados  y  dependientes  (1). 

Al  medio  de  la  lección,  de  memoria,  que  duraba  una  hora, 
había  el  cedat  ó  salutación  al  Salvador,  á  la  Virgen,  á  los  Reyes 
y  al  Fundador,  durante  la  cual  todos  permanecían  cubiertos  y 
sentados  á  excepción  del  Graduando.  Cuando  el  presidente  to- 
caba la  campanilla  sonaban  la  chirimía  y  demás  instrumentos, 
tornaba  el  Claustro  al  paseo  acompañando  al  Rector  á  su  vi- 
vienda, y  después  los  ministros  y  oficiales  al  Decano  y  Graduan- 
do á  la  suya  respectiva.  Ültimamente  no  había  paseos  en  los 
grados  de  Licenciado.  A  las  doce  de  la  mañana  del  día  de  la 
repetición,  el  tambor  y  clarín  de  la  Ciudad  tocaban  ante  las 
puertas  mayor  de  la  Universidad,  del  Rector,  Decano  y  aspiran- 
te, y  acompañados  éstos  por  algunos  dependientes  se  dirigían  á 
las  tres  y  media  de  la  tarde  á  la  Escuela,  donde  á  las  cuatro  ba- 
jaba el  Claustro  á  la  cátedra  de  actos  mayores.  Desde  este  ejer- 
cicio al  de  capilla  mediaban  nueve  días,  término  dado  al  bachi- 
ller más  antiguo  que  quisiera  graduarse  antes,  para  lo  cual  se 
fijaba  un  edicto. 

El  día  del  examen  había  el  mismo  acompañamiento  desde  la 
casa  del  Rector,  en  hora  diferente  según  la  estación  y  acuerdos, 
vistiendo  la  muceta  el  Decano  y  tres  graduados  examinadores. 
El  acompañamiento  del  graduando  á  la  capilla  de  San  Gregorio 
era  después  de  los  argumentos  á  las  seis  de  la  tarde  en  invierno 
y  á  las  siete  en  verano,  no  permitiéndole  más  que  una  persona 
en  su  compañía. 

Durante  este  tiempo  se  servía  la  cena  ó  refresco  á  los  doc- 
tores y  secretario.  Componíase  aquélla  de  «una  ensalada,  un 
asado  de  las  mejores  aves,  cabrito  en  su  época,  ternera  y  pos- 
tres con  dulces  de  rajadillo,  pasteles  y  otras  hojaldras»,  ó  un 
azucarillo,  agua  rosada  y  una  libra  de  dulces  para  los  gra- 
duados y  secretario;  pero  un  cuarterón  á  los  dependientes,  á 
quienes  se  dio  propina  en  compensación  de  la  cena;  y  es  de  notar 


(f)    En  esta  ó  parecida  redacción    y   simplificada   desde    la   intervención  de   los  Censores 
regios: 

Pro  l' cent,  grad  in  ....  facúltate  obtinendo  hac  in    regis  Univ.    Ovet.   corr.m  ej'ittd.  j<i- 
•//Vfi/.  D  D.  ac  Mag.  publican  dicct  oratiotwm  li.  D..  ..  Theximq  secuentem  (.     .     .     .     .    J. 

>A   B.  D Públici  praPug.  sitó  auspiziis  sin  prtedilect  Patrini  D.  D.  D i n  facúltate 

Ofcain.  Dü korc post  nterid,  Anno  D.  N.  J.  MDCC.  ...» 

Y  eran  análogas  las  conclusiones  impuestas  para  oposiciones  ó  actos  por  cátedras. 


—  140  — 

que  en  ésta  había  mesa  aparte  para  los  pajes  y  socios  regulares. 
Era  costosa  tal  costumbre  y  llamada  la  atención  del  Claustro 
sobre  el  particular,  acordó  que,  habiendo  un  reglamento  para  el 
caso,  el  exceso  era  voluntario  y  fuera  de  sus  atribuciones  si 
bien  en  lo  sucesivo  se  daría  una  nota  al  graduando.  Este  llevó 
la  cena  á  su  casa,  más  los  doctores  lo  prohibieron  disponiendo 
que  el  Primiciero  diera  una  colación  con  300  reales  que  satis 
faría  el  candidato,  descontando  de  las  propinas  el  exceso  que 
fuera  necesario.  Posteriormente  se  redujo  á  una  ensalada,  dos 
huevos  pasados  por  agua,  un  ave  del  tiempo  para  cada  doctor, 
fruta,  queso,  pan  y  vino  de  Castilla,  por  más  que  algunos  opina 
sen  por  el  antiguo  obsequio  de  los  dulces  (t). 

Terminados  refresco  ó  cena,  se  cerraban  las  puertas  exterio- 
res de  la  Universidad  no  permitiéndose  la  entrada  más  que  á 
los  criados  del  Rector  y  de  graduados,  que  traían  los  faroles  para 
acompañarlos,  mientras  el  Primiciero  y  los  dependientes  ronda- 
ban el  Claustro  bajo.  Como  en  todas  las  ceremonias  del  grado, 
se  tocaban  las  campanas  antes  y  después  de  salir  del  ejercicio 
y  el  pueblo  esperaba  con  impaciencia  el  tercer  repique,  que 
anunciaba  la  aprobación,  antes  de  la  cual,  en  una  mesa  y  en  el 
centro  de  la  capilla,  se  colocaban  dos  velas  encendidas  con  un 
Crucifijo  y  los  Evangelios,  y  detrás  se  sentaban  en  un  banco  el 
candidato  con  el  padrino  que  le  auxiliaba  en  los  argumentos  y 
preguntas. 

Concluidas  éstas,  el  Decano  sacaba  al  aspirante  del  recinto 
y  volvía  á  entrar  con  el  Secretario.  Este  con  el  Sar^to  Cristo 
y  el  Libro  Sagrado  tomaba  juramento  á  los  doctores  (por  preve- 
nirlo el  Reglamento  y  un  acuerdo  especial  del  Claustro)  para  que 
no  se  admitiese  recurso  ninguno  sobre  aprobación,  reprobación  ó 
levantamiento  de  alguna  R.  Llenado  este  requisito,  repartía  las 
argentinas  medallas  con  las  A  A  y  RR,  y  al  salir  del  local,  ce- 
rraba puerta  y  cancel.  Comenzaban  á  votar  depositando  las 
medallas  en  las  ánforas  de  plata,  que  eran  llevadas  enseguida  al 
Rector  para  que  con  dos  examinadores  antiguos  hiciese  el  es- 
crutinio  (2).  Sin  embargo   de  tal  acuerdo,    aconteció  que  e/ 


(i)     Archivo  de  la  Universidad.  — Claustro  de  10  de  Octubre  de  1770. 

12»    ídem  ídem.  — Claustros  de   19  de  Septiembre    de    1770   y    9  de    Julio  de  17S5. 


■^» ' 


—  141  — 
Br.  D.  José  Fuster  Lorenzo,  después  de  jurar  y  recibir  el  grado 
de  Licenciado  en  Teología  o  vindicó  su  honor  por  la  Rque  había 
resultado  en  la  elección  y  examen  de  capilla»;  y  entonces  los 
doctores  oyeron  á  los  jueces,  y  éstos  «aseguraron  que  Fuster 
había  hecho  el  ejercicio  con  el  mayor  lucimiento  sin  la  más 
leve  falta  y  que  la  R  pudo  proceder  por  equívoco  al  echar  en 
el  cántaro  las  tarjetas  de  plata  que  entonces  se  estrenaban»;  y 
por  los  brillantes  antecedentes  delD.  José  («casaron  por  equívo- 
co y  erróneo  el  voto  de  la  /?»,  acordando  expedirle  certificacio- 
nes nomine  discrepante  (1). 

Aunque  estaba  dispuesto  que  hasta  el  día  siguiente  del  exa- 
men no  se  digese  al  pretendiente  el  resultado,  para  que  en  caso 
de  no  aceptar  el  grado  por  alguna  consideración  lo  participase 
el  bedel  á  los  doctoreé,  siempre  salía  el  padrino  á  buscar  al 
ahijado  y  el  Rector  le  decía  su  aprobación. 

El  día  de  la  investidura  se  hacía  el  acompañamiento  ó  paseo 
con  iguales  formalidades  y,  cuando  fué  suprimido,  bajaba  el 
Claustro  desde  la  Sala  de  Actos  á  la  Capilla,  donde  el  candidato 
prestaba  los  juramentos  ante  el  Secretario.  Saliendo  la  Corpora- 
ción al  patio  de  la  Escuela  ocupaba  amplio  sitial  dispuesto  á 
propósito;  pedia  el  aspirante  el  grado  y  le  recibía  de  manos  del 
Héctor,  á  quien  acompañaban  todos  á  casa,  una  vez  terminado 
el  acto,  antes  que  al  Decano  y  al  nuevo  Licenciado.  Ya  éste  en 
su  morada,  obsequiaba  á  cuantos  acudían  á  felicitarle  y  muchos 
llegaban  para  recibir  gratificaciones. 

El  juramento  y  promesas  comprendían  varios  extremos,  mo- 
dificados y  adicionados  según  los  tiempos:  la  fidelidad  y  obe- 
diencia á  S.  S.  el  Papa  N.  N.  y  sucesores  en  la  Silla  de  San  Pe- 
dro como  al  Rey  y  Reina  N.  N.  N.  N.  príncipes  invictísimos;  la  de- 
fensa á  toda  costa  del  honor,  reverencia,  libertad  y  privilegios  de 
la  Universidad  de  Oviedo  (alma  mater)  y  de  todos  sus  miem- 
bros, no  yendo  contra  su  Rector,  Doctores,  ni  Maestros  ni  demás 
personas  presentes  y  futuras  de  la  Escuela,  ni  contra  la  repúbli- 
ca de  la  Ciudad,  antes  bien  favoreciéndoles  cuanto  fuese  posible 
en  lo  referente  á  su  honra  y  utilidad;  cumplir  con  todo  celo  y 
diligencia,  favor  y  patrocinio,  dentro  y  fuera  de  la  Universidad 


ít)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  ax  de  Mayo  de  1772. 


-    I42   - 

en  cargos  y  dignidades  que  se  ocuparen,  cuanto  fuese  convenien- 
te al  Claustro  y  éste  necesitara  ó  requiriese;  la  observancia  ex- 
trema en  todo  y  para  todo  de  las  Constituciones  y  estatutos  vi- 
gentes ó  futuros  de  la  Universidad  y  también  los  cánones  y  de- 
cretos del  Concilio  de  Trento;  no  promover,  defender  ni  enseñar 
directa  ó  indirectamente  cuestión  alguna  contra  la  autoridad  y 
regalías  de  la  Corona  de  España  (según  la  R.  P.  de  6  de  Sep- 
tiembre de  1770);  asimismo  enseñar  siempre  la  doctrina  del  Con- 
cilio de  Constanza  en  la  sesión  XV  y  sus  declaraciones  contra 
el  tiranicidio  y  regicidio,  procurando  que  aquélla  fuese  observada 
rigurosamente,  sin  admitir  jamás  opiniones  opuestas  ni  afines 
como  probables;  leer  y  regir  las  cátedras  á  que  fuere  llamado 
en  caso  de  necesidad,  sin  exigir  mayor  salario  que  el  asignado; 
no  figurar  nunca  en  las  sociedades  secretas  prohibidas  por  la 
ley,  ni  admitir  el  absurdo  principio  de  que  el  pueblo  puede  mu- 
dar á  su  voluntad  la  forma  de  gobierno;  y  mantener  y  abrazar 
como  piadoso  y  conforme  al  culto  y  recta  razón,  ya  se  predica- 
se, enseñase  ó  disputase  pública  ó  privadamente,  la  doctrina 
que  afirma  que  la  gloriosa  Virgen  María,  Madre  de  Dios,  no  es- 
tuvo nunca  sujeta  en  virtud  de  gracia  divina  al  pecado  original 
y  que  fué  santa  é  inmaculada  siempre  desdo  el  primer  instante 
de  su  animación,  según  la  Bula  de  Alejandro  VIL  De  esta  suerte, 
con  la  santidad  del  juramento  en  épocas  de  creencias  firmes, 
de  unidad  religiosa  y  también  de  sucesivos  recelos  políticos,  se 
ligaba  á  los  graduados  á  las  autoridades  pontificia  y  regia,  pro. 
greso  de  la  Universidad  y  fraternidad  académica. 

El  grado  supremo  del  Doctorado  se  disponía  con  análogas 
y  más  lujosas  ceremonias  que  en  la  Licenciatura. 

La  víspera  del  grado  doctoral  se  celebraba  por  la  tarde  el 
paseo  á  caballo,  sin  que  aparezca  en  qué  año  terminó  tal  cos- 
tumbre, siguiendo  la  procesión  de  á  pié,  pues  la  escalera  para 
montar  aún  existía  en  1844  en  el  zaguán  de  la  puerta  principal, 
frente  á  la  Capilla.  «En  atención  á  que  con  las  continuas  lluvias, 
aún  en  el  verano,  rara  vez  se  conseguía  buen  piso»»,  se  propuso 
en  1771  celebrarle  en  coche  o  ya  que  había  bastantes  en  el  lu- 
gar»; pero  siempre  hubo  dificultad  para  disponer  de  carruajes, 
y  así  no  duró  mucho  la  medida.  En  1835  cesó  el  paseo  por  com- 
pleto cuando  el  derribo  de  la  torre  del  Ayuntamiento,  efectúan- 


-  Mi    - 

dose  otro  desde  la  Sala  de  Claustros  hasta  el  tablado  que  se  po- 
nía en  el  patio  universitario  con  dosel,  bancos  y  colgaduras.  Se 
levantaba  á  cuatro  pies  (Je  altura  en  lodo  lo  largo  de  la  crugía 
que  mira  á  la  puerta  principal  desde  las  dos  columnas  que 
forman  esquina  ó  ángulo,  y  se  entraba  por  cerca  de  la  puerta 
del  antiguo  paraninfo,  hoy  cátedra  de  conferencias.  Los  doctores 
llevaban  sus  respectivas  insignias  y  el  candidato,  que  vestía  ba- 
landrán sobre  la  sotana,  tenía  en  mano  el  bonete  negro  y  se 
colocaba  en  pié  al  lado  de  la  barandilla  frente  al  dosel.  Los 
dos  estudiantes  que  argüían  se  sentaban  en  taburetes  en  la  co- 
lumna del  centro,  y  entonces  principiaba  aquel  simulacro  de 
ejercicio  donde  cada  arguyente,  al  probar  la  menor,  daba  una 
patada  y  la  música  principiaba  tocando  últimamente  el  rondó 
de  la  Vestal. 

El  día  de  la  investidura  concurría  el  Claustro  con  igual 
solemnidad  que  en  el  anterior  ejercicio,  y  en  asientos  frente  al 
dosel  se  sentaban  el  Secretario  y  el  estudiante  de  la  «gratulato- 
ria* hasta  que  con  posterioridad  varió  la  ritualidad.  A  las  once 
de  la  mañana  bajaba  el  Cuerpo  académico  con  el  graduando, 
que  ya  vestía  la  muceta;  dos  estudiantes  conducían  la  borla,  el 
libro  y  el  anillo  en  bandejas  de  plata  y  entre  los  dependientes 
venía  el  bachiller  encargado  de  la  laudatoria.  El  aspirante  pedía 
el  <rrado  en  oración  latina;  acompañado  por  el  Padrino  y  Secre- 
tario juraba  de  rodillas  ante  el  Rector,  que  le  concedía  la  borla; 
y  el  Padrino  sentado  entregaba  el  libro  y  el  anillo  al  nuevo  doc- 
tor, que  permanecía  arrodillado  oyendo  otra  oración  latina  sobre 
la  importancia  del  grado  y  deberes  que  le  imponía. 

Era  el  juramento  análogo  al  prestado  ante  la  Cruz  con  la 
mano  sobre  los  Evangelios  cuando  la  Licenciatura,  y  cláusu- 
las cuya  redacción  se  fué  variando,  adicionando  ó  suprimiendo 
extremos:  como  el  especial  dispuesto  para  los  teólogos  contra  la 
escuela  y  autores  jesuíticos;  la  limitación  general  de  gastos  doc- 
torales conforme  á  la  tasa  Clementina;  en  el  primer  tercio  del  si- 
glo xix, uno  especial  dedicado  al  Rey  y  ala  Constitución;  y  había 
una  adición  general  de  no  dispensar  en  tocio  ni  en  parte  los  in- 
dicados juramentos  universitarios.  La  entrega  de  los  símbolos 
doctorales  se  hacía  con  fórmulas  conceptuosas  y  de  antemano 
marcadas,  ya  al  presentar  y  cubrir  al  graduando  con  el  bonete 


—  144  — 

«laureado,  viejo  y  venerable  distintivo  del  Magisterio  como  coro- 
na de  estudios  y  méritos»;  al  ofrecerle  el  libro  abierto  y  cerrado 
para  «enseñar,  difundir  y  adelantar  la  ciencia  con  acatamiento 
y  veneración  á  doctrinas  de  los  antiguos  Maestros»;  y  al  ponerle 
el  anillo,  como  «emblema  del  privilegio  de  firmar  y  sellar  los  es- 
critos, consultas  y  censuras  de  la  ciencia  y  profesión  de *,  al 

mismo  tiempo  que  le  ofrecían  unos  guantes,  «símbolo  de  la  pu- 
reza que  debía  brillar  en  las  acciones  del  Doctor  (1)».  Decíase 
la  protestación  de  la  Fé,  conforme  á  la  fórmula  de  Pío  IV,  con 
el  símbolo  de  aquélla  y  su  continuación  Apostólicas  el  eccle- 
siasticas  quoque  Traditiones;  y  toda  la  dicha  ritualidad  si- 
guió observándose  hasta  1847,  al  centralizarse  los  grados  doc- 
torales en  Madrid.  Cuando  por  breve  tiempo  desde  1870  se  res- 
tablecieron en  Oviedo,  fueron  simplificadas  aquellas  ceremonias 
á  tenor  de  las  formalidades  conservadas  hasta  1868  en  la  Li- 
cenciatura en  que  se  hacía  igualmente  la  protestación  de  Fé  ca- 
tólica, acto  suprimido  después  de  la  Constitución  de  1869,  que 
proclamó  la  libertad  religiosa.  Seguía  el  abrazo  á  los  nuevos 
compañeros;  tomaba  asiento  el  nuevo  doctor  después  del  gra- 
duado más  moderno;  y  el  Primiciero  arrojaba  guantes  al  públi- 
co, que  variaron  en  número,  según  acuerdos,  reduciéndose  á 
seis  pares  en  1771  en  beneficio  de  la  librería  (2). 

Y  después  tenía  lugar  una  costumbre  curiosa.  Como  la  in- 
vestidura del  grado  de  doctor  era  el  complemento  de  la  ciencia, 
y  la  edad  en  que  generalmente  se  recibía  era  de  juventud  á  la 
que  tanto  halaga  el  lucimiento  y  ostentación  de  los  actos  públi- 
cos, pues  la  inteligencia  humana  flaquea  no  pocas  veces,  en- 
tonces mismo  el  graduado  más  reciente  se  dirigía  al  candidato 
á  quien  manoseaba  á  su  sabor,  dejándole  en  ridiculo  ante  el 
público,  que  esperaba  con  ansiedad  y  recibía  con  risas  y  aplau- 
sos las  ocurrencias  más  desatinadas.  Ya  se  ponían  de  manifiesto 
los  defectos  físicos  y  morales,  ya  los  lances  juveniles  y,  si  á 
mano  venía,  los  de  sus  padres,  abuelos  y  parientes,  no  Omitien- 


te Desde  las  primeras  investiduras  cayó  aqui  en  desuso  la  ceremonia,  continuada  en 
otras  Universidades  (siguiendo  el  espíritu  de  las  leyes  alfoiifinas,  que  otorgaban  nobleza  al  Ma- 
gisterio) de  armar  Caballero  al  nuevo  Doctor,  entregándole  espada,  cinturón,  espuelas  y  guan- 
tes, quedando  aqui  estos  últimos  non  tantem  in  sigttum  ordinis  equcstrii,  sino  en  el  concepto 
dicho  en  el  texto. 

(2)  Archivo  de  la  Universidad.- Claustro  de  4  de  Febrero  1771,  12  de  Junio  de  179S 
y  8  de  Julio  de  1835.  Se  dice. 


—  I4S  — 

dose  frecuentemente  el  que  figurase  el  ama  del  cura,  si  aconte- 
cía ser  sobrino  ó  pariente  de  un  párroco  el  graduando  ó  si  éste 
lo  era,  ó  Padre  maestro  de  alguna  Orden  religiosa.  Tal  fué  el 
acto  chavacano  é  improcedente,  llamado  («vejamen»)  por  los  Es- 
tatutos y  generalmente  designado  con  el  nombre  de  gallos. 

¿De  dónde  venía  una  práctica  tan  extraña?  En  los  honores 
antiguos  del  triunfo  se  cantaban  sátiras  y  epigramas  á  los  dignos 
de  aquella  distinción  en  Roma,  y  bien  pudo  de  aquí  pasar  tal 
costumbre  á  las  Universidades  en  un  acto,  verdadero  triunfo 
literario  de  una  persona.  No  solamente  se  refería  al  graduando, 
sino  que  se  extendía  á  diferentes  individuos,  como  indicamos,  y 
hasta  en  la  venia  para  pronunciar  las  diatribas  en  que  consistía 
el  vejamen.  Manifiesta  el  Sr.  Borao  que  el  famoso  satírico  Rabe- 
lais  «instituyó  un  particular  ceremonial  para  la  recepción  del 
bachillerato  en  Montpellicr,  en  que  el  candidato  sufría  una  ca- 
rrera de  puñadas,  á  título  de  juvenil  despedida,  mientras  pasaba 
de  la  Sala  de  Actos  al  cónclave,  en  donde  se  hacía  lo  mismo 
por  los  profesores».  De  la  Universidad  de  Granada  se  publicó 
recientemente  un  vejamen  tomado  de  un  códice  colombino  por 
nuestro  inolvidable  y  paternal  amigo  el  sabio  D.  Aureliano  Fer- 
nández Guerra  y  Orbe,  ornamento  de  las  Academias  españolas 
Esta  dirigido  por  el  Dr.  Salcedo  á  D.  Alonso  de  Salazar  en  1598, 
y  en  su  final  se  dice:  «todo  lo  dicho  hasta  aquí,  señores,  ha  sido 
muy  violento  para  cumplir  con  el  antiguo  y  pesado  Estatuto  de 
nuestra  Universidad,  que  así  como  violento  no  puede  ser  dura- 
ble (1)».  Efectivamente,  fué  decayendo  poco  á  poco  compren- 
diendo que  no  era  digno  de  un  acto  serio  y  solemne. 

El  Dr.  Prado  propuso  en  J7ÍJ5  la  supresión  de  paseos  y  (ja- 
llos «que  si  fueron  necesarios  en  tiempos  bárbaros  (sic)  debe 
el  Claustro  reformarlos  para  acomodarse  á  los  nuestros*,  aña- 
diendo que  diversiones  tan  burlescas  eran  impropias  de  la  Corpo- 
ración y  degradantes  de  la  autoridad  ó  cuerpo  que  las  toleraba. 
En  17%  se  acordó  acceder  á  lo  propuesto,  previa  aprobación 
del  Consejo,  que  sostuvo  los  vejámenes  por  Real  Provisión  de 
20  de  Octubre  de  1755,  y  pronunciar  en  su  lugar  una  oración 


>i)  Mistaría  de  ¿i  Vnivn-iid.ui  u-  Ztragvzx,  por  I>.  Gerónimo  \l<> rao.—  Artículo  IV.—  \r- 
chivo  deb  Universidad— Claustros  de  9  de  Noviembre  de  1795  y  11  de  Knero  de  «796.—  Wasc 
AriADics  VIII. 


-i46- 

en  honor  de  las  ciencias  y  sus  profesores.  Cuando  los  paseos,  se 
restableció  el  vejamen  en  1801  continuando  hasta  1826. 

Para  mejor  conocimiento  se  insertan  en  apéndice  parte  de 
unos  Quilos,  suprimiendo  lo  que  no  se  puede  dar  á  la  estampa 
por  contener  algunas  frases  libres,  no  obstante  ser  revisados, 
como  todos,  primero  por  una  comisión  del  Claustro  y  después 
por  un  censor  ad  koc. 

Terminados  los  gallos^  el  bachiller  pronunciaba  la  laudato- 
ria en  honor  del  reciente  doctor  y  éste  en  1812  y  1820  otra  en 
honor  de  la  Constitución  así  como  en  1814  y  1824  en  honor  del 
Rey,  antes  de  volver  el  Claustro  á  la  Sala  de  Actos.  Por  último, 
se  repicaban  las  campanas,  tocaba  la  música  en  los  intermedios 
de  los  actos  indicados,  y  el  nuevo  doctor  obsequiaba  con  esplén- 
didas onces,  comidas,  refrescos  y  regalos  á  graduados,  invitados 
y_  á  todo  el  mundo  además  de  la  cena  de  Estatutos. 

En  época  de  luto  por  los  Reyes  se  hacían  los  ejercicios  sin 
pompa  ni  solemnidad,  trayendo  los  doctores  la  muceta  negra. 

Había  también  diferentes  formalidades,  según  los  funciona- 
rios que  asistían.  Cuando  el  Obispo  de  la  diócesis  concurría  á 
grados  y  oposiciones,  se  le  daba  especial  lugar  en  sillón  delante 
del  Rector,  o  quien  políticamente  podía  ceder  la  campanilla  á 
Su  llustrísima».  A  su  entrada  y  salida  del  establecimiento  se  to- 
caban las  campanas,  y  era  recibido  y  despedido  por  una  comi- 
sión de  cuatro  doctores;  pero  los  demás  le  saludaban  desde  su 
asiento  sin  levantarse.  Si  á  los  mismos  actos  venía  el  Regente 
de  la  Real  Audiencia,  ocupaba  el  asiento  del  antiguo  Goberna- 
dor del  Principado  á  la  derecha  del  «magnífico»  Rector  con  los 
Oidores  al  lado;  pero  éstos,  si  no  asistía  el  Regente,  se  coloca- 
ban después  del  Decano  con  preferencia  al  Provisor  y  Prelados 
de  las  Comunidades,  á  quienes  seguían  los  Colegiales  ma- 
yo res. 

El  Primiciero  y  el  Maestro  de  ceremonias  cuidaban  de  que 
ocupasen  los  sitios  respectivos  las  personas  dichas  y  los  con- 
vidados, generalmente  Jueces  de  la  Ciudad,  Capitulares  de  la 
Santa  Iglesia,  Regidores,  Caballeros,  etc.  Los  asientos  destinados 
á  los  religiosos  eran  ocupados  por  Maestros  y  demás  oficios  de 
las  Comunidades,  procurando  dicho  Primiciero  colocar  bancos 
bajos  para  sus  socios  y  colegiales.  A  los  Bachilleres  les  estaba 


—  147  - 

prohibido  asistir  á  ocupar  su  puesto  al  frente  ó  testero  de  la  pre- 
sidencia, no  llevando  el  bonete  como  distintivo. 

Al  pretender  uno  de  los  grados,  se  depositaban  3.000  reales 
para  gastos  académicos  solamente.   Deducida  de  esta  cantidad 
la  parte  del  arca,  propinas  y  aumento  de  ocho  reales  álos  pobres 
oficiales  por  la  cena  y  los  estipendios  de  músicos,  el  residuo  se 
dividía  y  prorrateaba  entre  los  doctores  que  hubiesen  presencia- 
do el  examen  de  capilla  y  demás  ejercicios.  Dobles  derechos 
correspondían  al  Rector  y  Padrino,  tres  ducados  al  Doctor  «ga- 
Ilista»  y  otros  tantos  al  Primiciero,  si  fuese  de  la  Facultad  del 
graduante,  aunque  obligado  á  hacer  la  distribución  con  el  Secre- 
tario. Todos  juraban  no  perdonar  propinas  con  pena  de  abonar 
el  duplo  para  el  arca  y  responsabilidad  en  el  fuero  interno,  más 
se  devolvía  el  dinero  generalmente  hasta  que  se  pagaron  los  ho- 
norarios en  chocolate:  al  Rector  y  Decano  12  libras,  6  á  cada 
doctor,  3  al  Primiciero  y  3  al  Secretario,  prohibiendo  bajo  santa 
obediencia  la  devolución,  solamente  permitida  con  chocolate 
comprado   y  nunca  con  el  recibido.  Destinábanse  320  reales 
para  la  librería;  y  ya  queda  dicho  que  los  Colegiales  de  San 
Pelayo  de  Salamanca  tenían  depósito  y.  derechos  menores  (1). 
Había  otros  gastos  extraordinarios  y  hasta  supérfluos  que 
duplicaban  con  exceso  los  mencionados,  aunque,  para  evitar 
cuantos  podían  comprometer  las  familias  haciendo  el  laureado 
ostentación  de  la  borla,  estaban  prohibidas  las  libreas  á  los 
acompañantes,  corridas  de  toros  y  comidas  y  colaciones  públi- 
cas. ¿Pero  qué  mucho  si  eran  aquellos  grados  deseado  término 
en  la  carrera  del  saber,  honores  entonces  muy  considerados 
porque  eran  tan  difícilmente  adquiridos?  A  40.0X)  reales  llega- 
ron los  gastos  en  Salamanca  en  época  más  barata  que  la  pre- 
sente, y  llevado  este  afán  de  grados  á  las  posesiones  españolas 
en  América,  ascendieron  allí  á  10.000  duros!  (2). 

La  Junta  General  del  Principado  representó  al  Rector  y  al 
Reai  Consejo  los  perjuicios  que  ocasionaba  la  cena;  pidió  más 
tarde  que  se  aminorase  el  costo  de  las  investiduras  consultan- 


(t)  Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  4  de  Febrero  de  1771,  J7  de  Octubre  de 
1783  y  4  de  Abril  de  1783.— Testamentaria  del  Arzobispo  Valdés,  folio  183. 

<2l  Ana tes  universitarios  del  Perú,  por  D.  José  Gregorio  Paz  Soldán.— Lima.  186a. — 
Coni  prende  el  primer  tomo  la  Universidad  de  San  Marcos  de  Lima,  y  el  segundo  las  cinco  res  • 
tantea  de  aquella  República,  Arequipa,  Huamanga  (Ayacucho),  Cuzco,  Puno  y  Trujillo.—  Estu- 
dias jurídicos  en  Buenos  Aires.  («Gaceta  del  Notariado». — 1879,  núm.  36). 


r 


—  148  — 
do  á  Salamanca  y  á  Valladolid,  y  combatió  el  aumento  de  pro- 
pinas y  juramento  de  no  perdonarlas  sin  diferencia  de  pobres, 
acordando   que   sus  comisarios  tratasen  esta  cuestión  con  el 
Claustro.  En  1777  volvió  á  sus  representaciones  la  Diputación, 
en  vista  de  haber  contestado  la  Universidad  no  ser  excesivo  el 
importe  de  los  grados  y  sí  menores  al  de  todos  los  demás  esta- 
blecimientos de  algún  renombre,  conviniendo,  por  otra  parte,  á 
su  decoro  no  hacerlos  comunmente  accesibles.  No  pasados  dos 
años,  otra  vez  intentó  el  Principado  conseguir  la  rebaja  de  gas- 
tos, que  ascendían  á  más  de  6.000  reales  (y  á  1.000  ducados  en 
alguna  ocasión)  entre  depósitos,  propinas,  regalos,  cenas,   re- 
frescos, etc.,  nombrándose  en  la  Escuela  una  comisión  que  exa- 
minara detenidamente  el  caso.  Con  acuerdos  anteriores  á  la  vis- 
ta y  en  particular  con  el  de  la  Junta  de  Hacienda  de  27  de  No- 
viembre de  aquel  año,  se  discutió  acaloradamente  por  todos  de- 
fendiéndose la  costumbre  antigua,  que  se  demostró  no  ser  cara, 
atendiendo  á  la  dignidad  é  importancia  de  la  investidura  (1). 

En  justificación  del  lauro  académico  y  como  ejecutoria  cien- 
tífica se  entregaba  á  los  graduados  títulos  latinos  expresivos  del 
nombre,  naturaleza,  buena  vida  y  costumbres,  estudios,  etc.,  del 
bachiller,  licenciado  ó  doctor,  pues  muchos  se  detenían  en  el 
primero  ó  segundo  grado;  en  el  documento  constaba  la  votación 
obtenida  de  simple  approbatus  (por  mayoría)  ó  de  nomine  dis- 
crepante, y  muy  principalmente  se  repetían  las  fórmulas  y  pro- 
mesas juradas  en  que  se  mezclaban  con  los  dogmas  de  la  Reli- 
gión determinados  principios  de  política  circunstancial  que  se 
pretendía  considerar  al  igual  ó  poco  menos  que  aquellos  dogmas; 
y  finalmente  el  Secretario-notario  refrendaba  el  diploma  al  lado 
de  la  firma  recloral  y  sello  grande  de  la  Universidad  (2). 

De  este  modo  se  verificaba  una  ceremonia  que  daba  tanto 
carácler  á  la  vida  académica  de  aquella  época.  Ultimo  honor  á 
que  aspiraba  un  estudiante,  era  recomendación  del  todo  necesa- 
ria para  la  cátedra  y  muy  atendible  para  pretender  y  obtener 
buenos  destinos. 

Fué  también  el  doctorado  una  distinción  que  la  Universidad 


(1)  Archivo  de  la  Universidad.  — Claustros  de  7  de  Agosto  de  1771,  12  de  Octubre  de  1774 
y  11  de  Diciembre  de  1779.  —  Archivo  de  la  Diputación. — Juntas  de  20  de  Febrero  de  1772  y  15 
ele  Julio  de  1775  y  Diputación  de  16  de  Febrero  de  1777. 

¡jq     \ty.i-v  AvéNDiCE  IX. 


'J  ** 


- 149- 
otorgaba  honoríficamente  á  hombres  ilustres,  á  sus  hijos  predi- 
lectos, y  á  respetables  personajes  á  quien  estaba  obligada  por 
protección  y  señalados  favores.  A  instancia  del  egregio  Campo  - 
manes,  á  quien  en  1770  consideró  la  Escuela  Doctor  y  Maestro 
de  su  Claustro  y  Gremio,  se  concedió  la  borla  en  Cánones  al 
Iltmo.  Sr.  D.  Miguel  María  de  Nava,  Presidente  interino  del  Con- 
sejo en  1783,  remitiéndole  las  insignias,  y  poco  después  en  am- 
bos derechos  al  arzobispo  Llanes.  En  1795  se  dio  la  de  Teología 
al  hoy  V.  P.  Cádiz,  cuya  ciencia,  palabra  y  virtud  tenían  edifica- 
da la  ciudad  de  Oviedo,  á  donde  acudían  gentes  de  toda  la  pro- 
vincia para  escucharle,  siendo  de  un  mérito  singular  las  oracio- 
nes latinas  que  con  tal  motivo  leyeron  en  el  solemne  acto  el 
agraciado  y  padrino  (1). 

Hallándose  en  Gijón  el  insigne  Jovellanos  fué  nombrado 
Embajador  de  Rusia  en  1797  y,  al  disponer  el  Claustro  que  una 
comisión  de  su  seno  le  felicitase,  ésta,  llenó  su  cometido  lleván- 
dole las  insignias  de  doctor.  Contestó  agradecido  el  célebre  gijo- 
nés  dirigiendo  á  la  Corporación  universitaria  muy  afectuosa 
carta:  «Cuyo  escrito,  dice  el  acta,  habiendo  sido  oído  con  gozo 
singular  y  complacencia  de  todo  el  Cuerpo,  se  acordó  unánime- 
mente se  archivara  y  custodiase  original  entre  los  papeles  más 
apreciables  de  la  Universidad,  para  conservar,  por  este  modo, 
un  monumento  tan  ilustre  y  de  tanta  gloria  y  honor  para  la  Es- 
cuela.» 

Decía  asi  la  carta: 

«Gijón  11  de  Noviembre  de  1797.— Muy  señores  míos:  lie  tenido  el  honor 
de  recibir  la  distinguida  enhorabuena  y  la  decorosa  expresión  con  que  V.  SS. 
por  un  efecto  de  generosidad,  han  querido  honrarme  con  motivo  de  mi  promo- 
ción á  la  embajada  de  Rusia,  habiendo  presentado  los  señores  doctores  Méndez 
Vigo  y  Vélez  Cosío  las  insignias  del  doctorado  en  ambos  derechos  y  el  testimo- 
nio de  la  honrosa  acta  de  3  del  anterior  en  que  fueron  servidos  acordarla.  Estos 
mismos  señores  habrán  manifestado  á  V.   SS.   la  sincera   satisfacción   y  el  alto 


ix t  Orationes  coram  ovetcnsi  academiac  senatti  habitae  X  Kalcnd  Maias  ann.  MDCCXCV 
pro  publica  inaugurationc  licenciat.  ct  doct.  in  Sacra  Theologia  R.  P.  M.  F.  Didaci  Camatio 
Rivadencira,  alias  Cádiz.  Strictissimac  Capuccinorum  Faemiliae  l'rovinciac  Baticanae,  Con  ció- 
natoris  Apostolici  in  universa  Hispania,  cuius  mirabilem  doctrinam  ct  communiter  perillustri* 
hac  Civitas.  ct  precipue  cclebris  Academia  jucunde  dcsmtarumt.  Sumptibm  ejusdem  Rcgiae 
Universitaria  typis  mandatac.  Ovcti  ex  typographia  L).  Francisci  Díaz  Pedregal.  Anno 
MDCCX.CV».  — Contiene  también  la  laudatoria  del  padrino  Dr.  D.  Juan  Méndez  de  Vígo,  Ca- 
nóuigo  y  Arcediano  de  Gordón  en  la  Catedral,  la  gratularía  del  P.  Misionero,  y  aparece  en  las 
actas  que  pronunció  otra  el  Br.  D.  Sebastián  Casadoyro,  á  quien  se  dieron  «decentes  hábitos, 
chupa,  calzón  y  dos  camisas.» 


—  150- 
aprecio  con  que  he  admitido  tan  decorosa  distinción,  la  más  grata  que  puede 
hacerse  á  un  hombre  que  hasta  ahora  no  ha  acertado  á  aspirar  á  otras,  que  la> 
que  distribuye  la  opinión  pública  en  la  carrera  de  las  letras.  Para  acreditar  más 
bien  este  aprecio  y  mi  profundo  respeto  al  sabio  Cuerpo  que  me  lo  dispensó, 
he  querido  recibir  este  honor  en  el  seno  del  Real  Instituto  Asturiano,  deseoso 
de  perpetuar  en  él  la  memoria  del  beneficio  con  que  V.  SS.  se  han  dignado  dis- 
tinguir á  su  Promotor,  así  como  la  de  mi  íntimo  reconocimiento,  y  también 
para  sellar  con  este  solemne  acto  la  unión  de  los  dos  cuerpos,  que  erigidos 
en  beneficio  público  y  consagrados  á  la  instrucción  de  la  juventud  asturiana,  se 
deben  aquel  amor  que  corresponde  á  la  voluntad  de  sus  objetos. 

Réstame,  ahora,  renovar  a*  V.  SS.  este  testimonio  de  mi  gratitud  y  de  mi 
respeto,  así  como  el  más  vivo  deseo  de  promover  con  todas  mis  fuerzas  el  bien 
y  la  gloria  de  esa  Real  Universidad,  no  como  hasta  aquí,  por  un  voluntario  es- 
tímulo de  mi  inclinación,  sino  por  la  dulce  y  honrosa  obligación  de  su  hijo 
adoptivo.  Ii.  L.  M.  de  V.  SS.  su  más  rendido  afecto  individuo,  Dr.  D.  Gaspar  tic 
Jov ¿llanos.  —  Sr.  Rector  y  Claustro  de  la  Universidad  de  Oviedo  > 

Iguales  grados  de  honor  concedió  el  Establecimiento  á  hijos 
de  sus  aulas  promovidos  á  los  más  altos  puestos  del  país, 
que  en  su  generalidad  habían  recibido  aquí  grado  de  bachi- 
ller. Nombrado  Regente  de  Oviedo  D.  Juan  Pérez  Villamil,  de 
cuyo  cargo  no  tomó  posesión  en  171)8  por  haber  sido  nombrado 
Fiscal  del  Consejo  de  la  Guerra,  el  Claustro  le  llamó  su  doctor 
en  Leyes;  y  en  Cánones  en  1799  á  D.  Gabriel  Hevia  Noriega, 
Consejero  supernumerario  de  la  Suprema  y  General  Inquisi- 
ción (1). 

Otra  de  las  costumbres  escolares  de  más  boga  ó  señal  de  re- 
gocijo escolar  era  el  ¡citor!  que,  antepuesto  al  nombre  de  algún 
doctor,  catedrático  ó  estudiante  y  consignado  en  altos  é  indele- 
bles caracteres  en  las  paredes  del  establecimiento  ó  de  otros 
edificios  de  la  capital,  demostraba  aprobación  y  aplauso  para 
quien  por  su  ciencia  sobresalía  en  brillante  ejercicio  de  oposi- 
ción académica,  ó  era  como  heraldo  de  colocación  prestigiosa 
merecedora  de  aquella  extraordinaria  aclamación.  No  hay  noti- 
cia exacta  sobre  el  particular,  y  otro  tanto  manifiesta  el  Sr.  Vi- 
dal y  Díaz  en  su  «Historia  de  la  Universidad  salmantina»,  por 
cuyo  estimable  libro  se  sabe  «que  también  se  daba  el  nombre 
de  vítor  al  cartel  ó  tabla  en  que  se  escribía  algún  breve  elogio 


(x)  Archivo  de  la  Universidad.  — Claustros  27  de  Kncro  de  1700,  de  18  ue  Junio  y  ».*  de 
Diciembre  de  T783,  19,  21  y  26  de  Abril  de  1795,  3  de  Noviembre  de  1797,  26  de  Abril  de  1798 
y  17  de  Junio  de  1799. 


-151- 
de  los  hijos  predilectos  de  la   Universidad,  que  se  exponía  al 
público,  y  que  cuando  ocurría  algún   suceso,  que  merecía  tal 
función,  se  reunían  los  estudiantes  y  llevando  el  vítor  desde 
el  Establecimiento  á  la  casa  del  laureado,  le  obsequiaban  con 
alguna  serenata  y  le  aclamaban  con  entusiasmo».  Diferentes 
citares  escritos  con  tinta  negra  y  encarnada  cubrían  antes  las 
paredes  de  nuestra  Escuela,  y  unos  desaparecieron  no  pudiendo 
resistir  al  tiempo  y  á  la  intemperie,  aunque  la  tinta  roja  estaba 
compuesta  «con  sangre  de  vaca  mezclada  en  aceite  común».  Aún 
hoy  en  la  fachada  del  E.  se  distinguen  casi  borrados  los  nom- 
bres de  los  doctores  «Gregorio  Rato  Caso»,   «Juan  de  Cienfue- 
gos»  y  «doctor  Cangas»,   y  en  la  parroquial   de   San  Isidoro 
*Dr.  D.  J.  Dorado  Carreño»  y  «Dr.  Joseph  Dorado,  cathedrático 
de  philosofía»  entre  otros  oscuros  é  inteligibles,  como  en  el  in- 
greso de  la  iglesia  del  exconvento  de  Santo  Domingo  se  leen 
más  vítores  de  «Dr.  D.Francisco  Dorado,  médico  de  esta  S.  Igle- 
sia, cathedrático  de  Philosophia»   y  de  su  hijo  «Dr.  D.  Joseph 
Dorado,  cathedrático»,  ambos  contendientes  con  el  P.  Feijóo 
en   las  polémicas  médicas   (1).  Por  resoluciones  del  Consejo 
de  29  de  Septiembre  y  27  de  Octubre  de  1757  se  prohibieron  los 
vítores,  toros  y  festejos  ruidosos  con  motivo  de   promociones 
de  catedráticos  y  maestros  á  superiores  dignidades,  reduciéndo- 
los á  dentro  de  las  Escuelas  y  sus  iglesias. 

Cuando  terminaba  una  sesión  ó  Claustro  en  que  se  daba 
cuenta  de  que  alguno  de  sus  individuos  ó  antiguo  alumno  de  la 
Universidad  había  sido  promovido  á  un  alto  puesto  de  la  Iglesia 
ó  del  Estado,  se  acordaba  gran  repique  de  campanas  y  se  dispo- 
nía, á  veces,  funciones  religiosas  y  profanas  con  iluminación  y 
música  en  casos  especiales,  como  cuando  el  Doctor  D.  Antonio 
Ibáñez,  arzobispo  de  Zaragoza,  ascendió  á  Presidente  del  Con- 
sejo de  Castilla  en  16Ü0;  á  Feijóo  se  le  concedieron  los  hono- 
res del  Consejo  Real  en  1748;  por  D.  Alonso  de  Llanes,  obispo 
de  Segovia,  que  al  ser  promovido  en  1783  al  Arzobispado  de 
Sevilla  escribió  al  Claustro  la  más  efusiva  y  amorosa  carta  ofre- 


(x)     Dice  González  Posada  en  sus  Xoticias  históricas  del  Concejo  de  Carreño  fMSJ: 
«De    la  parroquia  de  Pcrlora   fue  natural   el  Dr.  Busto,  catedrático    de   la  Universidad  de 

Oviedo  á  principios  del  siglo  xviii,  el  cual  aún  tenía  un  vítor  en  letras  de  oro  el  año   1760  en 

que  fui  allí  á  estudiar  Súmulas. » 

II 


-15*- 

ciéndose  con  deseos  de  emular  allí  al  insigne  fundador  Val  des 
en  beneficio  y  progreso  de  Asturias;  por  Campomanes  al  ser  ele- 
vado en  1783  á  la  presidencia  interina  y  en  1789  á  la  defini- 
tiva del  Consejo  de  Castilla;  en  1792  cuando  Canga  Arguelles,  el 
antiguo  y  celoso  catedrático,  llegó  á  fiscal  del  mismo  alto 
Cuerpo;  en  1798  por  Jovellanos  al  ser  nombrado  ministro  de 
Gracia  y  Justicia;  y  en  otros  casos,  que  sería  prolijo  enumerar, 
por  los  muchos  hijos  que  honran  esta  Escuela,  á  la  cual  ofrecían 
siempre  sus  destinos  en  atentas  comunicaciones  guardadas  en 
el  Archivo  (1). 

En  la  última  promoción  de  Campomanes  y  concesión  de  la 
gran  cruz  de  Carlos  III  al  «hijo  y  padre  de  la  Universidad»,  des- 
pués de  tributar  gracias  al  Todo  Poderoso  por  «tan  insigne  be- 
neficio», se  dispusieron  en  17  de  Septiembre  repique  de  campa- 
nas, músicas,  iluminación  en  la  torre  y  patio,  orquestas,  cancio- 
nes, etc.,  acordando  más  festejos,  que  se  celebraron  en  Febrero 
df1  17ÍH).  En  el  día  3,  por  la  tarde,  hubo  gran  sesión  claustral  en 
la  Capilla  donde  dijo  elegante  oración  latina  el  Dr.  y  M.  Fr.  Ge- 
rónimo Galindo,  benedictino  y  catedrático  de  Teología,  con  más 
nueva    y   vistosa   iluminación   después  poniéndose  el   retrato 
de  S.  E.  bajo  dosel,  ante  el  que  cantaban  dos  coros  «gozando 
mucho  los  nobles  y  plebe».  Al  siguiente  día  se  celebró  Te-Deum 
y  misa  de  gracias  por  los  prebendados  de  la  Catedral  y  cate- 
dráticos Arcediano  Francos,  Magistral  Canella  y  Canónigo  Lugo, 
y  se  represento  «en  los  magníficos  salones  de  la  Casa»  el  drama 
alegórico  Triunfo  del  Mérito  de  D.  Alonso  de  Arango  con 
música  de  D.  Luis  Blanco,  profesor  de  la  Iglesia  Catedral,  y 
especial  decoración  universitaria.  En  sucesiva  jornada  de  feste- 
jos y  alegrías  hubo  otra  representación  de  la  comedia  seria  «de 
Alberto  I  de  Alemania  con  rasgos  de  justicia  y  premios  al 
mérito  por  las  guerras,  letras  é  industrias»,  asistiendo  la  más 
distinguida  concurrencia  recibida  y  obsequiada  por  los  señores 
García  del  Busto,  Menéndez  Noriega,  Arguelles  Meres  y  Fernán- 


íj)  A rchiio  de  W  Universidad.— Claustros  de  ti  de  Agosto  de  1690,  6  de  Diciembre  de 
T74&,  |>  de  Diciembre  de  1783,  xx  de  Septiembre  y  4  de  Noviembre  de  1789,  6  de  Septiembre 
*te  i?93t  3 1  tít  18  y  21  de  Noviembre  de  1797  y  26  de  Abril  y  19  de  Octubre  de  1798. 

En  virtud  de  mu  carta  del  consejero  D.  Ramón  de  Noriega,  el  Claustro  acordó  grande? 
funcione*  en  10  de  Marto  de  1792  para  celebrar  el  ascenso  del  Sr.  Acedo  Rico  á  la  presidencia 
del  y»  decaído  Consejo  de  Castilla. 


—  153- 
dez  de  Prado,  doctores  del  Claustro,  que  dispuso  repetir  las  fun- 
ciones en  los  días  6  y  7  para  que  «también  disfrutase  el  pue- 
blo* (1).  A  todas  precedía  una  introducción  en  verso  endecasíla- 
bo, repartida  en  pliego  suelto,  en  que  la  Sabiduría  ensalzaba  á 
Campomanes: 

Esta  pompa  que  veis,  nobles  oyentes, 
este  aparato  del  mayor  contento, 
obsequios  son  que  al  mérito  dedica 
y  á  la  heroica  virtud  este  Lyceo. 


Por  él  trabaja  el  labrador  seguro 
y  de  su  afán  el  merecido  precio 
libre  recoge;  libre  el  negociante 
surca  el  golfo  por  él,  y  largo  premio 
trae  al  sudor  del  mísero  artesano 
desde  uno  y  otro  polo  contrapuesto. 
Por  él  la  alma  virtud  fué  respetada; 
temida  la  justicia,  y  por  él  fueron 
el  vicio  y  el  error  precipitados 
con  la  ignorancia  al  tenebroso  Averno. 
¿Quién  como  él,  con  mano  poderosa, 
la  inocencia  amparó?  ¿Quién  tan  severo 
persiguió  la  calumnia,  asegurando 
de  la  verdad  los  sacrosantos  fueros? 
¿Ni  quién  mejor  del  Trono  y  del  Estado, 
fijó  el  honor,  sostuvo  los  derechos? 
Sí,  nobles  asturianos,  esta  gloria 
también  os  debe  España,  y  si  otro  tiempo 
cuando  salía  del  Alar  ve  yugo 
su  culto  y  libertad  debió  al  esfuerzo 
de  vuestros  Padres,  hoy  contenta  y  libre 
de  otro  funesto  y  duro  cautiverio, 
de  su  poder  y  su  menguada  gloria 
llama  restaurador  á  un  hijo  vuestro. 


Los  públicos  regocijos  dispuestos  para  celebrar  la  feliz  ele- 
vación del  virtuoso  Jovellanos,  antiguo  alumno  por  breve  tiem- 
po y  favorecedor  después  (2)  al  Ministerio  de  Gracia  y  Justicia, 


(i>  La  Universidad  se  disponía  á  imprimir  la  Relación  de  estas  fiestas,  y  no  se  hizo  porque 
fe  adelantó  el  Memorial  literario  (Madrid,  Febrero  de  1790,  pág.  212)  publicando  un  extracto. 

(2)  Arcbivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  1781  cuando  el  expediente  de  dotación  de 
«"¿ledras. 


—  154  — 

fueron  solemnes  y  especiales  como  nunca.  En  13  de  Noviembre 
de  1797  se  anunció  la  fausta  nueva  con  el  tradicional  repique 
de  campanas  mientras  la  música  del  Batallón  provincial   reco- 
rrió las  calles,  y  por  la  noche  se  iluminó  la  Universidad   con 
sumo  gusto,  como  los  graduados  lo  hicieron  en  sus  casas,  pro- 
longándose la  velada  con  más  música,  cánticos  y  vivas  al  Mi- 
nistro. Los  verdaderos  festejos  se  dilataron  por  los  muchos  pre- 
parativos hasta  el  12  de  Mayo  y  duraron  ocho  dias  más.   Con 
desuno  á  la  sala  claustral  se  encargó  al  pintor  ovetense  Fran- 
cisco Hevia  un  retrato  del  sapientísimo  gijonés;  se  dispuso  gran- 
de y  alusivo  transparente  en  el  ingreso  de  esta  Escuela  con  de- 
dicatoria A  la  felicidad  de  la  Patria  en  la  elevación  de  su 
amado  hijo  Jooellanos  entre  las  figuras  de  la  Justicia,  Paz, 
Providencia  y  Buena  Fé,  apareciendo  también  Minerva  coro- 
nando al  integérrimo  Ministro  mientras  la  Fama  proclamaba  sus 
virtudes  y  desaparecían  precipitados  la  Envidia,  Error,  Sober- 
bia y  Pereza;  é  hizo  todo  el  mejor  efecto  cuando  la  majestuosa 
iluminación  hasta  bien  entrada  la  media  noche,  gozando  el  pue- 
blo con  los  artificiales  fuegos,  conciertos   musicales  y  cantos 
alusivos.  Otro  dia  fueron  solemnísimos  el  Te-Deum  y  sacrificio 
de  gracias  al  Cielo  con  reserva  de  S.  D.  M.  y  misa  cantada  por 
los  D.   Arias  Flórez,  Méndez  Vigo  y  Velez  Cosió.  En  el  patio  se 
celebró  la  mas  concurrida  sesión  claustral  donde  el  cursante 
D.  José  M.  García  del  Busto  (el  patriota  ovetense  de  1808)  recitó 
poética  introducción  al  acto,  mientras  los  doctores  Alvarez  Te- 
rrero y  San  Miguel  descubrían  los  retratos  del  Fundador  y  del 
gran  Magistrado,  antes  que  el  Dr.  Vega  Infanzón  leyese  el  notable 
discurso  en  que  ensalzó  la  ciencia  y  virtud  del  ejemplar  asturia- 
no, sus  muchos  servicios  á  la  patria,  su  amor  al  progreso  nacio- 
nal y  su  afán  y  sus  desvelos  por  la  pública  instrucción,  objeto 
de  su  ardor  constante,  resultando  asi  una  oración  de  subido  al- 
cance y  más  en  aquellos  tiempos.  En  otro  dia  se  dio  una  comida 
abundante  á  los  pobres  y  á  los  presos;  por  la  noche  se  repre- 
sentó el  drama  Premio  á  la  Sabiduría  con  música  de  D.  José 
Ferrer,  organista  de  la  Iglesia  Mayor  y  coros  de  D.  Juan  Paez, 
maestro  de  Capilla,  repitiéndose  la  obra  tres  noches,  alternando 
con  la  aplaudida  comedia  pastoril  Camacho  el  Rico,  de  Me- 
léndez  Valdés;  y  antes  de  las  funciones  teatrales  ejecutadas  por 


—  155- 
estudiantes  recitó  una  introducción  el  cursante  D.  Ángel  Vallejo, 
más  tarde  Ministro  de  Estado.  El  dia  19  hubo  el  más  vistoso  pa- 
seo claustral  por  las  calles  de  Oviedo  con  escolta  de  tropas,  que 
hacia  salvas,  y  en  medio  de  la  Corporación  iban  ocho  niños  re- 
presentando de  dos  en  dos  la  Ciencia,  Agricultura,  Artes  y  Co- 
mercio, llegando  todos  al  patio  de  la  Universidad,  en  cuyo  cen- 
tro y  sobre  artístico  pedestal  cercada  por  otros  grupos  emble- 
máticos, se  elevaba  la  estatua  de  Jovino  coronado  y  la  ins- 
cripción siguiente: 

VIRTUTI  ET  SAPIENTAE 

ÜASPARI   JOVE-LLANOS  GEGIONENSI. 

ASTURUM  DELIC1IS. 

HISPANORUM  SPEI. 

MONUMENTUM  HOC  AMOR1S 

STUDIOSAE  1UVENTUTI  EXEMPLAR 

ERIGÍ.  IUSSIT 

OVETENSE    LICOEUM 

XIV.   CAL.  IUN 

ANN  SALUT  CIOlDCCXCVIII. 

Así  fué  la  primera  estatua  erigida  al  célebre  asturiano,  alre- 
dedor de  la  que  bailaron  los  bien  dispuestos  niños  y  cantaron 
con  letra  de  González  Villarmil,  racionero  del  Real  Instituto  As- 
turiano, y  música  de  Laralegui,  organista  de  la  Catedral  (1).  De 
propósito  nos  hemos  detenido  en  estas  fiestas  porque  son  ex- 
presión de  ideas  y  esperanzas  que  entonces  alimentó  la  Univer- 
sidad de  Oviedo. 

Conforme  á  los  Estatutos  viejos  se  celebraban  diariamente 
en  la  capilla  una  ó  dos  misas  por  los  capellanes;  y  funciones  re- 
ligiosas en  días  de  la  Asunción  de  la  Virgen,  San  Lúeas,  San  Mar- 
tín, Santos  Doctores  de  la  Iglesia  (la  de  San  Ambrosio  fué  dotada 
con  un  censo  por  el  Doctor  D.  Diego  Sánchez  Escandón  y  Noriega 
en  1685)  y  Santa  Catalina,  única  que  aún  subsiste.  Antes  se  con- 
memoraba con  mayor  solemnidad,  corriendo  la  misa  cantada  á 
cargo  de  los  canónigos  Doctores  con  todo  el  servicio  de  la  Cate- 


(«)  Vcasc  « Noticia  de  los  públicos  regocijos  con  que  la  Real  Universidad  literaria  de 
Oviedo  celebró  la  feliz  elevación  de  su  hijo  el  Excmo.  Sr.  D.  Gaspar  Melchor  de  Jovc-Llanos 
Caballero  del  orden  de  Alcántara,  del  Supremo  Consejo  de  Castilla,  Embajador  en  la  Corte  de 
Rusia:  á  la  Secretaria  de  listado  y  del  Despacho  Universal  de  Gracia  y  Justicia  de  España  é  In- 
dias, dedicada  al  mismo  Excmo.  Señor.  En  Oviedo.  Por  el  impresor  de  la  misma  Univrrsidad.» 
íLe  precede  una  carta  dedicatoria  dirijida  al  Sr.  Jovellanos).  Oviedo  1798,  88  páginas. 


-i56- 

dral,  siendo  el  orador  miembro  del  Cabildo  ó  del  Claustro, 
mientras  se  disponían  fiestas  profanas  por  los  estudiantes,  re- 
presentando frecuentemente  comedias  en  el  patio  del  Estable- 
cimiento ó  disponiendo  iluminaciones  y  serenatas,  que  llegaron 
hasta  los  inolvidables  días  escolares  del  autor  de  este  modesto 
übro  (1), 

En  tal  festividad  el  Rector  costeaba  una  cena  para  los  doc- 
tores y  dependientes,  cambiada  después  por  un  refresco  al 
Claustro,  á  cayos  individuos  se  daban  dos  libras  de  conserva  ó 
confitura  y  un  frasco  de  vino  de  Ribadavia,  así  como  una  me- 
rienda de  pemiles  y  vino  á  los  oficiales.  Cambió  el  refresco,  se- 
gún las  épocas  y  los  gustos,  y  últimamente  se  dio  propina  á  los 
ministros,  sirviendo  aguas  compuestas  y  chocolate  á  los  docto- 
res, que,  ú.  su  vez,  por  San  Maitín,  daban  una  comida  al  pre- 
sidente (2). 

En  natalicios,  juras,  matrimonios  y  lutos  regios  también  se 
hacían  demostraciones  de  alegría  y  duelo,  según  los  casos.  Que- 
da  hecha  relación  de  las  exequias  por  Felipe  IV,  y  ahora  dire- 
mos que  con  el  Principado  y  Ciudad  se  asoció  el  Claustro  á  las 
fiestas  ofktiales  en  actos  de  proclamar  al  apocado  niño  Car- 
los U  y  en  sus  dos  estériles  matrimonios.  Cuando  la  muerte  del 
último  rey  austríaco  hubo  dificultades  y  excusas  para  túmulo, 
misas,  sermón,  etc.,  por  la  penuria  de  los  fondos  universitarios 
y  el  Doctor  Dorado  no  pudo  pronunciar  el  panegírico  porque 
vestía  hábito  de  la  Orden  Tercera  con  voló  que  había  hecho  para 
toda  la  vida  (5).  Al  advenimiento  de  Felipe  V  hizo  la  Universi- 
dad, al  lado  de  la  Provincia,  manifestaciones  expresivas  de  su 
adhesión  al  nuevo  monarca,  auxiliándole  también  cuanlo  pudo, 
nutriendo  con  alumnos  voluntarios  el  personal  de  oficiales  y  sol- 
dados del  Regimiento  de  Asturias,  que  mandó  el  Vizconde  de 


[i\  «El  Sr.  Tcdi-o  Ruiz,  comisario  nombrado  por  l.i  Universidad,  solicitó  los  bancos  dtl 
Municipio  patí  lai  comedias  que  habían  determinado  representar  en  las  próximas  vacaciones 
&  honor  y  culto  de  la  píori osa  Santa  Catalin.i;  y  por  el  nuevo  privilegio  que  el  Claustro  mere- 
ciera de  ¿v  M..;  1 1  l  i  d  i  r.- 1 » d  i  ■  concurrir  á  las  funciones  los  scnoies  regidores  que  gustaran».  Acta  mu 
nicipn)  de  17  dt  Diciembre  de  1756.  (Colección  históricodif>Lunaticn  d/l  Ayuntamiento  de  Oi'ie- 
tff,  por  IX  t¡.  M.  Vigil). 

!  í)  Archivo  de  U  Universidad. — Claustros  de  3,  to,  10,  18  y  3  de  Noviembre  respectiva- 
mente de  lo*  años  1654,  1666,  1786,  1796  y  1803. 

(31     En  la  discusión  claustral  para  estos  funerales,  se  oyeron  estas  palabras: 
—  "E*  materia  de  sacristanes  decir  una  misa  por  el  Rey  Nuestro  Señor:- 
Reconvino  el  Rector   al    P.  M.  Fr.    Pedro  de  Santo  To\ia>    y    c»te  <e  cv.jusó   m,inift.st.v.'' j 
*qiít  *u  dicho  ya  era  anicrior,  y  había  pasado,  dirigido  al  compañero  próxima   y  no  á  S     Seño- 
ría ni  al  DÉltUro.  ■  1  Clan1  tro  de  17  de  Noviembre  de  1700/. 


I 


—  157  — 

Puerto,  después  famoso  y  sabio  Marqués  de  Santa  Cruz  de  Mar- 
cenado. Lloró  la  muerte  de  Luis  I  y  en  1746  la  del  animoso  Fe- 
lipe, su  padre,  que  por  segunda  vez  había  tomado  las  riendas 
del  Gobierno;  celebró  el  advenimiento  de  Fernando  VI  como 
deploró  los  fines  de  su  reinado  de  paz  y  de  esperanzas,  pre- 
cursor del  de  Carlos  III,  la  era  de  nuestro  progreso,  después  in- 
terrumpido. En  estas  y  otras  ocasiones  dispuso  el  Claustro  fies- 
tas religiosas  en  su  capilla  y  músicas  en  el  patio,  cuando  no  en- 
viaba además  comisiones  á  la  corte,  recibiendo  en  alguna  ocasión 
orden  de  no  hacerlo  y  que  bastaba  testimonio  del  acuerdo  claus- 
tral ó  su  asociación  á  los  festejes  y  ceremonias  de  la  Junta  Ge- 
neral del  Principado,  por  cuyo  conducto  recibía  frecuentemente 
los  avisos.  Fueron  notorias  las  fiestas  de  la  Universidad  cuando 
el  natalicio  de  los  Infantes  gemelos  Carlos  y  Felipe  de  Borbón 
y  ajuste  de  la  paz  con  la  Gran  Bretaña  en  1783  y  en  la  procla- 
mación de  Carlos  IV  en  1790. 

Aparte  de  las  diversas  funciones  religiosas  de  que  se  hizo 
mérito,  no  es  de  omitir  que  la  antigua  hermandad  claustral  dis- 
ponía honras  fúnebres  primeramente  con  sermón  y  elogio  en 
los  casos  de  fallecimiento  de  sus  catedráticos,  maestros  y  doc- 
tores residentes  en  la  ciudad,  y  después  con  más  sencillez  ade- 
más del  oficio  general  de  difuntos,  que  se  decía  en  el  mes  de  No- 
viembre. Fueron  singulares  y  solemnísimos  los  dispuestos  cuan- 
do la  muerte  del  insigne  favorecedor  de  la  Universidad  é  inolvi- 
dable Obispo  Sr.  Pisador  en  1791,  así  como  en  1794  por  el  ce- 
lebérrimo catedrático  P.  Feijóo  (1).  Antes,  por  uno  y  por  otro 
se  acordaron  rogativas  para  alcanzar  su  salud,  y  también  se  pe- 
dían favores  al  Cielo  en  días  de  angustia  nacional  como  cuando 
la  guerra  con  Francia  en  dicho  año  de  1794. 

(xt  — «Oración  fúnebre  que  en  las  solemnes  exequias  consagradas  por  la  Universidad  de 
Oviedo  á  la  tierna  y  piadosa  memoria  M.  O  R.  N.  de  el  111.  Sr.  D.  Agustín  González  Pisador, 
Obispo...  etc  .  dixo  el  Dr.  D.  Rodrigo  Valdcs  Alas,  de  el  gremio  y  Claustro  de  Teología  de  la 
dicha  Universidad,  catedrático  de  Filosofía,  que  h:»y  en  ella,  arcipreste  de  el  partido  de  Pilona, 
cura  párroco  de  la  de  San  Pedro  de  Villamnyor  y  apoderado  de  todos  los»  párrocos  y  clero 
de  este  obispado,  congregados  en  sínodo  diocesano,  etc.  Con  licencia:  en  Oviedo,  año  de 
MDCCXC1:  por  D.  Francisco  Diaz  Pedregal,  impresor  de  este  Principado  y  su  Universidad  y 
socio  de  Mérito  de  la  Real  Sociedad  de  el*. 

—  «Oración  fúnebre  que  en  las  solemnes  exequias  que  la  Universidad  de  Oviedo  consagró  el 
día  77  de  Noviembre  de  este  año  de  1794  á  la  inmortal  memoria  del  ilustrisimo  y  Reverendísimo 
Sr.  U.  J.  Benito  Gerónimo  Feijóo  y  Montenegro,  del  Consejo  de  S  M  y  catedrático  de  Prima 
jubilado  en  cMa,  dixo  el  Sr.  Doct.  D.  Alonso  Francos  Arango,  colegial  mayor  que  fué  en  el 
mayor  del  Arzobispo  de  la  Universidad  de  Salamanca  y  en  ella  cathedrático  de  Philosopia, 
Canónigo  Magistral  de  la  Santa  Iglesia  de  Tuy,  visitador  y  examinador  synodal  de  aqnel  Obis 
pado  y  al  presente  Canónigo  Magistral  y  Dignidad  Maestreescuela  de  la  Santa  Iglesia  de  Ovie- 
do, examinador  sinodal  de  este  Obispado  y  calificador  de  la  Suprema  y  general  Inquisición. — En 
Oviedo  por  Francisco  Diaz  Pedregal. — Año  de  1765». 


-i58- 

Además  de  estos  homenajes  religiosos,  en  oíros  profanos  con- 
venía la  corporación  académica;  ya  saludaba  á  los  alumnos 
distinguidos  en  sus  ascensos  ó  ya  felicitaba  periódicamente  el 
año  nuevo  y  Pascuas  al  Presidente  del  Consejo  de  Castilla,  á 
los  Consejeros  Catedrero  ó  Superintendente  y  Director,  al  Pa- 
trono, á  los  Cancelarios  y  Rectores  de  las  Universidades  mayo- 
res y  á  aquellos  hijos  predilectos  colocados  en  altas  dignidades; 
asi  como  en  Oviedo  al  Gobernador  del  Principado,  al  R.  Obispo 
(notando  en  1678  que  no  las  había  devuelto),  al  Regente  de  la 
Real  Audiencia,  al  Juez  de  la  Ciudad  y  á  los  Abades  y  Priores 
de  Monasterios  y  Conventos  de  la  capital  y  provincia. 

También  las  Autoridades  superiores,  que  llegaban  á  la  Capi- 
tal, se  anunciaban  y  ofrecían  al  Claustro  en  atentas  cartas,  que 
este  contestaba  con  deferencia  suma  ó  enviaba  comisarios  para 
saludarles.  El  Cabildo  Catedral  se  apresuraba  siempre  á  invitar 
al  Claustro  para  que  sus  Doctores,  canonistas  y  teólogos,  so 
opusieran  á  las  vacantes  canongías  de  oficio,  y  también  nuestra 
Escuela  daba  cartas  de  recomendación  á  sus  hijos  cuando  mar- 
chaban á  otros  cabildos  ó  Universidades  para  tomar  parte  en  los 
actos  de  oposición. 

Otra  personalidad  notoria  con  relación  á  la  Universidad  de 
Oviedo  fué  su  Patrono,  el  representante  déla  familia  de  Valdés- 
Salas  y  sucesores,  á  quienes  en  el  largo  y  dispendioso  juicio  de 
la  testamentaría  del  Arzobispo  D.  Fernando  se  les  adjudicó  el 
Patronato  mermado  y  honorífico.  Como  apretadamente  se  mos- 
tró el  sobrino  del  Fundador  espléndido,  así  se  condujeron  los 
sucesores  porque  no  resultaron  de  gran  relieve  sus  actos  de  ge- 
nerosidad y  protección  hacia  la  Escuela.  Titulábanse  (entre  otros 
honores  y  prerrogativas)  tales  patronos,  solus  el  irisolidum 
de  las  memorias,  patronatos  y  obras  pías  del  llustrisimo  Inquisi- 
dor en  la  iglesia  de  Santa  María  de  Salas,  Universidad  y  Colegio 
de  San  Gregorio  en  Oviedo  y  del  de  San  Pelayo  en  Salamanca, 
hospital  de  Uelmonte,  alféreces  mayores  de  la  villa  y  concejo  de 
Salas  etc.;  pero,  es  de  advertir,  que  en  la  Universidad  solamente 
les  correspondían  los  nombramientos  de  Catedrático  de  Lengua 
griega  (por  derivación  colegial),  de  Secretario,  Bedel,  Capella- 
nes, Sacristán  y  Portero  en  condiciones  conseguidas  do  ios 
primeros  testamentarios;  que  asi  limitaron  tales  prerrogativas 


-159- 

universitarias  con  previsora  adivinanza  (1).  El  mayorazgo  de  los 
Valdés  Osorio  y  Valdés  Cardona  se  unió  y  confundió  sucesiva- 
mente, entre  otros  vínculos  y  privilegios  de  los  Acevedo,  Ló- 
pez de  Zúñiga,  Alvarez  de  Toledo,  Portocarrero,  Filz-James  y 
Estuart,  con  los  marquesados  de  Mirallo  y  Valdunquillo,  conda- 
dos   de  Miranda  y  Montijo,  ducados  de  Peñaranda,  Montoro, 
Bervik  y  Alba,  etc.,  éstos  últimamente.  Las  relaciones  de  la  Uni- 
versidad y  los  Pairónos  variaron  entre  cordiales  y  de  prevención 
ó  reserva  por  parte  de  aquélla,  particularmente  en  casos  de  in- 
gerencia de  los  segundos,  que  tomaban  posesión  enviando  sus 
apoderados  al  Claustro;    éste  los  recibía   «sin  salir  del  cancel 
de  la  sala»,  los  sentaba  entre  los  doctores  y  los  despedía  ense- 
guida sin  salir  de  la  estancia.  En  1676  el  Claustro  denegó  á  la 
Ciudad  el  permiso  solicitado  para  representar  comedias  dentro 
del  patio  en  la  festividad  de  Santa  Eulalia,  porque  la  Patrona  ha- 
bía comunicado  la  muerte  de  sus  hijos  y  estaba  la  Universidad 
de  luto;  dos  años  después  preguntaba  el  Patrono  sobre  la  censu- 
rable conducta  del  Rector  del  Colegio  gregoriano  y  se  le  res- 
pondió que  era  buena;  y,  cuando  se  daba  cuenta  de  la  defunción 
de  los  titulados,  al  acordar  honras   fúnebres,  se  advertía  que 
era  sin  ejemplar.  Pretendieron   una  vez   remover  al  Secretario 
claustral  y  nombrar  á  un  criado,  que  llegó  y  presentó  el  titulo, 
mas  no  alcanzó  posesión  porque  la   Universidad  no  consintió  en 
la  remoción  de  un  buen  empleado  mostrándose  dispuesta  á  de- 
•   tenderse  ante  el   Real  Consejo;  se  aquientó  así  el  procer  nom- 
brador,  que  mas  tarde  designó  para  secretario  con  futura  suce- 
sión á  la  muerte  de  aquél,  á  sustituto  del  que  aquí  funcionaba. 
Lo  mismo  hizo  con  otros  dependientes  en  varias  ocasiones  de- 
signando su  remplazo  para  lo  porvenir,  haciendo  hereditario 
de  este  modo  el  oficio  de  dependientes,  que  pasaba  de  padres  á 
hijos  ó  á  deudos  próximos.  En  uno  y  otros  casos  el  Patrono,  se- 
ñor de  la  casa  de  Valdés  de  Salas,  enviaba  los  títulos  á  conoci- 
miento y  conformidad  del  Claustro  para  ser  copiados  al  pié  de 
las  actas,  siendo  de  advertir  que  en  algunos  oficios  se  nombra- 
ba á  mujeres  como  en  1747  á  María  y  Dorotea  Cadrecha,  que 
pusieron  con  la  correspondiente  fianza  á  personas  idóneas  para 


íi)    Vea<c  Capitulo  I,  pág.  38. 


—  i6o  — 

desempeñar  los  cargos  en  que  no  podían  entrar  por  inconve- 
nientes del  sexo. 

Como  se  vé,  la  verdadera  intervención  patronal  era  modes- 
ta, reducida  á  designar  tales  dependientes,  que  tenían  escasa  con- 
sideración y  vivían  míseramente.  Bedel,  Fiscal,  Capellanes,  Al- 
guacil, Sacristán  y  Relojero  se  quejaron  que  en  agasajos  ú  obse- 
quios de  la  Corporación  y  grados  tenían  sitio  y  mesa  aparte, 
cuando  por  antigua  costumbre  y  posesión  refrescaban  dentro  de 
la  sala  claustral,  y  aspiraron  á  la  primitiva  confusión;  pero  se 
les  negó  un  día  y  otro,  y  únicamente  después  se  permitió  á  los 
capellanes  aunque  con  debida  separación  en  los  asientos.  Ade- 
más en  épocas  de  penuria  académica,  que  fué  repetida,  vivieron 
estos  oficiales  en  apuro  grande  y  necesidad  mayor,  pues  en  oca- 
siones representaron  sobre  la  desnudez  y  el  hambre  en  que  vi- 
vían, pidiendo  al  Claustro  limosna  de  ropas  ó  algo  del  salario 
atrasado  para  poder  subsistir  y  presentarse. 

Estos  eran  los  nombramientos  que  hacía  el  Patrono  que,  con 
más  acierto  aunque  el  derecho  fuera  discutible,  representó  al 
Claustro  para  reintegrar  á  los  colegiales  de  San  Gregorio  en  la 
posesión  y  costumbre  viejas,  que  se  les  había  negado,  de  sentar- 
se en  los  bancos  doctorales  pero  el  Cuerpo  universitario  apeló 
al  Consejo  en  asunto  de  tan  poca  monta  mientras  no  hizo  debida 
consideración  á  muy  atinada  observación  del  mismo  Patrono 
cuando  éste,  extralimitándose,  se  quejó  de  que  se  quisiera  cam 
biar  una  cátedra  de  Matemáticas  por  otra  de  Moral.  Y  es  que 
nunca  se  quiso  admitir  más  patronato  que  el  honorífico  ( 1). 

El  gobierno  de  la  Universidad  estaba  en  el  Claustro,  princi- 
palmente en  el  Rector  y  demás  cargos  académicos. 

En  1 1  de  Noviembre  se  verificaba  la  elección  rectoral  en  la 
Capilla  del  Establecimiento,  de  advocación  de  San  Gregorio.  Se 
leían  los  Estatutos  Viejos  y  Nuevos  en  lo  referente  á  la  designa- 
ción de  oficios;  los  asistentes  juraban  su  observancia  ante  la  Cruz 
y  los  Evangelios,  el  Sr.  Rector  saliente  pronunciaba  breves  pala- 
bras solicitando  que  se  le  dispensaran  las  faltas  que  pudiera  ha- 
ber cometido  en  el  ejercicio  de  su  autoridad  y  terminaba  propo- 
niendo para  sucesor  entre  los  individuos  del  Claustro,  que  lo 


! 


(i)    Archivo  de  la  Universidad.  — Claustros  diferentes  en  1676,  1678,  i6q6,  1699,  1700,  17S3. 

1784,  1738. 1790  y  1783- 


—  161  - 

pudieran  ser,  ó  entre  los  Prevendados  del  Cabildo  Catedral  que 
lo  fueron-  continuamente,  porque  aquí  no  podía  ser  Rector  un 
estudiante  como  en  otras  Universidades,  si  bien  lo  propuso  uno 
de  los  Rectores  (1),  que  no  fué  seguido.  El  catedrático  decano  ó 
graduado  más  antiguo  daba  las  gracias  al  Jefe  cesante  por  el 
celo  y  amor  con  que  había  desempeñado  el  cargo  y  le  suplicaba 
continuase  por  un  año  más,  cosa  que  sucedía  alguna  vez  previas 
excusas  que  dictaba  la  modestia.  La  designación  fué  en  varias 
ocasiones  por  unanimidad  ó  en  concordia;  pero  cuando  se  hacía 
elección  era  ésta  secreta,  debiendo  alcanzar  mayoría  canónica 
el  elegido.  Designado  éste,  pasaban  dos  doctores  á  felicitarle 
y  acompañarle  al  Claustro,  micnlras  seguían  las  elecciones  de 
los  otros  cargos  de  Primiciero,  Consiliarios,  Claveros,  Examina- 
dores de  Latinidad  y  de  Artes,  Revisores  de  cédulas  de  curso  y 
de  Conclusiones  para  grados,  Directores  de  Academias  y  Protec- 
tor del  Colegio  de  Santa  Catalina  de  Huérfanas  recoletas,  de  pa- 
tronato del  Claustro,  etc.  Después  entraba  en  la  Capilla  el  Rector 
electo  precedido  de  los  oficiales  y  ministros  con  los  comisarios  de 
enhorabuena,  daba  las  gracias  y  prestaba  el  juramento  de  «usar 
y  ejercer  el  empleo  guardando  en  todo  el  servicio  de  Dios,  bien 
de  esta  Universidad  y  estudiantes  de  ella  y  la  fiel  observancia 
de  sus  Estatutos)  (2;.  Después  se  le  acompañaba  á  su  casa  con 
toda  solemnidad  precedido  de  sus  pajes,  porque  el  Claustro  los 
impuso  á  los  Rectores  como  de  su  continuo  acompañamiento 
para  más  realce  del  puesto. 

El  Rector  nombraba  libremente  al  Vice-Rector  en  casos  de 
ausencia  continuada,  y  entonces  el  propuesto  juraba  el  cargo, 
con  las  mismas  formalidades  que  el  propietario. 

Uno  y  otro  daban  la  orden  para  la  citación  y  convocatoria  á 
Claustros,  recomendando  la  asistencia  pena  preciti,  multas 
para  el  Arca  y,  á  veces,  conminando  con  excomunión;  se  indi- 
caba el  asunto  del  Claustro,  y  el  bedel  daba  fe  de  haber  citado 
nominalim. 

Con  frecuencia  en  las  reuniones  claustrales  fué  objeto  de 
contiendas  el  concurso,  la  sustitución  y  la  jubilación  de  cáte- 
dras; pero  mucho  también   la  designación  de  comisarios  para 


-i)     Archivo  de  la  Universidad.  — Claustro  de  10  de  Noviembre  de  X674. 
12 1    Véase  Apéndice   X. 


—  162  — 

la  Corte  (donde  había  además  un  Agente  de  negocios  gratificado) 
en  asuntos  de  importancia  para  la  Universidad  como  lo  fueron 
los  tan  frecuentes  apremios  económicos  y  necesidad  de  dotar 
decorosamente  las  cátedras. 

En  1783  fué  propuesto  el  Dr.  Canga-Arguelles  con  viva  opo- 
sición del  Dr.  Francos:  porque  Campomanes  no  quería  comisiona- 
dos «pues  bastaba  su  persona»,  y  así  tal  viaje,  no  indicado  en 
la  convocatoria,  podía  esperar  á  ser  consultado  con  el  Conde 
«por  no  ser  puñalada  de  picaro»;  pero,  sí  se  acordaba,  dejando 
á  salvo  las  buegas  dotes  del  doctor  propuesto,  mejor  era,  dijo, 
elegir  á  un  Regular  benedictino  que  en  Madrid  tendría  casa  é  in- 
fluencia de  su  Orden,  bastándole  pocas  dietas  para  gastos.  Más 
Canga-Arguelles  fué  nombrado  y  meses  después  dio  cuenta  de 
su  acertado  cometido  (visita  de  la  Abadía  de  Arbás,  reforma  de 
las  Academias,  cátedra  del  Magistral  en  la  Universidad,  arreglo 
de  los  Colegios  dé  San  Gregorio  y  de  Recoletas,  ampliación  del 
fuero  escolástico,  abogacía  de  los  Doctores  en  la  Audiencia  sin 
examen,  etc.)  aprobándose  sus  gestiones,  que  debería  ultimar  al 
regresar  á  Madrid  (porque  había  obtenido  cargo  en  la  magistra- 
tura), pudiendo  disponer  como  quisiera  cde  los  doce  jamo- 
nes» (sic)  dejados  en  poder  del  Agente;  y  se  acordó  darle  por 
ahora,  con  el  importe  de  la  cuenta  de  gastos  y  data,  doscientos 
doblones  de  gratificación.  Entonces  fueron  de  oir  las  protestas 
de  los  Doctores  Faes,  Francos  y  Prado  diciendo,  entre  otras  co- 
sas, que  el  comisionado  había  ido  á  Madrid  para  lograr  la  fisca- 
lía de  la  Audiencia  de  Zaragoza  «en  que  se  ocuparía  lo  más  del 
tiempo».  Y  la  cuenta  y  suplemento  generoso  fueron  pagados 
pur  aquel  Claustro  que,  días  después,  acordaba  «tomar  parte  en 
la  rifa  de  unas  casas  en  Madrid»,  adquiriendo  treinta  suertes, 
quince  para  la  Universidad  y  quince  para  el  Colegio  de  Huérfa- 
nas (1). 

Corriendo  el  año  de  1795,  otro  comisionado  elegido  por  el 
Claustro,  Dr.  Torres,  dio  cuenta  de  sus  gestiones  en  asuntos 
análogos  á  los  de  1783  y  también  del  Seminario  mandado  esta- 
blecer en  el  edificio  de  la  Compañía  de  Jesús  de  Oviedo.  La 
cuenta  de  gastos  era  de  3.602  reales  y  la  de  las  dietas.de  77.548, 


(i)     Archivo  de  la    Universidad. — Claustros    tic    21    de  Febrero,    26    de   Marzo    y  x.°    de 
Abril  de  1784. 


-i63- 

por  cuyas  sumas  había  recibido  12.072,  resultando  subido 
alcance  que  donaba  al  Claustro;  y,  aunque  éste  lo  estimó 
en  expresivo  voto  de  gracias,  trató  de  recompensarle,  en  vista 
del  fondo  sobrante  de  20.000  reales  que  había  en  el  Arca, 
con  15.000,  consignándose  que  era  bien  poco  para  una  co- 
misión de  más  de  seis  años,  cuando  tan  generosamente  había 
sido  correspondido  el  Sr.  Canga  por  una  ausencia  de  seis 
meses  (1).  El  Sr.  Torres  volvió  á  Madrid  y,  como  su  colega, 
allá  quedó  desempeñando  alto  cargo;  porque,  cifras  aparte, 
fueron  dos  magistrados  de  subido  mérito  y  profunda  ciencia. 
Más  los  dichos  datos  son  elocuentes  para  los  que  $icen  que 
«todo  tiempo  pasado  fué  mejor.» 

Sesión  pública  y  muy  solemne  del  Claustro  era  la  de  la  aper- 
tura de  curso  por  San  Lucas,  congregada  la  Corporación,  á  falta 
del  moderno  Paraninfo,  en  la  cátedra  de  término  de  Cánones, 
á  donde  entraba  precedida  del  tambor  y  clarín  de  la  Ciudad, 
amenizando  el  acto  bien  la  Capilla  de  la  Catedral  ó  la  música 
del  Regimiento  provincial.  Un  doctor  pronunciaba  elocuente 
oración  latina  y  después  el  Rector  daba  por  comenzado  el  nue- 
vo año  académico;  y  acompañado  de  catedráticos  y  de  la  bulli- 
ciosa estudiantina,  que  ocupaba  el  patio  y  crugías  del  edificio,  se 
trasladaba  á  la  Capilla  para  oir  todos  la  Misa,  después  de  la  qué 
el  Secretario  pasaba  con  antigua  cruz  de  plata  y  el  sagrado  libro 
ante  el  reclinatorio  rectoral  y  allí  los  catedráticos  y  sustitutos 
prestaban  el  juramento  de  bcne  legcndo. 

Para  mayor  realce  del  acto  ofreció  el  Rector  en  1792  un 
doblón  de  á  ocho  al  más  adelantado  estudiante  que  en  la  aper- 
tura pronunciase  una  oración  panegírica  de  las  cosas  de  esta 
Universidad  y  varones  que  la  ilustraron.  No  era  idea  del  todo 
innecesaria;  pero  fué  irrealizable  cuando  se  contestó  que,  por  no 
haber  catedrático  de  Retórica,  no  sabían  los  estudiantes  llenar 
su  cometido  á  la  altura  de  la  Corporación  y,  por  otro  lado,  ca- 
recía de  recursos  para  continuar  la  costumbre.  Uno  y  otro  he- 
cho se  prestan  á  no  muy  halagüeños  comentarios. 

También  en  este  acto  el  Rector  recibía  y  devolvía  al  Secre- 
tario el  sello  de  la  Universidad.  Bajo  el  sombrero,  cruz  y  cordo- 


(t)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  16  de  Marzo  de  1795. 


—  164  —    " 

nes  arzobispales  representaba  el  escudo  heráldico  de  los  Valdés 
(en  campo  de  plata,  tres  barras  azules  con  diez  cruces  de  San 
Jorge  de  Inglaterra)  y  al  rededor  se  leía  esla  inscripción:  St'gi- 
l/um  Roque  Cniversitatis  Ocetrnsis. 


t 


-i6S- 


CAPÍTULO  IX 


Siglo  XIX. — El  ministro  universal  Godoy.—  Plan  ele  Estudios  de  1807. — Nece- 
sidad de  recursos  para  la  Universidad  de  Oviedo  y  arbitrio  provincial  sobre 
el  vino. — Revolución  de  1808.— El  Claustro  y  los  Estudiantes  ovetenses  en 
el  alzamiento  provincial  y  guerra  de  la  Independencia.— Restauración  de  la 
Enseñanza  en  18 1 2.— Libertad  de  Fernando  VII  y  reacción  de  18 14. — Visi- 
ta  decretada   contra  la    Universidad    de    Oviedo.  —  Se    retrocede   al   pian 
de   1774. —Grave  incidente   rectoral.— Disposiciones  económicas. — Espíritu 
liberal  de  la  Escuela    en    1820. — Plan  de  enseñanza  en  1821. — Nueva  reac- 
ción en  1823.  — Sus  resultados. — Plan  de   1824.  — Director  universitario. — 
Intentos  de  restablecer  las  cátedras  de  Medicina.— Clausura   de  las   Univer- 
sidades.—Fundación  de  la  Cátedra  de  Religión  por  el  Sr.  Pérez  Villamil. — 
Reinado  de  Isabel  II.—  Guerra  civil  é  intolerancia. — Vicisitudes  de  la  ense- 
ñanza.—Recursos. — Ultimas  manifestaciones  del  Patronato  universitario. — 
Reformas  en  1836.— Apoyo  á  la  Universidad  por  la  Sociedad  Económica  de 
Amigos  del  País  de  Asturias. —Mejora  la  condición  del  profesorado.— Inno- 
vaciones universitarias — Cátedras  y  Academias. — Libros  de  texto.  — Rentas 
de  la  Universidad  cuando  la  centralización  económica. — Arreglo   de  la  Fa- 
cultad de  Leyes  en    1842.  — Reglamento  interior   de   la  Universidad  y  otras 
disposiciones  en  1843. 


En  la  medida  del  tiempo  llega  su  turno  al  siglo  xix,  el  de 
las  grandes  reformas  y  trascendentales  acontecimientos,  en 
que  la  Instrucción  pública  tomó  prodigioso  vuelo  perfeccionán- 
dose cada  vez  más  como  las  otras  instituciones  sociales.  Años 
fueron  de  lucha  y  controversia,  de  agitación  y  revoluciones  para 
alcanzar,  por  fin,  frutos  sazonados  después  de  tantos  y  tan  costo- 
sos sacrificios  de  nuestros  padres. 

Regía  aparentemente  los  dominios  de  España  el  débil  Car- 
los IV,  entregado  á  su  favorito  y  ministro  universal  D.  Manuel 
Godoy,  figura  discutida  en  su  encumbramiento  singular,  en 
su  capacidad  insegura,  en  sus  acto$  extraños  de  onnímodo  po- 
der. La  historia  imparcial  le  acusa  de  gravísimos  errores  políti- 


—  1*66  — 

eos,  de  tremendos  abusos  de  mando  y  de  las  más  injustas  perse- 
cuciones á  tantas  ilustres  personalidades  del  país  y  á  benemé- 
ritos magistrados,  sin  detenerse  ante  la  virtud  y  la  inocencia 
como  sucedió  con  Jovellanos.  Doctos  escritores,  sin  embargo, 
rehabilitan  en  parte  la  significación  del  llamado  Príncipe  de  la 
Uüz,  examinando  con  datos  no  muy  conocidos  ciertos  sucesos 
para  demostrar  que  durante  sus  muchos  años  de  Gobierno  pro- 
tegió y  levantó  á  literatos  distinguidos  y  se  interesó  por  refor- 
mas nulos  en  la  enseñanza.  Le  cupo  ciertamente  una  época muy 
eombatkla  y  vacilante,  unas  veces  propensa  al  amplio  criterio  de 
apremiantes  reformas  y  otras  veces  inclinada  al  retroceso  y  al 
molde  viejo  de  gobierno;  pero  todo  sin  firmeza  y  con  voluntad 
caprichosa,  porque  así  en  unos  días  se  aprisionaba  á  la  prensa 
como  en  otros,  cual  nota  un  juicioso  pensador,  se  publicaban  y 
encarecían  el  tratado  de  la  Regalía  de  Amortización,  el  proyecto 
de  la  Ley  Agraria,  el  ensayo  sobre  la  antigua  legislación  de  Cas- 
tilla, las  de  Foronda,  las  doctrinas  económicas  de  Cabarrús,  las 
obras  de  Asso  y  de  Manuel,  de  Sempere  y  Villamil,  de  Salas  y 
Mendoza,  de  Garriga  y  Camino;  ó  las  traducciones  de  Domat  y 
de  Walel,  de  Filangieri  y  Pastoret,  de  Smith  y  Canard,  Millot  y 
Mably,  de  Berardi  y  Cabalario. 

Al  mismo  tiempo  se  habilitaban  los  estudios  que  los  seglares 
hicieran  en  conventos  para  recibir  grados,  y  poco  después  se  pu- 
blicaba aquella  asombrosa  tarifa  de  («gracias  al  sacar»  en  que 
se  dispensaban  cursos  para  grados  mayores  y  menores,  ó  se  con- 
cedían conmutaciones  de  facultades,  habilitación  para  oposicio- 
nes^ dispensas  para  grado  ele,  pagando  determinadas  cantidades; 
disposición  esta  muy  extraña  que,  para  atenuación  de  la  del 
Privado,  se  repitió  en  años  de  libertad  (1). 

Referido  queda  que  al  terminar  el  siglo  xvín  la  Universidad 
de  Oviedo  pedía  solemnemente  nuevo  plan  de  enseñanzas  ape- 
nas pasados  cinco  lustros  desde  que  regía  la  reforma  de  Cam- 
pomanes.  Ya  entonces  se  comenzaba  á  andar  muy  de  prisa. 

Avecinábanse  grandiosos  sucesos  cuando  nuestra  Escuela 
vio  colmados  sus  deseos  y  apareció  el  Plan  de  12  de  Julio  de 
1HÜ7,  que  ocupó  detenidamente  al  Claustro.  Esta  nueva  ley,  fa- 


{t)    Tarifas  de  13  de  Mayo  de  1801  y  3  de  Junio  de  x8aa. 


■ 


-i67- 

mosa  en  los  anales  de  la  Instrucción  Pública,  acusada  de  inno- 
vadora y  de  funesta,  apenas  tuvo  vida,  pues  el  levantamiento  y 
guerra  cuando  la  invasión  francesa  y  las  variaciones  y  aconteci- 
mientos sucesivos  impidieron  desconocer  los  resultados  de  aquel 
cambio,  que  refrendaba  el  entonces  llamado  apicaro  Caballero» 
ministro  de  Gracia  y  Justicia,  muy  partidario  en  sus  buenos 
tiempos  del  célebre  favorito. 

La  reforma  era  en  verdad  provechosa,  y  así  lo  entendieron  los 
doctores  ovetenses  tratando  de  su  inmediato  establecimiento 
con  el  aumento  de  cátedras  consiguiente  para  el  qué  no  bastaban 
los  recursos  consegidos,  renovadas  que  fueron  en  1802  las  ya 
dichas  gestiones  de  1799  y  1800  con  acuerdo  una  vez  más  de 
la  benemérita  Junta  general  del  Principado.  D.  Antonio  Noriega 
de  Bada,  Tesorero  mayor  del  Reino,  participó  en  1807  la  suspi- 
rada concesión  de  un  arbitrio  de  16  maravedises  en  cántara  de 
vino  que  se  introdujera  por  puertos  secos  y  mojados  de  la  pro- 
vincia, servicio  que  reiteró  aquel  diligente  asturiano  cuando  se 
propagaron  voces  en  contra  del  tributo,  porque  «es  para  mí,  escri- 
bía, de  la  mayor  satisfación  todo  lo  que  contribuya  á  propagar 
las  laces  de  mi  país  y  á  la  conservación  ilustre  de  Cuerpo  litera- 
rio tan  respetable »> .  Se  ordenó  también  á  la  Provincia  por  ges- 
tiones del  Tesorero  asturiano  que  entregase  á  la  Universidad 
cuanto  hubiere  percibido  por  el  dicho  arbitrio  desde  1803,  mien- 
tras el  Gobierno  reclamaba  noticias  acerca  del  personal,  mate- 
rial y  rentas  de  la  Escuela  para  organizar  mejor    el  cambio; 
este  había  de  hacerse  cual  en  1736  por  comisión  mixta  de  dipu- 
tados y  catedráticos,  siendo  aquellos  en  1807  el  Marqués  de  Cam- 
posagrado  con  D.  Ignacio  Noriega  y  estos  D.  Francisco  Busto 
con  D.  Felipe  Vázquez.  Y  todavía  se  pretendían  más  recursos 
con  la  adjudicación  del  priorato  de  la  Catedral,  capellanía  de 
San  Ildefonso,  otros  beneficios  simples,  pensión  perpetua  sobre 
la  Mitra  etc.  para  aceptar  y   desarrollar  el  Plan  innovador  de 
Caballero  discrepando  en  detalles  la  comisión  informadora  (1). 
Mas  todo,  quedó  en  proyectos. 

La  revolución  de  J808  con  la  invasión  francesa  produjo  en 
la  ciudad  de  Oviedo  el  grito  unánime  de  ¡atrás  el  extranjero!  y 


(i)    Histeria  de  las  Universidades:  tom.  IV. 

12 


i 


—  i68  —     , 

los  estudiantes  y  catedráticos  de  su  Escuela  contribuyeron  con 
entusiasmo  á  la  atrevida  resolución  de  la  provincia  que,  la  pri- 
mera de  España,  retó  al  coloso  de  Europa,  al  genio  de  guerra. 
Escribe  el  Sr.  La  Fuente  (1)  que  los  escolares  de  Santiago,  To- 
ledo y  Valladolid  fueron  los  que  más  se  distinguieron  en  la  glo- 
riosa guerra  de  la  Independencia;  pero  sin  atenuar  en  nada  sus 
sacrificios  y  arranque  de  patriotismo,  refiere  también  la  historia 
(2)  el  ardor  y  decisión  con  que  nuestros  maestros  y  cursante? 
fueron  el  alma  del  movimiento  asturiano,  cuando  con  ardor  y 
valentía  dirigido  el  pueblo  por  Santa  Cruz,  Toreno,  Peñalva, 
Busto,  Miranda,  Llano  Ponte  y  otros  animosos  patriotas  gritaron 
¡á  las  armas!  para  arrojar  al  atrevido  invasor  de  la  Península. 
Un  hijo  y  doctor  de  la  Universidad  ovetense,  el  insigne  Pérez 
Villamil,  fué  quien  dictó  el  famoso  bando  del  Alcalde  de  Mósto- 
les  tras  del  eterno  día  2  de  Mayo,  bando  que,  apenas  recibido  con 
otras  correspondencias  en  la  capital  del  Principado,  fué  la  chispa 
que  incendió  é  hizo  explotar  aquí  el  santo  fuego  de  la  patria  com- 
primido por  los  gobernantes. 

Ante  la  conmoción  popular  del  9  de  Mayo  en  la  capital  astu- 
riana, donde  los  estudiantes  con  Piquero,  Riego,  San  Miguel,  Val- 
dés  (después  Generales)  y  otros  tuvieron  parte  principalísima,  el 
Claustro  «no  quiso  deliberar»,  permitió  hacer  por  encima  de 
rondas  y  consejos  rectorales  y  más  de  severas  ordenes  de  la  po- 
derosa Audiencia,  que  trasmitía  los  mandatos  de  Murat  á  fin  de 
que  los  escolares  marchasen  á  sus  casas  (3).  Los  catedráticos, 
miembros  algunos  de  la  Junta  general  del  Principado,  como  Bus- 
to, Vázquez,  Canella,  Rivera,  Vega,  Fernández  San  Miguel,  Ce- 
lleruelo  y  otros  conspiraban  con  el  Juez  patriota,  y  ellos  y  otros 
maestros  formaron  la  Junta  Soberana  de  Asturias,  que  retó  á 
Napoleón  y  levantó  el  Ejército  asturiano  en  los  últimos  días  de 
aquel  inolvidable  mes  de  Mayo.  La  Universidad  quedó  converti- 
da en  cuartel  y  en  almacenes;  de  sus  exhaustos  fondos,  que  su- 
maban 18.575  reales,  entregó  1.500  parala  tropa  y  1000  el  pau- 
pérrimo Colegio  de  Huérfanas  recoletas;  á  petición  de  Alvarez 


1 


(i)  Toreno,  Canga  Arguelles  y  Arteche  en  sus  «Historias  de  la  Guerra  de  la  Independen- 
cia». , 

Memorias  del  levantamiento  de  Asturias  en  ¡SoS  por  D.  Ramón  Alvarez  Valdés  (Ovie- 
do 1889). 

(a)     Véase  apéndice  XII. 

(3)     Archivo  de  la  Universidad:  Claustros  de  9,  10,  13,  21  y  31  de  Mayo  de  1808. 


—  169  — 

Acevedo,  Capitán  General  del  ejército  provincial,  acordó  con- 
siderar como  presentes  en  las  cátedras  á  la  mayoría  de  estudian- 
tes que  ya  formaban  entre  los  oficiales  y  soldados  batallando  con 
oí  audaz  y  poderoso  enemigo  de  la  patria;  y  si  pudo  celebrar 
solemne  Tedeum  por  victorias  en  1809,  ya  la  Corporación  no 
pudo  más,  porque  se  vio  sin  casa,  maestros  y  alumnos.  Aquella 
fué  objeto  del  saqueo  por  las  tropas  insaciables  de  Ney,  Bonet  y 
otros  caudillos  franceses,  que  allí  se  acuartelaron;  había  perdido 
sus  libros,  medios  de  enseñanza  y  alhajas  (1);  los  catedráticos, 
bien  andaban  errantes  con  la  Junta  Gobernadora  ó  residían  en 
comandancias  y  alarmas  del  país,  mientras  otros  figuraban  en 
la  insigne  y  nacional  Asamblea  de  Cádiz;  y  por  decreto  de  30  de 
Abril  de  1810  se  habían  suspendido  los  estudios  públicos,  que  se 
abrieron  por  otro  de  1811,  autorizado  en  Cádiz  por  el  ilustre 
Muñoz  Torrero,  cuando  se  prestó  juramento  al  Rey  cautivo  y 
obediencia  á  las  Cortes  extraordinarias.  (2)  Más  no  era  posible 
la  asistencia  de  los  cursantes,  que  peleaban  sin  descanso  contra 
las  fuerzas  napoleónicas. 

Hasta  1812  no  se  restableció  la  enseñanza,  y  el  disperso  Claus- 
tro se  congregó  entonces  comisionando  á  los  catedráticos  Prado 
y  Canella,  Cabal  y  Bances,  P.  Galindo  y  Estrada  para  gestionar 
con  la  Junta  Soberana  el  arreglo  de  la   Universidad  arruinada, 
orden  y  cobranza  de  sus  rentas,  devolución  de  muchos  objetos 
sustraídos  y  organización  de  los  estudios.  Enseguida  con  el  be- 
nemérito Vice-Rector  Dr.  Bobes,  párroco  de  San  Julián  de  los  Pra- 
dos, se  reunió  para  jurar  la  Constitución  en  solemne  ceremonia 
á  la  que  asistieron  los  doctores  y  licenciados  de  la  Ciudad  y  radio 
de  cinco  leguas,  autoridades  y  convidados  en  traje  de  gala,  de- 
mostrando su  adhesión  á  la  ley  fundamental  del  Estado  y  su  ale- 
gría por  tan  fausto  suceso.  Al  terminar  aquel  año  se  anunció  la 
apertura  con  arreglo  al  plan  de  1807;  pero  escaso  tiempo  subsis- 
tió la  orden  por  los  acontecimientos  que  sobrevinieron  (3). 


(i*.  Tenia  la  Universidad  completo  movüiario,  ricos  cortinajes  y  efectos  para  el  decorado, 
escogida  librería  y  preciosa  colección  numismática,  además  de  bien  repleto  servicio  de  plata 
para  los  actos  académicos  Los  ornamentos  de  la  Capilla  eran  también  valiosos,  acrecentados 
durante  do*  siglo»,  á  partir  del  Claustro  de  i.°  de  Octubre  de  1608  cuando  se  nombró  sacristán 
con  obligación  de  presentar  fianza  por  2.000  ducados,  que,  valían  las  alhajas  para  el  culto.  Todo 
fue  objeto  de  la  rapiña  del  extranjero  y  de  traidores. 

(a)    Archivo  de  la    Universidad.— Claustro  de  ax  de  Junio  de  181X. 

(3)  Id  Id.  —Claustros  de  9  de  Marzo  de  3,  4  y  35  de  Agosto  y  de  3,  4  y  8  de  Sep- 
tiembre de  1812. 


—  170  — 
Justo  es  confesar  que  la  gran  mayoría  del  pueblo  español 
no  estaba  á  la  altura  del  profundo  cambio  que  significaba  la  obra 
nobilísima  de  los  insignes  legisladores,  tal  vez  demasiado  radi- 
cal por  tanto;  mas  la  necesidad  de  la  reforma  era  grande  en  un 
pueblo  atrasado  moral  y  materialmente.  Los  interesados  en  el 
antiguo  régimen  concitaron  á  muchos  en  su  favor  y  explotaron  á 
las  turbas  y  á  la  plebe  ignorante  cuando  la  libertad  del  ingrato 
Fernando  VII,  pretendiendo  con  insensatez  borrar  del  tiempo  y 
del  pensamiento  los  días  y  las  ideas  de  bienhechora  libertad  á 
fin  de  comenzar  aquella  insensata  reacción,  que  llevó  la  conster- 
nación y  el  luto  del  uno  al  otro  extremo  de  España. 

El  Claustro  Ovetense  se  vio  atajado  en  sus  buenas  disposi- 
ciones. 

En  1814  se  buscó  el  origen  de  la  tendencia  liberal  en  la  ins- 
trucción de  las  Universidades,  y  en  1815  se  fulminó  acusación 
contra  la  de  Oviedo  y  otros  centros  docentes,  que  «abrigaban, 
sostenían  y  propagaban  opiniones  perniciosas  á  la  Religión  y  al 
Rey,  inductivas  de  subversión  á  las  legítimas  potestades,  que  han 
cundido  tanto,  que  exigen  pronto  remedio  á  fin  de  estirparlas*. 
Para  la  visita  de  esta  Universidad  se  comisionó  á  dos  eclesiásti- 
cos, ambos  graduados  y  del  Gremio  de  la  misma,  los  que  si  la 
han  defendido  y  no  espulsaron  á  los  maestros  según  se  les  pre- 
venía, siendo  como  eran  de  la  parcialidad  de  la  corte,  descarga- 
ron su  ira  sobre  las  obras  de  texto,  sacrificando  la  ciencia  en 
aras  de  la  reacción  política.  Entonces  se  dio  el  escándalo  de  su- 
primir por  innecesario  el  estudio  de  las  Matemáticas,  reducidas 
á  la  útil  cuanto  inofensiva  enseñanza  de  la  Aritmética  con  al- 
gunas nociones  del  Algebra;  entonces  á  libros  de  indudable  mé- 
rito se  les  sustituyó  por  otros  de  preferida  significación  ultra- 
montana (1). 

La  corporación  académica  felicitó  al  Rey  por  su  libertad,  co- 
misionando á  doctores  en  la  Corte,  Sres.  Méndez  de  Vigo,  Pé- 
rez Villamil,  Torres  Cónsul  y  García  San  Pedro;  se  vio  obligada 
á  otros  actos  populares  á  la  sazón  é  hizo  donativos  á  la  Corona 
condonando  los  intereses  de  los  juros;  y  cuando  intentaba  plan- 
tear modificado  con  algún  acierto  aquel  proyecto  de  Caballero 


(i)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  13  de  Abril  y  19  de  Diciembre  de  1815.— 
Véase  Apéndice  XI. 


—  I7i  — 

dictado  en  vísperas  de  la  invasión  revolucionaria  de  Francia,  se 
lo  estorbó  el  intolerante  espíritu  del  absolutismo  manifiesto  en  las 
disposiciones  de  la  regia  visita. 

Después  de  haber  estraido  la  savia  del  árbol,  que  alimenta- 
ra e  hiciera  hombres  á  los  mismos  visitadores,  se  propuso  nuevo 
método  desandando  él  camino  de  progreso  y  retrocediendo  aquí 
(con  aviso  del  Director  Consejero  Riega)  al  plan  de  1774,  bueno 
al  comenzar  el  último  tercio  del  siglo  xvmé  insuficiente  ya  muy 
andado  el  primer  tercio  del  xix.  Todo  al  mismo  tiempo  que  se 
anunciaba  un  plan  nuevo  y  general  encargado  á  una  comisión 
en  que  figuraban  los  asturianos  D.  Manuel  de  Hevia  y  Noriega  y 
D.  Juan  de  Tineo  (1). 

Un  grave  incidente  perturbó  más  ía  división  latente  en  el 
cuerpo  doctoral.  El  Rector  Sr.  Díaz-Miranda  se  vio  desacatado 
y  presentó  la  dimisión  de  su  cargo  porque  un  graduado  armado 
de  cuchillo  le  amenazó  por  la  noche  en  su  casa  para  que  dimi- 
tiera el  puesto,  mientras  los  escolares  lo  denunciaban  también  al 
Claustro;  y  se  formó  ruidoso  expediente  con  la  suspensión  del 
atrevido  doctor,  aunque  el  suceso  resultó  después  exagerado  é 
hijo  de  la  pasión  política  (no  por  eso  menos  censurable)  en  el 
sobreseimiento  por  el  Tribunal  superior  del  territorio  (2). 

En  medio  de  tantas  dificultades  de  nuevo  habría  aparecido 
el  apuro  económico.  La  Universidad  manifestó  á  la  Junta  Ge- 
neral del  Principado  la  carencia  absoluta  de  recursos  y  más  es- 
tablecida que  fuese  la  anunciada  contribución  directa,  desapa- 
reciendo los  arbitrios  de  que  vivía,  cuando  necesitaba  350.000 
reales;  y  así  esperábase  la  atendiese  con  aquella  suma  y  ade- 
más se  la  ayudase  para  que  la  Hacienda  nacional  la  indemniza- 
ra de  cuanto  había  dejado  de  percibir  desde  1808  á  1812.  La 
Provincia,  siempre  bien  dispuesta  en  favor  de  nuestra  Escue- 
la, representó  al  Gobierno  manifestando  ser  aqui  «indispensa- 
ble aún  para  el  bien  déla  nación  o  una  Universidad  bien  dotada 
con  aquella  cantidad  y  otros  recursos,  como  pensiones  sobre  la 
mitra,  renta.de  la  canongía  destinada  antes  á  la  Inquisición,  al- 
gunos beneficios  simples  etc.  El  Intendente  trabajó  en  análogo 

•¡embredcTgirí  di  híu^^T0™*1™  de  "3  dc  Abril  *  a5  Mayo,  .8  Octubre  yaSNn- 
Noviembre  1818.'  y  5  de  Agosto   dc  1815;  29  dc  Julio,  13  Noviembie  1817  y  5  y  «7 

(a)    Id.  id.-CláuMros  de  8  dc  Mayo   dc  18x7  y  x6  de   Febrero  y  24  dc  Octubre  dc  18x9. 


—  172- 

sentido,  más  los  recursos  no  aparecieron  y  fué  así  muy  lánguida 
la  nueva  vida  de  la  Escuela  (1). 

Nada  importó  la  Real  Provisión  de  21  de  Junio  de  1817  dan- 
do instrucciones  para  crear  algunas  cátedras  y  entre  ellas  una 
de'Medicina  práctica,  dotación  de  otras  y  gratificación  á  depen- 
dientes, etc.,  porque  mientras  era  compatible  el  profesorado  con 
las  canongias  no  se  consentía  con  la  profesión  de  abogado.  Se 
adjudicaron  también  á  la  Universidad  algunos  beneficios  en  Ga- 
licia, León  y  Astorga,  de  los  cuales  no  se  logró  por  desgracia 
entrar  en  posesión,  pues  todo  el  interés  de  los  ministros  y 
consejeros  estaba  en  otras  medidas  y  en  tomar  precauciones 
para  ahogar  las  ideas  regeneradoras.  ¡Lamentable  intolerancia 
y  triste  ceguedad  las  de  aquellos  gobernantes! 

A  todo  accedía  el  Rey;  pero,  antes  que  diesen  resultado  algu- 
no sus  propósitos,  se  oyó  en  la  Universidad  la  voz  de  Riego,  y 
para  responderle  los  alumnos  salieron  de  las  aulas  y  en  el  atrio 
mismo,  á  presencia  de  sus  maestros,  proclamó  el  mas  audaz, 
D.  Francisco  Villamil,  la  Constitución  de  1812,  que  victorearon 
todos.  El  cuerpo  escolar  fué  el  núcleo  de  aquel  movimiento  po- 
pular de  Oviedo.  Con  atrevimiento  y  entusiasmo  juveniles  con- 
tribuyó principalmente  al  alzamiento  liberal,  adhesión  del  ejérci- 
to, y  reconocimiento  de  la  Junta  revolucionaria  (compuesta  en  su 
mayoría  por  gente  del  Claustro,  Celleruelo,  Díaz  Laviada,  Rodrí- 
guez Busto,  González  Rio  y  Rodríguez  Valdós)  alistándose  en  la 
Milicia  nacional  ó  en  la  especial  «Compañía  de  Literarios*,  que 
se  dispusieron  á  combatir  con  las  fuerzas  restauradoras.  Fueron 
desoídos  ofrecimientos  de  vacación  que  hicieron  la  Audiencia  y 
Claustro;  dentro  de  la  Universidad  tuvieron  instrucción  oficiales 
y  clases  de  los  nuevos  batallones;  se  permitió  con  debilidad  la 
asistencia  á  cátedra  con  uniforme  de  milicianos;  dieron  ense- 
ñanza de  la  nueva  Constitución  los  catedráticos  Busto,  Canella  y 
Tames  de  que  después  pudieron  lamentarse;  acordáronse  dona- 
tivos alas  víctimas  de  Cádiz;  se  pensó  en  el  plan  de  1807  to- 
mándose disposiones  para  ello,  como  enseguida  para  el  otro  que 
se  anunciaba  (2);  se  envió  ardorosa  felicitación  á  las   Corte?. 

(i)  Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  19  de  Abril  di  1814,  iS  de  A^oiSn  y  7  de 
Diciembre  de  1819. 

(21  id.  id.— Clatiitos  de  26  de  A;;><to  y  23  de  Octubre  de  1.120;  28  d'Julio  de  1821;  y 
1  de  Eiero  de  1823. 


—  «73  — 

donde  los  representantes  asturianos   miraron  como  amantes 
hijos  por  la  Universidad  y  levantaron  su  categoría;  y  si  el  Claus- 
tro, dividido  en  el  fondo,  no  figuró  en  las  «demostraciones  públi- 
cas de  gratitud  y  regocijo»  con  motivo  de  la  venida  del  infortu- 
nado Riego,  los  escolares  le  recibieron  en  triunfo  (1),  no  mucho 
antes  de  salir  los  que  figuraban  como  nacionales  en  persecución 
de  las  facciones,  levantadas  en  algunos  puntos  de  la  provincia, 
«sin  imputarles  falta  académica  por  el  tiempo  que  inviertan  en 
servicio  tan  interesante  á  la  patria»  (2;.  No  cabe  ocultar  que  al- 
gunos de  los  llamados  «blancos*  ó  realistas  fueron  molestados, 
como  el  P.  M.  Fr.  Tomás   Marino,  patriota  decidido  cuando  la 
guerra  de  la  Independencia,  que  acreditó  en  1826  «cómo  en  la 
época  constitucional  fué  muchas  veces  acusado  á  los  Tribunales 
revolucionarios  y  sentenciado  á  destierro;  buscado  largo  tiempo 
para  ser  alevosamente  asesinado  por  individuos  de  asociaciones 
nocturnas;  preso  y  escandalosamente  llevado  entre  bayonetas  y 
canciones  irritantes  desde  la  prisión  de  Oviedo  á  la  cárcel  de 
Gijón  y  allí  embarcado  para  la  Coruña,  padeciendo  mucho  en  la 
travesía  y  en  el  puerto  gallego  al  verse  vejado  por  un  populacho 
insensato».  Aunque  algo  recargadas  las  escenas,  bien  indican  la 
intolerancia  que  presidió  en  aquellas  épocas,  cuando  la  enseñan- 
za se  vio  servida  por  catedráticos  interinos  y  el  Ayuntamiento 
de  Oviedo  se  interesaba  por  la  Universidad  con  medidas  para 
su  conservación,  como  hicieron  otros   municipios  en  represen- 
taciones al  Gobierno  inclinándole  á  su  sostenimiento  y  mayor 
realce. 

Poco  duró  este  sistema  político,  que  fué  como  la  Instruc- 
ción Pública,  agitado  y  turbulento.  La  nueva  organización  de 
los  estudios  se  basó  en  los  trabajos  de  la  Comisión  de  1813,  pu- 
blicándose el  plan  de  1821,  plan  grandioso  y  general,  comparado 
con  aquella  enseñanza  de  las  antiguas  Universidades  cuyo  triste 
cuadro  presentaba  el  Dr.  Lumbreras  al  inaugurar  la  de  Madrid. 


(t>  Archivo  de  ¡a  Universidad.— Claustros  de  ao,  de  Febrero,  1  y  22  de  Marzo,  13,  ai  y  34 
de  Abril,  26  de  Julio  y  13  de  Septiembre  de  1820  y  j6  de  Marro  de  1821. 

En  el  periódico  ovetense  El  Carbayón  (1885)  publiqué  la  sentencia  á  que  se  refiere  el  texto 
dictado  por  la  Audiencia  de  Oviedo  y  la  lista  de  lo»  literarios.  Su  uniforme  en  un  principio  solo 
tenia  de  militar  el  correaje  negro;  pero  después  de  la  jura  del  Rey  vistieron  casaca  corta  de  paño 
azul  turquí,  pantalón  de  igual  color  y  franja  azul  celeste;  sombrero  tricornio  con  cucarda  verde 
y  encarnada;  y  en  la  cintura  llevaban  una  faja  de  tafetán  y  borlas  verdes.  Su  gzfc  fué  el  Doc- 
tor D.  Pedro  Alvarez  Cclleruclo. 

{2)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  14  de  Marzo  de  1823. 


—  174  — 

La  Universidad  ascendió  en  la  reforma  á  la  categoría  de  pri- 
mer orden;  pero  sufrió  grave  detrimento  en  sus  rentas,  porque 
los  nuevos  impuestos  afectaron  á  los  arbitrios  sobre  la  sal  y  vino 
que  la  sostenían. 

De  nuevo  la  ignorancia  y  el  despotismo  se  entronizaron  en 
España,  y  la  reacción  de  1823  ejerció  en  nuestra  Escuela  la  ma- 
yor persecución  ¿intolerancia.  Sin  votación,  se  impone  el  Rector 
de  los  últimos  años  de  absolutismo;  y  en  los  primeros  dias,  de  un 
golpe  y  sin  respeto,  se  decretó  la  expulsión  de  veinte  y  seis  cate- 
dráticos y  doctores  y  de  todo  cursante  que  hubiera  sido  nacional 
ó  afecto  al  régimen  constitucional.  Abrió  tribunales  secretos  de 
purificación  que  excluían  á  todo  alumno  tildado  de  parcial,  ó 
que  lo  hubiesen  sido  su  padre,  hermanos  y  parientes.  ¿Y  el 
Claustro  de  entonces?  Acordó  suntuoso  panteón  y  celebró  lujosos 
funerales  por  el  desgraciado  Br.  Lamuño,  jete  de  una  partida  de 
realistas  en  1822,  que  fué  capturado  y  tristemente  ejecutado  en 
Oviedo,  cuando  la  tenacidad  política  nada  perdonaba,  cegada 
por  el  mal  comprendido  entusiasmo.  Como  al  que  más,  me  duelen 
de  todo  corazón  las  víctimas  de  nuestras  discordias,  pero  ¿la 
memoria  de  tan  desventurado  joven  debió  servir  de  pretesto  para 
hacer  alarde  de  odio  contra  «un  puñado  de  cobardes,  desleales 
y  perjuros  españoles  que  levantaron  el  sedicioso  grito  de  libertad 
en  1820,»  como  se  decía  en  el  sermón  entonces  pronunciado? 
Puestos  en  balanza  fiel,  ¿cuánto  no  pesarían  los  sacrificios  que 
la  violencia  del  absolutismo  hizo,  sin  compasión,  en  diferentes 
épocas?  No  es  este  el  lugar  de  entrar  en  más  detalles,  pero  mil  y 
mil  consideraciones  pudieron  atajar  al  R.  P.  M.  Fr.  José  Pinera 
en  su  exagerado  discurso  reñido  en  todas  sus  páginas  con  la  cari- 
dad evangélica.  Y  para  mayor  honor  del  desventurado  Lamuño 
«benemérito  hijo,  primer  mártir  de  la  lealtad  asturiana,»  al  decir 
de  aquel  Claustro,  se  dispuso  éste  á  e regirle  «un  monumento  á 
costa  de  la  misma  Universidad  en  el  sitio  que  ocupó  el  patíbulo 
en  que  sufrió  el  martirio»  (1). 


íir  R.  C*  de  ai  de  Julia  de  1834.  — Archivo  de  la  Universidad:  Claustro  de  31  de  Julio  7  y 
*i  d*  Octubre*  *9  de  Noviembre  y  G  dé  Diciembre  de  1823,  13  de  Abril,  it  y  27  de  Agosto  y 
11  de  Noviembre  de  1BJ4.  7  de  Mayo  y  14  de  Diciembre  de  1825.  y  12  de  Enero  de  1827. 

'Relación  histórico- fúnebre,  que  hace  hi  Real  Universidad  de  Oviedo  de  las  exequias  que  ce- 
lebró en  sü  capilla  á  la  infanta  mu  cric  de  mí  hijo  el  bachiller  cu  ar.'bos  derechos  L).  Alejandro 
Roces  La  muño  h  y  oración  que  se  dijo  cu  ellas. —La  publícala  misma  Real  Universidad. — Con 
licencia,— Oviedo  —Oficina  de  Pedregal  y  (Jonip — 1824  » 


—  175  — 
Aciagos  fueron  aquellos  dias  caminando  por  la  pendiente  de 
una  reacción  sin  igual  como  se  deduce  de  las  actas  claustrales 
y  de  los  entonces  incoados  expedientes  de  tan  apasionada  perse- 
cución contra  los  llamados  «negros*.  Ciego  é  impotente  ante  la 
historia,  el  funesto  y  tornadizo  Fernando  pretendió    otra  vez 
borrar  los  años  constitucionales  y,  á  su  vez,  sumisos  los  cuerpos 
oficiales  y  la  masa  indocta  tomaron  y  aplaudieron  acuerdos  de 
implacable  intolerancia.  El  Claustro  destinó  fondos  para  vestua- 
rio de  los  realistas  y  se  pidió  á  S.  M.  no  disminuyese  el  número; 
asociándose  á  la  petición  de  los  Cabildos  cordobeses,  representó 
á  la  Regencia  sobre  «lo  perjudiciales  que  eran  las  Cámaras»;  fué 
al  paseo  triunfal  por  las  calles  con  retrato  del  Rey  á  quien  feli- 
citó en  Madrid  por  los  doctores  universitarios,  Consejero  Pérez 
Villamil,  el  Fiscal  D.  José  Hevia  y  el  Capellán  de  Honor  Sama; 
se  anularon  cursos  y  grados  obtenidos  durante  el  Gobierno  revo- 
lucionario; favoreció  la  apertura  de  los  juicios  de  impurificación 
para  despojar  de  sus  cargos  á  los  maestros  é  impedir  la  ma- 
tricula de  los  jóvenes  liberales;  exigió  aquellos  especiales  jura- 
mentos en  grados  y  posesiones;  y  vio  sin  protesta  cómo  se  abría 
un  proceso  para  levantar  muchas  veces  el  patíbulo  y  destinar 
á  presidios  africanos  á  los  entusiastas  cursantes  de  1820.  Por 
sentencia  de  1827  fueron  condenados  á  morir  en  garrote,  entre 
otros  el  Dr.  Celleruelo  y  los  estudiantes  D.  Francisco  Pérez  Villa- 
mil,  D.  Ramón  Tuñón  de  Bandujo,  D.  Bernardo  Corripio  y  D.  Ma- 
nuel Rodríguez  Valentín,  así  como  sentenciados  á  varios  años  de 
presidio  en  Ceuta  D.   Bernardo  Escudero,  D.   Pedro  José  Pidal, 
1).  Ramón   González  Llanos,  D.  Pedro   Balbin    con    veintitrés 
compañeros;  más  pudieron  salvarse  emigrados  unos  en  el  extran- 
jero y  escondidos  otros  en  apartadas  provincias,  no   librándose 
los  menos  comprometidos,  sujetos  á  dura  prisión  en  la  fortaleza 
de  Oviedo,  de  grandes  sufrimientos  y  amenazas  á  su  vida  por  el 
populacho  dispuesto  á  sacrificarlos  en  la  misma  cárcel,  debiendo 
la  salvación  á  dignísimos  magistrados,  cuyo  proceder  tanto  distó 


También  se  publicó  entonce?:  «Monologo.  La  última  hora  de  D.  Alejandro  Roces  Lamuno, 
luchiütrr  en  Sagrado*  Cañones.— Con  licencia.  En  Oviedo  en  la  oficina  de  I).  Fermín  PiicLí. 
ín  1833».  Firma  la  dedicatoria  a  D."  Vicenta  Roces  La  muño  (hermana)  el  Capellán  N.  F.  O.  y 
*  ¿lude  al  Fiscal  de  la  causa,  condiscípulo  de  la  victima  que  falleció  algunos  dias  después  á  causa 
de  enfermedad,  de  lo  que  intentaron  s-icar  partido  los  devotos  de  la  reacción. 


—  176  — 

del  que  manifestaron  sus  colegas.  Apartemos  la  vista  de   seme- 
jantes cuadros. 

El  plan  de  Instrucción  Pública,  que  en  1824  saliera  de  la 
misma  pluma  de  quien  buscando  una  mitra  ensalzara  en  1814 
la  Constitución  y  escelencias  de  su  sistema,  legitimó  aquellos 
actos.  Fué  su  autor  el  P.  M.  Martinez,  de  gran  crédito  en  la  Orden 
de  la  Merced,  y  sirvió  de  instrumento  para  oponerse  al  progreso, 
siguiendo  las  ideas  de  aquel  monarca  veleidoso,  que  había  pro- 
metido marchar  el  primero  por  la  senda  constitucional.  Si  las 
leyes  pudieran  contra  el  sentimiento  general,  ninguna  más  dies- 
tramente concertada  se  ha  publicado;  ninguna  con  más  arte  se 
propuso  encaminar  á  maestros  y  discípulos  á  la  idea,  puramente 
política,  del  gobierno,  autor  de  aquella  reforma  «pobre,  atrasada 
y  ruino  como  la  calificó  Menéndez  Pelayo.  Catedráticos,  libros 
de  texto,  trajes  clericales,  juntas  de  censura,  listas  inversas,  visitas 
domiciliarias,  pláticas  religiosas,  confesiones,  comuniones  y  ju- 
ramentos en  la  recepción  de  grados,  formaban  una  red  de  la  que 
nadie  salía,  y  los  encargados  de  su  ejecución  en  parte  alguna  fue- 
ron tan  solícitos  para  cumplirla  con  la  mayor  y  más  rígida  es- 
crupulosidad que  en  Oviedo,  cuando  fué  nombrado  Consejero 
Director  el  docto  D.  José  Cabanilles,  que  por  su  antigua  residen- 
cia y  afecciones  en  la  provincia,  se  interesó  por  nuestra  Escuela 
aunque  nada  pudo  hacer  por  los  perseguidos. 

Entonces,  como  en  el  siglo  xvi,  se  vio  que  numerosos  astu- 
rianos marchaban  á  otros  Establecimientos  y  buscaban  leja- 
nas y  más  tolerantes  Universidades,  porque  continuaba  sospecho- 
sa la  nuestra  y  en  aquella  reglamentada  vida  de  exajerada 
tirantez  y  de  sombrío  color  político,  que  obligaron  á  los  corifeos 
aquejarse  del  Regente  de  la  Audiencia,  porque  censuraba  con 
demasiado  rigor  las  conclusiones  para  grados  y  actos.  Cuando  la 
Repetición  pública  del  D.  Rodríguez  Arango  en  1828,  todas  las 
imprentas  de  la  ciudad  se  negaron  á  estamparlas  por  temor  de 
serias  consecuencias,  una  vez  que  carecían  del  pase  del  Fiscal 
de  la  Audiencia,  Censor  Regio  de  la  Universidad,  y  no  llevaban 
revisión  de  tres  catedráticos  antiguos,  según  el  artículo  22  del 
severo  Plan  de  estudios.  En  1829  se  dictó  sentencia  episcopal 
absolutoria  á  favor  de  D.  Diego  Fernández  Ladreda  por  su  pro- 
posición relativa  al  matrimonio,  cuando  el  grado  de  doctor,  cali 


* 


—  177  — 

licada  de  herética  y  escandalosa  por  el  Colegio  de  Teología;  pero 
fué  después  que  el  graduado  y  su  padrino  D.  Pedro  Fernández 
Villaverde,  declararon  haber  obrado  sin  reflexión  y  con  premura, 
retractándose  del  todo  con  adhesión  á  las  doctrinas  de  la  Iglesia 
para  ser  declarados  libres  de  la  nota  de  herejía,  no  sin  otras  ad- 
vertencias y  consejos  para  qué  en  un  acto  público  del  Claustro 
hicieran  (como  así  lo  verificaron)  las  mismas  declaraciones  y  pro- 
testas. Poco  menos  sucedió  dias  después  con  reparos  y  adverten- 
cias á  la  arenga  del  Dr.  Busto  cuando  nuevo  grado  doctoral  del  en- 
causado; y  otros  casos  pudieran  citarse  de  las  extremadas  medi- 
das que  entonces  se  tomaban  (1). 

Moribunda  por  falta  de  sus  propios  recursos,  había  quedado 
ia  llamada  Facultad  de  Medicina  (2)  organizada  rápidamente  en 
los  últimos  años  del  siglo  xvni.  No  llegó  después,  aunque  se  in- 
tentó con  reiteración,  á  tomar  nueva  y  vigorosa  vida  desde  1817 
á  1825.  Cuando  el  nombramiento  de  un  sustituto  de  Medicina 
práctica,  se  hizo  saber  á  los  médicos  de  la  Ciudad  y  del  Cabildo 
que  tenían  expedita  la  enseñanza  de  sus  respectivas  cátedras  en 
los  mismos  términos  que  cuando  la  suspensión  de  1806,  aunque 
observó  el  Dr.  Vázquez  que  estas  enseñanzas  estaban  suprimidas, 
no  siendo  en  Salamanca  y  Valencia,  y  no  las  mencionaba  el  Plan 
de  1774  mandado  restablecer  en  Oviedo.   Algunos  estudiantes 
pretendieron  matrícula  y,  si  el  Claustro  se  mostró  bien  dispuesto, 
enseguida  le  salieron  al  paso  dificultades  para  renovar  las  aulas 
médicas  de  Prima  y  Vísperas,  debidas  al  insigne  Obispo  Sr.  Pisa- 
dor y  la  de  Anatomía  sostenida  por  la  Junta  general  del  Princi- 
pado, cerradas  cuando  se  estableció  el  Protomedicato.  No  obs- 
tante, otra  vez  se  ofició  al  Cabildo  y  al  Municipio  que  se  mostraron 
propicios;  se  nombró  sustitutos  de  catedráticos  á  sus  médicos  y 
hasta  se  incorporaren  estudios  seguidos  en  Salamanca;  pero 
no  pudo  prevalecer  tal  enseñanza,  que   arrastró   lánguida  vida 
para  desaparecer  por  completo  poco  antes  de  morir  el   funesto 
Fernando  (3). 


Ir»  Archivo  de  la  Universidad.— Cláustroi  de  15  de  Julta  de  1828,  20  y  31  de  Agosto  y  12 
de  Octubre  de  iS2q 

I2)     Veise  Capitulo  VII 

(31  Archivo  de  U  Universidad  —Claustros  de  22  de  Agosto  y  t.*  de  Ojtnhrc  d>:  1F07;  13 
de  Noviembre  y  6  de  Diciembre  de  1817;  17  do  Noviembre  de  181S;  6  y  16  de  Febrero,  5  de 
Agosto  y  18  de  Octubre  de  1810;  12  de  Junio  de  1820;  ¿¿  de  Enero  y  o  de  Octubre  de  1824;  y 
11  de  Diciembre  de  1825,  etc. 


-  i78  - 

Otras  enseñanzas  tenían  preferencia  para  los  secuaces  de  la 
política  entonces  dominante. 

Así  los  estudios  de  la  ovetense  Escuela  se  aumentaron  á  la 
sazón  con  una  cátedra  especial  que  fundó  D.  Juan  Pérez  Villa- 
mil.  En  1819  acudió  al  Consejo  de  Castilla  el  antiguo  Regente 
del  Reino  pidiendo  autorización  para  destinar  parte  de  sus  bie- 
nes en  beneficio  de  un  establecimiento  del  Estado,  y  prefiriendo 
la  Universidad  asturiana  donde  había  seguido  su  carrera  litera- 
ria. Pensaba  crear  una  cátedra  de  «Fundamentos  de  nuestra  ver- 
dadera Religión  Católica,  Apostólica,  Romana»  para  los  escola- 
res que,  dedicados  á  otros  estudios,  olvidaban  las  ligeras  nocio- 
nes aprendidas  en   Astete,  Ripalda  y  Fleuri,  obligando  á  todos 
los  bachilleres  á  cursar  esta  materia  sin  aumento  de  año  esco- 
lar antes  de  la  licenciatura  ó  doctorado.  Las  ocurrencias  políti- 
cas suspendieron  el  proyecto  y,  falleciendo  Villamil  en  1824, 
quedó  encargado  de  su  cumplimiento  D.  Manuel  Cancio,  conta- 
dor de  Sisas  de  la  H.  Villa.  Este  volvió  al  Consejo  con  igual  pre- 
hensión que  el  fundador  y  fué  autorizado  para  cumplir  su  pensa- 
miento de   acuerdo  con  la   Universidad  y  Obispo  de  Oviedo. 
Nombró  aquella  su  comisión,  compuesta  de  los  doctores  D.  Juan 
de  la  Cruz  Ceruelo  y  P.  M.  Fr.  José  Saez,  de  la  Orden  de  San 
Benito,  que  con  el  heredero  fideicomisario  establecieron  la  en- 
señanza en  la  facultad  de  Teología  bajo  varias  condiciones. 
Para  su  dotación  y  subsistencia  fueron  adjudicadas  varias  casas 
y  tierras  en  Móstoles,  exentas  del  quince  por  ciento  de  amorti- 
zación, y  destinadas  á  monasterios  pobres,  iglesias,  etc.,  caso  de 
separarlas  de  su  objeto;  la  cátedra  se  otorgaría  por  oposición  á 
persona  de  vida  ejemplar,  costumbres  intachables  y  de  treinta  y 
seis  á  cuarenta  años  de  edad;  el  libro  de  texto  sería  de  autor 
muy  católico,  señalándose  por  el  pronto  la  obra  del  P.  Antonio 
Walsech,  dominicano,  en  la  tradución  latina  Oe  fundamentis 
rcligionis  et  de  fontibus  impietatis,  ocupándose  de  la  for- 
mación de  un  compendio  el  catedrático;  y  que  este  tuviera  400 
ducados  de  asignación  y  100  de  administrador,  consumiendo  el 
sobrante  en  raparos  de  las  fincas,  parientes  pobres  del  Sr.  Villa- 
mil  y  gratificación  al  dicho  profesor  (l) 


i 


\t\    Archivo   úc  lü  Univemtlad.— Claustros  de  30  de  Diciembre  de  18 19;  it  de  Enero   de 
p;  xf    de  Agoito  y  t  úc  Octubre  de  iKim;  5  de  Septiembre  de  1825;  y  15  de  Marzo  de  1828 


—  179  — 
Continuaba  mientras  tanto  la  política  recelosa  y  tirante  ini- 
ciada en  1824  aunque  fué  suavizándose  un  tanto  en  los  últimos 
años  del  Rey;  pero  catedráticos,  doctores  y  estudiantes  hacían 
constar  en  los  documentos  universitarios  «que  eran  adictos  á  los 
derechos  de  la  Real  Persona  en  cuya  atención  habían  sido  puri- 
ficados en  primera  y  segunda  instancia»,  ó  bien  que  o  no  habían 
sido  nacionales  ni  bajo  ningún  titulo  pertenecido  al  llamado  Go- 
bierno constitucional,  estando  así  purificados  y  que,  en  prueba  de 
su  buena  conducta  religiosa,  moral  y  política  habían  merecido 
como  estudiantes  ú  opositores  el  correspondiente  atestado».  A 
qué  tomar  aquella  extraña  medida  de  cerrar  las  Universidades 
desde  1830  á  1832  y  dispersar  á  la  juventud  abandonándola  á 
una  enseñanza  privada  para  la  que  entonces  no  había  prepara- 
ción? Y  ¿de  qué  sirvió  tanta  persecución,  tanta  severidad  y  tan- 
ta vigilancia?  Ni  libros,  ni  maestros,  ni  juramentos,  ni  censuras 
impidieron  que,  al  albor  de  nuevas  tendencias,  los  estudiantes, 
renovando  el  sentimiento  liberal  de  1820,  plantaran  en  su  tri- 
cornio la  cucarda  azul-cristina,  símbolo  de  generosa  idea,  que 
brotó  á  impulso  de  la  presión  cuando  murió  Fernando  VII  y 
doña  Cristina  de  Borbón  fué  Reina  Gobernadora  por  su  hija 
D.a  Isabel  II. 

Aunque  personas  duramente  maltratadas  y  perseguidas  tu- 
vieron influencia  en  el  cambio  político  de  1834,  no  hubo  la  ex- 
tremada violencia  que  en  el  anterior  régimen,  aunque  si  intole- 
rancia y  malestar  por  la  agitación  continua  de  los  ánimos.  El 
Rector  fué  llamado  por  la  autoridad  militar  á  León;  el  Goberna- 
dor de  Oviedo,  General  Isidro,  acusó  por  desafectos  y  procesó  á 
varios  doctores,  llegándose  después  en  igual  medida  hasta  á  al- 
gunos dependientes;  al  dictar  el  Gobierno  la  R.  O.  de  31  de  Ju- 
lio de  1834,  reclamando  «sincera  y  cordial  adhesión  y  fidelidad» 
bajo  pena  de  separación,  el  Claustro  acordó  «quedar  enterado»; 
y  un  día  se  negó  á  suscripciones  para  la  Milicia  nacional,  como 
otro  ofreció  descuento  para  la  guerra  y  donativos  para  los  pri- 


En  el  archivo  se  guarda  primorosa  copia  de  la  escritura  de  la  fundación,  esta  cátedra  de 
Religión  otorgada  en  n  de  Abril  de  1S25  por  el  testamentario  Cancio  ante  el  escribano  D.  Juan 
Antonio  Urraza,  de  Madrid. 

Menguada  fué  la  suerte  de  la  Universidad  con  los  bienes  que  gencrosaMenlc  la  dejó  el  vir- 
tuoso y  sabio  Pérez  Villamil. 

Véase  Apéndice  XII. 


—  i8o  — 

sioneros  (1).  Hubo,  sin  embargo,  en  la  Universidad  disciplina  y 
prudencia  para  conseguir  el  orden  posible  y  la  tranquilidad  aca- 
démica mientras  duraron  la  desastrosa  guerra  civil  y  el  cólera. 
Por  el  articulo  4.°  de  la  R.  O.  de  i  de  Enero  de  1834  se  modifi- 
có el  sistema  de  impresiones  y  se  declararon  libres  de  licencia 
las  memorias  y  proposiciones  de  las  Escuelas  y  Cuerpos  científi- 
cos dándose  varios  tolerantes  decretos  que  auguraban  excelen- 
tes resultados. 

Con  las  calamidades  de  la  guerra  intestina  vinieron  otra? 
muchas  de  orden  civil  con  la  profunda  división  política  del  país 
y  los  frecuentes  «pronunciamientos»)  ó  cambios  de  situación  á 
cuyo  compás  la  Instrucción  Pública  viene  siendo  objeto  de  ince- 
santes reformas,  teniendo  los  diferentas  planes  vida  efímera, 
modificándose  sin  descanso  por  Leyes,  Reales  Decretos  y  nume- 
rosas Reales  Ordenes,  Reglamentos  y  Circulares,  que  hicieron 
un  laberinto  de  la  Legislación  académica  principalmente  á  par- 
tir de  la  tercera  época  constitucional,  sin  rumbo  fijo  y  alternado 
el  criterio  fundamental  de  las  reformas,  reduciéndose  muchas 
veces  á  páginas  de  la  Gaceta,  porque  á  la  teoría  no  responde 
un  criterio  práctico,  ni  menos  los  medios  económicos  indispen- 
sables en  función  tan  costosa  como  la  enseñanza. 

Así  pasó  (y  pasa)  á  la  Universidad  de  Oviedo  repitiéndose  su 
carencia  de  recursos  y  las  dificultades  para  obtenerlos,  cuando 
se  dictaban  innovaciones  y  ensanches  á  su  organización.  AI  apa- 
recer el  plan  de  1821  descendía  el  arbitrio  de  la  sal,  aunque  re- 
cibió de  la  Provincia  una  suma  de  78.000  reales  que  procedía 
de  tal  tributo  muy  oscilante,  como  lo  fué  también  el  del  vino,  por 
lo  que  el  ilustre  Jefe  político  D.  José  Caveda  representaba  celo- 
samente al  Gobierno  y  reclamaba  fondos  del  Tesorocentral  para 
dotar  las  cátedras  universitarias,  al  mismo  tiempo  que  el  Claus- 
tro manifestaba  «que  pues  parte  de  los  diezmos  se  destinaba  en 
otras  partes  al  auxilio  y  sostenimiento  de  los  Seminarios  Conci- 
liares, procedía  tratar  de  esto  con  el  Jefe  político  y  dirigirse  al 
Ministerio  porque  en  esta  diócesis  de  Oviedo  se  daban  en  suUni- 


i 


(i)  Archivo  de  la  Universidad.  — Claustros  de  29  de  Enero  de  1833;  12  de  Diciembre  de  1834, 
i.°dc  Junio,  25  de  Septiembre,  26  y  10  de  Octubre,  3  y  14  de  Noviembre  de  1835,  y  20  de  Ene- 
ro y  3  de  Julio  de  1836 


—  181  — 

versidad  las  enseñanzas  eclesiásticas»  (1).  Ya  entonces  estaba  en 
auge  la  política  desamortizados;  se  caminaba  á  nueva  y  más 
económica  forma  de  tributación  y  á  centralización  administrati- 
va, tan  precipitada  como  extremosa;  y  el  Estado  reclamaba  su 
propio  imperio  en  la  función  pedagógica  para  también  mejor  com- 
batir á  la  reacción  y  á  la  insistencia  de  aquellas  clases,  que  la 
amparaban  y  se  resistían  á  entrar  en  nueva  vida  de  progreso. 
Había  ya  acontecido  esto  cuando  la  guerra  de  la  independencia, 
y  de  igual  manera  la  reforma  recobró  vigor  cuando  la  enconada 
contienda  civil. 

De  la  época  antigua  era  asimismo  el  patronato  universitario. 
Desde  su  origen,  según  queda  referido,  fué  honorífico  y  extraño 
á  la  vida  propia  del  Claustro,  porque  estaba  reducido  al  asiento 
doctoral,  que  se  le  concedía,  y  en  lo  demás  limitado  al  nombra- 
miento de  personal  administrativo,  dependientes  y  á  relaciones 
de  etiqueta  en  determinados  casos.  En  1815  participó  el  Patrono 
que  había  sido  nombrado  Mayordomo  mayor  del  Rey  y  se  le  dio 
cortés  enhorabuena;  pero  desde  la  revolución  de  1820  cambiaron 
las  relaciones  entre  la  Escuela  y  la  casa  patronal.  Se  consignó 
entonces  que,  siendo  nacional  la  Universidad  y  á  cargo  del  Esta- 
do ya  debía  concluir  toda  otra  ingerencia  y  cesar  la  casa  de  Miran- 
da en  el  nombramiento  de  los  dependientes;  y,  sí  en  1823  se  con- 
sintió en  nombramientos  de  Secretario  y  Maestro  de  ceremonias, 
no  asi  tres  años  más  tarde  cuando  se  desestimó  su  manifestación 
de  seguir  designando  los  subalternos  sin  satisfacer  sus  nuevos 
sueldos,  como  se  hacía  en  análogos  centros.  No  se  avino  á  ello 
el  Patronato,  que  protestó  de  usar  de  su  derecho  donde  corres- 
pondiera y  de  representar  á  S.  M.  solicitando  el  edificio  de  la 
Universidad  ó  su  justo  valor...  El  Consejo  Supremo  reclamó  in- 
forme al  Claustro  é  insistió  aquel  en  su  demanda,  como  después 
el  apoderado  condal  en  la  provincia  pidió  en  1830  posesión 
de  sus  prerrogativas,  siguiendo   durante  cinco  años  varias  ma- 
nifestaciones de  una  á  otra  parte.  Expresaban  las  del  Claustro 
que,  según  antecedentes  antiguos  y  disposiciones  modernas,  le 
haría  distinguido  recibimiento  en  la  primera  vez  que  se  presen- 
tase, con  lugar  de  preferencia  después  del  decano  cuando  asis- 


«:)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  9  de  Mayo  de  1821;  27  de  Julio  de  282a;  3  de 
Enero  de  1833;  y  24  de  Septiembre  y  24  Octubre  de  1824. 


—  182— 

tiere,  dándose  por  enterado  á  este  efecto,  siempre  que  se  lo  par- 
ticipasen los  sucesores  al  comenzar  en  el  patronato,  más  no  en 
los  nombramientos,  que  habían  cesado  por  diferentes  modernas 
RR.  00.  A  ello  se  avino  en  1835,  el  representante  y  no  se  con- 
sintió aquí  al  año  siguiente  en  el  nombramiento  de  Secretario  he- 
cho por  el  Patrono  porque,  según  la  legislación  vigente,  «corres- 
pondía ó  S.  M.  á  propuesta  del  Claustro»  (1). 

En  orden  más  principal  y  pedagógico  tuvo  éste  nuevo  rumbo, 
desde  las  reformas  de  1836  por  el  plan  «general»  de  Estudios 
de  4  de  Agosto  de  aquel  año  con  que  reemplazaba  al  vetusto  de 
1824-  la  situación  entonces  presidida  por  el  famoso  literato  Du- 
que de  Riva^.  Ofrecía  las  novedades  consiguientes  en  todos  los 
ramos  de  la  instrucción  y  régimen  de  sus  corporaciones,  des- 
envolviéndose por  lo  que  se  refiere  á  la  Segunda  y  «Tercera» 
enseñanzas  en  el  Arreglo  provisional  de  26  de  Octubre  del  mismo 
1836  y  en  disposiciones  complementarias  de  1837  sobre  matrícu- 
las, examen  y  grados;  pero  no  pudo  desenvolverse  aquella  radi- 
cal reforma,  flor  de  un  día  en  la  Gaceta,  que  adoleció  del  vicio 
de  la  imprevisión  como  ha  acontecido  tantas  veces. 

En  favor  de  la  Universidad  ovetense  gestionaron  entonces 
cerca  del  Doctor  Conde  de  Toreno,  que  ocupaba  preminente 
lugar  en  la  política  española,  sus  compañeros  Sres.Mata  Vigil  y 
Fernández  San  Miguel;  y  después  trató  el  Claustro  de  la  difícil 
manera  de  desenvolver  el  nuevo  plan  (2),  que  fué  provechoso  en 
esta  Escuela  porque  mejoró  el  estudio  de  Matemáticas,  amplió  el 
teórico  de  la  Física  con  lecciones  esperimentales  y  creó  cáte- 
dras de  Historia  general  y  de  Literatura  para  los  de  Filosofía,  in- 
troduciendo en  la  facultad  de  Leyes  el  estudio  de  la  Economía 
política. 

Como  se  careciese  de  estos  maestros  y  medios  para  su  dota- 


(O  Archivo  de  la  Universidad  — Claustros  de  18  de  Octubre  de  1815;  24  de  Enero  de  1812; 
18  de  Octubre  de  1823:  8  de  Abril,  18  de  Junio  y  25  de  Octubre  de  1826;  14  de  Marzo  y  16  de 
Abril  de  1827;  17  de  Febrero  de  1S28;  as  de  Febrero  de  1S30;  14  y  22  de  Mayo  y  10  de  Junio 
de  1835  y  5  de  Febrero  de  1836. 

Uno  de  los  últimos  nombramientos  patronales  fué  de  26  de  Julio  de  181$.  Decía  el  titulo, 
«nombro  portero  con  50  ducados  al  año  á  Benito  Granda  en  atención  á  los  méritos  de  su  padre 
Nicolás  y  abuelos,  y  mando  al  Rector  que  le  guarde  todas  las  honras  y  preeminencias  que  le  per- 
tenecen». Hasta  1861  que  fué  destinado  á  servir  en  el  Instituto,  que  está  en  el  minino  edificio  de 
la  Universidad,  fué  Benito  portero  y  bedel  de  la  Casa,  muy  querido  de  catedráticos  y  estudian- 
te*, correspondiendo  al  entrañable  amor  que  profesaba  al  Establecimiento.  Su  tipíco  carácter 
escolar  fué  objeto  de  famosa  semblanza  en  el  periódico  estudiantil  El  Invhnio,  gracioso  artículo 
del  malogrado  Antonio  Arango.  El  popular  Benito  falleció  en  1873. 

(2)  Archivo  de  la  Universidad.— 20  de  Julio  y  17  de  Noviembre  de  1835  y  15  de  Noviembre 
de  1836. 


—  le- 
sión, tuvo  valioso  apoyo  en  una  corporación  provincial  mantene- 
dora del  espíritu  innovador  que  la  habían  infundido  sus  inspira- 
dores y  directores  Campomames  y  Jovellanos;  fué  la  Sociedad 
Económica  de  Amigos  del  País  de  Asturias.  Desde  1832  había 
alcanzado  el  benemérito  Cuerpo  cátedras  industriales  emana- 
das del  Conservatorio  de  Artes  (donde  fué  doctísimo  profesor  el 
asturiano  D.  Antonio  Gutiérrez)  y,  bajo  la  dirección  del  Rector 
Sr.  Mata  Vigil,  una  comisión  mixta  compuesta  de  los  docto- 
res Alvarez  Arenas,  P.  Caso,  García  Cónsul,  Blanco  y  de  los 
socios  D.  Telesforo  Cónsul  y  D.  Francisco  Julián  Sierra  deter- 
minó trasladar  al  edificio  universitario  las  cátedras  económicas 
bajo  las  siguientes  bases: 

Primera:  que  los  señores  Catedráticos  de  Economía  Política,  Matemáticas  y 
Química  de  la  Sociedad  pasarían  provisionalmente  á  dar  sus  enseñanzas  á  la 
Universidad,  acomodándola  de  manera  que  en  lo  posible  se  llenase  el  objeto 
para  que  fueron  nombrados  y  lo  que  se  pedía  en  el  nuevo  plan  de  estudios  pro- 
visional vigente. 

Segunda:  que  la  dirección  de  dichas  cátedras  continuase,  como  está  preve- 
nido, por  la  misma  Sociedad  Económica. 

Tercera:  que  los  gastos  de  traslacción  de  los  enseres  de  las  cátedras  de  Ma- 
temáticas y  Química  se  harán  por  cuenta  de  la  Universidad,  y  la  misma  destinará 
también  algunas  sumas  para  los  gastos  de  la  enseñanza  esperimental,  á  que 
también  contribuirá  la  Sociedad. 

Cuarta:  las  cátedras  tendrán  una  doble  matrícula:  una  en  la  Universidad 
para  sus  alumnos  y  otra  por  la  Sociedad  para  los  suyos. 

Quinta:  las  horas  de  enseñanza  como  los  locales  para  esplicar,  lo  acomoda- 
rán loa  señores  Catedráticos  de  acuerdo  con  el  Claustro  (i). 

Justo  es,  pues,  hacer  mención  de  tales  profesores  que  con 
celo  y  desinterés  aceptaron  tan  penoso  encargo:  enseñó  «Mate- 
máticas y  Dibujo»,  D.  José  de  Posada  Herrera;  «Física  y  Quími- 
ca», D.  León  Salmean;  y  sucesivamente  «Economia  política» 
D.  Antonio  Oviedo  y  Portal,  D.  Ramón  Valdés  y  D.  Benito  Ca- 
nella  Meana.  Muy  principalmente  el  Sr.  Salmean  inició  y  ase- 
guró afición  é  inclinaciones  á  los  estudios  experimentales  y  co- 
menzó á  formar  gabinete  de  máquinas  y  laboratorio  de  ensayos 
aquí  poco  menos  que  desconocidos.  La  Sociedad  Económica  hizo 
grandes  esfuerzos  para  obtener  material  de  enseñanza  y  otro 


(t)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  29  de  Noviembre  de  1836. 
— Archivo  de  la  Sociedad  Económica.— Acta  de  5  de  Diciembre  de  1836. 


13 


—  184  - 

tanto  el  Claustro  (1),  que  apenas  tenía  más  que  una  máquina 
neumática  y  otra  eléctrica,  muy  buenas  entonces,  y  obtuvo  del 
Instituto  de  Gijón  otros  instrumentos,  allí  sin  uso  y  en  pésimo 
estado  por  los  azares  que  habían  perseguido  á  la  fundación  de 
Jovellanos. 

Mas  la  guerra  civil  con  la  amenaza  de  invasiones  y  desaso- 
siego interior  no  favorecía  el  desarrollo  pedagógico  aunque  se 
había    mejorado  la  condición  del  profesorado  con  los  sueldos, 
que  continuó  en  adelante,  pues  los  catedráticos  de  1841  volvie- 
ron á  recibir  íntegra  la  dotación  que  les  señalaba  el  plan  de  1824 
y  de  la  que  no  disfrutaban  desde, 1829  porque  se  retenía  en  el 
arca  universitaria;  continuaban  los  Prebendados  de  la  Catedral 
con  sus  cátedras,  aunque  ya  no  todas;  en  la  facultad  de  Leyes 
se  recomendó  en  1838  al  profesor  de  Derecho  político  que  espli- 
case  la  Constitución  para  que  los  estudiantes  se  penetrasen  de 
su  espíritu  y  fundamento;  se  procuró  dar  vida  más  activa  á  las 
Academias  de  las  Facultades  que  tenían  buenos  reglamentos  y 
estaban  dirigidas  por  excelentes  Moderantes,  últimamente  cate- 
dráticos;   y   respecto   á  libros  de  Texto  para  Filosofía,  Leyes, 
Cánones  y  Teología  hubo  criterio  más  amplio  y  se  recibieron  los 
mas  nuevos  y  adelantados,  sin  aquellos  reparos  de  principio 
de  siglo  ni  menos  los  de  la  visita  de  1815,  porque  en  1839  ya  se 
aceptábanlas  mejores  obras  nacionales  y  extranjeras  (2). 

Esta  y  mas  innovaciones  del  nuevo  reinado  merecen  especial 
mención.  Respecto  ol traje  escolar  fueron  suprimidos  en  1835  la 
sotana  y  manteo  antiguos,  prendas  clásicas  de  igualdad  en  la 
clase  estudiantil,  disponiéndose  que  loscursantes  asistiesen  á  las 
aulas  ele  levita  ó  frac,  á  su  arbitrio,  capa  y  sombrero  de  copa 
alta,  y  los  graduados  como  les  acomodase  y  sus  atenciones  lo 
permitiesen  (3).  En  disposición  de  mas  trascendencia  dos  años 
después  se  suprimieron  en  todos  los  ejercicios  académicos  las 
fórmulas  silogísticas  nada  menos  que  «por  ser  repugnantes  al  es- 
tado actual  de  la  civilización»,  quedando  los  argumentos  reduci- 


1 


(i)  Archivo  ííe  b  Universidad.— En  Angtúo  de  15  de  Noviembre  de  1815  cedió  el  Dr.  Pe- 
tera iH[ücll¿id.  do*  cxcclcnte-i  mi'|iJnns.  que  había  adquirido  en  la  testamentaría  del  antiguo  Rec- 
tor y  Director  de  3a   I'J nii«.  l  1).  Uernardino  A  de  Sierra,   por  la  suma  de  320  reales,  aunque 

vxiüaa  iná*  de  4,000  cad  i  una,  Clin*tro-i  de  ix  de  Julio  de  1834  y  31  de  Enero  de  1837 

tu  Arrhivi]  d^  la  Uiiiveriidnil— Claustros  de  23  de  Septiembre,  8  y  18  de  Noviembre  de 
1%31>  i£  de  Uciului-  de  1837,   ia  tic  Enero  de  1838  y  13  de  Octubre  de  1839. 

j.\>     Archiva  de  la  Un  1  vsr ^ídad,— Claustro  de  16  de  Octubic  de  1735. 


-  185  - 

dos  ú.  preguntas,  y  se  permitió  ejercitar  en  lengua  latina  ó  espa- 
ñola ó.  elección  de  los  graduandos  (1).  Todo  lo  antiguo  ib^  des- 
apareciendo y  mas  lo  secundario  de  formas  arcaicas. 

La  concurrencia  de  alumnos  sufrió  una  baja  considerable, 
pues  al  abrirse  la  matrícula  en  1836  faltaba  casi  la  mitad  de 
los  alumnos  inscritos  en  1835.  Tan  súbito  abandono  se  quiso 
justificar  en  la  abolición  del  antiquísimo  manteo,  trage  econó* 
mico,  popular  y  característico  de  los  estudiantes  de  España,  co- 
mo también  en  el  aumento  de  derechos  de  matrícula  (20  reales) 
y  de  grados.  Y  otras  eran  las  causas.  A  las  cuatro  quintas  par- 
tes de  los  teólogos,  hijos  de  labradores,  se  les  cerraba  la  carrera 
porque,  suspendida  la  facultad  de  conferir  órdenes,  de  adjudicar 
capellanías  y  de  provisión  de  curatos  no  tenían  aquellos  porve- 
nir. Otro  tanto  sucedía  á  los  canonistas,  al  mismo  tiempo  que 
para  los  de  Jurisprudencia  disminuían  considerablemente  los  ne- 
gocios forenses  con  el  establecimiento  de  juzgados  de  primera 
instancia.  Agregúese  á  esto  que  habiéndose  suprimido  el  fuero 
académico,  eximidor  del  servicio  de  las  armas  á  bachilleres 
y  tonsurados  (2)  los  estudiantes  asturianos,  muchos  de  escasa 
fortuna,  no  podían  sufragar  tales  gastos  sin  esperanza  de  com- 
pensación á  sus  sacrificios.  Pero  corrían  tiempos  muy  azarosos 
y  hubo  que  llegar  hasta  medidas  escepcionales  que,  por  otra 
parte,  eran  ya  necesarias.  De  aqui  vino  aquella  relativa  deca- 
dencia universitaria  de  que  se  lamentaba  el  celoso  Rector  señor 
Mata  Vigil  (3)  porque  se  vivía  en  un  estado  incierto  y  poco  ha- 
lagüeño para  las  profesiones  literarias;  las  reformas  eran  tran- 
sitorias y  provisionales;  y  este  carácter  tuvo  el  arreglo  1836 
como  otras  disposiciones  complementarias  sobre  sustituciones  de 
cátedras,  programas,  contabilidad,  etc.,  en  medio  de  carencia 
de  recursos.  Siempre  la  pobreza  en  la  casa  de  la  ciencia. 

De  todos  era  ya  conocido  el  lastimoso  estado  económico  de 
las  Escuelas,  pues,  cuando  la  Nación  se  incautó  de  sus  bienes 
para  administrarlos  por  su  cuenta,  la  precaria  situación  de  la 
Universidad  de  Oviedo  era  la  siguiente,  como  consta  del  «Re- 


tí)    A  rcfcivo  de  la  Universidad. — Claustro  de  2  de  Mayo  de  1837. 

(3)  Cesaron  las  exenciones  de  sorteo  y  facilidad  de  poner  sustitutos  á  los  estudiantes 
•quintos*  y  concluyeron  también  aquellos  cambios  y  abusos  de  años  de  carrera  militar  por  años 
académicos,  que  fué  cosa  ce rricnte  en  muchos  acuerdos  claustrales  desde  la  guerra  de  la  Inde- 
pendencia hasta  la  guerra  civil  inclusive. 

(3)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  24  de  Octubre  de  1838 


—  i86  — 

sumen  de  propiedades,  rentas,  censos  y'  demás  derechos  de  los 
establecimientos  literarios  españoles»: 


i 


RENTAS  QUE  SE  PAGAN  AL 
CORRIENTE 

Valor               Renta 
capital               anual 

RENTAS  NO  CORRIENTES  AUNQUE 
SCN  COBRADLES 

Valor                   Renta 
capital.                  anual 

RENTAS 

Valor 
capital 

INCOBRARt.RS 

Renta 
anual 

293,707 

9,573 

154,319,16 

1,514 

J» 

16,843,16 

Y  como  la  necesidad  es  muchas  veces  causa  de  discordia,  en 
Oviedo  apareció  ésta  y  por  Orden  de  3  de  Mayo  de  1842  de  la 
Dirección  general  de  Estudios,  se  nombró  visitador  de  la  Es- 
cuela al  Jefe  superior  político  de  la  provincia  para  aclarar  cier- 
tas desavenencias  entre  el  Rector  y  Claustro,  pidiéndole  el  co- 
nocimiento de  las  causas  y  origen  de  las  discordias  para  estir- 
parlas.  Se  le  autorizaba  para  indagar  las  intrigas,  enredos,  espí- 
ritu de  partido  ó  padrinazgo  entre  catedráticos  y  también  para 
tomar  medidas  perentorias,  que  no  fueron  de  mucha  trascen- 
dencia. 

Era  resultado  de  la  división  local,  de  las  diferencias  políti- 
cas y  de  la  lucha  enconada,  que  venía  de  lejos,  como  queda  re- 
ferido; de  encontrados  sentimientos,  que  se  agitaron  más  durante 
la  guerra  civil  y  trascendían  á  las  corporaciones  como  el  Ayun- 
tamiento, Cabildo  Catedral,  Sociedad  Económica  y  Claustro 
Universitario,  cuyos  doctores  y  maestros  figurabau  en  aquellas 
tanto  de  uno  como  del  otro  partido.  En  el  pueblo  reinaban  tam- 
bién separaciones  vivas  de  opinión  con  cierta  trascendencia 
religiosa  en  días  en  que  había  pasado  por  aquí  el  protestante 
Jorge  Barrow;  cuando  todo  se  discutía  con  viveza  después  de  las 
invasiones  de  fuerzas  del  Pretendiente,  se  había  conmovido  la 
diócesis  con  la  división  del  Cabildo  y  clero  por  el  nombramien- 
to del  Obispo  electo  Sr.  Pérez  de  Necochea  como  Vicario  capi- 
tular y  Gobernador,  dando  origen  á  la  famosa  «causa  eclesiás- 
tica» y  á  dos  muy  discutidos  libros  en  1840  á  ella  referentes;  y 
cuando  vinieron  á  continuación  las  intolerancias  de  la  Junta 
provincial  y  las  varias  disposiciones  del  reformista  ministro  se- 
ñor Alonso,  el  admirador  y  editor  de  Campomanes. 

Un  decreto  de  1.°  de  Octubre  de  181-2,  dado  por  el  Regente 
"  *>,  refundió  en  una  Facultad  de  Jurisprudencia  las  dos 


h: 


-i87- 

de  Leyes  y  Cánones,  y  en  ella  se  hacía  detenidamente  durante 
diez  cursos  el  estudio  del  derecho  patrio,  que  aquí  puede  decirse 
no  apareció  hasta  1802.  Las  enseñanzas  eran  estas:  «Prolegó- 
menos del  Derecho;  Elementos  de  Historia  y  de  Derecho  roma- 
no»»;—  «Elementos  de  Historia  y  de  Derecho  Civil  y  Mercantil  de 
España»; — «Elementos  de  Derecho  Penal,  de  Procedimientos  y 
de  Derecho  Administrativo»; — o  Elementos  de  Historia  y  de  De- 
recho Canónico»^; -o Códigos  civiles  españoles,  el  de  Comercio 
y  los  de  Materia  criminal»; — «Historia  y  Disciplina  eclesiástica 
general,  especial  de  España  y  Colecciones  canónicas»; — «Dere- 
cho Político  Constitucional  con  aplicación  á  España,  y  Econo- 
mía política»; — o  Derecho  Natural  y  de  Gentes,  Tratados  y  rela- 
ciones diplomáticas  de  España»; — y  o  Principios  generales  de  le- 
gislación, Legislación  universal  comparada,  Codificación»). 

La  enseñanza  y  su  parte  material  recibieron  impulso  debido 
al  celo  del  Sr.  Alvarez  Arenas,  Rector  en  el  trieno  de  1843, 
pues  con  activa  solicitud  introdujo  variaciones  muy  convenien- 
tes para  fomentar  los  estudios,  como  preparación  de  radical 
reforma  universitaria  punto  de  partida  para  el  progreso  de  la  en- 
señanza. El  preparó  para  el  Gobierno  interior  del  Claustro  ove- 
tense, el  Reglamento  discutido  y  aprobado  en  1.°  de  Enero  de 
1814  con  las  obligaciones  del  Claustro  general,  Rector,  Doctores 
Secretario,  Bedel,  Portero  y  reglas  para  el  recibimiento  de  au- 
toridades y  otros  asuntos  interesantes,  á  los  que  ya  no  respon- 
dían los  anticuados  y  desconocidos  acuerdos  de  los  antiguos 
libros  de  actas  ó  claustros  (1). 

De  todas  suertes  el  estado  de  la  enseñanza  pública  en  Ovie- 
do, como  en  el  resto  de  España,  dejaba  mucho  que  desear.  Tris- 
te, pero  cierto,  es  el  cuadro  pintado  por  el  Sr.  Gil  y  Zarate  ex- 
presando la  postración  de  las  Universidades  españolas  antes  de 
la  obra  por  siempre  memorable  de  un  estadista  asturiano. 
Fué  el  plan  de  1845. 


(iJ  «Reglamento  intciior  del  Claustro  de  la  Universidad  de  Oviedo.— Imprenta  de  don 
1".  Pedregal,  impresor  de  la  Universidad,  1844»  -  «Instrucción  que  determina  las  obligaciones  del 
Héctor,  Decano  y  Empleados  de  la  Universidad  de  Oviedo  en  la  administracicn  económica  de 
cíte  Establecimiento  literario  .— (H"ja  suelta,  sin  pié  de  imprenta;  pero  fué  estampada  en  la  an- 
terior en  j  S48J. 


-r-  —."«■* 


-189- 


CAPÍTÜLO  X 


Reforma  de  las  Universidades  por  el  Ministro  Sr.  Pidal  en  1 84$.  —  Modificacio- 
nes posteriores.  — Revolución  de  1868. — La  Restauración. — Alteraciones  di- 
ferentes de  los  Estudios  en  la  Universidad  de  Oviedo,  segitn  los  frecuentes 
cambios  de  legislación  escolar. — Facultades  de  Filosofía  y  de  Filosofía  y  Le- 
tras: su  desaparición.  — Facultad  de  Ciencias;  sus  servicios  á  la  provincia;  su- 
presión y  renovación. — Facultad  de  Teología;  supresión,  restablecimiento  y 
terminación.  — Facultad  de  Jurisprudencia;  sus  vicisitudes  hasta  la  actual  de 
Derecho;  el  Doctorado;  antigua  Escuela  del  Notariado. — Otras  indicaciones 
sobre  la  enseñanza  universitaria  ovetense.— Matrícula.  — Cátedras  y  Acade- 
mias.— Disciplina.  —  Libros-  de  Texto;  programas  y  cuestionarios;  métodos. 
—  Exámenes. —Premios  y  Pensiones. — Material  de  Enseñanza. — Bibliotecas 
de  Facultad.— Gabinete  de  Física.—  Laboratorio  de  Química  — Antiguo  Jar- 
dín Botánico.  — Observatorio  astronómico,— Donativos. — Organización  y  per- 
sonal administrativos. — Presupuesto.  —  Consideraciones. 


No  se  ha  pretendido  en  este  humilde  libro  escribir  la  histo- 
ria de  la  Instrucción  pública  española,  porque,  según  su  título, 
en  propósito  más  limitado  se  intenta  solamente  bosquejar  ligero 
cuadro  con  las  vicisitudes  de  la  pública  enseñanza  en  Asturias. 
Por  tanto  no  cabe  detenerse  aquí  en  la  trascendental  obra  del 
sabio  Ministro  D.  Pedro  José  Pidal,  que  en  el  famoso  Plan  de 
1W5  reformó  radicalmente  las  Universidades  españolas,  consu- 
mando la  empresa  iniciada  en  los  tiempos  de  Carlos  III  y  prose- 
guida al  compás  de  las  alteraciones  nacionales  en  la  primera 
mitad  del  siglo  xix. 

La  ley  refrendada  por  el  Sr.  Pidal  ha  sido  muy  discutida  res- 
pecto á  su  intención,  á  su  alcance  y  resultados;  pero  no  debe 
dudarse  de  su  bondad  y  eficacia  y  de  ser  expresión  de  progreso 
cierto  para  la  cultura  del  país  detenida  y  enredada  en  las  mallas 
de  disposiciones  parciales  y  en  la  lucha  no  apagada  do  contra- 
rios bandos.  Dícese  del  insigne  reformador  que  no  llevaba  tan 
lejos  su  pensamiento  como  supone  el  Sr.  Gil  y  Zarate,  historia- 


_  190  — 

dor  del  plan,  y  que  él  entendió  de  otra  manera  las  bases  funda- 
mentales del  mismo  ó  secularización  y  libertad  de  la  enseñanza, 
gratuidad  de  la  misma  y  centralización  administrativa  de  sus 
organismos.  Ciertamente  que  la  secularización  ya  venia  de  más 
lejos,  del  Ministro  Roda,  deshaciendo  los  Colegios  mayores,  y  de 
los  planes  de  1807,  1821  y  1836,  cuyo  espíritu,  mejorado,  se  si- 
guió por  el  Ministro  asturiano,  que  en  los  otros  principios  dio 
cuerpo  y  vida  á  las  ideas  de  los  partidos  victoriosos  en  la  guerra 
civil,  procurando  también  imitar  y  seguir  las  reformas  francesas 
en  su  desenvolvimiento  y  reglamentación,  apartándose  bastante 
de  la  tradición  universitaria  española.  Más  no  cabía  hacer  otra 
cosa  ante  la  decadencia  de  nuestras  aulas,  pues  era  urgente  sa- 
carlas de  su  postración  como  se  justifica  en  el  notabilísimo 
preámbulo  del  plan,  que  fué  seguido  por  disposiciones  comple- 
mentarias y  reglamento  de  Septiembre  de  1845. 

Abarca  las  diversas  clases  de  enseñanza,  secundaria,  mayor, 
superior  y  especial;  sus  varios  establecimientos  públicos  ó  priva- 
dos; el  profesorado  de  Regentes  y  catedráticos  mejor  dotados;  y 
todo  bien  desenvuelto  en  reglas  detalladas  extremando  el  ex- 
píritu  burocrático,  centralizador  y  autoritario,  que  desde  enton- 
ces va  unido  á  todas  las  reformas  académicas. 

Sin  razón  ni  motivo  y  con  ese  afán  de  tejer  y  destejer  en  la 
Administración  española,  la  obra  de  1845  fué  modificada  por  si- 
guientes ministros  en  1847  por  el  Sr.  Pastor  Díaz,  en  1850  por 
el  Sr.  Seijas  Lozano  y  en  1852  por  el  Sr.  González  Romero,  que 
no  mejoraron  con  sus  planes  y  respectivos  reglamentos  la  dicha 
del  Sr.  Pidal  y  se  limitaron  á  detalles  y  alteraciones  de  escasa 
trascendencia,  particularmente  en  la  enseñanza  universitaria. 
Carácter  más  amplio  y  organización  más  completa  tuvo  de  nue- 
vo la  Instrucción  Pública  con  la  ley  famosa  de  1857  debida  al 
ilustre  Ministro  de  Fomento  Sr.  Moyano,  desenvolviendo  la  obra 
de  una  comisión  por  él  elegida  al  efecto  y  de  la  que  formaron 
parte  dos  antiguos  catedráticos  de  la  Escuela  ovetense,  señores 
D.  José  de  Posada  Herrera  y  D.  Francisco  de  Tames  Hevia.  Aun- 
que no  exenta  de  lunares  esta  obra  ecléctica,  tuvo  más  acepta- 
ción y  duración  que  las  anteriores  y  es  como  un  resumen  de  to- 
do lo  hecho  hasta  entonces  desarrollado  bajo  los  principios  doc- 
trinarios del  partido  imperante.  Y,  sin  embargo,  fué  sospechosa 


tal  ley,  no  pasados  dos  lustros,  y  en  ella  puso  mano  el  Ministro  y 
docto  catedrático  Sr.  Catalina  cuando  aquellos  23  decretos  de 
extremoso  sentido  reaccionario  con  que  pretendió  refrenar  la 
marcha  progresiva  de  las  cátedras  y  guiar  la  enseñanza  á  los 
unes  de  aquella  intolerante  situación  política,  precursora  de  la 
Revolución. 

El  alzamiento  nacional  de  Septiembre  de  1 868  sacudió  al 
país  de  un  modo  radical  cambiando  las  instituciones  sóbrela 
base  firme  de  las  doctrinas  democráticas.  En  primer  término  y 
entre  las  más  importantes  se  proclamó  la  «libertad  de  ense- 
ñanza», que  fué  clibre  en  todos  sus  grados  cualesquiera  que  fue- 
re su  clase)  á  partir  del  Decreto  de  21  de  Octubre,  que  derogó 
las  reformas  del  Sr.  Catalina  y  restableció  con  sucesivas  modifi- 
caciones la  obra  del  Sr.  Moyano  para  llegar  á  ser  la  legislación 
escolar  un  enmarañado  conjunto  de  disposiciones  parciales. 

Y  todo  porque  en  aquellos  años  de  continua  agitación  políti- 
ca y  guerras  civiles,  bajo  el  Gobierno  provisional,  Monarquía 
de  la  casa  de  Saboya  y  la  República  faltaron  sosiego  y  concierto 
(como  siguen  faltando)  paro  obra  seria,  fundamental,  progresiva 
y  digna  por  la  que  suspira  la  nación.  Hubo,  si,  intentos  gene- 
rosos y  pasos  de  avance  respecto  á  la  enseñanza,  y  ésta  pudo  di- 
fundirse sin  aquellas  trabas,  un  día  y  otro  puestas  por  las  situa- 
ciones políticas  anteriores  á  1868.  Desde  entonces  tendió  la  Uni- 
versidad á  nueva  vida  de  exteriorización  social  y  á  mas  influen- 
cia pública  por  encima  de  secundaria  misión  en  el  otorgamiento 
de  diplomas  y  títulos. 

Siguieron  iguales  propósitos  cuando  la  situación  de  1874  y 
mas  desde  la  restauración  del  Rey  Alfonso  XII  á  quien,  bajo  la  re- 
gencia de  su  madre  la  Reina  viuda  D.a  María  Cristina  de  Habsbur- 
go,  sucedió  su  hijo  D.  Alfonso  XIII,  monarca  actual,  declarado 
mayor  de  edad  en  1902. 

Ni  para  compendiar  siquiera,  á  partir  de  las  disposiciones  del 
ministro  Conde  de  Toreno,  hay  espacio  en  estas  páginas  enume- 
rando las  muchas  disposiciones  en  el  ramo  de  la  Instrucción  ni 
los  varios  proyectos  intentados  con  objeto  de  unificarla  y  des- 
envolverla, cual  se  ha  procurado  con  proyectos  de  ley,  bases  y 
comisiones  á  fin  de  lograr  uno  ó  varios  códigos  académicos  don- 
de se  fomente  la  enseñanza  á  la  manera  que,  con  mayor  ven- 


—  192— 

tura,  lo  han  conseguido  otros  pueblos.  Dentro  de  las  reformas 
fragmentarias  con  que  se  vienen  verificando  los  cambios,  recti- 
ficándose unos  á  otros,  deben  mencionarse  aquí,  como  conti- 
nuadoras de  los  planes  generales  y  R.  D.  de  1842,  aquellas  mo- 
dificaciones que  en  más  ó  en  menos  afectaron  á  la  Escuela  ove- 
tense como  los  RR.D  D.de  1880, 1883  y  1884,  refrendados  por 
los  Ministros  Sres.  Lasala,  Gainazo,  Marqués  de  Sardoaly  Pidal 
y  Mon  (D.  Alejandre)  siendo  vigente  el  último,  modificado  en 
parte  por  el  Sr.  García  Alix,  primer  ministro  de  Instrucción  Pú- 
blica y  Bellas  Artes,  en  1900. 

A  tenor  de  las  disposiciones  que  van  citadas  cambió  el  cua- 
dro de  enseñanzas  de  la  Universidad  de  Oviedo,  moldeada  en  la 
organización  general  impuesta  á  todas  las  subsistentes  por  el 
primer  Marqués  de  Pidal.  En  1845  conservó  los  estudios  de  Fi- 
losofía, Jurisprudencia  (leyes  y  cánones)  y  Teología;  perdió  estos 
últimos  en  1852,  y  los  recuperó  en  1857  cuando  cambió  los  de 
Filosofía  por  los  llamados  de  Filosofía  y  Letras  y  de  Ciencias,  que 
desaparecieron  en  seguida;  en  1867  quedó  la  Universidad  redu- 
cida á  una  mera  Escuela  de  Derecho  Civil,  que  unió  al  Canónico 
de  1868;  y  en  1895  de  nuevo  abrió  de  aulas  para  las  Ciencias 
exactas. 

La  Facultad  de  Filosofía,  continuadora  de  la  antigua  de 
Artes,  estaba  constituida  desde  1845  de  un  periodo  elemental  ó 
segunda  enseñanza  (bachillerato)  y  de  otro  de  Ampliación,  subdi- 
vidido  en  dos  secciones  de  Letras  y  Ciencias  como  preparación 
para  determinadas  carreras. 

En  la  reforma  inmediata  del  Sr.  Pastor  Díaz  (ya  separados 
los  Institutos)  fueron  cuatro  las  secciones  en  dos  grupos  de  Lite- 
ratura y  Ciencias  filosóficas,  y  de  Ciencias  físico-matemáticas  y 
Ciencias  naturales,  cambiando  las  filosóficas  por  la  Adminis- 
tración en  los  decretos  de  los  Sres.  Leijas  Lozano  y  Romero. 
Ahora  bien,  del  período  propio  de  Facultad  no  tuvo  Oviedo  to- 
da la  plantilla  del  profesorado,  que  pedía  la  reforma,  y  se  dio 
la  enseñanza  uniendo  diferentes  asignaturas  y  otorgándose  algu- 
nos grados  de  un  modo  precipitado.  Predominaban  los  estudios 
especulativos,  históricos,  literarios  y  filológicos,  apartados  aque- 
llos de  la  estrechez  y  escasas  miras  á  que  les  había  reducido  la 
dialéctica  escolástica,  tomando  el  nombre  de  Facultad  de  Fi- 


w 


—  193  — 

losofia  y  Letras  en  1857,  separada  de  la  de  Ciencias,  y  aquí 
se  autorizó  solamente  el  grado  de  bachiller  siendo   necesario 
para    terminar  la  carrera  recurrir  á  la   Universidad   Central. 
Esta  medida  contribuyó  á  disminuir  la  matrícula  que,  por  otra 
parte,  nunca  fué  numerosa,  viviendo  á  favor  de  la  simultanei- 
dad,  y  porque  determinadas  asignaturas  se  cursaban   en  año 
preparatorio  para  Derecho.  Ofrecía  á  sus  cursantes  escasas  colo- 
caciones, pues  mirando  la  ciencia  bajo  un  fin  práctico  y  econó- 
mico, ni  el  profesorado  se  juzgó  aliciente  bastante,  ni  los  desti- 
nos en  Archivos  y  Bibliotecas  se  creyeron  suficiente  recompensa; 
más  en  verdad  que  la  permanencia  de  la  facultad  en  Oviedo 
levantó  el  gusto  literario,  inició  los  estudios  filosóficos  y  propagó 
el  conocimiento  de  las  lenguas  sabias.  Nunca  pudo  su  profeso- 
rado completarse  con  catedráticos  propietarios,  como  prescribía 
la  ley,  teniendo  que  recurrir  á  encargados  y  auxiliares  que  lle- 
naron muy  cumplidamente  su  cometido.  Obedeciendo  las  órde- 
nes de  la  Superioridad,  el  Decano  Sr.  Delgado  remitió  en  1860 
un  informe  sobre  el  orden  y  método  de  tales  estudios,  lenguísti- 
cos,  literarios,  históricos  y  filosóficos  con  muy  atinadas  observa- 
ciones ante  el  cuadro  limitado,  que  aquí  tenían  tales  enseñanzas, 
desaparecidas,  sin  razón  ni  motivo  cuando  la  reforma  del  señor 
Catalina. 

Los  estudios  de  Ciencias  habían  tenido  buen  auxilio  con  las- 
cátedras  experimentales  de  la  Sociedad   Económica  de  Amigos 
del  País,  que  sirvieron  de  única  base  universitaria  cuando  la  ley 
de  1845  las  dio  carácter  académico.  Desde  1845  á  1852  no  fal- 
taron alumnos  matriculados  en  esta  enseñanza  donde,  en  gene- 
ral, fué  escasa  la  concurrencia,  aunque  se  simultaneaba  con  las 
otras  carreras  y  servía  de  preparación  para  las  de  Medicina  y 
Farmacia.  Descendió   la  matrícula  cuando  exigiéndose  ciertos 
requisitos  no  los  alcanzaban  los  artesanos,  industriales,  propie- 
tarios, mecánicos,  telegrafistas  y  otros  á  quienes  eran  útiles 
aquellos  conocimientos.  De  nada  sirvió  que  la  ley  de  1857  las 
diese  mas  importancia  elevándolas  á  Facultad  independiente 
desde  una  Sección  en  ía  de  Filosofía,  porque,   si  solamente  se 
atiende  al  número  de  estudiantes,  tuvo  lánguida  vida  hasta  el 
decreto  de  1860  en  que  fueron  suprimidos  en  esta  Universidad, 
quedando  los  más  de  los  profesores  agregados,  en   comisión,  al 


—  194  — 

Instituto  provincial,  donde  continuaron  prestando  grandes  ser- 
vicios á  Asturias. 

Aunque  fué  tan  fugaz  el  primer  periodo  de  la  Facultad  de 
Ciencias  en  la  Universidad  de  Oviedo  fueron  grandes  las  utilida- 
des que  prestó  á  la  provincia.  Ella  despertó  la  industria  minera 
asturiana  analizando  gratuitamente  el  cinabrio,  los  plomos  ar- 
gentíferos, la  calamina,  el  cobre  y,  particularmente,  los  hierros 
y  carbones  de  nuestras  cuencas.  A  instancia  de  los  Gobernado- 
res y  Diputación  provincial  se  conocieron  las  aguas  minerales 
del  país  y  con  especialidad  la  de  sus  casas  balnearias;  el  Muni- 
cipio de  Oviedo  tuvo  calificadas  las  aguas  potables  de  la  pobla- 
ción; los  Hospitales  y  Cárceles  apelaron  también  al  análisis  para 
precaverse  de  toda  adulteración  en  los  alimentos;  el  Gobierno 
eclesiástico  utilizó  las  ciencias  esperimentales  sobre  las  sustan- 
cias destinadas  al  culto;  y  los  Tribunales  de  justicia  hallaron,  en 
la  respuesta  á  sus  exhortos,  modo  de  esclarecer  ciertas  cuestio- 
nes y  de  probar  muchos  hechos  por  medio  de  operaciones  de 
reacción,  toxicológicas  y  esperimentales. 

Brevemente,  en  la  Memoria  universitaria  de  1858  á  1860,  se 
reseñan  otros  trabajos  de  aquellos  catedráticos.  El  Decano  señor 
Salmean  sorprendió  por  medio  de  la  acción  química  la  falsifica- 
ción de  un  vale  de  crecida  suma,  dificultad  insuperable  al  simple 
criterio  legal.  El  mismo  profesor,  destinado  á  la  enseñanza  de 
Física,  fué  el  primero  en  nuestras  Universidades  que  se  dedicó 
á  los  importantes  trabajos  de  las  Observaciones  meteorológicas, 
que,  desde  entonces,  imprimió  y  publicó  facilitando  interesantes 
datos  á  la  prensa  y  al  público  para  e)  conocimiento  físico  del 
clima  y  útiles  aplicaciones  á  la  agricultura.  El  catedrático  de 
Química  Sr.  Bonnet  y  Bonfill,  observando  las  varias  algas  marinas 
que  salen  á  nuestras  costas,  hizo  conocer  su  riqueza  estrayendo 
de  ellas  el  yodo,  trabajo  considerado  por  el  Gobierno  como  un 
mérito  en  la  carrera  de  tan  entendido  maestro.  El  Sr.  Luanco 
estrajo  del  orujo  de  la  manzana  gas  de  alumbrado,  de  cuyo  des- 
cubrimiento se  ocupó  la  prensa  de  Francia,  y  además  publicó 
una  «Memoria  sobre  la  elaboración  de  la  sidra»,  como  bebida  al- 
cohólica que  representa  una  considerable  riqueza  en  el  país.  El 
profesor  de  Historia  natural  Sr.  Pastor,  López  obtuvo  el  premio 
del   concurso  anunciado  en    1852  por  la   Academia   nacional 


—  195  — 
de  Ciencias,  por  su  «Memoria  Geognóstieo  agrícola  de  la  pro- 
vincia de  Asturias»;  y  posteriormente  publicó  unos  «Ensayos sobre 
la  Fauna  Asturiana»,  y  varios  artículos  acerca  de  la  florescencia 
de  los  árboles.  El  que  le  sucedió,  D.  Luis  Pérez  Minguez,  conti- 
nuó iguales  publicaciones;  la  supresión  de  la  Facultad  le  sorpren- 
dió en  sus  trabajos  de  la  Flora  de  Asturias  y  poco  después  publicó 
el  Manual  del  «Agricultor  asturiano»,  sosteniendo  en  los  periódi- 
cos sus  observaciones  y  estudios.  Con  tales  profesores  trabajó  el 
célebre  Schulz. 

En  1860  fué  la  de  Oviedo  la  primera  Universidad  de  España 
que,  por  medio  del  péndulo  de  Mr.  Foucault,  demostró  el  movi- 
miento rotatorio  de  la  tierra  con  el  aparato  colocado  en  la  capi- 
lla del  Establecimiento,  donde  los  Sres.  Salmean  y  Terrero  hi- 
cieron los  mas  bellos  experimentos  ante  numerosa  y  escogida 
concurrencia.  Para  mejor  conocimiento  de  los  asistentes  se  re- 
partió un  impreso  con  todas  las  necesarias  esplicaciones,  y  fué 
muy  notable  este  suceso,  del  que  se  ocuparon  con  elogio  la  pren- 
sa de  la  corte  y  provincias.  Y  en  1902  se  repitió  en  París,  comu- 
nicando el  telégrafo  y  prensa  franceses  aquella  novedad... 

Los  útiles  de  tal  facultad  se  aprovecharon  para  el  Instituto. 
Sus  dispersos  catedráticos  se  reunieron  en  esta  capital  cuando 
el  notable  eclipse  de  sol  de  18  de  Julio  de  1860  para  las  obser- 
vaciones realizadas  en  el  Jardín  Botánico,  y  acaso  en  ninguna 
otra  comarca  de  España  se  hicieron  tan  acertadas  y  dignas  de 
ser  tantas  veces  citadas  en  varios  trabajos  astronómicos. 

El  movimiento  industrial,  fabril  y  agrícola,  que  hoy  agita  al 
antiguo  Principado,  reclamaba  un  día  y  otro  el  restablecimiento 
de  una  facultad  que  dio  tan  felices  resultados,  teniendo  también 
ahora  mas  aliciente  y  mejor  porvenir  que  antes  los  que  se  dedi- 
quen á  las  ciencias  exactas,  físicas  y  naturales  cuyo  estudio,  por 
lindóle  especial,  tanto  necesita  del  auxilio  y  medios  del  Estado. 
Esto  se  debió  al  entusiasmo  y  celo  del  sabio  Rector  Sr.  Aram- 
buru,  que  recabó  el  patriótico  concurso  de  la  Diputación  pro- 
vincial (sucesora  en  buena  ley  de  aquella  antigua  Junta  General 
á  la  que  tanto  debió  la  Universidad)  y  del  Ayuntamiento  de 
Oviedo,  que  por  mitad  sufragan  dichas  enseñanzas.  De  esta  suer- 
te se  restauró  en  Oviedo  la  Facultad  (Sección)  de  Ciencias  Fisico- 
matemáticas por  R.  O.  de  9  de  Julio  de  1895. 


—  196  — 

Comprendió  desde  luego  los  estudios  de  las  asignaturas  si- 
guientes: «Análisis  matemático»  (1.°  y  2.°  curso),  «Geometría 
analítica»,  «Cosmografía»,  o  Física  o,  «Química  general»,    «Zoo- 
logía», «Mineralogía  y  Botánica»  y  «Dibujo  lineal  y  topográfico*. 
Encargáronse  interinamente  del  desempeño  de  estas  asignaturas 
los  catedráticos  del  Instituto  Sres.  Jimeno,  Martin  Ayuso,  el  au- 
xiliar Sr.  Iraola,  los  Arquitectos  Sres.  La  Guardia  y  Bellido  y  el 
Sr.  Redondo,  único  profesor  interino  que  continua  por  haberse 
suprimido  la  asignatura  de  «Dibujo  lineal  y  topográfico»  convir- 
tiéndose en  la  de  o  Dibujo  geométrico  y  artístico»,  que  solo  de  un 
modo  provisional  ha  sido  establecida  hasta  dar  lugar  á  que  los 
alumnos  la  traigan  aprobada  del  Instituto.  Fué  después  designado 
definitivamente  por  concurso  el  personal  de  auxiliares,  entre  Jos 
que  han  figurado  los  Sres.  Nacher  y  Barras;  hoy  siguen  los  se- 
ñores Molina,  Martínez  y  Fernández  Castillo,  y  fué  también  con- 
siderado como  auxiliar  el  ex-ayudante  nombrado  por  oposición 
Sr.  Entio.  Sucesivamente  fué  nombrado  el  personal  de  numera- 
rios, algunos  ya  trasladados  á  otras  Universidades  como  los 
Sres.  Izquierdo,  Hernández  y  Aparicio,  continuando  ahora  los 
Sres.  Urios,  Mur  y  Ainsa,  Fernández  Echavarría  y  Rioja.    Con 
motivo  de  la  reforma  de  los  Estudios  de  Ciencias  por  R.  D.  de  4 
de  Agosto  de  1900  y  siguiente  R.  0.  de  28  de  Septiembre  se  su- 
primió la  asignatura  de  oCosmografía  y  Física  del  Globo»  de  que 
era  catedrático  numerario  al  Sr.  Fernández  Echavarría,  y  hallán- 
dose entonces  vacantes  las  de  («Análisis  matemático»  (1.°  y  2.° 
curso)  se  le  nombró  catedrático  de  la  de  primer  curso,  desempe- 
ñando la  de  segundo  como  acumulada.   Así  mismo  al  Sr.  Mur, 
catedrático  de  «Geometría  métrica  y  geometría  analítica»,  y  al 
Sr.  Rioja  que  lo  era  de  «Zoología  general»  y  de  « Mineralogía  y 
Botánica»  se  les  consideró  como  catedráticos  de  una  de  lasde  su 
cargo  desempeñando  la  otra  en  concepto  de  acumulada.  Supri- 
mióse la  asignatura  de  «Dibujo  lineal  y  topográfico»,  y  se  esta- 
blecieron las  ociases  prácticas»  en  las  diversas  asignaturas. 

Muy  de  sentir  es  que,  correspondiendo  á  los  esfuerzos  de  la 
Diputación  y  Ayuntamiento  de  Oviedo,  el  Estado  no  organice  de 
un  modo  completo  los  estudios  de  Ciencias  en  la  Universidad 
ovetense,  pues  en  esta  provincia,  muy  especialmente,  son  de  in- 
mediata aplicación  los  conocimientos  fisíco-matemáticos.  Debe, 


—  197  - 

así,  completarse  tal  facultad,  con  mas  Secciones  de  las  ciencias 
exactas,  físicas,  químicas  y  naturales,  que  tanto  pueden  auxiliar 
al  moderno  movimiento  industrial  y  agrícola  de  Asturias. 

La  Facultad  de  Artes  (dividida  después  en  las  de  Filosofía  y 
Ciencias,  literarias  y  exactas,  que  quedan  reseñadas)  daba  su 
principal  contingente  para  la  Facultad  de  Teología  en  la  an- 
tigua vida  universitaria.  Su  organización  y  enseñanzas  primeras 
pueden  verseen  los  Estatutos  viejos  y  en  el  plan  de  1774,  y  así 
continuó  hasta  las  reformas  del  siglo  pasado  alcanzado  su  cua- 
dro más  completo  en  la  organización  del  Sr.   Pidal  en  1845, 
pues  fueron  cercenadas  y  agrupadas  las  materias  en  los  cambios 
de  1847  á  1850.  Después  de  un  curso  preparatorio  de  Literatura 
y  composición  latina,  Literatura  española  y  ampliación  de  Filo- 
sofía, la  carrera  teológica  abarcaba  ocho  cursos  con  las  asigna- 
turas de  «Fundamentos  de  la  Religión»,   «Lugares  Teológicos», 
«Sagrada  Escritura»,  «Teología  dogmática,  especulativa  y  prác- 
tica», «Teología  Moral»,   «Oratoria  Sagrada»,  «Historia  é  Insti- 
tuciones de  Derecho  Canónico.»,  «Historia  eclesiástica  general  y 
particular  de  España»,  «Influencia  del  Cristianismo  en  la  Socie- 
dad civil»,  «Disciplina  general   de  la  Iglesia  y  particular  de  Es- 
paña», «Colecciones  canónicas»  (alguna  de  estas  materias  se 
cursaban  en  la  sección  de  Cánones  de  la   Facultad  de  Jurispru- 
dencia) «Lengua  griega»  y  «Lengua  hebrea». 

Desde  la  creación  de  la  Escuela  fué  tal  Facultad  el  nervio  de 
mas  vida  en  su  existencia  y  era  en  su  bjason  literario  el  cuartel 
mas  notable.  Había  mejorado  completamente  la  condición  mo- 
ral de  la  provincia,  trasformando  é  ilustrando  su  clero,  y  con 
esta  consideración,  cuando  fué  suprimida  por  R.  D.  de  21  de  Ma- 
yo de  1852,  la  Diputación  provincial,  el  Ayuntamiento  de  Ovie- 
do y  el  Claustro  universitario  acudieron  al  Gobierno  pidiendo 
su  reposición,  que  fué  alcanzada  con  el  art.  13  de  la  ley  de 
1857.  Mas  habían  variado  las  circunstancias,  y  el  segundo  perío- 
do de  las  cieucias  teológicas  en  Oviedo  no  fué,  ni  con  mucho, 
tan  feliz  como  el  primero,  ya  por  la  escasez  de  alumnos  ya  por 
el  vicioso  arreglo  déla  Facultad,  cuya  organización  estaba  apla- 
zada. Su  programa,  determinado  conforme  al  Reglamento  de  28 
de  Septiembre  de  1851,  no  era  el  suficiente  ni  lo  fué  con  la  di- 
cha ley  de  1857,  que  no  hizo  novedad  en  los  estudios  esperando 


—  198  — 

el  planteamiento  definitivo  de  los  Seminarios  Conciliares;  y  hasta 
al  personal  de  la  carrera  compuesto  de  auxiliares  y  encargado? 
de  reconocida  capacidad,  faltábale  el  requisito  de  la  propiedad 
y  de  la  estabilidad,  que  tanto  convienen  á  la  enseñanza  y  real- 
zan la  importancia  académica  de  una  Facultad.  Aun  así  hubo  al- 
gunas mudanzas  hasta  que,  por  R.  D.  de  19  de  Julio  de  1867, 
fué  suprimida  difinitivamente  la  Facultad  de  Teología  y  fueron 
declarados  cesantes  los  sustitutos,  quedando  excedente  el  cate- 
drático numerario  Sr.  Fernández  Cardin.  En  los  primitivos  tiem- 
pos fué  numerosa  la  matrícula  dé  esta  enseñanza.  Pais  pobre  y 
de  mucha  población  el  de  Asturias,  que  necesita  numeroso  clero 
parroquial  y  que  contaba  además  con  muchos  beneficios  ecle- 
siásticos, dio  cursantes  teólogos  á  la  sombra  de  privilegios  y 
esenciones.  Cuando  éstas  cesaron  y  se  estableció  el  Seminario 
diocesano  ovetense;  cuando  en  éste  fué  menos  costosa  la  matrí- 
cula y  se  encontraron  los  seminaristas  con  requisitos  y  trabas 
para  cursar  y  graduarse  en  la  Teología  universitaria  (1)  dismi- 
'  nuyó  la  concurrencia,  no  obstante  la  justa  reputación  que  en  la 
provincia  y  fuera  de  ella  alcanzaron  los  teólogos  de  la  Universi- 
dad de  Oviedo,  de  donde,  como  queda  escrito,  salió  un  clero  in- 
teligente y  virtuoso. 

Si  cierta  y  relativa  importancia  de  las  Escuelas  está  en  la 
extensión  de  los  estudios  y  en  el  número  de  sus  Facultades,  es 
indudable  que  la  de  Oviedo  descendía,  por  mas  que  en  sus  otras 
enseñanzas  se  mantuviese  á  la  altura  de  su  crédito  antiguo,  co- 
mo aconteció  con  las  jurídicas. 

En  los  planes  de  184-5  é  inmediatos  se  conservó  en  este  Es- 
tablecimiento la  Facultad  de  Jurisprudencia  de  1842  con  el 
estudio  del  Derecho  civil  y  Canónico,  que  formaron  dos  seccio- 
nes en  1857,  de  nuevo  refundidas  en  1858  en  una  de  Derecho 
civil  y  canónico  adjudicada  á  Oviedo;  pero  no  lp  otra  del  Admi- 
nistrativa. Hasta  casi  ayer  fué  con  pequeña  interrupción  la  ense- 
ñanza aquí  principal  bajo  la  dirección  durante  muchos  años 
del   ilustrado   Decano    y    antiguo    catedrático  D.   Juan  D.  de 


(i  i  En  las  vigentes  cnnstitnciones  sinodales  ovetenses  se  prohibe  á  todos  los  sácerdottss 
con  recuerdo  de  la  excomunión  canónica,  que  se  matriculen,  cursen  ó  sufran  exáivencs  de  Juris, 
prudencia,  Física  y  Química,  Filosofía  y  Letras  y  Medicina  en  las  Universidades  seculares,  si  no 
obtienen  previo  permiso  de  la  Silla  apostólica  {Sinódo  diocesano  de  Oviedo  celebrado  en  18S0. — 
Madrid  i887). 


L. 


-*9$- 

Aramburu.  Celoso  por  mas  completa  instrucción  en  tal  Facultad, 
elevó  al  Gobierno  dos  autorizados  informes  en  1859  y  1861  so- 
bre las  reformas  que,  á  su  juicio,  debían  introducirse  en  los 
estudios  jurídicos.  Consideraba  muy  escaso  el  tiempo  destinado  á 
«Derecho  Civil,  Común  y  Foral  español»,  que  pudiera  ampliarse 
reduciendo  á  uno  los  dos  años  del  «Derecho  romano»,  porque  sin 
desconocer  la  grandísima  importancia  y  filosofía  de  esta  asigna- 
tura, es  indudable,  decía,  que  muchas  de  sus  materias  hijas  de 
sutilezas  de  escuela  no  pueden  aplicarse  á  nuestro  estado  social, 
que  va  creando  condiciones  legales  inexplicables  por  la  muerta 
civilización  de  aquel  imperio  poderoso,  mientras  que  por  varias 
causas  y  la  implantación  del  nuevo  sistema  hipotecario  se  modi- 
ficaba todo  el  Derecho  Civil,  cuya  enseñanza  debía  extenderse  en 
mas  cursos.  Y,  á  este  tenor,  aconsejaba  otros  atinados  cambios, 
que  se  han  realizado  modernamente. 

La  reforma  del  ministro  Sr.  Catalina  en  1866,  de  nuevo  di- 
vidió la  Facultad  jurídica  en  tres  secciones  de  «Derecho  civil», 
«Canónico»  y  «Administrativo»  dejando  en  Oviedo  tan  solo  la 
primera,  y  en  su  más  mínimum  espresión  el  cuadro  pedagógico 
ovetense,  que  vino  á  ser  de  una  «particularidad»  en  vez  de 
Universidad;  pero  aquel  plan  reaccionario,  que  en  otros  extre- 
mos tuvo  determinados  aciertos,  fué  inmediatamente  derogado 
cuando  la  Revolución  de  Septiembre,  restableciéndose  la  orga- 
nización déla  Facultad  de  Derecho  como  venía  siendo  desde  la 
reforma  del  Sr.  Moyano 

En  25  de  Octubre  de  1868  se  decretó  el  programa  de  Liber- 
tad de  Enseñanza,  y  en  el  artículo  41  se  organizó  la  Facultad  de 
Derecho  en  las  dos  antiguas  secciones  de  «Civil  y  *  Canónico»  y 
de  «Administrativo».  Volvió  la  Escuela  á  tomar  nuevo  vigor  y 
mascón  el  establecimiento  del  doctorado,  de  años  atrás  existente 
en  Madrid  con  desmedido  espíritu  centralizador. 

Recordando  la  protección  que  la  antigua  Junta  general  del 
Principado  dispensará  siempre  á  la  Universidad,  allí  acudió  ésta 
deseando  nueva  creación  de  la  Facultad  de  Filosofía  y  Letras  y 
estudios  del  Doctorado  en  Derecho  con  arreglo  al  artículo  20 
del  Decreto  de  14  de  Enero,  limitándose  á  esta  última  pretensión, 
cuando  fué  suprimido  el  grado  de  bachiller  en  Letras.  En  Octubre 
de  1870  accedió  la   provincia,  no  obstante  la  penuria  de  su 

14 


—  200  — 


caja  exhausta  por  mil  atenciones  y,  en  particular,  con  la  crea- 
ción del  batallón  de  Covadonga,  que  fuéá  Ultramar  á  combatir 
por  la  integridad  del  territorio.  No  sacadas  á  oposición  las  cá- 
tedras del  doctorado,  la  Diputación  satisfacía  una  gratificación  á 
los  profesores  que  esplicaban  «Filosofía del  Derecho»,  («Legisla- 
ción comparada»  é  «Historia  de  la  Iglesia».  Siguió  esta  enseñan- 
za todavía  hasta  1875  en  que  la  política  restauradora  fue  tam- 
bién modificando  nuestros  Centros  de  enseñanza,  volviendo  al 
patrón  de  la  ley  de  1857  del  que  no  se  apartó  mucho  la  modifi- 
cación de  1880,  si  bien  ya  se  caminaba  á  más  completa  y  mejor 
ordenada  organización  de  dicha  facultad. 

Antes  de  pasar  adelante  se  debe  reseñar  aquí  la  antigua  «Es- 
cuela especial  del  Notariado». 

Con  el  nombre  de  «Estudios  superiores»  se  estableció  en 
Oviedo  en  1844  bajo  la  dependencia  é  inspección  de  la  Audien- 
cia territorial.  Incorporados  á  la  Universidad  por  R.  D.  de  20  de 
Agosto  de  1851,  tuvieron  consideración  académica;  suprimidos 
en  1855,  volvieron  á  aparecer  en  1857;  y  determinó  la  R.  O.  de 
29  de  Abril  de  1862  que  sus  profesores  reconocieran  como  Di- 
rector y  Secretario  al  Decano  y  Secretario  de  Derecho,  sujetán- 
dose al  régimen  interior  de  esta  Facultad.  Los  cuatro  años,  que 
prescribía  el  R.-D.  de  23  de  Septiembre  de  1857  fueron  reduci- 
dos á  dos,  uno  teórico  y  otro  práctico,  introduciéndose  alteracio- 
nes en  los  programas  de  20  de  Septiembre  de  1858.  Los  dos  cur- 
sos eran  insuficientes  para  adquirir  la  conveniente  instrucción; 
pues  habiendo  necesidad  de  ocupar  la  mayor  parte  del  tiempo 
en  los  estudios  teóricos,  «Nociones  de  Derecho  Civil,  Mercantil 
y  Penal  de  España»,  no  quedaba  el  necesario  para  tratar  con 
amplitud  y  detenimiento  la  «Práctica  de  la  Redacción  de  instru- 
mentos públicos  y  Procedimientos  judiciales».  Cuando  menos,  y 
á  parte  de  otros  mas  estensos  conocimientos  jurídicos,  debió  or- 
denarse, y  no  privadamente  y  sin  formalidad,  un  adecuado  cono- 
cimiento de  la  Paleografía  nacional  y  someter  á  los  alumnos  á 
su  examen  en  los  ejercicios  finales  de  la  carrera,  á  fin  de  cercio- 
rarse de  que  poseían  este  conocimiento  interesante.  La  dicha 
R.  O.  de  18G2  determinó  la  forma  en  que  habían  de  redactarse  los 
expedientes  y  celebrarse  los  exámenes  de  reválida  para  el  ejer- 
cicio de  la  Fé  pública.  En  el  primer  periodo  de  la  Escuela  nota- 


rial  fué  de  consideración  el  número  de  estudiantes;  pero  en  el 
segundo,  preciso  es  confesar  que  es  muy  escaso.  No  se  necesita-  ! 

ha  al  principio  más  preparación  que  la  de  instrucción  primaria,  y  i 

después  se  requirió  el  grado  de  bachiller;  antes  había  fácil  coló-  ! 

cación,  una  vez  terminada  la  carrera;  y  más  tarde  fueron  necesa- 
rios otros  requisitos  y  cultura  para  tal  profesión  respetable,  de- 
seada  y  lucrativa.  . 

Esto  se  consiguió  desde  la  reforma  de  1883  en  que  de  una 
manera  acertada  y  más  completa  se  determinó  toda  enseñanza  ju- 
rídica formando  una  sola  Facultad  de  Derecho  en  que  se  refun- 
dieron las  Secciones,  unidas  un  día  y  otro  día  separadas,  pre- 
sentando  también  las  materias  con    la  debida  distinción,  vi- 
niendo al  cuadro  de  la  Facultad  otras  indebidamente  olvidadas 
hasta  entonces  y  que  no  debían  seguir  preteridas  dado  el  progre- 
so que  los  tiempos  modernos  imprimieron  á  tales  estudios.  Basta 
enumerar  las  asignaturas  distribuidas  en  seis  cursos  para  com- 
prender cuanto  más  aceptable  era  la  nueva  distribución  de  tan 
importante  Facultad,  reduciéndose  el  programa  de  los  Derechos 
Romano  y  Canónico  y  dando  entrada  al  Derecho  Internacional 
al  mismo  tiempo  que  se  separaban  el  Derecho  Mercantil  y  Penal 
que,  sin  razón  alguna,  se  enseñaban  juntos  en  un  mismo  año. 
Fueron  estas  las  materias:  «Principios  de  Derecho  Natural», 
«Historia  general  del  Derecho  Español»,  «Economía  política  y 
estadística » ; — « Derecho  Romano » , « Derecho  eclesiástico  general 
y  particular  de  España»),  «Hacienda  Pública»;  — «Derecho  Civil 
Español,  Común   y  Foral»  (primer  curso),   «Derecho  Político, 
Administrativo  y  Nociones  de  lo  Contencioso»  (primer  curso), 
«Derecho  Penal»  y  ((Procedimiento  Criminal»; — «Derecho  Civil 
Español,  Común  y  Foral»  (segundo  curso),  «Derecho  Político  y 
Administrativo  y  Nociones  de  lo  Contencioso»)  (segundo  curso), 
(Derecho  Internacional  Público»;  — «Derecho  Civil  Español,  Co- 
mercio y  Foral  (tercer  curso),  («Derecho  Mercantil  de  España  y 
de  las  principales  naciones  de  Europa  y  América»,  «Derecho 
Procesal  Español,  Civil  y  Administrativo»;— «Derecho   Interna- 
cional Privado»  y  «Teoría  y  Práctica  de  la  redacción  de  instru- 
mentos públicos  y  actuaciones  judiciales»). 

No  es  de  olvidar  que  al  estudio  de  Facultad  viene  precedien- 
do un  curso  preparatorio  tomado  de  otra  Facultad,  innecesario  á 


—  20i  — 

nuestro  modo  de  ver,  si  la  Segunda  Enseñanza  tuviera  la  exten- 
sión y  organización  debidas.  Cuando  la  precedente  reforma  áA 
Ministro  Sr.  Gamazo  se  dispuso  otra  preparación  con  estas  tre- 
asignaturas:  «Ampliación  déla  Psicología  y  Nociones  de  Ontolo- 
gía  y  Cosmología»,  «Reseña  histórica  de  las  principales  tran- 
formaciones  sociales  y/políticas  de  los  pueblos  europeos»  y  «Li- 
teratura Española  y  Nociones  de  Bibliografía  y  Literatura  juiía\ 
cas  de  España».  Entonces  también  y  muy  atinadamente  se  supri- 
mieron las  modestas  Escuelas  del  Notariado,  requiriéndose  para 
el  titulo  de  aptitud  de  Fé  pública  más  conocimientos  por  medio 
de  las  asignaturas  de  Derecho  Romano,  Canónico,  Civil,  Polüi- 
co,  Administrativo  y  Mercantil  de  España,  Internacional  Priva- 
do y  la  Redacción  de  instrumentos  y  actuaciones  públicas. 

A  esta  nueva  plantilla,  recibida  con  aplauso,  se  ajustó  en 
Oviedo  la  Facultad  de  Derecho.  No  tuvo  vida  la  innovación  de 
Enero  de  188í  que,  en  realidad  no  variaba  sustancialmenle  el 
plan  anterior,  si  bien  impuso  á  los  alumnos  la  conveniente  obli 
gación  de  aprobar  la  ^Medicina  legal»;  y  fué  reemplazado  por  h 
de  14  de  Agosto  del  mismo  año,  que  redujo  á  dos  los  cursos  do 
Derecho  Civil  Español  y  en  otros  dj5  agrupó  los  Procedimiento? 
•bajóla  denominación  de  «Derecho  procesal  Civil,  Penal,  Canó- 
nico y  Administrativo  y  Teoría  Práctica  de  Redacción  de  insfru 
mentos  públicos».  Siguió  y  signe  englobada  la  carrera  del  No- 
tariado en  la  Facultad  de  Derecho  y  cambió  el  año  preparatorio 
con  las  asignaturas  de  «Metafísica»,  «Literatura  general  y  Espa- 
ñola» é  «Historia  crítica  de  España»),  que  son  de  la  Facultad  de 
Filosofía  y  Letras.  Por  último,  por  R  O.  de  2  de  Agosto  de  190) 
el  Ministro  Sr.  García  Alix  modificó  una  vez   mis  el  plan  de 
estudios  de  la  Facultad  de  Derecho,  que  constará  en  lo  sucesivo 
(hasta  que  se  dicte  otra  reforma)  de  dos  Secciones,  una  de  Dere- 
cho y  otra  de  Ciencias  Sociales,  esta  por  ahora   únicamente  en 
la  Universidad  de  Madrid  llamada  Central.  En  aquella  quedó  su 
primido  el  estudio  de  la  Estadística;  la  de  Derecho  Político  com 
prende  el    «Derecho  Político   Español  comparado  con   el  del 
Extranjero»;  y  la  de  «Derecho  Administrativo»  constituye  una 
enseñanza  independiente  del   anterior.  Fué  plausible  tal  refor- 
ma aunque,  detenida  por  obstáculos  económicos,  no  llevó  (como 
procedía)  la  nueva  Sección  á  todas  las  Universidades  con  sus 


—  203  — 
mportantes  estudios  de  Antropología,  Etica,  Estadística,  Derecho 
^omún  de  España  comparado  con  el  Foral,  Estudios  superiores 
le  Derecho  Penal  y  Antropología  Criminal,  Sociología,  Historia 
le  las  doctrinas  económicas,  Asociaciones  mercantiles  é  indus- 
iriales  é  Historia  de  la  Iglesia  y  del  Derecho  Canónico. 

Y  para  terminar  estas  noticias  relativas  á  la  Facultad  de 
Derecho,  liemos  de  mencionar  aquí  los  trabajos  que  se  le  enco- 
mendaron por  el  Gobierno;  uno  relativo  á  la  conveniencia  de 
establecer  tribunales  de  Comercio  en  primera  y  segunda  instan- 
cia con  proyecto  de  su  organización  y  bases,  y  otros  relativos  al 
problema  de  los  foros,  tan  importante  en  Galicia  y  Asturias.  En 
su  día  se  elevaron  á  la  Superioridad  los  correspondientes  infor- 
mes en  que  fueron  ponentes  los  catedráticos  Sres.  Aramburu 
[D.  Juan  D.)  Ordóñez  y  Escandón,  Manzano,  Buylla,  Ureña, 
Berjano,  Jove  y  el  autor  de  este  libro  (1). 

En  otro  orden  de  consideraciones  sobre  la  enseñanza  uni- 
versitaria ovetense,  tan  solo  preceden  en  estas  páginas  alguna 
indicación  breve  porque  no  hay  espacio  para  más. 

Los  datos  relativos  á  la  estadística  de  matricula  y  concu- 
rrencia van  aparte;  pero  aquella  es  tan  solo  punto  de  partida 
para  otras  conclusiones,  porque  si  siempre  es  de  considerar  el 
número,  más  importa  saber  las  consecuencias.  Y  que  el  estableci- 
miento de  la  Universidad  mejoró  considerablemente  la  cultura 
intelectual  y  moral  de  la  provincia,  es  un  hecho  que  salta  á  la 
vista  con  los  prósperos  resultados  que  ha  dado  en  todos  tiempos. 
Xo  ha  sido  muy  numerosa  su  matrícula,  ya  por  la  dificultad  en 
viajes  y  comunicaciones,  existiendo  fuera  de   Asturias  escuelas 
de  completas  enseñanzas,  (además  de  causas  apuntadas  en  el 
capitulo  precedente),  ya  por  las  modernas  reformas  con  la  división 
de  la  enseñanza  oficial  y  libre  y  los  subidos  derechos  de  inscrip- 
ción,  académicos,   títulos,   etc.  (2).  También   la  juventud  toma 
otras  direcciones  y  carreras:  milicia,  ingeniería,  industria,  co- 
mercio, agricultura,  bellas  artes  y  profesiones  para  las  que  se 
han  abierto   centros  docentes  de  que  antes  se  carecía  en  Espa- 
ña. Es  de  considerar  además  el  número  de  jóvenes  que  cursa 
en  el  extranjero  y  el  de  los  que  marchan  á  América. 


'i)    Archivo    de  la    Universidad.— Claustros   de  la  Facultad    de  Derecho   de  i.°  de  Junio 
¿c  I&7-»;  1 8  de  Julio  de  1881  y  5  de  Diciembre  de  1885. 
íj)   Véase  Apéndice  XIII. 


—  204  — 

Las  distintas  cátedras  de  nuestra  Escuela  fueron  natural 
mente  las  exigidas  por  los  planes  y  cambios  tan  repetidos  de  la 
enseñanza;  y  frecuentemente  hubo  cátedras  acumuladas  á  cargo 
de  un  mismo  profesor  ó  encomendadas  á  auxiliares  y  sustitutos 
retribuidos  ó  gratuitos.  Por  ejemplo,  en  Ciencias  una  vez  se  auto 
rizó  la  matricula  y  curso  de  «Organografía  y  Fisiología  vegeta 
les»,  que  explicó  el  docto  médico  D.  Agustín  María  Acevedo;  en 
oirás  hubo  proyectos  y  oomienzos  de  varias  cátedras  libres  que 
autoriza  la  ley,  y  en  algún  tiempo  se  dieron  lecciones  de  «Medi- 
cina legal»  por  el  Sr.  Buylla  (D.  Arturo),  y  de  «Lenguas  trance 
sa,  inglesa  y  alemana»  por  D.  Julián  Orbón,  etc. 

Las  reformas  de  los  estudios  mantuvieron  las  antiguas  Acá 
demias  con  las  naturales  modificaciones,  y  así  sucedió  en  lo? 
reglamentos  de  1845,  1847  y  1857.  Cesaron  poco  después  tan 
útiles  gimnasios,  que  los  estudiantes  restablecieron  voluntaria 
mente  con  Academias,  que  en  1866  y  1868  presidieron  Jo? 
catedráticos.  Sres.  Rodríguez  Campillo  y  Piernas,  teniendo  más 
vida  la  organizada  en  1879  dirigida  sucesivamente  por  lo? 
profesores  Sres.  Ureña,  Manzano  y  Buylla  y  que  mantuvo  inte- 
resante publicación  jurídica,  el  Boletín- Revista,  quincenal,  des- 
de Abril  de  1882  á Noviembre  de  1  884.  El  R.  D.  de  1884  restableció 
las  Academias  oficiales  de  Derecho  que,  bajo  la  acción  directiva 
del  Claustro,  siguieron  durante  cuatro  cursos  y  dieron  excelente? 
resultados  (1). 

Ni  en  las  cátedras  ni  en  las  instituciones  académicas  hubo 
nunca  falta  grave  de  disciplina,  y  en  contadas  ocasiones  se 
reunió  el  Consejo  claustral,  creado  por  la  Ley  de  1845  y  subáis- 


íi)     De  las  Academias  de  1879  y  1884  son  también  estas  publicaciones: 

—"Reglamento  orgánico  de  la  Academia»,  (Oviedo,  i88o>. 

—«Memoria  de  los  Trabajos  académicos  en  1879  a  1880*,  por  D.  Erneito  Castro  L:»j>mi 
cherc  (Oviedo,  1880 1. 

— Discurso  del  Sr,  Urcña:  «Nacimiento  y  desaparición  de  los  Eitados  hispano  mu,ulniar.c?  , 
{Oviedo.  1880L 

—Discurso  del  Sr.  Buylla:  «El  Economista  Flore/  Estrada  y  sus    doctrinas»,  (Oviedo,  1SS0J. 

—  «Memoria  de  los  Trabajos  académicos  en  1880  á  1881»,  por  D.  Juan  Fernández  Llana, 
(Oviedo,  1881). 

—«Memoria»  del  Vice- Presidente  D.  Manuel  González  Pérez 

—Discurso  del  Vite- Presidente  D.Crisanto  Posada.  «Derecho  de  Extradición»,  fOviedo,  iSSj'i 

—  «Reglamento  déla  Academia  de  Derecho-,  (Oviedo,   1884). 

—  Discurso  inaugural  del  curso  de  1884  á  1S85  por  el  catedrático  D.  Juan  Rodrigue?  Ami- 
go:  'Significación  católica  de  España»,  (Oviedo,  1884  :. 

El  Claustro  de  nuestra  Universidad  ha  sido  siempre  sostenedor  principal  cuando  no 
iniciador  de  Academias,  Ateneos,  Círculos,  Conferencias,  etc.,  establecidas  en  Oviedo.  Lo  Rk 
tnres  facilitaron  locales  y  medios,  y  sus  directores  y  presidentes  fucro:i  catedráticos  y  alumno 
distinguidos  de  la  Casa;  pero  estos  centros  no  han  sido  de  gran  importancia,  ni  en  Asturias  s. 
lian  conocido  los  notables  Liceos  de  otras  provincias,  como  en  Cataluña,  Valencia  y  Andalucía. 

Fué  importante  la  Academia  de  Legislación   teóricopráctica   fundada    en   1841  por  L>.  Liu< 


—  205  — 
lente  por  disposiciones  posteriores,  para  entender  en  faltas  di- 
versas,  principalmente  de  los  escolares.  También  por  no  ser 
numerosa  la  matrícula  y  por  ser  más  fácil  la  vigilancia,  no  se 
ha  resentido  el  orden  académico  ni  fueron  repetidas  las  faltas 
colectivas  de  asistencia  y  protesta,  generalmente  para  adelantar 
las  ya  crecidas  vacaciones  ó  por  otros  motivos  especiales,  que 
crearon  un  estado  anómalo  universitario  como  desde  los  últimos 
dias  de  1884  hasta  los  primeros  de  1886  en  que  fué  repuesto  el 
queridísimo  Jefe  (1).  El  cambio  desde  la  excesiva  reglamentación 
antigua  á  la  radical,  reforma  iniciada  por  los  decretos  de  Octu- 
bre de    1888,  fué  muy  grande,  y  otra  vez  más  se  tocaron  los 
resultados  de  las  extremas  modificaciones  de  nuestra  Adminis- 
tración  sin  el  paso  gradual  y  preparatorio  qae  siempre  es  con- 
veniente. Por  mil  causas,  que  no  es  del  caso  referir,  es  lo  cierto 
que  ha  decaído  el  respeto  al  principio  de  autoridad  principal- 
mente en  la  forma  externa,  que  siempre  es  importante;  más,  justo 
es  confesar,  que  se  marca  una  reacción  sobre  este  extremo  y  más 
en  los  Centros  de  enseñanza  donde  la  suavidad  antes  que  el  rigor, 
el  afecto  antes  que  la  severidad  y  la  unión  y  compenetración  de 
maestros  y  discípulos  son  los  medios  más  adecuados  para  man- 
tener disciplina.  Urge  conservar  incesante  y  firme  el  amor  al 
Irabajo  y  al  estudio,  la  asistencia  á  las  aulas  con  devoción  á  la 
Universidad  por  la  significación  moral  que  esta  tiene  y  por  el  fin 
educador  que  persigue  además  del  instructivo.  Así  no  serán  ne- 
cesarios ni  frecuentes  los  acuerdos  claustrales   disciplinarios, 
y  bajo  la  respetable  autoridad  del  Rector,  levantada  por  dis- 
posiciones superiores  de  1886,  1894  y  1900  entre  otras,  pro- 
fesores y  alumnos  marcharán  unidos  en  íntimo  consorcio,  pro- 
curando y  consiguiendo  la  paz,  bajo  cuyo  imperio  se  cultiva  y 


R.  Camaleño,  en  cuya  Junta  directiva  figuraban  los  universitarios  D.  Juan  D.  de  Arambum  y 
i).  Benito  Candía  Meana,  siendo  académicos  los  catedráticos,  licenciados  y  bachilleres  de  nues- 
tra Universidad. 

En  el  bienio  (1854-56)  se  fundó  el  Ateneo  científico-literario,  que  presidió  el  Dr.  Cellcruclo, 
siendo  principales  socios  catedrático.*  y  alumnos  universitarios,  entre  otros  los  Srcs.  Uorbolla  y 
Caso,  que  refundieron  en  notables  folletos  sus  respectivos  criterios  ¡»obrc  la  «Soberanía  nacional». 
De  la  Universidad  pasó  el  Ateneo  al  local  de  la  Orden  tercera,  y  tuvo  cátedra»  y  discusiones  de 
Derecho,  Economía,  Literatura,  Agricultura,  etc.,  en  que  comenzaron  á  distinguirse  los  señores 
Estrada,  Pedregal,  Laverdc,  Fernández  Rojas,  etc. 

De  igual  manera  tuvo  la  Universidad  importante  participación  en  centros  de  cultura  poste- 
riores como  los  do  la  «Juventud  católica»,  «Juventud  republicana»,  «Academia  de  Santo  Tenias», 
•Conferencias  del  Casino»,  estas  principalmente  á  cargo  de  catedráticos,  etc. 

En  190-1  los  estudiantes  han  establecido  la  Unión  Jiscoltir. 

(0  Archivo  de  la  Universidad.—  Claustros  de  9  de  Diciembre  de  1880;  27  de  Noviembre,  4 
y  23  de  Diciembre  de  1884  y  17  de  Enero  de  1894. — Claustros  de  la  Facultad  de  Derecho  de  38 
<i<  Febrero  y  5  de  Diciembre  de  1885;  37  de  Enero  de  1886  (reposición  solemnísima  del  Rector 
Sr.  Salmean);  xx  de  Diciembre  de  1S91  y  13  de  Diciembre  de  1895,  etc. 


—  206  — 

prospera  la  ciencia.  Cesarán  colectivas  y  hasta  tumultuosas  ma- 
nifestaciones de  la  clase  estudiantil,  que  son  un  desprestigio  na- 
cional, registrado  por  la  prensa,  cuando  los  alumnos  «se  toman* 
ó  adelantan  las  «vacaciones  sin  considerar  los  excesivos  dias  de 
descanso  y  asueto,  que  consignan  los  reglamentos  académicos. 
Deben  cesar  esas  tristes  é  inmotivadas  «huelgas  escolares»  repa- 
rando la  juventud  de  las  Universidades  y  Establecimientos  docen- 
tes el  ejemplo  de  jóvenes  obreros,  desoldados  mozos  y  de  tantos 
y  tantos  obedientes  á  las  leyes;  pues  en  aquel  caso  la  impunidad 
corriente  entristece  á  quien  bien  la  considera,  porque  el  obrero 
que  no  trabaja  queda  sin  comer,  el  soldado  que  deserta  es  se- 
veramente castigado,  y...  Si  hemos  de  levantarnos  de  nuestra  pos- 
tración después  del  complejo  desastre  nacional,  otra  debe  ser  la 
conducta  de  esa  juventud  florida  de  nuestras  aulas  (1). 

En  el  orden  pedagógico  tuvo  siempre  gran  importancia  y 
trascendencia  la  cuestión  de  los  libros  de  texto,  mejor  dicho,  su 
imposición  á  catedráticos  y  alumnos.  Quedan  indicados  cambios 
y  severas  órdenes  de  pasados  tiempos  á  la  sombra  y  en  prove- 
cho de  determinadas  situaciones  políticas,  y  es  curioso  advertir 
que  Calomarde  y  el  Duque  de  Rivas  coincidían  en  sus  reformas 
de  1824  y  1836,  dejando  libros  y  programas  á  la  aprobación  de 
las  respectivas  Facultades,  mientras  los  redactores  del  arreglo 
provisional  del  mismo  año  1836  facultaban  á  los  catedráticos 
para  elegir  el  libro  ó  libros  de  texto  más  convenientes  ó  no  ele- 
gir ninguno  (excepto  en  las  Facultades  de  Jurisprudencia  y 
Teología)  pudiendo  hacer  sus  explicaciones  orales  ó  por  medio 
de  cuadernos.  Esta  libertad  se  consintió  en  el  plan  de  18i5  para 
los  estudios  del  Doctorado;  pero  en  los  de  Facultad  se  impuso  la 
elección  de  libros  de  texto  entre  la  lista  de  los  aprobados  por  el 
Consejo  de  Instrucción  Pública,  revisable  cada  tres  años,  con 
seis  autores  por  asignatura.  La  lista  no  fué  limitada  en  1857, 
las  reservas  de  1866  pasaron  enseguida,  y  todo  cesó  desde  la 
Revolución  de  1868  en  que  fué  libre  la  elección  ó  no  (de  libros) 
por  los  profesores  con  oportunos  anuncios  en  cuadros  al  comen- 
zar el  curso.  Como  para  los  textos,  hubo  mayor  ó  menor  respe- 
to á  programas,  debiendo  consignarse  que,  salvo  en  contadas 


(i)     «Huelgas  escolares' :  artículo  del  catedrático  Sr.  Scla  en  la  Revista  fioj>nlar  (Año  I). 


—  207  — 

excepciones,  tuvo  siempre  el  catedrático  la  libertad  necesaria  en 
su  cátedra.  Una  fué  la  letra  de  la  ley  y,  por  su  ineficacia,  otros 
fueron  el  espíritu  y  la  práctica  del  Magisterio   y  la  tolerancia  de 
Gobiernos,  Rectores  y  Claustros  hasta  la  libertad  actual.  En  1843, 
la  meritoria  iniciativa  de  la  Universidad  de  Barcelona  publi- 
cando al  principiar  el  año  académico  los  programas  y  cuadernos 
razonados  de  las  enseñanzas  de  las  Facultades,  motivó  una  orden 
general    por  la  Dirección  de  Estudios,  que  la  Universidad  de 
Oviedo   se   apresuró  á  cumplir.  Imprimió    razonados  progra- 
mas con  señalamiento  de  textos  y  obras  de  consulta  para  1844 
á  1845  en  las  asignaturas  de  Filosofía,  Matemáticas,  Química, 
Historia,   Literatura,   ocho  años  de  Jurisprudencia   y  siete  de 
Sagrada  Teología,  que  contienen  observaciones  acerca  de  méto- 
dos, libros,   citas,   explicaciones,   extensión   de   ciertas   mate- 
rias, etc.,  etc.,  por  los  profesores  propietarios  ó  auxiliares  á  la 
sazón  Sres.    Fernández  Cardín  (I.),  Salmean,  Rodríguez  Val- 
dés  (F.),  en  Filosofía;  Fernández  Cuevas,  Casero,  Fernández  La- 
dreda,  Luis  Blanco,  Aramburu,  Alvarez  Arenas  y  Estrada,  en 
Jurisprudencia;  Fernández  Castañón,  Fernández  Cardín  (F.),  Cou- 
der,  S.  Quintanilla,  Rodríguez  Valdés  (P.)  Fernández  de  Lavara 
y  Piquero,  en  Teología.  Otro  tanto  aconteció  en  el  curso  de  1847 
á  1848  (aunque  únicamente  se  imprimieron  programas)  para  el 
Instituto  de  segunda  enseñanza,  agregado  á  la  Universidad,  y  en 
esta  los  de  la  Sección  de  Filosofía  ó  Física,  Literatura  latina,  la 
General  y   Española,  Ampliación  de  la  Filosofía  y  su  Historia, 
y  Economía  Política  por  los  Sres.  Salmean,  Guisasola,  Puente, 
Armesto  y  Prado;   los  de   Jurisprudencia   ó   de  Derecho   Ro- 
mano (l.°  y  2.°  curso),  Derecho  público  y  administrativo,  Histo- 
ria del  Derecho  español   y  Derecho  civil,  penal  y  mercantil, 
Derecho  canónico,  Colecciones   canónicas,  Oratoria  forense  y 
Práctica  forense  por  los  Sres.  Casero,  Cuevas,  Prado,  Aramburu, 
Luis  Blanco,  Piquero,  Estrada  y  Arenas.  La  disposición  resultó 
impracticable  económicamente  (el  caso  de  siempre  en  nuestras 
reformas);  cayó  en  desuso  y  alguna  vez  se  continuó  aisladamente 
y  por  cuenta  de  los  catedráticos  (1)  si  bien,  además,  el  progreso 


(i)  De  los  Sres.  Alvarez  Amandi,  Afaba.  Bjylli,  G.  Posada,  Díaz  Ordoñcz  Calabrug. 
Jove,  d  autor  de  este  libro,  etc.,  de  las  aUgnitura*  de  Metafísica,  Literatura,  Economía  política, 
Derecho  político  y  administrativo,  Disciplina  eclesiástica,  Derecho  civil,  Derech>  político  Admi- 
nistrativo y  de  Ampliación  del  Derecho  civil  y  C0JÍ505  cipañoleá. 


— -  208  — 

pedagógico  trajo  modernamente  otra  provechosa  norma  en  ma- 
teria de  plan,  programas,  cuestionarios  ymétodos  de  enseñanza. 

Durante  el  largo  período  en  que  fué  preceptiva  ó  usual  la 
designación  y  anuncio  de  los  libros  de  texto,  figuraron  sucesi- 
vamente en  los  cuadros  de  la  Universidad  de  Oviedo,  los  si- 
guientes: 

En  la  antigua  Facultad  de  Teología: 

«Lugares  Teológicos»:  Cano,  Juenin. 

«Instituciones»:  Perrone,  Sunma  de  Santo  Tomás,  Berti,  Biluart.  Marín, 
Compendio  salmanticense,  Baylli,  Lar  raga. 

«Sagrada  escritura  » :  Janssens,  Lamy  y  Wouters. 

¿Oratoria  sagradaí:  Muñoz  Cárnica,  P.  Antonio  á  S.  Joscpho  y  Martínez 
Sanz. 

En  las  de  Filosofía  y  Filosofía  y  Letras. 

«Matemáticas»:  Vallejo. 

«Química  aplicada  á  las  artes:  Dumas. 

«Física»:  Beudant. 

«Moral»:  Martel. 

«Religión»:  Para  de  Janjas. 

«Literatura  general  y  española»:  Gil  y  Zarate,  Campillo,  Cano,  Fillol,  Mu- 
darra,  Ue villa,  Afaba. 

«Literaturas  griega  y  latinas:  Marín,  Díaz,  González  Andrés,  Villar,  Ber- 
gens  de  las  Casas  y  Bardon. 

«Geografía*:  Anchoriz,  Bustamante  y  Palacio. 

«Historia  Universal»:  generalmente  las  explicaciones  de  los  profesores  y 
Castro. 

«Historia  de  España*:  Ranera,  Colmeiro,  Moreno  Espinosa,  Altamira, 

> Metafísica»:  Servant  Beauvais,  Arbolí,  Gutiérrez,  Mendive. 

«Lengua  hebrea*:  García  Blanco  y  Biblia  hebraica  de  Leipsickc. 

En  Ciencias: 

«Aritmética,  Algebra,  Geometría  métrica  y  analítica  y  Trigonometría»:  Ci- 
rode,  Giménez  Rueda,  Lazzeri,  Vega,  Serret,  Brior,  G.  Palíela,  Cortázar.  Tole- 
do, Villafane,  Ronche  y  Combercuse,  y    Logaritmos  de  Callet  y  de  Skron. 

(•Física»:  Ganot,  (traducción   de  Monlau    D.  José)  Lozano. 

•  Historia  natural »:  Rivera,  Bolívar,  Quiroga. 

«Zoología»:  Edwars,  Calderón,  Segovia  y  Carriles. 

«Mineralogía»:  Beudant,  Naranjo,  Calderón. 

«Botánica?:  Girardin,  Bolívar  y  Calderón. 

«Química»:  Lessaigne  y  Regnault  (traducción  de  Verdú).  Bonilla. 

En  Derecho  Civil  tj  Canónico. 

«•Prolegómenos»:  Miguel,  La  Serna. 

«Derecho  Natural»:  Prisco,  Taparelli,  Mendive,  Giner,  Roeder. 


—  209  — 
«Derecho  romano»:  Vinnio,  Ileinecio,  La  Serna, Ortolan,  Pastor,  Van  Weter. 
«Historia  general  del  Derecho»:  Marina  y    Cepeda,   Semperc,    Antequera, 
Morató,  Hinojosa. 

c Derecho  Civil  español,  común,   forab:  Sala,   Gorosabel,  La  Serna,  Montal- 
van,  Viso,  Morató,  Falcon,  Código. 

-¿Derecho  penal»:  La  Serna,  Pacheco,  Aramburu  (J).  Silvela,  Rueda,  Arambu- 
'    ru  U')  y  Pessina. 

«Derecho   mercantil?:   Lasso,   Martí  Eixalá  y  Duran,  Manzano;  Código. 
«Ampliación  del  Derecho  civil >:    Febrero    y    Goyona,    Gutiérrez,    Sánchez 
Román. 

«Derecho  político  y  administrativos:  Colmeiro,  Santamaría,  Ferian,  Meyer, 
G.  Posada. 

uKconoraía   política»:  Flórez  Estrada,    Ochoa,  Carreras  González,  Garnier. 
Piernas, Neuman, Buy  lia. 
«Estadística»:  Piernas. 
««Hacienda  pública»:  Piernas 

c  Derecho   canónico»:  Barardi,  Lancelloto,  Devoti,  Van-Spen,  Selvagio,  La- 
ckis,  Cabalado  Golmayo,  Walter,  Manjón,  Iuséu. 
«Disciplina  de  la  Iglesia»:  Aguirre,  Salazar. 

«Teoría  de  los  procedimientos»:  Casielles  y  Olivares,  Tapia,  Gutiérrez,  Las- 
praT  La  Sarna  y  Montalvan,  ürtiz  de  Zúñiga,  Lastres. 
«Oratoria  Forense:  Sainz  de  Andino. 

«Derecho  Internacional  público»:  Olivart,  Torres  Campos,  Neuman  y  Blunt- 
sehli,  Martens. 

«Derecho  Internacional  privado»)-.  Torres  Campos,  Asser,  Prida. 

En  la  Escuela  del  Xotariado  fueron  los  textos: 

Zúniga.    Lasso,  Cara  van  tes.  Zarzoso,  etc. 

Continuó  la  designación  y  anuncio  de  libros  de  texto  en  los 
últimos  cursos  del  siglo  pasado  hasta  el  R.  D.  de  6  de  Julio  de 
1900,  precursor  de  la  ley  de  1.°  de  Febrero  de  1901  por  la  que 
se  declara  que  la  adquisición  de  aquellos  libros  no  es  obligatoria 
para  los  alumnos,  los  cuales  podrán  estudiar  ert  los  por  ellos  ele- 
gidos, siempre  que  adquieran  los  conocimientos  que  constitu- 
yen la  respectiva  asignatura  con  arreglo  al  cuestionario  oficial; 
y  la  disposición  se  confirmó  más  en  el  II.  D.  de  12  de  Abril 
de  1901,  con  extremos  cumplidos  desde  entonces  por  los  respec- 
tivos Claustros  de  las  Facultades  de  Derecho  y  Ciencias  exis- 
tentes en  esta  Universidad. 

Esta  reíorma,  acertada  en  nuestro  humilde  entender,  estaba 
intimamente  enlazada  con  la  de  los  programas  modificando 
también  el  examen  académico,  para  que  cese  de  ser  considerado 
como  fin,  cuando  no  es  más  que  un  medio  en  la  enseñanza;  y  era 


y  es  necesario  afirmar  esto  en  la  organización  de  los  estableci- 
mientos de  enseñanza,  mirando  al  mayor  progreso  déla  cátedra 
oficial.  A  este  objeto  se  dispuso  encomendar  al  Consejo  de  Ins- 
trucción Pública,  que  determinase  por  medio  de  un  cuestionario 
general  el  fin,  carácter  y  extensión  de  cada  materia  de  las  in- 
cluidas en  el  plan  de  estudios  con  propósito  de  que  no  se  desna- 
turalice su  exposición  y  no  resulte  duplicada  ú  omitida  una  en- 
señanza. Cada  profesor  desenvolverá  el  contenido  de  la  asignatu- 
ra y  redactará  programa  con  plena  libertad  de  método  y  doctrina 
con  sujección  al  indicado  cuestionario. 

Se  dictó  éste  para  los  grados;  pero  quedó  en  suspenso  hasta 
nueva  revisión  por  R.  O.  de  16  de  Marzo  de  1903.  En  la  oveten- 
se Facultad  de  Derecho,  ya  antes  se  había  modificado  el  cues- 
tionario antiguo  (1)  conforme  al  que  se  celebraban  los  dichos 
ejercicios  de  grados,  ahora  con  solemnidad  privada  desde  la 
innovación  de  1868,  al  suprimir  cuanto  quedaba  de  las  antiguas 
solemnes  investiduras  que,  con  ritualidad  mermada,  aunque 
todavía  aparatosa,  venían  practicándose  desde  el  plan  de  18+5  y 
leyes  posteriores.  Ultimo  resto  de  aquellas  antiguas  ceremonias 
académicas,  fué  el  sencillo  rilual  determinado  para  el  bachille- 
rato en  1832;  y  desde  la  ley  de  1845  las  fórmulas  para  licencia- 
turas y  doctorados  se  redujeron  á  la  reunión  aparatosa  de  los 
Claustros,  presentación  del  candidato  por  el  Doctor  padrino, 
discurso  doctrinal  del  graduando,  los  varios  juramentos  (con 
profesión  de  fé)  de  defensa  de  la  Religión  católica  y  del  misterio 
de  la  Inmaculada  Concepción  de  la  Virgen,  obediencia  á  la 
Constitución,  fidelidad  al  Rey  y  cumplimiento  de  las  obligacio- 
nes del  grado,  cuyas  insignias  se  recibían  de  manos  del  señor 
Rector. 

Si  el  cambio  pedagógico  del  siglo  xvm,  relativo  á  los  méto- 
dos de  enseñanza  superior,  fué  plausible  (2),  el  realizado  á  fines 
del  siglo  xix  lo  será  también  en  la  historia  de  la  enseñanza,  pues 
no  han  de  ser  las  aulas  meras  escuelas  profesionales  cuando  de- 
ben tener  muy  principalmente  fin  educador,  adquirir  con  él  firme 


( i)  Archivo  de  la  Universidad  —Claustros  de  la  Facultad  de  Derecho  de  9  de  Octubre 
de  1888  y  5  de  Febrero  de  1892.  En  este  último  se  aprobó  el  cuestionario  confeccionado  pox  el 
autor  de  este  libro.  ^ 

(2)     Véase  pág.  88. 


—  211  — 

y  amplia  cultura,  y  sentido  profundo  de  la  ciencia  para  mejor 
caminar  con  espíritu  progresivo  en  las  respectivas  profesiones. 
Otro  debe  ser,  pues,  el  procedimiento  moderno  de  enseñanza  y, 
áéste  propósito,  otro  viene  siendo  el  nuevo  rumbo  comenzado  á 
seguir  en  nuestra  Universidad.  No  se  han  de  apuntar  aquí  las 
respectivas  innovaciones  en  las  cátedras  de  Derecho  y  de  Cien- 
cias, pues  fuera  muy  prolijo;  y  apuntado  queda  en  otra  publica- 
ción   con  indicaciones  respecto  á   las  enseñanzas  teóricas  y 
prácticas,  á  los  trabajos  de  profesores  y  alumnos,  saliéndose  de 
antiguas  rutinas  por  investigaciones  y  ejercicios  diferentes  den- 
tro y  fuera  de  la  cátedra,  que  dan  y  han  de  seguir  dando  los 
mejores  resultados  (1)  por  la  ciencia  y  para  la  ciencia,  combi- 
nando la  explicación  del  maestro,  la  doctrina  de  autores,  la  co- 
municación incesante   del  profesor  y   discípulo,  bajo  amplio 
criterio  y  tareas  de  propio  esfuerzo,  con  todas  las  manifesta- 
ciones posibles  y  variadas  en  prácticas  adecuadas  al  objeto  de 
cada  asignatura. 

Por  fin,  ya  no  es  el  examen  con  sus  notas  y  calificaciones  la 
aspiración  casi  única  del  estudiante,  porque  el  de  la  enseñanza 
oficial  debe  ser  examinado  incesantemente  por  sus  ejercicios  en 
la  cátedra,  y  únicamente  restan  para  el  alumno  de  enseñanza 
libre,  mientras  se  excojitan  otros  medios,  ejercicios  adecuados 
que  alejen  en  lo  posible  las  contingencias  del  azar  y  de  la 
suerte,  ciega  y  propicia  en  ocasiones  á  preparaciones  rápidas  ó 
superficiales.  A  estos  levantados  propósitos  se  dieron  reciente- 
mente, desde  el  R.  D.  de  28  de  Julio  de  1900,  varias  disposicio- 
nes sobre  exámenes  de  ingreso  en  Facultad,  de  curso  de  asigna- 
turas y  para  los  grados;  más  un  día  se  dictaron  y  en  otro  se 
rectificaron  ó  suspendieron  (2;  porque  nunca  acaba  el  tejer  y 
destejer  en  la  legislación  escolar. 

Realzando  y  haciendo  de  más  ventaja  y  provecho  las  prime- 
ras y  honrosas  calificaciones  de  examen  alcanzadas  por  los 
alumnos,  se  reemplazaron  las  antiguas  medallas  y  adjudicación 


(i)  En  los  Anales  de  l.i  Universidad  de  Oviedo. — Año  I,  1901  —(Oviedo,  1902)  pueden 
verse  las  notas  sobre  nuevos  procedimiento*  de  enseñanza  en  las  Facultades  de  Derecho  y  Cien- 
cia» de  nuestra  Escuela,  y  compararse  con  las  indicadas  en  el  texto,  relativas  á  1844  y  años 
sucesivos,  para  mejor  comprender  los  progreso*  en  Metodogia  universitaria. 

W\  R.  D.  de  12  de  Abril,  R.  O.  de  20  del  mismo  mes  y  Reglamento  de  10  de  Mayo  de 
xooi;  R.  D.  de  25  de  Abril  de  1902;  R,  U.  de  6  de  Diciembre  de  1901  y  R.  O.  de  12  de  Sep- 
tiembre de  zoos). 


de  libros  (1)  por  matrículas  de  honor  y  gratuitas  que,  como  era  de 
justicia,  se  han  extendido  recientemente  de  los  alumnos  oficiales 
á  los  libres.  Timbre  de  honor  del'asluriano  Conde  de  Toreno, 
ministro  de  Fomento,  fué  el  R.  D.  dado  en  Gijón  á  10  de  Agosto 
de  1877  estableciendo  cierto  número  de  pensiones  otorgadas 
previa  oposición  á  los  alumnos  pobres  y  distinguidos  de  las  fa- 
cultades universitarias,  nobilísima  disposición  bajo  cuyo  amparo 
han  podido  proseguir  estudios  no  pocos  escolares  de  subido  mé- 
rito; y  mejor  todavía  al  ser  ampliada  por  el  ministro  Sr.  Conde 
de  Romanones  en  el  R.  D.  de  18  de  Julio  de  1901  disponiendo 
la  concesión  de  pensiones  para  ampliar  sus  estudios  en  el 
Extranjero  á  los  alumnos  que  hayan  dado  mayores  pruebas  de 
capacidad  y  aprovechamiento  y  las  confirmen  en  debida  oposi- 
ción. Dos  jóvenes  graduados  con  los  más  brillantes  antecedentes 
académicos  obtuvieron  en  1901  y  1902  las  pensiones  correspon- 
dientes á  nuestra  Facultad  de  Derecho,  y  fueron  D.  Leopoldo 
Palacios  Morini,  alumno  ovetense  y  D.  José  Castillejo  Duarte, 
de  la  Universidad  de  Madrid,  donde,  á  la  vez,  alcanzó  también 
pensión  D.  Manuel  Miguel  y  Traviesas  que  había  cursado  los  estu- 
dios de  Derecho  en  Oviedo. 

Destinando  una  parte  de  la  cantidad  recaudada  por  «dere- 
chos académicos»  (que  reemplazó  al  antiguo  segundo  plazo  del 
pago  de  matrículas)  se  pudo  mejorar  y  aumentar  el  material  ó 
medios  auxiliares  de  enseñanza  por  el  dicho  R.  D.  de  1877  del 
Sr.  Conde  de  Toreno  con  sus  Instrucciones  complementarias. 

Este  fué  el  origen  de  la  «Biblioteca  especial  ele  la  Facul- 
tad de  Derecho  de  Oviedo»,  institución  que  viene  a  ser  como 
complementaria  de  la  Provincial-Universitaria  por  la  índole  pe- 
culiar de  su  contenido,  ya  que  ésta  no  puede  enriquecer  el  suyo 
con  su  tan  limitada  consignación,  que  debe  repartir  con  diferen- 
tes y  más  amplias  necesidades.  La  Biblioteca  jurídica  ovetense 
fué  planteada  por  el  antiguo  Rector  Sr.  Salmean  con  el  Decano 
Sr.  Fernández  Cuevas,  auxiliados  por  una  comisión  de  los  Cate- 


di  La  adjudicación  de  recompensa  constituyó  en  ocasiones  un  especial  acto  académico, 
como  el  reseñado  en  el  folleto  — «Solemne  distribución  de  premios  adjudicados  por  la  Universi- 
dad de  Oviedo,  en  conformidad  ú  la  R.  O.  de  19  de  Mayo  último. — (Uviedo,  1848J».  Contiene 
también  los  discursos  del  Rector  Sr.  Mata  Vigil,  l>ecano  Sr.  Arenas  y  alumr.o  premiado, don 
José  Fernández  Valdés 

Después  los  premios  se  repartieron  en  la  solemne  apertura  de  los  cursos  académicos.  A 
continuación  de  los  discursos  de  1857,  se  in?crta  la  oración  de  gracias  del  alumno  D.  José 
González  Alegre  Alvarcz. 


—  213- 

draticos  Sres.  Vallina,  Alvarez  Amandi,  Buylla,  Ureña  y  el  autor 
de  estas  páginas,  en  1879  nombrado  Bibliotecario,  cargo  que 
dejó  en  1884  después  de  los  primeros  trabajos  de  organización, 
siendo  reemplazado  por  el  catedrático  Sr.  G.  Posada. 

Sucesivamente  fué  aplicándose  para  la  «Biblioteca  de  la  Fa- 
cultad» parte  de  los  derechos  académicos  destinados  á  material 
científico,  aunque  en  ocasiones  la  Dirección  general  de  I.  P.  au- 
xilió también  con  otros  libramientos  extraordinarios,  y  una  par- 
tida especial  en  el  presupuesto  del  Ministerio,  antes  de  dos  mil 
pesetas  y  ahora  de  mil.  Los  Decanos  Sres.  Barrio,  Estrada,  Aram- 
buru  y    el  actual  Sr.  Buylla  han  mirado  siempre  con  marcado 
interés  el  progreso  de  esta  Biblioteca,  enriquecida  además  con 
donativos  por  los  señores  profesores  y  particulares,  como  el 
editor  Sr.  Lázaro  y  otro  importante  del  Sr.  Ordoñez  Escandón, 
catedrático  de  Derecho  Canónico,  que  en  1887  favoreció  gene- 
rosamente al  Claustro  con  la  cesión  de  1250  pesetas  para  la  ad- 
quisición de  obras.  También  se  debe  aumento  al  profesor  señor 
Vallina  y  á  remesas  de  publicaciones  por  centros  nacionales  y 
extranjeros. 

Bien  aplicados  dichos  elementos,  cuenta  hoy  la  «Biblioteca 
especial»  de  la  Facultad  de  Derecho  con  más  de  mil  volúmenes 
y  folletos,  dato  que  prueba  la  importancia  de  tan  útil  dependen- 
cia. Esto  se  demuestra  mejor  teniendo  á  la  vista  los  dos  «Catá- 
logos» impresos  en  1889  y  1892  por  acuerdo  del  Claustro,  otro 
próximo  á  imprimirse,  y  todos  formados  por  el  docto  profesor 
y  celoso  bibliotecario  actual  Sr.  Posada,  que  en  los  años  que 
lleva  al  frente  de  la  nueva  institución  ha  realizado  meritorios 
trabajos  para  ponerla  en  su  brillante  y  presente  estado,  en  par- 
ticular para  seguir,  en  cooperación  de  los  miembros  del  Claus- 
tro, el  rápido  é  incesante  movimiento  bibliográfico  de  la  época 
moderna. 

El  caudal  principal  de  la  «Biblioteca»  es,  como  fácilmente  se 
comprende,  relativo  á  las  ciencias  morales  y  políticas,  que  el 
Sr.  Posada  distribuye  y  clasifica  en  relación  con  las  asignaturas 
de  la  Facultad  de  Derecho.  En  ocasiones  agrupa  algunas  for- 
mando secciones,  ampliando  los  títulos  de  éstas  para  compren- 
der las  obras  en  que  se  trata  de  materias  afines  á  la  asignatura 
respectiva,  añadiendo,  para  que  la  obra  sea  más  completa  y  útil 


I 


—  214  — 

en  la  consulta,  dos  secciones  mas:  una  pedagógica  y  otra  de 
asuntos  varios.  En  esta  forma: 

Filosofía;  Literatura;  Historia  Universal,  Historias  particu- 
lares; Historia  de  España;  Enciclopedia  Jurídica;  Filosofía  del 
Derecho;  Derecho  Romano;  Historia  General  del  Derecho;  His- 
toria del  Derecho  Español;  Derecho  Canónico;  Disciplina  é  His 
loria  de  la  Iglesia;  Derecho  Civil;  Derecho  Mercantil;  Sociología; 
Economía  Política  y  Estadística;  Hacienda  Pública;  Política: 
Derecho  Político;  Derecho  Constitucional,  Derecho  Administra- 
tivo; Derecho  Penal;  Derecho  Internacional  público  y  privado; 
Derecho  Procesal;  Enseñanza;  y  Materias  varias. 

En  todas  estas  secciones,  y  merced  á  los  pedidos  de  los  pro- 
fesores^  figuran  las  obras  y  revistas  más  notables  y  los  nombren- 
de  los  publicistas  más  ilustres,  que  marchan  á  la  cabeza  del  mo- 
vimiento intelectual  de  nuestro  siglo  en  los  principales  pueblos 
de  Europa  y  América.  Por  este  concepto  y  con  relación  á  la 
época  contemporánea  es  interesante  la  «Biblioteca  especial»  de 
la  Facultad  de  Derecho. 

Los  medios  materiales  de  la  Sección  de  Ciencias  proceden 
en  su  mayor  número  de  la  antigua  Facultad,  que  por  R.  O.  de 
1.°  de  Julio  de  1861  se  dedicaron  al  Instituto.  Eran  entonces 
notables,  y  podían  compararse  con  los  de  otras  Escuelas,  los 
g&bmttes  de  Física,  Química  c  Historia  natural,  y  el 
desaparecido  Jardín  Botánico. 

En  páginas  anteriores  (1)  quedan  mencionadas  las  máquinas 
y  apáralos  para  el  estudio  de  la  Física,  escasos  é  inútiles  restos 
de  los  adquiridos  en  1807  y  1815  cuando  se  estableció  la  ense- 
ñanza experimental,  las  pocas  que  se  trasladaron  en  1836  pro- 
cedentes de  la  cátedra  de  Física  y  Química  aplicadas  á  las  artes 
desde1  la  Sociedad  Económica  de  Amigos  del  País  y  desde  Gijón, 
así  uomo  en  1844  encargó  otras  el  Claustro  para  fomentar  dicho 
estudio.  En  1845  se  habilitó  el  local  necesario  y,  dada  la  esca- 
sez de  recursos,  se  acomodó  el  Gabinete  en  muy  reducido  espacio 
en  que  hoy  se  encuentra.  Alli  está  la  colección  de  máquinas 
re  mil  ¡da  por  el  gobierno  en  1846  y  las  que  con  posterioridad  se 
adquirieron  por  el  Sr.  Salmean,  principalmente  cuando  estaba 


11)     Vcaac  pág.   184. 


—  215  — 

ai  frente  de  la  asignatura,  y  después  por  los  profesores  del  Ins- 
tituto Sres.  Ceruclo  y  Frades.  Se  hallan  colocadas  con  estre- 
chez y  no  representan,  á  primera  vista,  las  quinientas  pró- 
ximamente repartidas  en  balanzas,  pesas  de  latón  y  de  platino 
(colecciones),  medidas  de  superficie  y  capacidad,  mecánica, 
neupmalismo,  hidrodinámica,  hidrostática,  compresión,  solidifi- 
cación, meteorología,  calórico,  electricidad,  magnetismo,  elec- 
tro-magnetismo, galvanismo,  acústica,  óplica,  etc.,  etc.  (1). 

Restablecidos  los  estudios  de  Facultad  de  Ciencias  en  1895, 
los  gabinetes  y  museos  se  utilizan  en  común  con  el  Instituto. 
Kl  de  Física  se  amplió  á  poco  de  la  creación  de  la  Sección,  bajo 
la  dirección  del  catedrático  Sr.  Urios  (con  cargo  á  un  presupuesto 
extraordinario,  pues  la  cantidad  de  14.000  pesetas  anuales  que 
satisfacen  las  corporaciones  provincial  y  municipal  apenas  son 
suficientes  para  el  personal)  y  el  profesor  Sr.  Aparicio  dirigió  la 
limpieza,  compostura  y  ordenación  de  los  aparatos.  En  la  actua- 
lidad, el  catedrático  del  Instituto  Sr.  Brañas  sigue  en  estos  tra- 
bajos y,  de  acuerdo  con  la  Facultad,  ha  instalado  un  cuadro  de 
distribución  de  electricidad  á  que  contribuye  la  Sección.  Como 
los  recursos  de  ésta  son  escasos,  solamente  ha  podido  adquirirse 
algún  aparato  con  cargo  á  los  derechos  de  clases  prácticas,  que 
satisfacen  los  alumnos;  y  cuando  se  realice  la  anunciada  separa- 
ción de  la  Universidad  é  Instituto  se  impondrá  una  verdadera 
distribución  y  el  aumento  respectivo  de  loe  instrumentos. 

Antes  de  1845  se  había  construido  un  Laboratorio  de  Quí- 
mica, que  ya  entonces  se  estudiaba  en  elementos.  Tomando 
después  otras  proporciones,  fué  indispensable  reformar  lo  hecho 
para  acomodarlo  al  provechoso  aumento  que  se  daba  á  esta 
asignatura.  Construyéronse  nuevos  hogares  y  hornillos  fijos,  y 
el  Gobierno  remitió  otros  portátiles  de  magnesita,  retortas  de 
porcelana,  barro  y  hierro;  matraces  sublimatorias,  recipientes, 
alargaderas  y  provetas;  copas  y  toda  clase  de  útiles  de  cristal; 
crisoles  de  barro,  de  platino  y  de  plata;  balanza  alemana  de 
gran  precisión  y  otra  de  trasporte;  cajas  de  reactivos  y  soplete 
por  el  sistema  de  Plattner;  otra  caja  para  la  via  húmeda,  así 


(i*  En  la  interesante  Memoria  universitaria  (Oviedo  1861)  redactada  por  el  antiguo  Secre- 
tario Sr.  1).  Benito  Canella  Mcana,  nuestro  querido  padre,  pueden  verte  curiosas  noticias  de 
•:>tc  y  demás  gabinetes  y  museos,  su  trabajoso  origen  y  desenvolvimiento,  completándose  aquellas 
por  la*  Memoria*  dei  Instituto,  principalmente  en  las  del  Sr.  González  Frades  (1877  á  1880). 

15 


—  2IÓ  — 

como  colecciones   de  productos  químicos.  De  todo  cuanto  > 
consideró  preciso  se  abasteció  á  este  departamento  en  número 
suficiente  para  atender  á  las  necesidades  de  las  operaciones,  fo- 
mentándose después  los  medios,  según  los  adelantos  de  la  cien 
cia,  de  modo  que  el  laboratorio  de  esta  Universidad  pudo  com- 
petir con  los  demás  de  Distrito.  Cuando  se  trató  de  la  Facultad 
de  Ciencias  se  apuntaron  los  servicios  de  los  profesores  con  ?u¿ 
estudios  y  ensayos,  y,  ahora,  al  hablar  de  la  Química,  recorda- 
remos otra  vez  el  infatigable  celo  que  en  sus  trabajos  mostraron 
los  Sres.  Bonnet  y  Luanco,  de  que  es  buena  prueba  el  resultado 
de  sus  tareas.   A  la  clausura  de  esta  enseñanza,  en  las  propor- 
ciones en  que  antes  se  hacía,  quedaron  registrados  bajo  inventa- 
rio doscientos  cuarenta  frascos,  que  contienen  otros  tantos 
productos  químicos  orgánicos  6  inorgánicos.  Los  catedráticos 
Sr.  G.  Frades,  del  Instituto,  y  últimamente  el  Sr.  l'rios  con  e! 
ayudante  Sr.  Enlío  hicieron  en  este  departamento  algunas  mo- 
dificaciones y  contadas  adquisiciones  con  cambio  de  procedí 
miento;  pero  resultó  el  local  reducido  y  en  excasas  condicione- 
para  las  debidas  enseñanzas  y  prácticas. 

El  gabinete  de  Historia  natural  tuvo  su  origen  en  1846  cuan- 
do  casualmente  residía  en  una  de  las  poblaciones  de  la  costa  un 
extranjero  que,  poseyendo  con  perfección  el  arte  de  la  Taxider- 
mia,  se  dedicaba  á  la  disección  de  animales.  Por  indicación  del 
Héctor  Sr.  Mala  Vigil,  el  Sr.  D.  José  Sarandeses  se  trasladó  á  su 
lado  y  de  aquellas  lecciones  sacó  todo  el  provecho  que  acredita 
el  mérito  de  sus  obras,  á  las  que  perteneced  la  mayor  parte  de 
las  del  actual  Museo.  La  novedad  aficionó  á  estos  trabajos  á  va- 
rios alumnos,  con  lo  cual,  y  con  la  circunstancia  de  haberse  en- 
cargado de  sustituir  la  asignatura  una  persona  de  los  conocimien- 
tos y  mérito  del  Sr.  D..  Amalio  Maestre,  Ingeniero  de  minas  del% 
distrito,  se  echaron  los  fundamentos  del  gabinete.  Ocupa  casi 
todo  el  lienzo  de  O.  de  la  Universidad  y  en  elegante  estantería 
están  colocados  cuantos  objetos  posee  de  Mineralogía  y  Zoología; 
pero  ha  tenido  que  dividirse  recientemente  para  habilitar  allí 
una  cátedra  de  estas  asignaturas. 

Es  bastante  completa  la  colección  de  minerales,  en  número 
de  700  próximamente,  antes  clasificados  por  el  sistema  Beudant, 
teniendo  además  una  excelente  colección  de  fósiles  y  rocas  y 


-   217- 

magniücos    aerolitos,  recogidos  en  1866  en  el  momento  de  su 
descensión,  muy  notables  por  su  magnitud  y  peso.   En  Zoolo- 
gía contiene  varios  esqueletos,  no  pocos  mamíferos,  bastantes 
aves  de  Europa,  Asia  y  América,  algunos  peces,  reptiles,  colec- 
ciones de  insectos,  y  otras  de  conchas;  pero  faltan  aveces  repre- 
sentación de  tipos  enteros  de  animales  y  vegetales,  y  se  deterio- 
raron   ejemplares  por  la  acción  del  tiempo  y  otras  causas.  El 
Instituto  procuró  su  acrecentimiento,  que  después  sufrió  parali- 
zación  porque  no  se  facilitaron  medios  al  catedrático  Sr.  Gime- 
no.  Vuelta  la  Sección  de  Ciencias,  los  auxiliares  Sres.  Nacher  y 
Barras  emprendieron  el  arreglo  de  esta  dependencia,  que  se 
continuó  con  mayor  intensidad  en  la  sección  de  Mineralogía 
por  el  Sr.  Martínez,  hasta  dejar  ordenada  la  colección  respec- 
tiva. Desde  su  venida,  el  Sr.  Riojaha  trabajado  constantemente 
con  aquel  en  la  clasificación  de  los  ejemplares,  que  era  á  veces 
falsa  por  cambio  de  etiquetas  ó  deficiente,  habiéndose  hecho  re- 
visar para  ello  los  de  la  colección  conquiliológica  por  el  espe- 
cialista español  catedrático  de  Madrid  Sr.  Hidalgo;  y  se  han 
ordenado  las  diversas  colecciones,  que  se  van  catalogando  al 
mismo  tiempo,  y  se  han  completado  con  animales  marinos,  com- 
prados en  Ñapóles,  y  otros  terrestres  con  cargo  á  los  derechos 
de  clases  prácticas,  y  algunos  al  importe  de  un  donativo  anóni- 
mo procedente  de  Valladolid. 

Un  gabinete  tan  rico  y  comparable  con  los  más  provistos  de 
provincia  fué  debido  en  su  mayor  parte,  después  de  las  consig- 
naciones del  Gobierno  é  interés  de  los  Rectores  y  catedrático 
Sr.  Pérez  Minguez,  á  la  generosidad  nunca  desmentida  de  los 
asturianos,  hijos  de  la  Escuela.  En  un  álbum  están  consignados 
los  nombres  de  los  que  se  han  distinguido  por  sus  donativos  y, 
en  la  imposibilidad  de  citarlos  todos,  es  de  justicia  recordar 
á  algunos.  El  ingeniero  francés  Adriano  Paillete,  inolvidable 
promotor  con  D.  Guillermo  Schultz  de  la  minería  provincial,  los 
Sres.  D.  Lorenzo  Nicolás  Quintana,  D.  Manuel  García  Barzana- 
llana  y  D.  Francisco  Agustín  Méndez  Vigo  hicieron  importantí- 
simos regalos,  y  varios  asturianos  residentes  en  Cuba  mandaron 
diferentes  objetos,  adquiridos  por  suscripción  que  ascendió 
á  1,089  duros.  Otros  enriquecieron  también  el  gabinete,  y  son 
dignos  de  la  gratitud  como  los  Sres.  Marqueses  de  Camposagra- 


—  siS  — 

do  y  de  San  Esteban  del  Mart  D.  José  Cavcda,  D,  Domina 
Alvarez  Arenas,  D.  Antonio  Eseosura  Hcvia.  D.  León  SaJtncm, 
D.  Pedro  María  Villaverdc,  D.  Ignacio  González  Olivares,  do»! 
Salustio  González  Rcgueral,  D.  Benito  Canella  Mcana,  D.  Ignaci> 
Méndez  Vigo,  D.  Juan  Posada  Herrén  D.  Carlos  Meras,  D.  lio* 
nito  Macuá, D.  Laureano  Fernández  Cuevas,  D.  Ventura  Beltriu  . 
D.  Eugenio  Menéndez  Valdés,  D.  Remigio  Salomón,  D.  Paulina 
Carriedo,  D.  Pedro  Fernández  Caneja,  el  General  D.  Francisco 
de  B.  Canella,  el  Coronel  Padin,  D.  Ricardo  Acebal,  D.  Rafan 
Altamira,  los  vecinos  de  Ladines  en  Sobrescobio,  ele  ,  etc.,  y  en 
alguna  ocasión,  quien  escribe  este  pobre  libro. 

Para  conciliar  las  necesidades  pedagógicas  de  los  dos  centros 
docentes,  se  ha  empezado,  en  buen  acuerdo  con  el  catedrático 
del  Instituto  Sr.  Gimeno,  á  establecer  dentro  del  local  la  separa- 
ción de  colecciones  para  una  y  otra  Escuela;  y  así  para  la  Uni- 
versidad se  han  dispuesto  las  siguientes  colecciones:  en  Geología 
y  Mineralogía,  una  de  minerales  ordenados  según  Tscherrnafc. 
separando  los  ejemplares  demasiado  repetidos  para  trabajos  de 
alumnos  en  el  laboratorio,  y  otro  de  rocas  según  la  clasificación 
de  Geikie,  haciéndose  los  catálogos  de  ambas;  además,  otra  de 
fósiles.  En  Zoología  se  han  podido  formar  colecciones  de  proto- 
zoos, celentéreos,  equinodermos,  gusanos,  con  adquisición  de 
ejemplares  á  cargo  de  un  donativo  especial  y  donación  de  otros 
por  parte  del  Ingeniero  Sr.  Orueta,  tan  amigo  y  favorecedor  de 
nuestra  Universidad,  y  del  catedrático  Sr.  Rioja,  que  los  ha  se- 
parado de  sus  colecciones  particulares,  y  son  ejemplares  reco- 
gidos por  él,  el  auxiliar  y  los  alumnos  en  las  excursiones.  Se 
han  formado  nuevas  colecciones  de  artrópodos  (dejando  las 
existentes  para  el  Instituto)  con  ejemplares  recogidos  en  la  forma 
antes  indicada  y  con  donativos  importantes  de  los  Sres.  Bolívar, 
catedrático  en  Madrid,  y  Boscá  de  Valencia.  Se  adquirieron  tam- 
bién los  moluscos  para  ser  de  nuevo  determinados  por  el  especia- 
lista español  Sr.  Hidalgo,  en  Madrid,  y  después  de  su  devolución 
se  han  ordenado  como  los  otros  tipos  del  reino  animal,  por  cla- 
ses, haciéndose  los  respectivos  catálogos  de  estas  colecciones  y 
de  algunos  ejemplares  de  moluscoideos  y  tunicados.  En  los  ver- 
tebrados, en  los  que  se  ha  incluido  una  piel  de  Ornitorinco,  regalo 
del  Sr.  Calzada,  se  ha  empezado  una  revisión  para  destruir  los 


—  219  — 

completamente  estropeados  por  la  polilla,  operación  en  que  se 
continua. 

Para  las  clases  prácticas  se  ha  hecho  una  instalación  de 
2 i  puestos,  contando  para  ello  con  las  partidas  ó  ingresos  de  10 
pesetas,  que  cada  alumno  oficial  satisface  á  este  fin  al  matricu- 
larse como  también  por  los  libres  que  han  solicitado  su  admi- 
sión; con  algunos  trabajos  pagados  á  cargo  de  la  pequeña  asig- 
nación anual  de  1.000  pesetas  entre  Diputación  y  Ayuntamiento; 
con  material  de  otras  cátedras  y  con  mas  adquirido  acredito.  Se 
halla  dividida  la  clase  en  cuatro  secciones,  en  cada  una  de  las  que 
han  ocupado  sitio  56  alumnos,  encargándose  de  dos  de  ellas  el 
catedrático  y  de  otras  dos  el  auxiliar.  Cada  sección  se  halla  pro- 
vista de  un  microscopio  de  observación  (sistema  Zeiss,  Chevalier 
v  olvos)  otro  idem  de  disección,  un  soplete  y  una  serie  de  reac- 
tivos, líquidos  y  utensilios  diversos  comunes  á  todos  los  alumnos 
independientemente  de  los  de  uso  de  cada  uno  que,  con  los  pro- 
ductos de  su  trabajo,  guarda  en  su  respectivo  cajón.  Finalmente, 
y  gracias  al  valioso  donativo  hecho  á  la  Universidad  por  D.  Ra- 
fael Calzada,  se  han  podido  destinar  unas  3.CÜ0  pesetas  á  la  ad- 
quisición del  mejor  modelo  de  microscopios  del  sistema  Zeiss, 
wn  objetivos  apocromáticos  y  oculares  compensadores,  aparato 
para  dibujar  á  la  cámara  clara  y  micrómetros,  y  asimismo  á  la 
«lo  un  microtomo  para  hacer  las  secciones  microscópicas  (1). 
Kstos  aparatos,  una  estufa  de  Mayer  para  incluir  los  objetos  que 
han  de  ser  seccionados  con  el  microtomo,  una  «tournet»  de  Mine- 
ralogía, que  cede  el  Instituto,  y  un  aparato  micro  fotográfico,  pres- 
tado por  el  Sr.  Orueta,  mientras  se  adquiera  otro  constituyen  el 
material  que  manejan  bajo  la  dirección  del  Profesor  y  Auxiliar. 


(tí  Con  ír.tima  complacencia  consigno  aquí  el  importante  donrtivo  de  mi  cordial  amipo 
IX  Rafael  Calzada,  de  Navia,  reputado  abogado  y  escritor  en  la  República  Argentina,  donde 
Mcur  gritando  grandes  servicios  á  España.  Al  visitar  cu  4  de  Noviembre  rio  jyola  Univcrsi- 
**'l,  roe  preguntó  con  amoroso  interés  por  su  estado  y  necesidades  y  al  saber  !;«»  dificultades 
>•  íúV  por  falta  de  recursos,  que  habíamos  solicitado  en  recientes  circulares,  me  entregó  una 
■  rJ'-n  contra  un  banquero  ovotcn.«c  por  valer  de  chico  n.il  pesetas  con  expresiva  carta  para  el 
b.".  Reolor  manifestando  también  en  ella,  que  »su  cspo«a  la  Sra.  D."  Celina  González,  deseen- 
'.k-ntt  de  asturianos  y  amante  de  este  suelo,  se  asociaba  con  la  mayor  satisfacción  á  esta  modesta 
ffroida». 

La  gcncrosiJad  del  Sr.  Calzada  fué  profundamente  agradecí. la  por  el  Claustro,  que  considera 
•ililn>irc  hijo  de  sus  ai:las,  como  protector  de  la  Casa.  A  ella  volvió  meses  después  el  di-tin- 
v .Jo  favorecedor,  obsequiado  con  humilde  pero  efusivo  banquete  donde  se  pronunciaron 
•Vctiectrs  decursos  por  el  esplendido  donante,  Rector  Aramburu  y  Decano  liuylla,  ¿cardándose 
1  K-y  el  retrato  del  Dr.  Calzada  en  la  Iconoteca  universitario-provincial. 

Con  el  importante  donativo  de  mi  fraternal  compañero  se  adquirieron  el  aparato  mencionado 
'¡"itcxtj  y  libros,  y  se  costeó  la  impresión  del  primer  tomo  de  --í/w/rí  l'nivet sitarías,  junta- 
re c  a  otro  giro  «ie  500  pc«cta*  p">r  la  benemérita     A^o«;ia.;ión  patriótica  c<parV>la  de  Buenos- 


—  220  — 

Para  el  estudio  de  la  Botánica  se  Procuró  la  Universidad  el 
correspondiente  Jardín.  Acudieron  al  Ayuntamiento  de  Oviedo 
el  Sr.  Rector  Mata  Vigil  y  el  Vice-Direclor  de  la  Sociedad  Eco- 
nómica D.  Manuel  Prado  Tobia,  pidiendo  el  campo  que  había 
pertenecido  al  destruido  convento  de  San  Francisco  y  que  la 
municipalidad  había  adquirido  detrás  def  edificio,  convertido 
entonces  en  Hospital;  y  vieron  cumplido  su  objeto,  cuando  en 
1846,  accediendo  la  Ciudad  á  sus  deseos,  á  propuesta  de  los 
concejales  D.  José  Coll,  D.  Ramón  Valdésy  D.  Victoriano  Ar- 
guelles, concedió  en  foro  perpetuo  el  sitio  solicitado  por  el  ca- 
non anual  de  1.000  reales.  Por  vía  de  indemnización  se  destina- 
ban 800  para  el  establecimiento  benéfico,  que  antes  se  aprove- 
chaba de  dicho  campo,  200  para  obras  en  dicho  Jardín  y,  entre 
otrqs  condiciones,  había  la  de  colocar  una  elegante  verja  de 
hierro  en  la  tapia  que  separaba  el  mencionado  prado  del  fron- 
doso campo  de  San  Francisco,  delicioso  esparcimiento  de  los 
ovetenses. 

Desde  entonces  se  trabajó  para  trasformar  aquel  sitio  y,  en 
poco  tiempo,  venciendo  muchos  obstáculos  se  estableció  el  Jar- 
dín Botánico  que,  llenando  los  objetos  de  la  enseñanza,  consti- 
tuyó con  el  tiempo  un  bello  recreo  y  ornato  de  la  población, 
después  que  en  diferentes  años  se  hicieron  no  pocas  obras  de 
invernáculos,  caseta,  pozo,  etc.  Estaba  dividido  en  tres  secciones: 
una  destinada  á  semillero  de  árboles  y  plantas  herbáceas,  otra 
compuesta  de  plantas  de  adorno,  y  la  tercera  y  principal  com- 
prendía las  escuelas  botánicas.  Las  plantas  del  Mediodía  de  esta 
última  sección,  estaban  distribuidas  según  el  sistema  de  Linneo, 
las  del  Norte  por  el  método  de  Jussieu;  y  todas  tenían  su  eti- 
queta numerada,  que  correspondía  al  catálogo  que  obraba  en  po- 
der del  profesor. 

Correspondientes  áeste  ramo  de  la  ciencia,  vinieron  al  gabi- 
nete y  jardín  universitarios  una  colección  de  maderas  de  la  Isla 
de  Cuba  y  de  Filipinas,  donada  por  los  Sres.  Fernández  Villa- 
verde  y  Méndez  Vigo;  plantas  de  Baleares  y  Guipúzcoa  remi- 
tidas por  nuestro  padre  D.  Benito  Canella  Meana;  un  herbario 
compuesto  de  1.162  especies,  recogidas  en  los  alrededores  de 
Madrid  por  el  malogrado  alumno  D.  Eduardo  Carreño,  y  otro 
precioso  de  Asturias  en  el  que  colocaban  las  plantas  que  el  celo- 


—  221  — 

>o  catedrático  Sr.  Pérez  Minguez  recogía  sobre  la  base  de  las 
obtenidas  por  el  famoso  D.  Benito  Pérez  (a)  el  «botánico».  Casi 
perdidos  tan  notables  elementos,  se  ha  comenzado  á  formar  aho- 
ra un  herbario  con  ejemplares  recogidos  por  el  Auxiliar  y  alum- 
nos. 

En  1859,  1868  y  1870  pidió  la  Corporación  municipal  el  es- 
tablecimiento de  la  verja  divisoria,  cuando  la  Universidad  y  el 
Instituto,  por  más  deseos  que  tenían  de  efectuar  la  obra,  care- 
cían de  los  recursos  procedentes  del  exhausto  Tesoro  del  Esta- 
do, que  de  día  en  día  mermaba  su  presupuesto.  Ninguna  consi- 
deración fué  posible  á  detener  una  medida  que,  escudada  en  el 
cMnbellecimiento  del  parque,  se  realizó  con  el  derribo  déla  tapia 
on  1871.  El  Jardín  Botánico  se  convirtió  en  parte  integrante  del 
campo  de  San  Francisco  que,  ciertamente,  se  hermoseó  en  es- 
tremo,   cuando  se  quitaba  á  la  enseñanza  uno  de  sus  más  pre- 
ciados medios  de  instrucción,  en  donde  tanto  se  había  trabajado 
y  tantos  caudales  se  habían  invertido.  El  Rectorado  y  el  Cuerpo 
académico  vieron  con  sentimiento  este  suceso  que,  retardado, 
hubiera  podido  verificarse  de  otra  manera  mas  beneficiosa  para 
Oviedo  y  su  Universidad  é  Instituto. 

Para  los  trabajos  del  primitivo  profesorado  de  Ciencias  se 
habilitó  un  cuarto  accesorio  al  gabinete  de  Historia  natural, 
donde  se  hacían  las  disecaciones  y  los  estudios  de  clasificación 
con  la  caja-neceser  y  otros  instrumentos  reactivos,  cápsulas  y 
utensilios;  además  se  reunió  una  biblioteca  especial,  compuesta 
de  algunas  obras  relativas  á  estas  ciencias  naturales  y  de  la 
colección  de  láminas  de  M.  Aquilcs  Conté,  etc.;  pero  moderna- 
mente se  destinó  este  local  para  un  modesto  museo  de  Agricultu- 
ra de  esta  asignatura  de  la  Segunda  Enseñanza. 

Aunque  no  forma  parte  integrante  de  la  Sección  de  Ciencias 
ni  está  el  Observatorio  astronómico  rigurosamente  compren- 
dido en  la  enseñanza  que  antecede,  se  trata  aquí  de  este  Cen- 
tro porque  su  fundación  se  debe  á  ilustre  catedrático  de  Cien- 
das,  que  le  organizó  y  dirigió  muchos  años,  siguió  después  á 
cargo  de  sus  sucesores  y  continúa  en  la  Universidad. 

Kl  Gobierno  recomendó  á  los  Rectores  en  R.  0.  de  30  de  Mar- 
zo de  1864  para  que  estimulasen  á  los  profesores  de  Física  hacia 
lo*  trabajos  meteorológicos.  La  falta  de  aparatos  de  precisión 


impedía  que  se  planteasen  en  Oviedo;  pero  el  catedrático  d*m 
León  Salmean  venció  con  celo  no  pocos  obstáculos  y,  carecien- 
do de  local  en  donde  hacer  las  observaciones,  colocó  los  instru- 
mentos en  varios  sitios  de  la  Escuela  y  sus  dependencias,  lo- 
grando dar  principio  á  la  publicación  de  datos  en  Enero  de 
1831.  El  resultado  fué  tan  favorable,  que  alcanzaron  por  su 
exactitud  y  buen  orden  ser  apreciadas  y  consultadas  por  el  Ob- 
servatorio astronómico  de  Madrid,  Comisión  del  Mapa  geológico 
y  Junta  general  de  Estadística,  que  las  reprodujeron  en  sus  pu- 
blicaciones, como  también  la  Academia  de  Ciencias,  que  nombró 
individuo  correspondiente  al  Sr.  Salmean. 

Entonces  el  Rector  Sr.  A.  Arenas  pidió  á  la  Superioridad 
más  instrumentos;  y,  al  girar  después  como  Consejero  de  Instruc- 
ción pública  la  visita  de  este  Distrito  universitario,  dio  lugar  pro 
ferentc  en  su  informe  á  las  observaciones  meteorológicas,  pro- 
puso la  construcción  del  Observatorio,  acompañó  su  plano  y  pre- 
supuesto y  pidió  que,  para  levantarle,  se  utilizasen  los  fondos  que 
la  Universidad  tenía  en  títulos  de  la  Deuda.  El  Gobierno  aprobó 
tan  útil  pensamiento  en  R.  O.  de  30  de  Septiembre  de  1859,  y  el 
arquitecto  provincial  D.  Luis  Céspedes  levantó  el  correspondien- 
te plano,  proponiendo  la  construcción  de  la  actual  torre  en  el 
sitio  que  ocupaba  el  antiguo  campanario-espadaña  de  la  Univer- 
sidad, desechando  la  idea,  por  otros  abrigada,  de  establecerle  en 
el  Jardín  Botánico.  Formado  el  presupuesto,  sin  ningún  resul- 
tado se  realizaron  diferentes  subastas,  hasta  el  remate  en  180 [ 
por  64.600  reales.  Aun  así  no  se  terminaron  los  trabajos;  en  1807 
se  hizo  un  presupuesto  adicional  de  1.890  escudos,  y  se  concluyó 
la  torre-observatorio  en  el  siguiente  año  colocando  en  ella  los 
aparatos  é  instrumentos  de  observación,  así  como  el  reloj  del 
Establecimiento. 

Por  la  ley  de  5  de  Junio  de  1859  se  dispusieron  que  los  tra- 
bajos meteorológicos  continuasen  bajo  la  dirección  de  la  Junta 
general  de  listadtelica,  y  para  darles  la  conveniente  organización 
se  espidió  el  11.  D,  de  1 1  de  Marzo  de  1860  por  el  cual  se  esta- 
blecían 22  estaciones,  una  de  ellas  en  esta  capital.  Se  ordenó 
que  las  observaciones  consistiesen  en  el  conocimiento  déla  tem- 
peratura, presión  atmosférico,  rsLado  higrométrico  del  aire,  di- 
y  fuerza  de  Im  vientos*,  lluvia  y  meteoros  fáciles  de  ob- 


-   223  — 

servar,  etc.,  y  que  se  encargasen  de  ellas  los  catedráticos  de  Fí- 
sica de  las  Universidades  é  Institutos  con  su  ayudante,  donde  lo 
hubiese,  como  lo  fué  aquí  D.  Máximo  Fuertes  Accvcdo,  docto 
escritor  asturiano.  Al  cesar  el  Sr.  Salmean  en  1866,  el  Observa- 
torio astronómico  siguió  á  cargo  de  los  catedráticos  de  Segunda 
Enseñanza  y  Facultad  Srcs.  Terrero,  Ceruelo,  G.  Fradcs,  Mén- 
dez, Aparicio  y  Trios;  y  este  continua  al  frente  de  los  trabajos 
del  importante  centro  que  son: 

l.'1     Determinación   de  la  altura  barométrica  conveniente- 
mente reducida  á  0.°  y  corregida  á  las  nueVe  de  la  mañana  y  á 
las  tres  de  la  larde  para  deducir  la  altura  media  diurna  y  la  osci- 
lación; 2.a  Inspección  de  los  termómetros,  máximas  al  sol  y  som- 
bra y  mininas  á  la  sombra  y  reflector  correspondientes  al  día 
anterior,  para  deducir  la  temperatura  media,  oscilación  termo- 
mótrica,  y  diferencias  mutuas  entre   las  máximas  y  mínimas; 
3.a  Apreciación  de  los  grados  psicrométricos  para  el  cálculo  de 
la  humedad  relativa,  á  las  nueve  de  la  mañana  y  á  las  tres  de  la 
tarde;  4.a  A  estas  mismas  horas,  dirección  y  fuerza  aproximada 
del  viento,  milímetros  de  evaporización  y  de  lluvia  y  número 
relativo  de  nubes  desde  O  al  10  y  estado  del  cielq;  5.a  Diario 
meteorológico  para  indicar  el  carácter  más  dominante  del  día. 
Por  telégrafo  remiten  todos  los  dias  al  Observatorio  central,  los 
principales  datos  apuntados  en  la  observación  de  las  nueve  de  la 
mañana. 

Tiene  el  Observatorio  ovetense,  que  hoy  depende  del  Astro- 
nómico y  Meteorológico  de  Madrid,  instrumentos  y  aparatos  ne- 
cesarios para  su  objeto,  y  cuenta  con  los  termómetros,  baróme- 
tros, atnómetros,  termometógrafos,  dinanómetros,  pluviómetros, 
psicómetros,  etc.,  perfeccionados,  según  el  estado  actual  de  la 
ciencia  de  las  mejores  invenciones  y  sistemas  de  Fortin,  Bunlcn, 
Fastre,  Pixii,  Saussure,  Barrow,  Casella,  Philips,  Winckelman, 
Rutherford,  Damcll,  Peltier,  Hobinson,  etc.,  y  libros  de  consulta 
como  los  de  Daguin,  Ganol,  Hoefer,  Swars,  Frcssenius,  Lelaunay, 
Liáis,  Garcet,  ¡vemtz,  Sechi,  Flammarion,  etc.  A  continuación  de 
las  Memorias  universitarias  y  del  Instituto,  se  han  publicado  in- 
teresantes trabajos  y  resúmenes  (l ). 

(rl  Vedi»  se  prú.opn!  r.ertr.  la-  [>;i!>!:>  tcion  ••<  ik!  Sr  Salmw:i  y  <-"..  l'r.idc*.  E*tc  pubiú  •'•••» 
•SU  w.i  int^rC'.a-ite  f  >!lel  >;  •  Iv>t.»  ló-i  moto  ir.  I.  -„\  «  <ic  Ovifita  -Resúmc-no»  £01101.1  lo»  wo.  '.,«, 
Üj*vrvat-¡ont  *  realizad  1+  dj>dc  1  ">  5 1  poc-  lilis  .k  .il¿m.t*  noii^ia-.  hUtiuicis- . 


—  224  — 

Y  resla  hacer  alguna  breve  indicación,  después  de  lo  dicho 
acerca  del  aspecto  académico  y  pedagógico  de  Ja  Universidad 
asturiana,  sobre  su  actual  carácter  y  organización  adminis- 
trativos. 

Bien  se  sabe  que,  desde  la  influencia  rcga  lisia  del  siglo  xyiii 
y  de  cierta  corriente  autoritaria  en  parle  del  siglo  xix,  cambió 
la  significación  de  la  Universidad,  principalmente  en  sus  rela- 
ciones con  el  Poder,  perdiendo  aquella  libertad  é  independencia 
que,  bajo  la  mente  del  fundador,  la  caracterizaron  en  su  primera 
época.  El  cambio  fué  más  evidente  desde  la  reforma  de  1845  y 
disposiciones  posteriores  hasla  la  Revolución  de  Septiembre 
de  1868;  y  después  la  trasformación  quedó  á  medio  camino, 
disponiéndose  ahora  á  proseguirla  y  á  recuperar  bien  entendida 
autonomía.  Desde  el  plan-tipo  del  ilustre  primer  Marques  de  Pt 
dal,  dictado  en  eco  y  correspondencia  á  doctrinarias  y  centraliza- 
doras  ideas  francesas,  tuvo  la  Universidad  detallada  y  severa  re- 
glamentación y  otro  fué  desde  entonces  el  alcance  de  la  autori- 
dad rectoral,  diferentes  y  mermadas  las  atribuciones  del  amplio 
Claustro  de  doctores  y  maestros,  otros  los  cuerpos  consultivos 
académicos  y  muy  diferentes  los  estatutos  directivos  de  la  juven- 
tud escolar.  Bajo  patrón  de  igualdad  y  con  vida  sujeta  a  reglas 
poco  flexibles,  la  Escuela  universitaria  tuvo  en  el  aspecto  exter- 
no marcado  carácter  oficial  y  burocrático,  y  servicios  adminis- 
trativos muy  complicados  los  funcionarios  encargados  del  régi- 
men de  la  pública  instrucción. 

No  es  de  estas  páginas  demostrar  con  citas  de  innumerables 
disposiciones  cuanto  se  ha  legislado  respecto  á  las  modernas 
funciones  del  Rector,  Vice-Rector,  Decanos,  Consejo  universita- 
rio, Secretaría  general,  etc.  No  hay  siquiera  espacio  en  pági- 
nas de  índole  local  para  considerar  la  actual  significación  de  los 
Claustros  ordinarios  ó  de  catedráticos  propiamente  tales  de  ca- 
da-facultad, ni  de  los  Claustros,  extraordinario  y  electo  senato- 
rial, convocados  á  solemnidades  académicas  y  elecciones  para 
el  representante  universitario  en  la  alta  Cámara,  reuniones  á 
lasque  vienen  los  jefes  de  establecimientos  docentes  del  Distrito 
con  los  doctores  incorporados;  pero  ya  sin  derechos  y  prerro* 
gativas  de  los  del  antiguo  Gremio  y  Claustro  con  aquel  carácter 
tradicional  y  de  comunidad.  Sobre  tal  organización  se  anuncian 


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—  225  — 
reformas,  que  pudieran  ser  de  gran  utilidad,  si  se  desenvuelven 
con  acierto. 

Por    lo  que  toca  á  la  significación  del   catedrático,  nadie 
ignora  que  desde  la  organización  de  1845,  después  que  el  Estado 
en  virtud  de  las  leyes  amortizadoras  se  incautó  de  los  bienes 
de  la  Instrucción  Pública  (1),  pasaron  las  Universidades  á  depen- 
dencia   y    administración  oficiales  y  fué  el  profesorado  supe- 
rior carrera  honrosa  de  seguro  porvenir.  Ya  no  se  ven  aquellos 
casos   de   penuria   y   de  pobreza  de  maestros  de  las  antiguas 
Facultades,  aunque  los  actuales,  por  las  exigencias  de  la  vida 
moderna,  hacen  compatible  el  profesorado  con  otras  profesiones 
y  trabajos.  La  importancia  de  los  Claustros  académicos  crece  á 
medida  que  es  mayor  la  instrucción  y  el  trabajo  de  sus  miembros 
en  pueblos  deseosos  de  saber;  porque  cuando  aumenta  el  des- 
arrollo de  la  enseñanza,  cada  día  es  más  mayor  la  considera- 
ción de  los  Cuerpos  que  la  propagan  en  medio  de  respeto  gene- 
ral y  de  la  proLección,  á  veces  no  efectiva,  de   los  gobernantes. 
Ya  también  no  está  la  Enseñanza  y  su  personal  dependiendo  de 
extraños  departamentos  ministeriales,  como  antes  de  Goberna- 
ción y  d3  Gracia  y  Justicia,  ni  siquiera  del  de  Fomento  donde 
permaneció  mucho  tiempo,  y  sí  del  especial  de  Instrucción  Pú- 
blica y  Bellas  Artes,  anunciado  en  1886  y  recientemente  creado 
por  la  ley  de  31  de  Marzo  y  R.  D.  de  18  de  Abril  de  1900. 

Como  todas  las  demás  de  la  nación,  la  Escuela  ovetense  tie- 
ne Secretaría  general  con  escaso  personal  para  sus  asuntos  y  los 
de  la  Instrucción  pública  del  Distrito.  En  respectivo  lugar  se 
apuntan  las  consideraciones  que,  dentro  del  Claustro,  tenía  el 
antiguo  Secretario,  que  hoy  es  destino  inamovible  de  considera- 
ción, responsabilidad  y  hasta  técnico  con  no  escaso  trabajo  y  re- 
tribución aumentada  en  sucesivos  ascensos  por  el  plan  de  1845, 
ley  de  1857  y  disposiciones  posteriores.  La  ley  especial  de  1895 
levanta  y  reglamenta  las  condiciones  de  aptitud,  elección  y 
propuesta  del  Claustro  del  Secretario  y  empleados  á  sus  ór- 
denes.. 


•i}  Asi  aconteció  con  los  fundacionales  primeros  de  la  Universidad  Ovetense  y  con  los  pro- 
ci dente?  después  de  antiguos  arbitrios  provinciales,  donativos  y  legados  posteriores  como  1 1  de 
Viilamil  etc.  De  liquidaciones  arreglos  y  depósitos  modvrnos  se  trató  en  Claustros  de  13  de  Junio 
tic  1S7'»,  17  de  Febrero  de  iSSo,  .'j  de  Febrero  de  1SS0,  15  de  Noviembre  de  1S90  y  15  de  Mar- 
7<j,  14   de  Abril  y  13  Mayo  de  iSoj. 


—   226  — 

No  deja  de  ser  importante  tarea  la  especial  de  redactar  y  pu- 
blicar estensas  Memorias-  anuarios  desde  1858,  con  minuciosas 
noticias  del  personal,  libros,  medios  de  enseñanza,  estadísticas 
de  matrículas  y  exámenes,  grados,  títulos,  diversos  establecimien- 
tos de  instrucción  etc.;  publicaciones  que  se  resienten  de  extre- 
mado carácter  oficial  y  administrativo  sobre  el  importante  peda- 
gógico, aunque  modernamente,  se  inicia  otra  dirección  más  aca- 
démica y  acertada  á  estas  publicaciones,  (1)  si  han  de  servir  de 
estudio,  de  aplicación  y  utilidad  como  toda  obra  de  orden  cien- 
tífico-estadístico. 

Hay  en  la  Universidad  varios  dependientes  para  su  servicio; 
un  Conserje  ó  Bedel  mayor,  dos  Bedeles,  dos  Porteros  y  tres 
mozos  de  limpieza,  estos  últimos  míseramente  dotados. 

El  presupuesto  universitario  se  presta  á  interesantes  y  tristes 
consideraciones;  pero  como  las  cifras  son  por  si  bien  elocuentes, 
la  simple  lectura  del  siguiente  estado,  ha  de  sugerir  á  todo  lector 
el  convencimiento  de  la  vida  apretada  y  pobre  que  trabajosa- 
mente arrastra  nuestra  Escuela,  quizá  como  ninguna  otra  de  sus 
hermanas 

Véase  el  siguiente  cuadro  de 


(i)  El  primero  de  c>los  trabajos  fue  el  siguiente.  —  'Memoria  acerca  del  estado  de  la  en- 
señanza en  la  Universidad  de  Oviedo  y  en  los  establecimientos  del  Distrito  de  la  misma  en  los 
años  de  1858  á  1860  y  Anuario  de  1860  á  1861,  precedidos  de  reseñas  históricas.  —(Oviedo, 
Imp.  y  lit.  de  Brid,  Regadera  yComp.-Enero  1864*.— Fué  redactada,  como  ya  se  dijo,  por  el  un 
tiguo  Secretario  del  Establecimiento  1").  Benito  Canclla  Mcana,  nuestro  querido  padre,  y  contie- 
ne estudios  y  consideraciones  sobre  las  diversas  enseñanzas,  por  lo  que  fué  muy  elogiada  cuando 
su  aparición. 

M  Secretario  D.  Miguel  Fernández  y  Fernández,  que  prestó  tan  buenos  servicios  á  la  Uni- 
versidad, publicó  otros  seis  volúmenes  con  l.ts  «Memorias-  de  los  cursos  1860— 6t;=i8ói  —  63;  -- 
1862— 63;  — 1863—  64;-- 1864— 65¡  —  i865—  66;  -1866— ó;-  (Oviedo,  imp.  de  Brid,  Regadera  y 
Comp.  de  Brid  y  Regadera,   18Ó2,  1863,  iS64l  1865,  1866,  18Ó7  y   1868). 

Del  celoso  Secretario  D.  Manuel  Gómez  Calderón  son  las  «Memorias»  de  los  cursos  1S76 — 77; 
=  1885—86;=  1886—87;--  1887— 88;---i838— 89;  --1889  — oo;--i89o— 91;  — 1891— 9a.  La  primera 
contiene  reseñas  históricas  de  los  establecimientos  y  apéndices  interesantes,  como  también  estos 
últimos  la  de  1887 — 88.  Las  otras  son  principalmente  estadísticas. 

El  Secretario  actual  I).  José  Quevedo  y  G.  Llanos  es  autor  de  las  -Memorias*  del  curso  de 
1S9S— 99  con  apéndices  bien  escritos  y  de  interés  pedagógico  y  la  estadística  de  19.V»— or 

Han  quedado  sin  publicar  -zt,  Memorias;  las  de  nueve  cu: sos  comprendidos  de  iF'¿7  a  itj^; 
och .«  ó  desde  1877  a  1^5;  seis  ó  de  16  ~,i  a    1803;  y  el  de  i¿ou  a  u/w. 


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—  228  — 

Para  que  por  la  profesión  y  cargo  de  quien  esto  escribe  no 
se  pueda  ni  suponer  siquiera  el  más  lejano  móvil  de  interés  per- 
sonal, únicamente  se  llama  aquí  la  atención  de  todo  lector  que 
sepa  la  complicada  y  costosa  vida  de  los  centros  de  enseñanza. 
(si  han  de  responder  á  las  exigencias  pedagógicas  de  la  moderna 
instrucción  y  á  los  muchos  gastos  de  índole  administrativa)  so- 
bre las  cifras  inverosímiles  relativas  al  material  científico,  ordi- 
nario y  de  oficina,  con  las  que  es  humanamente  imposible  todo 

buen  servicio La  dotación  de  algunos  empleados  de  Secreta 

ría  y  de  los  últimos  dependientes  es,  ademas  de  increíble,  ver 
gonzusa;  pero  no  menos  cierta, 

Un  día  y  otro  los  Rectores  han  reclamado  de  la  Superioridad 
el  urgente  remedio  á  este  mísero  estado;  y  el  Sfc  Arambum  íos 
acusó  además  en  la  prensa  y  en  el  Parlamento  con  su  pluma  y 
palabra  prestigiosas. 

Y  el  remedio  no  ¡legó..,;  no  hay  recursos  ni  un  puñado  de 
pesetas,  que  esto  significa,  mientras  hay  en  los  presupuestos 
partidas  especiales  y  de  utilidad  muy  discutible. 


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—  229  — 


CAPÍTULO  XI 


Manifestaciones  varias  de  la  Universidad  de  Oviedo  en  el  siglo  xix. — Sucesos 
políticos.  —  Elecciones  senatoriales. — Visitas  regias  y  de  ilustres  personalida- 
des.—  Visitas  de  inspección.  — Acuerdos  claustrales  relativos  á  favorecedores 
é  hijos  distinguidos  déla  Escuela. —  Proyecto  de  estatua  al  fundador  seSor 
Arzobispo-Inquisidor  D.  Fernando  de  Valdés  y  Salas. — Concurrencia  de  la 
Universidad  asturiana  á  Exposiciones,  Congresos,  Centenarios,  Certámenes, 
etc. — Relaciones  de  la  Universidad  con  las  Hispanoamericanas  y  Extran- 
jeras.—  Instituciones  complementarias. —  Escuela  práctica  de  Estudios  jurídi- 
cos y  sociales. — Colonias  escolares  de  vacaciones. — Excursiones  escolares. — 
Extensión  universitaria. — Clases  populares. — Publicaciones  académicas;  Dis- 
cursos inaugurales;  Anales,  etc.— Significación  provincial  de  la  Universidad 
de  Oviedo.— Los  antiguos  alumnos.— Estado  actual.— Noticias  y  descripción 
del  edificio  universitario. —  Siglo  xx  y  centenario  III.  — Aspiraciones. 


Como  se  reseñaron  en  capítulo  precedente,  relativo  al  si- 
glo xvín,  diversas  manifestaciones  de  la  Universidad  de  Oviedo 
en  tal  periodo,  debe  hacerse  otro  tanto  con  relación  al  siglo  pa- 
sado, para  que  al  menos  en  el  apuntamiento  de  hechos  resulte 
más  completa  esta  reseña  histórica,  humilde  por  ser  mía  y  como 
su  autor  desprovista  de  galas  literarias. 

Apuntado  queda  el  agitado  movimiento  político  del  siglo  xix 
dentro  del  Principado  de  Asturias  y  de  su  influencia  natural  en 
la  marcha  de  su  Universidad. 

La  proclamación  de  la  Reina  D.a  Isabel  II  se  verificó  en 
Oviedo  con  entusiásticos  festejos,  á  los  que  se  asoció  el  Claustro 
universitario,  que  dispuso  solenjnes  funciones  muy  principales 
en  el  programa  ovetense  de  1833.  Al  rayar  el  alba  del  17  de  Di- 
ciembre se  anunció  la  fiesta  académica  con  salvas  de  cañonazos 
por  la  goleta  Isabel  II  que,  tripulada  por  gijoneses  alumnos 
del  Real  Instituto  Asturiano,  «había  arribado»  á  la  Capital,  y 
enarboláronse  en  la  torre-espadaña  de  la  Escuela  las  banderas 
de  España  y  Sicilia,  Francia  é  Inglaterra,  aliadas  de  España.  Se 


—  ¿30  - 

celebró  en  la  capilla  misa  oficiada  por  tres  doctores  y  se  cant< 
solemne  Te-Deum  ante  el  Claustro  6  invitados;  y  por  la  noche 
se  celebró  fastuosa  procesión  académica  con  los  retratos  de  las 
Reinas  hija  y  madre,  entonando  algunos  estudiantes  el  himno: 

En  hora  felice 
la  estrella  de  Italia, 
traspuesta  la  Calía, 
á  España  alumbró,  etc. 

mientras  todos  los  demás  alumnos  repelían  el  coro: 

Cantemos,  astures, 
el  día  de  gloria 
«jue  en  la  fiel  historia 
eterno  será. 

Y  todos  victoreaban,  unos  á  Isabel  II  y  otros  á  la  Reina  Go- 
bernadora. La  iluminación  fué  de  mucho  gusto  y  en  las  ventanas 
del  edificio  aparecían  en  trasparentes  los  retratos  de  las  reinas 
españolas.  En  el  patio  se  había  improvisado  bello  jardín  con 
fuente  central  de  altos  surtidores  oprimidos  por  el  tridente  de  ía 
estatua  de  Neptuno.  El  retrato  de  la  Reina  niña,  objeto  de  tantas 
esperanzas,  estaba  en  una  de  las  galerías  inferiores  sobre  lujoso 
trono,  mientras  en  las  interiores  ventanas  había  nuevos  cuadros 
y  trasparentes  con  alegorías  de  las  facultades  de  Artes,  Teolo- 
gía, Cánones  y  Leyes.  Tocaban  la  orquesta  y  capilla  de  la  Cate- 
dral; el  barco  gijonés  repetía  las  salvas;  los  fuegos  artificiales  se 
sucedían  sin  descanso;  en  la  cátedra  de  grados  se  improvisó  un 
baile;  y  duraron  los  festejos  hasta  bien  entrado  el  día  siguiente, 
cuando  se  arriaron  las  banderas  de  la  torre  y  se  despedía  la  regia 
goleta  á  cuyo  comandante  obsequiaron  los  estudiantes  con  her- 
mosa corona  de  flores  del  jardín  universitario.  Antes,  cuando  en 
vistosas  comitivas  la  Ciudad  y  el  Principado  pasaron  por  la  an- 
tigua calle  de  la  Picota  al  castillo-fortaleza  para  levantar  pendo- 
nes de  «Castilla  y  Oviedo»,   «Castilla  y   Asturias»  (tres  veces 
repetidos)  «por  la  Reina  Nuestra  Señora  D.a  Isabel  II»,  el  Claustro 
universitario  vestido  de  gran  ceremonia  saludó  desde  un  tablado 
sobre  la  «pedrera»  de  la  Escuela,  como  en  iguales  ocasiones  an- 
teriores. Ciudad  y  Provincia  hicieron  alto  en  tanto  que  la  Capi- 
lla de  la  Catedral  entonaba,  al  son  de  la  orquesta,  el  himno  raen- 


—  231  — 

cionado  alusivo  á  la  ceremonia,  escrito  por  uno  de  los  cursantes 
de  Leyes  (1). 

Vino  la  guerra  civil  con  todos  sus  horrores  y,  bajo  el  estruen- 
do de  las  armas,  el  Claustro  juró  otra  vez  mas  la  Constitución 
de  1812  con  el  aparato  de  1820  y  al  mismo  tiempo  fidelidad  á 
la  joven  y  combatida  Soberana  (2);  y  otro  tanto  se  hizo  con  la 
Constitución  de  1837,  que  remplazó  á  la  de  Cádiz  (3). 

En  1839  lució  el  sol  de  paz  tras  del  convenio  de  Vergara,  y  la 
l'mvcrsidad  comisionó  á  sus  doctores  D.  Juan  Nepomuceno  San 
Miguel,  D.  Agustín  Arguelles,  D.  José  Canga  Arguelles,  D.  Pablo 
Mata  Vigil,  D.  Alejandro  Mon  y  D.  Alvaro  Flórez  Estrada  para 
felicitar  á  la  Reina (4)  representación  de  la  patria  desbastada.  * 

Cuando  los  acontecimientos  de  1840,  la  Junta  local  política 
no  fué  tolerante  con  algunos  catedráticos;  el  Claustro  se  asoció 
á  las  felicitaciones  ofrecidas  al  General  Espartero,  Regente  del 
Weino,  y  dos  años  después  reconoció  ala  Junta  provincial  de  1843 
no  mucho  antes  de  acQrdar  funciones  por  la  mayoría  de  edad  de 
Isabel  11  y  nuevo  juramento  de  adhesión  á  esta  Señora  (5). 
En  1857  se  dispusieron  también  festejos  por  el  nacimiento  del 
Principe  de  Asturias  (6). 

Promulgado,  como  expresión  de  la  Revolución  de  1868,  el 
Código  político  de  1869  y  dispuesto  el  juramento  de  su  obser- 
vancia para  continuar  en  cargos  públicos,  se  repitió  en  los  Claus- 
tros la  antigua  separación  de  maestros  que,  por  su  conciencia 
digna  de  respeto,  no  asintieron  á  confesión  semejante;  y  en  Ovie- 
do se  dio  este  caso  con  algún  profesor  (7).  En  otro  género 
de  recelos,  si  bien  bajo  la  presión  de  la  guerra  civil  de  nuevo 
resucitada,  se  llegó  al  extremo  de  procesar  á  profesor  dignísimo 
interpretando  apretadamente  ciertas  manifestaciones  del  Discur- 
so inaugural  (8). 

Realizada  la  Restauración  monárquica  y  proclamado  Rey 


i 

i 


<i)  Véase  la  «Relación  de  las  públicas  demostraciones  de  alegría  con  que  la  Ciudad  de 
Oviedo  y  el  Principado  de  Asturias  celebraron  la  Real  proclamación  de  la  Reina  Nuestra  Señora 
H.k  Isabel  II  —Oviedo,  1834. — Imp.  del  Principado». 

1 2)     Archivo  de  la  Universidad. — Claustro  de  26  de  Agosto  de  1836. 

<3»     Id.     id.— Claustro  de  2a  de  Julio  de  1837. 

'4)     Id.     id.  — Claustro  de  n  de  Noviembre  de  1839. 

(5"»  Id.  id.— Claustros  de  8  de  Octubre  de  1840;  de  17  de  Maye  de  1841;  de  15  de  Julio, 
?4  de  Noviembre  y  1."  de  Diciembre  de  1843. 

16)     Id.     id.  — Claustro  de  20  de  Diciembre  de  1857. 

{7)     Id.     Id. — Expediente  del  Dr.  D.  Francisco  Fernández  Cardin. 

18)  Id.  id.— Claustro  de  3  de  Octubre  de  1874.— Expediente  y  cansa  al  Dr.  D.  Faustino  A. 
del  Manzano. 


D.  Alfonso  XII,  el  Claustro  se  asoció  á  funciones  y  actos  públ 
eos  con  este  motivo  (1).  En  días  después  no  faltó  docto  miembr 
de  la  Corporación  académica  que  protestara  del  sentido  y  e: 
tensión  del  11  I),  de  2íi  de  Febrero  de  1875  y  Circular  siguienl 
derogatorios  de  la  legislación  de  libertad  de  enseñanza  de  186 
al  resucitar,  respecto  á  textos,  programas  y  doctrinas  de  cátedn 
prescripciones  de  la  ley  de  1857  y  Reglamento  de  1859,  que  y 
do  encajaban  en  el  espíritu  pedagógico  moderno  (2).  Justo  e 
confesar  que  la  política  restauradora  fué  enseguida  más  tolefant 
y  amplia  y  no  se  registraron  en  los  anales  universitarios  restrk 
ciones  semejantes,  porque  de  otra  índole  fueron  las  molestia 
del  Claustro  en  1SSíT>  (¿pie  quedaron  compensadas  por  su  defer 
sa  en  la  Prensa,  en  el  Parlamento  y  en  el  Foro);  y,  apenas  naci 
dos,  no  prosperaron  reparos  oficiosos  á  un  artículo  debido  á  h 
pluma  de  finado  catedrático,  célebre  crítico  (3). 

Los  regios  matrimonios  de  Alfonso  XII,  la  prematura  muerh 
de  la  hermosa  é  inteligente  Reina  Mercedes  y  los  atentados  frus 
lados  felizmente  contra  el  Monarca  fueron  objeto  de  varios 
acuerdos  claustrales  (i)  asi  de  complacencia  como  de  pena,  por 
que  el  dolor  y  la  alegría  viven  en  unión  y  hermandad  presidiendo 
la  existencia.  De  igual  manera  la  Universidad  contribuyó  ala  sus 
eripciún  patriótica  en  días  temerosos  de  la  patria,  olvidada  en  su 
justicia  [lorias  naciones  de  Europa,  cuando  el  violento  ataque  y 
el  atropello  inicuo  de  la  ensoberbecida  potencia  americana  (5). 
En  otro  orden  de  expresiones  exteriores  de  nuestra  Universi- 
dad, debe  apuntarse  aquí  su  manifestación  en  Madrid  al  par  de 
otros  centros  de  cultura  del  país.  Cuando  cesó  la  regia  Regencia, 
al  ser  declarado  mayor  de  edad  en  1902  el  Rey  D.  Alfonso  XIII, 
á  tenor  de  lo  dispuesto  en  el  precepto  constitucional,  se  dispu- 
sieron homenajes  y  fiestas  con  motivo  del  fausto  suceso.  Fué 
uno  de  aquellos  actos  la  presencia  á  Madrid  de  comisiones  délas 


jn     Archivg  .1..  k  Universidad. - 

itt  Véue  'Oi"-ii'>n  uujvrriitai 
rcícremtrü  a,  lo»  Kri>fe*oft*  ^tp;irad.j 
con  b  pivirstíi  de  O  Juié  M.  Fíerrt: 

Í31     Archivo  dt-  l.i    Univemdtid 
30  de  Octubre  rtt  1900   En  d  primen 
¿jado  O.  Manuel  Dtaj  Pedregali  dcí\> 
tivo,  aQutfdániioia  también   coloca  1    <-l 
universitaria 

'4l  Archivo  de  !■■>  Ua¡ ventilad., - 
de  187&,  y  ji  de  Diciembre  de  1879, 

tsí     Archivo  da  la  Universidad.  - 


- 1  ,  li  -.1  ■  ■-  ilc  11,  12  y  23  de  Enero  de  1875. 
li.i  ■  ;  ni- ^míenlos   coleccionados   por  M.   Ruiz    de  Quevcdo, 
•.,    dimi-i  maniti*  y    suspensos.— «Madrid,  1876);    pág.  XVI, 
1-   y    Hurtado,  catedrático  de  Economía  política  en  Oviedo. 

•  L  I  .ti  i-it  -  de  Facultad  de  27  de  Septiembre  de  1887  y  de 
1  m  iJ L-pii-n  voto  de  gracia*   al  cx-ministro  y   reputado  abo- 

tu ■  í\c\  Cláltitro  ante  el   Tribunal    Contencioso  Administra- 
;   Lid  1  lie    i.in  ilustre    hijo  de  la  Escuela  en  la  Iconoteca 

(Je  16  de  Enero,  27    de  Junio  y    26  de  Octubre 

-CULitflru  de  4  de  Mayo  de   1898. 


-233- 
Universidades  y  principales  instituciones  científico-literarias  de 
España,  celebrándose  solemne  festival  académico  ante  SS.  MM.  y 
AA.,  representando  entonces  á  la  Escuela  de  Oviedo  y  su  Dis- 
trito el  Rector  Sr.  Aramburu,  los  catedráticos  Sres.  Berjano, 
Jove,  Urios,  Mur,  Rioja,  otros  miembros  y  alumnos  de  los  esta- 
blecimientos docentes,  leyendo  el  primero  una  hermosa  oración, 
esmaltada  de  citas  y  consideraciones,  en  que  se  condensaba  el 
pasado  y  timbres  de  la  antigua  Universidad  asturiana  y  sus  tra- 
bajos de  cultura  para  ser  una  Universidad  moderna  (1). 

De  mas  alcance  y  permanencia  tuvo/y  tiene  el  Distrito  uni- 
versitario otra  consideración,  consagrada  en  la  Constitución  de 
1876  al' reconocer  principalmente  parala  alta  Cámara  la  repre- 
sentación del  elemento  social  ó  colectivo  por  medio  de  especial 
régimen  electoral,  como  el  organizado  en  la  ley  de  8  de  Febrero 
de  1877  y  disposiciones  complementarias;  y  en  su  virtud  elige 
la  Universidad  (sus  claustros  de  catedráticos,  doctores  inscriptos 
y  jefes  de  los  Establecimientos)  un  senador.  Desde  las  fechas  in- 
dicadas se  han  celebrado  doce  elecciones;  y,  en  tributo  á  la  ver- 
dad, debe  decirse  que,  no  obstante  de  tratarse  aquí  como  en 
otras  parles,  de  cuerpo  electoral  reducido  y  culto,  ni  el  sufragio 
se  mostró  activo  ni  la  presión   oficial  dejó  de  presentarse  en  el 
Claustro,   repitiéndose   así  la    atonía  y   debilidad   electorales,, 
que  tan  tristemente  aquejan  á  nuestra  nación.  El  mal  fué  general, 
salvo   excepciones    de  fechas  y  lugares;  el  instituto  electoral 
selecto,  que  debiera  ser  espejo  y  modelo  en  la  materia,  ofreció 
en  los  distritos  académicos    abstenciones  y  complacencias;   no 
tuvo  ó  se  le  impidió  en  una  ú  otra  forma  que  tuviera  impulso 
propio  para  designar  candidatos  «suyos»  con  programa  ó  si- 
quiera orientación  en  cuestiones  de  Instrucción  pública  ó  con  tal 
significación  científica,  que  esta  bastara  por  si  sola  para  la  elec- 
ción merecida.  No  proceden  aquí  otras  consideraciones  porque 
al  fin  tiene  la  cuestión  aspecto  personal,  demasiado  vivo,  y  fue- 
ron los  senadores  Universitarios  de  Oviedo  personalidades  res- 
petables é  ilustres,  y,  si  algunos  ágenos  á  la  Casa,  todos  distin- 
guidos por  buenos  servicios  al  pais.  Los  nombres  y  los  sufragios 

h\    Archivo  de  ia  Universidad. — Claustro  de  26  de  Abril  de  1902. 

Véase  el  interesante  folleto:— «Ministerio  de  I.  P  y  B.  A.  Discursos  leídos  el  día  24  de 
Mayo  de  1902  en  el  solemne  Festival  Académico  celebrado  en  la  Biblioteca  y  Museos  Naeiona* 
le*  con  motivo  de  la  entrada  en  la  mayor  edad  de  S.  M«  el  Rey  D.  Alfonso  XIII». — Madrid  Im- 
prenta de  los  Hijos  de  M.  G.  Hernández.— 1902). 


—  234  — 

obtenidos  evitan  decir  aquí  más;  ellos  indican  las  luchas  so.- 
nidas  en  determinadas  elecciones;  pero  felizmente,  A  la  postre, 
acierto  del  Claustro  ovetense  ha  resultado  eligiendo,  como  } 
aclamación,  á  su  querido  y  celoso  Rector  Sr.  AramburiK  í-t¡ 
ciencia,  palabra  y  escritos  le  hicieron  merecedor,  con  aplau* 
dentro  y  fuera  de  la  Universidad,  de  la  senatorial  y  acadéim 
investidura.  Su  ya  repetida  elección  responde  bien  al  pens 
miento  orgánico,  que  se  persiguió  en  la  composición  del  Señad 

Las  elecciones  de  Senador  por  este  Distrito  universitai 
fueron  las  siguientes: 

5  de  Abril  de  1877.  —  Excmo.  Sr.  D.  Alejandro  Olivan:  o 
tuvo  25  votos. 

3  de, Mayo  de  1879.  —Excmo.  Sr.  D.  Lorenzo  Nicolás  Qui 
tana:  id,  29  id. 

2  de  Septiembre  de  1881.— El  mismo:  id.  39  id. 

8  de  Mayo  de  1884.— El  mismo:  id.  29  id. 

25  de  Abril  de  1886. — Excmo.  Sr.  D.Francisco  ValdésyMói 
barón  de  Covadonga,  elegido  por  27  id.,  obteniendo  21  id.  < 
Sr.  Dr.  D,  José  González  Alegre  y  Alvarez. 

15de  Febrero  de  1891.— Excmo.  Sr.  Barón  de  Covadonga:  24  ic 

19  de  Marzo  de  1893. -Excmo.  Sr.  Dr.  D.  Marcelino  Menér 
dess  Pelayo:  38  id. 

20  de  Abril  de  1896.— Excmo.  Sr.  Dr.  D.  Marcelino  Menén 
dez  Pelayo,  elegido  por  11  id.,  obteniendo  10  id.  D.  Juan  Uña. 

10  de  Abril  de  1898.— Excmo.  Sr.  Dr.  D.  Marcelino  Menénde 
Pelayo,  por  27  id.,  obteniendo  22  id.  el  Illmo.  Sr.  D.  Juan  Uña. 

30  de  Abril  de  1899.— Excmo.  Sr.  Dr.  D.  Nicolás  Suárez  In 
clan:  elegido  34  id. 

2  de  Junio  de  1901.— Excmo.  Sr.  Dr.  D.  Félix  P.  de  Arambu 
rn:  id.  15  id. 

10  de  Mayo  de  1903.— El  mismo:  42  id. 

(Jira  representación  universitaria  es  la  dispuesta  por  reciente 
organizador]  del  Líeal  Consejo  de  Instrucción,  habiendo  sido 
nombrados  consejeros  correspondientes  del  Distrito  academice 
de  Oviedo  el  Rector  Sr.  Aramburu  y  los  catedráticos  Sres.  Alva- 
res Buylla,  decano,  y  González  Posada. 

Tratando  de  otros  sucesos  memorables  en  la  vida  de  nuestra 
Universidad  figuran  aquí  en  primer  término  las  visitas  regias. 


Después  que  Carlos  I  arribara  casualmente  á  Villaviciosa  en 
1517  ningún  monarca  español  ni  persona  de  la  real  familia  visi" 
taron  á  la  provincia  de  Oviedo  hasta  el  presente  siglo,  y  no  ha 
muchos  años.  Fué  la  primera  la  reina  Madre  D.a  Cristina  de  Bor- 
bón,  que  en  12  de  Julio  de  1852  visitó  la  Universidad,  acompa- 
ñada de  su  segundo  esposo  el  duque  de  Kiansares  é  hijos,  vinien- 
do espresamente  desde  el  palacio  de  Contrueces,  en  Gijón,  don- 
de residían.  Enfermo  el  Rector  y  ausentes  muchos  profesores, 
que  disfrutaban  de  vacaciones,  recibió  á  la  reina  Gobernadora 
el  Decano  Sr.  Aramburu  que,  saludando  á  S.  M.  en  nombre  del 
Claustro,  la  acompañó  en  la  Universidad,  elegantemente  adorna- 
da para  recibir  á  la  que  en  1832  dio  orden  de  abrir  los  estudios 
dos  años  seguidos  cerrados  por  mandato  de  Fernando  VII  (1). 

Los  Infantes  duques  de  Montpensier  también  visitaron  el  Es- 
tablecimiento en  13  de  Junio  de  1857,  presidiendo  la  Corpora- 
ción el  Rector  Sr.   Alvarez  Arenas.  Los  gabinetes  de  Ciencias 
Naturales,  la  Riblioteca  y  otros  departamentos  fueron  vistos  con 
agrado  por  los  Infantes,  demostrando  varios  y  profundos  conoci- 
mientos el  hijo  del  Rey  de  Francia.   Durante  su  permanencia 
en  Oviedo  concurrieron  con  frecuencia  al  Jardín  Botánico  y 
el  Rector  acompañó  al  Sr.  Duque  cuando  este  hizo  una  escur- 
s\ón  á  las  antiguas  y  bellas  basílicas  de  San  Miguel  de  Lino  y 
Santa  María  de  Naranco. 

En  1861,  para  recuerdo  de  las  visitas  de  D.a  Cristina  de  Bor- 
bón  y  sus  hijos  los  duques  de  Montpensier,  se  colocó  en  el  ves- 
tíbulo del  edificio,  á  un  lado  del  arco  de  ingreso,  esta  lápida: 

D.    O.  M. 

(¿UAM  CHRISTINA, 

FERDINANDI  REGÍS  OLIM   CONJUX 

IV  ID.  JUL.  MDCCCL1I 

IPS1USQUE  FILIA  LOA1SA  FEROINANDA 

UNA    CUM    VIRO    DUCE    DE    MONTPENSIER 

IDIB.  JUN.  MDCCCLVII 

DIGNABAN  TUR    INVISERE; 

NUNC  MEMOR  ACADEMIA 

UTRUMQUB  DIEM  FESTUM  PLAUSU   RECENSURA, 

MARCHIONE    DE  ZAFRA  RECTORE, 

1N  TANTOS  HOSriTES 

GRATI  ANIMI  SÍGNIFICATIONIS  INTERPRETE, 

PERPETUO    INSCRIB1T. 

OVETI   MDCCCLXI. 


•vij  Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  general  de  i8;a.  Se  recibió  con  jubilo  la  orden 
fomunicada  por  S.  E.  la  Inspección  general  de  Instrucción  Pública  al  Sr.  Rector,  juiz  de  estu- 
diar, é  inmediatamente  fué  trasladada  á  los  Jueces,  Arciprestes  y  Curas  de  la  provincia  para  co- 
nocimiento de  los  cursantes. 


—  236  — 

En  1858  doña  Isabel  II  vino  á  Asturias  en  compañía  de 
esposo  el  Rey  D,  Francisco  y  sus  hijos  los  l rifan  Ma 

Isabel  y  D.  Alfonso,  entonces  Príncipe  de  Asi  la  I  "ni v 

sidad  de  Oviedo  celebró  su  venida  con  grandes  y  üui 

naciones.  Cuando  en  4  de  Agosto  visitaron  la  Escuela,  adoren 
el  establecimiento  con  esquisito  gusto  y  elegancia,  v  el  t  ¡láttÉ 
general,  presidido  por  el  Redor  Sr  Martin  San/  lo    p 

sentes  el  Ministro  de  botado  y  personajes  palatinos  recibió  ú.  I 
Monarcas,  acompañándolos  á  lodos  los  departamentos  del  ed 
db,  que  vieron  coa  satisfacción  las  Reales  p<  Doña  I¿ 

bel  II  mandó  cubrirse  al  Claustro,  enuso  de  antiguos  privili 
después  del  besamanos  tu vo  lugar  un  refresco.  Levantó; 
acta  minuciosa  de  tal  visita  que, firmada  en  Madrid  en  3  de  Ma 
de  IKóív  fué  encuadernada  con  esmero  y  guardada  en  el  Archí1 
del  Establecimiento  (1). 

Para  conmemorar  esta  visita  se  erigió  un  monumento  eti 
centro  del  patio  principal  Tiene  por  remate  el  broncead* 
de  la  Reina,  fundido  en  la  Fábrica  nacional  de  Traína,  y  en  el  ma 
móreo  pedestal  se  ostentan  en  la  parte  de  E.  las  armas  de  Esp 
ña,  en  la  de  0.  las  de  Asturias  y  al  S<  las  de  la  I  universidad,  leyrvi 
dose  al  N.,  frente  u  la  puerta  principal,  la  siguiente  inscripción 

EL1SAHKI     lí 

HlSPANiARUS     k  í  O  J  N  A  I 

uVtl'KNSO    ACADEMM.M 

I'RJDIK  NONAS  4DG0ST1  ASHí    MDCCCLVU1 

JPíVISENTI 

COMíTANTE  KF.r*ro  CONjr     i 

MON L¡MEN TU M  HUC 

KAO I £  T 1 0  R  ü  m  o  K  I*  o 

CtfR  AVIT  FX5TFJ   RH  j  .1   M 

También  cuando  su  breve  excursión  por  la  proviu< 
1872  el  Rey  D.  Amadeo  I  de  Saboya  vino  á  la  universidad.  Coi 
una  comisión  de  catedráticos,  el  Rector  Sr*  Salmean  le  salud 
en  Gijón,  le  acompaño  en  su  visita  al  Instituto  de  Jovellano 
y  presidió  el  Claustro  ovetense  cuando  visitó  la  Universid 
15  de  Agosto,  Vio  el  Rey  los  diferentes  departamentos  de  1¡ 
Escuela,  decorados  como  en  análogas  ocasiones,  y  demosl 

lij     Este  dQCUffl  •  *t  piiMica  en  la  primera   Mc:n  ria  uní*..: 

P.ira  conocimiento  de  otaoj  icu«r<f<  n<  -i  ■-  p&t  i 

lírtsunic  libte  -  >  Viaje  tic  SV  M  M    v  A  A 

4v  Ditri  de  U  Ra<k  y  Diluid 


—  237  — 

tisf acción  por  el  lisonjero  estado  de  la  enseñanza,  siendo  despe- 
dido con  el  mismo  ceremonial  de  la  entrada. 

En  15  de  Julio  dé  1877  fué  la  visita  del  Rey  D.  Alfonso  XII 
acompañado  de  su  hermana  la  señora  Princesa  de  Asturias,  de 
los  ministros  de  Fomento,  el  asturiano  Sr.  Conde  de  Toreno,  de 
Gracia  y  Justicia  y  de  Marina  con  dignatarios  de  la  Corte  y  las 
primeras  autoridades  de  la  Provincia.   Fueron  recibidos  por  el 
Claustro  extraordinario  presidido  por  el  Rector  Sr.  Salmean,  que 
saludó  al  Monarca  y  Princesa  con  expresiva  oración  de  bienve- 
nida. Con  fácil  palabra  contestó  S.  M.  al  discurso  rectoral:  re- 
cordó las  gloriosas  tradiciones  y  timbres  históricos  del  Principa- 
do de  Asturias,  conmemoró  sus  ilustres  hijos  los  reyes  Pelayoy 
sucesores,  á  Feijóo,  Campomanes,  Jovellanos  y  pantos   otros 
eminentes  en  Ciencias  y  Letras;  dijo  qué,  terminada  felizmen- 
te la  campaña  de  la  guerra,  era  indispensable  emprender  la  de 
la  paz,  que  consiste  en  el  desarrollo  del  trabajo  en  todas  las  es- 
feras de  la  actividad  humana,  para  borrar  las  huellas  de  la  lucha 
devastadora  y  desenvolver  los  gérmenes  de  la  prosperidad  na- 
c\oi\al,  anhelo  constante  de  su  pensamiento:  que  para  tan  noble 
y  patriótica  tarca  contaba  seguro  el  ilustrado  concurso  del  pro- 
fesorado español;  y  concluyó  exhortando  á  los  miembros  del 
ovetense  Claustro  á  que  continuasen  estimulando  á  la  juventud 
con  el  ejemplo  de  aquellos  dignos  compatricios  y  encaminándo- 
la por  la  senda  del  honor,  para  que  en  su  día  pueda  contribuir  al 
progreso  y  engrandecimiento  de  la  amada  patria.  La  Corte  hizo 
detenida  visita  á  todos  los  departamentos  de  la  Casa  (1). 

En  lápida  conmemorativa  se  colocó  en  el  vestíbulo  de  la  Uni- 
versidad la  inscripción  siguiente:  (2). 

D.    O.    M. 

ADEPHONSO  XII 

II1SPANIARUM  REGÍ. 

SOROR1QUE  EL1SABET 

ASTURICARUM  PRINC1PATUS  PR/ESlDI. 

OVETENSEM  ACAÜEMIAM 

JD1B  JUL.  MDCCCLXXVII 

1N  VIS  ERE  DIO  NATIS. 

RECTOR  MAGISTRORUMQUE  ORDO 

HOC   GRAT1    ANIMl  MONUMKNTUM 

1N   TANTI  DIEI   MEMORIAM 

PERLIBENTER  DICAVERE. 

OVETI  MDCCCLXXVII. 

(i)  Archivo  dcla  Universidad.— Claustro  de  15  de  Julio  de  1877,  acta  publicada  coinoapcu- 
&ce  de  la  Memoria  universitaria,  impresa  en  1878. 

(2)  Cuando  se  conmemore  en  marmórea  lápida  la  visita  del  Rey  D.  Alfonso  XIII  será  oca* 
«ón  de  subsanar  con  análogo  recuerdo,  la  del  rey  D.  Amadeo  I,  injustamente  olvidado. 


aj8  - 

La  reciente  ultima  visita  fué  del  Rey  D,  Alfonso  Mil 
hermano  político  el  Sr.  Príncipe  de  Asturias,  consorir,  tO    I**  ■" 
nana  del  ti  de  agosto  de  1902  concurriendo  también  el  asluriai 
Ministro  de  Agricultura  y  Oteas   Públicas,  Excmo.  Sr   I»     Féñ 
Suatez  facían.  Presidió  al  Claustro  el  Rector  Sr,  Arambui 
se  dirigió   a  hs  Ueales  personas  mu  elocuente    buen  diseurs 
que  agradeció  el  joven  monarca»  pasando  seguidamente  * 
acompañamiento  á  ver  las  dependencias  universitaria 
recuerdo  de  su  rápida  estancia  se  dedicaron  A  S.  M 
piares  encuadernados  de  la  primera  edición  de  esta  "Historia 
y  del  tomo  primero  de  los  c*Anales  Universitario?*.  El  rey  ofr< 
ció,  al  examinar  el  Museo  de  Historia  Matura!,  un  ejenipi 
perdiz,  que  cazaría  con  tal  objeto,  para  reemplazar  el  deteriora 
do  que  había  reparado  en  el  Gabinete  1 1 ) 

De  mas  visitas  oficíales  cabe  hacer  también  especial  mcn< 

En  1845  fué  visitador  regio  el  .lefe  político  de  la  provioci: 
Sr.  Rui/  Cermeño  para  plantear  las  reformas  del  nuevo  plan  rh 
estudios  del  ministro  Sr.  Pidal;  en  1858  La  de  inspección 
Consejero  ponente  del.  P,  Sr.  Alvares  Arenas,  antiguo  Ri 
en  1876  y  1880  verificaron  otra  visita  análoga  loa   Inspe 
generales  Sres.  D.  Manuel  Colmetro  y  I),  Alfredo  Adolfi 
mus:  y  en  1H85  vino  á  formar  desagradable  r  infructuoso  expc 
diente  el  Sr  Campillo  (2). 

Notorias  fueron  otras  visitas  de  ilustres  personalidades:  En 
1H77  las  del  estadista  español  I 'residente  del  Consejo  de  Minia* 
tros  Sr,  Cánovas  del  Castillo,  y  días  después  la  del  anti 
drático  de  la  Escuela  Sr,  D,  José  de  Posada  Herrera,  p 
ala  sazón,  del  Congreso  de  los  Diputados,  quien  se  complació  i> 
cordando  antiguas  memorias  de  alumno  y  profesor  en  estas  au- 
las; en  18781a  del  sapientísimo  filósofo  y  Cardenal  Arzobispo 
Fr.  Ceferino  González,   hijo  de  Asturias;  en   IKSU  la  del  celoso 
Director  general  ele  Instrucción  pública  Sr    Cárdenas;  en   issj 
las  del  ministro  de  Fomento  Sr,  Alvareda,  que  suscribió  la  me 
morable  circular  de  3  de  Marzo  de  1881,  mantenedora    ; 


i)     Arthnü  de  la  LTnivenidad. — OáuUro  de  6  tli;  Ajf^íio  Je   i -j  >jt  j 

r.,¡v.r.;i,,r.  •    de  <  YvV  ■' 

la  i     Am;1- 

rjcmbí  r:  de  M.ivii  de  1885* 


—  239  — 

fueros  de  la  cátedra,  y  del  senador  universitario  Sr.  Quintana,  in- 
cansable defensor  de  los  intereses  provinciales;  en  1883  la  del 
inmortal  poeta  Zorrilla;  en  1884,  la  del  Ministro  de  Fomento 
Sr.  Pidal  y  Mon,  obsequiado  por  el  Claustro  con  expresivo  ban- 
quete; y  en  1889  la  del  Sr.  Salmerón,  ex-presidente  del  Poder 
ejecutivo  de  la  República  (1). 

Tratando  de  personalidades  ilustres,  otras  memorias  regis- 
tran los  libros  claustrales  en  honor  de  los  hijos  distinguidos  de 
la  Tniversidad  en  el  siglo  xix,  ya  en  ocasión  de  sus  merecidos 
ascensos  ó  concesión  de  grados  de  honor  como  lambién  de  fúne- 
bres disposiciones  cuando  su  muerte.  Se  deben  recordar,  cual 
.se  hizo  tratando  de  época  anterior. 

Con  alborozado  y  tradicional  repique  de  campanas,  función 
de  iglesia,  iluminaciones  y  otros  festejos,  según  los  casos,  se  ce- 
lebró la  elevación  de  antiguos  escolares  y  maestros,  que  la  es- 
cribían con  afectuoso  ofrecimiento  al  Claustro.  En  1801  por  el 
Sr.  Torres  Cónsul,  nombrado  Teniente  Gobernador  de  Madrid; 
en  1805  por  el  ex-Rector  Sr.  llevia  y  Noriega  (D.  Francisco),  in- 
quisidor de  Sevilla  y  después  Secretario  del  Patriarca-Inquisidor; 
en  1807  por  el  Sr.  Pérez  Villamil,  auditor  general  del  Consejo 
supremo  del  Almirantazgo  y  mas  tarde  Secretario  con  voto  del 
Consejo  de  Estado;  en  1808  por  el  patriota  Sr.  Alvarez  Acevedo, 
ministro  de  la  Real  Audiencia  y  Jefe  político  provincial  en  cir- 
cunstancias difíciles;  en  1815,  por  el  Sr.  Hevia  y  Noriega  (D.  José), 
Regente  de  Granada,  Fiscal  togado  del  Consejo  de  Guerra  y  Ma- 
rina y  Consejero  de  Castilla,  elevado  en   1833  á  Camarista;  por 
el  Sr.  Fernández  San  Miguel  (D.  Juan  N),  agente  fiscal  y  después 
Consejero  del  Supremo  en  1831;  y  por  el  General  Ministro  mar- 
qués de  Camposagrado,  muy  favorecedor  de  la  Universidad;  en 
1816  por  D.  Bartolomé  Cienfuegos,  Obispo  de  Mondoñedo;  en 
1HH5  por  el  ministro  y  después  Presidente  del  Consejo  Sr.  Conde 
de  Toreno;  en  1836  por  el  Sr.  Valdés  Busto,  presentado  para  el 
Obispado  deTarazóna;  en  1838  por  los  Sres.  Món  y  Héctor  Mata 
Vigil,  ministro*  de  Hacienda  y  de  Gracia  y  Justicia;  en  1841  por 
el  divino  Arguelles,  elevado  á  la  Regia  tutoría;  en  1844  por  Pi- 


'il  Archivo  de  l.i  L"n¡vcr-»i  l.td.—  Cl;tu>iro;  de  -í  y  iS  do  Avr  ><1»i  tic  1677,  'Je  >(>  de  Orii.'ue 
*'■*  1*78,  4  de  Ago-ao  de  18S0    íL   15   de  Julio  y  20  d;  S;,. Sembré  de   i'-'^.z  >'  4  de  Ag  j>to  de  1^4. 

Li  Academia  de  Jurisprudencia  celebro  vel.1d.1s  e.i  1)  ;ior  de  1-is  celebres  poetas  Zorrilla  y 
Ku¡/  Aguilera. 


da  I  (D.  Pedro  José),  ministro,  y  después  en  oirás  ocasione! 
también  por  el  St\  Uón;  en  iK5í  ai  General  Duque  de  S 
guclt  cuando  el  movimiento   polílieo  de  aquel  año;  en   1 
los  Sres,  Posada,  Herrera  y  Fernández  Negrete  como    en  oi 
fechas  en  que  fueron  Consejeros  de  la  Corona;  en   este  mis 
ano  por  el  ex-Reetor  Sr+  Alvares  Arenas,  nombrado  Coi 
ponente  de  Instrucción  pública,  &  quien  el  Claustro  oír 
recuerdo  de  intimo  afecto  un  bastón  de  mando  (1),  ntimmne: 
aquellos  exteriores  acuerdos  de  alegría  y  satisfacción  unjveí 
fueron  reemplazados  por  expresivos  telegramas  y  cartas  dp  enJ 
rabuena  a  los  antiguos  alumnos  y  distinguidos  acunan* 
cados  en  los  primeros  cargos  del  Estado  y  de  Ja  Iglesia,  i 
los  Srcsr  Lnzcoili,  Lorenzana,  Barzanallanas,  Pedregal.  Toreí 
Ruíz  Gomes,  Tidal  (A),  Sánchez  Bastillo,  Marqués  de  Pida  I,  M 
qnés  de  Te verga,  S.nárez  Inclau  (L*.  K.   y  D,  F.),  obispos  Güi 
sola,  etc.,  etc. 

La  concesión  de  grados  honorarios  de  doctor  fue   Lambí 
acordada  en  la  püsada  centuria-  En  1815  se  otorgó  el   doctoral 
en  Cánones  al  Consejero  D.  José  Hcvt¡)  y  Noi 
título  é  insignias  ana  comisión  dr  Doctores,  I< 
lello  y  Fernández  San  Miguel  que  á  la  sazón  estaban  en  Madri 
en  1H21  se  desestimó,  como  desusada,  una  propuesta  es<  olar  j 
diendo   la  elevación  al  doctorado  del  Sr    Plores   Jotrada,  y 
Claustro  acordó  otra  suya  otorgando  al  gran  economista  el  do 
torado  de  ambos  Derechos  en  atención  *á  sus  servicios,  cienci 
patriotismo  y  padecimientos»  (2).  El  regreso  de  D,  Agustín  A 
güolles  si  la  tierra  nativa,  después  de  tanl  de  auseí; 

tantos  lauros  en  la  tribuna  gaditana,  de  tantas  persecuciones 
sufrimientos  y  de  tantos  méritos  en  el  regio  consejo,  fué  oí 


itj     Archivo  de  L»  Viiíversidad.  —  Claustro»  de  si  de  Diclrrid  i 
Abril  de  1807,  ia  de  Octubre  de  iSoS.  iz  de  Üutubft  de  i^i?:  73  de  F«bi 
lo  y  18  de  Nnvícmbre  de  iéSi$;   10  de  Noviembre  de   iBj^  13  de  ft*ar*ú    * 
E3  de  Mano  de  1834;  16  de  AUil  de  iB>6;   jo  de  Fnero,  jo  m 
i8>B;  ?7  de  Juli"  y  28  de  Agüito  de  1841;  o  de  Mayo  de   1044;  *&  de  Abril  de    t 
hrc  de  i$¿3;  y  en  crtnu  ocaiÍo<t<e*  por  carta*  y  oh. 
.  1  ] c >í  de  \i--   inten 
ttti  CMoatro  ile  La  Facultad  de  Derecho  dt-  1-  de  ÍlLuto  de  i&ía> 
al  pe;,  -  rornnncióo  de4  »ran  poela  Laft>poamor,   gloria    de  A»'- 

Ar:imburu  »e  iiiri.i;M.  ^  11  i:v^m>i\  ..  vin.i   ..i   ejt  mihísiro  Sr,  Romen.  I 

nl*i  Vj  á  propuesta  u  ordo  3,i  relebratíotí  dt  nurt  gi 

:.  en  le  ünivetíidad  a  la  iiue  *c  invierta  al  cfleísre  hijo  de  Navia  y  al  5-. 
vcrtUirl 

líthjva  .:t  :  I  —Claustro  de  17  de  Enera  d* 

—  Mm U*í  veces  he  pedida  eti  libro-  y  pcHi 

11  Klérer  Bitmdj,  r.hid;ido*  en  d  £*»<  1  terki  - 


—  241   — 

de  memorables  acuerdos  universitarios  en  1822  cuando  el  Arísli- 
des  español  llegó  á  Oviedo.  Mejor  que  en  la  concisa  relación  del 
libro  claustral  se  refiere  esta  investidura  en  notable  libro  bio- 
gráfico: 

«Se  distinguió  la  Universidad  en  obsequio  del  Sr.  Arguelles. 
Pasó   una  diputación  de  su  seno  á  felicitarle,  y  aquella  misma 
nocho  celebró  claustro  pleno  en  casa  del  Rector,  donde  se  acor- 
dó inferirle  el  grado  de  doctoren  ambos  Derechos,  lo  mismo  que 
úl  los  Sres.  D.  Francisco  Martínez  Marina  y  D.  Lorenzo  Rivera, 
diputados  á  cortes  de  1820  y  1821,  al  Sr.  D.  José  Canga  Argue- 
lles, ex-ministró,  nombrado  para  la  de  1822  y  1823,  y  al  Sr.  don 
Manuel  María  Acevedo,  jefe  político  de  la  provincia.  Al  Sr.  Conde 
de  Toreno  se  le  confirió  el  grado  de  Doctor  en  Leyes. 

»Una  diputación  pasóá  comunicar  lo  acordado  á  D.  Agus- 
tín y  al  Jefe  político  que  eran  los  solos,  que  se  hallaban  en  Ovie- 
do, por  si  gustaban  recibir  el  grado  con  la  pompa  y  ceremonia 
acostumbradas.  Mas  los  interesados  contestaron:  que,  agrade- 
ciendo infinito  la  honra  que  les  hacia  el  Claustro  de  la  Universi- 
dad, esperaban  se  les  dispensase  de  recibir  el  grado  con  la  so- 
lemnidad del  caso,  añadiendo  Arguelles:  que  tendría  gran  satis- 
facción el  presentarse  al  Claustro  privadamente,  si  posible  fuera. 
»  Accediendo  este  á  sus  deseos  se  reunió,  en  efecto,  al  día 
siguiente;  y  habiendo  mandado  una  diputación  de  cuatro  indivi- 
duos de  su  seno  salir  á  recibir  á  los  Sres.  Arguelles  y  Acevedo,  se 
presentaron  estos,  y  el  Rector  les  puso  en  la  posesión  de  su  gra- 
do de  Doctores.  Concluido  el  acto,  sentáronse  entre  los  Decanos, 
se  dirigieron  las  arengas  y  hubo  los  abrazos,  que  en  tales  casos 
se  acostumbran. 

«Terminado  el  acto,  bajaron  todos  los  doctores  á  la  cátedra 
de  Vísperas,  ocupada  ya  por  una  numerosa  y  escogida  concu- 
rrencia. Gozoso  Arguelles  y  lleno  de  emoción,  al  verse  rodeado 
de  tantos  amigos  y  antiguos  condiscípulos,  les  dirigió  la  palabra 
y  en  un  breve  discurso,  recordó  que  en  aquellas  aulas  había  pa- 
sado sus  mejores  años.  Haciendo  una  reseña  de  los  trastornos 
que  había  experimentado  desde  aquellos  tiempos  la  nación,  en- 
careció las  ventajas  que  resultaban  de  la  libertad  bien  entendida 
y  de  la  puntual  y  exacta  obediencia  déla  Constitución  política 
de  la  Monarquía;  concluyendo  por  exhortar  á  la  juventud  á  que 


—  2^2  — 

aprovechando  la  nueva  era  que  abría  al  sabe)  ma  líber 

se  dedicase  incesantemente  al  estudio  para   &  din  útil 

SU  pütri:i 

Tomó  la  palabra  para  contestarle  0.  Tomás  Joaquín  ! 

da.   cursante  en  Jurisprudencia;  le  felicitó  en  nombre    de  s 
compañeros,  y  felicito  no  menos  al  país  por  aer  cuna  del  I 
cu  de  la  libertad;  Con  cuyas  palabras  terminó  la  eeremor 
liendo  de  la  Universidad  Arguelle*  y  el  Jefe  político  entre  infii 
Los  aplausos  con  un  lucido  acompañamiento,  que  les  coa  do  jo 
su  casa*  (1) 

Kn  glorificación  de  otro  doctor  esclarecido  también  ton 
Claustro  parte  activa.  En  1810  y  1861  intervino  en  el  expedie 
le  de  beatificación  del  famoso  P,  Cádiz,  y  ¡se asoció  á  la  soleuin 
dad  religiosa  del  Cabildo  Catedral  en  1894  cuando  el  virtuoso 
elocuente  capuchino  Eaé  canonizado  porS,  S<  Le<>n  XIII  (1  u 

De  igual  malicia,  en  días  de  luto  mostróse  la  Universida 
abatida  y  apenada  cuando  la  muerte  Je  arrebataba  a  sus  liíj*3 
preclaros  y  favorecedoi 

En   1802  falleció  el  egregio  Conde  de  Campo  manea  fi  «juie 
la  Escuela  debió  su  reforma  con  generosos  alientos  en  177' 
otras  ocasiones;  que  tuvo  para  su  progreso  y  el   adelanto  d 
maestros  y  alomóos  el  amor  de  un  padre  diligentísimo;  y<j» 
miraba  á  estas  aulas  como  »cosa  suya»,  según  repelí;: 
misionados  de  la  Provincia  y  del  Claustro  enviados 
Auus  hacia  <|ue  el  famoso  lujode  Tinco  arrastraba  vida  oscura  1 
retirada,  debilitado  en  sus  antiguas  energías  y  muy  comp!a< 
con  el  satélite  que  entonces  brillaba  en  los  consejos  y  hasta  ei 
la  Cámara  de  los  reyes  ¡pero  su  muerte  revivió  aletargados  sentí 
miento*  de  gratitud  en   corazones  asturianos,  y  la  corporactáj 
universitaria  le  dedicó  suntuosos  funerales    á  la  manera  de  lo; 


i 

-  I  .i  IjttidAtorin  <i.:l  1 1 1  ;  r    si    i  r 

Cljiüütms  <fe  i.o>  ti  y  12  «le  Febrero  de  1S31.  Kn  1 
IX  Agustín  Arfftelle*  pudiera  ^er  elector  en  Madrid,  ya  que  |jitr  ~u  \< 

1,7  *c  le  otiíidió  uu  precióte  LÍluia,  qi 
galanJu  mi  nouihk-  uil.i-:  iiciitírifico  y    remitiendo    con    c&pre»ivn    dedicatoria    un    rjetm 

, .  n  hUtiiricodc  La  Refoim*  coniUtucíím&l   , 
■Hiuoñ*  iJt.i  levanta  quemo,  jucr»  y  t*  Efpa&a*,   [I 

y  35  di:  Junio  tic  l8)0), 

FJ  -  U.iMin  dal 

madre,    poi    hahei 
kr    írnluiIVC     y  |c 

de  .•c,•  de  J11I 


—  243- 

del  Obispo  Pisador»,  colgando  de  negro  toda  la  capilla,  vistiendo 
lo?  doctores  las  insignias  de  luto,  doblando  las  campanas  en  va- 
rios días  y  oficiando  en  la  fúnebre  misa  los  doctores  mas  distin- 
guidos: el   limo.  Sr.  D.  José  Palacios,  del  consejo  de  S  M.,  digni- 
dad en  la  Catedral  y  Provisor  de  la  diócesis  con  los  canónigos 
I).  José  Agustín  de  Lago,  magistral,  y  D.  Sebastián  de  Cosió  (1). 
En  1811,  entre  el  fragor  de  la  guerra  y  el  desconcierto  pro- 
vincial, una  vez  más  injustamente  perseguido  el  célebre  Jovella- 
nos,  arrojado  por  la  tempestad  de  los  mares  y  la  tormenta  polí- 
tica, murió  en  el  pequeño  pueblo  de  Puerto  de  Vega  cerca  de 
Xavia,y  tuvo  allí  los  primeros  funerales  y  sepultura  provisional;  á 
las  exequias  y  sepelio  concurrió  en  nombre  de  la  Junta  Sobera- 
na de  Asturias,  á  la  sazón  en  Castropol,  su  vocal  el  Doctor  Ca- 
nella,  catedrático  de  la  Universidad,   especialmente  con  este 
carácter,  á  más  de  la  amistad  que  había  tenido  al  virtuoso  pa- 
tricio. Cerradas  Escuela   y  Capilla    (convertidas  en  cuartel  y 
almacenes)  en  1812  y  disperso  el  Claustro,  su   representación 
más  numerosa  concurrió  después  á  los  funerales  dispuestos  en 
sufragio  del  sapientísimo  asturiano  en  la  ovetense  Iglesia  cate- 
dral (2). 

En  repetidos  acuerdos,  ultimados  en  1828,  la  Corporación 
dispuso  exequias  por  el  generoso  hijo  y  protector  de  la  Univer- 
sidad el  Regente  del  Reino  Sr.  Pérez  Villamil,  recordando  el 
amor  que  le  tuviera  en  vida  y  el  desprendimiento  con  que  la  fa- 
voreció en  muerte  (3);  en  el  mismo  año  por  el  Consejero  Torres 
Cónsul  y  el  Dr.  Venayas,  también  benéficos  para  la  casa  Uni- 
versitaria y  su  Riblioteca  (4);  en  1836  por  el  Doctor  Rivera  (5); 
y  en  1866  por  el  primer  Marqués  de  Pidal,  el  reformador  de  la 
Instrucción  pública  española  (6). 


'ij  Archivo  de  la  Universidad.—  Claustros  de  22  dz  Mayo,  18  de  Noviembre  y  1  y  a  de 
I)¡ciembre  de  180?. 

(2)  Archivo  de  la  Universidad. — Claustro  de  9  de  Febrero  de  18  r  2. 

(3)  Id.  id.—  Claustros  de  1."  de  Mar/o  de  1824  y  24  de  Octubre  y  12  de  Diciembre  de 
i8í3. 

Vcáse  •  Discurso  que  en  las  solemnes  exequias  de  la  Real  Universidad  de  Oviedo,  á  la  memo- 
ria de  su  bienhechor  el  excelentísimo  Sr.  D.  Juan  Pérez  Villamil,  fundador  de  una  cátedra  de 
Religión  en  la  misma,  dixo  el  R.  I'.  M.  Fr.  Manuel  de  Caso,  catedrático  de  Teología  y  moderan- 
te de  Oratoria*  —Con  licencias  necesarias. — Oviedo  en  la  oficina  de  la  viuda  de  Prieto.  — 1829. 

(4)  Archivo  de  la  Universidad. — Claustros  de  15  y  26  de  Marro  de  1828 
(5»     Id.  id.— Claustro  de  26  de  Agosto  tle  1836. 

•  6)  id.  id.— En  6  de  Febrero  de  1866  se  celebraron  suntuoso*  funerales  por  el  Dr.  D.  Pe- 
dro José  Pidal  y  la  Exenta.  Sra.  Marquesa  viudi  de  Pidal  dirigió  al  Claustro  muy  sentida  carta 
de  gtatitud. 


—  244  — 

Las  rutas   claustrales  registran  igualmente   más   fúneb» 
iierdoq. 

Eo  1sí:í  para  traer  a  la  Capilla  de  la  Universidad  lo- 
ni. átales  del  célebre  P.  Feijóo,  que  yacen  en  la  ex-lgtesifl 
cal  de  San  Vicente,  hoy  parroquial  de  la  Corte,  iniciando  Mf 
de  un  panteón  académico,  que  algunos  quieren  iniciar, 
lauto  fuera  posible,  con  H  traslade  a  Oviedo  del  bellísimí  I 
mentó  de  Salas  doné  el  fundador  esclarecido  Ar/ 

Inquisidor  Valdés;  en  18Sít  ofreciendo  homenaje  funerario,  de 

j  capilla,  cuando  la  traslación   á  Oviedo  de  lOa  rest 
Obispo  del  Ton-Kin,  V.  Fr,  Melchor  Sampedro*  el  proto-mart 
asturiano,  que  antea  habia  recibido  en  llareelona  poi 
de  sus  doctores  Luanco,  Bas,  Rubio,  Torl  Lie.  Rodi 

Latin;  en  1890  cuando  se  trató  de  análoga  traslación  icn  qn 
debe  inaistírse)  délas  cencas  del  doctísimo  Martínez  Marín: 
que  descansa  en  Zai  ,  en   1894  ordenando   en  sufragi 

riel  asturiano  Cardenal  arzobispo  Vr.  Zeferino  González  ew 
quias  solemnísimas  y  otro  acuerdo  para  imprimir  especial  pübl 
cacion,  que  no  pudo  realizarse  (1). 

Casi  de  ayer  fueron  análogas  disposiciones.  También  en  1891 
falleció  el  reputado  catedrático  D.  Guillermo  Estrada  VHlai 
notorio  por  su  sabiduría  en  la  cátedra,  en  la  tribuna  ven  la 
sa,  varón  di  stinado  &  prominentes  cargos  y  lucimiento,  si  su  txst 
deslía  no  lo  hubiera  estorbado.  Profesábamosie  Olíal  cariño  lo 
compa ñeros,  muchos  antiguos  discípulos,  y  cuando  su  pcrdid; 
sen t lilísima  se  lomaron  amorosos  acuerdos  en  honra  mcrecidí 
desús  despojos,  y  llegando  también  al  Parlamento  y  al  Trono  ei 
Earor  de   SU  familia  í2)<  No  mucho  después,  en   1901,  su 
Claustro  otra  pérdida   de  gran  valia  con  la  prematura  muerli 
del  profesor  D,  Leopoldo  G,  Alas,  inteligencia  poderosa, 
de   las  plumas  más  prestigiosas  de  la  España  del  siglo  xix 
Maestro  de  profundo  espíritu  pedagógico,  ora  nial,  EIÓso 

fo  y  economista,  severo  crítico  en  todos  los  géneros  literarios 
que  avasallaba  con  dilatado  saber,  novelista  y  periodista  rncnh 
simo,  que  lodo  ésto  y  mus  fué  el  célebre  Clarín,  ornamento  di 

it]     Aíeíiivii  de  la  Univpriifi^d— Cliuitfii*    de  a  a  de  Noviembre  de  1&43;  »j-r 
»j  d.  Íü¡  de  i}  de  Mayo  de  i&qq;  y  de  JO  de    N  -.-i  ii  iiiIitc  de  tSf>4 

fa)     Archivo  dt  la  '  Dkicmt/re   de  1894   1    ti 


-245- 

la  Universidad  asturiana  (1).  A  su  duelo  se  asociaron  enseguida 
con  telegramas  y  cartas  las  firmas  mas  notorias  de  la  política,  de 
la  enseñanza  y  de  las  letras;  el  entierro  fué  como  una  explosión 
de  dolor;  el  municipio  ovetense,  al  que  había  pertenecido  Alas, 
propuso  un  monumento  á  la  memoria  del  docto  escritor  y  dio  su 
nombre  ü  la  calle  en  que  había  vivido  muchos  años.  El  Claustro 
colocó  el  retrato  del  ilustre  miembro  en  la  iconoteca;  avivó  con 
gestiones  la  merecida  concesión  por  las  Cortes  de  una  pensión 
extraordinaria  á  la  viuda  é  hijos;  le  dedicó  el  discurso  inaugural 
del  curso  siguiente  y  página  especial  en  los  «Anales  Universita- 
rios» con  notables  trabajos,  donde  el  Decano  Sr.  tíuylla  y  el  pro- 
fesor Sr.  Altamira  revivieron  la  figura  del  malogrado  polígrafo; 
y,  por  último,  compañeros  y  alumnos  costearon  rtiarmórea  lápida 
en  la  aula  núm.  8,  descubierta  con  expresiva  solemnidad  aca- 
démica: 

En  esta  cátedra  explicó 

el   insigne  maestro  y  publicista 

Leopoldo  Alas 

1883— 1901 

RECUERDO    CARIÑOSO    DE    SUS    DISCÍPULOS 

Uno  de  los  últimos  discursos  del  inolvidable  Leopoldo  Alas 
había  sido  en  la  solemne  velada  dispuesta  por  el  Claustro,  cuan- 
do la  muerte  del  gran  poeta  y  pensador  Campoamor,  en  el  teatro 
ovetense  (que  lleva  el  nombre  del  autor  de  la  l)olorasy  á  pro- 
puesta de  Clarín)  conmoviendo  al  público  con  la  efusiva  ora- 
ción que  entonces  pronunció,  recibida  con  nutridos  aplausos 
como  las  del  Rector  Sr.  Aramburu  y  catedráticos  Altamira  y 
Melquíades  Al varez  (2;. 

Como  se  vé  por  las  anteriores  manifestaciones,  la  Universi- 
dad de  Oviedo  procuró  responder  con  gratitud  y  admiración  á 
los  servicios  y  merecimientos  de  sus  hijos.  De  manera  más  inde- 
leble tomó  nobles  acuerdos  en  1867,  con  la  siguiente  expresiva 
lápida  de  reconocimiento,  que  puso  en  el  vestíbulo,  dedicada  al 
espléndido  Fundador  y  al  animoso  Deán  Asiego,  que  aseguró  la 


(t)     Archivo  de   la  Universidad. — Claustros   de  26  de  Noviembre  de  1901  y  28  de  Febrero 
de  1902. 

—Anales  de  la  Universidad  de  Oviedo. —(Oviedo  1902). 

(2)    Archivo  de  la  Universidad.— Claustros  de  15  y  21  de  Febrero  de  1901. 


—    2\<%  — 

a  fundacional;  al  P.  Frijón,  gloria  de  estas 
protector  Campomnnes: 

!■_   O.    W. 
ÍMCSTM  ADMoMM    AfiCMlKPfóCOI 

KERlilNAM"'   VAlliFS  i' l    SAI,  A?, 
MrxíFRM  jrují  S  STtí  Di  O  Jt  UN  Atij  \ 
JOAN  NJ   DE  ASI, 
t.ANt>L>KNTJÜ  JAM    IHV    INSTITUÍ!   STItKtfUO   > 
ÍIlt£DtCTO  1'EljOO, 
KRROKi    II    l   N  K  GRASSAKIITíM   |)RP 

AIMAH   VEHI'I  Al  ls  «  C'LTtUtl   II 

ii  KKQ1  i    LriÉSACtlS  I. L  herís  MtUlTO  KACiSTBO, 
COlfl  M  DJ 
t-rltjentj  Kfct;ii  PATRUQI  i    rulIS  VINDIC1 
DISCIPLINA  1UH  Al*  si  KM  UN    I  *Qi  B    fcl>AI  CLORI 
A»!  UIA  0 
INT1 

HOC  Musiwiks  M  \J  il'i  I 

i  \  Li 

\  máa  aspira  el  Claustro,  haciendo  suya  la  obligación  de  . 
tniiíis  á  la  gratísima  memoria  del  Arzobispo  de  Sevilla,  ¡mpul 
dov  de  la  cultura  provincial  y  dispensador  aquí  y  en  i 
nea  de  múltiples  beneficios  v  obi  El  antiguo  proyecto 

mas  adecuado  recuerdo  estatua rr ib  al  magnifico  Prelado  Fon< 
dor.  es  de  esperar  que  se  realice  ahora  por  el  ¡ni  ntusi 

nvodei  Rector  Sr,  Araraburu,  habiéndose  ya  acudido  á  lo 
Poderes  del  Estado  y  estando  en  estudio  loa  medios  de 
o!  ciclado  monumento  al  hijo  insigne  do  Salas* 

Los  diputados  asturianos   I).   Manuel   Pedregal 
0.  Julián  t ¡aria  San  Miguel,  D.    Ventura  Ülavarriela,  D. 
ílro  fcfon  y  Martínez,  D.  José  Mana  Gelleruelo,   D.   Alejan 
ilal  y  Món  y  el  antiguo  catedrático  D,  Matías  Barrio  y  Süer  pj 
sentaron  al  Congreso  en  6  de  Junio  de  1894  un  proyecto 
en  que  «asociándose  al  noble  pensamiento  riel  Rector  j  Profeí 
res  de  la  Universidad  ele  Oviedo,  que  se  proponen  erigir  un  bus 
colosal  ni  fundador  de  aquella  ilustre  Escuela*  en  el  centro  d 
edificio,  construido  á  sus  expensas,  pedían  la  concesión  del  bro 
ce  necesario-  En  sesión  del  día  12  apoyó  la  [imposición  i 
Pedregal,  qnfe  fué  nombrado  para  la  comisión  informadora  ( 
Unión  de  los  dichos  diputados  Srcs.  Barrio,    Món  y  San 
con  loa  Srea  D.  Rafael  Prieto  y  D*  Faustino  Rodriguen  San  P 
dro;  al  dictamen,  fecha  del  día  25,  se  presentó  una  enmienda  i 
[os  diputados  I),  Félix  Suárez  Inclán,  IX  José  lióme/  Pelayí 


—  247  — 

D.  Julián  Suárez  Inclán,  D.  Ferhando  Ceballos,  D.  Manuel  Iranzo 
Benedicto,  D.  Emilio  Díaz  Moreu  y  D.  Alfonso  Flórez,  para  que 
el  busto  del  fundador  fuese  colocado  en  la  Plaza  de  Riego  de 
Oviedo,  cerca  de  la  Universidad;  el  Congreso  aprobó  el  proyecto 
primitivo  en  15  de  Febrero  de  1895  y  fué  remitido  al  Senado. 
La  alta  Cámara  nombró  tres  días  después  la  comisión  dictami- 
nado ra,  compuesta  por  los  senadores  Sres.  D.  José  García  Bar- 
zanallana,  presidente,  D.  Manuel  González  Longoria,  D.  Fermin 
Hernández  Iglesia,  D.  José  de  la  Torre  Villanueva  y  D.  Plácido 
Jove  Hevia,  vizconde  de  Campo-Grande,  secretario,  que  presen- 
taron dictamen  favorable  el  día  20,  aprobando  sin  debate  el  22 
y  votado  definitivamente  el  23  de  Febrero.  En  su  virtud  se  pro- 
mulgó la  siguiente  ley: 

DON  ALFONSO  XIII,  por  !a  gracia  de  Dios  y  la  Constitución  Rey  de  Es- 
paña, y  en  su  nombre  y  durante  su  menor  edad  la  Reina  Regente  del  Reino; 

A  todos  ios  que  la  presente  vieren  y  entendieren;  sabed:  que  las  Cortes  han 
decretado  y  nos  sancionado  lo  siguiente: 

Artículo  i.°  Se  concede  á  la  Universidad  de  Oviedo  el  bronce  necesario 
para  fundir  un  busto  semicolosal  del  fundador  Sr.  D.  Fernando  Valdés,  que  se 
habrá  de  colocar  en  el  centro  del  edificio  construido  á  sus  expensas  y  destinado 
ala  enseñanza  universitaria. 

Artículo  2.°     £1  Sr.   Ministro  de  la  Guerra  señalará  la  cantidad  de  bronce 
que  se  haya  de  extraer  de  una   de  las  fábricas  del  Estado  para  cumplir  lo  dis- 
puesto en  el  artículo  precedente. 
Por  tanto; 

Mandamos  á  todos  los  Tribunales,  Justicias,  Jefes,  Gobernadores  y  demás 
Autoridades,  así  civiles  como  militares  y  eclesiásticas,  de  cualquier  clase  y  dig- 
nidad, que  guarden  y  hagan  guardar,  cumplir  y  ejecutar  la  presente  ley  en  todas 
sus  partes. 

Dado  en  Palacio  á  veinticinco  de  Marzo  de  mil  ochocientos  noventa  y  cinco. 
-YO  LA  REINA  REGENTE.— El  Presidente  del  Consejo  de  Ministros,  Anto- 
nio Cánovas  del  Castillo. 

Una  comisión  universitaria  tiene  á  su  cargo  cuanto  se  refiera 
á  este  asunto  (1)  y  es  de  esperar  que,  al  celebrarse  el  ya  próxi- 
mo tercer  centenario  de  la  Universidad  se  levante  la  debida  es- 
tatua del  Arzobispo  Valdés  en  el  centro  de  la  casa  por  él  ofre- 
cida á  la  cultura  de  su  patria. 

Y  avanzando  en  relación  de  más  noticias  y  manifestaciones 
universitarias,  es  ocasión  de  consignar  ahora  la  presencia  de 


íx)     Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  «o  de  Abril  de   1895  constituyendo  la  Comi- 
sión especial  los  catedráticos  Sres.  Buylla,  Jove  y  el  autor  de  esta  Historia. 

17 


—  24S  — 

nuestra  Escuela  y  su  participación  en  determinados  actos 

coa  y  sucesos  memorables  como  en  Exposiciones,  Congrí 
Asambleas  diferentes,  fiestas  de  Centenarios  v  Certámenes 

tifico-Ülerarios,  celebrados  dentro  y  fuera  de  España 

En  1877  hubo  en  Lugo  de  Galicia  una  Exposición  1 1 
su  Junta  organizadora  acordó  que  en  el  Jurado  calificador 
ra  representación  la  Universidad  asturiana;  yt  d  este  efect 
nombrado  por  el  Claustro  el  Dr.  D.  Pedro  U,  Rodríguez  V 
antiguo  catedrático  de  Teología  y,  ala  sazón,  Dignidad  de 
lia  S<  I.  Catedral,  Cuando  los  Concursos  universales  de  Pai 
isTs  y  1900  acudió  nuestra  Universidad  enviando  libros  y  I 
¡os  de  los  ceñiros  del  Distrito,  imprimiendo  eo  la  primera 
un  catálogo  explicativo  en  lenguas  castellana,  francesa,  ingl 
alemana,  y  donó  después  la  cnlerru-n  bibliográfica  A  las  B 
tecas  nacional  de  Francia  y  de  la  Facultad  de  Derecho  de  I 
que  en  lisonjeras  frases  mencionaron   tal   obsequio  en  «Ú 
monas.  A  la  primera  Exposición  Universal  de  España,  celet 
en  Barcelona  en  1888,  enviaron  igualmente  sus  libros  los 
dráticos  ovetenses,  que  obtuvieron  medallas  de  plata  y  bror 
por  ultimo,  la  Universidad  reunió  publicaciones  y  elemento 
dagúgicos  de  los  Establecimientos  de  Oviedo  y  León, 
exhibidos  en  la  memorable  Exposición  regional  át 
1899,  mereciendo  especial  diploma (1), 

Los  Congresos  americanistas  de  Madrid  en  Irttft  y  de  Hi 
en  1898  designaron  por  su  delegado  en  Asturias  al  aulor  « 
presente  Historia;  para  el  Congreso  Jurídico  dispi 

en  1886  por  la  Real  Academia  matritense  de  Legisle 
risprudencia,  el  Claustro  ovetense  eligió  por  sus  represento 
¿  los  catedráticos  Sr,  Barrio  y  a  quien  escribí 
Lerviniendü  los  dos  en  aquellos  trabajos  y  votaciones;  y  de 
manera  intervinieron  en  el  Congreso  pedagógico  híspano  p 
gucs  americano  de  1892,  en  Madrid,  los  profesores  S: 
sada  y  Sela  corno  el  Sr.  Hiles  en  análoga  Asamblea  ei 
leraria,  que  se  celebraron  á  la  sazón  conmemorando  el  dése 
miento  de  América  por  los  españoles,  En  la  primera  cong 

fcl     Archivo  tk  la  UflivenUlnd  — Uia«i  mlw«  Y  •»  de  Diciembre 

de  i?  de  relwero  y  i  \  de  Bfayo  d*  =  »d  de  io  de  Abril  J. 

VtUt  el  folíelo:— «El   Oiwrito  uní vertftaño  de  Ovkdo  tn   u   K*. 
en  rig»  Halieto*  Históricas  y  Catálogo.,  [Oviedo.  Est,  tip*  de  A+  Brid,  f$gg, 


—  249  — 

ción  se   discutió  el  tema  «Modos  como  pueden  contribuir  las 
Universidades  á  la  cultura  general»  y  por  unanimidad  fué  apro- 
bada la  ponencia  del  Sr.  Sela  (1).  No  fué  posible  enviar  repre- 
sentación personal  al  Congreso  internacional  de  la  Enseñanza 
superior,   reunido  en  París  en  Julio  de  1900,  mas  el  ovetense 
Rector    Sr.  Aramburu  figuró  entre  los  Vicepresidentes  y  en  se- 
sión   pública  fueron  leídos  trabajos  de  sus  profesores  sobre  las 
modernas  instituciones  complementarias  de   nuestra  Universi- 
dad. Al  reciente  Congreso  económico  social  ibero-americano,  ce- 
lebrado en  Madrid  en  1900,  concurrió  la  Universidad;  el  Rector 
Sr.  Aramburu  fué  también  designado  como  uno  de  los  Vicepre- 
sidentes de  la  Asamblea;  el  Sr.  Alas  lo  fué  de  la  sección  de  Le- 
tras y  Artes  y  quien  esto  refiere  de  la  de  Jurisprudencia  y  Legis- 
lación, mientras  otros  colegas  tomaban  parte  activa  en  propo- 
siciones, ponencias  y  comisiones  (2). 

En  honor  del  Rvmo.  P.  M.  Feijóo,   en  1876  se  celebró  un 
certamen  literario  en  Orense,  conmemorando  el  segundo  cente- 
nario natalicio  del  polígrafo  benedictino  que,  vivió,  enseñó  y 
murió  en  Oviedo,  á  cuyo  pueblo  y  Universidad  tuvo  por  patria  y 
madre  de  adopción.  El  docto  Jurado  gallego  otorgó  valiosos  pre- 
mios á  los  autores  de  poesías  en  honor  de  Galicia  y  su  preclaro 
hijo  y,  después  de  varias  dificultades,  hubo  empate  respecto  al 
mérito  y  premio  para  el  autor  del  mejor  c  Estudio  critico  de  las 
obras  del  R.  P.  M.  Fray  Benito  Gerónimo  Feijóoo.  Acordó  enton- 
ces aquel  tribunal  encomendar  el  fallo  al  Claustro  de  la  Univer- 
sidad de  Oviedo  y  aceptado  por  éste  tan  difícil  encargo,  no  elu- 
dible  por  la  Corporación  á  que  había  pertenecido  el  sapientísi- 
mo monje,  eligió  una  comisión  de  su  seno  (Dres.  Penzol  Lavan- 
dera, Alvarez  de  la  Viña  y  Polo;  Catedráticos,  Fernández  Cardín, 
Vallina,  Díaz-Ordoñez,  Alvarez  Araandi,  Aramburu,  Buylla,  Ro- 
dríguez Arango,  Alvarez  del  Manzano  y  quien  esto  escribe),  que 
examinó  en  sesiones  generales  y  parciales  los  dos  Estudios  críti- 
cos, que  le  fueron  remitidos,  y  propuso  por  mayoría  de  votos  la 


(*)  Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  la  Facultad  de  Derecho  de  »o  de  Septiembre 
de  1 886  y  general  de  34  de  Noviembre  de  189a. 

Véase  el  interesante  libro:—  *  Congreso  pedológico  hispano  portugués- americano,  reunido 
en  Madrid  en  el  mes  de  Octubre  de  1892:  Preliminares;  actas;  resúmenes».  (Madrid,  1894). 

(a»  «Proposiciones  que  presentan  al  Congreso  hispa  no-americano  algunos  Catedráticos  de 
la  Universidad  de  Oviedo».  (Oviedo— 1900).  Suscriben  jos  Sres.  Aramburu,  Buylla,  Alas,  Posa- 
da, Jo  ve,  Sela,  Altamira,  Alvarez  y  el  autor  de  esta  Historia. 

Vcáse  «Anales  de  la  Universidad  de  Oviedo».  (Año  I).— 1901;  pág.  3897  siguientes. 


adjudicación  del  accésit  al  trabajo,  que  después  resultó  ser  c 
de  la  insigne  escritora  D.1  Emilia  Pardo  Unzan  1 1 1. 

Con  inusitadas  fiestas  nacionales  se  celebró  años  despué 
tercer  centenario  del  inmortal  Calderón  de  la  Barca,  glor 
escena  española;  y  para  representar  á  la  Universidad  i 
las  solemnidades  de  Madrid,  el  Claustro  designó  ú  los  Si 
José  de  Posada  Herrera,  D.  Juan  Alvares  Lorenzunn,  D,  Mai 
Pedregal  y  Cañedo,  I).  Estanislao  Suórez  Inclan,  D.  Julián  Ga 
San  Miguel,  D.  Lorenzo  Nicolás  Quintana,  D.  Plácido 
Hevia,  D.  Acisclo  F*  Vallin  y  D.  Florencio  Rodríguez  Val 
tos  que  basta  citar  el  nombre  para  saber  sus  ü 
míenlos. 

Las  fiestas  de  Oviedo  fueron  organizadas  por  los  cátedra  ti 
de  la  universidad  <*  Instituto  Sres,  Campillo,  Aramburu,   Huy 
Polo,  Gómez  y  Quiroga  con  los  redactores  de  la  excelente  i 
Distü  dt  Asturias,  y  se  verificaron  en  los  días  21  y  25  J 
de  1881-  Una  estudiantina  clasica,   á  la  usanza  de  los  tiern] 
calderonianos,   recorrió  la  poblar  ion    tocando   y  canta  mió 
himno  compuesto  tul  ¡toe:  hubo  velada  animadísima  en  la  L 
versidad  adornada  con  gusto  y  vestida  de  suntuosos  tapices,  i^ 
facilitó  la  casa  condal  de  Nava;  se  otorgaron  premios  a  los  au 
res  laureados  en  temas  anunciados   por  los  Claustros  de  la  D 
versidad  y  del  Instituto,  Colegio  de  Abogados,  Sociedad  Ecoi 
mica  de  Amigos  del  País,  Academias  de  Bellas  Artes  y  d<   1 
lacjón  y  Jurisprudencia  y  Redacción  de  El  Carbayüi 
lemne  sesión  publica,  que  presidió  el  Héctor  Sr.  Salmean,  í 
coronado  el  busto  del  celebérrimo  poeta  por  un  coro  de  bella 
mas  niñas  ovetenses  (2), 

Consagrando  una  vez  más  la  gloria  inmarcesible  del  gr 

fil     Archiva  de  la  Ufttróttidíid,— Cláu*tit)t  de  $%  de  Octubre  y  at  de  Noviembre  de  t&ji 
Seaioiíe*  del  jurad  ■  Ovetense  en  j  de  Diciembre  de    iHjú,  j.¿  d^  Enero  y  5   de  ] 

—  Memoria  de  la  Universidad  de  Oviedo  de  itfH  %  1S77. 

-♦Kívcím  del  Certamen  literario  celebrado  en  Óreme  el  din  8  de  Octubre  de  1    ¡ 
de!  R,  t\  M.  Kr.  Benito  1  rfi  Feífóo'  lürenfe,  187?), 

L¿    ntínórtA  dd  Tribu  1.1I    ovetett*e4  en  e¡ta  o¿«*i  1 
lia  y  el  autor  del  nrctfrñie  Ubro,  ürapujo  para  el  ..  ■ .  -,'..iili",  tin 

I»)     Aichivu  de  la  Universidad  —  Clüu+troi  de  By  u  dt-  Febrero,  23  y  25  de  M  ■ 
—El  MUincíi  cvij,iord¡n.T,r;o  de  la  Rtvítta  dt  Aitnrtut  publío 
fasta  -    literarios  dnpue*ttj*  eon   1  ,1 

poi  d  Sr.  Campillo.—  * Poeija  Utín«>  i*»r  I,i...i«l..¡  —  ■:  •  por  QnLrog  1 

por  Alvarcí   Amandi;-  ifoc-iia-  ten  b-il.!-       ,        t\  Cvn  ■-■■>.       El    ■■:.■  ■'•  i  d*  Cftl 
i..,    p  \v.  ,],,,-  »Poc*U«   per  1\   Carave*;  —  •  Epíiodio  militar 

tSu    taoesíl  premiad*]  pot  ti  barón  de  Obcrcad-  lcíé  asturiana  de  L 

autut  ■  &•*< 

1  L  Diputación  provincial  contribuyó  á   los  gaste»  de  catas  funcione. 


-251- 

Cristobal  Colón  en  el  cuarto  centenario  del  maravilloso  descu- 
brimiento del  Nuevo  Mundo,  España  congregó  en  su  capital  y 
corte  á  los  hermanos  pueblos  latinos,  mostrándoles  entonces  las 
memorias  y  preseas  de  su  obra  civilizadora,  en  tiempos  de  sus 
nunca  vistos  poderío  y  progreso,  y  reunió  también  en  aquel  re- 
cinto á  la  representación  de  sus  centros  de  enseñanza  y  cultura. 
;<)uién  dijera  entonces  que  pocos  años  después,  en  contra  de  la 
nación  generosa  y,  como  ninguna,  fecunda  madre,  habían  de 
concitarse  la  ingratitud,  la  injusticia  y  la  fuerza  para  despojarla 
del  resto  de  aquel  imperio  por  ella  colonizado  y  engrandeci- 
do....! Precedida  de  sus  maceros  y  bedeles  y  del  pendón  univer- 
sitario, á  Madrid  acudió  en  1892  la  Universidad  asturiana  por 
comisión  de  sus  alumnos  y  de  los  mencionados  profesores  seño- 
res G.  Posada,  Sela  y  Giles  para  fraternizar  con  sus  hermanos 
de  España,  Portugal  y  América  (1). 

Y  últimamente  en  ocasión  de  celebrar  la  Universidad  de  Va- 
lencia el  también  centenario  cuarto  de  su  definitiva  organización 
(después  de  los  primitivos  Estudios  dispuestos  por  el  Rey  Jaime, 
el  Obispo  Gastón  y  los  Jurados)  la  Escuela  ovetense  concurrió  á 
las  fraternales  fiestas,  celebradas  en  la  ciudad  de  las  flores,  y  á 
su  memorable  Asamblea  universitaria.  Para  ello  comisionó  á  los 
catedráticos  Sres.  Sela  y  Alvarez  (D.  Melquíades)  extendiendo  la 
representación  á  los  profesores  valentinos  Sres.  Soler,  Calabuig 
vGestoso,  que  antes  lo  habían  sido  en  Oviedo  (2).  El  Sr.  Alvarez, 
gloria  ya  de  la  tribuna  española,  pronunció  allí  elocuentísimo 
discurso  abrillantando  con  esmaltes  y  cambiantes  de  su  pala- 
bra los  ideales  de  la  moderna  Enseñanza,  y  el  Sr.  Sela  fué  po- 
nente con  su  reconocida  autoridad  pedagógica  del  tema  1.°,  dis- 
cutido por  aquel  Congreso  académico,  para  determinar  el  «fin  y 
organización  de  las  Universidades»  votándose  con  unanimidad 
las  siguientes  conclusiones  por  él  propuestas  (3): 

Ia    Las  Universidades  deben  proponerse: 

A).     El  cultivo  de  la  ciencia  pura  por  medio  de  la  más  alta  y  desinteresada 


<0    Archivo  de  la  Universidad. — Claustro  de  24  de  Noviembre  de  1893. 

b)  Id.  ¡d.  de  1  de  Octubre  y  8  de  Noviembre  de  190a.  Se  acordó  la  impresión  de  la  ra- 
lada ponencia  del  Sr.  Sela. 

íjí  «Conclusiones  aprobad is  por  la  Asamblea  Universitaria  celebrada  en  Valencia  en  los 
iUv  17  al  31  de  Octubre  de  1902»  (Valencia — Est.  tip.  Domcnechí.— Fué  también  ponente  el 
Sr.  Torres  Campo»,  catedrático  de  Granada 

-•Asamblea  Universitaria  de  Valencia. — Octubre  de  190a  — Tema  i.°:  Fin  y  organización 
¿«jas  Universidades,  ponencia  leida  por  D.  Aniceto  Sela,  catedrático  de  la  Universidad  de 
Vtáedo».  ^Oviedo. — Imp   La  Económica). 


—  252  — 
investigación»   siguiendo  de   cerca  el  movimiento  científico   del    m 
tomando  parte  activa  en  el. 

£)>  La  preparación  de  los  alumnos  para  el  desempeño  de  las  pro  íes* 
correspondientes  á  las  Facultades  y  las  Escuelas  especiales. 

Cjt  La  elevación  del  nivel  moral  é  intelectual  det  paft,  por  medio  4 
educación  completa  de  los  alumnos,  que  han  de  constituirse  en  fieles  conü 
dores  de  la  o  Vira  universitaria;  por  la  difusión  de  lo  miento*  de    im 

gación  y  de  la  cultura  general  entre  los  que  no    pueden  concurrir  á  la 
por  su  concurso  en  todas  las  empresas  de  acción  social. 

2É*     Se  organizarán  sobre  las  siguientes  bases: 

A\*     Formarán  parte  de  la  Universidad  torfts   las  Facultades  y  I\ 
peciales  del  orden  civil  consagradas  ¡i  la  enseñanza  llamada  superior. 

Bj,     Serán  personas  jurídicas  á  los  efectos  del  Código  civil. 

C).  Se  les  concederá  autonomía  para  el  régimen  de  su  vida  propia,  ci 
científico  y  en  lo  económico,  bajo  h  inspección  del  EsUdo,  gobernándose  po 
Asamblea  universitaria,  en  que  tendrán  particqiacton  lo»  estudiantes;  el  Ciíu 
general,  compuesto  de  los  profesores  y  los  doctores  adventos,  mediante  cíe 
condiciones;  las  Juntas  de  profesores  de  cada  Facultad  ó  Escuela,  y  el  Con 
universitario;  eligiendo  las  autoridades  académicas  ti  interviniendo  en  U  ciec< 
de  los  profesores, 

D).     Las  Facultarles  y  Escuelas    e>pecíaL"i  que    constituyen    la  (Jai vertí 
serán  personas  jurídicas  á  los  efectos  del  Código  civil,  en  eui 
asuntos;  se  regirán  por  sus  Juntas  de  profesores  y  s«  decano  ó  director,   y  gt 
rán  de  autonomía  dentro  de   la  organización  general   de  las  Universidad*:*  y 
bordinadas  á  ella, 

E).  Mantendrán  relaciones  directa*  con  lo*  demii  grados  y  órdenes  di 
enseñanza, 

Los  Certámenes  poéticos  que,  bajo  los  auspicios  u  con  la 
lervención  principal  de  la  Universidad,  se  celebraron  en  el  s¡( 
xvii,  no  se  repitieron  en  la  siguiente  centuria,  aunque  en  pri^ 
do  concurso  se  eligieron  las  loas  y  odas  para  las  fiestas  di 
pomanes  y  Jovellanos,  En  el  último  tercio  del  siglo  pas 
surgieron  en  Oviedo  y  provincia  Juegos  llórales   y  Certamen 
científico-literarios,  y,  sí  no  las  dispuso  el  Claustro  Universitar 
á  ellas  contribuyó,  ya  por  sus  miembros,  como  justadores,  ó 
por  acuerdos  oliciales  tomando  activa  parte  en  los  intelectual 
concursos  y  señalando  al  efecto  temas  y  premios  suy 

Al  llamamiento  de  la  academia  «Juventud  Católica»,  en  1S1 
acudieron  y  fueron  laureados  los  Sres.  Jo  ve  y  Alvarez  Aman 
como  en  1872  los  Sres.  Aramburu  y  Jove,  que  no  mache  di 
pnés  obtuvieron  cátedra  en  nuestra  Escuela,  Referido  queda 
Certamen  poético  y  científico-literario  dispuesto  pur  la  fnirer 


—  253- 
lad  en  1881  cuando  el  centenario  del  insigne  autor  de  «La  vida 
^s  sueño» ;  y  en  diferentes  años  en  que,  para  las  fiestas  ovetenses 
de  San  Mateo,  organizó  desde  1883  iguales  concursos  la  Socie- 
dad económica  de  Amigos  del  País,  el  Claustro  se  asoció  á  la  no- 
ble contienda.  En  el  primer  año  ofreció  su  galardón  al  mejor 
«Estudio    biográlico-crítico  de  los  Jurisconsultos  de  Asturias»), 
obteniendo  el  premio  el  erudito  historiador  provincial  D.  Máxi- 
mo Fuentes  Acevedo,  uno  de  los  primeros  nombres  de  la  litera- 
tura del  Principado;  y,  anunciado  premio  en  otros  años  para  re- 
compensar un  trabajo  con  «Examen  histórico-crítico  del  derecho 
municipal  asturiano»,  quedó  desierto  el  concurso  á  tema  tan  im- 
portante.   Cuando  en  1891  se  levantó  en  Gijón  por  suscripción 
nacional  la  estatua,  tantos  años  debida  al  autor  del  («Informe  so- 
bre la  Lev  agraria»,  entre  otros  actos  y  fiestas  solemnísimas  fué 
muy  principal  el  certamen  poético  y  científico-literario  á  que  se 
asociaron  y  contribuyeron  los  mas  ilustres  centros  académicos  de 
España,  señalando  temas  y  otorgando  premios,  como  lo  hizo  la 
Universidad  asturiana  en  justo  honor  á  su  hijo  y  doctor  esclare- 
cido. Quedó,  por  desgracia,  desierto  el  tema  claustral:  «Breve 
Memoria  acerca  de  las  ideas  y  criterio  de  Jovellanos  en  la  orga- 
nización de  los  estudios  universitarios,  particularmente  en  sus 
Facultades  de  Leyes  y  Cánones»  (1).  En  los  juegos  .florales  dis- 
puestos por  el  Ayuntamiento  de  Oviedo  para  sus  fiestas  de  Sep- 
tiembre de  1900  y  1901,  en  el  primero  fué  elocuente  mantene- 
dor el  Rector  Sr.  Aramburu,  alcanzando  la  flor  natural  en  una  y 
otra  fecha  dos  alumnos  muy  distinguidos  de  nuestra  escuela:  en 
aquella  D.  Bernardo  Acevedo,  que  por  otras  obras  y  lauros  repe- 
tidos en  iguales  juntas  es  ya  «Maestre  en  Gay  Saber»;  y  en  la 
última  el  catedrático  D.  Armando  Miranda  y  Palacio,  vate  de 
inspiración  delicadísima  (2).  También  el  Claustro  ha  intervenido 
principalmente  en  recientes  certámenes  de  la  «Unión  Escolar». 
Otra  exteriorización  importantísima  de  nuestra  Universidad 


(ij  Archivo  de  la  Universidad-  — Claustros  de  8  y  xi  de  Febrero  y  73  y  7$  de  Mayo  de 
1S81;  de  18  de  Junio  y  23  de  Septiembre  de  1883.— (Claustros  de  la  Facultad  de  Derecho  de  ao 
teXbñl  de  1887   y  10  de  Abril  de  1 888. —(Claustro  general  de  10  de  Enero  de  1891. 

(ai  [Triste  coincidencia!  Cuando  se  imprimen  estas  líneas,  llega  hasta  mi  la  dolorosa  noti- 
cia de  la  muerte  de  este  fraternal  compañero  en  ya  lejanos  y  juveniles  años,  asi  en  las  aulas 
universitarias  como  en  periódicos  ovetenses.  En  el  cementerio  de  Lugo  de  Galicia,  duerme  el 
sueño  eterno  mi  querido  Armando,  el  inspirado  poeta  asturiano,  enamorado  fideli-imo  de  la  fie- 
rrina,  autor  de  la  oda  hermosa  A  la  Torre  de  la  Catedral  de  Oviedo,  que  mereció  el  pensa- 
miento de  oro  en  1901,  cuando  tuvo  para  mi  hogat  y  para  mí,  favor,  honra  y  cariño  inolvida- 
H«.  E,  P.  D. 


—  254- 
eslá  en  las  relaciones,  que  inició  y  procura  sostener  con  las  he 
manas  Universidades  hispanoamericanas,    así   como    con  le 
principales  centros  docentes  de  Europa. 

Este  antiguo  pensamiento,  que  tuve  el  honor  de  manifestí 
en  diferentes  ocasiones,  tomó  cuerpo  y  efectividad  á  propues 
del  catedrático  Sr+  G.  Posada  en  1900  secundado  por  el  señ( 
Altamira,  y  fué  desenvuelto  por  dichos  señores,  Rector  Sr.  Arar 
buru  y  Decano  Sr.  Huylla  en  comisión  de  que  también  forra 
parte.  En  su  virtud,  se  redactaron  expresivas  comunicaciones 
circulares  á  las  Escuelas  americanas  y  á  las  Colonias  españole 
de  los  Estados  hisnano-americanos;  á  las  primeras,  para  establ 
cer  una  relación  cada  vez  más  íntima  entre  la  madre  España 
los  pueblos,  que  antes  fueron  sus  virreinatos  y  gobiernos  coí< 
niales,  saludando  i  sus  establecimientos  de  enseñanza  superic 
en  nombre  do  la  comunidad  de  raza  y  fraternidad  intelectua 
ofreciéndose  á  ellas  para  el  planteamiento  de  un  cambio  efectiv 
de  servicios,  como  el  de  sus  publicaciones  corporativas  de  cí 
rácter  científico,  impresión  de  una  Revista  en  que  figurasen  la 
firmas  de  los  profesores  de  Oviedo  y  de  sus  colegas  americano 
etc.;  y  íi  las  segundas,  pidiendo  su  concurso  y  auxilios  para  me 
jor  desenvolver,  no  ya  solamente  las  enseñanzas  oficiales,  sin 
las  complementarias,  creadas  por  el  ovetense  Claustro  á  fin  d 
ensanchar  y  extender  los  fines  instructivos  y  educativos  d 
la  moderna  Tuiversidad,  ya  que  no  bastan  los  recursos  de  si 
propio  presupuesto.  Solicitamos  aquellos  generosos  auxilios 
para  destinarlos,  como  se  dice  en  la  carta,  pura  y  exelusivamen 
te  á  gastos  materiales  de  las  diversas  fundaciones  de  la  Univer 
s?idad,  tales  corno  compra  de  aparatos  para  las  lecciones  prácti 
cas,  y  de  libros,  mapas  fotográficos,  etc.;  instalación  de  gabrnc 
les  para  investigaciones  científicas  y  mejoramiento  de  los  lo 
cales  que  actualmente  se  utilizan  al  efecto;  impresión  de  pro 
gramas  y  lisias  bibliográficas  que  se  reparten  gratis  á  los  oyen 
tes;  excursiones  con  grupos  de  alumnos;  viajes  de  profesores  í 
localidades  distintas  con  el  objeto  de  dar  conferencias;  publica 
ción  de  una  Revista  de  la  Universidad  (como  la  propuesta  poi 
el  catedrático  Sr.  Jove  y  Bravo);  y  gratificaciones  á  especialista* 
extranjeros  ó  nacionales,  llamados  para  explicar  cursos  breves 
sin  que  en  ningún  caso  hayan  de  destinarse  al  pago  del  personal 


-255  - 
docente  de   Oviedo,  que  ha  prestado  hasta  ahora  y  seguirá  pres- 
tando su  esfuerzo  de  manera  totalmente  desinteresada  (l). 

Hay  anuncios  y  esperanzas  de  persistente  comunicación  en- 
tre la  Universidad  ovetense  y  las  hispanas  de  la  América,  ya 
manifiesta  por  cartas  y  envíos  de  las  de  Caracas,  Lima,  Cara- 
baho,  Asunción,  Guatemala,  Buenos  Aires,  México,  Quito,  Mon- 
tevideo, Venezuela,  Habana,  etc.;  así  como  los  centros  coloniales 
de  nuestros  compatriotas,  rauéstranse  bien  dispuestos  en  cartas 
de  D.  Rafael  Calzada,  en  la  Argentina,  y  D.  Telesforo  García,  en 
la  antigua  Nueva  España. 

De  i^ual  manera  ha  procurado  el  Claustro  la  debida  corres- 
pondencia y  relación  con  los  centros  universitarios  del  Extranje- 
ro; y,  unas  veces  solicitado  y  otras  por  propia  iniciativa,  no  ha 
perdido  ocasión  de  mostrar  al  gran  público  los  resultados  de  su 
obra  constante.  Invitada  nuestra  Universidad  á  la  conmemora- 
ción del  8.°  centenario  de  la  de  Bolonia  en  1888,  después  al  de 
la  de  Edimburgo  y  últimamente  al  de  Galileo  en  la  de  Padua,  ha 
estado  representada  en  el  primero  por  el  profesor  Sr.  G.  Posada 
como  antes  en  una  de  las  fiestas  que,  al  cerrar  el  curso,  celebró  la 
anligua  Universidad  de  Oxford,  habiendo  sido  nuestros  delega- 
dos objeto  de  delicadísimas  atenciones  nunca  bastante  agrade- 
cidas. Prueba  de  esta  comunicación  fraternal  pedagógica  son 
las  obras  y  publicaciones,  que  se  reciben  de  aquellos  doctos 
centros  de  Lisboa,  Coimbra,  Oporto,  París,  Burdeos,  Tolosa, 
Atenas,  Junsbruck,  Praga,  Pisa,  Padua,  Genova,  Berlín,  Was- 
hington, Yedo,  etc.,  á  que  se  procura  corresponder  con  las  pu- 
blicaciones asturianas  (2).  Ya  la  Universidad  de  hoy  no  puede 
vivir  aislada  como  la  de  ayer. 

Son  base  principal  en  esta  exteriorización  de  la  de  Oviedo, 
los  nuevos  rumbos,  que  sigue  ahora  con  interés  constante  y 


ft )  Archivo  de  la  Universidad.— Cláu$tros  de  25  de  Junio  de  1900,  x6  de  Enero  de  1001 
y  a8  de  Febrero  de  190a. 

—  Estas  Circulares,  de  Julio  de  1900  reproducidas  en  los  Anales  de  li  Universidad  — 
lOviedo-i9D3J  fueron  insertan  de  orden  del  Excina  Sr.  Ministro  de  Instrucción  pública,  en  la 
Gaceta  de  Madrid,  precedidas  de  laudatoria  R.  O. 

(a»  Archivo  de  l.i  U  uversidatl.—  Claustro*  de  la  Facultad  de  Derecho  de  10  de  Abril  y  25 
de  Septiembre  de  1888  y  de  24  de  Noviembre  de  1902. 

—  En  la  Memoria  universitaria  de  Oviedo  (1887-1888.'  se  publican  los  documentos  relativos 
al  cenienario  de  la  Universidad  de  Rolonia  y  de  la  asistencia  del  Sr.  G    Posada. 

— Es  ocasión  de  consignar  aquí  que  por  gestiones  del  Rector  Sr.  Aramburu,  el  Ministerio  de 
E>tado  h.i  concedido  recientemente  á  nuestra  Universidad  una  bec  1  en  el  Colegio  e->|>.nV>l  <Ie 
San  Clemente  de  Bolonia,  fundado  por  el  Cardenal  Albornoz;  y  fué  adjudicada  al  alumno  don 
Benito  Buylla  y  Lozana  (Claustro  de  7  de  Agosto  de  1902}.  De  esta  manera  se  renovó  la  presen- 
cia de  estudiantes  ovetenses  en  la  famosa  Escuela  italiana,  efectiva  en  siglos  anteriores. 


—  256  — 
creciente,  saliendo  de  sus  aulas  y  del  círculo  trazado  al  cuadro 
de  asignaturas  oficiales  para  dilatar  la  enseñanza,  lanío    por  lo 
que  toca  á  las  materias,  y  atañe  á  maestros  y  discípulos,  como  por 
lo  que  se  refiere  á  otros  fines  pedagógicos. 

Así  surgieron  las  Instituciones  complementarias  organizadas 
por  el  Claustro  académico-ovetense. 

La  *  Escuela  práctica  de  Estudios  jurídicos  y  sociales* 
aneja  á  la  Facultad  de  Derecho,  fué  creada  en  1895  por  acuerdo 
del  Claustro   y   aprobada   por  la  Superioridad.  Su  organización 
responde  al  tipo  de   los  seminarios  alemanes  y  de  la  *Ecole 
pratiqíie  deshautes  etudes*,  de  Paris.  Comprende  tres  secciones; 
de  Política  y  Sociología,  de  Cuestiones  internacionales  y  de  His- 
toria del  Derecho,  dirigidas    por  Jos  catedráticos  Sres.   Buy  lia, 
Posada,  Sela  y  Altamira.  En  todas  ellas  y  alternando  en  leccio- 
nes semanales  hacen  los  alumnos  oficíales  y  libres  trabajos  de 
investigación  personal  y  de  crítica,  que  Jes  despiertan  y  adies- 
tran en  los  procedimientos  de  la  ciencia  rigurosa.  La  «Escuela 
práctica»?  está  formada  por  número  limitado  de  estudiantes,  que 
asisten  voluntariamente  y  voluntariamente  trabajan  en  el  estu- 
dio de  cuestiones  histórico-jurídicas,  económicas,  sociológicas  y 
políticas,  hacen  examen  crítico  de  libros  y  se  ocupan  también  en 
trabajos  monográficos  de  obreros,  según  la  Escuela  de  Le  Play  y 
Maroussem.  Es  una  institución  complemento  de  la  cátedra,  que 
no  es  lugar  el  mas  adecuado  para  trabajos   «especiales»,  repo- 
sados y  detenidos  con  procedimientos  como  el  empleado  en  esta 
Escuela.  Sentados  maestros  y  discípulos  en  la  Biblioteca  de  la 
Facultad  de  Derecho,  uno  de  los  profesores  ó  de  los  alumnos 
inicia  el  trabajo  con  una  exposición  del  tema,  resumen  del  libro 
ó  articulo,  é  inmediatamente  se  conversa  acerca  de  él  con  entera 
familiaridad,  procurando  huir  de  todo  dogmatismo,  evacuando, 
cuando  sea  posible,  toda  cita,  teniendo  á  la  vista  mapas  murales 
y  atlas,  si  el  asunto  lo  requiere;  encargando  á  éste  ó  aquél  alum- 
no las  ampliaciones  necesarias,  la  compulsa  de  tal  ó  cual  docu- 
mento, etc.  De  todas  las  reuniones  redacta  un  alumno  una  rese- 
ña, cuya  lectura  suele  servir  de  punto  de  partida  en  tarca  del 
día  inmediato  (1). 

(i)  Véanse  en  Aituleí  de  ta  r*twrrj¡idnd  di  Ovíeér*  figos)  niá*f¡otlctas  dt?  c*ta  ¡ml¡tucii>u 
¡mr  d  Sr.  G.  Picada,  un  dbcurso  allí  pronunciada  per  c\  Sr.  Aranihuru  y  resumen  de  los  jiriuci- 
pales  trabajos  y  monografías  realizado*  por  la  'Escuda  práctica'. 


—  257  — 
Las  Colonias  escolares  de  vacaciones,  noble  y  útilísima 
fundación  del  filántropo  suizo  Mr.  Bion,  fueron  establecidas  en 
Oviedo  desde  1895  para  los  alumnos  de  las  escuelas  primarias, 
y  aplicables  á  los  universitarios,  en  el  pueblo  ó  balneario  de  Sa- 
linas, cerca  de  Aviles,  (y  se  pretende  extenderlas  á  lugares  de 
montaña),  bajo  la  dirección  de  uno  ó  más  profesores,  sirviendo 
de  centro  para  excursiones  por  la  provincia,  rica  en  hermosos 
paisajes  llenos  de  frondosidad  y  de  accidentes. 

Estas  Colonias,  pensamiento  y  obra  benéficos  que  encajan 
perfectamente  en  la  función  social  de  la  moderna  Universidad, 
están  arraigados  en  los  pueblos  adelantados  de  Europa  y  han 
sido  difundidos  en  España  por  el  Museo  Pedagógico  Nacional 
que  dirige  el  señor  Cossío,  dando  ya  en  varias  provincias  los 
mas  satisfactorios  resultados  con  objetivos  médico  y  educador 
en  favor  de  niños  y  jóvenes,  principalmente  enfermizos  y  ne- 
cesitados, entre  la  clase  pobre.  Durante  un  plazo  mayor  ó  menor 
según  los  casos  y  recursos,  viven  y  gozan  de  vida  libre,  higié- 
nica, con  descanso  y  ejercicios  compensados,  baños,  sana  y 
abundante  alimentación,  obteniéndose  al  fin  de   la  temporada 
beneficios  evidentes  en  el  estado  fisiológico  y  moral  de  los  colo- 
nos,  que  viven  bajo  la  dirección  del  maestro,  porque  la  Co- 
lonia viene  á  ser  también  como  la  prolongación  de  la  Escuela 
en  días  de  recreo  y  esparcimiento  especiales.   Iniciaron  entre 
nosotros  esta  filantrópica  empresa  los  profesores  Sres.  Buylla, 
G.  Posada  y  Sela,  y  enseguida  la  hizo  suya  el  Claustro  consti- 
tuyendo una  Junta  de  Colonias  escolares  de  que  forman  parte 
el  Rector,  Vice-Rector,  varios  catedráticos,  los  representantes 
de  la  Diputación  provincial,  Ayuntamiento,  Obispado  y  magis- 
terio público  de  Oviedo.  El  Director  general  de  Instrucción  pú- 
blica Sr.  Vincenti  ayudó  con  una  subvención  de  aquel  departa- 
mento,  que  han  repetido  los  Ministros  y  Subsecretarios  sucesi- 
vos del  ramo;  otro  tanto  hicieron  la  Diputación  provincial  y  el 
Municipio  ovetense;  y  así  mismo  contribuyen  con  una  suscripción 
anual  profesores  y  particulares. 

Designado  como  residencia  el  dicho  pueblo  de  Salinas  y  al- 
quilada la  casa,  se  adquirió  el  ajuar  por  generoso  adelanto  del 
entonces  Secretario  de  la  Universidad  Sr.  Gómez  Calderón;  fue- 
ron elegidos  los  jóvenes  colonos,  de  acuerdo  con  sus  padres,  y 


—  258  — 
reconocidos  por  ilustrados  médicos,  extendiéndose  la  hoja  antro- 
pológica de  los  niños.  Tras  de  alegre  viaje  y  después  vida  inuy 
variada,  todos  los  años  se  notan  los  mas  satisfactorios  resultados 
físicos,  intelectuales  y  morales,  pudiendo  nuestra  empresa  ser 
comparada  con  las  principales  de  España  y  otras  del  extranjero, 
Mucho  se  debe  ala  atinada  gestión  de  los  Directores  D*  Juan 
Antonio  Fandiño  y  D.  Adolfo  Fernández  Villaverde,  distinguidos 
maestros,  que  con  amoroso  celo  vienen  teniendo  á  su  cargo  las 
expediciones  <íe  Oviedo,  San  Martín  del  Rey  Aurelio,  Langreo  y 
Laviana  en  Colonias  hasta  ahora  marítimas,  mas  con  proyectos 
de  realizar  otras  alpinas,  como  la  ya  iniciada  por  valiosos  auxilia- 
res de  Gijón  y  Laviana  á  fin  de  llevar  sus  colonos  á  Arbas  de 
Pajares  y  Breza  de  Peñamayor.  La  Universidad  üene  el  propó- 
sito de  levantar  modesto  edificio  en  la  costa  y  otro  en  la  monta* 
ña  para  lo  que  se  ha  comenzado  á  reunir  recursos  como  los  ya 
donados  por  la  Real  Compañía  asturiana  í>n  Arnao  de  Castri- 
llón  (1).  Fuera  de  desear  ahora  que  á  esta  obra  de  caridad  y  de 
regeneración   contribuyeran   y   ayudaran   todas  las   personas, 
amantes  del  engrandecimiento  de  la  patria,  que  es  madre   de 
todos  y  le   interesan  mucho  los   pobres,  los  débiles  y  ios  igno- 
rantes. 

Y  en  estos  pensamientos  de  difundir  la  acción  docente  de  la 
Universidad  para  que  la  cátedra  oficial  no  sea  patrimonio  exclu- 
sivo de  estudiantes  matriculados,  tomó  cuerpo  y  surgió  vigorosa 
en  Oviedo  la  principal  institución,  que  divulga  y  dilata  la  ense- 
ñanza, antes  intentada  en  otras  formas  y  lugares  muy  principal- 
mente por  los  ovetenses  catedráticos  (2). 

El  Sr.  Alas,  recogiendo  importantes  consideraciones  de  la 
oración  inaugural  del  curso  de  1898-99  leída  por  el  Sr.  Altamira, 
y  teniendo  en  cuenta  los  trabajos  que  en  todas  partes,  fuera  de 
España,  se  realizan  en  favor  de  la  cultura  popular,  propuso  al 
Claustro  que  emprendiese  la  obra  útilísima  de  la  llamada  Ex- 
tensión Universitaria.  Apoyada  por  los  Sres.  Rector,  Sela, 
Mur  y  Altamira  la  moción  del  Sr.  Alas,  y  aceptada  por  uuaiii- 


íx)  Véanse  en  Anales  de  la  Universidad  de  Ovicda  (íytn  \  con  indicaciones  generales  del 
Sr.  G.  Posada  y  una  interesante  Memoria  del  Sr.  Fandiño.  E^ii  pendiente  de  publicación  de  \m 
del  Sr.  F.  Villavcrde. 

— Archivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  17  de  Febrero  de  1895. 

— Véase  «Memoria  universitaria  de  Oviedo»  del  curso  de  iBg&-gy. 

(2)     Veásc  la  nota  de  las  páginas  precedentes  304  y  205. 


—  259- 
midad,  se  discutió  respecto  del  título  que  debía  darse  á  estos 
trabajos,  prevaleciendo  la  idea  de  conservar  aquel  con  que  han 
sido  planteados  en  Inglaterra  («University  extensión»),   en  las 
Universidades  populares  francesas,  y  adoptados  en  la  mayor 
parte  de  las  naciones.  A  propuesta  del  Sr.  Rector,  se  constituyó 
la  Junta  especial  de  la  Extensión  de  que  formarían  parte  cuan- 
tas personas  de  dentro  ó  de  fuera  de  la  Universidad  cooperasen 
á  ella;  y  para  organizar  todos  los  trabajos  primeros  se  nombró 
una  Comisión  compuesta  de  los  Sres.  Buylla,  Urios,  Altamira  é 
Izquierdo  y  de  quien  esto  escribe.  Esta  acordó  enseguida  invitar 
á  los  Claustros  del  Seminario  conciliar  de  esta  Diócesis,  del  Ins- 
tituto ovetense  de  Segunda  Enseñanza  y  de  las  Escuelas  Norma- 
les, como  á  muchas  personas  de  la  capital  y  provincia,  abogados, 
sacerdotes,  ingenieros,  arquitectos,  militares,  médicos,  maestros, 
etc.,  etc.,  que  por  virtud  de  sus  conocimientos  y  aptitudes,  pue- 
dan explicar  conferencias,  cursos  breves,  etc.,  dentro  ó  fuera  de 
la  Universidad;  y  con  las  adhesiones  de  varios  se  formó  el  pro. 
grama  de  las  conferencias  y  enseñanzas  del  primer  curso.  Quien 
redacta  este  libro  tuvo  la  honra,  á  título  de  Vice-Rector,  de  inau- 
gurar la  Extensión  Universitaria  de  Oviedo  en  15  de  Noviembre 
de  1898,  pronunciando  con  tal  motivo  breve  discurso  sobre  la 
importancia  y  utilidad  de  la  nueva  institución  de  cultura  con  sus 
progresos  en  el  Extranjero  y  los  propósitos  de  ahora  en  Oviedo 
ya  que  entonces  no  se  pudo  escuchar  la  elocuente  palabra  del 
Rector  Sr.  Aramburu,  ausente  en  Italia,  como  representante  de 
España  en  la  Conferencia  internacional  antianarquista  de  Roma. 
Reseñar  ahora  las  conferencias  de  vulgarización  de  conoci- 
mientos científicos,  cursos  de  estudios  superiores  y  breves,  y  tra- 
bajos diferentes  durante  cinco  años  de  nuestra  Extensión  univer- 
sitaria, alargaría  con  exceso  estas  páginas  ceñidas  á  rápidas  noti- 
cias. Baste  indicar  el  variado  cuadro  de  materias,  el  lugar  de  las 
cátedras  y  los  muchos  profesores.  Fueron  las  enseñanzas  de  His- 
toria general  y  local,  Arqueología,  Música,  Zoología,  Cosmología, 
Agricultura,  Química,  Higiene,   Sociología,   Filosofía,  Arte  de 
construcción,  Economía,  Geografía  y  Viajes;  Derecho,  Matemáti- 
cas, Moral,  Industrias  general  y  provincial,  Biografía,  Crítica, 
Meteorología,  Sanidad,  Física,  Micografía,  Comercio,  etc.,  etc.; — 
hubo  cátedras  principalmente  en  la  Universidad,  por  la  noche, 


—  2ÓO  — 

y,  fuera  de  ella:  en  la  Escuela  de  Artes  y  Oficios,  Cámara  d 
Comercio  é  Industria,  Centro  Obrero  de  Oviedo  y  en  el  de  Tn 
bia;  en  el  Instituto  de  Jovellanos  (donde  se  ba  organizado  tan 
bien  la  gijonesa  Extensión  universitaria  en  íntimo  consorcio  co 
la  ovetense)  y  en  el  Círculo  Mercantil  é  Industrial,  Centros  Obn 
ros  y  Centro  de  Sociedades  Obreras,  Casino  federal,  Asociació 
musical,  Colegio  pericial  mercantil,  Ateneo  Casino  Obrero  d 
Gijón;  en  la  Sociedad  Obrera  Industrial  y  Centros  Obreros  d 
Aviles  y  Salinas;  en  el  Ateneo-Casino  Obrero  y  Centro  Obrer 
de  la  Felguera  (Langreo);  en  los  Círculos  de  Labradores  y  Arte 
sanos  y  Republicano  de  Mieres;  y  en  la  Asociación  de  Defens; 
y  Fomento  del  Comercio  y  de  la  Industria  de  Fiilbao; — y  fueroi 
profesores  los  Sres.  Altamira,  Martín  Ayuso,  Pbro.  Bayón,  Ala: 
(L.i,  Fernández  Echevarría,  Fernández  (M.),  Mur,  Sela,  Redond< 
(l.  F\).  Fusada,  Clavería,  Alvarez  (M.),  Aramburu,  Labra,  Rioja 
Qchoa,  Huylla  (A.,  A.  y  B.),  Jove,  Rivera,  Beltran,  Aparicio 
[Miro.  Cejador,  Torre,  Orueta,  Moliner,  Gutiérrez  (J.  de  A.),  Entío. 
Martínez,  Alvarez  Casariego  (J.),  Marqués  de  Valero  de  Urna, 
Cabanas,  Urios,  Arias  de  Velasco,  Adellac,  Albornoz,  Diz  Tira- 
do, Acebal,  y  el  autor  de  este  libro  (1).  En  Gijón  profesaron  los 
Sres.  Orueta,  Escalera  CU.),  Miranda,  Andellac,  Merediz,  los  cita- 
dos caíedráticos  de  Oviedo  y  otras  distinguidas  personas  de 
aquella  tan  floreciente  localidad.       / 

Las  cátedras  y  conferencias  fueron  y  son  orales,  así  como 
experimentales  cuando  el  asunto  y  materia  lo  requieren.  En  este 
punió,  como  los  recursos  son  muy  escasos,  no  fallaron  colabora- 
res que  facilitaron  aparatos  y  elementos  para  la  mejor  enseñan- 
za, ya  Centros  corporativos  como  la  Escuela  de  Capataces  de 
Minas  de  Mieres,  el  Colegio  de  PP.  Jesuítas  de  Gijón,  la  Socie- 
dad popular  Ovetense,  la  Comisión  provincial  de  Monumentos 
históricos  y  artísticos,  etc.,  ya  particulares,  como  D.  Domingo 
Orueta,  D.  Policarpo  Herrero,  D.  Plácido  S.  Bravo,  D.  Luis  Mu- 
ñí/ Miranda,  D.  Victorino  Alvargonzález,  etc. 


f 


íil  Arcliivo  de  la  Universidad.— Claustro  de  15  de  Octubre  de  1898  y  el  libro  de  actos  de 
hi  Junta  »íe  Extensión  universitaria,  redactadas  por  el  Secretario  Sr.  Sela,  á  cuyo  celo  y  trabajo 
ínciifitableí  tanto  deben  la  organización  y  vida  de  la  Institución. 

Véanse  en  los  Anales  Universitarios  sus  notables  «Memorias*  de  los  cinco  primeros  cursos 
de  la  /-li ■ffitstfot ,  redactadas  por  el  mismo  Profesor,  que  son  modelos  en  esta  clase  de  trabajos 
y  contienen  ideas  y  consideraciones  pedagógicas  de  verdadero  espíritu  práctico. 

— Mein'  iia  de  la  Universidad  de  Oviedo  del  curso  de  1898  á  1899. 


—  2ÓI  — 

También  se  iniciaron   Excursiones  escolares,  que  han  de 
proporcionar  ventajas;  y  ya  se  notan  en  las  establecidas  Faculta- 
des de  la  Universidad  para  alumnos  oficiales  y  se  notarán  en 
cuantos  á  ellas  quieran  agregarse,  porque  á  todos  comprenden 
los  nuevos  y  prácticos  métodos  pedagógicos  para  vulgarización 
de  los  conocimientos  humanos  y  su  experimentación  (1).  Son 
aquellas  «excursiones,  que  decía  el  Rector  de  la  Escuela  hispa- 
lense Sr.  Morís  y  Vallin,  antiguo  alumno   de  Oviedo,  con  exten- 
sión amplísima,  desde  la  visita  al  monumento  artístico  é  históri- 
co hasta  la  visita  al  taller,  á  la  fábrica,  á  las  obras  de  la  indus- 
tria, á  los  laboratorios,  á  los  jardines,  á  los  establecimientos 
mercantiles  y  bancarios,  á  los  establecimientos  administrativos, 
para  apreciar  en  ellos  de  cerca  su  marcha  y  vida  legal;  á  las  bi- 
bliotecas, los  archivos  y  los  museos,  para  estudiar  el  códice,  el 
monumento  legislativo  y  el  carácter  y  frutos  de  una  escuela  ar- 
tística; al  Instituto,  á  la  Escuela  especial,  á  la  Normal  y  á  la  Es- 
cuela primaria  como  medio  de  una  verdadera  y  sólida  ense- 
ñanza ^. 

Además  de  las  lecciones  explicadas  en  la  Extensión  uni- 
versitaria, siguiendo  la  evolución  de  esta  en  todas  partes,  se 
inauguraron  en  1901  Clases  populares,  que  podrán  constituir 
con  el  tiempo  base  de  una  modesta  Universidad  popular,  sobre 
el  modelo  de  las  extranjeras  y  especialmente  de  Francia.  Son  los 
obreros  quienes  principalmente  aprovechan  esta  creación;  pero 
sus  puertas  están  abiertas  á  cuantos  se  inscriban  sin  distinción 
de  clase,  sexo,  ni  posición  social.  Se  diferencian  de  las  confe- 
rencias  ante  público  anónimo,  diferente  y  variable,  porque  es- 
tas Clases  tienen  carácter  más  familiar,  y  así  más  educativo  y 
de  mas  permanente  acción  durante  un  curso  entero,  ó  cursillos 
sobre  los  mismos  alumnos.  En  cuanto  al  programa  de  enseñan- 
zas, se  procuró  en  los  dos  años  pasados  no  duplicar  las  estable- 
cidas oficialmente  en  los  Institutos  generales  y  técnicos  y  se, Han 
limitado  á  un  primer  grupo  de  materias,  preferentemente  lasque 
no  se  estudian  en  otra  parte,  como  Economía,  Historia  de  la  Ci- 
vilización, Lengua  y  Literatura  castellanas,  Cosmografía,  Cien- 


(i)   'Recuérdese  lo  indicado  en  la  pág.  an. 

— Anales  de  la'  Universidad  de  Oviedo  (ioot).— págs.  179 y  siguientes. 


—   2Ó2  — 

cias  Naturales,  Educación  cívica  y  Derecho  Usual  que  explica 
ron  los  Sres.  Buylla  (A.),  Altamira,  Beltrán,  Buy  lia  (B  ),  Posad: 
Jovo,  Martínez  y  el  redactor  de  esta  Resena  histórico  univeí 
sitaria. 

De  esta  suerte  pretende  la  Universidad  recuperar  y  extende 
su  verdadera  misión;  abandona  antigua  vida  estacionaría  par 
andar  y  llegar  al  corazón  del  país,  lanzando  en  el  á  todos  vier 
tos  semillas  de  cultura  popular  y  de  educación  nacional  (ya  qu 
el  problema  social  es  un  problema  de  educación)  y  deja  de  se 
mera  oficina  de  enseñanza  ó  centro  de  confección  de  vano 
títulos  académicos.  La  Extensión  universitaria  será,  faftf 
ideas  de  libertad  amplia,  tolerancia  y  neutralidad  doctrinales 
noble  desinterés,  como  extensa  Universidad  popular  para  edu 
car  al  niño,  enseñar  al  joven  é  instruir  al  adulto.  Los  obstáculo 
son  grandes  mientras  á  la  institución  falten  recursos  y  medio 
materiales,  entusiasmo  más  general,  hábito  y  constancia  en  I; 
asistencia  y  su  encauce  en  las  costumbres  públicas.  Fallan:  di 
arriba,  los  generosos  protectores  que  se  ven  en  otros  países;  di 
en  medio,  más  concurso  y  ayuda  patrióticos;  y  de  abajo,  mayoi 
esfuerzo  y  mas  impaciencia  populares  por  eí  propio  adelanta 
miento.  En  Oviedo  se  han  tocado  y  siguen  tocándose  algunas  de 
estas  dificultades,  ya  personales,  ya  económicas,  que  lentamente 
se  van  venciendo,  sin  que  falten  colaboradores  generosos;  perc 
debieran  venir  muchos  más  y  venir  pronto. 

Complemento  de  la  Extensión  en  sus  varias  manifestaciones 
es  la  publicidad  de  trabajos,  como  extractos  y  programas  délas 
conferencias,  cátedras  y  prácticas.  En  parte  se  ha  procurado 
llenar  este  extremo,  ya  por  resúmenes,  que  publican  los  principa- 
les periódicos  de  la  provincia,  ya  por  lirada  de  hojas  que  se  re- 
parten al  público;  pero,  como  esto  es  dispendioso,  falta  no  poco 
por  lograr  para  sostener  en  el  pueblo  una  constante,  viva,  circu- 
lante  y  propagadora  serie  de  publicaciones  universitarias,  ade- 
cuadas á  su  objeto  de  extensión  popular  de  la  cultura  á  senie^ 
janza  de  los  syllabus  extranjeros.  El  ensayo  es  deficiente,  mas 
no  se  olvide  que  la  empresa  está  comenzando. 

Hasta  ahora  la  publicidad  universitaria  fué  escasa  bajo  eJ 
aspecto  corporativo  y  se  manifestó  únicamente  en  ocasiones  so- 
lemnes, mas  bien  con  finalidad  histórica  del  momento  que  con 


—  263  — 
carácter  pedagógico  ó  instructivo  (1).  Los  discursos  inaugúra- 
les del  curso  son  casi  de  ayer,  pues  fueron  acordados  de  una 
manera  fija  por  el  plan  de  1825  con  disposiciones  para  su  im- 
presión y  circulación,  encargándose  primeramente  á  los  Mode- 
rantes de  Oratoria  y  mas  tarde  por  turno  á  todos  los  profesores; 
después  se  ordenó  la  impresión  de  programas  y  su  razonamien- 
to, que  cayó  en  desuso  (2);  durante  algunos  años  hubo  también 
discursos  de  recepción,  cuando  los  catedráticos  ingresaban  en 
el  Claustro,  siendo  contestados  por  otro  compañero;  el  Regla- 
mento general  para  la  Administración  y  régimen  de  la  Instruc- 
ción pública  dispuso  la  redacción  de  la  Memoria  anual  del 
Distrito  universitario  (3);  y  en  algunas  ocasiones  se  imprimieron 
últimamente  discursos  de  graduandos  en  la  licenciatura  y 
doctorado  (4).  A  poco  más  \¡»  estado  reducido  lo  que  pudiéramos 
llamar  «bibliografía  universitario-ovetense». 

Merecen  especial  mención  los  discursos  inaugurales  en  las 
fechas  y  por  los  autores  siguientes,  desarrollando  los  temas  que 
también  se  indican: 

—  1825,  R.  P.  M.  Fr.  Manuel  de  Caso:  cCáracter  é  importancia  de  la  voca- 
ción en  las  diferentes  carreras  universitarias >. 

— 1826,  el  mismo:  «Importancia  del  Magisterio». 

— 1828,  el  mismo:  «Influencia  de  la  instrucción  y  educación  en  las  eos* 
tumb  res». 

— 1829,  el  mismo:  «Necesidad  del  estudio». 
— 1830,  el  mismo:  «De  la  Sabiduría». 

—  1832,  el  mismo:  <Medios  para  alcanzar  la  Sabiduría». 


(1)  Me  refiero  únicamente  á  los  trabajos  impresos,  mencionados  en  las  notas  y  páginas  64, 
54,  104,  106,  12a,  149,  153,  »55i  xS7i  *74*  »75i  «871  a°4»  3<>5»  *<>7,  *"#  »*»i  *»3.  «6*  «38,  «43» 
249  y  251. 

la)     Véase  pág.  207. 

(31  Id.  pág.  226  y  las  respectivas  notas  de  la  Segunda  parte  de  esta  Historia  referentes  ¿ 
oíros  Establecimientos  de  Knscñanza  del  Distrito. 

(4.'.  En  el  Archivar-universitario  y  en  los  expedientes  de  los  interesados  se  guardan  manus- 
critas diferentes  tesis  en  grados  de  Licenciados  desde  1845,  y  de  Doctor  en  el  breve  periodo  en 
que  de  1869  á  1875  en  que  se  restauró  en  Oviedo  el  grado  superior.  Con  estos  trabajos,  infor- 
mo claústrale*,  discursos  de  apertura  y  otras  publicaciones  de  catedráticos  pudiera  formarse  una 
interesante  «bibliografía  universitaria»  mediante  clasificaciones  regionales  porel  Cuerpo  de  archi* 
veros  y  bibliotecarios.  De  aquellos  grados  se  imprimieron  en  Oviedo  los  siguientes  discursos: 

De  Lictii£iatnm: 

—  1859,  IK  Gonzalo  Casta  ñon:  «El  progreso  en  la  penalidad». 
—1863,  D   Indalecio  Corujcdo:  «Origen  y  fundamento  del  Derecho». 

—  1 864  D.  Mariano  M.  Valdés:  «Constitución  política  y  civil  de  Roma  pagana  con  la  de 
las  sociedades  cristianas  y  modernas». 

De  Doctorado: 

—1871,  D.  Luis  G.  Valdés:  «Examen  critico  de  la  Constitución  democrática  en  1859». 

—1871,  D.  Severo  Rivcro:  «Tecria  del  derecho  divino  como  fundamento  del  Estado». 

—1872,  D.  Sccundino  Torre:  «Antiguas  Cortes  de  Castilla». 

—1874.  D.  Jesiís  de  Alvaré:  «Naturaleza  y  extensión  de  la  Patria  potestad». 

—1874,  D.  E.  González  del  Valle:  «De  la  propiedad  literaria». 

l8 


—  264  — 
— 18331  "D.  Víctor  Díaz  Ordofiez:  cldeade  las  ciencias  é  importancia  de 
estudios  de  Filosofía,  Cánones,  Leyes  y  Teología «  (i). 

—  1834,  el  mismo:  «De  la  Elocuencia». 
— 1835,  D.  Carlos  Fernández  Cuevas:  «Deberes  del  hombre  en   la  Socia 

é  importancia  de  la  Jurisprudencia  para  su  cumplimiento  u. 
— 1836,  el  mismo:  «De  lo  verdadero  y  de  lo  utíU. 

—  1844,  D.José  Fernández  Castafión:  «De  la  Sahiduriai. 

—  1845.  D.  Manuel  Prado  y  Tobía:  c  Vicisitudes  históricas  de  la  Instrucci 
Pública  española  y  significación  é  importancia  del  nuevo  plan*. 

— 1846,  D.Juan  Domingo  de  Aramburu  y  Arregui:   «La  sana    moral     im 
pensable  para  ser  sabio». 

—  1847,  D.José  Puente  Villanúa:  «Porvenir  de  las  ciencias  *. 
— 1848,  D.  Juan  Lozano:  «Los  errores  que  originan  algunos  sistemas  fil> 

fíeos  modernos». 

— 1849,  D.  Victoriano  Guisasola:  «Armonía  de  la  religión  y  de  la  ciencia 

—  1850,  D.  Carlos  Fernández  Cuevas:  «Las  costumbres  y  la   instrucción  c 
mo  fundamentos  délas  sociedades*. 

— 1851,  D.   Niceto  Jaraba:  tLa  gloria  y  grande; 1   de   lo*  pueblos    en   reí 
ción  con  su  ciencia». 

— 1852,  D.  Tomás  Rivero:  «Importancia  y  utilidad  de  las  Matemáticas». 

—  1853,  D.  Patricio  Palacio:  Tendencias  de  las  ciencias  y  servicios  quepu* 
tan  á  las  sociedades». 

— 1854,  Sr.  Puente  Villanúa:  «Causas  que  dificulran  los  esfuerzos  de  la  e* 
se  fianza». 

—  185$,  D.  Claudio  Polo:  «Poder  y  desarrollo  de  la  ciencia*. 
— 1856,  D.  Luis  Pérez  Minguez:  «Ventajas  del  saber  é  inconvenientes  de  h 

ignorancia». 

—  1857,  D.José   María   Anchoriz:  «Vida  de  Feijóo   y  juicio    crítico    de  sus 
obrasw. 

— 1858,  D.  Francisco  Fernández  Cardín:  *  La  sobriedad  científicas. 
— 1859,  D.  Francisco  de  B.  Estrada:  «Necesidad  é  importancia  de  la  ciencia 
y  de  la  enseñanza  como  medio  de  propagación >, 
[xi§j5¡fr  ?!  — 1860,  D.  Ramón  Armesto:  •'So  hay   verdadera  civilización  en  algunos  m< 

.-.  M2.í       a  cesos  del  siglo  xix  por  falta  de  conocimiento  y  observancia    de  la   moral  evan- 

gélica». 

— 1861,  Sr.  Fernández  Cardín:  «Sabiduría  del  humilladm, 
^, ,  — 1862,  D.   Guillermo  Estrada  Villaverdei  i-Servícios  prestados  ala  cienck 

¿£±  por  la  Iglesia  t. 

— 1863,  Sr.  Armesto:  «Influencia  de  la  facultad  de  Filosofía  y  Letras  en  las 
de  Derecho  y  Teología». 

— 1864,  Sr.  Fernández  Cardín:  «La  razón  cristiana,  levanta  la  inteligcnciiy 
salva  la  sociedad». 


(1)  Hasta  este  año  se  redactaron  los  discursos  en  lengua  latina»  comenzando  á  seres  ^- 
tcllano  desde  1834  á  propuesta  del  moderante  Dr.  D.  Víctor  Djaí  Ürdoíki.  En  vario*  alM  f*"" 
motivos  de  la  guerra  y  otras  dificultades,  no  se  pronunciaron  ó  no  se  publicaron  dUcur&Oi  mtt* 
guralcs;  pero  si  desde  1845  sin  interrupción. 


—  265  — 

—  1 865,  D.  Ildefonso  Guerra:  «Influencia  de  la  Iglesia  sobre  el  Estado». 

— 1866,  D.José  Campillo:  cPeligros  en  algunas  tendencias  de  los  estudios 
filosóficos  modernos>. 

— 1867,  D.  Francisco  Díaz  Ordofiez:  «Necesidad  actual  del  estudio  de  la 
Jurisprudencia  romana >. 

— 1868,  D.  Diego  Fernández  Ladreda:  «Legitimación  en  general  y  en  espe- 
cial la  de  por  subsiguiente  matrimonio». 

— 1869,  Sr.  Campillo:  iLey  de  Unidad  en  la  Historia  y  exposición  délas 
escuelas  históricas». 

—  1870,  D.  José  María  Piernas  Hurtado:  «La  Propiedad  según  el  Derecho,  la 
Economía  política  y  la  Historia». 

—  ^871,  D.  Félix  Aramburu  Zuloaga:  «Concepto,  fin,  acción  y  funciones  del 
Estado  y  su  relación  con  las  restantes  esferas  de  la  vida». 

— 1872,  D.  Juan  Pablo  Pérez  de  Lara:  «Bancos  hipotecarios». 
— 1873,  D.  Francisco  F.  Barmés:  «Ideas  religioso-morales». 

—  1874,  D.  Faustino  A.  del  Manzano:  <  El  Notariado  ante  la  Filosofía  y  la 
Historia  >. 

—  1875,  Sr.  Campillo:  t Origen  y  tendencia  de  la  Estética  como  medio  de 
determinar  la  verdadera  esencia  de  la  belleza». 

— 1876,  D.  Víctor  Díaz  Ordofiez:  «Del  Derecho  canónico  en  su  relación  con 
las  varias  ramas  del  Derecho». 

—  1877,  D.  Fermín  Canella  Secades:  «De  la  enseñanza  del  Derecho  civil  es- 
pañol, estado  actual  y  necesidad  de  su  ampliación  y  reformas». 

— 1878,  D.  Justo  A.  Amandi:  «La  elocuencia  forense  en  Roma». 

— 1879,  D.  Adolfo  A.  Buylla:  «De  los  socialistas  de  cátedra  (Der  Kathtder- 
Soctalismus)  » . 

— 1880,  D.  I.  Faustino  Vallina:  «Antecedentes  y  consecuencias  de  la  revo- 
lución religiosa  de  Europa  en  el  siglo  xvi». 

— 1881,  D.  Rafael  Ureña:  «Antigua  filiación  de  la  teoría  correccionalista  y 
origen  de  la  ciencia  jurídico- penal». 

— 1882,  D.  Hipólito  Casas  y  G.  de  Andino:  *  Representación  de  D.  Alfon- 
so x  el  Sabio  en  el  desenvolvimiento  de  nuestra  cultura  nacional;  carácter  lite- 
rario de  sus  producciones  y  de  aquellas  en  que  intervino». 

—  1883,  D.Juan  R.  Arango:  «Estudio  comparativo  de  1  i  ley  de  Enjuicia- 
miento Civil  vigente  y  la  anterior». 

— 1884,  D.  Adolfo  G.  Posada:  «De  la  enseñanza  del  Derecho». 

—  1885,  D.  Gerardo  Berjano:  «De  la  Historia  general  del  Derecho». 

—  1886,  Sr.  Canella  Secades:  «La  Iconoteca  asturiano-universitaria». 

— 1887,  D.  Rogelio  Jove  y  Bravo:  «La  fuerza  que  determina  las  transforma- 
ciones del  Estado  es  el  derecho  individual». 

— 1888,  Sr.  Vallina:  «Crítica  de  la  Historia  de  la  civilización  ibérica  por  el 
historiador  portugués  Oliveira  Martins  y  de  su  examen  por  el  escritor  español 
Sr.  Valera». 

— 1889,  U-  Eduardo  Serrano:  «Principios  generales  del  Derecho  procesal, 
civil  y  penal;  importancia,  naturaleza,  extensión  y  límite  de  esta  ciencia». 

—  1890,  D.  José  Giles  Rubio:  «Origen  y  desarrollo  de  la  novela  picaresca». 


—  266  - 

— 1891,  D.  Leopoldo  G.  Alas:  «El  utilitarismo  en  la  enseñanza»  (y  er 
exhordio  recuerda  al  malogrado  alumno  Evaristo  Cía  reía  Paz). 

— 1892,  U.  Aniceto  Sela:  «Concepto  de  la  Universidadi. 

— 1893,  Sr.  Vallina:  *I-a  casa  de  Austria  en  España». 

— 1894,  Sr.  Díaz  Ordoñcz:  «El  cristianismo  descifra  el  enigma  del  muí 
antiguo  y  los  cismas  y  herejías  acrisolaron  la  Iglesia»  . 

— 1895,  Sr.  lierjano:  <  Diferencias  más  importantes  en  materias  de  suces 
testamentaria  entre  el  Código  civil  y  las  legislaciones  de  Aragón,  Navarr 
Cataluña». 

— 1896,  D.  Armando  G.  Rúa:  «La  ley  del  progreso  en  la  edad  antigua  | 
ticularmente  en  Roma». 

— 1897,  Sr.  Urios:  <Nuevas  teorías  de  la  Química». 

— 1898,  D.  Rafael  Altamira:  x Misión  de  la  Universidad  en  la  obra  prese 
de  reforma  interna  y  de  restauración  del  crédito  nacional  en  el  exterior  o. 

—  1899,  D.  Leopoldo  Afaba:  «Supremacía  de  Cervantes  como  uovelist 
errores  del  estudio  tropológlco  sobre  D.  Quijote  de  la  Mancha». 

— 1900,  D.  José  Mur  Ainsa:  «Principios  fundamentales  de  la  Geometría» 
— 1901,  Sr.  Buylla:  «Necrología  y  significación  de  Leopoldo  Alas». 
— 1902,  D.José  Rioja:  -.Conocimiento  del   ciclo  evolutivo    compitió  de 
parásitos  que  originan  en  el  hombre  las  llamadas  fiebres  palúdicas». 

—  1903,  Sr.  Díaz-Ordoñez:  «Fr.  Domingo  Soto  y  su  libro  De  Justttic  et^un 


Los  discursos  en  actos  solemnes  de  recepción  y  posesión  ( 
los  catedráticos  numerarios  al  ingresar  en  el  Claustro,  eran  co 
testados  con  otro  trabajo  por  un  colega  á  nombre  de  la  respectiv 
Facultad;  pero,  por  dificultades  económicas  aquí  y  en  otras  pa 
tes,  se  suprimieron  estas  publicaciones  académicas.  Corrcspoi 
dientes  tx  la  Facultad  de  Derecho  se  verificaron  en  Oviedo  e 
1861  las  recepciones  de  D.  Guillermo  Estrada  Villaverde,  qu 
fué  contestado  por  D.  Manuel  Rosón  Lorenzana,  y  la  de  D.  Dieg 
Fernández  Ladreda,  en  la  que  el  Sr.  Estrada  llevó  la  voz  de 
Claustro,  (1);  ven  la  de  Filosofía  y  Letras  en  1862  y  J86H,  1¡ 
de  D.  Martin  Villar  y  García  á  quien  contestó  D.  Ramón  Armes 
to,  y  la  de  D.  Pablo  Gil  y  Gil  contestado  por  el  Sr.  Villar  (2). 


(i  i  Disertó  el  Sr.  Estrada  en  la  importancia  del  Derecho  canónico  y  el  Sr.  Rosón  en  h 
Jurisdicción  eclesiástica — La  reseña  histórica  de  los  Códigos  españoles  formó  las  tareas  dclof 
Sres    Ladreda  y  Estrada.  « 

(2)  El  discur.-o  del  Sr  Villar  ver«a  acerca  de  los  Cánticos  de  Moisés,  David  y  Cántico  de 
los  Cánticos,  que,  con  otra*  consideraciones,  explanó  el  Sr.  A rm esto  —El  catedrático  Sr.  Gil 
demostró  que,  las  libertades  políticas  de  Aragón  fueron  cau-a  principal  de  su  explcnilor  en  la 
Edad  Media,  é  hizo  elocuente  elogio  de  aquel  país  el  indicado  Sr.  Villar. 

En  reciente  Llau-tru  de  9  de  Mayo  de  i)~>_\.  se  .solicitó  del  Gobierno  la  publicación  de  J.i 
«Memoria»  redactada  por  el  Catedrático  Nr.  Alt.unin  como  lMegado  do  nuestra  Universidad  y 
del  Ministerio  de  Instrucción  publica  en  el  «Congrego  internacional  de  Ciencias  históricas',  cele- 
brado en  Roma  en  el  pre-eute  año,  d>nj_  aquí  pterscató  notable*  trabajos  y  tuvo  distinguidu* 
puestos.  Sirva  esta  nota  como  adicción  al  texto  de  las  precedentes  ná^ín.-is  340  y  «e. 

En  los  Anales  de  la  Universidad  de  Oviedo  (Año  11-1903)  en  peema,  se  jn¿erta  un  entelo 


—  267  — 
Y  uno  y  otro  día  notaba  el  Claustro  universitario  la  necesi- 
dad y  conveniencia  de  medios  de  publicidad,  naciendo  de  aquí 
las  proposiciones  de  los  profesores  Sres.  Altamira  y  G.  Posada, 
que  respondían  tan  perfectamente  á  los  nuevos  rumbos  de*  la 
Corporación  y  al  ensanche  de  su  misión  instructora  y  educado- 
ra (1).   Comenzó  así  la  publicación  de  los  Anales  de  la  Uni- 
versidad de  Oviedo,  á  semejanza  de  los  análogos  en  Escuelas 
de  otros  paises  (como  Chile,  que  periódicamente  nos  envía  los 
voluminosos  suyos);  y  cuando  esto  se  escribe  van  publicados  dos 
interesantes  volúmenes  ovetenses  —  190Í  y  1003 — con  trabajos 
históricos,  científicos,  pedagógicos,  bibliográficos,  etc.,  de  cate- 
dráticos y  alumnos  en  las  cátedras  oficiales  é  instituciones  com- 
plementarias de  que  se  hizo  mención  en  la  nueva  marcha  de 
nuestra  Universidad.  Libros  son  estos  de  gran  utilidad,  propios 
para  extender  y  cambiar  relaciones  docentes  y,  por  ello,  de  mé- 
rito en  que  no  insisto,  por  tratarse  de  una  obra  de  nuestra  Es- 
cuela; pero  si  hé  de  manifestar  que  para  su  tan  conveniente  im- 
presión, á  falta  de  recursos  que  nos  niega  el  pobre  presupuesto 
oficial,  tuvimos  medios  por  el  generoso  donativo  de  D.  Rafael 
Calzada  y  después    con  la   Asociación  patriótico  española   de 
Huenos  Aires  (2).  Por  la  publicación  de  los  Anales  quedó  en 
suspenso  el  pensamiento  de  una  Revista  universitaria,  que 
proyectó  el  catedrático  Sr.  Jove  Bravo  (3),  para  reflejo  y  expre- 
sión del  movimiento  científico-literario  y  pedagógico  de  Asturias, 
porque  con  frecuencia  necesitó  el  Claustro  de  un  órgano  seme- 
jante para  los  estudios  y  trabajos  de  sus  miembros  y  de  ilustres 
colaboradores,  como  cuando  invitó  á  los  doctos  hispanófilos 
D.  Rodolfo  Beer  y  D.  Arturo  Farincllí,  al  primero  en  ocasión  del 
descubrimiento  del  palimpsesto  en  la  Catedral  de  León,  que  con- 
tenía un  fragmento  del  Epítome  de  las  Instituciones  de  Gayo  (4); 
pero  no  llegaron  á  venir  estos  dos  eruditos  escritores. 


'!<-  e<ta  Delegación  y  sigue  la  publicación  de  notas  sobre  los  procedimientos  de  en?cíianza  por 
'"i  profesores,  :uvctt;gacioncs  y  actos  délos  alun  nos  cu  nuestras  cátedras  y  K:  aula  práctica, 
indicado»  en  la  pág.  2ti  y  nota  i.1  Dicho  volumen  contendrá  también  lo*  resúmenes  de  la. 
Asamblea  de  Valencia,  trabajos  de  los  pensionados,  memoria  de  las  Instituciones  complementa- 
riaj  de  la  Universidad,  apéndices,  etc.,  como  continuación  de  las  malcrías  del  tomo  I.  (Véanse 
h<  anteriores  páginas  >i2,  245,  251,  756,  258,  260  y  261). 

:n    Archivo  de   la  Universidad.— Claustros  de  17  de  Febrero  y  16  de  Marzo  de  1899  y  de 
»6  de  Enero  de  190T. 

[3)  Véase  páginas  219  y  255. 

•3!    Archivo  de  la  Uni Tersidad.— Claustro  de  26  de  Noviembre  de  1901. 

(4)  Id.    id.— Claustro  de  Facultad   de  ix  de  Octubre  de  2887  y  general  de  16  de  Enero 
de  190X. 


—  268  — 

Y  el  Principado  ha  visto  siempre  con  entusiasmo  y  simpa! 
todo  cuanto  se  refiere  al  progreso  y  significación  de  su  princip 
Escuela,  la  Universidad  asturiana.  No  porque  en  la  ctierrim 
se -agite  y  prospere  malsano  y  egoísta  regionalismo  con  quim 
ricos  ensueños  contra  lo  que  una  historia  común  de  triunfos 
caídas  ha  consagrado  para  siempre,  antes  al  contrario,  «pensa 
do  aquí  todos  en  la  prosperidad  de  la  patria  pequeña  por  am< 
ala  patria  grande  o.  Amase  aquí  la  región  y  estimanse  profund; 
mente  el  sello  que  en  ella  pusieron  los  siglos,  el  arte,  la  fiist* 
ria,  el  dulce  hablar  (bable),  los  usos  y  costumbres  patriarcales 
y  las  manifestaciones  todas  del  pueblo  astur  y  cántabro  herma 
nados  y  fundidos;  pero  están  abiertos  alma  y  corazón,  cabeza 
sentimiento  á  la  ley  del  progreso,  á  la  fecunda  ley  de  amor  y  her 
mandad  que  la  misma  historia  y  secular  derecho  público  pusir 
ron  entre  todas  las  regiones  de  la  madre  España. 

La  Universidad  es  asturiana  por  su  nacimiento  y  vida;  pera 
hasta  donde  sea  posible,  pretende  llevar  vigora  lodos  vientos  de 
la  patria  española  y,  más  allá,  comunicándose  con  los  ceñiros 
adelantados  y  prósperos  de  tierras  extrañas,  y  abrazando  con  fra- 
ternal afecto  á  las  de  aquella  América,  siempre  moralmente  nues- 
tra por  encima  de  violencias,  injusticias  é  ingratitudes.  Con  venido 
esto,  nada  quita  á  la  significación  provincial  de  la  Universidad 
de  Oviedo. 

Nació  de  la  munificencia  de  un  insigne  Prelado  asturiano  y 
todo  el  país  con  sus  instituciones  más  alias  esperaron  y  vieron 
en  ella  el  faro  de  su  adelantamiento.  La  c Junta  general»,  encar* 
nación  de  nuestros  venerandos  fueros  y  libertades,  se  consagro 
un  día  y  otro  á  sostenerla  Universidad;  el  poderoso  Cabildo  de  la 
Iglesia  mayor  consideró  también  á  la  Escuela  como  hija  predi- 
lecta; el  Municipio  ovetense  vio  en  estas  aulas  el  foco  explendo- 
roso  de  progreso  local;  y  unos  y  otros  se  consagraron  á  sostener 
la  obra  del  Arzobispo  Valdés.  Para  su  Universidad,  Asturias 
impuso  arbitrios  y  soportó  gavetas,  que  compensaran  las  perdi- 
das rentas  fundacionales,  a  fin  de  no  cerrar  las  cátedras,  asilo  ác 
la  juventud  de  sus  comarcas;  por  ella  salip  de  atraso  secular  y 
se  procuró  la  ansiada  cultura;  y  áella  volviólos  ojos  en  momen- 
tos solemnes  y  en  críticos  dias,  tornándose  la  mansión  tranquila 
de  Minerva  en  ruidoso  asilo  de  los  hijos  de  Marte. 


—  269  — 
De  sus  aulas  salió  el  sabio  y  heroico  Marcenado  al  frente  de 
tos  «cangrejos!  y  en  el  recinto  escolar  fué  el  al  islam  ie  rito  y  jura 
del  temido  Tercio  asturiano;  un  siglo  después,  graduados  y  estu- 
diantes fueron  los  capitanes  y  soldados  principales  del  ejército 
provincia],  cuando  pronta  y  airada  Asturias  se  dispuso  á  recha- 
zar la  invasión  extranjera  de  Í808;  sus  doctores  y  catedráticos 
brillaron  en  el  gobierno  soberano  regional  cuando  la  nación 
quedó  huérfana  de  reyes;  maestros  y  discípulos  propagaron  las 
auras  de  libertad  y  se  alzaron  en  épocas  de  opresor  gobierno;  y, 
ayer  cuando  á  la  intestina  guerra  envió  la  provincia  los  «Volun- 
tarios de  Covadonga»  y  «del  Principado»  en  defensa  de  la  integri- 
dad nacional,  en  la  Universidad  fueron  despedidos  los  soldados 
de  nuestra  tierra. 

Al  tratar  del  renacimiento  asturiano  Campomanesy  Jovella- 
nos  buscaron  en  el  Claustro  universitario  sus  más  conspicuos 
auxiliares;  la  representación  de  la  provincia  en  el  Parlamento 
siempre  fué  confiada  á  los  hijos  de  esta  Escuela  y  la  mayor  y 
mejor  parte  de  los  Senadores  y  Diputados  asturianos  fueron  an- 
tiguos estudiantes  ovetenses;  el  ilustrado  Foro  del  territorio  se 
nutrió  de  nuestras  cátedras;  de  ellas  salieron  los  insignes  repú: 
blicos  que  llenaron  la  España  del  siglo  xix,  los  estadistas  Ar- 
guelles, Toreno  y  Pidal,  los  primeros  hacendistas  Canga-Argüe- 
lles  y  Mon,  el  economista  Flórez  Estrada,  Martínez  Marina  el 
sapientísimo,  Posada  Herrera  consumado  en  la  administración, 
Lorcnzana  el  gigante  de  la  prensa,  Inguanzo  y  Cienfuegos  lum- 
breras de  la  Iglesia,  Valdés,  Riego  y  San  Miguel  príncipes  de  la 
milicia  y  tantos  otros  que,  con  el  suyo,  levantaron  el  nombre  de 
la  Universidad.  Es  verdaderamente  notable  el  número  de  perso- 
nalidades distinguidas,  procedentes  de  estas  cátedras  ó  con  ella 
relacionadas,  que  ya  reconocía  el  rey  Felipe  V  o  con  la  expe- 
riencia de  togas  que  se  hallan  en  los  tribunales  de  estos  reinos 
y  de  las  armas  que  florecían  en'la  milicia,  (jebiendo  unos  y  otros 
sus  principios  á  la  enseñanza  de  esa  Escuela,  con  cuya  luz  des- 
collaron tan  aventajadas  habilidades,  como  tropezaba  la  expe- 
riencia á  cada  paso»  (1). 

Si  los  Cuerpos  morales,  especialmente  los  científicos,  viven 


\x)    Real  Cédula  dirigida  á  la  Universidad  en  92  de  Octubre  de  1774. 
-Véase  AriNoics  XIV. 


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—  270  — 

y  adquieren  títulos  á  la  gratitud  de  ia  patria  por  los  servicia? 
las  obras  de  sus  hijos,  ¿cómo  negar  á  la  Universidad  o  veten: 
justo  galardón  y  bien  ganada  nombradla,  por  sus  insignes  v 
roñes? 

Los  modernos  alientos  de  Industria  y  trabajo  del  Principad 
tuvieron  ensayos  y  consejos  en  los  gabinetes  escolares;  rumbo 
cauce  el  actual  movimiento  obrero;  y  colaboración  asidua  tud 
clase  de  centros  é  instituciones  oficiales  y  particulares  de  Asli 
rias.  La  prensa  provincial,  eco  y  directora  de  la  opinión,  eJt 
mentó  poderoso  y  reflejo  de  la  publica  cultura,  palenque  de  di; 
cusión  fecunda,  debió  y  debe  su  auge  á  profesores  y  estudiante 
de  la  Universidad  desde  el  primer  periódico  asturiano  Itasla  lo 
diarios  presentes,  como  o  La  Gaceta  de  Oviedo*  (I8ír8-180f¿ 
o  El  Correo  militar  y  político  del  Principado*  Castrupol,  (1810) 
«El  Observador»  (1813);  «El  Conciliador  de  la  Nación  y  de 
Rey*  (1820);  a  El  Ciudadano»  (1820);  «El  Momo»  y  *Cartas  di 
Minerva»  (1821)  con  polémicas  de  las  Academias  universitarias; 
cEl  Nalón»  (1842);  «El  Sin  Nombre»  (1845);  *&]  Asturiano* 
(1850);  «El  Álbum  de  la  Juventud»  (185:3);  «El  Centinela*  y  *K! 
Nalón»  (1854);  «La  Verdad»,  Gijún  (1854);  «El  Paro  Asturia- 
no» (1856);  «La  Revista  Universal  o,  (í  I  ijón,  185G);  41.a  Tradi- 
ción» (1857);  «Revista  de  Asturias»  (1858;;  *El  Porvenir»  (18níM; 
«El  Invierno»,  periódico  estudiantil  (1859);  «La  Joven  Astu- 
rias» (1862);  «El  Anunciador»)  1866);  «El  Eco  de  Aviles*  (1866]: 
«El  Apolo»  (1866);  «La  Estación*  (lKBtfj;  «El  Constituyente» 
(1868);  «La  Unidad*  (1868);  <EJ  Eco  de  Asturias*  fl3üS);  -El 
Oriente  de  Asturias»,  Llanes(lRBft);  *EI  Hfidfeal»  (1871);  uEI  Na- 
raneo»,  periódico  de  primera  enseñanza  (1870);  «La  Revista,  tic 
Asturias»,  segunda  vez  (1878);  «El  Carbayón*  (1879);  *E1  Occi- 
dente de  Asturias»,  Cangas  de  Tinco  (1882);  a  La  Crónica  d<3 
Luarcao  (1882);  «La  Cruz  de  la  Victoria*  (1888);  «El  Correo  Je 
Asturias»  (1890);  «La  Opinión  de  Asturias»,  (1892);  i&l  Noro- 
este», Gijón  (1897);  «El  Nalón  n,  Muros  de  Pravia  (1897);  'El 
Progreso  de  Asturias»  (1901);  etc.,  ele,;  y  otros  muchos,  pues 
falta  espacio  para  mencionarlos  todos  (1), 


•     (1)     «Noticias  históricas  de  la  Prensa  perindi  Ática  de  Aiturau,  pt»t  f>.  Mü\tmn  fuicrlr*  Avi 
vedo».  (Oviedo.  Irap.  de  Solis— 1868— Folletín  de  F.l  1'un*  Asturt'itttfl /, 

No  es  fácil  publicar  aquí  una  relación  compltrLi  de  periodista»  asturiano^    hijos  *te  \a  [di- 
versidad de  Oviedo,  donde  figurarían  los  nombre*  Je  Ai:  e  vedo,  Canetla  Gutiérrcr,  l\  Fr,  MU», 


H 


—  271  — 
En  todo  esto  y  en  mas  estriba  la  significación  asturiana  de  la 
Tniversidad  de  Oviedo,  dentro  del  deber  nacional  y  déla  misión 
general    intelectual  de  toda    institución   docente.   Por  aquella 
muy  en  especialmente  atraídos,  tuvo  la  Escuela  en  muchas  oca- 
siones el  auxilio  y  apoyo  de  sus  hijos:  ya  para  sostenerla  y  con- 
servarla al  tratarse  alguna  vez  de  su  supresión  por  razones  de 
mal  entendida  economía  (1);  ya  para  dotarla  de  medios  de  en- 
señanza enriqueciendo  sus  museos  y  material  de  enseñanza  con 
generosos  donativos;  ó  ya,  como  ahora,  por  medio  de  más  per-: 
manente    y  propio  auxilio,  con   gran  oportunidad  hoy  que  las 
necesidades  corporativas  son  mayores  así  como  menores  los  re- 
cursos que  da  el  Estado.  Me  refiero  al  pensamiento  de  un  anti- 
guo y  distinguido  discípulo  tratando  dé  constituir  una  Asocia- 
ción de  antiguos  Alumnos  ele  la  Universidad  con  el  fin  de 
auxiliar  moral  y  materialmente  á  esta  en  sus  empresas  relacio- 
nadas con  la  educación  nacional  (2);  idea  nobilísima,  tanto  de 
amor  y  gratitud  en  su  origen  como  de  patriotismo  y  utilidad  en 
su  objeto. 

Si  la  Asociación  llega  á  realizarse  y  acuden  en  favor  de  la 
alma  mater  los  antiguos  hijos,  ha  de  mejorar  en  gran  escala  el 
estado  actual  de  la  Universidad  ovetense  debiendo  á  la  adorme- 
cida sino  indiferente  iniciativa  privada,  lo  que  la  del  Estado, 


San  Miguel,  Villarmil,  Pilal  (F.  J),  Albucrne,  Fernández  Poja,  Llanos  (R.),  Lorcnzana,  Ortíz, 
Palacio*.  Bravo,  Vigil,  Infanzón,  Canella  Meana,  Timón,  Puente  Villanucva,  Achucarro,  Caso, 
Castaño,  Estrada  Fuerte*,  Laverdc.  Carrizo,  Oviedo,  Marino,  Arango,  Escalera,  Ca«tañon, 
Vlartavio,  Rcnducles,  Ponte,  Amandi,  González  Solí*.  Concha,  Valledor,  Ladreda  Vallina, 
Campoainor.  Bustillo,  Reíl,  Cantón,  Posada,  Quintana.  Escosura,  Doriga,  Pedregal,  Corugedo, 
Sánchez  Calvo,  Barcena,  Uria,  Montequtn,  Pérez  Mingucz,  Salmean,  Pello,  Moutoto,  Murtas, 
San  Julián,  Agosti,  Gonzilez  Alegre,  Buyha,  Labra,  Lago,  Prada,  Rayón,  Salinas,  Aramburu, 
Moran,  Nevé,  Canella  Sccudes,  Alfaro,  Cuesta,  Guisasola,  Llana,  Valdés,  Alarcón,  Alvarez, 
García  Caveda,  Balbín,  Ceña),  Acebil,  l'olledo,  l'rieto,  Polo,  Rocl,  Ochoa,  Alas,  Tuero,  Me- 
néndej  Pidal,  Menéndez  de  Luarca,  Escudero,  Carrcño,  Celleruclo,  Fernández  Llana,  Pola, 
Jove,  Méndez  de  Vigo,  Serrano,  San  Pedro,  Sampil,  Canel  y  muchos  y  muchos  más. 

íi)  Kn  1830  los  Ayuntamientos  de  la  provincia  elevaron  instancia  al  Gobierno  pidiendo  la 
conservación  de  la  Universidad. 

En  otra*  ocasiones  principalmente  en  1865  y  1S66,  hicieron  otro  tanto  los  municipios  astu* 
nanos,  principalmente  el  de  Oviedo  con  un  notable  documento  redactado  por  el  reputado  aboga- 
do 1).  Pedro  González  Valdés.  — Entonces  el  entusiasta  ovetense  Excmo.  Sr.  1).  Anselmo  <¡.  del 
Valle  y  Fernández  Roccí,  residente  en  la  Habana,  ofreció  cubrir  el  déficit  que  ia  escuela  causa- 
se en  los  presupuestos;  y,  á  ene  tenor,  otro.*  asturianos  ilustres  trabajaron  en  aquella  época 
ydtspuéi,  como  D.  José  González  Alugre  y  Alvarez,  por  la  conservación  de  la  Universidad. 

(2)  El  Excmo.  Sr.  D.  Ramón  Prieto  y  Pazos  cx-alcalde,  y  V  ¡ce- presidente  de  la  Diputa- 
ción provincial  de  Oviedo,  trabaja  por  dar  efectividad  y  cuerpo  á  U  Asociación  de  los  antiguos 
Muramos  de  la  Universidad,  bajo  las  siguientes  bases: 

•Podrán  pertenecerá  !a  Asociación  todo.-»  los  que  hubieren  cursado  con  cualquier  carácter  en 
la  Universidad. — Los  socios  se  comprometen  á  contribuir  á  los  fines  de  la  Asociación  con  una 
cuota  anual  de  cinco  pesetas.  —  La  A«o:iación  ofrecerá  la  presidencia  honoraria  ni  Sr.  Rector  tic 
la  Universidad  y  solicitará  del  mismo  domicilio  en  la  cas.i  liniversitar'a.  — Regirá  la  Asociación 
una  Junta  directiva  elegi  Ja  por  la  A->ambLa  de  los  socios. — La  Junta  DinetLa  podrá  d -clarar 
miembros  protectores  de  la  Asociación  á  las  perdonas  qr.e  presten  servicios  importantes  á  la  Aso- 
ciación ó  á  la  Universidad.-  Si  llegar*,  a  disolverse  la  Asociación,  los  fondos  de  que  disponga 
después  de  satisfechas  las  atencioues  sociales,  serán  entregados  á   la  Universidad*. 


—  2*1*  — 

también  inactiva,  cercena  ó  dificulta.  Hállase  compuesta  por 
plantilla  oficial  (enseñanza  de  la  cátedra)  de  la  Facultad  i 
Derecho  y  Secciones  de  Filosofía  y  Letras  y  de  Ciencias,  esta  i 
tima  sostenida  por  la  Diputación  provincia!  y  el  Ayuntamien 
de  Oviedo  (1)  y  por  las  Instituciones  complementarias  de  educ 
ción  y  enseñanza,  (Escursiones  escolares,  Escuela  práctica  de  e 
tudios  jurídicos  y  sociales,  Extensión  universitaria,  Clases  pop 
lares  yColonias  escolares)  aunque  rejuvenecida  y  ampliada  por 
reforma  del  método  y  la  extensión  social  de  su  actividad  acad 
mica. Toca  en  su  marcha  principales  dificultades  económicas,  qu 
ya  se  indican  y  hasta  estrechez  y  limitación  muy  grandes  asi  e 
el  material  como  en  el  edificio  que  ocupa. 

Fuera  este  suficiente  para  la  Universidad,  mas  no  para  cor 
tener  también  al  Instituto  general  y  técnico  provincial  y  la  Bi 
blioteca  provincial  que  se  hallan  en  el  mismo  recinto,  contri 
toda  conveniencia. 

El  edificio  de  la  Universidad  Ovetense  fué  levantado  poce 
tiempo  después  déla  muerte  de  su  Fundador  esclarecido  en  Í5fi8 

Su  hermano   el  Sr.  D.   Hernando  de  Salas,  de!  consejo  de 
S.  M.  antiguo  canónigo  de  Oviedo  escribió  en  1571  á  la  Justi- 
cia y  Regimiento  de  la  Ciudad  para  que  se  designase  sitio  con* 
veniente  donde  construir  el  edificio  universitario,  y  la  corpora- 
ción nombró  enseguida  un  comisionado  para  tratarlo  con  los  del 
poderoso  Cabildo  Catedral,  á  quien  e!  Sr.  Valdés  confiara  mm 
principalmente  sus  fundaciones,  Con  la  premura  que   el  caso 
referia  se  contestó  «que  el  sitio  señalado  era  en  las  espaldas  del 
Colegio,  que  está  hecho,  ó  delante  del  mismo  en  las  huertas  de 
Juan  el  Correo»  (2);  esto  es,  detrás  del  Colegio  de  San  Gregorio 
ó  de  los  Pardos,  donde  hoy  está  el  Banco  Asturiano,  ó,  á  su  fren* 
te  en  el  solar  actual.  Aun  hubo  oíros  pareceres:  en  sitio  «de  lo  pú- 
blico, el  de  la  Magdalena  (del  Campo)  hacia  el  reguero,  cerca  de 
Santa  Clara»  además  de  los  mencionados  «en  terreno  de  parti- 
culares, el  que  está  debajo  del  Colegio  que  hizo  el  Sr.  Arzobis- 
po ó  el  de  enfrente,  considerado  más  acomodado  y  conveníen* 
te»>.  Este  fué  elegido  (3)  en  la  antigua  calle  del  Campo,  camino 

(i)     Véase  pág.  195. 

(2)  Véase  pág.  25.  — Archivo  del  Ayuntamiento  de  Oviedo.— Acta*  municipales  de  j  y  * 
de  Noviembre  de  1571. 

¡3)     Id.  id.  de  9  de  Julio  de  1572. 

— Véase  Colección  histérico-diplomática  del  Ayuntamiento  de  Oviedo  por  D,  Cínico  Mi* 
guel  Vigil.  ( Oviedo,  1889. 


—  273  — 
del  destruido  convento  de  San  Francisco,  bajo  la  muralla  y  dando 
otro  frente  á  la  antes  llamada  calle  de  las  Mercedes,  de  Silleros 
y  de  la  Picola,  hoy  de  la  Universidad. 

Imitadores  de  Juan  de  Herrera  y  oriundos,  como  él,  de  estas 
montañas,  recorrían  entonces  el  Principado  aplicando  ásus  tra- 
bajos arquitectónicos  la  grata  simplicidad  de  aquel,  los  maestros 
Gonzalo  de  Guemes  Bracamonte,  Juan  de  la  Pedriza,  Juan  de  Ca- 
jigal, Feraando  de  Huerta,  Juan  de  Ri vero,  etc.  El  primero  se 
distinguió  en  los  trazos  y  planos  de  la  Universidad,  que  ejecutó 
el  ultimo,  Kivero,  natural  de  León  y  maestro  de  obras  de  la  cate- 
dral de  Salamanca  (1). 

Por   escritura  pública  otorgada  en  1572  ante  el  escribano 
de  Oviedo  D.  Alonso  de  Heredia  se  remató  la  importante  obra 
c de  las  Escuelas  y  Universidad»)  á  favor  de  Rodrigo  Gil,  quien 
nombró  por  encargado  y  representante  suyo  al  dicho  Rivero  por 
contrato  de  10  de  Julio  de  1575.  En  14  de  Abril  de  i  584  Domin- 
go Mortera  y  Alonso  de  la  Barcena  ajustaron  la  labra  y  asiento 
de  columnas,  bases,  dinteles,  cornisas  y  antepechos;  Andrés  de 
la  Vara  y  Alonso  Cerdeño  contrataron  en  15  del  mismo  mes  el 
arrastre  de  todas  las  vigas  de  castaño,  que  el  maestro  tenía  cor- 
tadas y  reunidas  en  la  próxima  parroquia  de  San  Claudio;  en  13 
de  Abril  de  1585,  Juan  de  la  Zucera  ajustó  27  columnas  de  nue- 
ve pies  de  largo  y  un  pie  y  dos  dedos  de  grueso,  28  dinteles  de 
seis  pies  y  dos  dedos,  28  antepsehos  de  cinco   pies  y  dos  de- 
dos: en  precio  todo  de  34.000  maravedís,  puesto,  bien  desbastado, 
en  el  patio  de  las  Escuelas;  en  15  de  Abril  de  id.,  Bernardo  de 
Va  Portilla,  de  Trasmiera,  remató  todas  las  cornisas  del  palio 
bajo,  29  bases,  29  chapiteles  y  29  co'lumnas,  con  la  condición  de 
que  la  piedra  había  de  ser  blanca  de  cercana  cantera  de  Colloto; 
en  6  de  Julio  de  1587  Juan  del  Palacio  remató  600  varas  de  bal- 
dosas de  tres  pies  de  largo,  uno  y  medio  de  ancho  y  medio  de 
grueso,  todas  ellas  de  la  cantera  del  inmediato  concejo  y  pueblo 
de  Tudela;  en  13  de  Abril  de  1596  Juan  de  Pantones,  carpinte- 
ro, ajustó  toda  la  obra  de  carpintería  de  los  dos  frentes  de  orien- 
te y  mediodía  en  el  patio  alto,   y  Fernando  Noriega  la  de  los. 


(i)  — Noticias  de  los  arquitectos  y  (i-:  la  Arquitectura  en  Zfv/.i// 1  por  Ll.iguno,  adicionada 
por  Ccan  Ber mudez  (Madrid—  Enero  30  -  1829. 

— La  Arquitectura  greco-romana  en  Asturias  por  Fortunato  de  Selgas  (Revista  de  Astu- 
rias-Oviedo —  x  882 ) . 


:f 


t. V;! 


*£■! 


—374- 

lienzos  del  norte  y  occidente;  y,  por  último,  el  enlosado  exlerio 
con  un  ancho  de  doce  pies  y  loa  asientos,  con  dos  cadenas  d 
hierro  á  derecha  ¿izquierda  de  la  puerta  principal,  que  había  t 
recorrer  las  cuatro  calles  que  circundaban  al  edilkio,  corrió 
cargo  del  maestro  Rodrigo  Gil  (1). 

A  Bracamonte  y  á  Rivero  débense,  pues,  [os  trazos  del  seveí 
y  clásico  edificio  con  algunos  resabios  platerescos,  de  robustas 
aunque  poco  elevadas  magesluosas  fachadas,  que  contrastan  en 
la  elegante  arquería  interior. 

Tiene  el  Establecimiento  IfiO  pies  (50,15  metros)  por  cad 
una  de  sus  fachadas,  que  forman  un  cuadro  perfecto.  La  decors 
ción  de  las  que  corresponden  a  las  caites  de  San  Francisco 
antigua  de  la  Picota  son  graves  y  sencillas.  Consisten  en  un  í*J 
calo  de  proporcionada  altura  en  el  punto  mas  alto,  que  form; 
con  el  desnudo  de  los  muros  un  retallo  de  un  cuarto  de  ph 
(0,069  metros),  que  cubre  un  salón  de  perfil  gracioso  con  escc 
lente  efecto.  Sobre  dicho  zócalo  se  elevan  los  muros  hasta  la 
cornisa  de  coronación,  que  termina  la  obra  en  sus  lisas  fachadas, 
sin  más  ornamento  que  la  hermosa  y  bien  labrada  cantería,  y 
sin  otra  interrupción  que  los  huecos  de  las  puertas  en  los  úni- 
cos pisos  bajo  y  principal.  Las  estrechas  ventanas  son  nueve  en 
el  lienzo  del  N.  y  once  en  el  de  E.  unas  y  otras  con  alféizar  in- 
terior y  esteriormente.  Al  0.  y  S.  no  había  mas  que  piso  bajo; 
pero  se  terminó  el  alto  de  manipostería  en  17ííf>  con  fondos  de 
la  herencia  del  Brigadier  Solis  para  colocar  la  Biblioteca  y  otras 
dependencias,  bajo  plano  y  obras  que  dirigió  el  ilustre  arquitec- 
to asturiano  D.  Manuel  Reguera  González. 

La  puerta  principal  en  la  calle  de  San  Francisco  está  bien 
entendida,  es  espaciosa  y  de  buenas  proporciones  y  ia  realza  la 
guarnición  moldada,  que  adorna  las  cambas  y  dintel;  pero  lo 
que  más  contribuye  al  agradable  efecto  de  esta  puerta  es  el  in- 
tercolumnio que  la  decora.  Es  de  dos  esbeltas  y  íigeras  ccluov 
ñas  dóricas  istri&das,  un  poco  más  altas  de  lo  que  requieren 
las  proporciones  del  orden,  apoyadas  en  cnntrapilastras.  Su  en- 
tablamento es  propio  con  triglifos  y  metopas,  sobre  el  que  apa- 


(1)     —  Archivo  notarial  de  Protocolos  de  Oviedo. 

—  La  construcción  del  edificio  para  el  Colegio  de  Huérfana*  KeculttA*.  de  parí  ornen  I  ó  Hfliwr- 
sita  rio,  obligó  á  cerrar  la  calle  ó  callejón,  qnc  daba  á  la  del  Campo  u  üan  frraAt&euj  terrado 
una  puerta  que  por  allí  daba  también  entrada  á  la  Universidad. 


—  275  — 
recen  descansar,  en  el  piso  principal,  las  armas  familiares  del 
Sr.  Valdés  Salas  (1),  repetidas  al  lado  de  la  ventana  del  centro  - 
con  guarniciones  moldadas  y  coronadas  por  un  frontón  curvo 
bajo  el  que  está  una  escultura  que,  aunque  sin  ningún  parecido 
con  el  Fundador,  á  él,  al  menos,  se  quiso  aludir  representando 
un  Arzobispo   de  pontifical.  La  puerta  del   E.,  no  tiene   más 
adorno   que  estar  en  medio  de  un  pequeño  resalto  que  hace  el 
muro,  formando  un  grupo  central,  cuyo  resalto,  está  por  hiladas 
de  almohadillado  que  siguen  las  líneas  de  las  hiladas  generales 
y  las  dovelas  del  cerramiento  de  la  puerta  y  ventana  del  piso 
principal,  que  está  entre  dos  escudos  universitarios.  La  dicha 
cornisa  de  coronación  dá  tono,  unidad  y  carácter  dórico  al  edi- 
ficio, y  tiene,  por  lo  tanto,  el  alquitrave  y  cornisa  dóricos  con 
metopas  y  triglifos  circulares. 

Él  interior  es  claro,  alegre  y  desahogado,  con  espacioso  patio 
al  que  se  baja  desde  la  fachada  del  E.  por  una  suave  escalera  de 
dos  tiros,  á  causa  del  alto  nivel  de  la  calle  de  la  Universidad. 
Sus  cuatro  crujías  están  formadas  por  ocho  columnas  dóricas 
en  cada  uno  de  los  lados  y  sobre  sus  capiteles  arrancan  siete 
arcos  de  medio  punto,  con  la  archivolta  del  orden,  coronados 
con  sencilla  cornisa  alquitrabada,  cuya  corona  sirve  de  imposta 
al  piso  principal.  Este  se  halla  decorado   con  orden  jónico, 
que  coge  toda  su  altura,  con  la  circunstancia  que,  además  de  las 
columnas,  que  cargan  á  plomo  de  las  de  planta  baja,  carga  otro 
peso  á  plomo  de  la  clave  de   arcos,  en  los  siete  del  lienzo  del 
0.  del  patío.  Lo  mismo  sucedía  con  los  otros  tres;  pero  al  abrigar 
las  altas  galerías  y  habilitarlas  para  oficinas,  cátedras  y  salas  se 
han  quitado  las  columnas  centrales  y  de  sillería,  dejando  en 
medio  ventanas  antepechadas.  En  el  lienzo  del  N.  existe  entre 
las  columnas  un    antepecho  general  de   sillería  y  los  cuatro 
eslán  coronados  con  una  ligera  cornisa  que,  si  no  corresponde 
al  orden,  contribuye  con  sus  buenos  perfiles  y  la  acertada  pro- 
porción de 'ambos  pisos  á  hacer  de  más  agradable  efecto  la  de- 
coración del  patio. 

'i)  Son  de  cuatro  cuarteles  bajo  el  sombrero,  cruz  y  cordón  arzobispales:  un  castillo  con 
un  \eón  sobre  s*.i*  almenas  ÍStilas )\  en  campo  blanco,  tres  barras  azule*  con  diez  cruces  de  San 
Jorge  de  Inglaterra  (  VaM¿¡  )\  tres  barras  verde*  en  campo  colorado,  f  Li-ino )\  en  azul  y  dentro 
tic  una  orla  con  la«  cruces  de  San  Andrés  cinco  flore*  de  li>  oro  y  una  espada  plateada  metida 
en  un  I  uncí  colorado.  '  Doña  Palla  y  Ponte). 

Las  armas  ó  escudo  universitario  iValdéO  se  hallan  también  sobre  elegantes  cartelas  en  las 
esquinas  del  edificio,  análogas  al  antiguo  del  Colegio  de  los  Pardos.  (Véase  pág.  29). 


Los  cuatro  lienzos  de  éste  forman  otros  tantos  eláusti 
espaciosos  en  el  piso  bajo;  á  estas  galerías  abren  las  puertas 
las  nulas,  y  la  del  0.  está  el  emboque  de  la  espaciosa  escale 
principal  (1), 

Como  era  natural,  por  consecuencia  ineludible  de  los  lie 
pos,  se  hicieron  en  la  Universidad  varias  obras  desde  su  fund 
ción  para  conservar  y  restaurar  eí  edificio  destinándose  pa 
ello  diferentes  sumas  desde  los  Estatutos  Viejos,  En  el  últin 
tercio  del  siglo  xvni  comenzaron  muchas  de  reparación  y  dec 
rado,  como  la  Sala  de  actos  mayores  en  1770,  el  patio  en  17 H 
las  cátedras  en  1789,  y  no  pocas  se  efectuaron  á  principios  di 
siglo  pasado;  pero  las  que  cambiaron  completamente  la  EscueJ 
datan  de  1843.  Hasta  entonces  tuvieron  menores  exigencias  la 
enseñanzas  y  el  gobierno  de  la  casa,  bastando.  Jos  ingresos  de 
arca  á  cubrir,  á  veces  con  desabogo,  todas  las  necesidades  di 
la  antigua  vida  académica;  más  las  novedades  posteriormente 
introducidas  obligaron  á  grandes  innovaciones  para  dar  cabidí 
ú  varias  dependencias  y  hacer  más  agradable  el  aspecto  severo 
y  triste  del  primitivo  Establecimiento.  ¿Qué  diferencia,  sino,  en 
tre  las  antiguas  aulas  y  las  modernas?  Estaban  reducidas  aque- 
llas á  la  elevada  cátedra,  donde  se  colocaba  el  maestro,  negra  f 
sombría  por  los  años,  con  un  tosco  respaldo  de  madera;  partien- 
do de  la  escalerilla  que  le  servía  de  ascenso,  iban  arrimadas  á 
la  pared  unos  asientos  fijos  de  tabla  y  atravesados  en  el  centro 
los  largos  y  estrechos  bancos  de  álamo,  lustrosos  por  el  roce  y 
laa  flexibles,  que  el  alumno  del  centro,  sirviéndole  de  apoyo  la 
punía  del  pié,  hacía  que  sus  compañeros  se  columpiasen  blanda- 
mente en  el  asiento. 

En  el  trenio  rectoral  de  1843  comenzóla  renovación  univer- 
sitaria el  animoso  Sr.  Arenas  destinando  á  ella  cerca  de  un  mi- 
llón de  reales  procedentes  de  rentas  fundacionales,  ingresos  y 
derechos  académicos.  Asi  pudo  acometer  y  realizar  obras  de 
mucha  importancia,  renovando  los  atrios  interior  y  exterior  y  las 
galería^  cubriendo  de  cielorasos  los  tránsitos  y  salones,  dando 
al  edificio,  en  una  palabra,  un  aspecto  agradable  y  aseado  bo- 
rrando injurias  del  tiempo,  vestigios  de  guerra  y  de  impropios 


(i)     Madnx."  "Diccionario   gcoíjráficc-htstóríco-E.'átMitaLko  de  España  y  sus  posesiona  tk 
Ultramar-.— Tomo  X1L— M-idr¡dj  1&49- 


—  277  — 
destinos  de  almacenes,  hospital,  cuartel,  etc,  (1)  preparando  la 
Casa  para  la  exigencia  y  cambios  con  el  plan  de  1845. 

Afortunadamente  recayó  el  nombramiento  \ de  Rector  en  el 
Sr.  D.  Pablo  Mata  Vigil,  persona  que  reunía,  al  aprecio  y  simpa- 
tía general,  una  elevada  representación,  el  más  infatigable  celo  y 
el  mayor  acierto  para  dar  impulso  y   desarrollo  á  la  nueva  ley. 
Interesado    por  él  nombre  de  la  Escuela  en  la  que  por  largos 
años  había  sido  profesor  y  jefe  de  reconocido  mérito,  no  perdo- 
nó medio   ni  sacrificio  personal  para  mejorarla.  Siguiendo  el 
impulso,  que  había  iniciado  el  Sr.  Arenas,  si  no  cambió  la  forma 
del  edificio  le  acomodó  á  las  nuevas  necesidades  y  le  embelleció 
agradablemente.  Se  arreglaron  las  oficinas  rectorales  y  de  secre- 
taría, se  dividieron  en  dos  las  aulas  grandes,  construyéndose 
asientos   de  forma  circular  para  los  estudiantes  y  levantando 
otro  sitial  para  el  catedrático,  respetando  el  antiguo  de  Feijóo;  se 
ensancharon  las  ventanas,  se  trasformó  la  Sala  de  actos  mayo- 
res, se  crearon  los  gabinetes,  se  adquirió  mucho  material  de  en- 
señanza, etc.,  etc.  Respetado  de  maestros  y  amado  por  los  alum- 
nos, fué  su  muerte  dolorosa  pérdida  para  el  Establecimiento. 

Volvió  otra  vez  al  Rectorado  el  antiguo  catedrático  Sr.  Al» 
varez  Arenas,  cuyas  dotes  de  inteligencia  y  carácter  con  su  en- 
trañable cariño  á  la  casa  hicieron  no  decayese  el  espíritu  de 
bienhechoras  reformas,  porque  dispuso  el  arreglo  de  la  sala 
claustral,  habilitó  local  para  la  enseñanza  del  Notariado  y  siguió 
con  más  obras. 

Los  Rectores  sucesivos  las  continuaron,  como  la  escalera  in- 
dependiente para  la  antigua  Secretaria,  que  hoy  ocupa  el  Insti- 
tuto, eh  tiempos  del  Sr.  Martín  Sanz;  la  pared  de  canto  labrado 
entre  el  patio  exterior  de  la  Universidad  y  la  plazuela  de  Riego 
con  puerta  exterior  á  esta  (2)  y  la  transformación  del  Paraninfo 
decorado  por  el  excelente  pintor  Sr.  Diana  con  alegorías  acadé- 
micas, sonde  la  jefatura  del  Sr.  Marqués  de  "Zafra;  y,  á  este  tenor 
otras  obras  continuas  en  el  edificio  y  sus  dependencias.  Mas  las 
principales  fueron  ultimadas  por  el  Sr.  D.  León  Salmean,  profe- 
sor docto  de  la  facultad  de  Ciencias.  Muy  estimado  de  sus  com- 


(i)  Archivo  de  la  Universidad. —Claustros  de  20  de  Septiembre  de  1833,  25  de  Septiembre 
de  1834  y  4  de  Febrero,  31  de  Muyo  y  21  de  Diciembre  de  1835. 

h)  Archivo  de  la  Universidad. -Entre  otros  acuerdo*  relativo!  á  Cata  pretendida  servidum- 
bre 300  los  acuerdos  de  12  de  Junio  de  18 16,  13  de  Noviembre  de  1887  y  22  de  Abril  de  1818. 


—  278  — 

pañeros  y  muy  querido  por  los  estudiantes,  su  ascenso  al  rec 
rado  fué  día  de  inolvidable  jubilo  y  prenda  segura  sli  celosa 
lividad  para  el  progreso  y  nombre  de  ia  enseñanza  en  esta  L 
versidad,  á  la  que  profesaba  el  mas  acendrado  afecto.  Bajo 
mando  se  trasformó  el  edificio  porque  gestionó  con  incansal 
afán  la  adquisición  de  fondos  ordinarios  y  extraordinarios,  y  i 
durante  veinte  años  de  su  mando  paternal  rehizo  el  estable 
miento.  Ultimó  la  Torre  -observatorio;  embaldosó  de  nuevo 
patio,  los  claustros  exteriores  y  la  antigua  ;< pedrera*;  reno 
por  completo  la  vieja  cubrición  y  tejados  dejando  espacios 
desvanes  con  tres  escaleras  independientes  de  que  antes  se  c 
recia;  hizo  bella  escalera  principal,  dedos  tiros  de  ida  y  vuel 
toda  de  excelente  piedra,  con  balaustrada  de  mármol  y  canee 
de  hierro  en  remplazo  de  la  vieja  ascensión  primitiva,  dejand 
bien  dispuestos  y  decorados  paredes  y  recuadros  para  alegoría; 
pinturas  é  inscripciones  que  proyectaba;  dotó  de  nuevo  morí/fe 
rio  todas  las  dependencias,  cuyos  gastados  y  negros  pisos  sustj 
tuyo  también  por  nuevos  tillados;  decoró  las  cátedras  dotando 
las  de  nuevos  bancos  conforme  á  los  últimos  adelantos  pedagú 
gicos;  gestionó  y  realizó  la  compra  de  la  huerta  del  O  para  en 
sanche  del  establecimiento  y  defensa  de  sus  luces;  y  aún  dispusr 
mas  obras  y  procuró  adquisición  de  cuadros,  libros  varios,  pe- 
diendo decirse  que  casi  dejó  un  edificio  rejuvenecido  total me/i 
te  cuando  cesó  en  la  jefatura  académica  (1),  Amó  á  la  Escuela 
como  á  su  casa  propia,  y  aún  enfermo,  rendido  por  los  año*\ 
visitó  diariamente   mientras   humanamente  pudo  á  su  querida 

Universidad  y   puede  decirse  que  murió  pensando  en  ella 

¡Sirvan  estas  pobres  líneas,  que  escribo  conmovido,  como  testimo- 
nio de  afecto  y  gratitud  ¡i  mi  maestro  y  jefe,  por  quien  escribí 
la  primera  edición  de  este  humilde  libro,  y  el  fué  también  quien 
me  asoció  después  á  su  inolvidable  gestión  universitaria. 

Tuvo  el  respetable  Sr.  Salmean  dignísimo  continuador  en  el 


(i)  Grandes  fueron  «us  dcsvel*  *  itnu  y  oiro  año  para  mejorar  y  engrandecer  la  LTnivírwíbd 
en  favor  de  la  que  acudió  incesantemente  á  la  Superioridad  y  á  las  silurianos  influyentes.  Formu- 
ló un  plan  de  reformas,  partiendo  de  la  se^n  melón  del  latfltuto  "Clá'L'rtro*  de  5  de  Abril  de 
1877  y  21  de  Noviembre  de  1881I  con  doi  DomltioMSi  u  «a  de  los  Srcs,  Campillo  y  Djüi  urdiría, 
y  otra  de  lo*  Sres.  Aramburu  •  F),  AK,.n  /  Am:mri¡  y  Buylh  y  tu  Ja-¡  do-,  une  ti  huimí  iU" 
contarme;  procuró  el  concurso  de  lo*  Sres.  Po&ad;i  Herrcia,  Toreuo,  Quintana,  Barón  de  Crt»* 
donga,  Fernández  Vallín  y  mas  1  Claustro*  diados  los  de  23  de  Marzo  y  23  AgO>tci  de  i$8^  II 
de  Octubre  de  1887  y  8  de  Febrero  y  lo  de  Abril  de  iKSÜfj  cte.,  tic,  pues  seiiü  muy  pioiijii  Ij 
tarea  de  mencionar  todas  las  gcsliouts  del  benemérito  Sr.  Salmeas  y  acuerdo!,  dnuigrata  lauda 
bajo  au  presidencia. 


—  279  — 
sabio  catedrático  Sr.  D.  Félix  P.  de  Aramburu,  Rector  actual, 
que,  desde  fines  de  1888,  con  heredado  y  personal  cariño  á  la 
Universidad,  prosiguió  la  labor  meritoria  de  su  antecesor  con 
mejoras  sucesivas,  que  igualmente  han  de  hacer  memorable  su 
mando.  Dispuso  el  cercado  y  arreglo  de  la  huerta  y  la  construc- 
ción allí  de  necesario  almacén;  el  ensanche,  apertura  y  enrejado 
de  las  ventanas  de  cátedras  y  capilla,  que  fué  decorada  y  desti- 
nada á  Paraninfo  sin  perder  su  importante  y  tradicional  desti- 
no; afianzamiento  con  viguetas  y  columnas  de  la  crugía  del  E.; 
habilitación  de  aulas  para  los  estudios  de  Ciencias  y  del  despacho 
rectoral  con  más  luces;  construcción  de  nuevos  retretes;  servi- 
cio de  alumbrado  eléctrico;  hizo  nueva  escalera  de  ingreso  por 
la  calle  de  la  Picota,  etc.;  y  todo  ruchando  con  indecibles  difi- 
cultades. No  es  la  menor  la  del  misero  presupuesto,  que  imposi- 
bilita al  Sr.  Aramburu  para  poner  la.  parte  material  de  la  Uni- 
versidad con  independencia  y  á  la  altura  del  progreso  moral 
que  ha  conseguido  bajo  su  régimen  (1).  Lazos  de  amistad  frater- 
nal, nacida  en  la  infancia,  acrecentada  en  las  aulas  y  sellada  ahora 
en  muchos  años  de  magisterio  y  de  puesto  á  sus  inmediatas  órde- 
nes, me  impiden  decir  más  del  Sr.  Aramburu,  cuyos  altos  mereci- 
mientos son,  por  otra  parte,  bien  conocidos,  no  ya  solamente 
en  Asturias  sino  dentro  y  fuera  de  España. 

Actualmente  está  el  edificio  distribuido  de  la  siguiente  forma: 
en  el  piso  bajo,  la  Capilla-Paraninfo,  las  aulas  de  la  Universidad 
é  Instituto,  (que  son  reducidas  por  la  división  de  las  amplias  an- 
tiguas) la  portería,  el  antiguo  Paraninfo  destinado  hoy  á  cátedras 
y  Sala  de  conferencias  de  la  c Extensión  universitaria»;  y  en  el 
piso  alto,  aulas  y  gabinetes  de  Física,  Química  é  Historia  Na- 
tural de  la  Sección  de  Ciencias  é  Instituto,  la  Dirección  y  Se- 
cretaría de  éste,  con  la  Secretaría  general,  Rectorado,  (2)  Salas 
Claustral  é  Iconoteca  asturiana  y  de  Juntas  de  la  Facultad  de  De- 
recho con  su  Librería  especial  y  la  Biblioteca  provincial  universi- 
taria. En  el  extremo  N.  O.  se  alza  la  Torre  Estación  meteorológica 


(i)  Archivo  de  la  Universidad.--Cláustros  de  7  de  Mario  y  5  de  Mayo  de  1903,  con 
Acuerdos  y  apremiantes  gestiones  de  orden  económico  en  relación  con  los  de  la  Asamblea  uni- 
versitaria de  Valencia. 

(a>  En  el  despacho  rectoral  se  conservan,  por  generosa  donación,  la  escribanía  que  sirvió 
para  firmar  en  Cuba  la  p-z  llamada  del  Zanjón,  remitida  desde  Nuevitas  en  1879  por  D.  Etel- 
v'mo  Martínez,  de  Llanera;  y  una  tabaquera,  de  uso  del  insigne  repúblico  el  divino  Arguelles, 
regalo  del  cx-alcaldc  oveteusc  y  antiguo  alumno,  Excmo.  Sr.  D.  José  Longoria  Carbajal. 

19 


—  28o  — 

con  el  reloj  moderno,  que  reemplazó  al  primitivo  de  H" 
sonoras  campanas, 

La  capilla  osla  á  la  izquierda  de!   vestíbulo,  entre  < 
esquina  cfciN.  U.  y  es  de  buenas  proporciones,  cubierta  A 
veda  de  punto.  El  altar,  de  privilegio  perpetuo  desde  1  7Híit  i 
las  elides  de  San  Gregorio  el  Magno,  tí  quien  está  dedi 
las  de  Santa  Catalina,  San  Antonio  de  Pádua,  Sao  Fram 
Asís  y  San  Juan  Bautista,  con  más  San  l'edro  y  San  Pabío  j 
Evangelistas  San  Lucas  y  San  Juan  en  gnicios  ves  cutí 

ara  y  los  santos  íl),  K¡  retablo  fue  trabajado  por  Juan  de  De 
cuando  las  primeras  obras  de  habilitación  de  la  tln¡ve¡ - 
ganó  por  ¿1  25  501  reales,  aunque  Domingo  Montciv 
albañü  de    la   ciudad,  denunció  varías  fallas  en  la  úbt 
oeiieta,  «pie  separa  la  bóveda  de  loa  lienzos,  se  lee  la  «gtiie 

rípción  qtie  rodea  todo  el  templo: 

Dft  ESTAS  ESCUELAS   V    UNIVERSIDAD  HA    SIDO  FUNDADO*     V    DOTAHOR 
Ii.IMO   Ski.  Ü.  FkkPíANDO  DE  VALPbá,  DE  GLORIOSA  MEMORIA,  HIJO  D* 

Fernánubk  de  VaLdís  v  ni  doña  Mrncía  dk  Vald&í,  %e$ 

de  Salas.  Akzohisi'u  &*  Sevilla,  Presidente  del  Suprrmo  Coks 

ESTOS   REINOS   Í   lN*jl '1MDOR   GENERAL   EN   ELLuS,  KRLK3I0SG   Y    VJGtl  U 
FENSOK    DE  LA  fi  CATÓLICA  V  SEVERÍS1M0  PERSEGUIDOR  DÉLA  HERÉTICA  Pl 
VEDAD.  MURIÓ  Año  di:  156Ü    COMENZÓSE  A  LEER    KN   ÉSTAI  KSCUELAS  EL  A 
DE   1608.  PRIMER    PATRONO  DE  ELLAS    EL   Hk,   D,   J  VaLI 

DSnfilO,  «AflAlLEKÜ  DÍL    ILÁUJTO  DB  Sa  SOCA!' 

Rey  D.  FRLtFl  Ilf,  V  LO  SON  rERFÉTUOS  LOS  SUCESORES  EN 
lasa  de  Salas. 

Por  último,  ya  se  dijo,  que  para  el  buen  servicio  del  temp 
se  entregó  al  Claustro  numerosa  plata,  ornamentos  y 
que  desaparecieron  en  su  totalidad  cuando  en  la  guerra 
Independencia  los   franceses  convirtieron  en  cuartel 
ció  (2)  El  pulpito  antiguo  fué  reemplazado  por  el  venera: 
tial  del  sapientísimo  catedrático  benedictino  con  esta  ioscripcií 

I  Ai  Í1 

tLTMO,    V    KMO.    P.    MTRO, 
FR.  BENITO   J     IEIJÜO 
1709-1764 


i'i'i  ^  Archivo  tic  la.  Universidad  —TevUimiL  .mi  ..I.  I  Ai 

—  Cl1  fililí"   ífl    1«'"  ■: 
ño!,,  obtuvo  de  SS,  el  Papa  León  Xül  un  eMitu 
Fm  fie  c*  que,  c  i  Tcr&áo*  y  comulfudír»,  visita  «¡en  la  ':;». 
pera*  li,i*u  la  |mc  ta\  del  Sol,  en  cada  mi  1  -Ir   b*    frsimdiide*  de 
1 '■  -i-       '         )    I*  MatM,  TmUiImcii   ha  coi  ■ 

I'    m      5r.  A    Kítialdini»  artuHkpu  de  Kcradtu  y  Nü  1 
m-im  a  la  UnKcr*id*d. 
(?)     AtctiivM  de  la  L-«ivi:r>idr*d.—  Tes  lamen  tana  del  Arzobispo  Valí 
Vea*c  pág*  155. 


—  28l  — 

•  De  las  dependencias  del  piso  alto  ya  se  hizo  mérito  tratando 
de  los  gabinetes  y  museos  para  las  enseñanzas  de  Ciencias. 

La  galería,  qué  precede  á  las  oficinas  universitarias  está  de-  ' 
corada  por  cuadros,  que  del  ministerio  de  Fomento  obtuvo  el 
Héctor  Salmean  y  son  los  siguientes: 

De  autores  desconocidos:  San  Antonio  de  Padua,  un  san- 
to Crucifijo  Prematatense,  Sacra  Familia,  Jesús  aprisio- 
nado,  San  Juan  Bautista,  la  Virgen  y  el  Niño  Jesús,  La 
comida  del  Fariseo,  Jesucristo  y  San  Pedro,  dos  Obispos, 
dos   Santos  Religiosos  un  Santo  heroico,  y  Minerva;  El 
Bautismo  de  la  Virgen  y  la  Concepción,  por  Gilarte;  un 
país,  de  escuela  Flamenca;  Reinaldo  burlando  los  encantos 
de  Armida  y  Herminia  huyendo  de  Polifermo,  por  Gordia- 
no; El  Maná,  por  Escalante;  San  Antonio,  por  Herrera  el 
viejo;  dos  Religiosos  benedictinos,  por  Ricci;  San  Francisco 
de  Asís,  por  Zurbarán;  San  Jerónimo,  por  Ribera;  y  Últimos 
momentos  de  Felipe  II  en  el  JEscorial,  por  Esquivel- 
'    Para  decorado  de  la  escalera  principal,  el  Rector  Sr.  Aram- 
buru   obtuvo  el  cuadro  histórico  de  grandes  dimensiones,  debido 
al  pincel  laureado  del  profesor  asturiano  D.  José  Uría  y  Uría, 
representando  el  dramático  episodio  del  alzamiento  provincial 
de  1808  cuando  las  turbas  populares  pretendieron  sacrificar  en 
el  campo  de  San  Francisco  de  Oviedo  al  poeta  Melendez  Val- 
des,  consejero  Mon  y  los  coroneles  Filzgerald  y  Ladrón  de  Gue- 
vara, como  comisionados  ó  partidarios  del  duque  de  Berg  y  go- 
bierno intruso,  y  fueron  libertados  de  la  muerte  por  el  Cabildo 
Catedral,  en  procesión,  y  frailes  franciscanos  que  calmaron  las 
iras  de  los  patriotas. 

De  la  «Biblioteca  provincial  universitaria»  se  tratará  á  ca- 
pítulo aparte;  y  nespecto  del  «Archivo»)  cabe  decir  que  está  hoy 
confiado  al  Cuerpo  facultativo  especial.  Urge  ultimar  su  ordena- 
ción y  clasificación  y  terminar  también  los  índices,  con  uno  es- 
pecial de  la  interesante  antigua  vida  académica,  cuyos  principa- 
lea  documentos  deberán  publicarse  en  las  «Memorias»  y  «Ana- 
les» comenzados.  Al  Rector  Sr.  Salmean  débese  haber  salvado 
las  primitivas  actas  y  papeles  de  mérito  cuya  encuademación  y 
arreglo  procuró  con  interés  especial. 

Por  último,  es  hoy  dependencia  notable,  pasando  á  ser  como 


'V;v 


ífr-; 


—  a**  — 
una  institución  provincial,  ¡a  «Iconoteca  asturianu-uní  versilari 

galería  de  retratos  de  hijos  ilustres  de  la  Universidad  6  prn\ 
cía,  sus  favorecedores  y  personas  distinguidas  dignas  de  e 
honor.  Esta  colección  de  retratos,  algunos  de  escaso  mérito 
tístico,  débense  principalmente  al  tantas  veces  mencionado 
ñor  Salmean  que,  desde  1874  con  un  donativo  del  Sr,  Gonzá 
del  Valle,  pues  entonces  solo  había  los  retratos  del  Areobfc 
Fundador,  Campomanes,  Jovellanos,  P,  Feijóo,  Brigadier  Solí 
Rector  Mata  Vigil,  se  dedicó  tan  celoso  Jefe  á  enriquecer  la  h 
noteca  con  numerosos  lienzos  (1)  que  obtuvo  por  ges! iones  in 
sanies  y  donativos  particulares,  dejando  también  guía  é  índit 
ciones  para  la  continuación  de  este  Musco  iconográfico  astur 
no,  proseguido  con  interés  por  el  Rector  Ararnburu. 

Su  complemento  y  manifestación  en  acto  solemne  sería  u\ 
fiesta  adecuada  entre  otras,  que  deben  verificarse  on  fecha  ya  i 
lejana  del  tercer  centenario  universitario,  celebrando  la  entrm 
y  nuevos  rumbos  de  cultura  del  siglo  xx;  debiendo  también  ost: 
ya  erigido  para  aquellos  solemnes  días  de  1908  el  monuuicnl 
estatuario  proyectado,  que  la  gratitud  pública  dedica  á  la  menn 
ria  inmarcesible  del  munífico  D.  Fernando  Valdés  v  Salaí 
En  peregrinación  de  amor  visitarán  los  asturianos  en  el  puebl 
nativo  del  Arzobispo  insigne  la  egregia  sepultura  cincelada  po 
el  maravilloso  Leoni;  en  certamen  extraordinario  podrá  presen 
tarse  como  un  balance  de  las  fuerzas  morales  y  materiales  aslu 
rianas,  el  progreso  y  manifestaciones  salientes  de  ciencia,  litera  fu 
ra,  industria,  agricultura  y  comercio  del  país  á  partir  de  las  fun 
daciones  del  gran  Prelado;  desde  la  primaria  escuela  hasta  h 
mas  superior  institución  instructiva  y  educativa  de  Asturias,  ves 
tiran  de  gala,  y  mejor,  si  para  entonces  ya  pueden  manifestarse 
renovadas  y  reproducidas  en  vida  progresiva  y  propia  de  verda 
dera  enseñanza. 


,£G1 


íi)     Véase    mi  «Discurso    inaugural  del  c\ít*o  de  tSSfi  87a,   fQvicdo.    imp.    de    Rrid:   iSf 
donde  se  de? cribe  esta  Iconoteca  con  reseña  bio£rá  tí  Cf>- bibliográfica  de  luí  a^uriuno*  itiislH">. 

Algún  visitante  de  e.«ta  galería  dice;  'Noson  todos  loi  que  Cátiu,  ni  cuan  todas  los  quí 
son». 

Se  buscan,  para  adquirir  copias,  Ilu  relr-ito*  del  Deán  AsL*£j  y  de]  Regente  Pém  Vil '■'■ 
mil,  y  *c  hacen  gestiones  á  fi.i  de  cj,  seguir  Ini  del  Auobí#p<i  Orü.'da  y  iná*  Prelado*;  d*  7;Vj4i 
dt  Aviles,  Carvallo  y  otros  escritores;  di:  tai  Préndenles  del  Consejo  de  CaAlítlsi,  Mniquetdc  b 
Paronz.%,  Riega,  l).  Arias  Man  y  VtÍArdtt  /í  Rmn  >n  éé  f\nm¿i  y  Stfa,  y  alta*,  Cortejen*  1 
Ministros;  de  los  Generales  Abura/,  Trema  ñtst  CirttfHfg94t"LucHr*t  loi  Mi*drz  de  f'igv  y  nw 
ilustres  militares;  de  miembros  distinguido;  de  I  m  Ordt-iiüi  1Iciicd¡-:tñM,  Dominicana,  Frantho1 
na  y  Compañía  di  Jesii;,  y  otro.»  asturfAiui*,  notorig-i  p.ir^u*  tBftintcSmlíatfOS. 

En  el  Apéndice  XIV  figuran  con  *  lo*  isturi&tttM  distflfuidas,  cuyo*  retratos  estin  üdwJ1 
mente  en  la  Iconoteca. 


-283- 

CumpHdas  se  vean  también  las  justas  aspiraciones  de  la 
Universidad  logrando  personalidad  vigorosa,  siendo  ley  y  régi- 
men la  «autonomía  universitaria»  anunciada  en  el  proyecto  del 
ministro  Sr.  García  Alix,  desenvuelto  en  base  amplia  tanto  en  la 
esfera  científica  y  docente  como  en  la  económica  (1).  Al  llama- 
miento de  la  Universidad  española  responderán  quizá  mejor  las 
fuerzas  vivas  nacionales;  adecuados  organismos,  en  consonancias 
con  ideas  y  deseos  modernos,  desenvolverían  el  progreso  moral 
para  suspirada  regeneración,  que  por  ese  camino  principalmen- 
te puede  conseguirse;  la  región  tendrá  los  medios  de  cultura  en 
dirección  de  sus  inmediatas  y  características  necesidades  y  as- 
piraciones; y  á  la  labor,  bajo  rigorismo  oficial  de  plantilla,  po- 
drán sustituir  trabajo  y  estudio  mas  hondos  y  entusiastas,  libres 
y  vivificadores. 

Asi  vive  la  Universidad  de  Oviedo  esperando  un  cambio  ra- 
dical en  el  régimen  y  gobierno  de  la  Instrucción  pública.  Foco  y 
encarnación  de  cultura  local  y  general,  aspira  á  continuar  su 
historia. 

La  Universidad  de  Oviedo  no  ha   tenido,  es  verdad,  una  épo- 
ca grande  y  gloriosa,  como  otras  célebres  Escuelas  de  Europa; 
pero  llenó  cumplidamente  una  modesta  existencia,  impulsando 
la  actividad  intelectual  de  Asturias  y  regiones  inmediatas.  El 
tiempo,  al  pasar  de  siglo  en  siglo  su  inexorable  fevista,  la  halló 
siempre  en  primera  fila  en  el  estado  de  la  enseñanza,  mientras 
han  desaparecido  otros  cuerpos  docentes  que,  al  nacer  el  de 
Oviedo,  disfrutaban  de  superior  y  merecido  concepto.  La  Univer- 
sidad asturiana,  aunque  reducida  á  limitado  territorio  y  cerce- 
nada en  su  antiguo  cuadro  fundacional,  tiene  hoy  como  en  pasa- 
dos días  el  crédito  y  esplendor  que  á  sus  aulas  dieron  muchos 
hijos,  que  se  abrieron  paso  en  todas  partes  por  claro  talento  y 
sentido  práctico. 

Trabajemos  todos  por  dias  venturosos  para  la  Escuela  astu- 
riana, que  han  de  lucir  si  el  mezquino  é  impotente  sentimiento 
de  mal  entendida  economía  no  ajusta  el  ancho  campo  de  la 


1 1)  Archivo  de  la  Universidad  —Claustros  de  a,  9  y  26  de  Octubre  de  iqoo  para  el  estudio 
del  proyecto  de  ley,  y  notas  redactadas  al  efecto  por  los  Sres.  Diazürdoñcs  y  Sela.  En  ios 
Anales  de  la  Un  roen ida  d  ^Oviedo,  190a)  se  publicó  el  dictamen  del  Claustro  ó  ponencia  del 
catedrático  D.  Aniceto  Sela. 


i\- 


flf. 


Instrucción  pública  al  estrecho  recinto  de  las  casillas  de  un  p 
supuesto  mecánico,  poco  meditado  y,  por  lo  tanto,  eslérih 

No  se  apague,  no,  en  la  Universidad  de  Oviedb  el  fuego  ¡ 
grado  de  la  ciencia,  que  encendieron  el  generoso  Váleles  y 
animoso  Asiego;  que  fomentaron  Feijóo  y  Campomanes,  Pk 
dor  y  Víllamil;  y  que  avivo  el  primer  Marqués  de  Pidal  cuando 
moderna  renovación  de  la  Enseñanza, 


íí> 


I 


SEGUIDA  PARTE 


NOTICIAS 

DE  LOS 

ESTABLECIMIENTOS  DE  ENSEÑANZA 

EN    FL 

DISTRITO  UNIVERSITARIO 

DE  OYIEDO 


* 


CAPÍTULO  PRIMERO 


Observación  sobre  el  plan  de  este  libro.— El  Distrito  universitario  de  Oviedo; 
su  demarcación  primera  y  la  actual;  Estudios  y  Centros  oficiales  de  Instruc- 
ción  que  comprende. — La  Segunda   Enseñanza;  su   concepto,  — Antiguas  cá- 
tedras asturianas  y  leonesas  de  Latinidad  y  Humanidades;  Últimos  datos  del 
Colegio  universitario   de   San  Gregorio   de    los  Pardos. —  Enseñanzas,  Pro- 
yectos y  planes  de  Estudios  secundarios  ó  preparatorios  en  el  siglo  xvm  y 
primera  mitad  del  xix. — Instituto  provincial  de  Oviedo;  su  separación  de  la 
V Diversidad;   organización;  material  de  enseñanzas;  presupuestos;  necesidad 
de  local  propio. —  Instituto  provincial  de  León;  su  creación;  medios  de  ense- 
ñanza; presupuestos.— Estudios  de   Segunda   enseñanza   en   el  Instituto*  de 
Gijón;  su  creación  moderna  y  carácter  del  Establecimiento;   matrícula  y  re- 
cursos.—Institutos  locales  suprimidos  de  Casariego  de  Tapia  (Oviedo)  y  de 
Ponferrada  (León);    noticias  históricas  y  consideraciones  acerca  de  la  supre- 
sión.—Antiguos  Institutos  libres  de  León  y  Astorga  (León)  y  Llanes  (Oviedo). 
— Colegios  particulares  de  Segunda  enseñanza  incorporados  á  los  Institutos 
oficiales. — Referencia   al   Instituto   de   Santander. —  Libros   de  texto  en  los 
indicados  Institutos.— Matrícula. — Inspección. — Múltipley  variada  legislación 
de  Segunda  enseñanza  y  necesidad  de  un  plan  orgánico  estable. 


Dispuso  la  Circular  ministerial  de  6  de  Abril  de  1869  (en 
cuya  virtud  me  encargó  el  Rector  Sr.  Salmean  escribir  en  1872 
la  presente  obra,  ahora  ampliada  y  reformada)  que  se  redactase 
primeramente  la  «Historia  de  la  Universidad  de  Oviedo»  (núme- 
ros 1  al  9.°)  y  se  reúnan  al  final  «Noticias  de  las  Cátedras  y  Es- 
cuelas, que  hayan  existido  en  el  distrito  universitario,  ya  depen- 
dieran ó  no  de  la  Universidad»  (número  10.°).  Esto  explica  el  plan 
seguido;  pues,  de  otra  suerte,  diferente  hubiera  sido  el  orden 
lógico  y  hasta  oficial  del  libro,  distribuyendo  las  materias  en  la 
graduación  propia  de  la  Instrucción  pública:  «Enseñanza  prima- 
ria» ó  fundamental  (de  Párvulos,  Elemental,  Superior,  de  Adul- 
tos ó  ampliada  profesional,  y  la  propia  de  Mujeres);  «General  ó 
Segunda»;  y  «Especial  ó  Facultativa»;  que  asi  resulta  más  sim- 
plificada la  conocida  clasificación  de  la  Ley  de  1857. 

Roto  por  el  mandato  ministerial  el  plan,  que  debió  seguirse 


-     2- 

en  estas  páginas,  en  orden    inverso  comprenden 
parte  datos  varios  de  los  róstanlos  Centros  d 
Distrito  universitario  ovetense. 

Surgió  éste  por  la  Orden  de  29  de  Abril  de  1841  ñisp< 
qm  lodos  los  Establecimiento-  y  Colegios  de  la  Provin 
Oviedo  se  dirigiesen  a  la  Superioridad  por  conducto  del  Etoeh 
rado.  El  plan  de  1815,  que  dividió  á  la  Península  un  Distrito 
académicos,  comprendió  en  el  de  Oviedo  esta  Provincia  i 
de  León  y  Santander;  pero  el  de  1860  i  á  Santandt 

unió  al  de  Yalladolid  sin  motivo  fundamental  para  ello,  ptsi 
por  la  proximidad  y  otras  consideración  natural 

histórica  la  distribución  del  ilustre  primer  Marqués  de  PSdal 

Santander  y  Oviedo  bou  dos  provincias  hermana:- 
fueron  asttires  y   cántabros,   a  Lo  que  tira  al  mar,  ( 
P,  Flórez,  se  decía  después  de  los  moros  Asturias  incluya 
Santander  y  Laredo;  y  las  montañas  que  hay  d< 
hasta  el  mar  eran  llamadas  por  los  antiguos  Asturias  di-  Tra? 
miera     i,í).  Sabido  es  que  la  parte  occidental  de  Santan 
llamó  y  se  llama  Asturias  de  Santularia.  La  unión  m&s  intima 
del  «Principado*  y  de  la  ^Montaña*  ó  sea  de    tas  dos 
fué  pensamiento  patriótico,  que  movió  Ja  pluma  del  docto  La 
verde  Ruiz,  y  escribía:   illn   misino  ruarlas  baña,  una  n 
cordillera  las  separa  de  Castilla;  su  topografía  agricultura,  pro 
duelos  vegetales  y  minerales  son  idénticos;  análogas  sus 
trias;  análogos  sus  trajes,  y  muchos  usos  y  costumbre-:  no  b&\ 
solución  de  cunlinuidad  entre  ellas,  ni  por  la  disposición  de 
terreno,  ni  por  la  manera  de  ser  de  sus  pueblos;  nadir  al  pasa) 
la  barca  de  Inquera  cree  entrar  en  un  país  distinto  ch 
acaba  de  recorrer  como  nos  sucede  cuando  trasponemos  kn 
puertos  de  Heinosa  y  de  Pajares*  (2).  Abogaba  el  sabio  cátedra 
tico  con  argumentos  hisb  sociales  para  hermanar  i 

más  á  Santander  y  Oviedo  en  todo  genero  de  divisiones  a*  i 
trntivas;  \\  respecto  ¡t  la   académica,  existen  (¿oy  otr- 
tradícíonalea  y  los  de  proximidad  entre  Asturias  y  la 


( i)     Es/ttñti  Sagrada,  truno  XXV  I, 

<jj    EJcctfvwnenle,  no  obstante  la í   diferente*  tti  visión  es  histérica*  y  »dnum 
el  siglo  xvj  14.  -■:  uoniprciíde  en  mapai,   hiütoría»,  dtadonimen 
nielle,  L_i  Martmícre.  ete-}.  bajo  Isi  dtuomii  .Uthtim 

i.'cay.i.  Piran  -  y  ■■!    m.ir. 


—  a»9  — 

unidas  ahora,  cual  no  sucedía  en  1850,  por  cómodas  carreteras 
y  el  actual  ferro-carril  de  la  costa. 

Los  estudios  y  centros  oficiales  de  instrucción, que  comprende 
el  actual  distrito  universitario  de  Oviedo,  son: 
Universidad  de  Oviedo. 

Institutos  provinciales  de  2.a  Enseñanza  de  Oviedo, 
León  y  Gijón. 

Escuela  de  Veterinaria  de  León. 
Escuelas  de  Artes  é  Industrias  de  Gijón  y  Oviedo. 
Escuela  de  Comercio  de  Gijón. 
Escuelas  normales  de  maestros  de  Oviedo  y  León. 
Escuelas  normales  de  maestras  de  Oviedo  y  León. 
Escuelas  de  Instrucción  primaria  de  Oviedo  y  León. 
Y  pues  que  la  Circular,  tantas  veces  mencionada,  también 
pide  noticias  de  otras  Escuelas  que  no  dependan  de  la  Universi- 
dad, igualmente  se  han  de  comprender  en  esta  segunda  parte 
datos  varios  de  otros  diferentes  Centros  de  Enseñanza  é  Instruc- 
ción existentes  en  el  Distrito. 

Si  no  se  llamó  hasta  el  siglo  pasado  «Segunda  Enseñanza» 
la  intermedia  (entre  la  primaria  y  universitaria)  ó  preparatoria 
no  puede  decirse  que  ésta  se  debe  al  siglo  xix  más  que  de  una 
manera  externa  ó  más  reglamentada.  Para  la  Segunda  Enseñanza 
parece  haberse  escrito  aquel  concepto  de  la  Ley  alfonsina:  «Di- 
zen  Estudio  general  en  que  ay  Maestros  de  las  Artes  assi  como 
Gramática  e  de  la  Lógica  e  de  la  Retórica  e  de  Arismética  e  de 
Geometría  e  de  Astrología...»  Y  más  adelante:  «Pero  si  para  to- 
das las  sciencias  non  pudiessen  auer  Maestro,  abonda  que  aya 
de  Gramática  e  de  Lógica  e  de  Retórica...»  (1);  y  á  continuación 
se  mencionan  las  Escuelas  primarias  y  universitarias. 

Las  cátedras  de  Artes  de  las  Universidades  mayores  y  meno- 
res, las  de  muchos  antiguos  Colegios,  Conventos  y  posteriores 
Seminarios  eran  de  Segunda  enseñanza  ó  de  Gramática,  Huma- 
nidades y  Filosofía  elemental;  y  muy  especialmente  en  los  últi- 
mos siglos,  los  de  D.a  María  de  Aragón  y  de  San  Isidro  delMadrid, 
los  de  Calatayud,  Monforte,  Huesca,  Zaragoza,  Guadalajara,  etc., 
principalmente  de  Jesuítas. 

(i;    Leyes  i  y  2,  tit.  XXXI,  Part,  II. 


Entonces,  como  después  y  ahora,  fueron  y  son  preciaos  losi 
tudios  secundarios  como  complemento  de  la  ¡nst 
ni  y  grado  de  mas  amplia  cultura,  así  conio  de  preparado 
cialparu  profesiones  y  carinas  varias  ¿i  fin  de  que  el  individ 
se  instruya  y  eduque  completamente.  Cuando  las  es 
meras  progresen  en  grados  sucesivos  y  ron  lodos  los 
tjue  se  requieren  en  un  cambio  total  de  una  enseñanza  rica 
pera  (posible,  en  tiempos  lejanos  todavía)   pudiera  enloni 
cutirse  y  variar  el  concepto  de  la  enseñanza  segunda.  En 
pHsados  sus  materias  fueron  de  una  necesidad  previa  para  i 
gresaren  I;»-  íniversidades,  aunque  también en  algunasdi 
(en  más  ó  en  menos  y  en  la  moderna  de  Ce  r  ven 
comprendían   las  enseñanzas  do  Arles,  no  muy  di 
las  de  los  modernos  Institutos.  Era  la  continuación  de  los  lejai* 
frihio  (gramática,  w  lialéctica)  y  cuadrivio  (ariii 

geometría,  música,  astronomía);  enseñanzas  preparatorias 
centros  eclesiásticos  y  estudios  generales  para  i n gres 
en  las  Facultades  (teología,  cánones,  leyes  y  medicina). 

Primeramente  las  aulas  de  Latinidad  se  extendieron  por  t 

partes  baja  la  denominación   «de  dramática»   á  ca: 
respectivo  «Dómine  ¡  tipo  genuinamente  español  de  que  ni 
escritores  hicieron  cumplida  pintura,  como  Tirso  de  Molina  e 
Marta  la  Piadosa^  Que  vedo  en  el  ilumine  de  <a  y 

P,  Isla  en  el  de  Villamandos.  Eran  salvo  honrosas  exeep 
maestros  famélicos,  sentenciudos,  pedantes,  de  guste  estragan 
y  crueles  con  pálmela  y  zurriago,  que  llenaron  toda  Es| 
que  murieron  casi  ayer  con  la  variación  de  libros  de  te 
castellano,  antiguamente  sin  razón  postergados,  pues  de  latir 
m&tica  castellana  nadie  se  acordaba.  Asi  pudo  escnbu  D.  Ferro: 
Caballero:  «¿Qué  teólogo,  qué  jurisconsulto,  qué  canonista,  <p 
médico  tía  existido  en  nuestro  país,  a  quien  no  haya  i 
Dómine  fas  primera-  lecciones  de  hablar  y  escribir  corred 
mente?  ¿qué  tribunal,  qué  universidad,  que  pulpito,  qu< 
qué  botica  puede  evanecerse  de  no  haber  pagado  tribal 
dispensable  Dómine? o  (t) 

Dolíase  Navarrete  de  Ja  existencia  de  treinta  y  ibis  I 


1  i!  —  'Lm  *t¿itñt*Ín  piHttufot  ;'  >3  ptii  varias 


—  29'  -i 

dades  y  mas  de  cuatro  mil  Estudios  de  Gramática,  «daño  que 
cada   día    va  cundiendo»,  porque  muchas  personas  procuraban 
eximirse  con  ellos  de  cuidados  y  trabajos,  que  tuvieron  y  profe- 
saron sus  padres,  y  muchos  también  por  falta  de  aptitud  queda- 
ban mendigando  (1).  Como  la  ignorancia  de  España  en  los  si- 
glos medios  fué  muy  grande,  extensiva  hasta  el  Clero  que  era  la 
gente   nías  culta,  primeramente  en  ayuda  de  éste,  que  fué  muy 
numeroso,  y  después  en  favor  de  la  juventud,  que  llenó  las  mu- 
chas Universidades,  para  unos,  y  para  otros  se  crearon  las  escue- 
las de  latinidad.  Dispuso  así  el  concilio  de  Valladolid  en  1228 
que  « todos  los  beneficiados  que  non  saben  f a blar  latín,  sacados 
los  vieyos,*que  sean  costreñidos  que  aprendan,  ét  que  no  les  den 
los  beneficios  hasta  que  no  sepan  hablar  latín»;  y  en  materia 
atváloga  recuérdese  lo  que  ya  se  dijo  aun  de  tiempos  posteriores 
en  las  presentes  páginas  (2).  Por  el  predominio  de  los  estudios 
universitarios  en  libros  y  lecturas  latinos,  la  lengua  del  Lacio 
fué  la  única  que  se  consideró  digna  de  ser  usada  en  las  aulas  y 
se  miró  con  desdén  el  romance  ó  castellano,  relegado  al  vulgo  y 
á  la  literatura  amena,  cuando  desde  los  siglos  medios  estaba  el 
idioma  nacional  bien  dispuesto  para  ser  aquella  lengua  literaria 
con  que  brillaron  tan  esclarecidos  escritores.  De  ello  se  quejaron 
Morales,  Fr.  Luis  de  León  y  mas;  pero  nada  sirvió  para  atajar  se- 
mejante tendencia  que  llegó  hasta  ayer.  No  entendieron  nues- 
•  tros  mayores,  que  no  parece  natural  enseñarlas  ciencias  en  una 
lengua  estraña  cuando  los  idiomas  no  son  solamente  un  instru- 
mento de  expresión  sino  de  concepción  y  análisis   respecto  de 
nuestras  ideas. 

Reglamentando  y  conteniendo  tantas  aulas  latinas,  desparra- 
madas en  provincias  (desde  los  Reyes  Católicos  en  aumento  por 
afición  general  de  aristocracia  y  pueblo)  fueron  Felipe  IV  y  Fer- 
nando VI  quienes  dictaron  leyes  acerca  de  las  localidades  que  de- 
bían sostenerlas  y  con  qué  dotación  (3).  Referido  queda  (4)  lo  que 
acontecía  en  Oviedo  con  tantos  estudiantes  de  latinidad  en  el  si- 
glo xvi.  La  Ciudad  habilitó  en  1557  un  local  en  el  Hospital  de 


li)~  *  Conservación  de  Monarquías  y  Discurso:  políticas  sobre  la  gran  consulta  que  el  Con-r 
sejo  hixo  al  Señor  Rey  D.  Felipe  III,  por  el  Licenciado  Pedro  Fernández  Navarrete  (Discurso  46). 
\i)    Véanse  página  ó  y  siguientes. 
«3)     Leyes  i.K  y  a.n,  lib.  8,  Libro  2.0  de  la  Nina  Ron. 
(4)    Véase  páginas  14. 


—    2>}2  — 

Santiago  para  estos  escolares;  y  el  Obispo  D,  Jerónimo 
tasco  señaló  entonces  salario  perpetuo  al  dómine  que  lej 
gratuitamente  ú  los  jóvenes  ovetens 
sostenía  el  Cabildo  de  la  Catedral,  cargo  que  di 
15S9  -I    I -r    Onhx,  ¡i  í|uitMi   se  daban  10, 000  mará  ved 
ruados  de  la  prévenda  «le  Maestrescuela 
un  |  o  en   Pesoz,  Con  el  establecimiento  del  ' 

Sao  Gregorio  por  el  limo.  Sr.  Valdé  f  1)  so  or 

jor  la l  enseñanza  en  institución  que  la  Junta  general  del  I'ri: 
pado  protegió,  gestionando  &  su  favor  con  el  Rey  a  peti 
la  Universidad  en  I65í),  para  wno  perder  las  Ires 
gramática»  y  en  1743  para  recuperar   los  juros  fundaciona 
de  estas  materias  intermedias  (2);  nías  que  hubo  queja* 
esto  (3)',  E\  arreglo  vino  principalmente  y  enseguida  con 
tense  O  San  Matías  de  la  Compañía  de  Jesús,  ptai 

desde  1578  y  años  siguientes  <  i).  <jiic  tuvo  cátedras  y  erm 
matrícula  de  Latinidad  y  Humanidades,  al  priti 
sistemática  con  la  Universidad  y  su  Colegio  de  los 
intervinieron  además  los  Jesuítas  en  exámenes  y  nonnbramien 
de  dómines  v  preceptores  para  pueblos  y  villas,  salidos  muc) 
ele  sus  aulas  ovetenses  Esteban  estas  organizadas  en  caí 
de  i  mínimos  *  con  pasantes  de  los  niños  ó  princij  «  fin 

ensañarlos  con  ejercicios  prácticos,  antes  de  libros  como  el 
\vU'  deNebrija,  basta  \n>  declinaciones  inclusive  y  el  5 
r/ftitt.  atolladero  ó    puente  de  los  asnos    tan  difícil  de  pas 
los  escolares;  de  imenores  ,  que  leían  ha  supifl 

v   principios  de  sintaxis  y  composición;  de  u medíanos*,  tu 
;i vaneados  en  estos  dos  últimos  puntos,  comenzando 
].,osn«li:i;  y  de  *  mayores*,  que  terminaban  el  tratado  pro 
medían  y  componían  versos  ¡  aprendían  estilos    A  v 
ciaban  en  la  lengua  griega  y  basta  cu  la  hebrea,  que  mas  f 
eaenlemcnte  se  cursaban  cuando  la  Teología.  Expulsados  p 
Carlos  lil  los  Hijos  de  San  Ignacio,  el  Ayuntamiento  de  1  Ivie 
fué  principalmente  favorecido  con  sus  edificios  y  alguoi 


;  1)    Véase  páftma  i  5  y  *¡ijii¡' 

dí  b  Dipuucíóp  ptovíncíol.  Dípuüi  riuucí  d«  7  1 

t5Í     Víate  páginas  jo  y  3*. 
I     Id»  págíun  34. 


—  293  — 

tas,,  aunque  ej  patronato  y  nombramiento  de  las  cátedras  de 
«♦menores»  fué  del  Regente  de  la  Audiencia  y  el  de  «mayores» 
(Sintaxis,  Prosodia  y  Retórica)  lo  fué  del  Rector  y  Claustro  de 
la  Universidad,  por  la  traslación  de  los  Profesores  del  Colegio  de 
los  Pardos,  y  anualmente  nombraban  también  «Examinadores 
de  latinidad»  para  el  ingreso  de  los  estudiantes  en  Facultad.  Dá- 
banse aquejla  en  su  local  de  la  plaza  del  Fontán,  en  la  que,  á 
fines  del  siglo  xvín,  intervenía  el  Claustro  universitario  con  su- 
jección  á  las  leyes  y  privilegios  de  la  Real  Academia  greco-lati- 
na de  Madrid  y  después  según  Reglamento  de  1825  ordenando 
las  Escuelas  de  Latinidad  y  Colegios  de  Humanidades  (1). 

No  había  villa  ni  pueblo  de  importancia  en  Asturias  sin  cá- 
tedra de  latin,  ya  pagada  por  la  Justicia  y  Regimiento,  ó  particu- 
larmente por  los  vecinos  con  módicas  retribuciones,  ó  bien  de- 
bidas á  piadosas  fundaciones,  á  mas  de  las  que  sostenían  los 
párrocos  y  sus  coadjutores,  las  Ordenes  religiosas  benedictina, 
eisterciense,  franciscana  y  dominicana  en  sus  monasterios  y  con- 
ventos (2),  y  en  Oviedo  además  los  Colegios  de  los  Verdes  y  de 
San  José  (3). 

Pueden  aducirse,  como  ejemplo,  los  siguientes  datos. 
Tuvo  Gijón  bien  atendidas  y  sostenidas  cátedras  de  latini- 
dad, una  dotada  por  D.  Miguel  Cifuentes  con  72  fanegas;  y  si 
allí  no  se  estableció  centro  eclesiástico  que  las  favoreciera,  de 
esto  se  trató  en  1670  cuando  del  traslado  del  monasterio  bene- 
dictino de  Villanueva  de  Cangas  de  Onís  á  la  villa,  siendo  una 
de  las  bases  «que  la  Religión  había  de  poner  Colegio  ó  Estudio 
con  los  profesores  necesarios,  que  bien  lo  necesitaba  una  po- 
blación que  pasaba  de  4000  almas».  (4) 

El  municipio  de  Aviles  subvencionaba  también  un  profesor 
de  Latin  y  Humanidades;  y  resulta,  entre  otras  noticias,  que  so- 
licitaba el  Licenciado  Guyena  en  1670  se  le  aumentara  el  sala- 


(i)    Véase  páginas  3a,  87  y  261. 

—Archivo  del  Ayuntamiento  de  Oviedo. — Acuerdos  de  1772,  1774,  1785  impresión  de 
una  obra  de  O.  Francisco  Rubiera,  catedrático  de  Sintaxis  y  otros,  á  consecuencia  de  la  expul- 
sión de  Jo*  Jesuítas.  Debe  mencionarse  por  curioso  el  de  28  de  Noviembre  de  1798  para  regalar 
•chupa,  calzón,  dos  camisas  sombrero,  medias  y  rapato*  á  D.  Ramón  I 'alacio  Vigtl,  pasante  de 
los  estudios  4«  latinidad»,  que  importaron  389  reales  y  25  maravedís. 

-  Archivo  de  la  Universidad  —Claustros  de  12  de  Noviembre  de  1817  y  de  9  de  Marzo 
de  1826. 

12)     Id.  páginas  5,  7,  y  99. 

(3)  14.  página  9  y  57. 

(4)  Historia  de  la  Villa  de  Gijón  por  D.  Estanislao  Rcnducles  Llanos  i  Gijón,  1867). 


-  294  — 

rio  do  H<t  din  -ados  por  testar  subido  el  precio  de  loa  roani 

miento?*,  aunque  también  cobraba  un  es  l  i  pendió  de  h 

nos.  Cuando  el  nombramiento  de  estos  m¡ 

oficial  de  competencia  «ti  certamen  público,  dial  - 

Br.  Lorenza  na  para  que  se  examinase  en  el  Colegio 

xputeada  que  fué  la  Compañía  de  Jesús,  so  ¿Hipase 
moa  del  siglo  xxi»  que  «el  preceptor  de  Gramática  y  olma 
bes  1).  Manuel  do  la  Cruz  concurriese  con  los  demás  pretendí 
leso  oposiciones  el  consistorio^  jmos  había  nombrado  p« 
inteligentes  para  discutir  eoo  ellos  en  lengua  latina  ¡1). 

En  Aller  corrió  suerte  desdichada  la  fundación  de  Él 
mérito  hijo  el  Brigadier  D,  Lorenzo  Solís  (de  quien  se  trat 

adelante  describiendo  la  Biblioteca  provincial)  qu* 
testamento  eo  Sao  Juan  de  Dlloa— México,  1761 — ,  dejó  12-< 
escudo?;  para  tin  estudio  de  Gramática  en  Murías  de  Santi 
y. i  iniciado  en  I739i  de  patronato  de  sangre  d<  4fej  y  \m 

Amplio  edificio,  Los  vecinos  ayudaron  con  su  trabajo  y  inate| 
les  pura  levantar  en  1772  la  llamada  «Colegí  ata  o,  bajo  plfl 
los  maestros-  Reguera,  Pruncda  y  Solís;  duro  poco  el  entable 
mienlo,  no  h  mimado  del  lodo  en  I7íir>  aun  con  la  inlen 
del  Regente  de  la  Audiencia,  y  fueron  desapareciendo  ma 

discípulos  y  hasta  laCOUStfOCCiÓñ»., 

ETujS  natural  de  El  Franco  D.  lilas  J,  Sarmiento  Castrillon 
■nf uegos,  alguacil  mayor  del  Tribunal  del  Santo  Oficá 
Inquisición,  que  fundó  la  obra  pía  do  San  Juan  úo  Pereadoa 
levanW  buen  edificio,  boy  en  ruinas,  para  Colegio-Semiba 
con  rentas  además  para  sostener  maestro  de  Gramática  latti 
pensiones  para  parientes,  etc.;  y  redactó  de  bu  puño  y  u 
1757  un  hermoso  reglamento  (2) 

En  Coaña  la  obra  pía  de  Villaoondide  sostenía   un  domi 
retribuido  cotí  i  .200  reales. 

El  de  Grado  fué  establecido  en  1713  por  D.  Juan  Cicnftieg 
Arguelles 

En  Llanes,  el  antiguo  estudio  de  la  villa  estaba  á  cargo  h 
cuenlemente  de  uno  de  sus  beneficiados;  y  D,  Agustín  de  la  O 


Miguel  [Madrid,  i 
//^imiv  yat  (fuer/Vi  jHJr  D,  M  .are  clin  o  KcrnÁiicIcz  y  \  ■  .  ift^J, 


—  295- 

eha  Díaz  costeó  una  cátedra  latina  en  el  pueblo  de  la   Borbolla, 
Es  también  antigua  la  de  Onís,  debida  á  D.  José  Villoría  y 
D,a  Isabel  de  Castro, 

El  Alférez  Real  D.  Juan  Blanco»  de  Lozana  en  Pilona,  señaló 
desde  el  Parral  (México)  en  1726  la  suma  de  82.300  pesos  para 
fundar  en  Asturias  conventos^  capellanías  y  escuelas,  por  lo  que 
su  aliácea  Si\  Hoyos  Calderón  estableció,  de  acuerdo  con  el 
Consejo  de  Castilla,  la  obra  pía  de  Pilona  con  cuatro  capellanes, 
dos  para  la  enseñanza  de  Latinidad  y  Teología  moral  etc.;  y,  sí  la 
fundación  vino  á  menos,  ha  sido  recientemente  restaurada  por 
sus  patronos  loa  Sres.  Marqueses  de  Vistalegre  D.a  Presentación 
de  Tineo  y  Un  quera  y  su  esposo  el  catedrático  de  la  Universi- 
dad Central  y  antes  de  Oviedo  D.  José  Piernas  y  Hurtado, 

Alies  (Valle  alto  de  Peñamellera)  debió  su  cátedra  de  Latini- 
dad desde  1775  al  limo  Sr.  D.  Domingo  de  Mier  Trespalacios. 

En  el  Seminario  de  Primera  Educación,  establecimiento  no- 
table y  que  desgraciadamente  duró  poco,  fundado  en  1815  en  la 
Vega  de  Bívadeo  por  el  limo.  Sr,  D.  Jacinto  Valledor  y  Presno, 
obispo  de  Osma,  y  ampliado  por  D.  García  Ramón  Valledor  y 
Presno,  era  cátedra  principal  la  de  Gramática  latina,  continua- 
ción de  la  antigua  en  aquella  localidad  de  la  dilatada  obispalía. 

Casi  ayer  fundáronse  todavía  cátedras  de  latinidad  enTeverga 
porD,  Antonio  González  Quintana,  que  construyó  y  dotó  el  Cole- 
gio de  Fresnedo,  y  enNavia  por  D.  José  Pérez  y  García,  quebizo 
otro  tanto  con  el  de  VÜlapedre*  Y  en  otro  orden,  pueden  citarse 
los  Seminarios  conciliares  mayor  de  Oviedo  y  menor  de  Valde- 
dios  (Villaviciosa). 

Como  en  Asturias,  sucedió  lo  mismo  en  la  provincia  de  León 
ensillos  pasados  porque  su  clero  creó  y  sostuvo  cátedras  latinas 
en  villas  y  parroquias  principales,  y  también  las  casas  religiosas 
de  los  benedictinos  de  Sahagun,  monasterio  famoso,  San  Claudio 
de  León,  Espina  reda  y  Montes;  los  bernardos  de  Sandoval  y  Ca- 
rroeedo;  los  franciscanos  de  León,  Sahagun,  Astorga  y  Villafran- 
cd:  los  dominicos  de  León  y  Astorga;  y  los  agustinos  de  Sahagun 
yPonferrada  y  Valderas;  los  jesuítas  de  León  y  Villafranca,  con 
estudios  también  de  Filosofía  y  Teología  en  algunas. 

Otras  de  aquellas  enseñanzas  debiéronse  á  los  municipios, 
fundaciones  benéficas  y  prelados. 


—  296  — 

En  la  Bañeza  era  reputada  su  preceptoria  de  latinidad  y; 
tes  de  1624,  dotada  con  4.100  reales  de  propios  y  módicas  j 
buciones;  en  Villamanín  sucedía  poco  menos;  la  San  Féli 
Torio  (Garrafe)  con  estudios  de  Humanidades  fué  fundad 
1738  por  D.  Francisco  Gutiérrez  de  Castilla,  abogado  de  Gi 
da,  dejando  por  patronos  á  los  señores  Penitenciario  y  Doc 
de  León;  la  de  Lois  de  Salamón  lo  fué  por  D.  Jerónimo  R 
guez  Castañón  en  1740;  y  ya  se  mencionarán  enseguida  lo; 
minarios  conciliares  de  León  y  Astorga,  el  Colegio  seminan 
Valderas  y  el  deVillafranca,  que  tuvieron  naturalmente  cate 
de  latín,  aquí  dos,  de  mayores  y  menores,  dotadas  con  200  y 
ducados  (1). 

Avanzando  á  esferas  superiores  de  la  enseñanza,  sabk 
que  existían  también  en  las  antiguas  Universidades,  mayor 
menores,  y  en  Colegios  á  ellas  incorporados,  algunas  cate 
de  aquellas  materias  siguientes  á  la  Gramática  Latina,  ya 
el  nombre  de  Retórica,  ya  con  el  vago  de  Humanidades  (Iil 
rtíores  Htterce)  (2),  estudios  intermedios  ó  de  preparación 
1 1  ingreso  en  las  Facultades,  comprendiéndose  también  trat 
de  dichas  materias  en  la  de  Artes,  que  era  como  Facultad  d< 
gando  orden  ó  de  entrada  (3). 

A  este  fin  respondieron  principales  enseñanzas  del  menci 
do  ovetense  Colegio  de  San  Gregorio  ó  de  los  Pardos  en  el  ¡ 
xvi,  también  algunas  otras  monásticas  y  muy  principalm 
desde  el  xvn  las  del  mencionado  Colegio  jesuítico  de  San 
tías.  En  unas  y  otras  aulas  se  formaron  maestros  y  huuu 
las  distinguidos  como  el  P.  Carballo,  el  Chantre  Díaz  Mira 
Menéndez  Carreño,  Oviedo  y  Portal,  el  erudito  González  LI¡ 
etc.  La  suerte  última  del  viejo  Colegio  de  las  becas  parda: 
poco  halagüeña  para  la  Universidad. 

En  1815  se  reconoció  la  escasa  importancia  del  estab 
miento  desde  últimos  del  siglo  anterior,  y  el  Claustro  univ 
Uriose  proponía  darle  más  vida  y  consideración,  aumentam 


íi>  Con  un  estudio  detenido  de  actas  municipales,  át  Juntas  de  Beneficencia  y  de  I 
cipítida  y  embrollada  desamortización  pudieran  resultar  datos  muy  curiosos  respecto  d  i 
"tras  enseñanzas.  Trabajo  propio  será  de  quien  escriba  una  verdadera  «Historia  de  la  I 
•n  pública  de  España» 

(21  —  * Historia  de  Lis  Universidades,  Colegios  y  demás  Establecimientos  de  Eus'múí 
/.r/ítña  por  D.  Vicente  de  La  Fuente  (Madrid,  1884—1839,  tomos  lí  y  IV). 

{3)     Véanse  los  Estatutos  (llamados  viejos!  de  la  Universidad.—  Apéndice  III. 


—  297  — 
sueldo  del  director  y  genles  de  su  servicio,  después  del  gran  es- 
fuerzo que  había  hecho  en  1746  reedificando  el  Colegio,  siendo 
su  Rector  y  Administrador  celoso  el  Dr.  D.  Ignacio  Menéndez 
Valdés.  No  pudo  llevarse  á  efecto  la  reforma  y,  á  consecuencia 
de  la  clausura  de  la  Universidad,  cesó  en  1830  la  concurren- 
cia de  colegiales,  aunque  no  su  admisión;  en  1836  era  Rector 
D.  Joaquín  Benayas,  canónigo;  y  cuando  los  acontecimientos  polí- 
ticos de  entonces,  el  ayuntamiento  de  Oviedo  se  posesionó  del 
edificio  destinándole  á  cuartel  de  Milicia  nacional,  cuya  medida 
interina  fué  aprobada  en  R.  0.  de  10  de  Febrero  de  1836.  Allí 
continuaron  los  Nacionales  hasta  su  disolución  en  1844,  en  que 
el  Municipio,  conforme  lo  prevenido  en  dicha  R.  O.,  le  entregó  en 
Marzo  del  mismo  año  á  la  Comisión  Superior  de  Instrucción 
primaria   con  destino  á  Escuela  Normal  de  Maestros.  Así  las 
cosas,  el  Patrono  señor  Duque  de  Berwik  y  Alba  acudió  al  Go- 
bierno quejándose  del  despojo  que  había  cometido  este  Ayunta- 
miento, alegando  inexactamente  que  sus  causantes  siempre  ha- 
bían poseído  quieta*  y  pacíficamente  el  Colegio;  y  reclamó  su 
reintegro  y  devolución.  Entonces  se  publicaba  el  plan  de  1845 
y  se  proyectaba  establecer  en  él  la  Casa-pensión,  que  toda  pro- 
vincia había  de  sostener  para  alumnos  internos  de  Segunda  En- 
señanza, que  fuesen  de  corta  edad,  llegándose  á  levantar  el  pla- 
no y  á  formar  el  presupuesto.  Mediaron  diversas  contestaciones 
entre  el  Señor  Duque  y  el  Ministerio  de  la  Gobernación  sóbrelos 
términos  y  concepto  para  el  destino  ó  arrendamiento  del  edifi- 
cio, ya  para  Escuela  Normal  ó  ya  para  Colegio-pensión;  y  des- 
pués de  haber  aceptado  aquél  las  condiciones,  que  se  le  impusie- 
ron en  R.  O.  de  31  de  Mayo  de  1846  aunque  con  la  de  que  se  le 
reconociese  como  dueño,  recayó  la  resolución  de  13  de  Junio 
del  propio  año,  que  malamente  se  ha  considerado  como  título 
bastante  para  extender  los  derechos  del  antiguo  Patrono.  Enton- 
ces, el  señor  Rector  Mata  Vigil  excitó  al  procer  haciéndole 
presente  el  origen  y  objeto  de  la  fundación  y  la  utilidad  que  la 
reforma  colegial  reportaría  á  Asturias,  continuando  destinado  á 
los  benéficos  fines  de  la  ilustración,  y  obligándose  á  que  la  pro- 
vincia sostendría  en  el  nuevo  Centro  cierto  número  de  internos 
nombrados  por  él,  como  en  representación  viva  de  su  patronato. 
Nada  se  consiguió.  El  Duque  prefirió  que  el  Colegio  de  San  Gre- 


-  398  - 
gorio  sirviese  de  habitación  á  sus  apoderados  en 
que  las  oficinas  sobrantes  se  diesen  en  inquilinato. 

Mas  era  ya  apremiante  la  necesidad  de  un  local  p;*ra  el 
titulo  de  Segunda  enseñanza,  que  hoy,  sin  holgura  de  ningiin 
ñero  y  en  extremo  reducido,  vive  en  la  universidad,  confuí 
dos  los  estudiantes  d*-  ambos  establecimientos  con   muchos 
convenientes   morales   y   materiales,  a   disgusto  de    lodos 
amantes  de  la  Instrucción  publica.  Pensando  en  éíh 
Sr.  Martín  Sana  llamó  ft  wfcinen  todos  los  anteceden* 
timó  una  vez  mas  que  no  asistía  al  señor  Duque  un  derecho 
caz  para  retenerle,  y  en  18  de  Marzo  de  1860  remití-  - 
rioridad  un  luminoso  expediente  solicitando  la   revocación 
dicha  tt.  O.  de  cestón.  Apoyado  en  sólidas  razonen  j  esalarec 
do  su  parecer  con  ios  de  la  Facultad  de   Derecho,  Cláüs 
Instituto,  Gobernador  civil  y  Consejo  provincial  y  en  no  pe 
documentos,  era  de  gran  peso  por  el  derecho  que  demostw 
Informado  favorablemente  &  esta  Escuela,  como  no  se  fu 
nos^por  los  Consejos  de  Instrucción  pública  y  de  Estado,  nu 
se  logró  resolución  definitiva,  algunas  veces  anunciada;  sin 
se  sepa  el  motivo,  siendo  unas  la  justicia  y  la  ley,  japlicíod 
lo  mismo  a!  pobre  que  al  opulento  magnate. 

El  Fundador  todo  lo  legó  *  para  el  Colegio,  colegiales,  sus 
rederos  y  subcesores*  y,  no  dejando  ninguna  reserva  i 
del  Patrono,  claro  estaque  el  Colegio  de  San  Gregorio  debía 
para  la  Instrucción  pública  como  otras  muchas  erecciones 
mejantes,  que  se  adjudicaron  á  los  institutos  de  Segunda  ei 
fianza  en  virtud  de  RR.  00,  como  las  de  13  do  Octubre  d 
y  12  de  Mayo  de  1849.  ¿Qué  hizo  la  casa  patronal  cuan  I 
tado  sé  incautó  del  Colegio  de  San  Pelayo  de  Salamanca,  deol 
casas  y  obras  pías  del  Inquisidor,  y  cuando  cesó  en  su 
de  nombrar  los  dependientes  de  la  Universidad  de    Oviedo? 
por  suerte,  sin  derecho  demostrado  ante  los  Tribunales  \ 
tudde  una  declaración  meramente  gubernativa  y  poco  espite 
adquirió  la  propiedad  del  Colegio  de  los  Pardos,  ¿no  traer* 
reconocimiento  consecuencias  para  lo  porvenir?  El  Fun<¡ 
nombro  heredero  al  Patrono,  antes  bien  le  dio  la  carga  de  ri 
por  la  conservación  de  sus  benéficos  legados  en  favor  de  la¡ 
tración  de  sus  paisanos;  y  asi,  ¿quién  mejor  cumplía  la  voliui 


—  299  ~ 

del  Arzobispo  Valdés,  el  Gobierno  estableciendo  una  enseñanza 
ó  el   Duque  destinando  el  edificio  en  cuestión  á  su  propio  pro- 
vecho? Si,  considerado  como  dueño,  hizo  arriendo  con  la  Comi- 
sión de  Instrucción  primaria,  ¿se  deduce  que  era  propietario? 
¿todo  el  qué  arrienda  lo  hace  en  virtud  de  derechos  de  dominio? 
Estas  y  mas  razones  que  resolvían  en  favor  de  la  Universidad  de 
Oviedo  el  expediente  incoado,  quedaron  por  responder,  no  obs- 
tante ser  repetidas  veces  recordadas  á  la  Administración  pública. 
Después...  previa  información  posesoria,  el  Colegio  y  huerta  de 
los  antiguos  Pardos  fueron  inscritos  en  el  Registro  de  la  Propie- 
dad de  Oviedo  á  favor  de  los  Sres.  Herederos  de  la  casa  ducal 
patronal  en  1874  y  1893,  y  el  Claustro  perdió  ya  toda  esperan- 
za (1).  No  mucho  después  los  herederos  de  Alba  vendieron  huer- 
ta y  edificio  colegiales  en  crecida  suma  (¿á  qué  referir  más  deta- 
lles?) y  el  nuevo  dueño  derribó  Colegio  y  dependencias,  vendienr 
do  otra  vez  el  extenso  solar  con  destino  al  suntuoso  Banco  As- 
turiano, que  allí  se  levantó  por  encima  y  frente  ala  Universidad. 
Antes,  deferente  á  una  indicación  mía,  donó  al  Claustro  las  sen- 
das piedras  con  el  escudo  arzobispal-universitario  y  la  inscrip- 
ción de.  la  erección,  que  el  Rector  Sr.  Aramburu  dispuso  colocar 
en  el  ingreso  de  nuestra  Escuela  cuyos  miembros  tanto  hicieron 
por  la  casa  becaria.  El  timbre  heráldico  y  el  epígrafe  se  sal- 
varon de  ser  picados  y  aprovechados  para  manipostería;  allí 
están,  y  parece  que  repiten  y  recuerdan  aquellas  palabras  que 
mano  desconocida  trazó  en  un  documento  antiguo  del  Archivo: 
«Estas  son  las  buenas  obras  que  debe  la  Universidad  á  los 
Patronos». 

Y  prosigo  ahora  con  las  comenzadas  noticias  de  enseñanzas 
secundarias. 

Campomanes  se  ensayó  en  su  juventud  poniendo  cátedra  de 
Humanidades  en  Cangas  de  Tineo,  que  todavía  sostenían  en 
1796  las  monjas  dominicas  de  aquella  villa  (2). 

En  la  ciudad  de  León  tuvo  la  Compañía  de  Jesús  afamado 
Colegio  desde  1572  á  1767  con  cátedras  análogas  á  las  oveten- 


fi;  Archivo  déla  Universidad. — Testamentaría  del  Arzobispo  Valdés.  Folios  7,  37,  43,  45, 
4<>.  75i  >'  354.— Claustros  de  7  de  Octubre  de  1776,  24  de  Octubre  de  1787,  11  de  Abril  de  1796, 
3  de  Septiembre  de  1715,  otros  y  el  de  -28  de  Abril  de  1895 

—Véase  pág.  29. 

{2)    Véase  pág.  100 


—  Zoo  — 

ses  de  Primeras  letras,  Latín,  Humanidades  y  Teología  1110 
bajo  el  conocido  método  de  Raíiú  Studiovum,  Según  las  «C 
las  ánnuas»  fué  notable  el  número,  calidad  y  adelantos  de  ' 
colegiales  leoneses,  y  allí  fueron  sabios  maestros  los  VV.  Líaea 
La  Puente  y  los  PP.  Salazar  y  Lugo, 

En  la  misma  provincia  fué  notorio  el  Colegio  sominn  rio 
San  Mateo  de  Valderas,  fundado  en  1737  por  el  carmelita  ¡ 
Mateo  Panduro  y  Víllafañe,  Catedrático  de  Salamanca,  Califi 
dor  de  la  Suprema  Inquisición  y  Obispo  de  Poparan  (Col  o  mi) 
y  de  la  Paz  (Solivia),  que  lo  dejó  encomendado  á  los  patror 
mayorazgo  de  Villoría  de  Orbigo  y  párroco  de  San  Claudio 
aquella  Villa,  Tuvo  cátedras  de  Latinidad,  Matemáticas,  Filo 
fía  y  Teología  dogmática  con  becas  de  gracia  para  parienl 
otras  de  oposición  y  de  preferencia  para  los  pobres  pilón 
Valderas  y  del  Obispado.  Fernando  VII  le  agregó  primei 
Universidad  de  Valladolid  y  después  á  la  de  Oviedo. 

D.  Gaspar  de  Robles,  vecino  de  Villafranea,  costeó  allí  á 
nes  del  siglo  xvi  un  gran  edificio,  que  donó  con  todoa  sus  i* 
nes  á  la  Compañía  de  Jesús  á  fin  de  establecer  escuelas 
ría,  de  Latinidad  y  de  Retórica,  para  pobres  principalmente, 
nombró  patrono  al  mayorazgo  de  los  Cayanesde  Gorullón.  Cus 
do  la  extinción  de  los  Jesuítas,  tuvo  diferente  organización 
1769  como  Seminario  de  Educación  con  las  cátedras  de  Laüi 
dad,  comprendiéndolas  Humanidades  Se  daba  a  éstos  díferer 
extensión  en  los  varios  centros  de  su  enseñanza  tendiendo  a  i 
cluir  materias  comprendidas  hoy  en  la  Segunda. 

Al  tratar  Carlos  III  en  1768  de  los  Seminarios,  reunía  ■ 
éstos  los  estudios  de  Latín,  Humanidades  y  Ciencias  con  ciai 
independencia  del  establecimiento  conciliar  y  con  carácter  inü 
medio  ó  de  genera!  cultura;  y  lo  mismo  aconteció  en  17H(>  al  i 
organizarías  cátedras  de  Artes  de  Salamanca  (1). 

Dicho  queda  en  la  primera  parle  el  carácter  movido  de  l 
aspiraciones  y  cambios  del  siglo  xvni  en  todos  los  órdenes 
la  vida  antigua  y  principalmente  en  enseñanza. 

En  Asturias  no  tuvo  desarrollo  la  do  las  Matemáticas,  que 
perspicaz  Doctor  Asiego  deseaba  para  su  patria  cuando  la  fu 

ti)    Ley  *.*  ut,  U  libra  I  y  ley  it  til    VIII,  lik  VUI  d*  u  Nina,  K  m 


—  3ci  - 

dación  de  la  Universidad;  y,  en  lo  general,  no  dio  frutos  extraor- 
dinarios ni  tuvo  también  gran  preferencia  en  otros  Centros, 
antes  se  la  miró  con  recelo  hasta  bien  entrado  el  pasado  siglo  (1) 
aun  después  del  empuje  en  la  reforma  de  la  Universidad  por 
Campomanes  y  de  la  notable  fundación  gijonesa  de  Jovellanos. 

Desde  1754  se  pensó  en  esludios  de  Agricultura.  Pedía  el  be- 
nemérito Regente  Sr.  Gil  de  Jaz  que  se  fomentase;  en  1759  la- 
mentaba la  memorable  Junta  General  del  Principado  los  muchos 
males  por  la  emigración  de  mozos  á  Castilla  y  lo  crecido  de 
los  tributos,  pidiéndose  informes  á  la  Coruña;  en  1774  se  pensó, 
como  remedio  principal,  en  Academia  y  cátedra  agrícolas  alis- 
tándose como  académicos  el  Regente,  varios  diputados,  docto- 
res y  personas  notorias  de  la  provincia;  y,  como  siempre,  se  pi- 
dió al  Conde  de  Campomanes  formase  las  Ordenanzas  después 
de  recibir  con  aprecio  su  innovador  y  útilísimo  libro  de  la  «In- 
dustria popular».  Tan  laudable  idea,  que  había  de  desarrollarse 
en  la  Universidad  con  estudios  elementales  y  populares,  no  lle- 
gó á  realizarse,  como  en  1822  la  cátedra  de  Agricultura  de  la 
Vega  de  Rivadeo,  que  había  de  trasladarse  á  Oviedo  igualando 
al  catedrático  D.  Ramón  Reguero  á  los  de  las  Facultades  (2).  Si- 
guieron después  proyectos  varios  de  Granja  agrícola,  Estación 
agraria,  Cabana  modelo  etc.,  en  la  Sociedad  Económica,  Conse- 
jo provincial  de  Agricultura,  Industria  y  Comercio,  y  en  la  pren- 
sa, y,  no  realizados,  asi  se  resienten  de  rutinarias  y  atrasadas  las 
labores  en  nuestros  valles  y  montañas,  si  bien  el  estudio  agra- 
rio se  va  abriendo  lento  paso  modernamente  en  escuelas  prima- 
rias, secundarias  y  normales,  como  ya  se  verá. 

El  proyecto  de  cátedra  de  Historia  queda  referido  (3),  é  indi- 
cado el  pensamiento  de  Academia  de  Dibujo  y  Perspectiva,  que 
ideó  la  Junta  General  desde  1775  y  consultó,  cual  era  costum- 
bre, con  el  hijo  insigne  de  Tineo,  siguiendo  gestiones  hasta 
1787  por  comisión  del  conde  de  Peñalva;  pero  la  realización  se 


1 1)    Véanse  páginas  36,  94,  112,  160  y  ¡jo. 

(2)    Id.  pág.  96. 

—Archivo  de  la  Diputación  provincial.- Juntas  de  ir  de  Junio  de  1754,  28  d»  Abril  y  28 
de  Juliu  de  1769;  Diputaciones  de  27  de  Mayo,  30  de  Junio  y  14  de  Julio  de  1774;  y  Juntas  de 
1$  de  Julio  de  1775,  10  de  Enero  de  1776  y  xó  de  Febrero  de  1777. 

—Archivo  de  la  Universidad.-  Claustro  de  11  de  Octubre  de  182a. 

(31    Véase  pág.  95. 


—  302  — 

debió  á  la  iniciativa  particular  del  pintor  Sr.  Cónsul  tres  ai 
después  (1). 

Ciertamente  que  con  la  expulsión  de  los  Jesuítas  se  resir 
la  enseñanza  de  Humanidades,  pues  los  maestros  que  los  re< 
plazaron  apresuradamente  no  podían  en  su  mayor  parte  com 
tir  con  aquéllos  en  conocimientos,  asiduidad  y  práctica;  p 
con  los  bienes  y  rentas  se  dotaron  no  pocos  estudios  y  se  cr 
ron  otros,  como  el  Real  Seminario  de  Vergara  en  1701*  (p 
mi  de  inolvidables  recuerdos  porque  cursé  en  sus  aulas  y  c< 
gio  de  internos).  En  remedio  de  Asturias  vino  con  cdo  y  sabi 
ría  el  célebre  ministro  y  siguieron  incesantemente  los  benefie 
y  protección  del  Gobernador  del  Consejo  de  Castilla.  Asegí 
la  cátedra  de  Retórica  y  Poética;  ensancháronse  otros  estud 
con  miras  y  conceptos  nuevos,  cual  en  los  proyectos  de  H 
por  el  Sr.  Diaz  Miranda  (2),  oficial  y  privadamente;  y  de  esta  d 
ñera  comenzó  el  estudio  de  Lengua  francesa.  Hasta  bien  i 
trado  el  siglo  xix,  no  fué  muy  común  el  conocimiento  de 
lenguas  vivas  extranjeras,  y  ninguna  su  enseñanza.  Para 
Hospital  de  Peregrinos  ó  de  San  Juan  de  Oviedo  tuvo  el  Cal 
do  Catedral  confesores,  que  hablaban  francés,  italiano  y  «al; 
ñas  otras  lenguas»,  á  quienes,  según  acuerdos  de  1684,  so 
gratificaba  con  50  ducados,  6  fanegas  de  pan,  habitación,  can 
leña,  estipendio  de  misas,  médico  y  botica.  En  1699,  por  < 
función  del  Licenciado  Riaño,  que  desempeñaba  el  cargo,  te  i 
licitó  el  Licenciado  D.  Bernardo  Lameo,  natural  del  reino  de 
landa;  en  1729  hizo  otro  tanto  D.  Francisco  Povisor,  natural 
Rohan,  que  conocía  varios  idiomas;  y  en  1761  el  Cabildo  esc 
bió  á  Madrid,  Salamanca  y  Santiago  para  traer  un  clérigo 
lenguas  francesa  y  alemana,  á  quien  se  le  darían  200  ducadi 
casa,  leña  y  demás  conveniencias.  Kn  1783  tenia  el  benefi* 
D.  Nicolás  Trelles,  asturiano,  mencionado  por  el  docto  vía 
ro  inglés  Townsend  (3).  En  1784  ya  había  en  Oviedo  enseñan 
particular  de  Lengua  francesa,  según  certificados  de  mérito; 


(i)  Archivo  déla  Diputación  provincial.— Junta  de  15  de  Julio  di*  1775  y  Diputaciout 
10  de  Julio  de  1780  y  17  de  Febrero  de  1783. 

(2)    Véanse  páginas  95,  117  y  119. 

(3)  Discurso  en  la  apertura  del  curso  de  1902  á  1903  cu  d  Seminario  conciliar  de  Ov. 
por  el  Dr.  D.  Arturo  de  Sandoval,  canónigo  etc.  (Oviedo,  1901), 

—Véanse  mis  Estudios  asturianos  ó  Carta/u ?y os  d"  .hittri<rtr  (Oviedo,  iSflft,1, 


—  303~ 

servicios  académicos;  en  1788  Mr.  F.  Affre  era  el  director  de 
una  «asamblea»  ó  academia;  y  en  1799  lo  acredita  el  malogrado 
Dr.  Vega,  uno  de  los  jóvenes  que  asistían  á  la  enseñanza  «de  un 
francés  de  mérito»  establecido  en  la  capital.  Los  eclesiásticos  y 
otros  emigrados  de  la  Revolución  de  Francia,  se  establecieron 
en   casas  acomodadas  ó  fueron  protegidos  por  el  Sr.  Obispo,  y 
ellos  difundieron  no  poco  y  ayudaron  á  la  enseñanza  del  fran- 
cés,   como  el  ilustrado  D.  Francisco  Barthelemy,  entre  otros, 
huésped  de  D.  Francisco  Caveda  en  Villaviciosa,  donde  á  éste  y 
á  su  hermana  D.a  Rita,  escritores,  al  médico  Madiedo  y  á  mas 
enseñó  lenguas  francesa  é  inglesa,  haciendo  en  Gijóu  otro  tanto 
D.  Juan  Lesparda,  escogido  para  Bibliotecario  y  maestro  de  rudi- 
mentos de  estos  idiomas  por  el  gran  Jovellanos  cuando  promovió 
las  aulas  gijonesas;  y  allí  el  insigne  patricio  dio  breve  tiempo 
lecciones  de  Francés  (1).  El  conocimiento  del  inglés  fué  mas  ex- 
cepcional y  tardío,  aunque  en  algunos  puntos  supieron  adquirirle, 
como  cosa  extraordinaria,  algunos  jóvenes  estudiosos,  cual  el 
después  célebre  D.  Agustín  Arguelles  en  Rivadesella. 

Mencionada  queda  la  carta  del  catedrático  ovetense  Dr.  Pra- 
do al  Fiscal  del  Consejo  Sr.  Pastor  en  1795,  que  refleja  el  estado 
de  los  estudios  de  Artes  entre  nosotros,  á  tenor  del  plan  de  Cam- 
pomanes,  y  se  manifiesta  que  en  1790  «mandó  el  Consejo  que  en 
esta  Universidad,  á  ejemplo  de  la  de  Salamanca,  se  enseñase  el 
curso  de  Filosofía  por  el  autor  más  análogo,  para  mejor  instruc- 
ción y  progreso  de  las  Matemáticas  y  Medicina,  cuya  orden  aún 
no  se  ha  cumplido,  sin  embargo  de  haberse  pedido  su  observan- 
cia por  un  graduado».  Dichos  están  también  los  consejos  de 
Jovellanos  al  mismo  Sr.  Prado  y  el  discurso  de  1797  del  Doctor 
Vega,  este  pidiendo  plan  de  estudios  más  en  consonancia  con 
aquellos  años  en  que  terminaba  el  siglo  xvm  y  nacía  el  xix  (2). 

Ya  en  este,  aunque  no  planteado  por  consecuencia  de  la 
guerra  inmediata,  el  plan  de  Caballero  en  1807  daba  orden  y 
regularidad  á  la  enseñanza  y  más  importancia  á  los  estudios 
matemáticos  y  físicos.  No  se  realizaron  por  causas  bien  sabidas 
los  grandes  propósitos  de  los  legisladores  de  Cádiz  en  materia 
de  enseñanza  é  instrucción  públicas;  y,  cuando  la  reacción,  quedó 


itl    Véase  mi  Discurso  necrológico:  D.  José  Cavcda  y  Naves.  (Oviedo.   x88a). 
la)    V<'*anse  páginas  120  y  siguientes  y  154. 


-  JQ4  — 

archivado  i !  proyecto  do  plan  de  1813  debido  pri napalm 
coronado  Quintana  que,  antre  otras  reformas,  prov 
Universidades  de  provincia  para  estudios  de    Segunda  Bi 
fianza  o,  cuya  deficiencia  antigua  señaló  en  el  nota! 
bulo.  Se  retrocedió  al  pían  de  I77í  en  Oviedo,  ó  ño\ 
rieron  los  PP    de  Jesús  a  su  Colegio  de  Sari 
en  1815  se  restableció  la  Compañía  en   España,  que  i 
cfsmO  habían  mejorado,  merced  a. su  extendida  organizad 
métodos  de  enseñanza  en  relación  con  los  progresos  de  la 
fias  y  letras,  A  sus  cátedras  de  otras  localidades  acudió  tsui 
rosa  juventud,  ^ran  parte  de  ella  distinguida  después 
formas  políticas  contra  loque  esperaba  el  receloso  y  rutin: 
gobierno  de  Fernando  VII,  que  los  buscó  entonces  para  í.*alü£ 
de  lo  pasado  y  firme  oposición  a  novedades. 

Expresión  pedaf  lovimieoto  libeml  de  182< 

piando  1H¡>1,  basado  en  muchas  partes  en  el  proyecta  d« 
intentandb de  nuevo  las  I  Diversidades  provinciales,   Hal 
dos  Universidades  en  Oviedo,  la  antigoa  6  I  Diversidad  de  Efl 
nansa  Tercera  j  |a  de  Segunda  Enseñanza;  ésta 
Gramática  castellana  y  Lengua  latina;  a,  CrOnoloj 

Literatura  é  Historia;  Matemáticas  puras,  Física,  Química,  Mi 
ralogía  y  Geología,  Botánica  y  Agricultura  y  Zoología;  I 
Gramática  general,  Economía  política  y  estadística,  Moral  y 
recbo  natural,  y  Derecho  político  y  Constitución;  y  debía   tei 
además  Biblioteca  pública,  escuela  de  Dibujo,  laboral 
Química,  gabinete  de  Física,  de  Historia  natural,  de  productos 
dustrialcs  y  Modelos  de  maquinas,  Jardín  botánico 
tinado  para  la  Agricultura  práctica. 

El  progreso  iniciado  era  grande  y  acertados  loa  métodos 
enseñan/a:  pero  se  paralizó  el  movimiento  con  reacción  ini 
diata  y  su  plan  literario  de  estudios  ó  arreglo  general  de  1^ 
que,  aparte  de  su  rigorismo  hasta  ridículo  y  de  pobres  y  aira 
das  disposiciones  en  algunos  puntos,  tenía  preceptos 
por  encima  del  fanatismo  e  intransigencia  que  le  dictare 
Humanidades  y  Lenguas  anunció  próxima  reforma,  aunque 
galo  mientras  tanto  la  Gramática  latina  *en  castellano»  por 
franciscano  P.  Carrillo,  la  Poética  de  Sánchez  y  la  B 
P.  Colonia,  así  como  parala   mermada  Filosoíía  loa  libros 


—  305  - 
P.  Jacquier  y  Guevara.  Enseguida  apareció  el  «Reglamento  ge- 
neral para  las  Escuelas  de  Latinidad  y  Colegios  de  Humanida- 
des de  1825»,  limitando  aquellas,  bajo  la  intervención  de  la  Aca- 
demia greco-latina,  y  señalando  las  materias  de  los  segundos: 
Primeras  letras  y  Latinidad;  Lógica,  Metafísica  y  Etica;  Historia, 
Geografía  y  Cronología;  Literatura  ó  arte  de  hablar  en  prosa  y 
verso;  Lengua  griega;  Matemáticas  puras;  Historia  natural;  Física 
y  Química;  Lengua  francesa  é  italiana;  Dibujo;  Música,  Baile  y 
Esgrima  (1).  El  cuadro  era  bueno;  pero  no  así  el  desarrollo  y  su 
práctica,  pues  entonces  y  en  años  después  se  confundieron  y 
entreveraron  en  Instrucción  pública,  así  el  deseo  de  acierto  y  es- 
píritu filosófico  positivo  y  expansivo  á  veces,  como  las  pasiones 
políticas,  la  persecución,  las  impurificaciones  y  un  retroceso  in- 
comprensible en  magisterio,  métodos  y  libros  de  texto. 

Muerto  el  tristemente  notorio  Fernando  VII,  ya  en  los  prime- 
ros y  bonancibles  días  de  la  Reina  Gobernadora  por  Isabel  II, 
el  Ayuntamiento  de  Oviedo  ayudó  á  la  deseada  reforma   de  los 
estudios  públicos  facilitando  aulas  para  las  enseñanzas  de  Geo- 
metría, Mecánica,  Química  y  Delincación  que,  de  acuerdo  con  el 
Real  Conservatorio  de  Artes  y  su  director  D.  Juan  López  Peñal- 
ver,  planteaba  la  Sociedad  Económica  de  Amigos  del    País  de 
Asturias.  Fueron  enseguida  los  elementos  con  que  se  pudo  des- 
envolver mejor  aquí  el  plan  de  1836   debido  al  procer  ministro 
autor  del  «D.  Alvaro»  (2i.  La  «Instrucción  secundaria   pública») 
se  dividía  en  elemental  y  superior;  aquella  en  establecimientos 
que  denominaba  «Institutos»  (constitución,  regla   que  prescribe 
formas  y  métodos  varios)  como  D.  Gaspar  Melchor  de  Jovellanos 
había  llamado  al  «asturiano»  en  Gijón,  obra  de  más  felices  di- 
recciones que  debieron  continuarse  para  el  renacimiento  de  la 
nación;  y  la  suparior  extendiendo  las  materias  elementales  con 
más  rudimentos  de  las  políticas.  El  plan  del  Duque  de  Rivas 
nació  y  murió;  no  se  plantearon  en  Oviedo  los  dos   Institutos, 
que  aquí  correspondían,  ni  en  León  el  elemental,  mientras  la 


(i)  Fn  la  Impccción  general,  creada  en  1826  figuraban  los  asturianos  D.  Juan  Tinco  y  don 
Gabriel  de  Hevia  y  Noriega. 

- Historia  filosófica  de  la  íjtsti  uaicn publica  d?  £sfaña  porD.J.  M.  Sánchez  de  la  Campa. 
(Burgos— 1874)  Tomo  II. 

(ai    Véase  pag.  183. 

(3!  RR.  OO.  de  J2  de  Abril  de  1843  y  14  de  Octubre  de  1844  de  los  ministros  Srcs.  To- 
rres Salonot  y  Marques  de  Peñaflorida. 


—  3o6  — 

fundación  gijonesa,  ya  desfigarada,  sufría  protunda  crisis. 
segunda  enseñanza,  se  dijo  en  el  Arreglo  provisional  del  inie 
año  de  1836,  que  se  conoce  con  el  nombre  de  Filosofía  en 
Universidades,  se  distribuirá  en  tros  cursos  académicos*.  D 
nueve  años  el  llamado  «arreglo»  en  los  también  llamados  Ir 
tutos,  favoreciéndolos  á  expensas  de  los  alumnos  externos 
Seminarios  conciliares,  donde,  decía  la  disposición  oficial, 
por  aferramiento  á  sus  antiguos  estudios  escolásticos,  ya  por 
ta  de  medios,  no  se  enseñan  con  la  debida  latitud  las  cien* 
físico-matemáticas  en  que  se  hace  consistir  ahora  principalme 
los  estudios  filosóficos»;  y  determinaba  masías  enseñanzas  c 
forme  al  dicho  Arreglo  (1).  Véase  nota  3  de  la  página  anterio 

A  la  nueva  organización  se  oponían  los  obstáculos  trad* 
nales  y  viejas  preocupaciones  de  siempre  en  favor  de  los  se 
lares  estudios  universitarios;  pero  Jas  autoridades  provincia 
trabajan  por  establecer  y  organizar  de  acuerdo  con  losReclOi 
los  nuevos  Institutos  de  Segunda  enseñanza,  corao  lo  ges 
naron  en  Oviedo  y  León  los  jefes  políticos  D.  Juan  HuízCernií 
y  el  asturiano  D.  Francisco  García  del  Busto. 

El  plan  de  1845  fué  la  piedra  fundamental  donde  descaí 
para  lo  sucesivo  la  Enseñanza  secundaria,  pues  todo  cuanto 
hizo  después  fué  en  relación  con  aquella  memorable  obra 
primer  Marqués  de  Pidal,  secundado  por  el  Sr.  Gil  y  Zarate 
Los  Institutos  eran  de  1.a  clase  ó  superior  con  la  Segunda  en 
ñanza  elemental  y  asignaturas  de  ampliación;  de  td.6  clase  ó  í 
mental;  y  de  3.a  ó  con  esta  incompleta.  El  cuadro  original  ce 
prendía  cinco  cursos  con  eslas  malcrías  distribuidas  en  una  ó 
más  asignaturas:  Gramática  castellana,  Lengua  latina,  Cale 
aritmético,  Geometría,  Geografía,  Mitología  é  Historia  genei 
Moral  y  Religión,  Historia  de  España,  Lengua  francesa,  Aritr 
tica,  Algebra  y  Geometría,  Física,  Química  é  Historia  natura 
Dibujo  (éste  como  voluntario).  Todo  este  cuadro  fué  variandi 
través  de  frecuentes  reformas. 

El  Instituto  de  Oviedo  fué  entonces  superior  por  las  en 
ñanzas  universitarias  de  la  Facultad  de  Filosofía  de  que  dep 
dio,  en  virtud  del  plan  de  1845,  hasta  1817»  en  que  ya  tuvoexist 


\2)     Véanse  páginas  189  y  192. 


3m 


—  307  — 
cia  oficial  separada  de  la  Universidad,  principalmente  desde  los 
Reglamentos  de  1858  y  1859,  bajo  la  dirección  del  bondadoso  é 
inolvidable  D.  Ángel  Paez,  después  canónigo,  llamado  en  Oviedo 
popularmente  «D.  Angelín».  Siguió  las  vicisitudes  y  organiza- 
ción de  todos  los  de  su  clase  de  España,  quedando  á  cargo  de  la 
Diputación  provincial  en  1866  y  volviendo  á  la  del  Estado  en 
1886,  aunque  la  Excma.  Diputación  provincial  siempre  satisfizo 
su  contingente  con  la  mayor  exactitud,  acordando  también  la 
elevación  de  sueldos  en  1877  á  tenor  de  lo  antes  dispuesto  por 
el  ministro  señor  Echegaray. 

Fué  adquiriéndose  el  material  de  enseñanza  necesario,  pri- 
mero aprovechándose  del  de  la  Universidad  y  después  teniéndolo 
propio,  pues  el  ministro  Sr.  Pidal  atendió  con  interés  á  la  Escue- 
la y  á  las  peticiones  del  Rector  Sr.  Mata  Vigil.  Suprimidos  que 
fueron  los  estudios  de  la  Facultad  de  Ciencias,  pasaron  al  Insti- 
Vwto  sus  gabinetes  de  Física,  laboratorio  de  Química,  museo  de 
Historia  Natural  y  Jardín  Botánico  (1)  desde  1861  y  creándose 
los  de  las  asignaturas  de  Geografía  y  Matemáticas  (en   éste  se 
conserva  un  eclímetro  que  perteneció  al  célebre  arquitecto  don 
Ventura  Rodríguez)  todos  lentamente  con  pocos  elementos  y  al- 
gún donativo  hasta  1877  en  que  se  obtuvieron  no  pocos  recur- 
sos con  los  derechos  académicos  creados  por  el  ministro  Conde 
de  Toreno.  Lo  mismo  aconteció  con    la  Biblioteca  especial, 
creada  en  1862,  y  acrecentada  desde  la  indicada  fecha  de  1877. 
Tuvo  en  1885  el  establecimiento  un  donativo  importante  remiti- 
do desde  Jaén  por  el  docto  asturiano  Comandante  de  Infantería 
retirado  Sr.  D.  Elias  García  Tuñón  y  Bernaldo  de  Quirós,  acadé- 
mico correspondiente  de  la  Real  de  la  Historia  y  autor  de  esti- 
mables trabajos  de  erudición,  compuesto  por  un  monetario  for- 
mado por  21  estuches  conteniendo:  varias  monedas  antiguas  en 
su  mayoría  de  cobre  y  algunas  de  plata;  una  pequeña  estatua  de 
Mercurio,  en  un  pedestal  de  bronce;  un  alfiler  romano;  dos  pen- 
dientes celtíberos;  un  cuchillo;  un  broche  romano;  dos  sortijas, 
una  de  plata  y  otra  de  cobre;  dos  platillos  de  barro;  dos  esta- 
tuitas;  un  hacha  de  bronce;  tres  hachas  de  piedra;  dos  medallo- 
nes de  cobre  con  busto;  un  brazalete;  un  lacrimatorio;  una  es- 


(x)    Véanse  páginas  2x4  y  siguientes. 


-  3°8  — 
tatuita  muy  antigua  de  piedra;  una  base  de  alabastro    fioam 
calada;  y  una  cimera  de  casco  rom  ano. 

Los  Estudios  tuvieron  aquellos  aumentos,  reducciones  y  a 
paciones  (pie  dispuso  la  variable  legislación  del  ramo.  Por  b 
tiempo  tuvo  enseñanzas  del  Magisterio  primario  en  1867:  se? 
la  cátedra  de  «Fisiología  é  Higiene»  en  1868;  la  de  «AgrícuItJ 
en  1870,  formándose  desde  entonces  un  gabinete  agronón 
en  1893  la  asignatura  de  ^Gimnástica  higiénica»  tan  conver 
te  y  que  no  lia  tenido  local  y  medios  que  necesita;  desde  el 
mo  año  sucedió  otro  tanto  con  la  de  ^Dibujo*,  que  ante 
daba  en  la  Escuela  provincial  de  Bellas  artes  de  la  capital;  y, 
último  con  acuerdo  de  la  Diputación  provincial  se  estableció 
tes,  en  1889,  la  enseñanza  de  la  Taquigrafía,  que  duró  va  ríos  ¿ 
y  debiera  volverá  rcstablccerío. 

El  EL  D<  de  1901  del  Ministro  Si\  Conde  de  Romarn 
transformó  al  Instituto  en  ¿General  y  Técnico»  con  las  va 
enseñanzas,  que  dilataron  el  campo  de  la  instrucción  secur 
ria  con  algunas  novedades  aceptables;  pero  no  dotadas  te 
con  los  recursos  y  elementos  que  se  necesitan,  Por  este  le 
fallas  de  base  y  medios,  flaquean  y  mueren  muchas  reforn 
Aquellas  fueron:  1.a  Estudios  generales  de  letras,  arte 
ciencias  con  cuyos  conocimientos  se  obtiene  el  titulo  de  Bai 
11er,  de  prel ación  para  del  ei  minados  estudios  superiores; 
Estudios  elementales  y  superiores  drl  Magisterio  de  1.a  i 
señan  ¿a;  pero  las  Escuelas  de  Maestros  y  Maestras  conserva 
su  unidad  orgánica;  3.*:  Estudios  elementales  di  Agricuitu 
para  la  obtención  Jcl  título  de  o  Práctico  agronómico*  y  «Pe 
agrimensor*;  La:  Estudios  elementales  de *  Industrias,  en 
dos  los  Institutos;  para  obtener  el  certificado  de  *  Práctico  ind 
trial»,  necesario  para  el  ingreso  en  las  Escuelas  superiores 
Industrias  de  varias  localidades;  o,n:  Estudios  demoniales 
Comercio^  para  obtener  el  diploma  de  «Contador  mercantil 
de  ingreso  en  las  Escuelas  superiores  de  Comercio  de  varias  lo 
lidades;  0.a;  Estudios  elementales  de  Bellas  Artes,  necesai 
para  entrada  en  las  Escuelas  Superiores  de  Bellas  Arles  y 
las  Superiores  de  Artes  industriales,  de  diferentes  localidad 
y  7.a:  Estudios  (confeiencias  y  clases  prácticas)  en  e.seue 
elementales  nocturnas  para  obreros. 


wm* 


—  309  - 
La  situación  económica  del  Institato  ovetense  fué  siempre 
desahogada.  Los  ingresos  en  1857  fueron:  9.200  pesetas  pro- 
ducto de  matrículas  y  títulos,  14.002'98  por  consignación  del 
Estado,  total:  23.202'98;  y  los  gastos  del  personal  importaron  la 
misma  suma.  En  1881  fueron  los  ingresos,  15.624  pesetas  por 
matriculas  y  títulos,  4.835*50  por  consignación,  de  24.453  por 
la  de  la  Diputación  provincial,  haciendo  un  total  de  44.912J91. 
En  su  último  presupuesto  del  1902  importaban  los  «Ingresos» 
79.204'5O  pesetas,  descompuestas  en  las  siguientes  cifras: 

En  papel  de  pagos  al  Estado 23.013  ptas. 

En  timbres  y  pólizas  de  todas  clases.     .     .     .       4.114     » 

En  metálico 52.137'50 

y,  es  de  advertir,  que  la  subvención  de  la  Diputación  provincial 
ascendió  á  37.370'50  pesetas. 

Los   «Gastoso  importaron  74.494  pesetas,  descompuestos  en 
las  siguientes  sumas: 

Personal:  por  sueldos,  quinquenios  y  gratifica- 
ciones del  académico  y  sueldos  del  adminis- 
trativo      69.894  ptas. 

Material  de  Enseñanza 3.650     » 

Id.  de  oficina. 950     » 

Dichas  sumas  se  prestan  á  no  pocas  reflexiones. 
Sigue  el  Instituto  de  Oviedo  careciendo  de  local  propio  y 
ocupa  parte  del  edificio  de  la  Universidad:  en  la  planta  baja  tres 
aulas,  cuatro  para  las  enseñanzas  de  Geografía  é  Historia,  Len- 
guas, Matemáticas  y  Dibujo  y  otra  para  Gimnástica,  todas  redu- 
cidas y   la  última   oscura  y  sin  condiciones  higiénicos;  en  la 
planta  principal,  dos  para  Física  y  Química,  Historia  Natural, 
Agricultura  y  Técnica,   como  los  Gabinetes  en  común  con  lá 
Sección  Universitaria  de  Ciencias;  y   sigue  la   sala  de  Juntas 
de  Profesores,  Dirección  y  Oficinas  de  Secretaria,  todas  habita- 
ciones de  paso  excepto  el  reducido  despacho  del  Director.  Uno 
y  otro  día,  durante  mas  de  medio  siglo,  se  ha  reclamado  contra 
esta  situación  antipedagógica  en  todos  sus  conceptos.  El  Recto- 
rado, la  Dirección  del  Instituto  y  la  Prensa  representaron  ince- 
santemente contra  esta  situación  insostenible,  después  que  en 
mal  hora  el  Estado  cedió  á  la  propiedad  particular  el  Colegio 
universitario   de  San  Gregorio  de  los  Pardos  con  su  huerta,  si- 


—  3»' 

líos  donde  debieron  establecerse  el  Instituto  y  Colegio  de» 
proyectos  do  1846.  La  Superioridad  dictó  diferentes  RB 
disponiendo  la  separación  de  los  dos  Centros  de  ens< 
guicron  las  gestiones,  bobo  proyectos,  se  pensó  en  los  palacio 

tenses  del  Duque  del  Parque  y  Marqués  de  Vista  Alegre,  qn 
m  enage&aron  por  módicas  sumas;  y  últimamente  se  trató  de 

onvento  de  Sanio  Domingo  con  acuerdos  del  Obispado,  D 
pulaciún  provincial  y  I kn  turado;   perú  la  cuestión  sigue  sin  rt 
solver,  si  bien,  cuando  escribo  estas  páginas,  se  habla  de  ante 
proyectos  que  tienen  en  estudio  celosos  representantes  de  la  Pro 
Viuda.  Condenso  en  breves  líneas  el  trabajo  y  los  do<  OC 
naces  de  t&ntoa  B0OS,  mientras  en  capitales  y  localidades  d 
008  importancia  que  Oviedo  y  de  Instílalos,  que  no  alcanzan  íí 
matricula  y  significación  Sel  ovetense,  ya  se  batí  íevantai 
demos  y  amplios  edificios  dedicados  a  la  Segunda  enseñanza 
aun  donde  no  habla  los  inconvenientes  morales,  mal 
económicos  que  en  este  punto  se  tocan  todos  los  días  en  la  Cá 
pital  de  Asturias  con  la  confusión  y  eslrefehez  de  la  Un  i  ve  i 
é  Instituto  y  de  .sus  alumnos.   Urge,  y  cada  día  más,  resolver  la 
cuestión,  pues  no  se  comprende  como  no  se  ba  solucionado  ana 
aspiración  tan  constante  y  justa  (1)* 

¡l\  Instituto  ¡trocí  aria  I  de  Segunda  enseñanza  de  l 
debe  su  origen  a  las  gestiones  que  en  1846  llevaron  á  caliólos 
Excelentísimos  Srcs.  D.  Juan  Píñan,   TX   Segundo  Sierra  Pain- 
Me\\  diputados  ft  Corles  y  Senadores,  que  fueron  lujos  amantes 
de  su  provincia,  y  del  celoso  funcionario  provincial  D,  Jof 


(i)     Pnra  ma»  noticia»  relativas  til  Instituto  provincial  de  Oviedo  deben  tef  can.uli 
tMrmorfdj  y  fitmiat  •ttMftltfs 

L¿t*    de  if^.j^-,,     i  píirr-  ñi  ¡  -=  tKAi  -6* ;  ^=  rS6»  63;    -t8G^64;=T&Si- 
i  ¡v'.;  í..&;^í8ó8-6u  y  1870-71  por  el  Directo  i   I'.  Rstfoel  Oitíi  frfoaiuffei  ia. 

La*  de  1871-7^— 1B72-73, =^873-74.  =  187^75*=/  1S75  •?'.'  por  cJ  Secretario  D,  Ulpfamü¿ 
HÜ.-7-  Calderón* 

I.i  dt  1676*77  par  el  Serreta  río  I>*  Juan  Ljn¡r»ip*> 

I   14    de     1877  78:  -T678-7y  ;^  1879-80;^=  iB&o-Si.—  1881  Sa;— iBSa  8  jtz=:i  883*84;— i*    ¡ 
TBBseÉ;=iB86  87;=7»S87'-íl8i— 188889;= j8B,j  90  ¡=iE^d  r   el'  Sccrct,, 

1  ajÍI  <  3ont¿lea  Fradtí. 

La  de  iBfla-93  por  el  Secretario  D.  jo-¡é  María  Cn-i¡lhi. 

1   ti  de  iSy3-94;^:i8^  95;=í895  96.=i8oé-97;^i897  98,— y   1B98  99  por  D.  Lui*  M 

Ij  de  rH  1^900  por  D.  Marcelino  I  iraáiMUí  y  1  tninéti. 
Y  la  a  de  1900  fl  p»r  O   1  fanciüco  J.  t}.irr¡e»> 

Son  muy  00 m pitia*  Us  de  18 60 Oí  por  el  Sr.  ¡JUi  Monasterio  y  la*  de  r 
- 1  Si    GüOiáJes  r  radei, 

mi  lÚtínu  k  pirUi  idice  un  interesante  trabajo  acerca   del  Grifmpd 

fk>    tff    ¿>S    rtítti.n'ii    Eitlufreí     iff    S?£tártJ,t    fHU&mtZQ    fti    el    í  raí  Unto  ftf  L>PttH»  por 

Quito  , 

A  continuación  di  lai  Mtméria*  se  publican  [01  dalo*  de  la  E*t:ición  metearoltigjcji  , 
Salmean,  CemcLo,  Fr,idut  Méndc*,  ele. 


-3H  - 
cobar  secundadas  por  la  Excma.  Diputación  provincial,  el  Muy 
Ilustre    Ayuntamiento  de  aquella  capital  y  el  Jefe  político  don 
Francisco  G.  de!  Busto. 

La  memoria  de  este  hecho  se  perpetuó  en  lápida  de  blanco 
mármol  en  que  se  lee  la  siguiente  inscripción: 

Al  patriotismo  y  al  celo  [lustrado 
con  que  nhocurarojí  la  apertura  de  este  instituto 
los  señores 
Busto  — Pijíak — Escobar, 
año  18Í6,  Segundo  Sierra  Pambley. 

El   día  10  de  Octubre  de  1846  se  verificó  la  inauguración 
bajo  la  presidencia  del  St\  García  del  Busto  con  asistencia  de 
las  autoridades   y  corporaciones-  El  acto  tuvo  lugar  en  el  Semi- 
nario Conciliar  de  San  Froilan  y  el  Claustro  de  Catedráticos  era 
compuesto  de  los  Sres.  D.  Francisco  del  Valle,  religioso  domini- 
co,  canónigo  que  fué  de  la  Iglesia  Catedral,  natural  de  aquella 
provincia  y  reputado  humanista,  D.    Aquilino  Rueda,  D,  Domin- 
go Alvarez  y  D.  Natalio  San  Román,  encargados  respectivamen- 
te de  las  asignaturas  de  Retórica  y  Poética,  Matemáticas,  Latín 
y  Religión  y  Moral,  únicas  que  en  aquel  curso  se  plantearon  (1). 
Organizadas  estas  enseñanzas,  según  el  sistema  entonces  vi- 
gente, se  instalaron  sus  aulas  en  la  planta  baja  del  edificio  mo- 
numental de  San  Marcos,  ex-eonvento  de  Caballeros-canónigos 
regulares  de  la  Orden  de  Santiago,  Allí  continuó  el  Instituto 
hasta  1855  en  que  se  trasladó  al  ex»colegio  de  PP.  Escolapios, 
por  gestiones  y  medidas  del  limo.  Sr  D.  Patricio  Azcárate,  Go- 
bernador de  la  provincia,  hijo  también  de  León  y  bien  conocido 
cu  España  como  político  y  escritor 

En  el  decurso  del  año  18Í7  al  de  1848  completáronse  los 
estudios  del  Bachillerato,  nombrándose  los  profesores  para  dar 
la  enseñanza  de  las  asignaturas  de  Geografía  é  Historia,  Fran- 
ees,  Psicología,  Lógica  y  Ética,  Historia  Natural,  Física  y  Quf* 
mica.  En  1859  se  inauguró  la  de  Dibujo  lineal  y  de  adorno 
Creación  debida  á  la  iniciativa  de  la  Junta  de  Instrucción  públi- 
ca; también  entonces  la  Excma.  Diputación  provincial  consignó 
en  sus  presupuestos  la  cantidad  necesaria  para  elestablecimien* 


(j  (     Xüilciaí  que  debo  A  b  atención  del  aqttin]  Director  Sr.  Diní-Jímcnc*. 


-  312   - 

to  de  un  cátedra  de  Agricultura,  enseñanza  que,  con  el  nomb 
de  ('Nociones  teórico  prácticas  de  Ajirienlhira,  eomODZO  a  dar 
en  Abril  de  1860;  y  al  año  siguiente»,  aparecieron  consiitmd 
los  estudios  periciales  para  la  obtención  del  título  de  AgrímetUK 
Fué  de  sentir  la  desaparición  de  estos  estudios  en  Is71. 

El  Instituto  leonés  tuvo  las  vicisitudes   y  vari 
demás  de  su  «lase  en  España*  y  la  Escuela  elemental  de 
Industrias,  agregada  al  Instituto  por  gestiones  del  Diputad 
Fernando  Merino* entusiasta  leonés,  ceso  recientemente  en  L90 
Posee  no  escaso  material  científico;  los  Gabinetes  de   ; 

nina  é  Historia  Natural  se  enriquecieron  con  tus  aparato) 
objetos  que  fueron  de  los  PP.  de  la  Compañía  de  Jesús  y  de  i 
Seminario  central,  establecido  en  San  Marcos,  que  el  Gobíen 
provisional  concedió  en  18f¡tt  al  Instituto,  y  con  los  que 
prOCürfl  principalmente  por  las  disposiciones  del  Ministro  Tm 
DO  de  1877.  También  tiene  los  útiles  concernientes  á  b 
fianza  de  Matemáticas,  Geografía  é  Historia  con  lo  mas  indi 
pensable  para  una  sólida  instrucción;   y   desde  el  dicho  año  d 
1S77   funciona  un   Laboratorio    químico  asneóla     La   Es 
meteorológica  dala  de  18&G,  y  en  1874  comenzó  la  Bibliotí 
pecial  del  Establecí  miento. 

La  situación  económica  de  éste  desde  su  fundación 
prende  de  los  siguientes  datos: 

En  1818  el  producto  de  matrículas,  grados  é  incorpora 
ascendió  á  3,095  pesetas  y  el  arbitrio  de   un  real  en 
de  sal  tque  se  aplicaba  entonces)  a   8.161*25 
11. 256 '2 6;  los  gastos  fueron    18  158   pesetas    por   personal 
$29*50  por  material,  total  18.880*50  pesetas,  resultando  un  áí 
ficit  de  7.624*25  pesetas  cubiertas  por  la  Provincia, 

En    1H75  los  ingresos  fueron:  existencia  di  .mterio 

>;  pesetas,  1.124'oü  por  matrículas  y  grados  y  31*020  si 
plidas  por  la  Diputación  provincial;  los  gastos  ascendí* 
82  250  de   persooal,  3.18975  de  material,  total  8 

quedando  de  existencia  para  el  ano  siguiente  513' 
seta 

El  presupuesto  de  1901  de  la  última  Memoria  publicada  eoífl 
prende  «Ingresos»  por  81,876*37  pesetas,  sumadas  las  siguiente 
cifras; 


—  313  — 

En  papel  de  pagos  al  Estado 26.092  ptas. 

En  timbres  y  pólizas 2.260      » 

En  metálico.     .     , 53.524'37  t 

Siendo  de  advertir  que  la  subvención  de  la  Diputación  pro- 
vincial ascendió  á  37.803  pesetas. 

Los  gastos  ascendieron  á  54.264'77  pesetas  por  los  concep- 
tos siguientes: 

Personal  académico  administrativo    .     .     49.920*57     ptas. 

Material  científico  y  oficinas 4.344'20         » 

Quien  deseara  mas  datos  del  Instituto  de  León  podrá  con- 
sultar las  excelentes  Memorias  anuales  publicadas  por  su  Di- 
rección y  Secretaría  (1). 

En  el  capitulo  siguiente  se  ha  de  tratar  con  toda  la  extensión 
posible  en  estas  páginas  de  la  por  siempre  memorable  funda- 
ción de  Jovellanos,  y  ahora  solamente  se  comprenden  aquí  bre- 
ves noticias  del  moderno  Instituto  de  Segunda  Enseñanza 
de  Gijón,  establecido  en  el  antiguo  «Asturiano»  de  caracterís- 
tica y  diferente  significación.  Cuando  en  mal  hora  se  cerraron 
las  apenas  abiertas  cátedras  industriales  de  la  Escuela  gijonesa, 
se  pensó  en  aumentar  enseñanzas  y  el  Rector  de  la  Universi- 
dad, jefe  del  distrito,  y  el  diputado  á  Cortes  Sr.  Cápua  gestiona- 
ron á  tal  efecto.  Propuso  el  primero  así  al  Ayuntamiento  de  la 
villa  como  á  la  Dirección,  crear  cá  lo  menos  un  Instituto  lo- 
cal y  legalizar  la  situación  de  aquella  Escuela  en  lo  respectivo 
á  los  Estudios  de  Segunda  Enseñanza  y  Aplicación»,  para  que 
«con  mengua  de  la  época  y  mucho  más  de  aquella  población 
no  desapareciese  hasta  el  último  vestigio  de  la  benéfica  institu- 
ción con  que  honró  á  su  pueblo  el  insigne  Jovellanos».  Hubo 
dificultades  económicas  por  parte  del  Municipio  y  de  la  Diputa- 


íi)  Las  de  los  cursos  1858-59  y  1859-60;  — i86o-6i;s=x86x-6a;— 1862-63  y  1863-64  por  el  Di- 
rector D.  Aquilino  Rueda. 

Las  de  1864-65;=/  de  1865-66  por  el  Vicc-Director  D.  Romualdo  Tcjerina. 

Las  de  i86ó-67;=i867-68;  =  i868-69;  — 186970  y  1870-71  por  el  Director  D.  Vicente  Andrés 
y  Andrés.  - 

Lai  de  i87i-7a;=y  187273  por  el  Secretario  D.  José  de  Castro  y  Pulido. 

Las  de  i873-74;=i874-75;  =  i875-76;=i876-77;--i877-78  (con  discurso  del  Sr.  Gobernador 
Civil  D.  Ricardo  Puente  y  Breñas  i  ;=y  1878-79  por  el  Secretario  D.  Policarpo  Mingóte. 

Las  de  i879-8o;=y  1880-81  por  el  Secretario  D.  Hipólito  Casas. 

Las  de  i88i-82;=y  1882-83  por  el  Secretario  D.Juan  Eloy  Diaz  Jiménez. 

Las  de  1883-84;  -i884-85;  =  i88s-86;  -1886  87;— 188788;— 1888  89;=i889  9o;=x89o-9i;= 
1891-9?;— y  1892-93  por  el  Secretario  D.  Valentín  Acevcdo  Calleja. 

Las  de  1893-94 ;— 1 894  95;-^i89596;^=iS96  97;— y  1897-98  por  el  Secretario  D.  Pedro  Ga- 
lapo. 

Y  las  de  x899-9oo;=iooo-oi;^=x9oi-oa;=:y  1902-03  por  el  Secretario  D.  Felipe  de  la  Garza. 


-  3¡4  - 
ción  provincial  para  aumentos  de  cátedras  de  Enseñanza  gen* 
ral  ó  secundaria,  estableciéndose,  por  último,  con  escaso  seta 
to  los  dos  primeros  años  ó  cursos  de  ésta,  no  sin  que  el  Directo» 
Sr.  Menéndez  Duarte  (uno  de  los  primeros  alumnos  de  aquel1 
ilustre  Casa,  muy  querido   del  Fundador  por  sus  aventajada- 
disposiciones  y  maestro  allí  participante  de  todas  las  vicisitud* 
que  entorpecieron  la  marcha  progresiva  del  Establecimiento  i 
manifestase  su  oposición  contraria  a  estudios  ede  poca  utií 
para  los  ramos  de  riqueza  que  está  llamada  a  desarrollar  ¿Uffi 
rías*,  sin  compensar  también  el  sacrificio  que  al  pueblo  se  ío 
pusiera,   mientras  prefería  los  esludios  propios  de  la  pritiR 
fundación,  industriales,  para  cuyo  fomento  allí  proponía  qu; 
fuesen  de  matrícula  gratuita   y  con  todo  género  de  facilídu 
des  (1).  Mas  por  R.  O.  de  28  de  Julio  de  1863  se  establecieron 
los  indicados  dos  cursos  primeros  de  Segunda  Knseñanza,  ba*=* 
del  Instituto  local. 

En  !a  reforma,  con  retroceso,  de  esla  Instrucción  por  el  mi- 
nistro Sr.  Oro  vio  en  1866,  dividida  en  dos  períodos,  el  Di  redor 
de  entonces  Si\  CienfuegosJovellanos  procuró  el  eslablecimien 
to  del  primer  período  ó  de  dos  cursos  (Gramáticas  castellana  y  la- 
tina y  oiro  de  Retórica  y  Poética  co til  ¡miando  los  ejercicios  de 
análisis,  traducción  y  composición   latinas,  que  no  había  plan- 
teado el  Promotor)  y  asi  siguió  hasta  los  plausibles  decretos  de 
Octubre  de  1868  por  el  Sr.  Ruiz  Zorrilla  con  autorización  á  los 
Ayuntamientos  y  Diputaciones  para  fundar  y  sostener  estableci- 
mientos docentes.  Muy  principalmente  se  preocupó  el  ministro 
reformador  en  la  Segunda  Enseñanza,  entonces  («desnaturaliza- 
da, cohibida,  retrocedida  mas  de  dos  siglos,  preparando  a  los 
jóvenes  solo  para  estudiar  teología  ó  entender  algún  autor  esco- 
lástico»   y,  dándole  su  propio  concepto,  no   solamente  ocomo 
serie  de  estudios  preparatorios»)  sino  como   («ampliación  á  la 
instrucción  primera  y  educación  necesaria  a  los  ciudadanos*, 
modificó  el  plan  viejo  bajo  dos  sistemas,  uno  con  algunos  cam- 
bios del  sistema  tradicional,  aunque  sobre  la  base  del  latin,  y 

(i  i  Véanse  *  Breves  CDnsideracioncs  sobre  la  creación  de  un  Instituto  local»  en  la  Memoria 
del  curso  de  1S60-Ó1. 

En  la  «Memoria  universitaria  de  0\icdo>  (1861}  escrita  por  mi  docto  p;<drc  el  entonces  Se- 
ere  ario  át\  Pi-trito,  I)  lignito  Cundía,  hay  interesantes  trabajos  suyos  relativos  al  Instituto  de 
Joví  llanos  y  do  su  primitivo  carácter  (.páginas  87,  ioj  y  siguientes)  e  inserta  además  ti  articulo 
que  publicó  cu  El  Porvenir  d.>  Asturtis,  cundí  las  supresiones  (que  calificó  de  «desgracia 
provincial»  •  de  característicos  y  útiles  estudios  en  las  aulas  gijonesas. 


~  3i5  — 
otro  mas  innovador  y  técnico.  El  Ayuntamiento  gijonés,  que  por 
la  patriótica  obra  de  Jovellanos  siempre  se  mostró  bien  dis- 
puesto, ante  el  injusto  olvido  del  Estado,  á  toda  clase  de  sacrifi- 
cios, decidió  sostener  toda  la  Segunda  Enseñanza;  pero  eligió 
el  sistema  antiguo  al  plantear  completo  el  Instituto  local,  por 
«cuyo  acierto  >  tuvo  felicitación  del  reducido  Claustro.  Este  fué 
nutrido  primeramente  con  profesores  sustitutos  y  después  con 
mas  numerarios,  éstos  de  corta  permanencia  en  la  localidad  por 
la  escasa  dotación,  que  allí  tenían,  mientras  eran  mayores  los 
sueldos  y  más  las  ventajas  en  otros  Institutos. 

i-Insensiblemente,  y  sin  proceder  un  plan  fijo  ni  una  regla  á 
que   sujetarse,  fué  modificándose  poco  á  poco  la  plantilla  del 
personal»,  como  dice  el  diligente  historiador  del  Instituto  señor 
Lama  y  Lefia,  y  por  la  indicada  movilidad  del  magisterio  hubo 
que  recurrir  frecuentemente  á  interinidades,  en  virtud  de  lo  qué, 
eon  R.  O.  de  21  de  Julio  de  1880,  se  reformó  la  plantilla  encar- 
gando á  cada  catedrático,  el  desempeño  de  dos  asignaturas  dia- 
rias con  3.000  pesetas  de  sueldo,  comprendiendo  también  las  de 
Náutica  y  Estudios  de  Aplicación,  de  que  se  tratará  en  su  lugar. 
Asi  continuaron  los  Secundarios  en  el  establecimiento,  que  ya 
llevaba  desde  1865  el  glorioso  nombre  de  Jovellanos,  hasta  que 
para  procurar  en  sus  aulas  mayor  ingreso  de  alumnos,  imposibi- 
litados de  concurrir  á  ellas  por  el  carácter  de  Instituto  local,  se 
le  habilitó  para  admitir  matrícula  privada,  doméstica  y  libre  y  se 
dictó,  por  gestiones  patrióticas  de  los  señores  Conde  de  Revillagi- 
jedo  y  Fernández  Vallín,  el  R.  D.  de  22  de  Mayo  de  1892  deter- 
minando que  en  lo  sucesivo  tendría  el  establecimiento  «todos 
los  efectos  académicos  y  el  carácter,  consideraciones  y  prerro- 
gativas que  tienen    los   Institutos  provinciales,  conservando 
su  organización  actual  (la  plantilla  reducida)  y  corriendo  como 
hasta  ahora  su  sostenimiento  á  cargo  del  municipio  de  Gijón». 
Siempre  el  Estado  negando  recursos  á  la  fundación  trascenden- 
tal del  inmortal  Jovino! 

Aún  asi  no  tuvo  la  concurrencia  y  vigor  esperados  y  que  re- 
quirió la  reforma  de  1901  al  trasformar  los  Institutos  generales; 
y  otra  vez  mas  el  Ilustre  Ayuntamiento  de  Gijón  manifestó  su 
patriotismo  y  amor  al  Instituto,  entonces  con  mas  acierto  que 
en  1868,  porque  el  plan  del  ministro  Sr.  Conde  de  Romanones 


comprendía  varias  enseñanzas,  mas  semejantes  ú  las  que 
Promotor  recomendaba  para  el  Real  Asturiano.  Asi,  bien  dota- 
do el  magisterio  desde  1900  y  enseguida  con  plantilla  completa, 
por  R.  D.  de  29  de  Noviembre  de  1901  de  nuevo  o  fué  elevada  6 
provincial  la  categoría  del  Instituto  de  Jovellanos*,  y  como  tal 
pasó  á  General  y  Técnico,  ahora  como  todos  los  de  su  clase  re 
formados  y  cercenados  en  1903  por  el  ministro  Sr.  BugallaL 

Los  medios  materiales  de  enseñanza  del  Insülutogijonéssori 
suficientes  en  varios  ramos,  compitiendo  con  las  de  Establecí 
mientos  similares,  si  bien,  por  estar  en  el  mismo  recinto, 
aprovecha  de  los  adquiridos  para  las  otras  Enseñanzas  ttjúvella 
nistas*,que  le  arrebataron  con  injusticia  notoria;  pero  vasueesi 
vamente  aumentando  aquel  caudal  científico,  ya  que  en  el  artísti- 
co tiene  todo  un  tesoro.  La  matrícula  de  los  Esludios  secundarios 
fué  hasta  ahora  reducida  por  el  antiguo  carácter  local  del  Esta- 
blecimiento; mas,  con  su  nueva  categoría  y  el  crecimiento  de  la 
cada  día  mas  floreciente  villa  de  (Jijón,,  habrá  de  aumentar  na- 
turalmente, si  bien  lo  de  concurrencia  es  accidental  porque  es 
siempre  principal  la  índole  de  las  enseñanzas  que  allí  debieron 
sostenerse  y  propagarse. 

Hasta  aquí  solamente  se  ha  tratado  de  ia  Secundaria,  moder- 
namente implantada  f  sostenida  por  el  Ayuntamiento  con  lo 
poco  que  ya  queda  de  las  cátedras  allí  peculiares,  Habrá  de 
apreciarse  mejor  el  interés  municipal  y  sus  dispendios  en  pájíí- 
ñas  posteriores  de  historia  interesante  y  apenadora  del  Institu- 
to Asturiano  que,  gracias  al  Consistorio  gijones,  sigue  abierto 
aunque  con  el  dicho  carácter.  Alguna  vez  el  Estado,  como  en 
1878  y  1885,  le  concedió  subvenciones  excepcionales  de  12*500 
y  9.000  pesetas  o  costeó  la  terminación  del  edificio;  pero,  en  lo 
demás,  sus  principales  recursos  vinieron  y  vienen  del  presupues- 
to local.  El  corriente  de  1903  del  Instituto  se  descompone  en 
las  siguientes  partidas  de  «Gastos»:  Personal  de  los  Estudios  ge- 
nerales, 73.000  peseta?;  Personal  de  Estudios  de  Aplicación  y  He 
Náutica,  10,500;  Personal  administrativo,  9,250;  y  Materia fh 
4.6G0;  total,  1)7.000  pesetas.  Son  «Ingresos»:  Por  matriculas  y  lí* 
tulos  12,000  pesetas;  Subvención  de  la  Exorna.  Diputación  provin- 
cial  de  Oviedo,  6.800;  total,  18.800;  y  el  «déficit*,  á  cubrir  por 
el  Ilustre  Ayuntamiento  de  (Üjón,  importa  78.*ilO  pesetas 


-3"7  — 
Existieron  en  el  Distrito  universitario  los  Institutos  locales 
de  Tapia  y  Ponferrada. 

He  aquí  la  breve  historia  del  primero. 
D.  Fernando  Fernández  Casariego  nació  en  Tapia,  1794,  en 
el  seno  de  modesta  familia;  y  muy  joven  dejó  el  pueblo  para  de- 
dicarse   al  comercio  de  lienzos  en  Madrid,  donde  prosperó  lle- 
gando á  ser  una  de  las  primeras  firmas  de  la  banca  de  la  Corte 
desde  1840.  Desempeñó  los  cargos  de  Prior  del  Tribunal  de  Co- 
mercio, Consejero  del  Banco  de  España  y  de  otras  sociedades  y, 
contra  su  voluntad  y  humilde  carácter,  se  vio  colmado  de  me- 
recidos honores  y  distinciones,  como  las  grandes  bandas  de  Isa- 
bel la  Católica  y  de  María  Victoria,  senaduría  vitalicia  y  los  títu- 
los nobiliarios  de  Marqués  de  Casariego  y  Vizconde  de  Tapia. 
Tan  benemérito  asturiano  falleció  en  1874,  después  de  dispen- 
sar grandes  beneficios  á  su  provincia  y  pueblo  nativo,  que  le  de- 
bió independencia  municipal,  centros  oficiales,  la  edificación  de 
la  casa  consistorial  y  magníficas  Escuelas,  la  construcción  de  un 
murallón  contra  la  arena,  y  puerto,  etc.,  disponiéndose  también 
á  levantar  espacioso  y  bien  dotado  hospital;  pero,  entonces,  el 
concejo  y  todo  el  partido  pidieron,  creyéndolo  mas  beneficioso 
al  país,  la  creación  de  un  Instituto  local  incorporado  á  la  Uni- 
versidad de  Oviedo,  el  cual  impulsaría  la  cultura  general  y  fa- 
vorecería á  los  jóvenes  de  extensa  comarca  de  mas  de  30.000 
almas  de  población  en  el  occidente  de  Asturias. 

Así  lo  hizo  presente  al  Gobierno  el  Sr.  Casariego,  ofreciendo 
construir  el  edificio  y  dotarle  con  la  renta  necesaria;  y  en  R.  0. 
de  16  de  Junio  do  1865  se  concedió  la  oportuna  autorización 
con  gracias  al  Fundador  disponiendo  que  el  Rector  de  la  Uni- 
versidad de  Oviedo  ultimase  la  creación;  por  otra  R.  0.  de  22 
de  Marzo  de  1867  fueron  aprobadas  las  condiciones  bajo  las 
cuales  el  bienhechor  proponía  la  donación;y,  en  24  de  Abril  del 
mismo  año,  fué  autorizado  el  municipio  de  Tapia  para  aceptar- 
las á  nombre  del  Común. 

En  escritura  otorgada  en  Tapia  ante  el  notario  D.  Antonio 
de  Murías  y  Pasaron  á  1.°  de  Diciembre  del  mismo  1867,  el  abo- 
gado D.  Manuel  García  de  Vior,  ex  diputado  provincial  y  á  Cor- 
tes y  ex-gobernador  civil  de  la  Provincia,  por  virtud  del  poder 
especial  del  Fundador  formalizó  á  favor  del  Ayuntamiento  la  do- 


\ 


-3ts~ 
nación  del  edificio  y  de  una  inscripción  intransferible  de  la 
Deuda  consolidada,  señalada  con  el  número  37.085,  en  la  que 
se  reconocía  á  favor  de  la  expresada  Corporación  para  dotación 
del  Establecimiento  la  suma  de  LOOO.ÜGÜ  de  pesetas  de  capitaí 
y  30.000  de  renta,  Comprendíase,  asimismo,  en  la  donación  los 
muebles  para  oficinas,  biblioteca,  enseñanza  de  Dibujo,  y  délas 
aulas,  costeados  todos  por  el  Fundador.  No  siendo  la  voluntad 
del  mismo,  al  hacer  este  beneficio  á  su  país  natal,  renunciar  en 
absoluto  el  dominio  á  favor  del  A  yunta  mié  uto  ni  del  Común  ní 
menos  á  favor  del  Estado,  sino  en  tanio  que  se  cumpliesen  la- 
condiciones  de  la  donación,  sin  que  de  ningún  modo  ni  por  na- 
die  se  pudiese  alterar  su  destino,  se  reservaba  el  derecho  para 
sí  y  sus  herederos  de  revertir  é  incautarse  de  nuevo  así  del  viu 
(icio  como  de  la  renta  en  el  caso  quc>  por  disposición  superioi 
ó  por  fuerza  mayor,  se  dejasen  de  destinar  al  objeto  exclusivo 
para  que  la  donación  fué  hecha.  Se  reservaba  asimismo  el  dere- 
cho de  visitar  el  Establecimiento  para  ver  si  se  cumplían  los  fi- 
nes fundacionales;  siendo  además  su  voluntad  que  el  Rector  de 
la  Universidad  de  Oviedo  inspeccionase  la  legitima  inversión  de 
la  renta  y  obligase  al  Ayuntamiento  á  desuñarla  completa  y 
puntualmente  á  la  dotación  del  Instituto;  y,  por  último,  para  el 
caso  de  que  hubiere  sobrantes,  después  de  cubiertas  las  necesi- 
dades ordinarias  de  los  estudios  generales  de  Segunda  Enseñan- 
za, quería  se  empleasen,  según  acordasen  el  Fundador  ó  sus  he- 
rederos, el  Director  del  Instituto  y  el  Ayuntamiento  de  Tapia, 
con  la  superior  aprobación  del  Rector  de  la  Universidad  y  del 
Gobierno. 

El  edificio  fué  construido  bajo  la  dirección  y  planos  del  ar- 
quitecto D.  Juan  M.  Yanez  y  Rodríguez  Trelles.  La  fachada  es  de 
líneas  elegantes  y  esmerada  ornamentación  con  tres  lapidas  su- 
periores de  bien  bruñido  mármol.  Una  en  el  centro  indica  el 
destino  de  la  casa: 

Instituto  de  Segunda  Enseñanza 

De  las  colocadas  sobre  los  dos  balcones  laterales,  en  una 
histórica  se  lee: 

Edificado  kx  1806  v  67,  Año  34  del  Hei\aoo  de  í).n  Isabel  ii 
y  la  otra  votiva  dice: 


i 


~  3>9  - 

Fernando  Fernández  Casariego  en  señal  de  afecto 

á  la  juventud  estudiosa 

Sobre  el  descanso  de  la  ancha  y  clara  escalera  se  gravó  la 
significativa  aclamación  de  gratitud  popular: 

Salve  al  Fundador 

En  el  centro  del  edificio  hay  un  atrio  de  doce  arcos,  tres  por 
cada  lado,  que  corresponden  á  la  galería  del  piso;  al  medio  día 
se  puso  la  capilla  dedicada  á  la  Purísima  Concepción  de  la  Vir- 
gen, San  José  y  San  Fernando.  Están  en  la  planta  baja  las  cá- 
tedras de  Física  y  Química,  el  laboratorio,  las  de  Geografía  é 
Historia  con  su  menaje  y  tres  aulas  mas  para  cátedras  que  no 
requieren  material  científico,  y  otras  dependencias;  las  de  la 
planta  principal  se  destinaron  á  oficinas  de  Secretaría  y  Direc- 
ción, salón  de  actos  públicos,  cátedras  de  Matemáticas  y  Dibu- 
jo, de  Historia  Natural  con  su  modesto  Museo  y  la  Biblioteca; 
y  el  piso  segundo  se  distribuyó  en  habitaciones  de  los  depen- 
dientes. 

La  inauguración  del  Instituto  fué  en  17  de  Septiembre  de' 
1867  y,  cubiertas  por  oposición  las  cátedras  de  sus  estudios,  se 
desarrolló  el  Establecimiento  durante  35  años.  Las  aulas  de 
Matemáticas,  Geografía,  Física  y  Química  y  la  Biblioteca  tenían 
algunos  medios  de  instrucción,  mas  no  los  suficientes;  todos  los 
años  se  hacían  nuevos  adquisiciones  ó  se  recibían  donativos  de 
personas  ilustradas;  y  el  Fundador  atendía  con  solícita  protec- 
ción al  Instituto,  el  deseado  Establecimiento  con  que  hizo  mu- 
cho bien  á  sus  paisanos  y  connaturales.  Es  probable  que  la  fun- 
dación pudo  ser  mas  acertada  y  práctica  con  estudios  elemen- 
tales de  Agricultura  é  Industria  ó  de  Comercio  y  de  la  moderna 
Náutica,  ó  un  Seminario  análogo  y  mas  completo  que  el  inicia- 
do en  la  Vega  de  Rivadeo  en  1815. 

Bajo  la  acertada  dirección  del  Dr.  D.  Antonio  González  Tol 
y  Cancio  (cuyo  celo,  amor  y  desvelos  por  el  establecimiento  nun- 
ca serán  bastante  elogiados)  y  la  cooperación  que  le  prestó  el 
profesorado,  el  Instituto  local  de  Casariego  de  Tapia  dio  en  su 
principio  resultados  que  podían  satisfacer  al  Promotor  gene- 


r 


—  3£c  — 

roso,  si  bien  después  se  resintió  la  disciplina  de  asistencia  y 
hubo  deficiencias  pedagógicas,  que  señaló  el  catedrático  D,  Ani- 
ceto Sela  cuando  por  delegación  del  Rectorada  giró  tina  visita 
de  inspección  al  Establecimienlo  en  1895  y  redactó  *  Me  moría- 
muy  interesante  y  práctica,  olvidada  en  la  Superioridad. 

La  marcha  económica  fué  en  los  comienzos  desahogada  ofre- 
ciendo hasta  un  sobrante  en  los  presupuestos  de  varios  años; 
pero  no  sucedió  lo  mismo  al  mermar  principales  ingresos  d^ 
la  renta  por  las  conversiones  y  ¡arreglos!  de  la  Hacienda  nach. 
nal.  Mientras  pudo  veló  por  aquellos  intereses  et  entendido  Fui- 
dador  y  sus  próximos  deudos  D.  Fernando  y  D.  Francisco  Per*-.- 
Casariego;  pero  después  faltó  el  generoso  Marqués  y  fue  muy 
considerable  la  merma  de  los  réditos,  rebajados  en  dos  terceras 
partes  desde  la  ley  de  1875  aunque  con  ofrecimientos  y  esperan 
zas  de  volver  al  valor  de  la  primitiva  emisión  en  futuros  tiempos 

normales que  no  llegaron.  Con  orden  y  economía  se  habían 

vencido  consecuencias  de  descuentos  y  suspensiones  de  pagos; 
se  procuraron  ahorros  con  interinidades  de  personal,  sí  bien  re- 
sintiéndose alguna  enseñanza;  se  redujo  la  plantilla  con  cátedras 
dobles 'á  cada  profesor  numerario  en  1802;  y  todo  fuéinsuficicn^ 
te  para  levantar  al  Instituto  de  su  lánguida  vida,  que  inspiraba 
peligros  anunciados  ya  por  los  Sres.  Fernandez  Buján,  secreta- 
rio, y  Tol  y  Cancio,  director,  (1)  hace  bastantes  años  para  Irisle 
realidad  cuando  se  escriben  estas  páginas.  Ya  no  fué  posible  sos 
tenfer  un  verdadero  presupuesto  de  gastos;  ni  tener  completo  y 
regularmente  dotado  el  magisterio,  cuyo  personal  fué  de  movi- 
miento incesante,  siendo  come»  de  paso  el  Instituto  de  Tapia,  pues 
los  Catedráticos  aspiraban  á  mejorar  su  situación  allí  insoste- 
nible, de  sueldo  escaso,  trabajo  dobie  y  sin  los  alicientes  de  de- 
rechos pasivos  y  otras  ventajas  en  centros  de  enseñanza  análo- 
ga, no  pudiendo  aquí  realizarse  el  aumento  y  nivelación  de  suel- 
dos dispuestos  por  R.  O.  de  21  de  Julio  de  1900.  kl  Estado  se 
cruzó  antes  y  entonces  de  bracos,  cuando  era  el  causante  de  la 
crisis  del  Instituto  de  Casariego,  porque  de  sus  disposiciones  eco- 
nómicas vino  la  depreciación  de  los  valores  públicos  con  que  el 
benéfico  tapíense  había  favorecido  ü  su  pueblo.  Surgió  el  dilema, 

(i)     Mentoritis  de!  Instituto  de  Lasariegc  de  /«//a,  ^Oviedo  Imp,  de  Una  1B76  y  1877}. 


-  321  — 

que  expresó  el  Sr.  Sela:  ó  mermar  sueldos  y  enseñanzas  (con  lo 
que  la  Instilación  no  respondía  á  sus  fines)  ó  equipararle  á  los  de 
su  clase  en  todo  (lo  que  no  era  fácil  por  no  ser  suficientes  los  re- 
cursos, que  había  cercenado  la  Ley).  Sin  resolver  el  problema, 
siguió    la    fundación  sin  variación  ni  cambios,  por  los  términos 
de  la  escritura  donataria,  ya  en  un  grupo  escolar  con  todos  los 
grados   de  la  Instrucción  primaria  de  donde  saldrían  alumnos 
educados  con  menos  pretensiones  pero  más  solidez  que  muchos 
bachilleres;  ya  en  escuela  de  Artes  y  Oficios,  ó  de  Comercio 
y  Náutica,  ó  de  Agricultura,  mas  en  consonancia  con  la  región, 
según  proponía  el  Sr.  Sela;  ó  ya  también  en  Colegio  completo  de 
Segunda  enseñanza,  cual  los  de  Santoña  fundado  por  el  Marqués 
de  Manzanedo,  el  de  Cée  (Coruña)  debido  al  Sr.  Blanco  de  Le- 
na, etc.  por  no  citar  otras  benéficas  y  análogas  creaciones.  Nada 
de  esto  se  intentó  para  modificar  y  salvar  la  de  Tapia,  cuando 
\as  leyes  de  Beneficencia  particular    dan   medios   para  ello,  y 
cuando  el  Estado,  en  primer  término  como  promotor  del  conflic- 
to, la  Provincia,  el  concejo  de  Tapia  y  los  limítrofes  Ayuntamien- 
tos interesados  debieron  hacerlo  sin  excusa  alguna,  de  acuerdo 
con  la  familia  del  fundador  y  en  honra  y  justicia  para  su  nom- 
bre generoso. 

Siguió  la  crisis,  no  solucionada  por  aquellos  elementos,  y 
el  Instituto  de  Tapia  quedó  suprimido,  como  oficial,  por  R.  Ü.  de 
25  de  Octubre  de  1901  en  relación  con  el  de  17  de  Agosto  ante- 
rior, y  convertido  en  Colegio.  En  su  consecuencia,  entendieron 
.  los  señores  Herederos  del  Fundador  Marqués  de  Casariego  que 
adquirían  por  ello  la  reversión  á  su  favor  del  edificio  y  capital 
fundacional  y  asi  lo  solicitaron  del  Ministerio  de  Instrucción  Pú- 
blica, el  que,  de  acuerdo  con  el  Consejo  de  Estado,  declaró  en 
R.  O.  de  f>  de  Mayo  de  1903  se  significase  al  Alcalde  de  Tapia 
que  tno  había  inconveniente»  en  otorgar  la  escritura  de  rever- 
sión á  favor  de  los  indicados  herederos.  Así  fué.  Gestionaron  en 
contrario  el  Rector  Sr.  Aramburu  desde  su  cargo  académico  y 
en  el  Senado;  el  Claustro  universitario  (1);  la  Junta  provincial  de 
Beneficencia  (2);  los  Ayuntamientos  de  Tapia  y  próximos;  y  el 


ix)     Archivo  de  la  r.iiversid.id.  -  Clá-i*tr>  ár.  10  de  Mayo  de  x.y>i. 

•  7)  La  Junta  provín;i.d  de  Hj  i  »fi  :'mcu  p  irtii-nl.tr  represento  al  Ministro  de  ).*  Goberna- 
ción tcm¡tiend<)  extenso  y  razónalo  Í!if>rme,  cuya  redicción  me  encargo  y  ultime,  en  7  de 
Juli')  de  1903. 


—  323  — 

respetable  Director  del  Instituto,  que  se  Iiabía  desvelado  por  ia 
fundación  durante  treinta  y  seis  años  de  trabajos  y  OTcrifieiúÉ 
excepcionales.  Nada  se  alcanzó,..,..,. 

Asi,   por  una   disposición  administrativa   desapareció    uiij 
fundación  importante,  que  "debió  sostenerse  y  verificarlo  el  FL¿ 
lado,  pues  el  Instituto  seguía  y  podía  seguir  entonces  «con  cj 
objeto  exclusivo  para  que  la  donación  fué  hecha» ;  el  nombí«- 
importaba  poco  porque  el  de  «Instituto*  tiene  amplio  significad 
El  poder  ministerial  no  podía  verificar  allí  cambios,  cuando  vti 
ningún   modo  ni  por  nadie  se  podía  alterar  el  objeto  y  destina 
del  Instituto,  según  la  escritura  fundacional,  sí  bienes  verdad 
que  destino  y  objeto   podían  seguir  como  Colegio,  La  reversión 
fué  hecha,  porque  de  tal  manera  se  manifestaron  entonces  la  mi 
sión  tutelar  y  el  protectorado  del  Estado  cuando   no  había  ca- 
ducado la  fundación  de  Tapia,  Ante  semejante  desamparo  ofi- 
cial, después  que  la  misma  Administración  pública  cercena  fun- 
daciones o  por  sus  órdenes  se  extinguen  contratos  y  se  modifican 
leyes  ¿qué  confianza  han  de  tener  los  ciudadanos  generosos  para 
fomentar  la  enseñanza  y  acometer  obras  benéficas?......  (1). 

También  el  Instituto  local  de  Pan/errada  alcanzó  men- 
guada suerte,  y  resultaron  atajados  desprendimientos  y  entusias- 
mos de  amantes  hijos  de  la  localidad,  aunque  al  final  salvaron 
et  conflicto  con  relativa  fortuna  comparada  con  la  tenida  hasta 
ahora  por  los  tapíenses. 

Aquella  institución  ó  Escuela  de  Segunda  Enseñanza  turo 
por  base  la  generosidad  del  benemérito  IX  Diego  Antonio  Gótfáfr 
lez  y  (ion  ¡sales;,  nacido  en  Ponferrada  en  1793.  Este  buen  pafri- 


{t)  Para  mas  ¡(oticia*  del  Instituto  de  Caía  riego  de  Tapia  pueden  consultarle  las  Mtmn- 
riiti  anua  le*. 

!jí*  de  lo*  carias  de  1867  ■&$[  -ittofl -69;— y  ifióo  70  por  el  Director  D,  Antonio  G.  Tol  y 
Can  cío. 

Lar*  de  lo*  cursos  de  187 1-7*;=  [B7J-73;  =ri87j-74^=y  1874-75  por  el  Stqrctafío  D,  Justo  At- 
varer  Amandi. 

La  de  1875-7*  Por  f'  Secretario  D.  Vicente  Fernández  Pujan. 

La*  de  lo*  tur«w  1 6  76- 7  7 -^  y  1B&9-EI3  (cúh  datos  también  de  los  ctííilro  cut*'>*  de  1876  a 
i8S¡0  jíor  el  Director  Sr.  G.  Tol. 

Lb  del  curso  de  tflqj  ^4  [con  datos  de  tos  nueve  curso»  de  1EB3  á  1893)  por  el  Secretar ¡o 
D.  Manuel  Pa*  y  Sabuco, 

La«,  de  los  curéosde  1893-  54.--  y  181^4  05  por  el  Secretario  D,  Eulogio  Se  rifan. 

Y  La  del  curso  1835-96  por  el  Secretario  D,  Cándido  5ay*, 

A  continuación  de  la  Memoria  de  1871  se  publica  el  discurso  del  Catedrático  D.  Ju.*r,  £1 
v,,rrr  Vega*  Aceren  de  »K]  hombre  bajo  r|  aspecto  metafiñfiCK, 

Y  en  Ja  de  1873  la  'Necrología  del  fundador  Marque*  deCa*ariego-   por  el  Sr.  A,  Amamt: 
Kn  h  del  Sr.  í'a/  se  Iii«crtan  do*  decursos  del   distinguido  alumno  D.  Manuel  Vvivuttitij 

Méndez;  uno  relativo  al  antiguo  reino  de  Per 5 La  y    oiro  que  versa    sobre    U  ijtifu;  r tanda  de  ú 
Lengua  francesa  y  los  estudios  de  Filosofía  en  la  Segunda  Enseñan», 


-  3*3- 
cío  siguió  ios  estudios  de  medicina  en  Valladolid,  ejerció  la  pro- 
fesión en  el  pueblo  nativo,  respetado  y  querido  de  todos  por  su 
iencia,  virtud  y  sufrimientos  familiares  hasta  su  muerte  en  1870; 
y,  á  la  desgracia  de  verse  completamente  solo  en  los  últimos 
años  de  si]  ancianidad,  deben  muchos  ponferradenses  ios  comien- 
zos de  sus  carreras  y  profesiones.  Su  testamento  de  1864  y  dis- 
posiciones complementarias  de  1869  y  1870  expresan  bien  sus 
nobles  sentimientos  y  deseos. 

c  Considerando,  dice,  que  mi  caudal  ha  sido  formado  en  todo  lo  que  va  de 
siglo  por  mis  padres,  madrasta,  hermana  y  cuñado;  por  mi  esposa,  su  madre  y 
tíos;  por  mi  hijo  I).  Manuel  y  por  mi  á  fuer  de  privaciones  y  desvelos,  de  asi- 
duo trabajo  y  continuo  sutrimiento,  quiero  que  luzca  por  el  tiempo  y  espacio 
que  \o  permitan  los  hombres,  del  modo  siguiente»: 

Después  de  las  disposiciones  religiosas  continua : 

«» Considerando  que  los  Religiosos  del  Convento  de  San  Agustín  daban  cáte- 
dras de  Latinidad,  de  Filosofía  y  de  Moral,  estudios  que  eran  los    preparativos 
para  carreras  mayores;  y  que  muchos  hijos  de  Ponfe/rada  y  de  los  pueblos  co- 
marcanos si  llegaron  á  ser  curas,  abogados  y  concluyeron   otras   carreras,  como 
yo  la  de  medicina,  brillando  muchos  en  el  foro,  en  la  magistratura  y  en  las  más 
altas  dignidades  de  la  Iglesia,  lo  debieron  y  debimos  á  los  estudios  del  Conven- 
to de  San  Agustín  de  esta  villa;  y  considerando  que,  al  poco  tiempo  de  la  supre- 
sión del  convento,  no  quedó  en  esta  villa  más  instrucción  que  la  primaria,  vién- 
dose los  padres  de  familia  imposibilitados  «le  dar  carrera  á  sus  hijos  por  los  in- 
finitos gastos  que  tienen  precisión  de  hacer  yá  los  que  no   pueden    arribar,  sin 
saber  que  hacer  con  ellos    en  una  edad   tan  solo   propia   para   el   estudio,  que- 
dándose en  la  ignorancia  y  el  olvido  muchos  talentos,  tal  vez  genios  privilegia- 
dos, destinados  por  la  Providencia  a  sobresalir  en  las  ciencias > 

Enseguida  instituye  las  cátedras  de  Latín  y  Matemáticas  y 
posteriormente  de  Humanidades,  y  más  adelante  dice: 

cTeraiéndome  que  con  el  tiempo  la  Lengua  latina  será  un  estudio  de  adorno 
y  solo  necesaria  para  la  Teología;  y  abrigando  la  dulce  esperanza  de  que  el  Go- 
bierno, tan  pronto  como  las  atenciones  del  Estado  lo  permitan,  ha  de  extender 
la  Instrucción  publica  á  las  capitales  de  partido,  cuando  menos,  si  llegase  á  es- 
tablecer cátedras  de  Latinidad  y  Matemáticas,  pagadas  de  fondos  del  Estado, pro- 
vinciales ó  municipales,  quiero  que  la  Junta  local  de  Instrucción  ponga  otras  cá- 
tedras en  vez  de  aquéllas...  > 

A  las  que  primero  y  principalmente  fundaba  señaló  el  sueldo 
de  2.000  pesetas,  y  designaba  para  la  de  Matemáticas  ó  cualquie- 
ra de  las  otras  dos,  á  su  elección,  á  D.  Silverio  Méndez  Rodrí- 
guez, natural  de  Villaquinta,  Orense.  El  capital  invertido  en  valo- 


-  3*4  - 

res  del  litado,  después  de  cumplir  varios  legados  (entre  oíros 
uuo  para  dar  instrucción  y  útiles  con  que  ejercer  un  oficio,  a  su 
elección,  a  todos  los  liijos  de  un  pariente  muy  lejano  de  su  c^ 
posa,  úoicos  que  pudieran  llamarse  deudos)  ascendió  á  trescien 
tas  mi!  pesetas  nominales  (í). 

Este  fué  el  comienzo  para  la  futura  creación  del    Instituto, 
que  se  debió,  no  mucho  después,  á  los  desvelos  y  sacrificios  & 
otro  buen  hijo  do  Ponferrada,  el  limo.  Sr,  D,  Isidro  Rueda  y  LA 
pez,  ex-alcaide  y  ex  diputado  provincial,  hombre  de  legitima  y 
recta  influencia,  qyc  supo  dar  acertada  dirección  y  cumplimí* 
á  la  voluntad  última  del  Sr«  Gonzálezy  á  la  Junta  encardada  - 
su  ejecución  para  dotar  al  Vienao  de  mas  amplío  centro  de  cu! 
tura  secundaria.  Pensó  en  encargar  la  enseñanza  á  una  comí* 
nidad  religiosa;  consultó  con  D,  Nicolás  María  Rívero  que,  en 
último  término,  opinó  por  los  PP.  Escolapios  y  con  ellos  gestío 
nú  sin  resultado;  y,  finalmente,  ayudado  por  el  entusiasta  cate- 
drático de  Madrid  D.  Manuel  María  Joséde  Caldo,  llego  á  organi- 
zar un  Instituto  libre.  En  esta  forma  se  inauguró  en  18  de  Octu- 
bre de  1870  con  escogido  magisterio. 

Las  reformas  de  187i  hacían  difícil  su  continuación;  pero  el 
temple  del  Sr.  Rueda  no  se  arredró  ante  obstáculos  oficiales  y 
logró  que  el  establecimiento  se  convirtiese  en  «Instituto  local  de 
Segunda  Enseñanza»  con  pleno  carácter  oficial.  Es  digno  de  men- 
ción que  entre  otras  dificultades,  salidas  al  paso  del  entusiasta 
Director,  estaba  el  derecho  del  expresado  D.  Silverio  Méndea 
nombrado  profesor  por  el  Sr,  González;  y  el  Ministerio  de  Fo- 
mento no  podía  aceplar  tal  medio  para  provisión  de  cátedras, 
Entonces,  el  Sr.  Méndez  se  apresuró  á  renunciar  solemnemen* 
te  á  su  derecho  incontestable  de  cátedra  y  sueldo  á  ella  anejo, 
fiara  qué,  por  su  parte,  no  hubiese  obstáculo  alguno  á  la  reor- 
ganización oficial  del  Instituto.  Rasgo  fué  de  desprendimien- 
to digno  de  loa,  porque  el  generoso  y  docto  profesor  distaba 
mucho  de  tener  desahogada  posición;  era  heredero,  según  el  tos* 
tamento,  de  parte  del  capital  fundacional  en  el  caso  de  incauta- 
ción por  el  Estado,  y  de  Lodo  se  apartó  entonces  y  después  de* 


(i)  Ya  en  época  antigua,  otro  D.  Diego  González,  regidor  perpetuo  de  Ponferrada  fundó 
otra  institución  docente  donando  bienes,  que  ventaban  300  di!cndn«r  ó  ln<?  PP,  Agustinos  con  la 
obligación  «de  tener  con  sus  profesores  cátedras  da  Gramática  y  Aritmética*.  HA  Aymii.imkn^ 
percibia  en  1837,  á  raíz  de  la  desamortización,  3.300  reales  .1  rumie.. 


-325- 
dicándose  á  modesto  cargo  oficial  y  á  la  penosa  enseñanza  priva- 
da en  Madrid  para  no  ser  nunca  impedimento  á  la  marcha  del 
Instituto  y  á  la  «institución»  que  le  siguió.  Hermoso  contraste 
ofrece  el  desinterés  del  Sr.  Méndez  con  el  proceder  de  otros  en 
casos  análogos. 

Ya   como  libre  y  principalmente  como  «local»,  el  Instituto 
de  Ponferradase  desenvolvió  floreciente,  porque  todos  conjura- 
ron allí  ú  su  sostenimiento.  La  Corporación  municipal  hizo  obras 
en  el    edificio,  ex-convento  de  PP.  agustinos,  y  subvencionó  las 
enseñanzas  en  sus  presupuestos;  el  vecindario  ayudó  con  sus- 
cripciones y  repetidos  anticipos,  no  pocos  condonados;  la  So- 
ciedad del  Teatro  hizo  una  donación  importante  y  otra  igual  se 
recibió  del  Ministerio  una  vez;  fué  muy  breve  la  subvención  de 
la   Diputación  provincial  y  de  algunos  municipios  vecinos;  y 
siguieron  siempre  los  esfuerzos  morales  y  económicos  del  en- 
tusiasta Sr.  Rueda  y  convecinos.   Mientras  tanto   el   Estado, 
agoviado  por  desgracias  y  guerras,  no  pagaba  los  intereses  del 
principal  ingreso  ó  renta  de  la  fundación,  é  imponía  al  capi- 
tal mermas  considerables  con  impuestos  y  los  llamados  arre- 
gios... El  entusiasmo  de  la  villa  luchó  contra  las  varias  y  cre- 
cientes crisis  económicas,  secundando  con  el  mayor  desinterés 
el  trabajo  indecible  del  repetido  Sr.  Rueda,  á  quien,  cerno  á  los 
demás  Directores,  ayudaron  los  Excmos.  Sres.  D.  León  Salmean, 
Rector  del  distrito,  D.  Antonio  Valdés,  magistrado  del  Tribunal 
Supremo  de  Justicia,   D.  Anastasio  Alvarez,  D.   Pedro  N.  Au- 
nóles, D.  Manuel  Colmeiro  y    el  Marqués  de  Retortillo  como 
D.  Fausto  E.  Agosti  y  otros. 

Falto  de  los  recursos  necesarios,  que  se  le  cercenaron,  el 
Instituto  de  Ponferrada  no  pudo  subsistir  con  la  plantilla  y  or- 
ganizaciones oficiales,  cesando  con  este  carácter  y  fué  converti- 
do en  Colegio,  ya  antes  iniciado,  que  aprovecha  las  rentas  de- 
crecidas de  las  donadas  por  el  Sr.  González  y  los  medios  pedagó- 
gicos que  se  habían  juntado.  Los  elementos  precisos  para  las 
cátedras  de  Letras  y  los  aparatos,  máquinas  é  instrumentos  ne- 
cesarios para  las  de  la  sección  de  Ciencias  se  adquirieron  unos 
con  rentas  de  la  fundación  y  fondos  del  Ayuntamiento,  y  no  po- 
cos por  donativos  de  personas  ilustradas,  teniendo  ya  el  Institu- 
to escojido  material  científico;  pero  lo  que  debe  llamar  la  aten- 


ción  es  la  formación  de  la  Biblioteca  que,  merced  á  la  iniduti 
va  y  generosidad  particular,  se  elevó  á  mas  *í+0GO  volumen*1? 
resultado  de  donaciones  diferentes,  como  las  del  mencionan. 
Sr.  Méndez  Rodríguez,  el  farmacéutico  D.  Mateo  Garza  y  mí 
cjue  fuera  prolijo  apuntar. 

Las  Memorias  anuales  (1)  son  en  ésle  y  otros  extremos  ik 
«ron  enseñanza  en  honor  de  aquella  iniciativa  privada,  tan  ador- 
mida en  España,  y  también  de  triste  consideración  al  ver  \><  i 
didos  tanto  desprendimiento  y   esfuerzo  tanto,  sin  alajo   ni  ;• 
medio  por  el  Estado.  Aquellos  rasgos  de  patriotismo  resulta  roa 
ineficaces  yT  como  todos  los  lujo*  de  la  localidad,  se  dolía  ei 
ne  mérito  Sr.   Rueda,  fallecido  ya  octogenario  en  días  cerca; 
á  los  en  que  pe  escriben  estas  noticias.  Había  dedicado  much*? 
y  muchos  arios  á  continuar  la  obra  del  Sr.  González  y  á  la  or 
gamzaeión  y  sostenimiento  de  su   «único  hijo»,  como  llamaba 
ai  Instituto,  al  que  también  pensó  en  nombrar  su  heredero,  sí  d 
Estado  no  le  hubiese  suprimido,  pasando  así  toda  su  fortuna,  no 
escasa,  al  Hospital  de  Pon  ferrada....  ¡Dichosos  los  pueblos  que 
tienen  tales  hijos!  (2). 

En  11  de  Octubre  de  1872  el  Exemo.  Sr.  Rector  Jefe  del  Dis- 
trito Universitario  autorizó  el  establecimiento  del  Instituto  libre 
de  León,  que  bajo  la  dirección  de  D.  Antonio  Moheda,  se  inaugu- 
ró en  3  de  Noviembre  con  Estudios  de  Segunda  Enseñanza  y  los 
de  Aplicación  á  la  industria  y  al  Comercio.  En  Ifi  de  Agosto 
varios  vecinos  lo  habían  solicitado  del  Ilustre  Municipio  y  ésta 
aprobó  la  creación  con  arreglo  al  Decreto  de  15  de  Enero  de 
1809,  Dos  meses  después  se  formó  el  presupuesto  de  Ingresos  y 


íi)  Véase  el  'Discurso  de  inauguración»  en  187a  y  la  •  Memoria*  del  curso  de  1070-71  por 
el  Director  L>.  Isidro  Rueda, 

Lat  de  los  curso*  de  1871  jaj^^s^;— y  1373-74  por  el  Secretario  D.  Silverto  McncLi 
Rodríguez, 

l,as  de  los  de  i$jfjyf?zi&j5-jGi--t9i?&7?;—  1877  78;—  y  1878-79  por  el  Secretario  D.  Lean- 
dro M, ■*   -SílVBH. 

Las  de  i  05  de  iBj9'Ho;z  y  iSüo-Üi  por  el  Secretario  l>.  Benito  Sane  he  í  Martina. 

1.a  de  18&1-&2  por  el  Secretarte  D-  Ignacio  Amalo 

1.a  de  iSS*-S3íí*y  1BB3IÜ4  por  el  Secretario  i>,  Futrim  Süarex. 

La  de  iñÉt  5i=j  por  el  Directur  D.  Leandro  M>  &ilvjtn. 

La  de  iftfl5-H6  por  el  O  i  rector  D.  Ignacio  Aré  val  o. 

V  la  de  i£Érj-fl7  por  el  Speretfliio  Dt  Andrés  i.ioriíiler 

A  continuación  de  3a  de  1871  71  *l  publica  un  decurso  acerca  del  poeta -dramático  »AUr 
cón>  por  el  catedrático  D,  Enrique  Gil  ríe  Roble*,  y  al  final  de  la  de  ieHs-Sj  otro  del  prafc*"-" 
D.  Mariano  Amador,  cuyo  tema  fué:  •Detarrollfl  de  la  IHitrttcdófl  publica*. 

(a)  Me  facilita  rao  datos  y  noticia*  diferente*  del  Instituto  de  Ptmferrada  los  Sre=.  D.  Va 
letttin  Acevedu  Calleja ,  antiguo  catedrático  de  aquel  Entable  cimiento,  despurt  de  I^eon  y  a  hura 
de  Oviedo,  y  1 1.  Enrique  Hernández,  ilustrado  farmacéutico  de  agüella  villa,  d  >]uieit«  cito) 
muy  agradecido, 


f 


—  327  — 
gastos,   resultando  un  déficit  de  200  pesetas;  y  se  hizo  constar 
que   los  profesores,  movidos  por  su  amor  á  la  instrucción  públi- 
ca, obtendrían  solamente  una  pequeña  gratificación  de  produc- 
tos líquidos  de  los  derechos  académicos,  aunque  el  principal  ob- 
jetivo  fué  dar  gratis  la  enseñanza  á  las  familias  pobres  para  lo 
que  el  Ayuntamiento  creó  doce  plazas  de  gracia.  Además  la  fun- 
dación se  extendió  á  las  asignaturas  de  Aplicación  para  que,  sin 
salir  de  la  localidad,  pudieran  los  jóvenes  alcanzar  los  títulos  de 
Perito   agrónomo,  mecánico,  químico  y  mercantil  (1).  De  esta 
suerte,   una  ciudad  de  escasa  población  como  León,  tuvo  dos 
Institutos  de  Segunda  Enseñanza;  este  libre  y  ampliado  funcionó 
solamente  hasta  1874. 

Antes  se  había  establecido  el  asturicense,  un  tanto  más  am- 
plio en  propósitos;  pero  también  tuvo  breve  vida. 

Para  cursar  los  estudios  de  Segunda  Enseñanza,  del  Notaria- 
do y  los  necesarios  para  el  título  de  Perito  mecánico,  acordó  el 
Municipio  de  Astorga  crear  un  establecimiento  público,  previa  la 
autorización  que,  en  6  de  Octubre  de  1869,  solicitó  del  Rectora- 
do de  Oviedo.  Atendiendo  á  su  existencia  y  conservación,  formó 
el  presupuesto  correspondiente  y  se  señalaron  7.000  pesetas 
para  sueldos,  2.400  para  empleados  y  dependientes  y  1.600  para 
material,  calculando  el  ingreso  de  matrículas  de  6.003  á  7.000  y 
ofreciendo  el  resto  de  fondos  municipales.  Nombrando  Director 
el  Sr.  D.  Pelayo  González,  Dean  de  la  Santa  Iglesia  Catedral  y 
después  Obispo  de  Cuenca,  se  inauguró  el  Instituto  libre  de 
Astorga  en  el  curso  de  1869  á  1870;  pero  en  este  mismo  año 
cesaron  las  carreras  de  Notarios  y  de  Mecánicos,  quedando  los 
estudios  secundarios  á  cargo  del  Vice-Director  Sr.  Castellanos. 
Hasta  que  el  Ayuntamiento  se  procuró  en  los  años  sucesivos  los 
medios  materiales  que  requieren  las  asignaturas  de  Geografía, 
Física,  Química,  Historia  Natural  etc.,  para  su  mejor  explica- 
ción, el  señor  Obispo  D.  Fernando  Arguelles  Miranda  facilitó  los 
aparatos  necesarios  del  Seminario  Conciliar,  que  por  aquella 
época  tenia  escasa  matrícula  para  la  enseñanza  eclesiástica.  El 
ingeniero  D.  Carlos  A.  Castro  donó  generosamente  una  colección 


{i\     Véanse: 

—Discurso  de  la   inauguración  del  Instituto  municipal  de  León  por  el  Director  D.  Antonio 
M aliada  y  Melcón.— (León  1873). 

—Memoria  del  Curso  de  2873*74  por  el  Secretario  D.  Tomás  Mallo  López. 

22 


—  3^8  — 

de  200  minerales,  la  Corporación  municipal  y  Claustro   adqij 
rieron  otros  objetos,  se  comenzó  á  formar  una  Biblioteca  y  * 
establecimiento  funcionó  hasta  29  de  Septiembre  de    1874  por 
consecuencia  del  D.  de  29  de  Junio  del  mismo  año  (1)  pasando 
el  archivo  al  Instituto  oficial  de  León  cual  se  hizo  también  con  v\ 
del  libre  legionense, 

El  Instituto  de  Manes,  establecido  en  el  convento  do 
Encarnación  de  aquella  villa,  apenas  vivió  por  aquella  época 
como  «libre»  y  poco  después  se  transformó  en  Colegio. 

Y  aquí  es  el  lugar  propio  para  tratar  brevemente  de  la  ense- 
ñanza colegial,  con  internado,  privada,  que  reapareció  con  ín 
tención  en  la  última  mitad  del  siglo  pasado. 

El  Colegio  es  anliguo  entre  nosotros,  aplicado  principalraeiiU 
á  estudios  de  los  llamados  de  Artes  y,  aún  de  los  de  Facultada  - 
mayores,  estando  adscritos  á  las  Universidades,  como  los  de  San 
Ildefonso  en  Alcalá,  Sania  Cruz  en  Vailadolid,  oíros  muchos  en 
diferentes  ciudades,  en  Salamanca  también  varios,  entre  ellos  el 
viejo  de  San  Bartolomé  y,  para  no  citar  todos  los  de  la  Atenas 
española,  baste  nombrar  los  asturianos  por  fundación  y  prerro- 
gativas denominados  de  «Pan  y  Carbón »,  «Todos  los  Santos »\ 
«tSanSalvadorde  Oviedo*  y  «San  Pelayo*.  Aquí  en  nuestra  ciu- 
dad tuvimos  los  ya  dichos  de  *San  Gregorio»,  <San  Pedro w  y 
«San  José»  aquel  desaparecido  y  estos  dos  úl limos  agregados 
ahora  al  Seminario  Conciliar  ó  Iglesia  Catedral  (2), 

Los  Colegios  tuvieron  época  de  apogeo  y  de  pronta  decít; 
deneia  en  estudios,  concesión  de  becas  y  reglamentaciones  inter- 
nas, haciendo  de  ellos  triste  pintura,  a  íinesdel  siglo  xviu,  el  ilus- 
trado Pérez  Bayer.  Por  R  C.  de  1768  se  intentó  su  reforma,  ge- 
neralmente sin  los  frutos  que  se  esperaron,  creando  casas  de 
pensión  en  los  edificios  de  la  suprimida  Compañía  de  Jesús  con 
su  Director  y  profesores  escolares  de  primeras  letras  y  asigna- 
turas de  Humanidades  y  Ciencias;  otro  tanto  aconteció  con  las 
RR,  CC,  de  1771  para  reformar  losanliguos  Colegios  universita- 
rios, hasta  que,  dando  elevación  mas  práctica  ú.  las  enseñanzas, 


íif     V¿a$c  I  ai  yUm&rias  del  fnatétuto  de  Astenia: 

— L«t  de  i B 70  71  por  ti  Direcior  Líe.  D,  Pelayo  Gonzíh-/, 

— La*  de  j  871-7?^  y  1B73-7J  por  t|  Vice- Director  Dr  Eugenio  Castellanos. 

t«;    Vcaiue  paginas  o,  ;,  9,  a3j  35  y  57, 


É 


—  3^9  - 
lograron  vigor  otras  fundaciones  como  las  del  Real  Seminario 
de  Vergara  y  más  (1). 

Muertos  los  viejos  Colegios,  quedaron  algunos  de  estos  últi- 
mos y  varios  tornaron  para  la  Segunda  Enseñanza  á  cargo  de 
los  PP.  Jesuítas  cuando  su  restauración  en  1815.  Después,  el 
plan  de  1824  apenas  los  nombra  porque  se  preparaba  el  men- 
cionado   Reglamento  especial  de  los  de  Humanidades,  que  se 
desarrollaron  mal  y  sirvieron  al  establecimiento  de  varios  por 
empresas  particulares,  cuya  desaparición  no  fué  muy  sentida  en 
general.  La  reforma  del  Duque  de  Rivas  en   1836  reglamenta  la 
creación  de  establecimientos  privados  de  Instrucción  secunda* 
ría,  permitida  á  todo  español  con  ciertos  requisitos;  los  ensanchó 
el  plan  de  1845  del  Marqués  de  Pidal  con  los  Colegips  Reales  de 
alumnos  internos,  sostenidos  por  el  Estado,  como  el  que  se  pro- 
vecto  establecer  en  San  Gregorio  de  los  Pardos  en  Oviedo  (2), 
además  de  los  privados,  dirigidos  y  sostenidos,  bajo  bases  deter- 
minadas por  particulares  «con  el  título  de  Colegios,  Liceos  ó 
cualquiera  otro,  aunque  ninguno  podía  usar  el  de  Instituto».  La 
ley  del  ministro  Sr.  Moyano  en  1857  dispuso  que  en  el  mismo  eáU 
ficio  de  los  Institutos  oficiales  ó  á  sus  inmediaciones  se  estable- 
cieran Colegios  donde,  por  una  módica  retribución,  se  recibie- 
ran alumnos  internos  en  establecimientos  á  cargo  del  Estado, 
Provincia  ó  Municipio  con  renta  de  viejas  fundaciones  análogas 
y  alguna  beca  de  gracia;  y  hasta  se  pensó  en  iguales  para  la  En- 
señanza superior,  aparte  de  las  reglas  para  aquellos  privados 
costeados  por  particulares,  sociedades  y  corporaciones  bajo  cier- 
tos preceptos.  Más  detalles  se  dieron  en  Reglamento  de  1858;  en 
otro  de  1861  se  quiso  organizar  mejor  tales  Colegios  de  Segun- 
da Enseñanza  exponiendo  la  necesidad  de  estas  instituciones;  y, 
por  último,  la  reforma  del  Marqués  de  Orovio  en  1866  con  su 
reglamento  de  1867  sabido  es<jue  tuvo  carácter  propio  de  aque- 
llas circunstancias  políticas  que  determinaron  la  revolución  de 
1868.  Entonces  su  organización  se  moldeó,  suprimiendo  trabas 
antiguas,  en  principios  de  libertad  de  Enseñanza,  expresada  en- 
seguida en  los  preceptos  constitucionales  de  1869  y  1876. 
Desde  las  primeras  disposiciones  citadas,  creáronse  en  Astu- 


to   Véanse  págs.  289  y  302. 
(a)    Id.  página  297. 


—  3J°- 
rias  y  León  varios  centros  privados,  incorporados  &  sus  luül 
tos  provinciales,  y  basta  tos  Seminarios  Conciliai 
ron  desde  antiguo  para  estos  efectos* 

Merecen  mencionarse  los  Colegios  de  Ooiedo:  el 
Salvador»  dirigido  en  1848  por  D.  Leonardo  Garda  Infan/* 
I)  .losó  Posada  Huerta;  la  Casa  pensión  «de  San  Juan»  en  l 
por  D.  Felipe  y  D.  Claudio  Polo  y  D,  Tomás  Rivera;  la  acre* 
da  i  Escuela  poHm&ticao  ó  colegio  hispano  americano  ast&b 
dos  en  1866  por  D.  Diego  Terrero  (1)  que  en  lí  Dlimí 

D.  Rafael  Díaz  Agüeiia;  el  «de  Covudonga»  en  1871  por  li  < 
los  y  D.  Esteban  Viguri;  el  tiHisp&no-CUhano»  en  1 87 1  ¡ 
José  Campillo;  la  «Academia  cientilieo-lileraria*  en  I  3 
D,  Lllpiaiio  Gómez,  D.  Castor  Alvarez  y  el  aulor  de  esl 
sucesivamente  varios  á  cargo  de  D.   Angél  Rodríguez 
D,  Candido  Alonso,  D.  Julián  Bascarán,   1),  Manuel  Vazqiií 
otros  que  siento  no  recordar  (2). 

No  es  fácil  también  lisia  completa  de  tos  estable 
Asturias;  pero  en  estos  últimos  años  figuraban  los  Cok 
Al  laude.  18&54  <de  San  Andrés*  dirigido  por  D.  José  Otero 
en  Aviles,     La  Merced*,    1*71,  por  D,  Castor  Alvarez 
nuado  con  crédito  por  D,  Domingo    Alvarez;  en    ( 
Qnis,   1878,   <>de  Coyadoügao  sucesivamente  por  D,    Arito 
Sanche?  Otero,  D,  Leandro  García  Ceñal  y   Iv  José  Go 
Sánchez;—  en   Cangas  de  Tinco,  18i>2,  por  los  l*P>  Domini 
en  Corias;  y  en  la  villa,  IS7X,  porD.  Dan  [rigtiez  Aran 

D,  Francisco  Trapiello,  D.  José  María  Ürdax,  D.  Luis,  D,  Ral 
y  D,  Alberto  Martínez;— en   Colanga  se  p. 
con  la  base  de  la  antigua  cátedra  de  latinidad  fundada  en  17 
porD,  Francisco  Lué  González;  -en   Cudtttero3  I89í 
Dionisio»   por  iniciativa  del  generoso  D.  Hernardo  Roví 
facilitó  local  y  subvención  anual  para  la  Junta  de  Insli 
popular  con  estudios  de  Segunda  Enseñanza,  Comercio,  pre] 
ración  para  Artes  y  Oficios  y  Escuela  primaria  dirigidos  por  d 


U)     D.  Diego  Terrero  y  Pírea   anti 
giudo  catL'drtiíc  i  y  amor  de  notabtn  obra»  lie   Materna  tkai,  inicio  cu  Qi 
tadón  e-cpéd.d  d*  *lwmi 

Kwi  dt»pu&  muy  :■■  í.;li¡-ul  i  I  .  Al  idcmia    i 
i'*  Alai  Urcíü,  "    Fsrttatidq  A   S  H  imiy  w  y  l»    kk  .. 
ArgüeMcir  I  j    l     .   ".i  -    \,..  -,  <ttc. 

I3í     I  lümcotoi  y  Memona*  y  proveeos,  de    muclioi   de 

CU  diferentes  ;mü»íii  <  hiedo. 


—  33"  - 
Ángel   Riesgo;  — en  Gtjón  es  muy  importante  y  se  halla  insta- 
lado en  magnífico  edificio,  1894,  el  «de  la  Concepción»  de  PP. 
Jesuítas,  que  han  dirigido  sucesivamente  los  PP.  Landa,  Vinuc- 
sa  y  Recalde;— en  Grado,  1877,  porD.  Matías  García  Solano,  y 
el  «de  San  José»,  1892,  por  D.  Sotero  Blanco,  D.  Emilio  G.  Es- 
trada y    D.  Román  Rodríguez;— en  Langreo,  1892,  «de  San 
Luis  Gonzaga»  -por  D.  Juan  M.  Alvarez  y  D.  Aurelio  Delbrouck;  — 
en  Pola  de  Laolana,  1891,  el  «de  Santa  María  del  Otero»  por 
D.  Sotero  Blanco;-  en  Mieres,  1892,  porD.  Antonio Aguirre;— 
en  Muros,  1889,  «de  la  Asunción»  por  D.  Marcelino  G.  Gonzá- 
lez, D.  Luis  Ruiz  Carneado,  D.  Ricardo  G.  Rubiera  y  D.  Alberto 
Diaz;  —  en  Infesto,  1896,  «de  Santo  Tomás»  por  D.  Sergio  Diez 
y  D.  Hugo  Miranda,  y  la  enseñanza  de  los  dos  primeros  cursos 
en  la  Obra-pia  del  Alférez  Blanco,  mejorada  por  los  actuales  pa- 
tronos Marqueses  de  Vistalegre  (1)  á  cargo  de  los  capellanes  de 
la  Colegiata  D.  Waldo  Rodríguez  Pineda  y  D.  Prudencio  Diaz 
González;  — en  Pracia,  1880,  «de  los  Cabos»  por  D.  Camilo 
Suarez,  «del  Carmen»  por  D.  Cándido  Suarez  y  el  «de  San 
Luis»  por  D.  Eulogio  Suarez;— en  Rivadesella,  de  «El  Ángel», 
1877,  por  D.  Eduardo  Cámprubi,  D.  Valentín  González  Llerandi 
y  D.  Bautista  Caravera,  y  el  de  1895  por  D.  Ramón  G.  Carcedo; — 
en  Pola  de  Siero,  1880,  de  «El  Carmen»  porD.  Germán  R,  A  ve- 
llo;—en  Tinco,  en  1888,  por  Q.  Liborio  Rico,  y  en  1896  «de  San 
Francisco»)  por  D.  Andrés  G.  Blanco;  -en  Luarca,  «La  Con- 
cepción»  y  «Santa  Eulalia»  y  otros  desde  1879  por  D.  Luciano 
Bances,  D.  José  Ahuja,  D.  Conrado  Paslur,  D.  Ceferino  Rodrí- 
guez, D.  Germán  R.  Avello,  D.  Leonardo  Infanzón,  D.  Manuel 
Albornoz,  ele; — en  IJanés,  el  «de  la  Encarnación*,  continua- 
ción del  breve  Instituto  libre  en  buen  edificio,  inaugurado  en 
1873  por  el  Director  D.  Miguel  Montilla  á  quien  siguieron  don 
Manuel  Pardo,  D.  Juan  Risc'o,  D.  Antonio  Vázquez  y  D.  Emilio 
Sagarminaga  estando  en  la  actualidad  á  cargo  de  los  PP.  Agus- 
tinos, asi  como  en  los  primeros  trabajos  para  su  creación  en 
1862  se  pensó  encomendarle  á  los  PP.  Escolapios  reunidos  que 
fueron  los  fondos  suficientes,  procurados  por  una  subvención 
del  cincuenta  por  ciento  de  la  Diputación  provincial  y  una  sus- 


(x)    Véase  pág.  295. 


—  332  — 

cripción  en  la  villa,  en  toda  España  y  América  {que  ri 
689.840  reales)  y  un  legado  de  100.000  pesetas  del  gene 
llanisco  D.  Nemesio  Sobrino  (1);  — en  Villariciosa  el  <c: 
Concepción»  en  ei  Seminario  menor  de  Valdedios  estable 
1863  por  el  entonces  Obispo  de  Oviedo  y  después  Cárdena 
zobispo  de  Toledo  D.  Juan  Ignacio  Moreno,  dirigido  sucesivaí 
te  porD,  Victorio  Cuervo,  D.  Cipriano  Robledo,  Q,  Luis  Alvs 
D.  Raimundo  Vitorero,  D,  Eugenio  Junqu era 1  D.  Baldomeri 
clan,  D.  Herminio  Hería,  D.  Salustiano  Villazón,  D.  Claudi 
Vega,  D.  Luciano  Garcia  y  D.  Vicente  S>  Coronas;  y  en  la  \ 
el  tan  reputado  «de  San  Francisco  a  organizado  en  1875  p< 
malogrado  escritor  y  pedagogo  asturiano  D.  Joaquín  (Jarcia 
veda,  que  formó  un  establecimiento  modelo  y  muy  record 
seguido  después  á  cargo  de  D.  Rafael  Cangas  Valdés,  D  1 
Ramírez  y  D,  Ceferino  González  (2),  creándose  posteriora* 
otro  «de  San  José»  por  D.  Manuel  G.  Fernández,  D.  Manuel 
nández  Diez  y  D.  Juan  Risco.— De  estos  Colegios  asturianos, 
mas  no  tenían  alumnos  internos,  y  actualmente  gozan  algu 
subvención  municipal,  como  el  de  Aoitésde  1.5UÜ  pesetas 
Cangas  de  Tinco,  1.000;  de  Aliares,  6.500  y  2,000  fiara  lo 
de  Pilona,  2,000;  de  Tinco,  2.000;  de  Laurea,  2.500;  y 
Preceptorias  de  Latinidad,  de  Peonza,  125  pesetas  para  al 
ler  de  casa;  de  Pola  de  $icrof  1*000  con  cargo  al  profesor 
pellán  de  misa  de  medio  día;  y  de  Vega  de  Ri  vadeo  j  500 
setas. 

En  la  provincia  de  León  se  han  establecido  los  síguiei 
Colegios  de  Segunda  Enseñanza:— en  Astorga,  1885,  diri^ 
por  D.  José  Carceda  y  D.  Luis  Luengo;— en  La  Baiteza,  1$ 
por  D.  Toribio  Moro; -en  Ponfrrrada,  18S7,  por  Ü.  Eliseo  í 
nández  García,  sobre  la  base  del  suprimido  instituto  de  los  se 
res  González  y  Rueda;— en  Valencia  de  D,  Juan,   18H5,  e 


(i>     Véase  Memoria  dejan  gestiones  para  =1  Colegio  de  Llanca.  Ulviedii.  i86j). 

— Reglamento  del  Colegio  de  <  l  Encarnación  de  Llanes*  par  D,  Mtguel  Mantilla.  í1 
dolid,  1874^, 

—Velada  liicrario-mmicat  celebrada  en  26  de  Agosto  de  1800  en  boíir>r  de  1?  Kau¿t¡u 
briuo  Vt*z.  >  Llants,  1  H-j.-.i. 

(aj  Vcajje  el  libro  donde  coleccione  Ariicntos,  DÍMtltWQ9\  Vtítftt  y  fcewrtéo*  drjn. 
Oarria  Ca*xda.  (Oviedo,  1866)  precedidos  de  la  íiiLpráucion  y  biografía,  que  escribí  culi 
del  fraternal  y  doctísimo  amigo.  Su  obra  docente  cu  VirUvicins-i  será  memorable. 

— A*i  Segunda  HttMHatitu,  discurso  de  apetiuj.i  del  Colegiu  de  Vtllavk¡o£u  por  J-  G 
Caveda*  (Oviedo,  1S76J  con  apéndice»  y  datos  estadísticos. 

— El  Deber  y  ti  Trabajo  t  idem,  por  el  miamo  en  1878* 


—  333  — 

cargo  de  los  PP.  Agustinos;— en  Va  hieras,  centro  de  la  Tierra 
de  Campos,  1876,  por  D.  Félix  González;— y  en  Villaf ranea 
fiel  Vi  orzo,  1882,  por  D.  Santiago  Heydk  de  las  Heras  y  don 
Willevaldo  Robledo.  También  los  municipios  leoneses  otorgaron 
subvenciones  para  ayudar  la  vida  de  estos  establecimientos:  al 
do  Astorga,  2.000  pesetas;  al  de  la  Bailesa,  1.600;  al  de  Va- 
lencta,  2.000;  y  al  de  Valdcras,  1.500 

En  general,  bien  puede  decirse  que  lá  organización  y  medios 
de  los  Colegios  dejan  bastante  que  desear;  pero  llenan  importan- 
te cometido  y  ayudan  relativamente  á  la  cultura,  aunque  en  las 
condiciones  poco  halagüeñas  y  progresivas  cual  aquella  se  fo: 
menta  y  desarrolla  en  España.  Resulta  así  deíiciente  la  instruc- 
ción  siendo  la  enseñanza  de  estos  centros,  con  y  sin  internado, 
un  problema  tan  difícil  de  resolver  como  es  urgente  la  solución 
referente  á  su  organización  interna  y  externa,  su  alcance,  y  la  de- 
bida intervención  del  Estado  al  desenvolver  la  libertad  de  Ense- 
ñanza. Los  Colegios  de  Asturias  han  estado  incorporados  al  Ins- 
tituto provincial  de  Oviedo,  único  con  tal  carácter  desde  1845 
hasta  que  recientemente  tuvo  igual  declaración  el  de  Jovellanos 
de  Gijón,  dándose  entonces  el  R.  D.  de  30  de  Mayo  de  1901  con 
demarcación  territorial  para  cada  uno,  confirmado  por  otro  de  29 
de  Noviembre  adjudicando  á  la  Escuela  Gijonesa  los  centros  en- 
clavados en  los  partidos  judiciales  más  importantes,  por  lo  que 
reclamó  la  Ovetense  perjudicada  en  su  antigua  significación  é 
intereses,  dándose  demarcación  nueva  por  R.  D.  de  1.°  de  Enero 
de  1902  que  no  satisfizo  á  la  primera.  Hubo  sobre  esto  dificulta- 
des varias  en  traslados  de  matrículas,  que  el  Rectorado  dirimió; 
y  estas  desagradables  diferencias  han  desaparecido  ahora  que  se 
ha  declarado  libre  la  incorporación  colegial  á  los  Institutos. 

Dicho  queda  que  el  Provincial  de  Santander,  perteneció 
desde  1845  á  1850  al  Distrito  Universitario  de  Oviedo  (1)  y  por 
este  breve  período  debe  ser  comprendido  en  la  presente  Reseña 
histórica.  Su  creación  con  el  nombre  de  Instituto  Cantábrico  data 
de  1839  y,  como  el  de  San  Sebastián  de  la  misma  época,  fué  re- 
medo del  famoso  Asturiano  de  Gijón,  contribuyendo  á  su  esta- 
blecimiento el  Ayuntamiento  con  7.500  pesetas,  la  Junta  de  Co- 


tí)   Véase  pág.  228. 


-  334  — 

mercio  con  6,000,  la  Diputación  provincial  co 
del  edificio  en  el  solar  del  convenio  de  Santa  Clara  y  una  ■ 
dad  igual  al  déficit,  aplicándose  edemas  al  \o  las 

las  del  antiguo  Seminario  cántabro,  cesado  en  1808, 
dones,  memorias  y  obras  pías  de  la  pn  de  ei 

tas  las  cátedras  de  latinidad  de  los  Jesuítas  y  gastus  de  In¿ 
< /iún  primaria)  y  los  derechos  académicos.  Ten  •  rita  I 

cuela  de  Dibujo  y  otra  de  Náutica.  El  Instituto  de  Santaoti 
transformó  después,  como  los  demás  de  la  Nacida,  con  Jas 
sivas  reformas  del  ramo,  que  no  fueron  pocas. 

En  los  muchos  años  en  que  fueron  pre< 
Universidades,  libros  de  texto  en  loa  Instituios,  ya  intci 
señalados  primeramente  por  el  Gobierno  y  cu  fcpoca  posl 
por  los  respectivos  Claustros  o  los  Catedrático 
gumía  Enseñanza,  corrientes  en   el  Distrito    de  Oviedo,  fu 
los  siguientes  en  las  asignaturas  que  se  indican: 

Ora '/i>rtiut  Castellana.  —  Real  Academia  Espa Ajo  1 » . 

Lengua  Latina.-  Raimundo  Migad,  Gómci  • 
Ganadles  CaUada,  Canillo,  Guapo,  Stttfki,  Conmberan,  Jímenei,  Loun»  La 
Franco,  Ruiz  de   la  Pelia,  Sardan,  Colecciones  de  C  íkíi]  y  de  U 

Escolapios;  diccionarios  de  Valhuena,  Marqués  de  Morante  y  Miguel. 

Lengua  Gtitg a.— Ortega,  Crai,  G,  Andrés, 

Lengua  Francesa. — tierges  de  las  '  riellas,  tienot,   La  ver 

la,  Gaspar,  Ferrer,  Modino,  Siler,  Sales,  Ramón,  Cu 
dizabal,  Ayuso. 

1— Palacio,  Berdejo,  Qutroga,  Moreno  l 
Morelo,  Mingóte,  Sinobas. 

Historia  de  /: <fmhi ,  —  Ranera ,  López  Amarante,  Cid,  Rivera 
PicatQstc,  Moreno  Espinosn,  Catado,  Gongora,  Arteco,  liehrnn. 

ffohvia  ( "rtiz't'ntiL  —  PaJ  ai  i  o ,   Rivera,  C  sstn  i  airante)  A 

bió,  Sales,  Moreno  Espinosa.  Sánchez  Casado,  Mingóte. 

Literatura.— Jovellanos  (continuado  por  Lespardat  y  Villarmtl  y  en  e<1 
posterior  por  Jainn\  Gil  y  Zarate,  Coll  y  Velii,  Rios,  Polo,  Casado,  Cam 
Casas,  Garza,  Terradí líos,  Arpa. 

Psieo/agia,  Lógica  y  Etica*—  Monlau,  Rey  y  Heredia.  J- 
Ortl   y   Lara,   Masferrer,  Polo  Peirolón,    Elízalde,    Gutierre*,    Sand 
Bessoo,  Olmo* 

Religión  y  Moral,  -Mam,   Bacía    Manilo,  Nowailhic,  Pintón,  Fie 
Rio,  Sánchez , 

Derecho  Usual.  —  Candía  y  Acevedo. 

Matemáticas.  —  torta/. ar,  Valliny  Bustíllo,  Fernando*  Cardfn,Tej 
Mallo ,  Rubio j  Gavilán,  Sánchez,  Sabrás,  Zorzano,  Lasala,  Váícjuct  Q 


-  335- 
Fisica  y  Quíutica.—  Rico  y  Santisteban,  G.  Valledor,   Chavarri,  G.   Frades, 
Vicufia,  I^uanco,  Fuertes  Acevedo,  Lozano,   Felití,   López,  Gómez,   Marcolain, 
Araujo. 

Ifisloj-ia  Natural,—  Pérez  Minguez,  Galdo,  Ramos,  Rivera,  Gómez,  Pereda, 
Albiñana,  Jimeao^Picatoste,  Pérez  Márquez. 

Fisiología  é  Higitnt.  -  Pérez  Minguez,  Pereda,  Hidalgo,  Jiménez,  Fernández 
Navarro. 

Agricultura  é  Industria. — Tunón,  G.  Frades,  Blanco,  Echegaray,  Arce,  Pi- 
ñuela, Otero,  Botija,  Pombo,  Avela,  Vidaurt,  Galo,  Tortosa,  Ayuso,  Mcneses, 
Muneros. 

Dibujos.  -Yillanueva,  Borrcll,  Pilar  y  Morales,  Capo,  Calvo,  Giol  y  Soldé- 
villa,  Cortázar,  Garnier. 

Gimnástica .  —  Sá nchez  So m oa n  o . 

No  es  este  lugar  para  crítica  pedagógica  de  tales  libros,  ni 
tratar  de  su  extensión  y  precio  (sobre  lo  que  se  lamentan  también 
los  extranjeros)  aunque  ya  pasó  el  tiempo  de  la  tasa  y,  por  otra 
parte,  no  es  tan  fácil  conseguir  compendios  completos,  metódicos 
y  claros.  Hay  excepciones  laudables. 

En  los  citados  Centros,  públicos  y  privados  de  Segunda  En- 
señanza, fué  aumentando  de  año  en  año  la  matrícula  cual  se 
apreciará  por  los  cuadros  estadísticos  (1)  porque  en  una  y  otra 
dirección  y  en  menor  escala  con  propósitos  de  general  cultura, 
una  numerosa  juventud  acude  á  los  Institutos;  y  este  hecho  de 
gran  transcendencia  pública  debiera  llamar  más  y  más  la  aten- 
ción de  nuestros  gobernantes  á  la  organización  imperiosa,  que 
requiere  este  grado  de  enseñanza.  Esto  aparte,  de  que  no  es  la 
mayor  ó  menor  matrícula  buen  barómetro  de  los  Establecimien- 
tos docentes,  ni  menos  deben  ser  considerados  como  fuente  de  in- 
greso para  el  Erario  nacional:  lo  que  conviene  aquilatar  con  su- 
mo cuidado  es  el  resultado,  ya  general  ó  ya  particular,  de  la  cul- 
tura y  educación  adquirida  en  ellos. 

Medio  conducente  á  este  objeto  y  manera  de  apreciar  el  des- 
envolvimiento educativo  es  la  inspección  superior  de  estas 
escuelas  secundarias.  Alguna  vez  se  ha  manifestado  en  el  Distri- 
to, como  cuando  la  presencia  de  los  Consejeros  de  I.  P.  señores 
Alvarez  Arenas,  Colmeiro  y  Camús,  en  otras  ocasiones  por  los 
Sres.  Rectores  como  el  Marqués  de  Zafra,  ó  por  Catedráticos  de 
Facultad  como  los  Sres.  Salmean  en  Santander,  Sela  en  Tapia  y 


(x)    Véase  Apéndice  XIII. 


-336- 

Aramburu  en  las  provincias  de  Oviedo  y  Leóo.  Esta  última 
vechosa  inspección  fué  la  creada  por  R.  O.  de  4  de  ]\1arz 
1882  para  los  Institutos  por  medio  de  propuesta  unipersfona 
Ministerio  de  los  claustros  universitarios,  En  1882  y  1883  e 
Oviedo  presentó  á  la  Superioridad  (1)  el  nombramiento  del 
tonces  Catedrático  y  hoy  Redor  Sr.  Aramburu,  que  realizó  t 
nida  visita  á  las  cátedras  asturianas  y  leonesas  de  Segunda  E 
ñanza  y  redactó  después  «Memoria»  muy  notable,  archivad 
el  Ministerio.  Enseguida  se  suprimió  tal  Inspección,  pues  f 
reforma  ó  institución  dura  entre  nosotros? 

De  todo  lo  expuesto  se  deduce  el  estado  interino  y  de  i 
fusión  legislativa  con  que  eslá  organizada  la  Enseñanza  segu 
en  España  en  su  concepto,  alcance  y,  principalmente,  en  su 
ganización  variable  y  alterada  con  lanía  frecuencia  en  la  Oí 
ta  de  Madrid. 

El  tiempo  pasa  sin  la  urgente  transformación  de  las  escui 
tradicionales  en  escuelas  modernas,  dilucidando  de  una  vez  < 
de  los  aspectos  de  la  Segunda  Enseñanza  conviene  seguir  ei 
los  llamados  o  clásico»  y  «técnico»;  aquel  con  principales  c 
dras  de  lenguas  muertas  y  conocimientos  literarios,  mientras 
el  segundo,  predomina  el  estudio  de  las  lenguas  vivas  y  de 
ciencias  físico-naturales  con  su  aplicación;  y  es  de  advertir  i 
hoy  los  países  cultos,  que  van  ú  la  cabeza  de  la  cultura  y  < 
dan  á  la  instrucción  más  completa  forma  educativa,  liendei 
conciliar  ambos  extremos  á  tenor  de  corrientes  inglesas,  al  t] 
mo  tiempo  que  en  Inglaterra  se  reacciona  de  la  cultura  prii 
pálmente  física  á  la  principalmente  intelectual  Ciertamente  t 
España  no  puedo  competir  ahora  con  esos  pueblos  adelantad 
más  procede  consignar  que  también  en  tales  naciones  hay  q 
jas  de  la  deficiente  enseñanza  de  su  bachillerato  oficial,  sier 
más  adelantada  la  enseñanza  en  Colegios  privados  que  la  de 
Institutos  y  Liceos. 

En  Francia,  por  ejemplo,  resulta  como  en  España,  donde,  c 
pues  de  varios  cursos  de  lengua  latina,  la  mayoría  de  los  ah 
nos  no  llegan  á  comprenderla  ni  traducirla  mientras  tanto  c 
olvidan  la  lengua  propia  y  toman  un  barniz  apenas  percepü 

(i)     Archivo   de  la  Universidad.— Claustras    de  14  de  M:ir/ze»  de  iflBa  y  de  iB  de  Junii 
1883. 


.   —337  — 

de  francés  é  inglés  enseñados  por  profesores  nacionales,  y  no  es 
muy  completo  el  estudio  de  otras  materias.  En  Colegios  de  la 
poderosa  y  rica  Inglaterra   es   bien  sabido  cómo  se  emplea  el 
sistema    de  la  bifurcación,  con  una  sección  primera  de  conoci- 
mientos generales  (Lenguas  vivas,  Geografía,  Historia,  Matemá- 
ticas,  Ciencias  físico-químicas  y  naturales,  Comercio,  Coloniza-, 
ción,    Dibujo)  y  otra  sección  de  conocimientos  especiales  (Len- 
guas  muertas,  Letras,  Ciencias,  etc.,)  más  son  allí  numerosos 
los  Centros  en  que  se  atiende  la  enseñanza  llamada  clásica  cual 
también  en  el  Norte  de  América  siguiendo'  hasta  ahora  á  la  an- 
tigua Metrópoli;  y  ambos,  á  su  vez,  tienden  á  la  enseñanza  mo- 
derna. Hay  sobre  este  punto  mucha  confusión  en  todas  partes, 
hasta  en  Alemania  en  sus  Escuelas  y  Colegios  (Gimnasios),  sien- 
do redundante  decir  cómo  están  dotados  personal  y  material 
pedagógicos  en  tales  países,  si  bien  resulta  frecuentemente  que 
son  más  apropósito  para  gente  rica,  aunque  en  filantrópicas  ins- 
tituciones particulares  y  populares,  de  que  aquí  carecemos,  se 
sale  al  paso  de  esta  dificultad. 

Para  ayudar  á  un  cambio  español  de  la  Enseñanza  Segunda 
privadamente  se  creó  en  1878  la  denominada  Institución  Libre 
de  Enseñanza  que,  por  desgracia,  no  prosperó  como  debía,  aun- 
que subsiste  su  espíritu  avisador  y  práctico  en  el  sabio  maestro 
D.  Francisco  Giner  con  otros  profesores  y  en  el  importantísimo 
«Boletín»  que  publica  tan  notable  Centro. 

No  hay  en  este  libro  espacio  para  exponer  en  él  doctrina  y 
noticias  relativas  al  verdadero  concepto  con  que,  según  la  opi- 
nión de  autorizados  pedagogos,  dabiera  reformarse  y  desenvol- 
verse la  Segunda  Enseñanza  entre  nosotros,  resolviendo  el  pro- 
blema ó  dirección  entre  la  antigua  ó  la  nueva  y  aun  con  otra 
tercera,  llamada  i-integral»,  de  más  alcance  que  la  moderna.  Y 
conviniendo  todos  en  sustituir  la  antigua  «instrucción»  por  «edu- 
cación» que  desenvuelva  armónicamente  todas  las  facultades, 
preséntase  aceptable  el  siguiente  plan  de  la  Segunda  Enseñan- 
za con  estudios  adecuados  para  los  conocimientos  que  debe 
comprender.  Son:  a)  Educación  intelectual:  Preceptiva  literaria 
y  Textos  de  la  Lengua  nacional  y  Nociones  de  la  latina,  Francés 
é  Inglés,  Geografía,  Historia  de  España  é  Historia  Universal, 
Matemáticas,  Física,  Química,  Fisiología,  Historia  Natural,  Téc- 


-33*~ 

nica  industrial,  Psicología  y  Lógica;  h)  Educación  moral:  1 
gión  y  Moral,  Derecho  Usual;  c^  Educación  Física,  Gímnás 
Higiene,  Trabajos  manuales;  y  ú)  Educación  artística;  Díbnj 

La  enunciación  de  tales  estudios  evita  todo  razonami 
respecto  á  su  necesidad  é  importancia  con  armonía,  que  i 
perseguirse,  délos  conocimientos  literarios  y  científicos  sir 
cesidad  de  bifurcación,  que  hace  incompleta  la  enseñanza 
neral  fundamental.  Tocante  á  su  organización,  ya  todos  coi 
nen  en  el  ingreso  dentro  de  edad  adecuada,  no  de  niños  sin 
arrollo  físico  ni  intelectual  y  sí  después  que  los  alumnos  hí 
dominado  la  Enseñanza  primaria,  elemental  y  superior; 
mismo  en  la  reforma  de  la  vida  escotar  con  adecuada  dísli 
ción  del  tiempo  para  el  Irabajo  y  descanso,  dedicando  hora 
la  mañana  ú  la  enseñanza  intelectual  y  moral,  las  úc  la  tan 
la  parte  física  y  artística,  y  las  primeras  horas  de  las  largas 
ches  de  invierno  á  preparar  trabajos  del  siguiente  día.  El  pi 
sorado,  probado  en  su  respectiva  ciencia,  en  conocimientos  d 
Pedagogía  general  y  especial  y  en  sn  aptitud  práctica,  sen 
maestros  dignos  de  este  nombre  en  comunicación  intima  y 
ternal  con  los  discípulos.  Claro  es  que  muchas  de  estas  re¿ 
alcanzan  á  todos  los  ordenes  de  la  Enseñanza  pública  y 
vada(l). 

¿Qué  se  ha  hecho  en  España  para  afirmar  esta  aspirac 
pedagógica  con  relación  á  nuestros  Institutos?  amontonar  re 
mas  y  cambios  puramente  legislativos  y  además  sin  medios  c 
nómicos  en  material  y  personal  para  tales  reformas.  Y  conví< 
enumerarlas,  aun  á  riesgo  de  prolijidad: 

Plan  de  enseñanza  intermedia  ó  secundaria,  que  fnrm 
el  Consejo  de  Instrucción  Pública  por  R.  O.  de  14  de  Octubre 
1844  suscrita  por  el  Ministro  Sr.  Pida!,  y  no  tuvo  aplicac 
á  consecuencia  del  inmediato  de  1845  del  mismo  Ministro  i 
los  programas  de  181(5,  obra  del  Director  Sr.  Gií  de  Zarate 
de  1847,  por  el  Sr.  Pastor  Diaz;— de  1819,  por  el  Sr.  Br. 
MuriIlo;--de  1850,  por  el  Sr.  Seijas  Lozano;  y  todos  con 
respectivos  reglamentos  y  la  especial  Junta  agregada  en  el  i 
mo  de  dichos  años;— de  1852,  el  Plan  Regí  amento  del  Sr,  G 


(i)     Véase,  entre    otros  mucho*  libros  extranjeros  y  algunos  HMflokt,,   d  interesante 
Enseñanza  en  ?t  siglo  A^por  Kíeardo  Becerro  de  üengoa.  (Madrid»  1899-1900;. 


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zález   Romero;— de  1857,  la  importante  Ley  del  Sr.  Moyano;— 
de  1858  y  1861,  del  Sr.   Busto,  marqués  de  Corvera;-de  1866, 
del   Marqués  de  Orovio;-de  1868,  del  Sr.  Ruiz  Zorrilla;— de 
1873,  los  proyectos  del  Sr.  Chao;  — de  1874,  el  arreglo  del  señor 
Navarro  Rodrigo;  -de  1880,  del  Sr.  Lasala;— de  1885,  disposicio- 
nes generales  del  Sr.  Pidal  (D.  A.)  con  tendencia  derogada  en 
1886  por  el  Sr.  Montero  Rios  (1);— de  1893,  el  Proyecto  del  se- 
ñor Moret;-—  en  1894,  las  organizaciones  de  los  Sres.  Groizard  y 
Puigcerver,  anuladas  en  1895 por  el  Sr.  Bosch;  -de  1898,  la  del 
Sr.  Gamazo,  modificada  en  1898  por  el  Marqués  de  Pidal  que, 
á  su  vez,  fué  reformada  por  el  Sr.  García  Alix; — y  en  1901  la 
amplia    organización  del  Sr.  Conde  de  Romanones  (2),  que  ha 
sido  cambiada  y  simplificada  en  1903  por  el  Sr.  Bugallal,  cuan- 
do se  imprimen  estas  líneas 

Si  se  hubiese  realizado,  con  alguna  modificación,  el  pensa- 
miento del  Sr.  Chao,  se  hubiera  adelantado  España  á  aplaudidas 
y  posteriores  reformas  del  Extranjero  ó  tendríamos  un  puesto 
cerca  de  países  adelantados  habiendo  sido  ley  el  proyecto  del 
Sri  Moret,  plan  á  la  vez  clásico  y  moderno,  íntegro  y  sin  bifur- 
cación. Aceptaba  ésta,  el  de  los  Sres.  Groizard  y  Puigcerver,  mix- 
to clasico-moderno,  pero  más  clásico  que  técnico;  y  sin  ella  era 
el  del  Sr.  Gamazo  de  amplio  alcance,  literario  y  científico  á  la 
vez  porque,  aparte  de  la  reforma  Sr.  Orovio,  ninguna  de  las 
mencionadas  fué  clásica  en  España  á  partir  de  la  del  sabio  pri- 
mer Marqués  de  Pidal. 

De  todas  suertes,  urge  determinar  de  una  vez  el  verdadero 
concepto  y  alcance  de  la  Segunda  Enseñanza;  pero,  como  debe  - 
hacerse  en  relación  con  el  plan  total,  seguiremos  con  proyectos 
de  las  diferentes  situaciones  políticas  sin  abordar  el  problema 
vital  y  nacional  de  un  plan  general  de  enseñanza. 


(i)  R.  D.  de  5  de  Febrero  de  i885  derogando  el  de  18  de  Agosto  de  18S5  con  sin  disposí- 
cioncj  complementarias  sobre  enseñanza  libre  suprimiendo  lo*  establecimientos  de  Segunda  En- 
señanza *  asimilados»,  restableciendo  Ioí  Rs.  Ds.  de  ao  de  Julio  y  29  de  Septiembre  de  1874  ele- 
vados a  leyes  por  la  de  27  de  Diciembre  de  1876. 

^a)     Véase  pág.  308. 


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CAPÍTULO  II 


Enseñanzas   especiales. — Jovellanos  y  el  Real  Instituto  Asturiano  de  Gijón. — 
Obstáculos  de  localidad.— Pensamiento  fundacional.— Establecimiento,  orga- 
nización y  primeros  resultados  de  la  Escuela*. — Vicisitudes   hasta  la  prisión 
del  Promotor. — Reformas  y  disminución  de  ensefianzas. — Tentativas  de  res- 
tauración y  muerte  de  Jovellanos. — Segunda  época  del  Instituto. — Crisis. — 
Visita  de  Canga- Arguelles. — Los  directores   Sánchez  y  Menéndez. — Escuela 
especial  y  estudios  de  Minería. — Protección  de  Caveda.  —  Escuelas  elemental 
y  superior  industrial. — Su  lamentable  desaparición.— Estudios  de  Aplicación 
á  la  Industria  y  al  Comercio.  -  Ley  de  Monumento  á  Jovellanos  y  su  inefica- 
cia.— Subsistencia  é  importancia  de  la  primitiva  Escuela   de  Náutica. — Vici- 
situdes de  estas  aulas  y  estado  actual. —  Medios  materiales  de  Enseñanza  .del 
Instituto   Asturiano   de  Jovellanos. — Libros  de  texto. — Renta  y  recursos  su- 
cesivos.—  Matrícula. — Noticias  del  edificio. —Observaciones. 

Las  diferentes  Enseñanzas  que  la  tan  reformada  y  alterada 
ley  de  1857  distinguía  y  llamaba  «Superiores»  y  «Profesionales^ 
reciben  también  el  nombre  común  de  «Especiales»,  todas  com- 
prendidas en  el  moderno  y  extensivo  concepto  de  la  «Universi- 
dad» ó  amplia  Escuela  del  general  saber.  Así  ha  de  abarcar  el 
presente  capítulo  (sin  sujección  extricta  á  rigurosa  clasificación 
administrativa)  noticias  y  datos  de  centros  oficiales  diferentes, 
ya  extinguidos  ó  subsistentes  en  Asturias  y  León,  que  son  espe- 
ciales en  relación  con  el  hasta  ahora  cuadro  docente  universita- 
rio de  las  tradicionales  Facultades  y  además  posteriores  en  con- 
tenido y  aplicación  á  Jas  materias  comprendidas  en  la  llamada 
Segunda  Enseñanza  ó  General,  de  que  se  hizo  relación  en  el 
capitulo  que  antecede  (1). 

Y  por  su  historia  y  trascendencia  merece  el  primer  lugar 
la  desaparecida  Escuela  Gijonesa,  con  aulas  cerradas  en  hora 
aciaga  para  la  cultura  y  bien  públicos. 

Fueron  obra  del  inmortal  Jovellanos,  figura  grandiosa  en  la 
historia  nacional  y  de  gran  relieve  en  el  desarrollo  de  la  pública 


(i)    Aun  así.  no  comprendemos  en  el  Capitulo  las  Escuelas  Normales,  que  han  de  aparecer 
en  siguiente  capitulo  por  íu  estrecha  relación  con  la  Primera  Enseñanza. 


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enseñanza  en  su  natural  y  completo  concepto  educador.  Nc 
camente  se  comprueba  la  significación  esta  con  la  fnnd. 
asturiana,  sino  por  estudios  y  propagandas  incesantes  con  i 
tos  de  profunda  ciencia  y  anhelo  práctico,  ya  impresos  ó  i 
tos;  más  de  tal  mérito  todos,  que  hoy,  después  de  mas  de  un 
tienen  preceptos  y  aplicaciones  de  gran  vigor  y  exhuberante 
Cuando  esto  se  considera,  suben  al  punto  la  admiración  y  í 
ñeza  al  no  ver  figurar  el  insigne  magistrado  en  la  dHistoiia 
Instrucción  pública  de  España»  por  el  Sr,  Gil  y  Zarate,  ni  p 
notable  Instituto  de  Gijón  ni  por  sus  brillantísimos  trabaje 
dagógicos;  omisión  imperdonable,  que  hace  desmerecer  m 
un  libro  tan  interesante  por  otros  aspectos;  y  olro  tanto  su 
con  el  titulado  pomposamente  «Historia  filosófica  de  la  Iris 
ción  pública  en  España»)  por  Sánchez  de  la  Campa.  Este  si 
ciona  al  virtuoso  Jovino;  pero,  como  de  pasada,  sin  hac 
cargo  que  tan  ilustre  asturiano  significo  y  aun  significa  la  ne 
dad  de  cambio  en  el  rumbo  de  las  Escuelas  publicas,  demos 
dolo  con  su  institución  y  con  sus  obras  de  enseñanza  esím 
numerosas  que  parece,  dice  Cean,  no  haber  tenido  oíro  est 
ni  otra  ocupación  tan  principal  en  toda  su  existencia  (1). 

La  vida  de  Jovellanos  fué  la  vida  de  los  grandes  mcrecín 
tos  y  de  los  más  inmerecidos  infortunios- 
Nació  en  Gijón,  en  1741;  estudió  allí,  en  Oviedo,  en  Av. 
en  Alcalá;  fué  juez  y  oidor  en  Sevilla;  magistrado  en  Ma< 
miembro  de  la  Real  Junta  de  Comercio  y  Minas,  del  Consoj 
las  Ordenes  militares,  del  de  Estado  y  de  Castilla;  eleclo  cu 
jador  de  Rusia,  ministro  de  Gracia  y  Justicia;  y,  finalmente, 


i\)  De  suma  importancia  y  con  un  acabado  conocimiento  de  la  materia  bou  los  e^cj 
estudio*  de  Jovellanos  sobre  Instrucción  Publica,  pudknik  citarle  aquí  leu  sifui^nies: 

-Estado  de  la  Sociedad  médico-hispalense  y  estudio  de  la  Medicina  en  su  Lniver-uí 
•Reglamento  literario  ó  institucional  del  Colegio  de  Calairava  en  Salamanca»-—*  Ordena: 
'Oración  inaugural»;  "Noticia-;  «Curso  de  Humanidad^  Castellanas»;  *  Tratado  de  anilí: 
Discurso»;  'Oración  sobre  la  necesidad  de  unir  el  c-tuilio  de  la  Literatura  ni  de  las  Cien 
«Programas,  Discurso*  sóbrela  Geografía  histórica";  cíe,  del  Real  Instituí.}  Asturiano,—  * 
al  ovetense  Dr.  I'rado  sobre  el  Método  de  estudiar  el  Derecho  cspatioE*.—  ■Exposición  :i\  f 
pe  de  la  Paz  como  respuesta  á  los  once  puntos  de  I.  1'.  en  E^juím  im<  se  le  consultaron  de  F 
— «Método  para  perfeccionarse  en  el  estudio  de  la  Teología*.—  *  Memoria  sobre  I,  P.  ó  tr 
teórico- práctico  de  la  Enseñanza  para  Escuelas  y  Colegio*  cte  nint^-.—  ^Base*  para  U  fbrir 
de  un  plan  general  de  I.  P.  (como  individuo  de  la  Junta   ¡soberana  cerrlraE  de  Gobierno)  cíe 

Y  aun  quedan  inéditos,  masó  menos  completos,  o  tro*  trabajos  y  apHttfctf,.  horradoreü 
como  «Diálogo  filosófico  acerca  del  saber,  estudiar  y  discurrir;»  ^Estudio  de  las  lengu 
i.a